Confusiones sin solución
Capitulo 31
"Dejarlo"
Apenas terminaba de procesar lo que esa muchachita le decía, directamente, sin siquiera decir quién era y que clase de relación tenía con Ryoma, pero presentía que no le iba a gustar para nada.
– Si realmente no te interesa, te ruego que no lo busques más, es decir, no permitas que se te acerque... él ha sufrido mucho y yo... yo realmente...
Sakuno, cansada de no entender nada y sintiendo volverle el dolor de cabeza, la detuvo.
– No entiendo de que me estás hablando, ¿quién eres? ¿Cómo conoces a Ryoma?
Yukari volvió a la posición normal, dándose cuenta que sus nervios la estaban traicionando y definitivamente las cosas no estaban saliendo como quería…
– Disculpa… – pese a todo tenía modales. – Mi nombre es Yukari, y yo... conozco a Ryoma desde hace un tiempo...
"Conozco a Ryoma"
Sakuno comenzaba a darse las peores ideas de cómo era que lo conocía realmente. Frunció el ceño mientras seguía escuchando lo que ese chica que no parecía tener más que unos años menos que ella le estaba diciendo.
– Se que tú fuiste novia de Ryoma, pero que se separaron ya hace un año y varios meses...
No le gustó para nada que alguien más supiese de lo suyo, se sentía muy invadida y además molesta tan solo con imaginarse que hubiese sido el propio Ryoma quien se lo contó.
– Yo se que él te insiste, es que… cree que tú aun lo quieres y …
– No entiendo a que quieres llegar, Ryoma y yo… no somos nada ahora… – le dijo en tono serio, volviendo a sacar el frío caparazón.
– Sí... lo sé, yo sé que tu no accedes a sus pedidos, que no quieres saber más de el, que no quieres volver a estar con él, seguro lo debes odiar. – Sakuno estuvo por decir algo. – Pero por eso mismo vengo a pedirte que le digas definitivamente que no, si no lo quieres dile que no siga intentándolo y que rehaga su vida… por favor…
No supo porque pero escuchar ese pedido de parte de otra persona que no fuese Ryoma le despertaba una sensación extraña. Se trataba de una chica muy linda, ciertamente adorable a la vista. Le molestaba mucho más de lo que pensaba solo imaginarse a esos dos...
– Tú… ¿tienes algo con él?. – preguntó tratando de no parecer tan interesada. – Supongo que también estará jugando contigo. – se sintió ella misma decirlo en malicia. No solía ser así, pero una fuerza extraña la impulsaba a ese comportamiento.
– ¡No! – se apresuró a contestar. – Yo realmente lo quiero, me enamoré de él desde la primera vez que lo ví… – se sonrojó. – Es un hombre magnifico, lo quiero mucho y siempre se preocupa por mí.
"Siempre se preocupa por mi"
¿Ryoma se preocupaba de otra persona y así decía que la quería? Ahora lo sabía, si, y aunque fuese en contra de sus principios, estaba celosa, muy celosa… Pero fue peor cuando la siguió escuchando.
– Y quiero estar todo el tiempo con él… tú debes entenderme… ya que… debiste haber sentido algo parecido cuando estuviste a su lado. Aunque hayas disfrutado aquello que ahora no quiera darme… – no pudo evitar cortarse un poco. – Por eso quiero una oportunidad, no quiero que él deje la casa por ese motivo.
Un momento… acaso había dicho… ¿Dejar la casa? No podía… o más bien, no quería haber escuchado bien.
– ¿Qué quieres decir con eso? Acaso… ustedes… ¿viven juntos? – finalizó en un hilo de voz y Yukari sorprendida por la pregunta se quedó estática por unos instantes.
Bueno… ya no podía echarse para atrás. El tema había surgido muy de repente y sin intención después de todo…
– Esto... sí, vivimos juntos desde hace unos meses, mi casa es muy grande y estoy muy sola, sobran muchas habitaciones y… – se entreveraba al hablar ella mismo y lo peor fue cuando vió el estado en que se había quedado Sakuno. Tal parecía que no había escuchado más a partir de lo de "vivir juntos".
Entonces, las palabras terminaron por esfumarse de su boca cuando vió como por los ojos aun abiertos de sorpresa de Sakuno caían incesantemente varias lagrimas. Ver ese espectáculo fue la peor experiencia de su vida puesto que jamás olvidaría lo fatal que le hizo sentir las lágrimas de otra persona. Se sintió… la peor persona sobre la faz de la tierra…
"No hagas nada de lo que te vayas a arrepentir."
Las palabras de Sato no podían ser más claras ahora.
– Esto...yo…
– No te preocupes. – Sakuno la miró con dolor, con amargura contenida pero lagrimas aún cayéndole de los ojos. Trató de mantenerse lo más firme al hablar. – No intervendré más. Pueden estar tranquilos, no seré más un obstáculo para los dos...
Y lo ultimo que pudo ver Yukari antes que Sakuno cerrara la puerta y se adentrara fue una sonrisa triste totalmente distinta a las expresiones que le había visto hasta ahora, la de frialdad, indiferencia, desconfianza...
Sus manos temblaban y sus piernas no pudieron mantenerla en pie teniendo que quedar por un momento de rodillas aun frente a la puerta, sin saber que hacer, ¿qué había hecho?
