Preparativos de viaje
Capítulo 32
Sakuno encontraba haciendo sus maletas ya de noche cuando de pronto escuchó el sonido de la puerta y salió de la habitación para ver a Kaname con las llaves en la mano.
– Disculpa, ¿estabas durmiendo?
– No… estaba haciendo mis maletas...
Escuchar eso lo alegró de sobremanera, y se acercó para depositarle un beso en la frente.
– Kaname, ¿cuándo nos vamos?
– Separé los pasajes para el día de mañana, ¿crees que estarás lista?
La respuesta la tomó de sorpresa. Sus manos apenas pudieron sostener la ropa que llevaba.
Mañana... se irían mañana.
– Uhmm, s-sí creo que sí. – no podía quitarse la palabra "mañana" de la cabeza y yéndose para el sillón trató de ocultar su rostro que evidentemente no era de alegría como el de Kaname.
– Perfecto, iremos al aeropuerto a las 5:00 PM, allí tendremos todo listo.
Dicho eso Kaname comenzaba a hacer más llamadas, varias de ellas en inglés por lo que no pudo entender demasiado pero suponía debía tratarse de los últimos preparativos.
Luego de eso se metió a la ducha y Sakuno aprovechó para irse al balcón.
Allí recibió el fresco que corría. Apoyándose en la reja comenzó a pensar…
¿Cuánto tiempo pasaría para volver a ver una noche estrellada como la de ahora? El cielo lo compartían todos por igual pero… se trataba de otro país y además… ¿cuánto tiempo pasaría hasta que volviera a verlo a… Ryoma?
Recordaba lo de la tarde y su corazón era como si diera un vuelco de emociones. La tan calida sensación en su vientre y cuerpo… tenía miedo de no poder sentirlo de nuevo, aunque fuera con alguien más. Quería amar, quería querer y darse con todo su corazón, no quería perder esa parte suya, su pasión… esa que tanto había escondido y ahora clamaba por salir.
Se abrazó a si misma con fuerza, con mucha fuerza. Ojala todo fuera rápido y no demorara, porque una vez que se fuera terminaría finalmente por abandonar su pasado por completo.
Llegó un nuevo día y cuando despertó se encontraba sola en la cama. Se desesperezó un poco y quitó las sabanas para levantarse. Vió el lado de Kaname, habían dormido en la misma cama, mas no juntos, ella se había excusado diciendo que aún se sentía algo mal y le daban bochornos por la fiebre, por lo que se había alejado a un costado de la cama. La cosa es que el mayor ya no se encontraba acostado. ¿A que hora se habría ido que no se dio cuenta? Seguro que con todo el ajetreo del viaje tendría que haber salido temprano, debía ser eso.
El viaje… "mañana"...
UN MOMENTO. Eso, ¿era hoy?
Todo el sueño se le fue para de pronto palidecer y sentirse como si todo el cuarto hubiese perdido temperatura. Con lo que pudo se quedó sentada en la cama mirando al piso, tratando de caer realmente en el día que era y de repente ya se encontraba apretando fuerte las sabanas con los dedos, con tanta fuerza que hasta temblaba. Al percibir el dolor se detuvo pero entonces sintió caérsele un par de lágrimas por las mejillas. Pasando de la sorpresa se tapó la cara.
¿Qué le estaba pasando?
Rió débil. Otra vez llorando… no podía ser.
Se secó las lágrimas con las manos. Debía tratarse de la entreñez que daba siempre al viajero, si, debía ser eso. Rió dolorosamente un poco más fuerte mientras no quitaba la mano derecha de sus ojos. Era una tonta sin remedio, no tenía porque ponerse así, después de todo, dentro de poco todo llegaría el final. Finalmente su esfuerzo habría valido la pena. Tenía lo que quería, un viaje a un país distinto, donde nadie la conociera y podría comenzar una nueva vida junto a un hombre que juraba amarla a pesar de que ella nunca demostró corresponderle por completo.
Sacó la mano de sus ojos y se quedó quieta por unos instantes. ¿Qué pasaría cuando Ryoma se enterase? Seguramente lo haría cuando ya no estuviese en el país…
En su pecho pareció oprimirse algo que no supo entender, no era físico como las veces anteriores, lo de ahora era distinto, era un dolor cien veces mayor que uno físico pero al mismo tiempo no le dolía, sino que le oprimía.
– Estarás mejor acompañada… tarde o temprano te acostumbrarás…
Dijo al aire, pero en cuanto terminó de decirlo sintió un gran vacío dentro suyo. Como quien deja ir algo muy preciado… aunque en su caso debía ser algo como, sacarse un peso de encima, ¿no?
Se le venía a la mente aquella chiquilla, tan linda y lleno de vida, tan dispuesta y capaz a luchar por su amor. Le recordaba un poco a su "yo" de antes…
Quizás ella pudiera hacerlo feliz.
