Capítulo 4
Tomoyo miró a Touya Kinomoto con estupor e incredulidad.
¿piensa que me casaré con usted? – dijo casi sin aliento.
Por supuesto. Usted es la clase de esposa que he buscado; aristócrata, bella e inteligente.
¡debe estar loco!
La ira brilló en los ojos de Kinomoto, pero mantuvo estricto control.
en absoluto – declaró con voz seca – estoy dispuesto a comprarle la casa como regalo de boda.
De repente Tommy percibió un olor quemado y volvió para ver si la tostadora se había atascado.
¡oh! – el pequeño accidente le proporcionó una distracción muy conveniente. Afanándose en reparar el aparato, fingió que nada había pasado -. Lo siento, le tostaré otras rebanadas. Iré por el pan. No tardare ni un minuto
Su abuelo estaba a la mesa del desayunador cuando ella regresó.
ah, Tommy, querida – dijo Edwin con una sonrisa luminosa - ¿qué te parece? Touya nos ha invitado a ir a Cheltenham por algunos días
¿sí? – Tommy dirigió una mirada cautelosa a Kinomoto, pero la expresión de este era apacible.
Hay dos días de carreras de caballos de Chepstow – prosiguió el abuelo
Tomoyo le sonrió con ternura.
pues ve tú, abuelito. A mi no me gustan las carreras.
¿cómo sabe? – intervino Touya Kinomoto. - ¿por qué no viene con nosotros?
No, gracias – insistió Tomoyo con aspereza y el vizconde alzó la cabeza para mirarla, sorprendido por su tono. Ella se ruborizó ligeramente y volvió su atención a la tostadora – ahora veamos si puedo preparar el desayuno sin prender fuego en la casa.
No se dijo mas al respecto a la invitación de Touya Kinomoto sino hasta después del desayuno; el hombre ya se había marchado.
dices que viniste a estar conmigo – comentó el anciano en tono de reproche – pero ni siquiera quieres acompañarme a Cheltenham.
Solo irás por un par de días – arguyó Tommy
¿y eso que? Pareces olvidar que soy un viejo. Incluso unos cuantos días a mi edad...
Tomoyo rió de buena gana.
¡oh, abuelito! Si realmente creer estar al borde de enfrentarte al creador, ¿crees que deberías pasar unos días en las carreras?
Edwin se levantó, indignado.
vaya, si vas a burlarte de mi...
abuelo, nunca te había visto tan saludable. Ve y diviértete. Tenemos mucho tiempo para estar juntos.
¿mucho? – un brillo de esperanza asomó sus ojos - ¿quieres decir que no regresarás a Nueva York?
Eso mismo – Tommy lo abrazó con fuerza – me quedaré aquí. Ya verñe que hago para conseguir empleo, mas pensaré en eso después. Tengo algunos ahorros, de modo que me las arreglaré por algún tiempo. Lo primero que haré el lunes serña ir a ver al abogado para hablar sobre el contrato de arrendamiento. Debe haber alguna forma de solucionar esto.
Por supuesto que la habrá – asintió el viejo, sonriendo con beneplácito – en un par de meses, recordaremos todo esto y nos reiremos.
Era un hermoso día de primavera. Después de despedir a su abuelo, Tommy paseó por el jardín. La hierba estaba crecida y los arbustos sin podar.
Mientras tuviera tiempo, procuraría hacer algo para mejorar el aspecto de jardín. Encontró una carretilla y unas tijeras de jardinero en el cobertizo, y se entregó con entusiasmo a la tarea.
Había algo satisfactorio en recortar las ramas de los rosales y arrancar las malas hierbas. Eso parecía apaciguar el torbellino de emociones que los vividos recuerdos de la noche anterior despertaban en ella.
Estaba inclinada hacia delante tratando de alcanzar una rama baja, cuando una conocida voz dijo con tono despreocupado:
que hermosa vista
Tommy se enderezó de inmediato y se volvió para ver a Eriol, quien sonreía con desparpajo, parado junto a la cerca. Tommy lo miró con furia, pero él sonrió de manera cautivadora.
me encantan los jardines naturales – declaró el barón con formal cortesía.
