ATENCIÓN! Esto es un SideStory: Forma parte de la historia, pero no hace falta leerlo para seguir con la trama original. Aun así, os recomiendo que lo leáis. Es lo que pasa por la cabeza de Severus los días antes de que llegue Harry al colegio después de su cumpleaños, o sea, que podemos decir que es el prólogo del fic. Este Side contiene SLASH: si sois contrarios a las relaciones entre parejas del mismo sexo, no lo leáis, pero aviso que No hay escenas R.
Side Story: Severus' lover
Tenía que reconocer que los muggles habían inventado buenos aparatos. -¡Qué narices!- bufó. Tras más de 10.000 años de evolución, al menos había salido algo decente de esos, medio atrofiados, cerebros suyos. Eso sí, jamás lo admitiría, no en voz alta. ¿Cómo iba él a rebajarse así? Pero eso no quitaba que fuera un invento condenadamente bueno. No dejaba de sorprenderse... por muy cansada que se encontrara su mente, por muy atormentado que estuviese su corazón, era enchufar el cacharro ese, y ver como todos los problemas desaparecían. Sólo él, la música, y un buen libro. Tampoco pedía tanto, para ser sinceros. Nada de guerras sin sentido, de locos con delirios de grandeza, ni de niños estúpidos con ganas de perder el tiempo en sus clases. No que a él le desagradara la enseñanza, no. Simplemente no podía soportar a los crios con las hormonas a 1.000 y sin interés alguno por aprender ningún tipo de poción. A no ser, claro está, que lo que les enseñara fuera un filtro amoroso. Ese era el único modo de mantener su atención. Bueno, ese era uno de los modos, aunque él no podía quejarse. Al menos en sus clases, los niñatos estaban quietecitos y calladitos. Por la cuenta que les traía...
Apartó todos esos absurdos pensamientos de su mente, o al menos lo intentó. Últimamente se sentía bastante extraño: sobretodo eran esos momentos de divagación, aunque él no era persona que perdiera el tiempo en tales menesteres. En realidad, si sólo fuera eso, era para sentirse bastante afortunado. Lo peor de todo era esa extraña sensación: Algo iba a pasar. No sabía si bueno, si malo, pero... podía sentirlo. Y era algo inminente. ¿Cuánto tiempo llevaba así? Mirando el calendario, se podría decir que poco, desde principios de verano. Pero el tiempo tiene una cualidad muy extraña... unas veces se pasa volando, y otras veces, cortos periodos de tiempo, parecen toda una eternidad. ¡Y maldito sea Merlín! Ahora estaba en una de esas fases, lo cual le alteraba los nervios hasta límites insospechados. Era la incertidumbre, de no saber que va a pasar.
Se levantaba cada día, preparaba sus clases para el nuevo curso, experimentaba con nuevas pociones... pero el sentimiento de incertidumbre no le abandonaba en ningún momento. Sólo parecía remitir un poco en estos momentos de tranquilidad, con su música, sus libros... Pero aunque más débil, el mensaje era el mismo: Va a suceder algo, y va a hacerlo ya. Y Albus no era de gran ayuda. Se lo comentó un par de días antes, todo esto de la extraña sensación que le recorría, que le inquietaba. A fin de cuentas, ellos dos eran los únicos habitantes del castillo en esta época del año. Bueno, también estaba por allí Trelawney, pero a ese abejorro, murciélago, o lo que demonios fuera, ni agua, ni mucho menos, hidromiel.
Cerró el libro que estaba leyendo y tomo otro del montón que tenía encima de la mesa. Extraña afición la suya: siendo un crío, encerrado en la biblioteca de su casa, había descubierto un libro que contaba la historia sobre un hombre, un mito, una leyenda: el Caballero del Dragón. Recordaba ese día tan claro como si hubiese sido ayer. Enésima discusión entre sus padres, y un chiquillo asustado que corría a refugiarse en aquella inmensa sala, con libros por doquier. Y, casi por casualidad, encontró un libro, con un cuento precioso en su interior, con dragones, caballeros, aunque con un triste final. Decir que el libro cautivó al pequeño desde el primer momento, es poco. Y allí estaba él, tantos años después, rodeado de libros que intentaban descubrir si el Caballero del Dragón era real, o no pasaba de ser mas que un personaje de un cuento de hadas que los padres contaban a sus pequeños retoños para que dejaran de incordiar.
