Un nuevo comienzo.
Capítulo 33
Y en menos de quince minutos salía Kaname completamente vestido y arreglado. Llevaba un traje como de costumbre. Reluciente, formal y fino color azul marino, zapatos lustrados y una corbata clara. El auto que los llevaría al aeropuerto llegó y los tres pronto descendieron del edificio para embarcarse en éste. Las conversaciones de allí en adelante eran en inglés, el conductor también lo era, por lo que todo el viaje fue más que largo para Sakuno.
Ver por la ventana le resultaba melancólico, pequeñas gotas de lluvia estaban comenzando a caer. Apretaba fuerte sus dedos contra el asiento afelpado, estaba inquieta, pero trataba de mostrarse tranquila. Al fin dejaría todo eso de lo que necesitaba alejarse. Pero pese a todo y a que su corazón pareció estrujarse tortuosamente en ese instante… siguió latiendo, sólo para recordarle que jamás podría olvidarse por completo de Ryoma, ya fuera para bien o para mal.
Suspiró en silencio. Estaba a punto de dar el paso definitivo.
En Londres podría tener un nuevo comienzo.
Ryoma rgresó a la casa ya sin ganas de nada, adolorido, pero nada de cuidado. Era curioso como Yukari acababa de curarlo para ahora volver a estar hecho un desastre. Había salido a buscar en vano a Sakuno de nuevo.
Entró hasta la sala y se encontró con la casa vacía… esperaba que Yukari hubiese vuelto, pero no era así. Siempre era tan común regresar y ver su cara sonriente y luego preocupada preguntándole a donde había ido, que ahora el no escucharla y ver el ambiente así le producía un poco de soledad y abandono. Pero debía comprender que Yukari tenia su vida… aquella que debía seguir pese a que él no correspondiera sus sentimientos. Le daba gusto verla tan tranquila...
En silencio se dirigió al balcón. Asomándose, las luces de la calle dieron de lleno sobre su cara al igual que unas cuantas gotas lo mojaron. Había una inquietante calma…
Pero en ese instante se escuchó desde dentro el teléfono. Al momento no tenía intenciones de contestar, prefería quedarse allí recargado, con la inquietante tranquilidad pero… fue esa misma sensación inquietante la que se intensificaba con cada timbrado que daba el teléfono.
Por fin dándose un respiro y porque el timbrado ahora lo ponía cada vez peor, contestó…
– ¿Hola?
Se escuchó un silencio del otro lado. No colgó por que de cierta forma… algo le decía que no lo hiciera.
– Ryoma... soy yo, Yukari.
Se escuchaba triste y algo... ¿nerviosa? No entendió muy bien de que se trataba en ese instante, era la primera vez que escuchaba su voz por teléfono y le parecía extraña.
– Yukari, ¿pasa algo? – sólo atinó a decir medio quedo por la situación.
– Yo… tengo que avisarte algo que... es muy importante y… no pude decirte antes, pero... – su voz se quebró. – Se trata de Sakuno.
Ryoma abrió los ojos de par en par. ¿Qué podría decirle Yukari sobre Sakuno? Pero antes de que pudiera preguntar, la chica continuó.
– Ella… va a viajar esta noche… dentro de unas horas… con ese hombre llamado Kaname, su médico…
El teléfono pasó entonces a casi ser estrujado por la mano de Ryoma. No lo soltó, y no pensaba hacerlo, o más bien, no se sentía en la posibilidad de moverse.
La voz de Yukari se siguió escuchando del otro lado.
– Sato tiene contactos... él... consiguió que le dijeran los datos para que tú… – respiración entrecortada, palabras que duelen al salir de la garganta. – Es información confiable… si te he mentido antes... juro que esta vez no lo hago.
Ryoma temblaba, sus manos temblaban. De a pocos fue bajando un poco el teléfono, sin siquiera parpadear ni moverse, y sin embargo pudo escuchar lo último…
– Perdóname, Ryoma...
"Perdóname"…
– Sakuno... ¿se va?
Dijo de pronto en voz casi inaudible, que a duras penas pudo pasar por el fono.
– Tienes que ir lo más rápido que puedas, Ryoma, apresúrate.
Se escuchaba la desesperación de Yukari, desesperación que pronto le fue contagiada en el preciso instante, para de pronto volver a acercarse al teléfono y con desesperación comenzar a hablar.
– ¡Dime donde esta! ¿A dónde va? ¡Díme todo lo que sepas!
Olvidó cuando y como fue que bajó las escaleras tán rápido, si uso el ascensor o no, que fue lo que hizo, pero la cuestión es que ya se hallaba fuera del edificio y corría como loco…
Su corazón golpeaba fuerte y como si le fuese a salir del pecho. Una expresión de fiereza alumbraba su rostro. Su cabello era azotado por el viento y su ropa de pronto mojada por las gotas de lluvia que se iban intensificando. Fácilmente podría quebrase las piernas yendo a esa velocidad pero, ya no importaba, eso era lo de menos.
– No puedo dejarte ir, Sakuno… por favor, no te vayas. – flaqueaba cuando se planteaba que podría llegar tarde, pero luego agitaba la cabeza y cerraba los ojos fuerte para quitarse esos pensamientos de la cabeza.
Maldecía en esos momentos que los seres humanos no pudieran volar, ojala y pudiera tener alas para llegar más rápido.
– ¡MALDICIÓN!
Se encontró una vez más diciéndose, pero la fiereza no desaparecía de su interior. Incrementó lo que pudo la velocidad, hasta que llegó a un lugar en el que casi empapado y agitado a más no poder se dio cuenta que solo transitaban autos. Era una carretera.
Nervioso, con la adrenalina y la desesperación al limite buscó a sus alrededores a alguien o algo que pudiera ayudarle, y lo primero que divisó fue una cabina donde se hallaba un hombre sentado. No dudó y fue corriendo hasta allí.
– ¡Por favor ayúdeme! – la agitación le hacia difícil hablar. El hombre ahora lo miraba como si fuese un bicho raro. Y es que ignoraba el aspecto que llevaba en eso momentos: Completamente empapado, lleno de barro en los zapatos y lo peor de todo, con algunos moretones en su rostro.
– Pero muchacho, ¿de donde vienes? – preguntó levantándose ya algo asustado el hombre. Salió de la cabina, dispuesto a ver de más cerca tal esperpanto cuando de pronto Ryoma se halló otra vez gritando.