"No seré más un obstáculo para los dos"…
Pero, por otra parte… eso significaba que ya no se interpondría… ¿verdaderamente lo había logrado? Entonces ¿por qué no estaba del todo alegre?
Se hizo de noche y, era casi ya la hora en que salían al bar, pero esta vez Sakuno no salió de su habitación para nada. Haine algo preocupada fue a verla. Desde la tarde en que le habia llevado algo para comer que no la veía, solo esperaba que su fiebre no hubiese vuelto.
– ¿Sakuno? – entró tocando levemente la puerta para encontrarse con la chica sentada en su cama, con el teléfono en la mano y la cabeza agachada. Se acercó y se le sentó al lado.
– ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?
Ella negó con la cabeza.
– ¿Entonces? ¿Vas a llamar a alguien? – lo decía por el teléfono.
– Me voy… a la casa de Kaname.
– ¿QUÉ? – dudó si había oído bien. Su grito fue tan fuerte que el mismo Kyo se asomó al cuarto a ver que pasaba, pero lejos de molestarse, Sakuno permaneció igual.
– Siempre pasan cosas cuando no estamos… – se mordió una uña nerviosa. Luego cambió el tono de voz a uno más tranquilo puesto que no notaba a su amiga muy bien, sin contar que no podía verle la cara aún. – Cuéntanos, ¿que fue lo que pasó? ¿Te sientes mal por algo? ¿Te molestó que trajéramos a Kaname?
– ¿Fue ese hombre otra vez? – preguntó Kyo apareciendo por la puerta y apoyándose en el marco. Haine se quedó tan perpleja como Sakuno al escucharlo.
– Así que es cierto… – suspiró al tiempo que tomaba el cigarrillo entre sus labios. – ¿Y ahora qué fue? – se sentó también en la cama. – ¿Vino y te dijo más cosas que te asustaron? ¿Te hizo algo? – lo ultimo fue dicho en tono serio al tiempo que sus filosos ojos brillaban entre la oscuridad.
– No. – Sakuno soltó el teléfono. – Es solo que me tengo que ir de tu casa, del país, tengo que alejarme, ¡ya no aguanto más! – perdió la compostura por unos instantes tapando su cara, nerviosa, con el mismo nudo en su garganta. Haine estiró su mano para tocarla pero no pudo, su amiga parecía un animalito asustado.
– Ryoma... él... está viviendo con una chica, con otra... todo este tiempo lo ha estado haciendo, inclusive después de lo que me ha dicho. – contó con amargura asomando por primera vez su rostro triste, lloroso y golpeado por la decepción y tristeza. Haine la abrazo desde donde estaba.
– ¿Estás seguro? – hasta la pelirroja misma estaba sorprendida, dentro suyo maldecía la hora en que podía haber ayudado a ese hombre. – ¿Quién te dijo eso?
– La misma persona con quien está viviendo, una chica de unos años menos que yo… me pidió que me apartase, que lo dejase tranquilo de una vez. Él mismo debe haberle dicho que soy una carga, una carga de su pasado. Viviendo juntos… han de compartir casi todo, hasta le contó lo que me hizo... es… es... – no podía siquiera insultarlo sin sentirse mal.
– Espera, espera. – interrumpió Kyo poniéndose de pie frente a Sakuno. – ¿Me vas a decir que lo que diga una chiquilla es la palabra del mismo hombre que dice quererte? ¿Por qué no vino él entonces a decírtelo si es lo que pretende? Seguro debe ser una de esas niñas posesivas que se las juegan muy mal para conseguir lo que quieren.
El argumento no era malo, pensó Haine. Su torpe amante pensaba muy inteligentemente a veces pero…
– ¡No!, yo lo se, ella... la manera como se veía, realmente está enamorada de Ryoma, y seguramente… es correspondida. – concluyó Sakuno al recordar el escalofriante parecido que tenía consigo misma. – Ya encontró un reemplazo mío... soy una ilusa...
– Yo también tuve la culpa por hacer que le creyeras. – se culpó Haine.
Kyo las miraba con una ceja levantada.
– ¿Eh? ¿Me van a decir que se dan por vencidas por una cosa como esa? Ustedes si que son tontas.
Haine estuvo por levantarse y darle un buen golpe pero se contuvo y en cambio lo miró en recriminación.
– No me mires así, es la verdad. – rió de lado. – Si se dejan convencer tan rápido por lo que puede decir una persona que ni conocen, ya están fritas. ¿No sería mejor pedirle explicaciones al tal Ryoma? Que te lo diga él mismo si es que en verdad quiere estar con esa mocosa. Y si es así, míralo de la buena manera, tienes tu oportunidad de demostrarle que ya no eres una niña llorona, defiéndete, plántale sus cosas en la cara.
– Eres un bruto. – le recriminó Haine.
– Practico, cariño. ¿No es además lo que todos hacen en una relación? ¿Tienes orgullo, no? – lo último fue dirigido hacia Sakuno, quien había parado de llorar y ahora lucía una mirada salvaje, como si fuera a atacar.
– Esa misma mirada debes dársela a él, no desperdiciarla conmigo, porque sabes bien que lo que digo es verdad. Ya déjense de tantas cosas y hablen serio, haz lo que tienes que hacer. Si dice la verdad y te quiere ya anda con él, no le des más vueltas al asunto. Y tú sshh. – calló a Haine. – Ya le diste suficientes consejos y mira como está.