El día que estuvo hablando con Albus sobre su presentimiento, si es que realmente se le podía llamar así a la extraña sensación que le recorría, también le mencionó algo sobre sus libros, sobre su obsesión por el Caballero del Dragón, su obsesión por el mito. Era algo que nunca le había contado a nadie, pero Albus no entraba en la definición de "nadie". O quizás si, si entendemos nadie como la única persona que confía en él y vela por su salud, tanto física como mental. Y además, le trata como si fuera una persona. En otras palabras, Albus era casi un amigo. Aunque los amigos no se guardan secretos entre ellos, o al menos, no deberían. ¡Y eso era lo que el perro viejo estaba haciendo! Que no por algo llevaba él más de 15 años jugando a un doble juego, aquí y allá, en dos lugares a la vez y en ninguno al mismo tiempo. Y si había algo que había aprendido, era ver la mentira en los ojos de los demás. Si, bueno, Albus nunca miente. Simplemente, te oculta parte de la verdad. Y que me convierta en un apestoso Gryffindor si Albus no sabe mucho más de lo que aparenta. Y ahora para colmo, se ha ido, Merlín sabe donde, y me ha dejado sólo en el castillo. Ya no sé si la sonrisita irónica de despedida era por eso que sabe y que no tiene síntomas de contar, o porque también se queda por aquí Trelawney. Pues va listo si espera que me acerque a ella. Ni aunque fuera el único modo de perpetuar la especie...
Es curioso como divaga la mente cuando no se tiene nada más provechoso que hacer, como de un pensamiento se pasa a otro, y a otro, hasta acabar pensando en algo que no tiene nada que ver con aquel pensamiento inicial q tuvo ya hace varias horas. ¡Merlín¿Porque le pasaba esto a él¿Que no tenía mejores cosas que hacer¡No! Le contesto esa molestosa voz que hacia las veces de conciencia. Solo, aburrido, y sin nada por hacer. Ahora ya empezaba a parecerse a los niños que tanto odiaba. Y de repente, estando medio dormido y entre los dos mundos, comenzó a recordar una tarde, semejante a esta, pero de bastantes años atrás. Su último año como estudiante, su última salida a Hogsmeade antes de volver a casa y...
Él allí, en el castillo, con los mocosos insolentes. Y todo por culpa de los apestosos Gryffindors. Aunque le jodía enormemente quedarse allí, tenía que reconocer que había merecido la pena. Los había humillado en el Gran Comedor, delante de todos, profesores incluidos. Y como consecuencia de ello, le habían castigado, sí. Y sabía que ahora mismo, los descerebrados aquellos estarían buscando el modo de devolvérsela, pero había merecido la pena. Sonrió, para momentos después empezar a reír a carcajadas, de un modo histérico, en medio de su solitaria Sala Común. Era algo que no se veía todos los días. Por eso Regulus se quedó tan desconcertado cuando entró. Pero al momento comenzó a reír de un modo muy parecido a su compañero. Quizás no era muy corriente el encontrar a lo que se supone Slytherins serios y calculadores de este modo, pero tampoco era algo muy común lo que había pasado dos días atrás en el comedor. Le caía bien el pequeño Black. Nada que ver con el arrogante e insoportable de su hermano mayor. Este sí era un Black como mandan los cánones: Slytherin, sangre pura, y con un odio acérrimo por los sangre-sucia. ¿Que mas se le podía pedir? Si, le caía bien. No sabía que hacía aquí, en lugar de disfrutar de la última salida al pueblo, pero al menos la tarde no sería tan larga y aburrida...