Ya no importaba… apartó esos pensamientos no agradándole imaginarse aquello…
Aún era temprano, Yukari en ese momento salió de su cuarto para ir a la cocina cruzando el lugar donde se encontraba durmiendo Ryoma. Ahora que lo veía bien, por alguna razón su expresión no era pacifica sino de sufrimiento, de frustración.
Apenas sacó algunas naranjas para hacer jugo cuando no aguantó más y volvió al living para quedársele a un lado. Se agacho frente al sofá y ahí estiró la mano tímidamente para pasársela por el cabello. Su expresión se entristeció.
Por sobre todas las cosas…quería ver a Ryoma feliz…
De repente se puso de pie. Sus piernas temblaban y con la mirada fija hacia el teléfono… supo que debía hacerlo. Aquella idea no había dejado de rondar por su cabeza. Aún se sentía fatal por lo que había hecho, pero desde la noche anterior no dejaba de pensar en eso. La valentía se iba y volvía… el coraje tendía a irse… quizás fuera una locura y no estaba segura de lograr algo pero… con el peor dolor en su corazón y porque sabía que ya todo había llegado a su fin… que el hermoso sueño finalmente estaba hecho pedazos… logró tomar el último impulso para ponerse en marcha.
Sabía que Sato podría ayudarla.
.
Pasó como una hora hasta que finalmente Ryoma despertó. Se sorprendió en un principio por la manta que tenía encima, más luego volteó hacia donde el sonido le indicaba.
– ¡Ryoma! Que bueno que te despiertas, te he hecho un buen desayuno.
– Eh... gracias… – se fue levantando de a pocos quitándose la manta y tocándose la cabeza que le dolía. Después de todo no había dormido muy bien. Toda la noche soñando y encima en un sillón no podía darte el mejor descanso. La preocupación y frustración de no saber de Sakuno en verdad lo estaban volviendo loco.
– No te levantes, acá te traigo todo.
Sin que le diese tiempo de rechazarlo la bandeja con el jugo y tostadas ya estaba frente suyo. Se trataba de un desayuno prácticamente en la cama.
– No tenías que molestarte. – dijo algo quedo con tantas cosas enfrente suyo.
– Para mi no es molestia, además debes alimentarte muy bien. – dijo y fue rápido por su desayuno que estaba en la cocina, volviendo segundos luego para sentarse al frente suyo – Mientras pueda… déjame consentirte por favor.
Lo dijo con una sonrisa triste que dejó a Ryoma con el vaso de jugo en el aire.
– ¿Mientras... puedas? – preguntó extrañado.
– Comamos, sino no será un desayuno, te levantaste muy tarde, aunque es mejor, así duermes mucho y descansas mejor, has estado ocupado últimamente, saliendo por allí… saliendo por allá, debes descansar aunque sea un rato.
Escuchar todo eso le quitó toda palabra que fuera a decir. Seguro eran ideas suyas.
Ambos comenzaron a desayunar, y mientras tanto Yukari volvía a hablar alegre y mucho, como siempre. Aunque esa extraña sensación de nostalgia no dejaba de perseguirlo.
– Volviste tarde ayer, es peligroso para ti. – dijo Ryoma de repente.
– ¿Eh? Pues... me quedé caminando un rato por ahí y… nada importante. Discúlpame si te preocupé. – dijo lo último con cierta timidez de que eso fuera cierto y para su sorpresa era así, puesto que en serio Ryoma lucia como tal.
No pasó mucho luego del desayuno cuando el chico se dio una ducha, vistió y estuvo listo para salir. Iría a la casa de Haine, no importaba si ésta lo echaba a patadas luego de esa extraña última conversación que tuvieron. Si no entendía a que se refería no tenía porque temer.
Yukari escuchó la puerta cerrarse pero no hizo nada.
Ryoma prefirió bajar por las escaleras casi corriendo, importándole poco que sus piernas no pudieran aguantar tal velocidad. Algunos pisos los pasaba saltando de baranda en baranda y cuando estuvo ya en la planta baja salió del edificio para luego seguir apresurado llegando así de pronto hasta el edificio de Haine.
Ya preveía de lejos como iba a hacer para adentrarse en el edificio cuando escuchó unos pasos detrás suyo y al dar la vuelta toda la rabia se le subió a la cabeza y sus puños volvieron a hacer fuerza al tiempo que una expresión de desagrado y molestia aparecía en su rostro.
– Veo que me reconoces.
El hombre, ahora enfrente suyo, que resultaba ser Kaname también lo veía serio, muy molesto. Podía decirse que compartían un mismo sentimiento, lo desagradable que le resultaba a cada uno verle la cara al otro.
– Quizás te haya visto pero no te conozco. – contestó Ryoma lo más simple posible, sabiendo que tenía que hacerse el desconocido con ese hombre para resguardar a Sakuno.
– Debo agradecerte lo de hace unas cuantas noches. Aunque te escondiste muy bien para que no te encontrara.