Pero en ese momento Sakuno se puso de pie y con la misma actitud molesta se fue del cuarto. Haine se levantó de la cama ahora si para decirle sus verdades a Kyo. Levantó una mano para darle una bofetada pero cuando estuvo por chocar con su cara fue detenida por la mano del mismo, que la sostuvo fuerte.
– No sabes lo que haces, Haine.
La chica hizo fuerza pero fue inútil.
– Eres un bruto y lo repito cuantas veces quiera.
– Quizás lo sea pero aun así me quieres, ¿o no? – le sonrió de medio lado haciendo bufar mucho más a Haine.
– Si Sakuno hace una locura será tu culpa.
Lo soltó y se fué corriendo a alcanzar a su amiga. La encontró en la zona del guardarropas.
– ¿Q-qué haces? – preguntó nerviosa.
– Me voy, llamaré a Kaname desde el metro.
– Pero... – no sabía que hacer para detener a su amiga que guardaba de pronto todas su cosas en una mochila. – ¡No me has explicado nada! – exclamó ya algo desesperada a la vez que ponía una mano en el hombro de Sakuno para que se detuviera. – ¿Por qué te vas a con Kaname?
Sakuno se detuvo con lo que hacia.
– Es lo que debí haber hecho en un principio. Yo… te lo diré luego. – terminó metiendo las ultimas cosas, cerró el cierre y se colgó la mochila al hombro. Caminó buscando sus llaves… – Te llamaré. – salió del departamento tan rápido como había alistado sus cosas.
Haine se quedó viendo a la puerta ahora cerrada. Kyo salió de la habitación.
– ¡Estarás contento! – le gritó de pronto Haine volteando a verlo. – ¡Quería que se quedase al menos para que nos explicase mejor que había pasado pero tuviste que acelerar las cosas!
– Ya deja de gritar, se te va a arrugar esa carita tan linda.
Entre enojada, Haine se quedó un poco shockeada por lo que había sido de cierta manera un "elogio"...
– ¡N-no me desconcentres! – exclamó tratando de recuperar su enojo. Pero Kyo rió ante su comportamiento, parecía una chiquilla en plena rabieta.
– Kyo... – le dijo en tono amenazante. Éste se puso en frente suyo y le puso una mano en la mejilla.
– Debería ser yo el ofendido, me has llamado bruto tantas veces hoy que marcaste el record.
– Pues te lo merecías, eres un bruto.
– Y ahí vamos de nuevo…
Descendió del vagón del metro y fue subiendo las escaleras hacia la salida de la calle cuando presionó el botón de llamada de su celular, esperaba que Kaname estuviese en casa. Al fin contestó.
– ¿Kaname?
El hombre se sorprendió al instante.
– ¿Rae? Digo... Sakuno.
Era raro escuchar su nombre de la voz de Kaname.
– ¿Puedo... ir a tu casa? Estoy en camino y...
– Puedes venir, no lo dudes, sabes que es tu casa. – recibió como respuesta antes que pudiese terminar la frase.
Se despidió sin decir nada más y siguió el camino con sus cosas al hombro. A los pocos minutos llegó al gran edificio pero no tuvo siquiera que dar un paso más al ver a Kaname desde afuera esperándola.
– Te estaba esperando. – la recibió con una sonrisa, como antes…
Fuera como fuera aun no podía verlo muy directo a la cara. Subieron en silencio al ascensor y así igual entraron al departamento.
– Deja tus cosas ahí, si quieres puedes darte un baño o dormir, quizás comer algo.
– No, está bien…muchas gracias.
Se moría por ganas de abrazarla, de besar esa carita que por alguna razón lucia más triste que nunca, pero se contuvo.
– Has salido aun estando en recuperación, ¿pasó algo? – dijo suponiendo que pudiese tratarse de un malestar, aunque de verdad no creía eso. Tenía un presentimiento pero no quería dejar llevarse por él.
– No... yo… vine a quedarme contigo, Kaname. – dijo levantando la mirada decidida y el hombre asombrado no sabía si estaba interpretando correctamente lo que escuchaba.
– ¿Qué... dijiste? ¿Pasó algo en tu casa?
– No. – desvió la mirada. – Acepto tu invitación, quiero irme contigo a Inglaterra, quiero irme contigo.
Yukari estaba sentada en el sillón viendo la tele, o al menos intentando verla pero no podía quitarse de la cabeza lo que había sucedido.
"No me interpondré más, no te preocupes…"
¿Qué había querido decir exactamente con eso? Y… ¿por qué lloraba? ¿No era que ya no lo quería? Entonces ¿por qué? ¿Por qué lucia tan dolida?
Escuchó el sonido de llaves detrás suyo y se levantó de inmediato del sillón.
Ryoma se disponía a salir de la casa.
– ¿Estás bien? – preguntó Ryoma al percatarse de la chica.
– Eh… ah… no… no es nada. – descansó un poco, pero cuando escuchó de nuevo el sonido de llaves ahora si metiéndose en la hendidura no pudo evitar saltar de la misma manera del susto. ¿Por qué no podía estarse tranquila? ¡Estaba siendo muy obvia! Y si le preguntaba "¿Pasa algo?" ¿qué le iba a contestar? "Sí, fui a ver a tu ex y le pedí que no nos molestara más". ¡Eso no podía decirle!