-"Así que... el pobre Severus está castigado..." -dijo, aun con la sonrisa en los labios, para después añadir– "míralo por este lado, se te recordará durante años entre las jóvenes generaciones Sly. Aunque buscaran el modo de vengarse."
-"No creas que no lo sé" -contestó, arrogante- "Y aunque tienen poco tiempo, antes de fin de curso, va a ser complicado evadirlos."
-"Cualquiera diría que tienes miedo..."
-"¿Miedo yo? Naa. Simplemente, conozco a mi enemigo. Se a lo que me enfrento, y que tu hermanito" -sonrisa maliciosa- "y sus amiguitos del alma no pararan hasta vengarse, pero... ha merecido la pena!" -A la sola mención de su hermano, Regulus se tensó y frunció el ceño...
-"¡NO VUELVAS A HABLAR DE MI HERMANO, ENTENDIDO!" -Le gritó mientras le agarraba por el cuello de la túnica y lo estrellaba contra la pared. No recordaba cuando se había levantado el otro chico, ni cuando él le había agarrado. Sólo sabía que estaban allí, uno contra el otro...- "Yo no tengo ningún hermano! Mi hermano murió. Eso que se pasea por ahí fuera, con un león en el pecho, no es más que un apestoso traidor, pura mierda..."
-"Simple escoria". –Severus terminó la frase por él. Sí, le caía muy bien el pequeño de los Black. ¡Que narices! El único de los Black, pensaba mientras se volvía a reír mentalmente.- "Tienes razón, querido Regulus. Eso nunca fue hermano tuyo, simplemente un grano en el culo para eliminar. Pero no te preocupes, ya nos encargaremos de eso... a su debido tiempo. Antes tenemos otras cosas mas interesantes que hacer..." -le dijo mientas le tiraba al suelo, y se sentaba sobre él, con una sonrisa lujuriosa en la boca, una mano acariciándole los labios, y la otra bajando peligrosamente por su estomago...
OoOoOoOoOoO
Severus despertó sobresaltado. No recordaba haberse dormido. Y tampoco podía haber dormido mucho rato, puesto que comenzaba a anochecer. Aunque no era el hecho de dormirse a media tarde lo que le intranquilizaba, sino el sueño en cuestión. Y más si tenemos en cuenta que realmente aquello no había sucedido así. Bueno, había acabado muchas veces encima de Regulus, no había discusión sobre ese punto, pero no aquel día. Es más, ese día no sucedió nada entre ellos, y por eso no comprendía la variación. Aunque era un sueño, y de los sueños uno se puede esperar cualquier cosa. Y no es que no pensara en Regulus... a veces lo hacía, sobre todo por las noches. Lo que no había podido averiguar aún, era si lo extrañaba como amigo, como persona, como compañero, o simplemente lo que extrañaba era su calor por las noches y sus momentos de pasión. La duda siempre fue si realmente lo quiso, o si era puro egoísmo y sólo estaba con él por no estar sólo. Aunque a eso tampoco se le podía llamar estar juntos. No se veían demasiado, ya que sus vidas eran muy agitadas por aquel entonces, con unos "trabajos" muy absorbentes. Lo que sí reconocía es que le dolía recordar el pasado. ¿Era eso una señal de que había amado de verdad¿O simplemente una punzada de nostalgia que le recordaba que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor? Quien sabe...
Fueron tiempos difíciles para ambos. Con una guerra en ciernes, tenías que escoger el bando, porque las vacilaciones equivalían a una muerte casi segura. "O conmigo o contra mí" parecía ser el lema del Señor Tenebroso. Y aunque personalmente, su decisión le costó mucho, y sacrificó gran cantidad de cosas, e incluso parte de su vida, estaba convencido que al final mereció la pena. O al menos, hasta hace poco. Ahora, con la reaparición todo se complicaba, y volvía a ser una pieza más en el tablón de ajedrez. Y no por alabarse a sí mismo, una pieza bastante importante, porque lo que él hacía, no era fácil. Pocos lo habrían soportado, pocos habrían tenido el suficiente valor para hacerlo... Aún recordaba la última noche con Regulus en la que le dijo que lo dejaba todo, que se le había ido de las manos, que...