Así que sabía que había sido él quien salvó a la chica. No entendía cómo, pero eso no importaba ahora.
– No es nada para agradecer, es lo que cualquiera hubiera hecho.
Conversaban pero ninguno de los dos se quitaba la mirada de encima, como si quisiesen devorarse el uno al otro.
– Así que... la conoces. – dijo Kaname.
Como le carcomían las ganas de gritárselo en la cara, decirle que por supuesto, por supuesto que conocía a Sakuno, si era a quien más amaba en el mundo, su vida, pero… por ella misma es que debía controlarse.
– ¿A que te refieres? – preguntó con igual seriedad.
– No es necesario que lo ocultes, ella ya me lo contó todo.
Kaname tenía ganas de matar a ese hombre, lo tenía enfrente suyo, a aquel que tanto dolor había causado a su Rae... es decir, a Sakuno. Pero utilizaba todo el control del mundo para no hacerlo.
– ¿Todo? ¿Qué todo? – preguntó enarcando una ceja haciéndose el indiferente e irónico aunque por dentro estaba más que sorprendido.
– Que falsedad, ¿te vas a hacer el desentendido?
Ahora Kaname comenzaba a perder el poco de cordura que había juntado. Si su peor enemigo le mostraba indiferencia y poca importancia al asunto, ¿cómo más podía estar?
– ¿Y tú quien eres para pedirme explicaciones? – le dijo Ryoma de vuelta con seriedad y un nuevo brillo asesino en sus ojos dorados. – Si realmente hubiese algo, ese es un asunto entre nosotros, tú no eres nadie a quien tenga que rendirle cuentas.
– No eres más que un chiquillo a quien le acaban de quitar su juguete, ¿verdad? – trató de devolverle la jugada haciendo que Ryoma por un momento perdiera la compostura y diera un paso adelante, dispuesto a cualquier cosa.
– Si hablamos de "juguete" no soy muy diferente a ti, ¿verdad? Quienes se creen que con dinero pueden conseguir todo. – le dijo de nuevo irónico esta vez provocando el odio de Kaname quien ofendido se acercó para agarrarlo de la chaqueta.
– Así que el dinero, ¿no estamos hablando de lo mismo acaso?
– Pero yo la tuve por su propia voluntad. – agarró con fuerza la mano de Kaname. – Ella estaba conmigo porque quería, y no por necesidad.
La debilidad de Kaname al escuchar eso hizo lo soltara, pero mantenía su puño agarrado. Había dado en el blanco–
– ¡Eres un maldito, un miserable! – le dijo Kaname con odio, agitado y con el puño temblándole.
Ryoma estaba preparado para lo que viniera, aunque fuese grande la diferencia de edad, no le daba miedo. Si tenían que pelear lo harían, hacia mucho que deseaba poder desquitarse con ese hombre que había comprado a Sakuno de esa manera tan vil, que había dado pie a que siguiera vendiéndose en ese bar, que la había obligado a quien sabe que cosas, que la había tenido todo ese tiempo mientras él sufría su ausencia, que de alguna manera la había transformado en lo que era ahora, él y otros hombres más. Jamás lo iba a perdonar, jamás en lo que le pudiera quedar de vida.
La gente de los alrededores pronto comenzó a percatarse de dos personas en la entrada del edificio que lucían sospechosos. ¿Serían delincuentes? Se preguntaban muchos, pero al ver el aspecto principalmente del mayor dudaban.
– Ella nunca te perdonará lo que le hiciste, nadie en su sano juicio lo haría, porque lo que hiciste no merece perdón. Poco te importó que fueras su primer novio, ¿no es cierto? Pudiste haberte conseguido a alguna otra, pero ¿por qué ella? – hablaba agitado Kaname.
– Yo amo a Sakuno, y es lo que único que me importa, no daré explicaciones a nadie y menos a ti, quién sólo la buscó por placer, eres un infeliz.
Aquella desfachatez y facilidad de palabras fueron lo último y el colmo para que Kaname se le lanzara encima con un puñetazo que le cayó directo en la mejilla a Ryoma, justo donde tiempo atrás Sakuno lo había abofeteado. Retrocedió unos pasos aun sintiendo el impacto del dolor cuando se dio cuenta que otro golpe venía pudiéndolo esquivar a tiempo y propinándole una patada a Kaname que la recibió del lado de las costillas.
La patada logró inmovilizarlo por un tiempo y podría haberle dado un buen golpe de gracia pero le pareció cobarde hacerlo. Bien sabía que hasta podría matar a ese hombre pero no lo haría, jamás pelearía con el enemigo tomando ventaja. Pero Kaname se recuperó rápido del impacto y le propinó un fuerte golpe en el abdomen. Y así dio inicio a una pelea de golpes sin parar. Se golpeaban en la cara con coraje, soltando todo el cólera que setnían.
La gente de los alrededores de pronto gritaba alterada. Una mujer llamaba a gritos a los policías.