Buenos días Eriol - dijo haciendo un fiero esfuerzo por recuperar el aplomo – si has venido a ver a mi abuelo, lamento decirte que acaba de irse...
No vine a verlo a él – declaró – si no a ti
¿a mi?
¿debes de ser tan formal esta mañana? – inquirió – creí que después de lo de anoche...
si fueras un caballero – replicó Tomoyo en tono acre – no hablarías de lo de anoche
entonces no soy un caballero, por lo visto
si lo fueras, aquello no habría sucedido
ah, entonces de cuanto placer se pierden los caballeros
¡para mi no fue eso!
Eriol alzó una ceja con asombro fingido.
¿no? Yo tuve la impresión de que lo estabas disfrutando tanto como yo
pues no. Y lo que es más, creo que eres el hombre más engreído y arrogante que haya conocido jamás
¿de verdad? – dijo él imperturbable – me alegra haber provocado tan fuerte impresión.
Tommy aspiró profundo, pugnando por controlarse. Se volvió al rosal y comenzó a cortar algunas de las ramas más bajas.
si has venido a disculparte, estoy dispuesta a olvidar el asunto – señaló con dificultad
Eriol rió con suavidad.
¿en serio? Pues yo no; en realidad, me gustaría volver a hacerlo
era difícil pensar teniéndolo tan cerca. Se aparto cautelosamente de él, mientras en su cabeza bullían un sin fin de interrogantes. ¿Debería mencionar ahora el tema de arrendamiento? No, quizá sería mejor esperar hasta que hablara con el abogado, para conocer todos los detalles. Eriol no era una persona con la que pudiera negociar con facilidad.
¿sabes que es la tercera vez que podas esa misma rama? – inquirió el barón en tono sedoso.
Con un esfuerzo, ella recobró el aplomo y alzó los ojos hacia él.
Eriol ¿qué quieres? – preguntó con un leve temblor en la voz
Solo el placer de tu compañía parea cenar esta noche – expresó al ofrecerle su devastadora sonrisa
Tommy titubeó. ¿Cenar con él? Era peligroso, y sin embargo... después de tomo, ¿qué le podría hacer? Si era cautelosa y conservaba la cordura, tal vez podría descubrir en dónde guardaba esos documentos. Siempre que mantuviera la cordura.
Bajó la mirada con aire ofendido.
aun no te has disculpado por lo que sucedió anoche
se me disculpo ¿me aceptarás?
Lo pensaré
En ese caso, me disculpo sin reservas – externo de inmediato.
Tommy le dirigió una mirada suspicaz bajo las pestañas entornadas. No había el menor remordimiento en su sonrisa.
disculpa aceptada – murmuró con un asomo de sonrisa temblando en sus labios
gracias. Entonces, pasaré por ti a eso de las ocho de esta noche, ¿de acuerdo?
Tomoyo asintió y el se despidió con una exagerada reverencia. Lo miró alejarse y luego se llevó las manos a las mejillas.
¿qué había hecho? Era una locura arriesgarse así, con alguien de la reputación de Eriol Hiragizawa... sin embargo, si resultaba...
Era difícil decidir que usar. No podía volver a ponerse el vestido negro; aparte de todo lo demás, estaba demasiado arrugado. Fue Fishy quien llegó con la solución.
¿por qué no buscas en uno de los baúles de tu abuela? – sugirió – están de moda otra vez esos vestidos antiguos.
¡claro! – exclamó Tommy – hace siglos que no veo esos arcones ¿recuerdas que solía vestirme con sus ropas cuando era pequeña?
Si – sonrió con ternura – y recuerdo que una vez te caíste por andar con los zapatos de tu madre.
Tomoyo rió
bien, voy a buscar ahora mismo ¿me acompañas?
Fishy sacudió la cabeza.
no, ya no soporto esa escalera. Tu buscas algo y lo bajas para que lo vea.