– ¡Por favor! ¡Dígame como puedo pasar esa carretera!
– Ey, un momento, no tienes porque gritar.
Era desesperante, él, que apenas se las arreglaba para tomar aire y hablar, y el hombre que con toda su calma le pedía tranquilidad. Pero sabía que si no se tranquilizaba de alguna manera no podría hablar civilizadamente.
– Disculpe, por favor… ¿sabe donde puedo conseguir un auto?
El hombre enarcó una ceja. No dudaba de que además de su aspecto, era el mismo pedido que lo acreditaba como un loco.
– Oiga muchacho, primero que nada, mírese como está, con esta lluvia y frío de esa manera, ¿planea usted pescar una pulmonía?
– Vengo desde un lugar más lejos, por favor, necesito un auto que me lleve al otro lado. – trató en lo posible de no perder la cordura y llevarse el auto que de repente había divisado detrás de la cabina.
– ¿Tiene mucha prisa? ¿A donde quiere ir?
Aunque aun le hablaba con algo de desconfianza, Ryoma pudo sacar las ideas poco civilizadas de su cabeza de tomar el auto por la fuerza para responderle.
– Al aeropuerto, no el nacional, sino el privado. – se le había olvidado el nombre pero esperaba que ese hombre lo supiera.
– Queda a unos minutos de acá, si tomas un taxi quizás puedas llegar, ¿es muy pronta tu salida?
– Tengo mucha prisa, disculpe pero necesito llegar lo antes posible. – las locuras para conseguir ese auto volvían a su cabeza. Jamás pensó que su paciencia pudiese llegar a ese límite.
– Jajaja, estos chicos de ahora, todos son tan impulsivos. – exclamó el hombre.
¿Era una broma? Ryoma ahora si estaba dispuesto a hacerlo a un lado y llevarse ese auto, pero entonces…
– Dudo mucho que tú seas el que va a viajar pero te ayudaré, mi taxi no es muy rápido pero está lleno de gasolina, quizás puedas alcanzar a lo que sea que tengas que ir.
Ahora el hombre parecía muy simpático. Riendo y palmeándole de pronto el hombro, indicándole que lo siguiera hasta su auto, del cual pronto diviso la palabra "Taxi". Definitivamente la tensión y frenetismo lo habían cegado por unos instantes, desquiciándolo a pensar locuras.
– Vamos muchacho, pero luego te cobraré muy caro, además de los asientos todos mojados que me vas a dejar.
Estaba aun algo atontado porque todo pasara tan rápido, pero no dudó en subir rápido al auto y cerrar la puerta. El ambiente calido lo abrigó dándose cuenta ahora de lo empapado que estaba. El auto comenzó a arrancar.
– Que juventud esta, cada día hacen cosas más locas.
Podría agradecerle infinitamente a ese hombre su repentina solidaridad con él pero en esos momentos era incapaz, no podía estar tranquilo del todo.
Desde su sitio lo único que podía hacer era ver las calles por la ventana, esperando quizás que el auto volara.
Mientras, recordaba la conversación con Yukari.
"Esos son los datos… disculpa sino pudimos tenerlos antes… pero te aseguro que son confiables."
No fue capaz de volverle a decir nada a Yukari, la ultima vez que hablaría con ella y estuvo en el absoluto silencio.
– Bueno, parece que el mal tiempo nos acompañará en todo el viaje. Lindo día escogimos…
Comentaba Andrew mientras los tres tomaban asiento en las salas de espera del aeropuerto. Al lado tenían un gran ventanal desde donde se podían ver los aviones particulares partir.
– Y además hace frío. – Kaname se puso de pie. – Traeré algo para tomar.
– Yo pido un café. – dijo Andrew.
– ¿Tú que deseas Sakuno? – pregunto amable Kaname.
– Eh… no quiero nada, gracias… – juntó sus manos para darse un poco de calor y la verdad no le apetecía nada.
Kaname tomó muy a su pesar e inquietud esa respuesta.
– Ya vuelvo.
No le agradaba ver a Sakuno tan callada, es más, desde el auto que había estado así.
Ahora eran Andrew y Sakuno los que estaban solos.
– Oye. – llamó a Sakuno y ésta volteó a verlo. – Te va a gustar mucho Londres, es una ciudad encantadora.
Bajó la mirada apenada porque esas palabras fueran dichas al notar su obvio desanimo.
– Lo se, aunque nunca he estado en Europa...
– Esta será tu primera vez en un viaje largo ¿no? – dijo tratando de animarla aunque parecía que por el semblante de su acompañante fuera imposible.
– Sí. – volvió a ver hacia el ventanal. Una avioneta comenzaba a retroceder por la pista.
– La lluvia pone tristes a muchos… pero hay que ver si ese es el verdadero motivo, no hay que echarle toda la culpa. – dijo Andrew con claras intenciones de provocarla, pero no de mala manera, tan solo en broma para hacerle notar lo obvia que era con esa actitud. Sin embargo al ver la dureza en la expresión de Sakuno, de esas que te hacen callar enseguida, supo que quizás no era buen momento para sarcasmos.
– Oh Dios, Kaname me va a matar… – pensó ahora con cierto miedo al ver esos ojos clavándolo sin decir palabra alguna. Mejor guardar silencio. – Voy a la sección fumadores, ya vuelvo. – se puso de pie y caminó rumbo a la otra sala.
Ahora sola, Sakuno lograba dar un respiro y arrepentida por lo que acaba de hacer, por sus bruscos impulsos, tomó sus dos manos y las presionó fuerte una con otra. Tratando de calmar esa ansiedad que por más que no quisiera empeoraba las cosas de a pocos.
En ese momento algo caliente sobre su mejilla la alertó y la hizo salir de todos sus pensamientos abruptamente. Era Kaname, quien le acercaba una taza de chocolate.
– Te puedes llegar a sentir mal si no tomas algo antes de tan largo viaje. – depositó el vaso humeante en sus manos para luego volver a sentarse a su lado.
Al percibir la calidez en su manos y el humo de la taza sintió que en verdad le haría bien tomar algo. Kaname parecía saber sus necesidades inmediatas, le había dicho que no y sin embargo… era muy atento.
– Gracias. – trató de quitar la expresión que hasta ahora había llevado por una más normal. Pero...
– ¿Te sientes bien?
Se detuvo de darle un sorbo a la taza.
– Estás un poco pálida, quizás sea el frío.