Ambos se percataron del gran alboroto pero poco parecía importarles. Agitados como estaban aun seguían propinándose miradas asesinas, de querer continuar, desquitarse por lo que cada uno sentía en esos momentos. Ryoma se tocó el labio inferior dándose cuenta que éste sangraba y Kaname se sostenía el lado derecho adolorido cuando de pronto oyeron la sirena de la policía acercarse y para ambos, muy a regañadientes, tuvo que ser el final del encuentro.
– Maldición... – susurró Kaname.
– Yo amo… a Sakuno… y jamás… – tosió un poco, agitado. – Jamás me voy a… dar por vencido… – se limpió el hilo de sangre que caía por su mentón para de a pocos ir volteando.
Cuando el coche de policías llegó él ya se había ido.
Kaname dolorido como estaba poco podía mantenerse de pie. Si hubiera estado en mejores condiciones habría perseguido a ese infeliz pero… el dolor en su cuerpo era terrible.
– ¿Se encuentra bien? – le dijo de pronto uno de los policías al lado suyo.
– No es nada. – se puso de pie aparentando estar bien, aunque le dolían los huesos terriblemente.
– ¿Está seguro?
– Sí... – apretó los dientes al sentir esa fuerte punzada en sus costillas.
Y así fue lento pero decidido fue hasta el garaje del edificio para subir a su auto y dejarse descansar allí por un momento. Echó la cabeza para atrás aun sosteniéndose la zona dolorida y cerrando los ojos para aclarar su mente.
Esa expresión… esos ojos dorados… ¿por qué había encontrado en ellos sinceridad en lo que decía? Se suponía que era un tipo de la peor calaña por haberle hecho pasar eso a Sakuno, pero por alguna razón no había podido seguir golpeándolo luego de que le dijera eso, y más al acordarse de…
"Ryoma-kun... te amo."
Esos dos… acaso ¿en verdad se amaban? ¿Entonces por qué? ¿Cómo podía haberla tratado y engañado así, siendo que la quería? ¿El amor realmente podía surgir en trampas tan terribles como esas?
Si Sakuno le decía eso y este otro chico le decía lo mismo…
No.
Estaba volviéndose loco. ¿Como podía creer en las palabras de alguien que era capaz de ese tipo de cosas?
Suspiró sintiendo apaciguarse de a pocos el dolor en su cuerpo…
– ¿El viaje se pospone?
Sakuno estaba asombrada por ese cambio tan repentino de fecha y más porque Kaname lucia desordenado y… ¿dolorido? Sus ropas… no le eran conocidas, parecía nuevas y las expresiones aunque disimuladas eran de dolor, se lo dejaba claro por la manera como se encorvaba…
– Sí… hubo un problema con lo de tu pasaporte, pero no es de cuidado. – trató de caminar lo más normal posible hasta su recamara. – Sólo será hasta mañana por la noche, entonces el agente de viajes nos tendrá todo listo. También tengo que avisarle a Andrew.
Fuera como fuera lo veía extraño. Kaname no quería contarle lo que fuera que hubiera pasado después que desapareciera desde temprano. Y ahora volvía así y le preocupaba…
Sin embargo… que Dios le perdonara porque… sentía algo de alivio al saber que no se iría hoy.
Fue hasta el teléfono aprovechando que Kaname se había metido a la ducha.
Y en pocos minutoa Haine ya estaba en la casa.
– ¡Por Dios! ¿Por qué no me habías dicho que te irías HOY? – preguntó exaltada. – Menos mal que será hasta mañana, ya que si no..
– Vamos adentro por favor. – la interrumpió llevándola hacia la sala.
– ¿Y dices que te TIENES que ir? Sakuno, parece que estuvieras obligada, no tienes porque hacerlo si no quieres, además es muy pronto y… – sabía lo del viaje pero escuchar a su amiga de cierta forma obligada, triste y sobre todo tan próxima a ser arrebatada de su lado… no le gustaba para nada.
Si al menos ella estuviera feliz lo aceptaría pero… Sakuno no sonreía para nada. Le dolía verla así.
– Haine... – le tomó de las manos para tranquilizarla, tomando por sorpresa a esta. – Es que yo… en verdad tengo que hacerlo…
– Pero dime por qué estás obligada, no me gusta oírte hablar así. – apretó un poco sus manos contra las suyas.
– Kaname… ha hecho mucho por mi. Tu sabes que él siempre… me trató bien, me ha cuidado, se ha preocupado porque nadie me haga daño ni me toque… me sacó de trabajar en el local y yo…
– Pero por agradecimiento no se puede obligar una a hacer cosas que no quiere. Tú sabes, estarás todo el tiempo allá, con él, prácticamente comenzarás una vida allá y…
– Es que tú no sabes... – la soltó y se tapo levemente la cara. – No te terminé de contar lo que realmente sucedió aquella noche en que… esos hombres me drogaron. Esa noche… no se como pero estaba en una habitación con Ryoma, aquellas que están realmente escondidas del local. Él… debió haberme librado de esos hombres y… cuando estuvimos a solas yo… supe que era él, o quizás un sueño pero… entonces todo salió de mi… le pedí… le pedía que me tocara… que me besara, y no se que otras cosas realmente, apenas y puedo recordarlo. Pero estaba segura que él estaba allí.