Tomoyo buscó entre las ropas olorosas a lavanda y por fin halló algo de su gusto.
Entusiasta, bajó a su habitación y se quitó la ropa para probarse el vestido. Le quedaba como si lo hubieran hecho para ella, y el color era el complemento perfecto para el azul de sus ojos. Bajó por la escalera con paso danzarín para mostrarlo a su aya.
ah te pareces tanto a ella – suspiró Fishy con un asomo de lágrimas en los ojos – ella vestía muy bien y era tan alegre, tan llena de vida... – se limpió una lágrima furtiva – anda querida ve a quitártelo para que lo planche.
Tommy tardó mucho en arreglarse. Se entretuvo en el cuarto de baño, con la mente en blanco y desfrutando de la sensación del agua tibia acariciándole la suave piel. No quería pensar demasiado en la noche que se avecinaba ni admitir que su entusiasmo se debía a otras razones aparte del interés por tener acceso a los documentos.
Intentó varios peinados, pero finalmente se decidió por el cabello suelto, solo sotenido sobre la sien por una peineta de marfil. ¡Era un vestido hermoso!
De repente, el sonido del timbre de la puerta cortó sus divagaciones. Contuvo el aliento. ¡el estaba aquí!. Se volvió agitadamente, buscando con ansiedad su bolso y lo encontró sobre la cama. Tenía que apresurarse; había dicho a Fichy que no se preocupara por abrir la puerta para que no se enterara con quien iba a salir.
Se prisa provocó un delicado rubor en sus mejillas y la luz del vestíbulo iluminó sus cabellos como un halo plateado. Eriol no ocultó su aprobación.
¡absolutamente preciosa! – comentó
el corazón de la joven latía con violencia, pero ella logró conservar un aspecto sereno.
gracias – dijo, mientras pasaba frente a él en dirección al sitio donde el chofer mantenía abierta la puerta de un Rolls Royce color champaña.
¿por qué el despliegue de luto? ¿suponía que le iba a impresionar? Le dirigió una mirada furtiva mientras Eriol la ayudaba con exquisita cortesía a subir el auto. En su impecable traje de etiqueta, él exhalaba un aire de profunda masculinidad que hacía cosas extrañas en la cordura de Tomoyo.
Eriol se apoyó con desenfado contra el respaldo del asiento mientras el coche avanzaba por la colina; sus azules ojos la observaban sin empacho.
¿sabes una cosa? Me intrigas. No creí que salieras conmigo esta noche
¿no?
Me encantaría conocer que se esconde tras esos hermosos ojos violetas.
Tommy logró esquivar su magnética mirada.
no... se de que me hablas – farfulló a la defensiva
nunca puedo saber como vas a reaccionar. Eres tan cambiante. Te encuentro muy... interesante
me alegro – ronroneó ella, mostrando las uñas – detestaría aburrirte
la risa de Eriol fue suave como terciopelo.
oh, no creo que eso fuera posible nunca
Llegaron a la parte baja de la colina, atravesaron el puente y luego el poblado. Tommy estaba ligeramente tensa, esperando que nadie la reconociera; si la veían en el auto de Eriol, los chismes se extenderían de inmediato, sobre todo después de lo que sucedió la noche anterior. Su mente buscó algún tema seguro de conversación.
fue un bonito escritorio en el que compraste en Nueva York – comentó - ¿en donde lo pondrás?
No tengo idea – respondió Eriol – solo llamó mi atención y por eso decidí comprarlo
Eres afortunado al poder hacerlo – observó con tomo cáustico.
Ya te lo dije... me gusta coleccionar cosas bellas. Aun cuando en ocasiones resulte un pasatiempo demasiado... costoso
Pudo sentir que la intensidad de su mirada la quemaba.
y yo te dije que no tengo intención de ser una pieza de tu colección.
¿no? Es un juego bastante fascinante, ¿no te parece, querida? Cada uno tratando de obtener algo del otro, sin dar nada a cambio. ¿cuál estrategia ganará?