De pronto sintió las manos tibias de Kaname pasar por su rostro y mientras la miraba de manera tierna. El vaso en sus manos ahora temblaba, pero trató en lo posible de no hacerlo notar.
Esas caricias, ¿por qué no podía aceptarlas como antes? Pero no quería hacer más daño a Kaname, no podía…
– Yo... nunca he viajado distancias tan largas y… – trató de excusarse.
– Entiendo.
Cuando Kaname se quedó allí viéndola fijo y con la mano en su cabello, Sakuno comenzó a ponerse nerviosa. Otra vez, allí estaba ese tipo de situaciones que cada vez le eran más difíciles de evitar y disimular. Lo sabía, Kaname estaba por besarla, y ella... tenía miedo, miedo a hacer algo equivocado, como todo lo que hacía últimamente y que no hacía más que dañar a la misma persona.
– Ehem...
La típica señal de alguien que interrumpe un momento crucial.
Tanto Kaname como Sakuno tuvieron su propia sorpresa. La interrupción no pudo haber sido más obvia y sin embargo Sakuno que para estos momentos ya se había echado algo para atrás, se sintió increíblemente aliviada.
– Disculpen pero vine por mi café, me muero de frío. – dijo animado Andrew, como siempre.
Kaname se alejó de Sakuno y se paró para darle su café a su colega con algo de seriedad.
– Bueno, es que el vuelo está por salir dentro de poco y… luego de mi cigarrillo siempre va mi café, ya sabes. – le dijo prácticamente a Kaname en excusa, a lo que este solo suspiró y volvió a sentarse al lado de Sakuno.
– Sabes que el cigarrillo solo te atrofiará el conocimiento para desempeñar tu profesión, que da la casualidad, es de médico. – le dijo en clara venganza por lo sucedido y Andrew solo rió mientras tomaba de a pocos el café.
Sakuno ya algo más tranquila y con el corazón volviéndole al pecho siguió tomando su chocolate. Tratando de alejar de su cabeza el hecho de que tuviese que soportar a partir de ahora más situaciones como esas.
– "Pasajeros del vuelo SU735: Londres, Inglaterra, se ruega dirigirse a abordar por la puerta 18, entrada C."
A Sakuno el cuerpo se le enfrió de pies a cabeza al escuchar eso.
– Es nuestro vuelo.
Escuchó decir a Kaname en lo que ahora eran varios sonidos combinados alrededor suyo, y solo hasta que sintió la maleta de mano que tenia pegada a su lado moverse, reaccionó. Tanto Kaname como Andrew ya se encontraban de pie.
– Llegó la hora de abordar. – le dijo Kaname con una sonrisa calida y mil sensaciones se le vinieron encima.
– Me sorprende que con este diluvio los ricos quieran salir en sus avionetas privadas. – dijo en tono burlón el conductor del Taxi que abordaba Ryoma, mientras divisaba a unos cuantos metros el mencionado aeropuerto.
Al verlo, Ryoma estuvo por saltar ahí mismo del auto pero se contuvo y en cambio se puso cerca de la puerta, tomando entre sus manos la manija.
– Calma muchacho, no vayas a salirme con ninguna locura más que ya hemos cometido bastantes los dos. – dijo al ver por el espejo las intenciones del chico.
Fueron unos minutos más y otro peaje cuando por fin se hallaron frente a la puerta principal del aeropuerto. Sin dudarlo abrió la puerta y salió del taxi, y mientras corría a la puerta escuchaba al hombre detrás suyo.
– ¡Mucha suerte!
Volteó para darle las gracias, era inapropiado y desconsiderado no hacerlo, pero cuando lo hizo el auto ya no estaba. Se sorprendió por la velocidad con que este se había ido, es más, casi parecía imposible, pero no era momento de quedarse pensando.
Llegó hasta la puerta donde esta se abrió automáticamente y se encontró con un ambiente calido y lleno de luces, además de las personas que ahora lo miraban entre asustadas y extrañadas, y no era para menos, acaba de darse un nuevo baño con el agua torrencial al bajarse del taxi. Entre que decidía que hacer, por donde empezar a buscar la ubicación que le había dado Yukari, unos policías captaron la tensión de la gente y se dirigieron hacia él. Con suerte pudo percatarse de éstos acercándosele para irse corriendo a tiempo.
Los policías iban detrás suyo.
– ¡Alto! ¡Deténgase!
Debían estar locos, después de todo lo que había pasado no estaba dispuesto a caer así de fácil. Por suerte encontró rápido una manera de safarse de esos hombres confundiéndolos con un camino de doble división, y allí luego los vió pasar yéndose por el camino en él que no estaba.
Escondido en un rincón sintió la agitación nuevamente en su cuerpo pero esta vez de cierta forma dolorosa, tosió un par de veces para luego tomar un poco de aire.
Una vez que hubo pasado tiempo suficiente para que esos policías se perdieran, salió del lugar y caminó un poco más. Felizmente no había gente por esos alrededores, lo que era muy raro pero a la vez muy beneficioso. Siguió por ese camino hasta que pronto se halló en un sitio que dirija a varias puertas protegidas, pero antes de llegar a ese pasadizo que dirigía a ellas, estaba una pared de vidrio que daba desde lo alto hasta la pista de aterrizaje y embarque.
Se detuvo un rato a observar desde allí. Un avión mediano estaba siendo embarcado y la sangre pareció enfriársele en el preciso instante en que desde lo lejos y arriba vió a Sakuno. Estaba acompañada de ese médico y otra persona más. Todos debajo de un toldo y con un grupo más de gente.
De pronto volvió a acelerarse, pegándose ahora al vidrio, queriendo gritar, golpear para que se percatase de su presencia, pero sabía que era imposible, a esa distancia y altura.
¿Qué hacer?
¿Qué podría hacer?
Se despegó un rato del vidrio intentando calmarse y pensar en algo, pero sólo se le venían locuras a la mente. Maldijo un par de veces el estar tan lejos, hasta que volvió a ver el pasadizo, las puertas que ahora eran su ultima esperanza. Esas puertas en un lugar tan alto debían ser… no tenía lógica, no podía ser así de fácil en un aeropuerto privado pero… todo lo superaba, debía intentarlo.
Así que sin más corrió hasta allí y abrió una de ellas, que le mostró una sala de maquinas… con una ventana parecida a la de afuera, pero que sólo poco dejaba ver. Salió de ella para dirigirse a la de al lado, pero escuchó voces, sseguramente del personal. Se ocultó sigilosamente y para su suerte salieron estos de lugar con lo que no esperó más y se adentró al lugar.