– ¿En serio estás bien? – preguntó esta vez preocupado y aunque ésta le negara con la cabeza sabía que no era así. A Yukari tampoco se le daba muy bien mentir, hasta en eso se parecía a Sakuno.
– ¿A... a donde vas? – preguntó con un intento de sonrisa.
– A ver a Sakuno, aunque no se si estará…
Yukari la había visto medio enferma cuando fué, a eso debía referirse, seguro esos dos se habían embriagado al mismo tiempo. Los celos le volvían y fue lo que permitió que de alguna manera volviese a la normalidad.
– Ah, ya veo, que tengas suerte entonces.
Yukari estaba sospechosa… pero aun así... no tenía más en la cabeza que el verse con Sakuno y así se terminó por ir de la casa.
Estando la puerta cerrada Yukari lanzó un largo suspiro de alivio. Eso había estado muy cerca.
Igual no dejaba de sentirse inquieta, así que fue corriendo al teléfono y marcó rápido.
– ¿Sato? ¿Puedo ir a verte? Por favor, necesito hablar. – le dijo en tonito lastimero, porque en serio lo necesitaba.
Al poco rato colgó y agarrando también sus llaves salió como alma que lleva el diablo. Sato lo recibió en su apartamento, algo preocupado por los claros nervios que mostraba Yukari. La pequeña había comenzado a contarle lo ocurrido ese día, a lo que su amigo no podía evitar mostrarse serio y algo decepcionado.
– Entonces se lo dijiste... – susurró con desaprovación. – ¿Cómo reaccionó ella?
– Pues... – recordaba las lagrimas que bajaban por su cara. La sensación horrible que le hizo temblar el cuerpo por completo – No lo sé… es muy confuso, ella... estaba llorando.
– A eso me refería con lo que podías haces cosas que luego te arrepentirías...
– ¡Pero! No entiendo… al final terminó diciéndome que nos dejaría tranquilos, que no intervendría más…
– ¿Intervino en algún momento?
– ¿Ah?
– Que si intervino en algún momento, ¿Fue realmente ella la culpable de que lo que hay entre Ryoma y tú no funcione?
"Yo la amo."
Esas habían sido siempre las palabras firmes de Ryoma.
– No… ella… parece que nunca aceptó a Ryoma luego de que la fuera a buscar pero… Ryoma dice que la quiere…
– ¿Te dio Ryoma alguna vez alguna señal de que pudiera funcionar? – preguntó Sato enternecido y a la vez dolido por las expresiones de Yukari que poco a poco al igual que sus palabras iban perdiendo fuerzas.
– No…
– Cuando viste esas lagrimas, ¿qué fué lo que pensaste?
– Ella… y Ryoma tenían la misma mirada, las mismas lágrimas… de alguien que se siente muy miserable, infeliz, de desesperación…
Sato se acercó y limpió con su mano las dos lágrimas que estuvieron por caer de sus ojos, luego la abrazó.
– Yo... no soy mala, ¿verdad? Yo no quise… desaparecer algo así… no sabía que… – sollozaba mientras se hundía en su pecho. – Yo no sabía… no quise… desaparecer algo tan hermoso… solo quería estar con alguien, ya no estar sola… pero no quería dañar a nadie…
– Lo entiendo…
Besó sus cabellos dulcemente, reconfortándola, sintiendo aquellas frágiles y temblorosas manos aferrarse a su ropa. No le caían lágrimas de los ojos pero lloraba por dentro al igual que Yukari, porque sabía que su corazón se había quebrado en pequeños pedazos.
Pese a que desconocía lo que pensaba su amiga y a que Kyo no quisiese soltarla sino acapararla el resto de la noche que quedaba en la placida cama, Haine se disponía a ir al bar como todas las noches. Necesitaba distenderse un poco de todo lo que había pasado. Además aún era de noche, y aunque un poco más tarde lo acostumbrado igual irían. Llevaba a Kyo consigo, obviamente.
El conocido hombre de cabello oscuro y presencia silenciosa, bien conocido por las personas del lugar por no interesarse en nadie, llegó. Ryoma pasó por la puerta y se adentro al lugar encontrándose con Haine y su peculiar grupo de amigas.
– Buenas noches.
Haine les dijo a las demás que los dejaran solos, y una vez se retiraron carraspeó un poco y lo más "seria" que pudo, dijo...
– Bueno… como decirlo, te agradezco por lo que hiciste ayer.
– ¿Lo de ayer? – preguntó Ryoma haciéndose el que no sabía del tema.
– No necesitas fingir, ya sabemos que fuiste tu quien salvó a Sakuno de eso tipos, ella mismo me lo contó. – notó la sorpresa en Ryoma. – La droga que le dieron felizmente no fue muy fuerte, después de todo querían aprovecharse de ella y debían mantenerla despierta los sádicos esos… pero gracias a que llegaste y la rescataste se salvó de una situación terrible… te lo agradezco.
Ahora sí Ryoma recibía un agradecimiento sincero. Haine lo veía sin remordimientos, sin juegos ni ironías y asintió.
– No fue nada, solo hice lo que cualquier persona haría por la persona que quiere y ama. Sakuno es mi vida, no me permitiría que nada le pasara. Pero esos hombres… – su expresión cambio. Lucia enfadado. – No volverán por acá de nuevo, ¿o si? – recorrió con la mirada el lugar.