Yo... no estoy participando en ningún juego – protestó Tomoyo y esquivó su mirada
¿no? Y sin embargo aceptaste cenar conmigo esta noche ¿por qué?
Tomoyo no respondió. Miró por la ventana del auto, pero pudo sentirlo a su lado, tan cerca que su presencia la hizo estremecer. ¿había adivinado sus intenciones? No, aquello resultaba poco factible, aunque ciertamente parecía sospechar. Tendría que ser cautelosa.
Por fin se detuvieron ante una encantadora posada, cerca del río. El chofer salió para abrirle la puerta con cortesía.
El aire nocturno era suave y perfumado. Tomoyo, muy consiente de las presencia de Eriol, avanzó con grácil andar hacia los amplios escalones, dejando que él la siguiera.
Un portero uniformado estaba en la entrada y los saludó ceremonioso. Mientras entraban al imponente vestíbulo, el jefe de camareros se acercó para darles la bienvenida.
buenas noches, Sir Eriol – dijo – nos alegra de sobremanera volver a recibirlo en Mermaid.
Gracias, Claude – respondió Eriol con tono amable
Le reservé su mesa habitual, señor – declaró él hombre - ¿gustan un aperitivo antes de ordenar?
¿Tommy?
Si, gracias – aceptó ella de inmediato. Aunque por lo regular bebía muy poco, esa noche necesitaba un poco de valor etílico para controlarse. Eriol la condujo a una mesa situada junto a una de las amplias ventanas. Daba al río, el cual resplandecía a la luz de la luna.
Casi ordenó un martini y dejó que sus ojos recorrieran el elegante salón. El decorado verde oscuro y bronce, y el tema de la sirena se repetía discretamente por todas partes.
El jefe de camareros les llevó la minuta. Eriol escogió un vino francés y el camarero los dejó solos. Tomoyo daba pequeños sorbos a su bebida mientras miraba con ojos entornados a su acompañante.
¿cuánto tiempo tenías viviendo en Nueva York? – preguntó Eriol
casi seis años
¿y te gusta?
Me encanta... la mayor parte del tiempo – respondió ella – de vez en cuando echo de menos el campo, aunque mi apartamento está muy cerca del Central Park
Muy conveniente. Rhoda debe pagarte muy bien para que te permitas vivir en el centro de Manhattan.
Así es – respondió Tommy sin afectación. No se molestó en explicar que el apartamento era de Rhoda y que se lo alquilaba por una bicoca.
Quizá la próxima vez que vaya por allá me invites a dar un paseo por el parque – sugirió con voz sedosa.
Pero... creo que no regresaré – balbuceó
¿no? – Eriol alzó una ceja – yo pensaba que habías venido aquí solo por una corta estancia
en un principio así era ... pero... cambié de opinión. Mi abuelo se hace más viejo y necesita de mis cuidados.
¿de manera que vas a renunciar a tu carrera y a tu apartamento en Manhattan?
Por supuesto. Mi abuelo solo me tiene a mi – en ese momento regresó el jefe de camareros, par invitarlos a pasar a la mesa que les habían reservado.
El restaurante estaba casi lleno, pero ocuparon el mejor lugar, cerca del pianista quien interpretaba suaves melodías para la concurrencia. Eriol la ayudó a ocupar su asiento y luego se sentó frente a ella, mientras los camareros se afanaban en servir la comida.
Tomoyo enfocó toda su atención en su plato. La comida era excelente, el cordero tierno y suculento y el vino que Eriol había escogido tenía un delicado aroma herbal.
estuvo delicioso – aprobó ella cuando el camarero llegó por los platos.
Eriol sonrió.
¿mas vino?
Un poco, gracias – Tomoyo observó la etiqueta de la botella
Él alzó una ceja irónica.
¿eres experta en vinos, al igual que antigüedades?
Lo suficiente para apreciar un buen Chateau Margaux – respondió con fría dignidad
Eriol se apoyó contra el respaldo de la silla y la observó por encima del borde de su copa.