Donde estaba ahora, no podía creérselo.
– ¿La sala de máquinas?
Efectivamente y como lo pensaba esta tenia casi la misma ventana e incluso con mejor vista que la primera hacia la pista. Había muchas maquinas, aparatos que desconocía, bueno, casi… hasta que vió algo que le detuvo el corazón por unos instantes.
– Estamos abordando, por favor sírvanse seguirme por acá.
Les decía la aeromoza a los pocos pasajeros del avión y varios de ellos comenzaron a seguirla abriendo sus paraguas, saliendo de debajo del toldo.
Una pareja de esposos tomados del brazo se pusieron delante suyo y comenzaron a subir por las escaleras y los siguientes eran Kaname y Sakuno, el ruido del motor era intenso y hacia imposible cualquier comunicación, sin embargo pudo escucharse algo dentro de tal sonido.
– ¡SAKUNO!
Era de esperarse que tanto la aeromoza como los pasajeros dejaron de hacer lo que hacían para voltear asustados y mirarse entre ellos, preguntándose que había sido eso.
Kaname fue uno de los primeros en reconocer que esa voz venía del parlante oficial del aeropuerto, aquel que anunciaba los vuelos pero… era imposible que…
De pronto y aún asombrado divisó a lo lejos una persona casi pegada al vidrio de la cabina central y luego como un rayo pasó a ver a Sakuno, quien estaba estupefacta. Ahora ambos miraban para el mismo sitio y Sakuno pronto se halló bajando el paraguas y dejándolo caer al piso.
Kaname por primera vez en su vida se halló sin las más absoluta idea de cómo reaccionar.
– Es una locura… imposible… – dirigió una vez más la vista hacia la cabina divisando a aquel chico con el que se había peleado un día antes, sin duda lo reconocía pero aun así no podía dejar de mostrarse asombrado, era la primera vez que veía algo así.
– ¡SAKUNO, POR FAVOR NO TE VAYAS!
Todos en el aeropuerto, incluyendo los que esperaban su llamado se encontraban escuchando aquella voz, escuchando lo imposible y preguntándose quien era esa tal Sakuno.
Las gotas de agua caían sobre la chica, haciéndole sentir el frío sobre su rostro pero al mismo tiempo pudo sentir algo calido sobre su cara.
Kaname la veía con incredulidad, Sakuno... estaba llorando.
Ella no quitaba la vista de ese lugar y era como sin decir una sola palabra esos dos estuviesen superando la lejanía, como si las miradas de ambos se hubieran conectado y se hubieran vuelto uno solo. Kaname seguía atónito, con su mente trabajando a mil buscando qué hacer, pero... no podía hacer nada, absolutamente nada. ¿Cómo podía competir contra algo así?
La expresión de Sakuno se suavizó, ahora lloraba como una niña, y aun así no podía tocarla, sentía que no podía porque, de hacerlo parecía que se quebraría y rompería en mil pedazos…
– Tranquilos por favor, se debe tratar de un error. – trataba de calmar la aeromoza algo nerviosa a los pasajeros que aun se hallaban fuera.
A lo lejos y finalmente después de varios minutos se veía a los guardias de seguridad llegar al lugar y sacar a Ryoma a la fuerza. Todos fueron presentes de dicha escena, de cómo Ryoma forcejeaba inutilmente siendo llevado hacia afuera de la sala de máquinas, incluido Kaname que aun veía con incredulidad, sin saber que hacer.
– Eso... ha sido una sorpresa. – no supo que más decir Andrew, aun con su valija de mano al lado suyo.
Las demás personas continuaron subiendo al avión, y en el instante en que Ryoma desapareció de la lejanía, Sakuno dio un paso al frente, Kaname se percató de ello con susto.
– Es… hora de abordar. – dijo algo nervioso Andrew para comenzar a moverse e ir a las escaleras, sabía que allí sobraba.
– Sakuno... – dijo casi en un hilo Kaname, viendo a la chica delante suyo y habiendo dado ese paso sin decir nada.
Las gotas de lluvia seguían cayendo sin tregua y ya se encontraba completamente empapada, pero no le importaba.
De repente Sakuno subió el brazo y comenzó a secarse las lágrimas, el paso fue dado hacia atrás…
– Perdóname… no es nada. No pasa nada… – dijo ella aun con la voz algo quebrada y sin voltear, tratando de secarse las lágrimas.
Y Kaname desde atrás solo podía ver a una pequeña niña tímida, temblorosa e insegura.
– No es nada... – repitió una vez más Sakuno en tono lloroso.
Eso fue lo último que supo Kaname antes de avanzar y decir lo que dijo…
– Ve…
Todo movimiento y quejido cesó en Sakuno.
– ¿Qué? – preguntó sin creer haber escuchado bien.
Volteó, con los ojos llorosos y mostrándose así de débil frente a Kaname, quien pese a ver ahora aquella perfección exterior disuelta, seguía viendo a la criatura más bella sobre la faz de la tierra…
– Que puedes ir con él… ve…
No podía creerse lo que escuchaba, debía ser una mentira, una ilusión. No… Kaname no podía estar diciendo justo ahora que…
– Hablo en serio, no te preocupes más por mi… – dijo captando esa confusión en la chica.
– Pero…yo… ¡yo no puedo! Vamos a… vamos a viajar, ¡no puedo dejarte asi! – se halló gritando de manera desesperada. Estaba demasiado pasmada y confundida como para reaccionar de forma lógica o racional.
Kaname aun así, y por primera vez con el traje hecho una desgracia, su impecable cabello mojado, dijo…
– Lo sé.
No entendía. ¿Kaname estaba hablando en serio?
– Pero si te llevo así… obligándote de esta manera, jamás me lo perdonaría.
La lluvia comenzó a cesar, ahora ambos podían verse más claramente, frente a frente y con el corazón en la mano.
– Tú amas a esa persona… y nada más que a él, es inútil tratar de ocultarlo. Así que ve.
Sakuno no pudo contestarle, sintió pena por no poder hacerlo, podría haberle dicho que no era así, sin embargo no podía salir una mentira más de sus labios.
– No puedo… – el nudo en su garganta le imposibilitaba decir más cosas.
Kaname se le acercó.