– No, al menos por un buen tiempo, y si lo hacen, ¿estarás acá no? Seguro saldrán huyendo los cobardes. – le sonrió divertida imaginándose la escena de esos cobardes huyendo a patadas del lugar. – Por mientras Sakuno tampoco estará viniendo.
Sin embargo toda sonrisa se le fue del rostro para cambiar a una expresión severa y fría que tomó por sorpresa a Ryoma.
– Pero debes saber que no te perdono lo otro.
– ¿Lo otro? – repitió lo escuchado sin saber de que se trataba.
– ¡Es increíble que haya tenido que enterarse de esa manera! Al menos hubieras avisado, así no le caía todo de repente. Además con una chiquilla, ¡al lado nuestro no será más que una niña!
A cada palabra dicha menos entendía de lo que Haine hablaba, aunque cuando mencionó "niña" no supo porque razón se le vino Yukari a la mente, pero luego se negó a si mismo en broma que era imposible que Haine e inclusive Sakuno supieran de ella, aunque no con eso obtenía respuesta a las dudas que tenía sobre lo que escuchaba.
– ¡Y que no se diga más! – prosiguió Haine poco importándole que Ryoma no le encontraba sentido a lo que decía. – En un momento pensé ayudarte, porque Sakuno y tú son todo un caso, pensé que realmente tendrían que estar juntos, pero si lo que sabemos ahora es cierto no puedo siquiera mirarte, oírte ni hablarte, así que... – se quedaba sin aire en su monologo. – ¡Aaaaay ya me trabé! ¡Como sea! ¡No me vuelvas a buscar!
Y tan rápido como comenzó a hablar, terminó y se fue volviendo con su grupo de amigas. Ryoma parpadeo con natural ingenuidad. Todo eso, ¿qué había sido? Pero había dicho que Sakuno no vendría ¿verdad? Eso lo preocupó. ¿Sería acaso que no se habría recuperado? Eso era lo más probable.
Cerró los ojos por un instante viniéndosele a la mente aquella carita deseosa y sonrojada, luego, la sensación de sus labios devolviéndole el beso ansiosamente. Como deseaba verla, tenerla consigo… abrazarla fuerte, sentir su cuerpo abrigado al suyo como antes...
¿Y si la iba a buscar? Seguramente debía estar en casa, reposando, recuperándose. No sabía que secuelas podía tener el tipo de droga que ingirió. Le preocupaba en demasía, pero también le inquietaba la actitud y todo lo que le había dicho Haine, ¿Sakuno acaso se había enojado al saber que fue él quien la rescató y ayudó anoche?
Luego se le venía a la cabeza Kaname y toda tranquilidad se le esfumaba para transformarse en celos.
Salió ya algo incomodo del lugar recibiendo una brisa fresca desde afuera así como el silencio de la noche. Quería verla, necesitaba verla, saber siquiera si estaba bien… aunque quizás fuera una excusa.
Comenzó a caminar entonces rumbo a aquel departamento, al principio a paso lento y luego a rápido. Terminó por correr.
Para cuando llegó las luces apagadas del departamento que vió en lo alto le hicieron suponer que no había nadie, o quizás Sakuno se encontrara dentro y en su cuarto por lo que las luces del living no podían indicarle nada. Se quedó pensativo, ¿qué hacer? ¿Avanzar o no? Si iba seguro se encontraría con Sakuno porque sus amigos estaban en el Bar y si no… ¿que podría perder?
Se las arregló como pudo y otra vez estaba dentro del edificio. Subió por las escaleras llegando un poco agitado ya al departamento. Tocó la puerta, pero nadie le contestó, es más, no había ruido alguno. Tocó nuevamente convenciéndose esta vez de que en definitiva no había nadie. Eso no le gustaba, de inmediato la sensación de la ausencia de Sakuno nuevamente en su vida lo inquietaba.
Hasta ahora aunque no pudiera estar a su lado sabía que vivía allí, que estaba con Haine, que estaba cerca, sabía su paradero pero… no saberla en el lugar de siempre lo inquietaba demasiado y le provocaba la misma sensación de antes, cuando no sabía de su paradero.
Necesitaba tenerla cerca, siquiera saber que no la perdería de nuevo.
Agobiado y preocupado se sentó pesadamente en uno de los escalones de la escalera cercana al departamento, y allí se quedó a esperar. ¿Esperar que? Que alguien volviera, que ella volviera. Todo era silencio y Sakuno… nunca llegó.
Al día siguiente, era ya de tarde y Kaname regresaba con varias bolsas en las manos para sorpresa de Sakuno quien aun en la casa sostenía un libro en las manos. Se encontraba leyendo en el marco de la ventana cuando éste llegó.
– ¿Qué es todo eso? – se acercó dejando el libro en el mueble. Kaname le dio una propina al botones y cerró la puerta. Tenía un semblante alegre que hacia dudar que hubiese pasado todo lo anterior.
– Es para ti. – le respondió contento mientras terminaba de ubicar las bolsas con los logotipos de marcas costosas. Sakuno se quedó sin palabras. – Cuando nos vayamos a Londres saldremos juntos a muchos sitios, quiero que te sientas cómoda en cada uno de ellos.
Observar toda esa inmensidad de cosas no pusieron mejor a Sakuno que ya de por si estaba cabizbaja. A cualquiera le alegraría tener más ropa ¿no? Pero ella… por alguna razón se sintió ajena a esos regalos y se preguntaba, ¿por qué Kaname de pronto se comportaba de esa manera? Estaba como… muy sobreprotector.