Rhoda debe haberte pagado muy generosamente – comentó – has logrado cultivar gustos muy costosos; un apartamento en Manhattan, los mejores vinos, ropa de alta costura. ¿cómo te arreglarás si renuncias a tu empleo?
Tommy lo miró con frialdad.
me las arreglaré
estoy seguro de ello
Hubo en su tono una nota de cinismo que la desconcertó.
¿qué quieres decir?
La sonrisa de Eriol era sarcástica.
no te hagas la ingenua conmigo, Tommy. Creo que tú y yo compaginamos mucho. Tenemos muchas cosas en común.
¿oh?
Nos gustan las cosas buenas; por ejemplo. Comida francesa, porcelana fina, hacer el amor...
Su voz era tibia y melodiosa y Tommy, con dificultad, logró apartar sus ojos del magnético influjo de la mirada del barón.
pero demasiada comida francesa podría conducir a la obesidad – respondió la chica con cierta ironía – y solo puedo comprar a nombre de Rhoda en las subastas. En cuanto a hacer el amor, no estaría tan segura. Nunca lo he intentado.
Eriol la miró con evidente asombro.
¿nunca?
Ella pudo sentir que el calor subía a sus mejillas.
debe ser una sorpresa para ti descubrir que existen chicas que no se van a la cama con un hombre la primera noche que las invitan a salir.
La sensual boca de Eriol se curvó en una sonrisa despectiva.
en ese caso, puesto que todo tiene su precio... ¿cuál es el que pones a tus favores, querida?
Tommy lo miró con gélida indignación.
¿qué quieres decir?
¿estas esperando por el mejor postor? – la hostigó - ¿un anillo de compromiso, quizá?
¿y que habría de malo en eso?
Eriol sacudió la cabeza.
que lástima. No estoy dispuesto a ofrecer tanto. ¿no querrás negociar?
La mano de Tommy temblaba tanto que tuvo que dejar su copa en la mesa.
¿negociar?
Por supuesto – respondió el con sedosidad – no tengo intención de casarme contigo, pero eso no significa que no esté interesado en lo que está en oferta.
Tommy tuvo que hacer un esfuerzo para luchar contra la oleada de indignación y furia que bullía en su interior.
¿me... estás pidiendo que... sea tu concubina?
La atractiva y cruel sonrisa volvió a curvar los labios del aristócrata.
concubina... que encantadora palabra anticuada – se burló – pero me gusta. Sí, deseo que seas mi concubina – sus ojos azules la acariciaron. – rara vez he encontrado una mujer que responda como tú. Me gustaría que continuáramos lo que hemos iniciado.
Tomoyo buscó de forma instintiva su copa, pero su mano chocó contra la de él, derramando el rojo líquido sobre la mesa. Tommy miró la mancha con expresión consternada.
no tiene importancia – declaró Eriol y llamó discretamente al camarero para que se ocupara del asunto - ¿nos vamos ya?
Oh... sí, sí – farfulló, poniéndose de pie y permitiendo que Eriol la tomara del brazo para conducirla hacia la puerta del restaurante.
Cuando caminaban hacia el automóvil, Tommy le dirigió una mirada recelosa.
¿que sucede?- preguntó él - ¿temes que trate de seducirte camino a casa? – ella se ruborizó – no, querida, en contra de ciertas historias propaladas en las revistas para hombres, un Rolls Royce no es el sitio ideal para semejante empresa. Me ahorraré el placer para una ocasión adecuada.
no habrá tal – declaró, enfática
¿no? Ya veremos
espera sentado.
Eriol soltó una carcajada.
¿sabes? Empiezo a sospechar que serás una... concubina de primera.
Continuará...
Serena
2Miru
Basileia Daudojiu
Hola! ¿cómo les ha dicho este nuevo año? Espero que les esté yendo muy bien. Espero que les guste este nuevo capítulo y sobre las dudas pues... si las contestara diría toda la historia así que esperean los nuevos capítulos.
Hasta luego.
¡¡Dejen Reviews!