– Si esa persona fue capaz de hacer semejante locura, tú podrás ser capaz de ir y buscarlo, Sakuno… – le levantó el rostro de la barbilla. – Tu no me debes nada… ya sabes que lo hice porque te quiero… y… quizás que te amara fue el peor pecado que cometí, el amarte y quererte solamente para mi sabiendo que querías a alguien más, obligarte que llegaras inclusive a este punto. Alguien como yo no te merece…
– Por favor… no digas eso. – le rompía el alma escuchar hablar así a Kaname, y al mismo tiempo sentía como si una frágil pared se estuviese rompiendo de a pocos.
– Si tu eres feliz, estaré tranquilo. – le dió una calida pero a la vez triste sonrisa, al tiempo que secaba una sus lagrimas. – Prométeme que vas a volver a ser quien eres, aquella tú que yo jamás dejé sacar…
– No estarás… esto no es... – no podía terminar de decirlo.
– Es una despedida. – sin embargo le dijo Kaname.
Sakuno no pudo más que quebrarse a llorar al escuchar eso.
La fina pared había sido destruida y por su corazón y sentidos ya no emanaba esa sensación de miedo hacia Kaname, nada de lo sentido en días anteriores permanecía ya en ella, ahora… tan solo sentía una gran cariño por él… aquel que hace un tiempo atrás había comenzado a sentir y que había tratado de ocultar bajo ese disfraz de frialdad…
– Pero el viaje y todo lo que tú…
– No pasará nada, no me pasará nada… ya no te preocupes más por mi, antes que nada… tú tienes que ser feliz… te lo mereces…
Aun así le costaba irse con esa culpa, con ese dolor incesante en su pecho.
– La vida continua… Sakuno… – dijo y le dio un beso en la frente sellando el fin de un doloroso final pero comienzo de una hermosa historia. – No me debes nada, pero si quieres hacerlo… solo te pido que recuperes todo aquello que perdiste con la persona que amas.
Le costó separarse de aquella linda frente, pero cuando lo hizo se cruzó con unos lindos ojos rojizos llenos de una luz nueva… y jamás olvidaría eso en toda su vida… porque por primera vez se sentía dichoso de ver feliz a la persona que más quería. Podía ver en los ojos de Sakuno una felicidad creciente que le indicaba que estaba haciendo lo correcto.
Entonces en algo que lo tomó por sorpresa, Sakuno se le lanzó a los brazos en un gran y profundo abrazo. Luego, un beso fue depositado en su mejilla.
– Te quiero mucho Kaname. Gracias por... todo. – le dijo desde lo más profundo de su corazón. – Y te lo prometo…
Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no flaquear ante eso y comenzar a soltarla.
– Ve…
Pero ver esa linda carita iluminada de nuevo fue más que suficiente para compensarlo, porque sabía que finalmente ella había encontrado su lugar.
– Sé muy feliz… – dijo para si mientras veía a Sakuno correr a los lejos.
Los oficiales de seguridad se encargaron de sacarlo más que rápido del lugar, fueron varios minutos en que lo tuvieron detenido con miras de entregarlo a la policía general del aeropuerto, pero eso para Ryoma era poco, no era nada comparado con el hecho de no haber podido decir nada más cuando tuvo la atención de medio aeropuerto mientras hablaba al micrófono. Y es que no se le ocurría otra cosa, y ahora… la compleja soledad volvía a él, la impotencia de no poder hacer nada más.
Era una locura lo que había hecho y Sakuno lo había visto, se habían visto los dos desde la distancia y sin embargo…
– Puedes irte.
Escuchó de pronto del oficial que llegaba con los que lo habían detenido. Parecía terminar una conversación por celular, o quizás… acabando de recibir una orden.
– Pero una locura más como esa y seguro que la próxima no te irá tan bien.
Le sacaron las esposas y lo llevaron fuera de la oficina, como un civil más que está en el lugar esperando su vuelo.
Y una vez afuera se encontró sin saber que hacer. ¿Irse? ¿Quedarse? El gran ventanal ahora le mostraba el lugar donde antes estaba el avión que estaba por abordar Sakuno, la pista estaba vacía… eso sólo podía significar una cosa…
Llegó al lugar completamente desierto y silencioso, aquel cercano a las oficinas, puesto que se encontró imposibilitado de caminar más, no por su cuerpo sino porque... nuevamente había pasado, la había perdido, estaba solo y con la idea de tener que olvidarla ahora si, pero por completo. ¡Pero es que eso era imposible! ¿Cómo podía olvidarla si estaba seguro que cada día que pasaba la necesitaba más?
Había estado tan cerca... pero a la vez tan lejos.
Se sentó en uno de los grandes sillones del lugar y apoyó pesadamente su frente a su mano, luego agachándose hasta que su codo estuvo en su rodilla.
Mientras, se repetía a si mismo que se lo merecía, se lo merecía por todas las cosas que había hecho, nunca en su vida debió haber jugado con una persona tan pura como ella, con la única persona que pudo ablandarle el corazón y hacerlo sentir el amor verdadero. Sakuno Ryusaki sin duda era la única persona que él podría llegar a amar, pero ahora se había ido... de nuevo. Lo había dejado, pero se lo merecía, todo... todo...
Muchos pensamientos más abordaban su cabeza, cuando de repente escuchó unos pasos a la lejanía. No los tomó muy en serio al principio pero cuando los escuchó cada vez más cerca, como corriendo… fue que levantó la cara y se cruzó con un milagro enfrente suyo.
Era ella...
Sakuno, agitada y aun empapada había cruzado casi medio aeropuerto corriendo y preguntando donde habían llevado a quien había hablado por el altavoz y luego de darse una carrera tanto como lo había hecho Ryoma antes, allí estaba...
Frente a frente con él.
La sorpresa hizo que Ryoma se pusiera automáticamente de pie, viendo a Sakuno como si fuese una alucinación, una fantasía creada por su cabeza. En el ambiente tan solo se escuchaba la agitación de la chica y nadie se atrevió a decir nada hasta que…
– ¿Sa...kuno? – preguntó temiendo que en verdad fuera sólo su imaginación.
La chica no respondió, ahora después de calmarse un poco permanecía con la mirada fija sobre él, sin estar alegre, sin estar molesta…
Los milagros existían, de eso no cabía la menor duda, pensaba Ryoma para si, aun sin caer que tenía a la persona que más amaba de nuevo enfrente suyo, con una oportunidad más… pero al mismo tiempo era confuso, Sakuno estaba de vuelta pero… ¿por él? ¿O Kaname estaba allí y saldría en cualquier momento pidiéndole explicaciones? Estaba muy confundido y sobre todo nervioso…
¿Cómo podía interpretar esa mirada seria sobre él? No era muy diferente a la de la ultima vez… después de todo, ¿qué esperaba? Que se le lanzase y lo perdonara así de fácil? Sin embargo… dejando de lado todo temor y cualquier pensamiento se halló hablando.