– Ya verás que todo mejorará cuando estemos allá. Voy a tratarte como te lo mereces, daré de todo para que te sientas cómoda y ya verás que te gustará. – le arregló una mecha de cabello sonriéndole para luego dirigirse a su alcoba de la cual salió segundos luego. – Estoy viendo los de los pasajes, será un avión privado, solo nos acompañará un amigo mío, espero que no te moleste.
– No me molesta… – dijo Sakuno; y Kaname se mostró contento por ello.
Andrew ya sabía todo de la relación y seguro que no incomodaría a Sakuno cuando estuviesen viajando.
Volvió a tomar el pequeño libro en sus manos observando como Kaname se movía de un lado al otro con papeles, teléfono y su agenda. Los preparativos para su viaje… parecía que faltaba poco por la rapidez con la que Kaname realizaba todo, pero lejos de sentirse tan emocionada, y realmente quería sentirse así, se sentía extrañamente vacía por dentro. Quería estar contenta, aunque sea indiferente, pero esta vez no podía… por más que lo intentara…
– Volveré dentro de unas horas. – dijo por un momento Kaname al detenerse, aunque seguía revisando varias hojas de manera apresurada.
– Está bien…
Se sentó en el sillón despacio y Kaname una vez terminó de agarrar las llaves de su coche y guardó su agenda salió nuevamente apresurado por la puerta. Otra vez sola, el silencio volvió a llenar el ambiente.
Ya no tenía ganas de leer el libro. Ver todos esos preparativos y papeles, aquellas bolsas cerca suyo la habían desconcentrado y no tenía muchas ganas…
Sin embargo con curiosidad se acercó a las bolsas y las abrió para encontrarse con montones de ropa, todas finas y de marca, de colores hermosos, elegantes, sencillos. Kaname tenía buen gusto para la ropa y no solo eso sino que tenía memoria fotográfica con sus medidas tanto que no necesitaba llevarla a probarse la ropa puesto que ya sabía que le quedaría. Luego, otra bolsa de papel negra con la marca grabada en letra dorada y allí adentro cajas. Abrió una de ella encontrándose con un fino y delicado reloj. Tenía la correa color plateada y en cada número una piedra pequeña que irradiaba luz, muy elegante pero a la vez informal.
Ahora si que el ver eso lo incomodó mucho más.
Habría que sentirse alegre por semejantes regalos pero seguía sin emocionarse ni mostrarse contenta. Todo le pareció… muy superficial y por dentro suyo quería gritar, decir algo, pero no podía hacerlo...
Fue algo inquieta hacia la habitación, a la gran cama de dos plazas de Kaname. Sábanas de seda y color vino, almohada confortable, colchón suave y cómodo, pero por más que tuviese todo el espacio del mundo, se sentó en una esquina para luego dejar caer su cuerpo inconcientemente para un lado, emitiendo un suspiro al sentir la confortabilidad del colchón en su cabeza. Al frente suyo tenía la televisión de 50 pulgadas y se le quedó viendo por un momento. Estaba apagada pero luego de unos segundos de contemplarla le pareció que esta se encendía para comenzar a proyectar imágenes.
"Te amo..."
La voz de Ryoma la hacia adentrarse en un sueño. Después de todo no podía sentirse más confortable allí, a su lado...
"Prometeme que nunca me vas a dejar."
Le parecían palabras dulces y con una sonrisa alegre se acurrucaba más sobre su pecho, cerrando los ojos y sintiéndose la más feliz por poder estar con la persona más maravillosa del mundo.
"Si hay algo que desearía en estos momentos es poder estar así contigo y… en un futuro, despertarme y lo primero que vea a mi lado seas tú."
Sentía que Ryoma sonreía ante su actitud avergonzada.
A veces sus palabras sonaban a verdaderos anhelos, a deseos que pareciesen lejanos. Como si al salir de sus labios adquiriesen como un toque de imposibilidad.
– Ahora entiendo el por qué de tus palabras, el por qué de tus miedos… por qué me decías tanto que me amabas. Me consentías, me pedías que no te abandonara, que te jurara que estaría siempre a tu lado… – susurró Sakuno aún con sus ojos cerrados.
"Porque tú eres la única razón que tengo para vivir y ahora lo sé."
– ¿Qué palabras tuyas realmente eran ciertas? ¿cuáles fueron sacadas de tu corazón? Sin importar que, para ti quizás fueran solo palabras… pero yo fui feliz cuando me las decías, la más feliz del mundo…
"Te amo, Sakuno Ryusaki. Te amo."
– Cuando te lo quería decir por primera vez me moría de nervios, pensaba que te gustaría que te lo dijera, pero entonces saliste asustado. Te asustaron mis palabras, pero luego… me las dijiste tú y desde ahí… me trataste más dulcemente que antes. ¿Cómo no me di cuenta de ese cambio?
"Tú eres mi sueño."
Abrió de a pocos los ojos escuchando el sonido del reloj y sintiendo nuevamente la confortabilidad del colchón así como que de sus labios aun salía una sonrisa. De pronto sonreía, y con una repentina libertad y paz se echó para atrás extendiéndose ahora si sobre toda la amplia cama.