Haine comenzaba a morderse las uñas de sólo escucharla.
– ¿Y entonces?
– Pasó que… no se en que momento se fue y… en su lugar estuvo Kaname. Pero yo… continué diciéndole todas esas cosas y… lo llamé por el nombre de Ryoma.
– ¿Quéeeeee? – se tapó la boca enseguida. Eso definitivamente era TERRIBLE, bien sabía ella que no había nada peor que tu novio te escuchara nombrarle como otra persona… pero no se lo podía decir a Sakuno.
– ¿Ahora entiendes por qué no puedo negarme a Kaname? Ha hecho tanto por mi y yo le pago de esta manera. Además que si lo veo del lado bueno… pronto cambiaré de vida, nadie me conoce allá, podré volver a estudiar, él me ha dicho que se hará cargo de todo y…
– ¿Pero así le piensas pagar, con lastima?
– N-no es lastima… él no se merece que yo lo haya tratado así, no hay otra manera que me perdone, y él dice que me quiere.
– Pero tú no a él.
– No puedo Haine… no puedo hacerle eso a Kaname.
– Pero te estás lastimando tu misma, ¿no te da lástima tu persona? Si tienes lástima por él, ¿qué hay de ti? ¿Acaso piensas seguir una vida perfecta pero sin cariño? ¿Sin amor? ¿Crees que podrás amarlo yéndote así de obligada, o solo vivir con gratitud el resto de tu vida?
El ambiente se quedó en silencio, Sakuno sin poder rebatir esas palabras, sabiendo que eran tan ciertas y claras como el agua. El amor, cuan necesario era para ella… Dios, se moría por sentir esa linda sensación de estar enamorada y ser correspondida nuevamente… pero… Kaname... también la quería y ella, desde lo más profundo de su corazón no quería herirlo, ya no. Era tan bueno y atento que… simplemente no podía.
– ¿Vas a pensarlo siquiera? – redijo Haine en tono amable.
– No puedo pensarlo.
– Prométeme que lo harás aunque sea.
Y de pronto, Kaname salió de la habitación, ya aseado y en mejores condiciones.
– Haine, buenas noches.
– Buenas noches Kaname, yo… ya estaba por irme. ¿El viaje es mañana verdad?
– Sí, puedes venir a despedirla si deseas.
– Claro, sin falta estaré acá. Hasta mañana entonces.
Dijo dirigiéndose a la salida y cerrando la puerta tras de sí de inmediato.
.
El día había llegado y nada ni nadie podría detenerlo ya. La noche anterior fue larga y extraña, pero no por el problema de la cama que tenía durante esos últimos días sino que… durante toda la madrugada había notado a Kaname sin poder dormir. De espaldas podía escuchar como éste se movía repetidas veces y otras cuando pasaba largo rato… se le acercaba para percatarse de que estuviera dormido, lo cual aparentaba, pero luego el mayor se levantaba y se iba al baño… allá no sabía que pudiese estar pasando exactamente.
Entre la oscuridad veía la rendija de luz de la puerta y a Kanme moverse de un lado a otro, luego lo que le pareció pequeños quejidos de dolor que más de una vez la hicieron querer salir de la cama y saber que pasaba pero… no se sentía con la fuerza necesaria para eso… así que… tan solo se quedó allí, encogida y sin dejar de ver hacia esa rendija de luz.
Y cuando pasó un buen rato se ponía a pensar en lo que sería el día siguiente, faltaba unas pocas horas ya y… pensando en eso fue cuando cayó en sueño y… cuando menos se dio cuenta sintió a los pájaros cantar frente a la ventana y las cortinas abiertas.
– ¿Kaname? – lo llamó al encontrarse su lado de la cama vacío, pero pronto el interés menguo para quedarse un rato allí, encogida consigo misma y no con muchas ganas de levantarse. Una mecha de cabellos cayó por su frente al agachar la cabeza para luego suspirar y… comenzar a temblar. – Sakuno tonta... no tienes porque estar así…
Pero no podía parar de temblarle el cuerpo. Las palabras de Haine vinieron a su mente.
"Prométeme que aunque sea lo pensarás"
¿Era bueno pensar en eso solo a horas de irse a otro país y abandonar todo?
– Kaname ha hecho mucho por mi y… yo prometí no perdonar nunca a Ryoma...
Entonces ¿por qué no podía sacarlo de su cabeza?