– Se que fue una locura, no supe que hacia sino hasta el momento en que me encontré gritando por el altavoz, pero… no podía dejarte ir...
Ninguna respuesta hubo por parte de Sakuno.
– Me planteo nada más la idea de perderte de nuevo y… me enloquezco, porque estoy como loco por ti, porque...
– Porque piensas que soy tu pertenencia.
Le dijo Sakuno seria, como lo hacia desde que se encontró con el, casi como a un desconocido.
– No, simplemente porque te amo. – sin embargo le contestó firmemente. – Sé que soy un egoísta, siempre lo he sido y por eso he causado mucho daño a las personas que quiero… demasiado. – apretó el puño. – Tienes todo el derecho a odiarme, jamás alguien como yo podría merecer a alguien como tú y se que de haberme conocido como realmente era, jamás te habrías fijado en mi, y pienso que si… el haber hecho lo que hice me dejó conocerte bien y... amarte… quizás fué la primera locura que cometí, y lo estoy pagando. Sin mbargo… sigo siendo un egoísta… porque quiero tenerte, quiero quererte el resto de mi vida, aun cuando tu quisieras que muriera en este preciso instante.
– Como... ¿Cómo puedo querer que te mueras? ¡Eres un tonto! – exclamó abruptamente Sakuno ya con lágrimas volviendo a caer de sus ojos.
Ryoma se encontró en la encrucijada de qué decir… cualquier cosa podría desencadenar en lo peor.
– Soy un idiota, no puedo dejar de hacerte llorar y aún así quiero abrazarte justo en este instante. – dijo con una sonrisa nerviosa.
Era la más pura verdad, tenerla tan cerca y llorando le rompía el corazón. Sabía ahora que esa era la única y más terrible debilidad en su vida.
Pero esos sollozos, el hecho de que no le dijese nada, que estuviese allí cuando hasta hace unos instantes la pensaba perdida… lo fue impulsando a dar pasos hacia delante. Como hipnotizado, como embelezado y enamorándose cada vez más de ella, de toda ella, se detuvo en frente suyo, justo a unos cuantos centrímetros. Levantó de a pocos su mano, algo temblorosa, frente al delicado y frágil cristal delante suyo para finalmente tocarla…
Tocó su cabello y Sakuno levantó la mirada, la cruzaron ambos por unos instantes tan sólo, cuando la chica de un solo movimiento se lanzó a llorar a su pecho.
– ¡Tonto! ¡Eres un tonto! – gritaba en quejidos. – ¡No me dejes más, por favor no me abandones! – sus manos se aferraron temblorosas pero fuerte a su espalda, para luego en un ataque de desesperación y emociones no separarse más de allí.
Ryoma, que no caía de la sorpresa, pronto supo que todo había terminado.
Al sentir el latido de su corazón junto al suyo supo que finalmente aquella felicidad había vuelto. Todo volvía a cobrar color y ya con las fuerzas que le brotaron desde lo más profundo la abrazó fuerte, muy fuerte, casi temblando.
– Jamás... nunca... perdóname por favor… te amo… te amo… – podía repetírselo infinidades de veces y no serían suficiente, porque en ese momento el mundo parecía ser perfecto y sobre todo milagroso.
Y siguieron abrazándose con desesperación, repartiéndose pequeñas y torpes caricias y besos para luego terminar en un largo y profundo beso el cual no los hizo despegarse por largo rato. Ryoma la tomaba de ambos lados de la cara y ansiosamente volvía a posar sus labios sobre los suyos…vrecibiendo su aceptación y entrega total al momento… La sensación era mágica, increíble.
Separándose por unos instantes… el llanto y tristeza parecían haberse desvanecido. Ambos se vieron a los ojos, acalorados y contemplándose como si fuera la primera vez.
– Te amo... – le repitió.
– Y... yo a ti... – replicó Sakuno con la voz quebrada.
Ryoma de nuevo podía sentirse el hombre más feliz del mundo. No podía creer que en cuestión de minutos su vida hubiera dado tal giro. Aún le parecía demasiado para poder creerlo, por lo que no quería dejar de verla, dejar de besarla, dejar de sentirla, sólo para asegurarse de que era real. Dejó poco tiempo para volver a repartirle besos por la cara, por su mejillas, por su nariz, por su frente, por sus parpados para volver a acercarla más a él y tomándola de la nuca suavemente darle un beso tanto o más profundo que el anterior, que no dejó lugar a duda que aquella pasión en ambos estaba más que intacta y por sobre todo las cosas… más encendida que nunca.
Él la amaba tanto como ella a él, y en ese momento no había verdad más grande que esa.
Y la vida les había concedido una nueva oportunidad, un nuevo comienzo.
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"Han pasado 5 años desde entonces y parece como si hubiera sido ayer. El tiempo pasa volando…"
– ¡Urgente! ¡Urgente!
Se encontraba gritando una eufórica y acelerada Ann en medio de los pasillos, llevando de paso varios bultos en las manos y frenando increíblemente en cada esquina que pasaba. Cuando llegó a su destino abrió de forma estrepitosa y de par en par la puerta enfrente suyo.
– ¡ES URGENTE!
Para los presentes no era una novedad la noticia, es más, para cualquiera ser ubicado a tan solo unos metros a la redonda tampoco.
– A ver, ¿ahora que? – dijo un tranquilo Nao, vestido con ropas casuales y el cabello largo atado en una coleta.
– Seguro es algo "urgente"... – apareció Kakeru a un lado de su amigo, mirando de manera burlona a la recién llegada.
– Que graciosito, amor.
Las bolsas de papel fueron a parar al piso estrepitosamente.
– ¡Por Dios, LAS BOLSAS! – gritó Kakeru, quien salió disparado a recogerlas del piso.
– Es que acá nadie me agradece, será posible, todavía que me hago cargo de su ceremonia de graduación, de que estén impecables y así me pagan... – se quejó Ann fingiendo estar ofendida.
– Ay amiga, es que te lo estás tomando muy en serio – dijo Tomoka sintiéndose algo culpable y recogiendo uno de los paquetes del suelo también.