-"...esto no es como yo pensaba..." -estaba tumbado, con una mano en la nuca y la otra sosteniendo un cigarrillo, haciendo aritos con el humo, despreocupadamente, como si estuviera hablando del grosor del culo de los calderos...
-"¿Qué quieres decir?"
-"Que esa cosa, ese hombre, está loco. Abandono." -Severus se incorporó sobre un codo y lo miró extrañado. "Se ha vuelto loco" pensó. Pero los ojos del otro joven le decían que no, que estaba hablando muy en serio.
-"¿Y qué es lo que pretendes hacer?" -Le preguntó.
-"¿Qué es lo que quieres que haga? Pues ir allí y decírselo."
-"¿Es que has perdido el juicio¡¡¡Te matará!"
-"¿Y que quieres que haga¿Que huya¿Desaparecer, como si de una vulgar rata se tratase¿Esconderme? Eso no va conmigo. Soy un Black, y los Black no huimos de nada... ni de nadie."
-"¿Quieres dejar de decir estupideces? No estamos hablando de una riña entre colegiales..."
-"¡SÉ PERFECTAMENTE DE LO QUE ESTAMOS HABLANDO!"
-"¡PUES PARECE QUE NO TIENES NI IDEA!" –gritó Severus, y añadió ya con un tono de voz mas normal- "Es el Señor Tenebroso¿me oyes¡¡El Señor Tenebroso! Con un solo movimiento de su mano estarás muerto..."
-"Ven conmigo" -le interrumpió el joven Black de repente.
-"¿Qué?" –ahora si que estaba confundido.
-"Lo que has oído. Ven conmigo. Bien, tú ganas. No iré. Simplemente, desapareceré. Me buscará, seguro, pero sabré esconderme. Sabremos hacerlo. Ven conmigo. Dejemos esta mierda atrás y empecemos de nuevo. Rumania es un buen sitio. Su comunidad mágica es bastante numerosa y poco dada a los tratos con muggles y..."
-"¿Te has escuchado por un momento?"
-"¿Que?" -Preguntó Regulus desconcertado.
-"Es una locura, todo esto es una locura..."
-"¿Qué pasa¿Que prefieres quedarte aquí¿Acatando las órdenes de un loco con sueños de grandeza?"
-"Son más que sueños, Regulus. Es su visión de la vida, del mundo. Y ahora esa visión está a punto de hacerse realidad. Estuviste en la última reunión. Estuviste allí, al igual que yo. Y todos lo oímos. Pronto acabará, pronto tendremos vía libre. Primero el Reino Unido, después… el mundo."
-"No. No. ¡NOO! No quiero escucharte, no quiero. No..."
-"¿No eras tu el que clamaba por la limpieza de sangre¿Para que los sangre-sucia no pudieran ni acercarse a una varita¿No eras tú el que decía que el mejor muggle es aquel que está bajo tierra? No te reconozco..."