Su rostro, su sonrisa, sus ojos dorados, su voz… su calor…
Debía estar loca, ahora pensaba todo el tiempo en él…
En ese instante se escuchó el sonido característico de la puerta. Salió del cuarto para encontrarse con Kaname recostado en el sillón del living, mostrando claras evidencias de cansancio… y… un claro moretón en su frente que ahora que llevaba la cabeza hacia atrás, el mechón de cabellos ya no podía ocultar…
– Kaname, ¿a donde fuiste?
El hombre no pudo evitar sobresaltarse un poco al oír su voz de pronto tan cercana, aunque pronto aparento más tranquilidad y normalidad.
– Discúlpame… tuve que salir por unos instantes a hacer los tramites finales. ¿Estabas despierto hace mucho?
– Uhm, no...
– Dormilona. – replicó sonriendo levemente.
– Hm, ¿te puedo… preguntar algo?
– Por supuesto, pregúntame lo que quieras. – dijo hasta casi con exaltación.
– Ese moretón...
– No es nada para preocuparse, un golpe sin importancia.
– Pero ¿como te lo hiciste?
Le agradaba verla preocupado por él, quería abrazarla por esa ternura que le provocaba pero… si realmente supiera de donde venían estos… arruinaría todo. Esa persona lo arruinaría todo...
– Dije que está bien. – le sonrió. – Ahora quiero que lo único en que te preocupes sea en tener todo listo. – le acarició el cabello produciendo un ligero escalofrío en Sakuno quien ahora con cada roce suyo se ponía así. – Partimos por la noche pero tenemos que estar antes que se ponga el sol.
– De acuerdo…
Ryoma no pudo salir del departamento una vez que Yukari lo había capturado y curado de esas heridas que al final terminaron por deshincharse rápidamente, ahora tan solo le quedaban algunos moretones, pero nada serio. Igual no dejaba de sentirse deprimido por no haber visto a Sakuno en días… se estaba muriendo de la ansiedad.
Quería encontrar fuerza en algo, en lo que fuera que le tranquilizara, saber que todo estaba bien y que continuaría como hasta ahora, con Sakuno flexibilizándose de a pocos con él…
No le demostraba el mismo cariño que los buenos tiempos pero de alguna forma el ya no rehuirle ni mirarlo con odio era un gran avance… además que aquel beso de esa noche y sus palabras aun eran claras en sus oídos…
Tan sólo un tiempo más... sólo eso…
– Ryoma...
Escuchó detrás suyo y al voltear se encontró con Yukari.
– ¿Estás pensando en ella? – preguntó la chica con una dulce sonrisa.
– ¿Es muy notable? – le respondió algo apenado y Yukari asintió con la misma sonrisa que así era.
Era extraño, esa era la primera vez que podía referirse a Sakuno con Yukari de manera tan despreocupada… sin sentir que estaba hablando de lo que no debía.
– No te preocupes, dentro de poco estoy segura que ya no estarás tan triste. – se le acercó hasta sentarse a su lado. Ryoma no entendía. – Dicen que cuanto más piensas en una persona, más la llamas o que… esta misma persona termina pensando en ti también y si es así… seguro que no tardará mucho en volver contigo. Tú la quieres mucho.
Podía sonreír pero al mismo tiempo podría comenzar a llorar.
– Yukari... – estuvo a punto de decir algo cuando esta contenta se levantó del sillón para irse a la cocina. La siguió con la mirada, viendo como sacaba algo de la heladera, luego platos. Regresó casi corriendo para poner un pequeño platito encima de la mesita enfrente suyo.
– Aquí está tu desayuno. – dijo sin dejar de sonreír. – Yo… ¡yo ya vengo! Me acordé que tenía que hacer unas cuantas cosas, estaré de vuelta al atardecer.
Habló apresurada, tanto que no le permitió a Ryoma articular palabra para preguntarle algo.
– Y… Ryoma... – se detuvo frente a la puerta, dándole la espalda y con las llaves en la mano. – Cuídate mucho… es decir, ya no estés más triste y… sabes, nunca me arrepentí de darte alojamiento, fuiste el mejor compañero y amigo. – se hizo un pequeño silencio que pronto fue terminado por la misma y animada Yukari. – ¡Bueno! Eso quería decírtelo hace tiempo, es raro, jeje. ¡No me esperes!
Tan rápido como sus palabras, como el hecho que no volteó en ningún momento a verlo, se fue cruzando la puerta del departamento, y ya afuera, como decirlo, la casa se sintió muy sola.
Ryoma no entendía nada de lo que acababa de ocurrir, todo había sido demasiado rápido y extraño por parte de Yukari. Quiso creer en ese instante que estaba quizás demasiado sensible y susceptible por todo lo que estaba sucediendo y prefirió no darle más cabida en su cabeza al asunto.
Luego de comer su desayuno se dio una ducha, se desinfecto las heridas con el tónico que le había preparado Yukari el día anterior y salió rumbo al bar, tenia la esperanza de encontrarse con Haine, y aunque esta le hubiese dicho que no quería hablarle más por una razón que aun desconocía… tenía que preguntarle de Sakuno.