– Pues bueno, aquí les traje los trajes para la ceremonia, pero lo URGENTE. – acentuación que los dejó sordos. – Es que las corbatas no llegaron...
– Aaah, pero eso no es problema, no nos ponemos corbata y ya. – dijo Kakeru en tono despreocupado.
– ¿QUÉ?
"Hoy era un dia glorioso, después de años de estudio, esfuerzos así como obstáculos, había llegado el día de nuestra graduación de la Universidad de Seigaku. Para cuando volví, o mejor dicho, para cuando ambos volvimos… las cosas estaban bastantes distintas… aunque ahora que lo pienso quizás hayamos sido nosotros… quien sabe, pero fui muy feliz. Volví a serlo."
– ¡USTEDES VAN A LLEVAR LAS CORBATAS Y PUNTO! – gritó una enfurruñada Ann.
– Dios, creo que le ha afectado mucho el estar contigo... – le dijo Nao a Kakeru, quien tan sólo soltó una carcajada.
"La amistad entre nosotros se mantuvo a pesar del tiempo. Cuando llegamos fue una verdadera locura. No se pudo evitar el resentimiento hacia Ryoma durante mucho tiempo, sin embargo él logró ganarse su amistad nuevamente y… fui más feliz aún con ello. Ambos, Ryoma y yo fuimos ayudados rápidamente por Ann para poder retomar las clases y terminar lo poco que nos faltaba de preparatoria. Nos tomó tiempo y mucha dedicación lograr nuestros objetivos, y al poco tiempo entramos a la Universidad. Era como si todo lo pasado hubiese sido una película, una pesadilla que rápidamente debíamos dejar atrás, y eso era lo mejor."
– Ann, es mucho estrés el que llevas, estás actuando más como yo que como tú misma. – dijo Tomoka, posando su mano en el hombro de su amiga.
– ¡Pues es que fui la única que quedó en el consejo estudiantil, ustedes de desobligados que me abandonaron!
– ¡HEY! – bufó Kakeru con los ojos llorosos. – ¡Amor mío, no te olvides de mi!
– Ya, ya, si quieres ayudar, señor presidente, llama al proovedor de corbatas. – dij Ann tratando de calmarse. – Y por cierto, ¿dónde está Sakuno? ¡Prometió que me ayudaría hoy!
– Ya sabes donde está, no es tan dificil... – exclamó Nao.
– ¿Qué? ¡Esos dos no tienen vergüenza! Mira que llegar tarde en un día como este...
– Aún no es tarde Ann-chan. – dijo Kakeru pasando un brazo por el hombro de la chica. – Es sólo que tú estás muy nerviosa.
– Sí, claro... pero no olvidemos que Ryoma también prometió ayudarte con los últimos detalles del salón. – exclamó Ann girando los ojos.
– ¡ES CIERTO! – dijo Kakeru exaltandose. – ¡Ryoma-chan me las pagará!
– Sí bueno, ya sabemos que esos dos llegarán juntos, así que sólo hay que esperar. – dijo Tomoka.
– Claro, claro... pero oigan... – suspiró Ann percatándose de algo. – ¿D-dónde está Nana?
Todos los presentes abrieron los ojos de par en par.
– ¿LA TRAJISTE? – gritó Tomoka.
– ¿C-cómo pudiste descuidarla? – esta vez fue Kakeru quien habló.
– ¡Ayyy, es que llegué y sucedió lo de las corbatas y ya sabes cómo es esta niña, debió haber salido a jugar o algo así!
"¿Y cómo olvidarme de ese pequeño regalo que revolucionó todo el lugar? Un año después de que volvimos, Ann y Kakeru contrajeron matrimonio, siendo Ryoma y yo los padrinos. Y un año después... nació su pequeña hija, Nanami. De hecho gracias a eso es que tanto Ann como Kakeru se retrasaron un poco en sus estudios y nosotros pudimos alcanzarlos. Ah, y Nao y Tomoka podrían haber terminado hace un poco más de un año, pero comenzaron a llevar menos materias para que así todos pudieramos salir al mismo tiempo. Es por eso que el día de hoy celebraremos nuestra graduación todos juntos."
Justo en esos momentos, en un lugar no muy alejado de la Universidad de Seigaku, dos jóvenes descansaban abrazados en la misma cama. La chica estaba acurrucada en el pecho de él, mientras que éste la rodeaba por la espalda, atrayéndola lo más posible hacia él. Ambos cuerpos tan sólo eran cubiertos por una delicada sábana, y yacían durmiendo plácidamente. O así fue hasta que la chica sintió los rayos del sol colándose por la ventana, haciendo que comenzara a abrir lentamente sus ojos rojizos.
– ¿Q-qué hora es? – susurró sentándose, cubriéndose con la sábana, mientras se tallaba uno de sus ojos.
– Mhmm... – susurró el chico abriendo los ojos con pesadez al percibir que ella se había levantado.
– ¡Dios mío, Ryoma, se nos hizo tarde! – exclamó ella después de mirar el reloj, exaltada. – ¡Ann va a matarme!
El chico suspiró.
– No te apures tanto, sólo hay que ducharnos y en media hora estaremos allá, Sakuno.
La chica puso ambos pies fuera de la cama y se giró para mirarlo.
– ¡No lo entiendes, hoy más que nunca me necesita, además le prometí que cuidaría a Nana y...!
Pero Ryoma no la dejó continuar, puesto a que la tomó de ambas mejillas y la besó en los labios de una manera dulce, haciendo que la chica sonriera y en automático se tranquilizara un poco. Los besos de Ryoma siempre tenían efectos mágicos sobre ella.
– Aún así... deja me ducho rápido y después lo haces tú. – dijo una vez que se separaron.
– Mejor quedémonos aquí un rato más... – dijo sonriéndo y susurrándole al oído. – Así podemos continuar con lo de ayer...
Sakuno de inmediato se puso completamente roja y el calor comenzó a inundar su cuerpo, estremeciéndose de la cabeza hasta los pies.
– ¡Ryoma! ¡No es hora de...! – exclamó cubriéndose aún más con la sábana. – ¡Me voy a bañar!
La chica de inmediato se levantó de la cama, arrastrándo la sábana con ella y se encerró en el baño. Una vez dentro abrió la llave de la ducha y tan sólo se quedó esperando a que esta se pusiera tibia. En situaciones normales habría estado quitándose la ropa, pero en estos momentos no llevaba ninguna puesta, a excepción de...