-"Que no me reconoces¿Dices?" -A estas alturas de la conversación, Régulus se había levantado y paseaba gesticulante por toda la habitación. No más calma, ni suspiros, jadeos ni caricias... ahora sólo estaba la discusión, mucho mas importante de lo que alguna vez se dijeron, de lo que alguna vez hablaron...– "No me conoces, sí, quizás tenga razón. Ahora mismo no me conozco ni yo. ¿Y quieres saber por qué¿Quieres saber lo que me hizo abrir los ojos¿Recuerdas el "pequeño trabajito" que me encargó hace unos días? Niños, Severus, eran niños. ¡Vamos! No encontraras a una persona que odie a los sangre-sucia, a los muggles, más que yo. Lejos, encerrados, alejados de la gente normal como nosotros... o que haga falta. ¿Pero niños? Noo, lo siento, por ahí no paso. Tengo mis límites. Abandono. Llevo días dándole vueltas. Estaría bien... Sería... ¡Merlín¿Porque todo esto es tan difícil?" -Se acercó a la cama y se agachó, con los ojos al mismo nivel que los de Severus, que estaba sentado, siguiendo cada movimiento del otro joven. Le puso la mano en la mejilla y con voz susurrante volvió a hablar.– "Quiero que vengas conmigo, Sev. No bromeo, quiero que estemos juntos, que empecemos de nuevo. Lejos de aquí, lejos de todo, de todos... Sólo seremos tú y yo..."
Se detuvo, con la voz rota. Severus agarró suavemente su barbilla y se acercó a él, sus labios cada vez más cercanos, hasta que se unieron en un tierno beso, que poco a poco se fue haciendo más y más intenso, hasta que se tuvieron que separar, para tomar un poco de aire. Y con ello llegó la mirada de Régulus, interrogante, expectante...
-"No puedo, Régulus"
-"¡Qué?"
-"No, no puedo. Lo siento, de veras que lo siento, pero..."
-"Pero... pero..."
-"Shhhtttt" -le chistó, con la mano sobre su boca.– "No digas nada, no ahora." -añadió mientras le agarraba y tiraba de él hasta que cayó encima suyo, y volvieron a ser uno, y no hubo nada más, y nada importaba más que ellos...
Esa fue la última vez que lo vio con vida. Y no sabía aún si era un recuerdo dulce o amargo, o una mezcla de ambos. Durante algún tiempo pensó que había sido culpa suya. Al final Régulus se convenció de que sería un suicidio ir a plantarle cara al Señor Tenebroso, y decidió huir a escondidas, en medio de la noche... "Que irónica es la vida" pensó Severus. Un Black huyendo con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas... Pero el Señor Tenebroso no se había convertido en el "hombre" mas temido de la comunidad mágica por ninguna razón. No tardo mucho en descubrir lo que había pasado con el joven Black, y acto seguido lo mando buscar y borrar del mapa. "Total, nadie lo echara de menos", debió de pensar. Pero se equivocó, porque el jaleo que montó el hermanito mayor fue difícil de olvidar. Había momentos en los que se torturaba con sí debería de haberle contado todo a Régulus esa noche. A qué estaba jugando, a quien... "servía", por decirlo de algún modo, en que bando estaban sus lealtades... Pero al final se echó atrás. Quizá si lo hubiera hecho, Régulus estaría vivo, y ellos dos estarían juntos... pero no. De todos modos, esos momentos eran pocos y breves. Ese no era él. Él no vivía en el mundo del " y si..." ¿Que si había tomado la decisión correcta? Quien sabe. Por aquellos días se martirizó bastante con el tema. Ahora... bueno, ahora ya no pensaba en eso. Era un parte del pasado, que mantenía encerrada en un recoveco de su cerebro. Y no quería que saliera a flote, sólo quería olvidar...
-"No sé cómo consigues hacer eso."
-"¿Hacer el que?"
-"Pues eso, hacer como si nada hubiera pasado, enterrarlo, sepultarlo en la memoria". -Severus lo miraba con una sonrisita boba en los labios. La verdad es que le gustaban mucho esos momentos. Tras la locura y la pasión llegaba la calma y cuando el tiempo lo permitía, las conversaciones hasta el amanecer. Aunque esos momentos eran más bien escasos...
–"Es un don" -le dijo.
-"No, en serio¿Cómo lo haces? Yo también quiero hacerlo en muchas ocasiones. Desconectar y olvidar algunos momentos..."