Pero Haine no estaba ahí.
Que extraño...
¿Qué estaría sucediendo?
Tenía un mal presentimiento, debía encontrar a Sakuno cuanto antes.
– ¿Lista? – preguntó Haine a un lado de Sakuno, quien echaba sus últimas pertenencias a su maleta.
– Eso creo. – cerró la tapa de la valija y suspiró.
Haine desvió la mirada y de pronto su semblante se entristeció.
– Sakuno... antes de que te vayas yo... quiero disculparme contigo.
La aludida la miró, extrañada.
– ¿Por qué?
– Tú me conoces, se podría decir que soy una promiscua total y sabía lo que quería cuando me metí a esa vida, quería divertirme y así fue. Pero tú… no debí tomarte como si fueras igual que yo.
Sakuno se sorprendió por completo ante las palabras de su amiga. Sí, Haine la había llevado a la vida del bar, pero nunca la culpó, pues había sido por desición propia que accedió, y eso le iba a decir, pero la chica siguió hablando.
– Tú eres distinta, muy distinta a mi y… eres mi mejor amiga. – suspiró. – Somos de la misma edad pero siempre fuiste muy linda y dulce, despedías mucha ternura, hasta conmigo que soy una perdida total. – rió con melancolía. – Pero… eso no era lo que te tocaba vivir a ti. Teniendo en cuenta que acababas de pasar por algo tan terrible… habrías aceptado hacer cualquier cosa con tal de apaciguar ese gran dolor que tenías. Yo tuve la culpa por ofrecerte algo así, porque lo que para mi era normal… para ti no lo era y no tomé en cuenta eso… y cuando comenzaste a trabajar yo supe… noté desde la primera noche que ese no era lugar para ti pero… aun así intenté ocultar mi culpa y responsabilidad pensando que quizás te acostumbrarías pero… ese día nunca llegó…
– ¡No! Haine, tú sabes que yo trabajé siempre por cuenta propia, tú no me obligaste a nada. – le dijo Sakuno en ese momento, quería que Haine parase de decir todo eso.
– Te equivocas, es que yo sí te obligué, aunque no fuese gráficamente, lo hice utilizando la excusa que era tu amiga… porque… pensabas que era tu amiga y que buscaba lo mejor para ti pero… si hubiera sido así te hubiera detenido y prohibido el acceso al lugar desde la primera noche que la pasaste ahí…
Sakuno no pudo contestar a eso.
– Sakuno, tu nunca estuviste hecha para ese trabajo, tú… eres de una sola persona, naciste para amar, para demostrar ese hermoso interior tuyo y hacer feliz a la persona que quieres y deseas. Hay mucha entrega y pasión tuya hacia solo una persona y tú lo sabes… no puedes permanecer encerrada como un ave en su jaula, no puedes… y lamentablemente fue a eso a lo que te empujé. No sabes... lo arrepentida que estoy.
Un leve rubor apareció en las mejillas de Sakuno al escuchar esas palabras de su persona. ¿Como podía ser? No dejaba de asombrarse como Haine podía conocerla tan bien.
– Haine, no tienes porque arrepentirte de nada de lo que hiciste. – la tomó de las manos. – Yo tengo mi propia voluntad y así lo quise… y ya está hecho.
– Pero amiga… aun hay tiempo de volver a atrás, si tú realmente...
– No. – la interrumpió. – Yo tengo que cambiar, de una vez, tengo que dejar el pasado atrás, ya todo será diferente y… Kaname me quiere… y yo… yo también lo quiero.
– Pero no de la manera en que quieres a...
– Por favor, por favor… no me lo menciones. – comenzaban a enrojecerse sus ojos. – No me lo nombres por favor… te lo ruego…
– N-no, no llores…
– Entonces no me lo menciones más por favor…
No podía hacerla llorar, si fuera así cuando volviera Kaname se iba a dar cuenta y… ya no quería lastimar más a Sakuno.
– Está bien… discúlpame… no lo mencionaré más. No es bueno que llores o Kaname se dará cuenta…
En ese momento entonces se escucharon las llaves. Llegó Kaname con varias bolsas de papel en las manos y Andrew al lado suyo.
– Buenas tardes. – saludó Andrew.
– Disculpa Kaname, vine a visitar a Sakuno desde temprano y...
– No es problema Haine, sabes que esta es tu casa. Oh, y él es mi amigo Andrew, es quien nos acompañará en el viaje. – lo presentó.
– Espero que les vaya muy bien. – dijo Haine. – Yo... creo que ya debo irme, si no se les hará más tarde.
Dicho esto, se acercó a Sakuno para abrazarla en modo de despedida.
Al estar cerca suyo le susurró al oído…
– Perdóname… y… cuando quieras ya sabes que puedes volverte y venir a vivir conmigo de nuevo.
La soltó y se separó con una sonrisa que tranquilizo a Sakuno de cierta forma.
– Nos veremos luego, ¿cierto? – preguntó ya en la puerta.