Era extraño, ¿de donde venía esa repentina tranquilidad? Ahora solo podía sonreír, cerrando los ojos y volviendo a recordar los momentos que pasó al lado de Ryoma. Al hacerlo parecía transportarse a otro mundo. Todo cobraba vida y luz, hasta música, sin duda era el paraíso… y en todo ese paraíso estaba él...
Y por primera vez desde el incidente en el Bar recordó aquel beso con calor brotándole desde el pecho, con calidez y emoción. Como si de un beso robado se hubiese tratado. Se tocaba los labios manteniendo aun cerrados los ojos y el calor en su pecho pareció descender a otras zonas de su cuerpo. Abrió los ojos en ese instante sorprendida porque después de mucho tiempo, el anhelo había vuelto a ella.
Lo podía distinguir, esto era distinto a cualquier otra experiencia que hubiese tenido. Era como una sensación irrefrenable, de entrega absoluta, de dejarse hacer en todo sentido. Se sorprendió porque parecía que todo eso había quedado dormido hace mucho y ahora… renacía tan de repente.
Renacía al pensar en él... en Ryoma.
Y ahí estaba Yukari de nuevo. Infiltrarse en el edificio no se le hizo muy difícil. Parecía un regalo del cielo que los encargados hubiesen dejado la puerta abierta mientras limpiaban por fuera, así que tras pocos minutos ya se encontraba en el piso correcto y nuevamente frente a aquel departamento. Sinceramente no le traía buenos recuerdos pero…
Nerviosa como estaba tocó la puerta escuchando al poco rato como voces se acercaban. La puerta se abrió y de ella aparecieron dos personas desconocidas para ella, causándole una sorpresa inicial.
– ¿Sí? ¿A quien buscas?
Quien le contestaba no era nadie más que Haine a mitad de vestir con sus ropas de noche, las cuales eran demasiado atrevidas y sensuales, y dejaban mucho al descubierto, y después un hombre alto de cabellos plateados con tan sólo un pantalón de mezclilla apareció por detrás.
Yukari reaccionó algo asustada por esas pintas, no sabía si más por la escacez de ropa o por todos los piercings que ese hombre alto llevaba por las orejas y labios. Francamente junto a esos dos no parecía más que un colegiala inocente. La escena no coordinaba.
– Niña, ¿te quedaste muda? – preguntó Kyo enarcando una ceja ante el silencio de esa niña que los miraba con cara de haber visto un fantasma.
– Tal vez te equivocaste de piso. – exclamó Haine al ver que aún no respondía.
– N-no, perdón, quiero decir... yo busco a… Sakuno. Se que ella vive acá porque vine a verla el día de ayer y…
Tanto Haine como Kyo pasaron de la sorpresa a entender realmente lo que sucedía y quien era ese chiquilla que ahora que lo veían bien… se parecía mucho a Sakuno…
– Aaah... – exclamó en tono de entendimiento Kyo. – Con que tú eres la mocosa que vino a verla ayer para decirle todas esas cosas, ¿no?
– Esto… sí… yo vine ayer pero…
– Lo que hiciste estuvo mal. Todavía que Sakuno andaba enferma, fue un milagro que no le hubiese subido la fiebre. – intervino Haine cruzándose de brazos. – No tenías derecho a hacer lo que hiciste, la pobre de mi amiga ya tenía mucho de que preocuparse como para que viniera una chiquilla a decirle quién sabe que tantas cosas.
– Bueno yo…
– ¿Y para que vienes ahora? ¿No me vas a decir que a contarle tus intimidades a Sakuno verdad? – preguntó la mayor, luciendo algo molesta.
– Haine, primero deja que diga a que viene y luego la regañas... – exclamó Kyo al notar que la pequeña lucía nerviosa.
– Bien, agradécele a Kyo que te permita hablar.
Después de todo ese discurso la voluntad de Yukari se había cohibido bastante, se sentía más miserable que antes y muy dolida. Sabía que tenía la culpa, ese chica tenía razón, todo lo hacia mal, tenía muchas ganas de llorar pero se contuvo.
– Yo se que hice mal… – comenzó a hablar apenas en un hilo de voz. – No debía haber venido y decirle eso a Sakuno cuando yo se que… ellos se quieren.
Haine reaccionó sorprendida puesto que esperaba otras palabras.
– Pero esa no fue mi intención… yo no quería decírselo realmente… o quizás sí pero… – secó la lagrima que estuvo a punto de salir de su ojo. – Yo quiero a Ryoma y… pensé que hacia bien… quería pelear por él pero… no así… yo no sabía que ella iba a reaccionar así cuando… – hipó comenzando a llorar. – Me sentí muy mal cuando la vi llorar y me di cuenta que realmente lo quería…
Ya no podía evitarlo, lloraba como una niña pequeña y saberse sola en ese momento con dos personas que debían odiarla por arruinarle la vida a su amiga era terrible, aunque sabía que se lo merecía.
A Haine le pareció una chica adorable ahora que estaba tan vulnerable y arrepentida, no se imaginaba como una chica así de inofensiva podía haber causado tanta tormenta con sus errores, pero ¿que derecho tenía ella de juzgarla? Después de todo así era el amor, volvía loco e irrazonable a todo mundo…
– Ya… no llores, ya todo está hecho de todas formas… se aprecia bastante tus disculpas... y estaría bien que ella las oyera, pero…
– En serio que no era mi intención… yo pensé que ella no lo quería y por eso lo rechazaba… y Ryoma está siempre está triste por eso...