-"¿Cómo aquellos que tienen que ver con tu querido hermano?" -Como siempre que alguien mencionaba a su hermano, la cara de Régulus cambió totalmente, y sus ojos brillaron con furia, mientras apretaba sus labios en un claro signo de enfado. No era difícil engañar al joven Black. Aunque con su hermanito mayor pasaba lo mismo. "Si es que por mucho que ambos lo nieguen, son mas parecidos de lo que parece a simple vista", pensó Severus. Por un momento se permitió el lujo de pensar en su propio hermano mayor. Pero tan rápido como el pensamiento vino, se fue. Y volvieron a quedar ellos dos, desnudos, uno muy cabreado y otro con una sonrisita en la boca.- "Deja de pensar en el estúpido de tu hermano y ven aquí" -le dijo Sev con esa voz ronca, susurrante, profunda, que tanto excitaba a su compañero, que como si de un animalito hipnotizado se tratase, no pudo hacer nada más que obedecer, que seguir el mandato de esa voz que lo volvía loco...
-"Aún no has contestado a mi pregunta" –susurró el más joven mientras se separaba un momento de él, mas que nada para tomar aire en previsión de lo que vendría después.
-"No sería la primera vez que te dejo sin respuesta..."
...ni la última, pensó Severus, con una mueca en el rostro, que bien podía ser de tristeza, remordimiento o melancolía. En poco más de dos años que estuvieron juntos hubo muchas mentiras, y no sólo por su parte. Ambos mentían y ambos eran conscientes de ello. Pero estaban en guerra, y encima en el bando de "los malos". Mentir ya era para ellos como respirar. Aquello no era vida, ciertamente. ¿O es que cuando eres un joven alocado todo te da igual? Ahora ya no le quedaba mucho para los 40. El tiempo se le echaba encima, y se encontraba cansado, muy cansado. A veces tenia la sensación que no había hecho nada en este mundo, nada por lo que ser recordado. Porque a los Mortífagos al final no los recuerda nadie. Se jugó el pellejo multitud de veces, haciendo de agente doble, siempre al límite, pero al final la gente como él no era recordada. Y no que a él le importara demasiado lo que pensase el resto del mundo. En el fondo lo que le jodía es que si en el día de mañana algo le sucediese, nadie le iba a echar en falta, nadie le iba a extrañar. Y por eso sentía esa opresión en el pecho. Y por eso su mente había decidido viajar por el mundo de los recuerdos, por su mundo con Régulus. A fin de cuentas, había sido su pareja más estable, más duradera. Se sentía algo ridículo con esos pensamientos a estas alturas de su vida, pero se encontraba en un extraño estado de melancolía. No sabía porque, ni como, ni cuanto duraría, pero así estaban las cosas. Incluso sentía algo de repulsión por si mismo, comportándose como un vulgar Gryffindor, que siente, q sufre...
-"¿Los sentimientos son una debilidad, me oyes?"
-"Sí, padre".
-"Y un mago jamás demuestra sus sentimientos. Los coge, los domina, los congela y entierra muy profundamente, pero nunca¿Me oyes, nunca los muestra en público".
-"Sí, padre" -contestó el pequeño muchacho, asustado... ¡Zaas! Sonó la mano de hombre al impactar con la mejilla del niño, en medio de aquel enorme, frío y desierto salón...
-"¡Y no llores!" -rugió con fuerza- "Jamás has de llorar en público. Ni tampoco en privado. Las lágrimas son para los débiles, para los cobardes, pero no para nosotros..."
¡Merlín! No tendría más de 5 años. Pero no era la primera vez que sucedía eso. Ni tampoco sería la última. No fue una infancia demasiado feliz la suya. Un padre para el que la definición de estricto se quedaba corta... ¡Basta! Se gritó mentalmente. ¡No quería pensar en eso¡No iba a pensar en eso¡¡Nunca! No le gustaba recordar aquellos tiempos, esa parte de su vida, de su infancia. Todo fue mejor cuando entro a Hogwarts. Sólo iba a casa en Navidades, y en verano. Y entonces tampoco se libraba de ese carácter autoritario y agresivo de su progenitor, pero al menos no tenía que sufrirlo 24 horas al día, todos los días del año.