Sakuno sonrió débilmente y asintió.
– Entonces... hasta pronto.
Y cuando su amiga cruzó la puerta y la cerró, Sakuno se quedó con una sensación de vacío interior. Le hubiera gustado permanecer con Haine abrazada, pero sabia que unos minutos más y ambas no habrían aguantado el llanto.
– Traje a Andrew para salir juntos dentro de las horas que faltan, espero no te moleste. – dijo Kaname.
– No…está bien. Con permiso… – se fue del lugar rumbo al cuarto, se escuchó un leve portazo.
– Ajá, que ánimos que tiene. – dijo Andrew.
– Seguramente son los nervios los que la tienen así. – dijo Kaname, excusándola.
– Sí, claro. – se sentó en el sillón. – Pero esperemos que se le vayan cuando lleguemos allá, sino cualquiera diría que te la raptaste y la estás obligando.
Una mirada de advertencia fue suficiente para que Andrew dejara de decir palabra alguna.
Las horas pasaron y pronto ya no quedaba casi nada de tiempo. La tarde fría y los nubarrones del cielo hacían prever un poco de lluvia, pero nada que pudiese evitar el vuelo despegar. El invierno estaba ya instalado sin duda.
– Le compraste muchas cosas, en serio que va a parecer que la raptaste. – otra mirada asesina sobre él. – Bueno bueno, está bien. ¿Estás impaciente no? Seguro se va a ver como toda una angelita con esas ropas, solamente las ví y ya me provocó comprar algo así para alguna de las mías.
– No cambias.
– Oye y... ¿que es ese moretón enorme que tienes en la frente? – preguntó Andrew cambiando el tema. – Pareciera que estuviste en una pelea callejera o algo así. – dijo más en broma, pero al ver la cara de su amigo, se puso serio.
– Fue algo así.
– ¿En serio? – estaba sorprendido, pues Kaname no solía pelearse por nada. – ¿Qué ocurrió?
– Rae también quiso saberlo, pero prefiero no decir nada. Fue bueno que no insistiera, aunque ni así le hubiera dicho quién me hizo este y los otros golpes que tengo.
Lucia serio, Andrew sabía que no se trataba de nada sencillo y de poca importancia. Solamente veía a Kaname así cuando iba en serio por algo o le provocaban, incluso con sus enemigos.
– Vamos, dímelo… sabes que soy una tumba.
– Fue ese hombre, el ex novio de Sakuno, el supuesto "affair" del que hablabas.
– ¿En serio? Así que al final te estaba engañando...
– No, ni lo digas, Sakuno no me estaba siendo infiel con nadie, ese hombre la ha estado buscando y ahora que la encontró, le insiste.
– Pues no deben haber terminado muy bien, es más, Sakuno debe haber sido el que cortó la relación, ¿verdad?
– No lo entiendes… – suspiró cerrando los ojos por un instante. – Ese hombre le hizo algo terrible, algo tan humillante y desastroso que Sakuno aun no le perdona, y espero que jamás lo haga…
– Vaya… en serio que estás molesto, y además… nunca te ví tan posesivo y encendido como ahora, tu eras más pacifico Nathan.
Kaname sorprendido por eso le contestó.
– Lo soy, no estoy haciendo nada malo… solo cuidándola de aquel hombre, no quiero que la lastime más.
– ¿Realmente eso quieres? Bueno… digamos que por eso quieres llevártela, ¿cierto? ¿O es por qué quieres tenerla contigo solamente?
El escuchar eso lo confundió. De ninguna manera "llevártela" le sonaba bien. Él no se la estaba llevando, Sakuno misma había aceptado acompañarlo.
– No hables como si realmente la estuviera secuestrando. – le devolvió una mirada dura aunque turbada. – Ella misma aceptó cuando se lo pregunté.
– Y... teniendo en cuenta todo lo que has hecho por ella, no lo dudo. ¿Cómo se lo pediste? ¿Te respondió en el mismo instante?
– De acuerdo, Andrew, ¿Qué te propones con tanta pregunta? – comenzaba a exasperarse, no le gustaba todo ese interrogatorio y lucía sacado de sus casillas, totalmente distinto al Kaname serio y pacifico de siempre.
– Bueno bueno, sólo lo digo porque la situación entre ustedes, aunque a partir de ahora vivirán juntos, no ha cambiado mucho, pero si quieres que deje de hablar del tema lo haré. – finalizó recibiendo otra expresión de desaprobación de Kaname. En verdad su colega y amigo lucia muy poco tranquilo. Muy inusual en él.
– Voy a alistarme, conviene estar puntuales para cuando llegue el auto.
– ¡Asi es, señor! – le hizo el saludo con la mano en la frente para despabilar a Kaname con esa seriedad, pero solo logró que este se fuera pesadamente hacia el cuarto.
Andrew soltó un suspiro al aire.
– Ay amigo… en serio que ni te reconozco.
TBC.