Kyo se acercó y calmado preguntó.
– Chica, ¿tú eres su novia o algo así? ¿Salen, se acuestan o algo?
– ¡N-no! – respondió rápido y avergonzada por lo directo de la pregunta. – Nos… nosotros no somos nada… – terminó agachando la cabeza.
Haine y Kyo intercambiaron miradas. Realmente hubiera sido magnifico que Sakuno oyera eso, de haberse quedado lo hubiera hecho. Pero ahora…
– Él vive en mi casa porque yo se lo ofrecí pero nunca… nunca me dio señal alguna de que me quería… como la quiere a ella...
Y eso fue contundente y suficiente para que ambos se dieran cuenta que de pronto la situación se había dado la vuelta por completo. La chiquilla de la pesadilla que había arruinado todo ahora decía la verdad, estaba arrepentida, aclarando que la cosa era distinta a como la planteaban, y una vez más… ¡Sakuno no estaba!
– Nlo puedo creer… es increíble lo que está pasando... – susurró Haine.
– Haríamos buen guión de novela si nos lo proponemos. – agregó Kyo en tono de broma para aligerar el ambiente lográndolo.
Haine emitió una pequeña risa asintiendo que era cierto, pero Yukari no entendió mucho de que se trataba todo.
– Por favor… – comenzó a hablar la menor. – Necesito hablar con Sakuno y… aclararle el mal entendido… decirle las cosas como son y que…
– Eso no va a ser posible.
Interrumpió abruptamente Haine en tono normal.
– ¿Por…por qué?
– Porque esa testaruda ya no está en la casa, se fue con Kaname, bueno… con su médico, en fin, su "casi" pareja actual. – terminó por decir Kyo ya un poco confundido por la relación que verdaderamente pudiera tener Sakuno con Kaname, y es que primero estaban, luego rompían, después volvían y ahora hasta se iban juntos, en fin un lío.
Por la cara de no entender de Yukari, tuvo que ser Haine quien explicara mejor la situación.
– Es que…verás, Sakuno decidió irse con Kaname a su país, a Inglaterra, se decidió el día de ayer.
¿Ayer? El mismo día que fue a verla, acaso… ¿ella había influido en algo para que tomara esa desición?
– ¿Fue…fue por mi culpa? – preguntó con un miedo terrible y a Haine le causó pena, ahora parecía como si cualquier cosa que dijera haría quebrar nuevamente a esa vulnerable muchachita enfrente suyo.
– Pues… bueno… Sakuno no reaccionó muy bien con lo que le dijiste… realmente no se que es lo que estaba pensando antes que le dijeras eso… ese mismo día y el anterior habia estado enferma, con una fiebre fuertísima y otras cosas… pero no se… quizás... le hayas permitido dar el paso final para decidirse.
En la ocasión normal habría pensado que Sakuno lo tenía pensado desde antes y que no le interesaba Ryoma, pero no podía mentirse a si misma, sabía que por su culpa las cosas estaban como ahora…
– Por favor, s-si yo les pido un favor… ¿me ayudarían?
– ¿Qué favor? – preguntó Haine con algo de desconfianza, después de todo no conocía a la chica muy bien.
– Si me dices cuando se va yo… yo podría avisarle a Ryoma y… él podría evitar que se fuera… y si yo le digo lo que pasó… Sakuno no será tan dura con él…
No se entendía muy bien. Kyo intervino.
– ¿Estás diciendo que le vas a decir lo que hiciste a Ryoma para que esos dos se reconcilien de una vez?
Yukari asintió.
– Pero quedarás muy mal con él… – dijo Haine sintiendo pena por la pequeña, sabiendo que esas cosas en verdad serían detonantes. Había visto la mirada llena de fuego cuando Ryoma protegía a Sakuno de cualquiera, parecía dispuesto a todo, ¿tendría la misma actitud con la pobre chica cuando confesara lo que hizo?
– Se a lo que me atengo… – afirmó con dolor.
– No.
La negativa de Haine fue rotunda y tomó de sorpresa tanto a los dos presentes.
– ¿Haine? ¿Estás bien? – le preguntó Kyo en sarcasmo.
– Es que estamos contando con que Sakuno de inmediato lo perdonará y eso nadie lo sabe a ciencia cierta. ¿Qué pasaría si ni aún así lo perdona? Sakuno se merece iniciar una nueva vida y quizás lo logre con Kaname.
Sus palabras quizás fuesen las más frías, pero por una parte era cierto, ¿quien podía asegurarle un buen desenlace a todo ese embrollo? Ya se había armado mucho problema y realmente no sabía como podía tomar su amiga una decepción más.
– Pero… – Yukari parecía desesperada.
– En todo caso si Ryoma la quiere tanto debería ser él mismo el que esté acá preguntando por ella y sabría donde encontrarla ya.
– Entonces…
– Lo siento, no podemos ayudarte… – fue la última negativa de Haine.
Yukari no podía entender como una persona podía tener un carácter tan voluble, de amenazante a bueno y luego a frío, no podía entenderlo y cada vez encontraba menos salidas.
– Y discúlpanos pero… tenemos cosas que hacer.
Y tan pronto como su negativa, Haine y un no muy convencido Kyo entraron al departamento, encontrándose Yukari ahora con la puerta cerrada y el alma en el precipicio.
Ahora…
¿Qué podía hacer?
TBC.