En ocasiones pensaba en su madre, que tenía que soportar a ese tirano día tras día. Otras, en su hermano, con cierto deje de envidia, ya que al ser mayor que él, abandonaría antes aquel infierno. Severus aguantó hasta los 17, nada más. Acabó su séptimo año en el colegio, y se fue de allí. Bueno, pensó irónicamente, al menos su padre se había sentido orgulloso de él cuando se entero de su "afiliación" con el Señor Tenebroso. Lo que no llegó a descubrir nunca fue su traición. Por su propio bien, el único que sabía aquello era Dumbledore. Era lo más seguro para todos, y realmente funcionaba. O al menos, funcionó en aquel momento. Ahora el juego se complicaba más aún. Y cansado de este mundo, si, pero no se iba a dejar vencer, y menos por aquellos. Aún le quedaba mucho por hacer, y con un poco de suerte, podría llegar a vengar a Régulus. Tenía una ligera idea de quien fue la persona que lo mató, y si Merlín estaba de su parte, lo conseguiría. Parecía un niñato enamorado, en busca de venganza por su amante perdido. Y estaba a punto de creérselo, y todo, de no ser porque el supuesto objeto de su amor había muerto hacía más de 15 años, y porque aun dudaba de sí aquello había sido amor.
¿Realmente, se había enamorado alguna vez? Si, pensaba en el tema, pocas veces para ser sinceros, y en realidad lo dudaba. ¡Pero nunca es tarde, Severus! Parecía decirle una vocecilla interior. Vocecilla que ignoro totalmente, como hacía siempre. Para él ya no había tiempo. Era tarde, y su momento había pasado. Se sentía viejo para esos menesteres. Lo único que le restaba era hacer un papel digno en esta guerra, y todo quedaría finalizado. Régulus solía decir que cuando se ponía así parecía un pájaro de mal agüero. Siempre le habían gustado los pájaros, sobre todo los cuervos. No entendía demasiado la repulsa del resto de la gente. Un águila, por ejemplo, era bonita, majestuosa... pero no había nada más. Un cuervo, en cambio, esta envuelto en un halo de misterio... Aun no sabía porque llevaba toda la tarde pensando en Régulus, divagando sobre su vida, su pasado. ¿Tenía algo que ver con esa extraña sensación que le comía por dentro? Estaba casi seguro que si, porque estar seguro del todo era casi imposible. De todos modos, estaría preparado. ¿Cómo era eso que decían...¡¡Somos Slytherins! Nacimos preparados! Y sonrió. Aunque la sonrisa duró poco en su rostro. Algo extraño estaba sucediendo. Notaba la presencia de alguien en el recinto del colegio, las alarmas se habían disparado. Y no se debía a Trelawney, estaba seguro. Cogió su capa y salió de las mazmorras con paso apresurado...
Fin SideStory
Me encanta como Vanna ha captado el fuerte carácter de Severus en el side, sigo sin entender porque no escribe mas, pero bueno, la estoy presionando para que lo haga! XD. Como ya he dicho en la nota, el side sucede exactamente antes del primer capítulo del fic… pq lógicamente, cuando Sev sale de las mazmorras, es para ir a encontrarse con Harry.
Creí que el momento mas apropiado para poner el Side, era el momento en el que Sev se diera cuenta y aceptara por fin los sentimientos por Harry (que para que mentir, ya era hora!).
Silver.
P.D. Debido a las nuevas normas de no se pueden contestar los reviews en los capítulos… asi que si no os importa, ahora dejare las contestaciones de los reviews, en mi propio review, después de publicar el capítulo.
P.P.D: Ya he leido el 6º libro… así que no hay problema si dejáis comentarios sobre el tema. Eso si, sed condescendientes con los que aun no lo han leído.