Una cálida sonrisa se posó en sus labios y con delicadeza se retiró el anillo de diamantes de su dedo anular. Siempre lo llevaba puesto, a excepción de cuando se metía al agua.
"Llevo ya un año viviendo con Ryoma, quien desde hace dos, es mi prometido. Aún recuerdo el día en el que me dio el anillo, yo no podía creerlo y a la vez no podía estar más feliz. No me arrepiento de haberle dado otra oportunidad. Él es... la persona que más amo en el mundo y yo soy a quien él más ama, me lo demuestra día a día. En un principio me costó un poco volver a confíar en él por completo, pero se ganó a pulso toda mi entrega y devoción. Y estoy segura de que a su lado siempre seré la más feliz."
Y tal y como Ryoma lo había predicho, en media hora ya se encontraban entrando al gran campus de la Universidad. Cruzaron los pasillos tomados de la mano, dirigiéndose expresamente a la sala de juntas del consejo estudiantil, pero justo antes de que subieran unas escaleras, escucharon una voz que conocían a la perfección.
– ¡Tía Sakuno!
Esa juguetona risa y gran fuerza sobre sus piernas confirmaron de quien se trataba.
– ¡Nana, me asustaste! – dijo mientras se agachaba para acariciar y palmear con cariño la pelirroja cabecita de la pequeña Nanami, de tres añitos de edad.
– ¡Te asuste!
Llevaba un lindo vestido rosa y un pequeño conejo de felpa sobresaliendo en una pequeña mochila que colgaba en su espalda.
– ¿Tu mamá sabe que estás acá?
– ¡No! – dijo entre risas, y de un solo movimiento se le echó encima para abrazarla. – ¡Tío Ryoma! – se soltó de inmediato la pequeña para ir corriendo hacia él, quien agachado la recibió con los brazos abiertos. Sin miedos se le lanzó encima y este la alzo en un brazo.
Sakuno se puso de pie y miró la escena con dulzura. Definitivamente, amaba al hombre que yacía frente a ella, jugando con la pequeña Nana. Y de un impulso, se acercó a él y lo besó en los labios, siendo correspondida por Ryoma al instante.
Y Nanami, ya acostumbrada, sólo reía avergonzada como cuando veía a su mamá y papá besándose.
– ¡NANAMI! ¡Con que ahí estabas! – exclamó una muy alterada Ann corriendo hacia ambos. – ¡OH, Y USTEDES DOS! ¿Qué son estas horas de llegar!
– ¡Ryoma-chan, hermanita! – los saludó Kakeru sonriendo. – ¿Otra vez se quedaron dormidos? – y su sonrisa se tornó algo perversa. – Ya me los imagino anoche, seguramente se entretuvieron muchísimo. – dijo obviando el doble sentido.
– Kakeru, eres un idiota. – dijo Ryoma achicando los ojos.
– ¡Ay, gracias al cielo que la encontraron! – exclamó Tomoka, quien venía corriendo seguida de Nao.
Y de pronto todos se encontraban juntos, riendo como en los viejos tiempos. Sakuno estaba segura, no podría ser más feliz, y cada vez que lo pensaba, más segura estaba de que todo lo que pasó estaba destinado para ella, ya que era gracias a esas vivencias que ahora podía sonreir. ¿Qué si cambiaría alguna parte de su pasado? Por supuesto que no. Y les agradecía a todas las personas que habían estado con ella, a Haine, a Kyo, a... Kaname.
Miró hacia el cielo sin dejar de sonreír, y apretó fuertemente la mano de Ryoma, pudiendo sentir como ambos anillos chocaban.
Y le agradecía a él, por nunca rendirse, ya que ahora estaban juntos.
"Y así fue como llegó el final de un largo tramo en mi vida, o quizás… un comienzo de algo mejor, pero mientras lo tenga a él, conmigo, y sintiendo que me ama, como yo a él, sé que puedo seguir viviendo. Ahora me di cuenta de que, por algo es que suceden las cosas, y aunque no todo fue de color rosa y tuvimos que pasar por un camino turbulento, triste, y lleno de despedidas, valió la pena. Valió la pena desde un principio… hasta el final. Valió la pena enamorarse, porque es lo más maravilloso del mundo..."
Tanto Ryoma como Sakuno lo sabían...
Ambos eran el único destino del otro, y así sería para toda la eternidad.
FIN
"Our Only Destiny - Nuestro único destino"
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Notas de las autoras:
Todo lo que inicia, debe acabar, y esta historia no podía ser la excepción.
Esperamos hayan disfrutado estos cuatro capítulos que subimos de una sola vez, como una especie de premio a los lectores que deseaban que el fic tuviera un final.
Las dos queremos disculparnos por lo desobligadas que hemos sido. Es una historia que publicamos en el 2005, teníamos 11 y 13 añitos, respectivamente, y las cosas cambian muchísimo en siete años. ¿No lo creen?
A esta historia le tenemos un cariño especial, pero por cosas de la vida la abandonamos y sinceramente, no pensabamos continuarla. No fue hasta hace menos de una semana que se nos ocurrió pasar a leer los reviews y vimos que varias personitas pedían un final para este fic que tanto les gustaba. No les mentimos, ya no nos acordábamos de casi nada, tuvimos que releerla para refrescarnos la memoria y así poder concluirla. Y jajaja, no saben que vergüenza nos dio leer cada capítulo, definitivamente eramos apenas unas niñitas cuando la escribíamos y está llena de errores (no sólo de ortografía) y le falta muchísima descripción. De hecho hasta ganas nos dieron de corregirla TODA, pero eso no ocurrirá, ya que apenas y tenemos tiempo para nosotras mismas. Así que tendremos que conformarnos con haber escrito estos últimos cuatro capítulos ya con más madurez en nuestro modo de ver las cosas y de escribir.
Esperamos les haya gustado el final, que siempre había estado destinado a ser de ese modo :). Y bueno, queremos agradecerles por habernos acompañado en este largo viaje. No tenemos derecho a pedirles un review después de esta tardanza monumental, pero... si tienen algún tiempecito de sobra, nos gustaría que nos escribieran por lo menos para saber que leyeron el final, nada nos daría más gusto que saber que estos cuatro capítulos fueron leídos a pesar del tiempo de espera.
De nuevo, disculpen la ausencia y esperamos haya sido de su agrado. Sin más que decir, nos despedimos.
Atentamente: Hibari y Gravi.
