Una amiga me hizo saber que el que algunos padres tengan achaques en los embarazos de sus esposas se llama Síndrome de Couvade, para que nadie diga que no se aprende nada en los fanfics.
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Vegeta, trunks 5 meses
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Luego que se dio cuenta de que Bulma estaba embarazada esperó a ver que tanto tiempo le tomaría a ella enterarse, sin embargo los días e inclusive las semanas pasaban sin que aparentemente lo averiguara.
Le parecía increíble lo poco perceptiva que era de los cambios de su propio cuerpo.
Había empezado a aumentar de peso poco, pero constantemente. Las nauseas y el vómito matutino seguían presentándose diariamente, además el cansancio, los cambios de humor y los calambres se sumaban a los demás síntomas.
Suponía que ella también estaría sintiendo algo de eso.
Pero seguía insistiendo en que usaran el estorbo inservible ese.
¡Ya no tenía ningún sentido!
El ki de su hijo le gritaba cada vez que se le acercaba que habían dejado de ser dos y que ahora menos que nunca podía descuidarse de su entrenamiento, pero las continuas molestias compartidas con su mujer no le dejaban concentrarse.
Ni avanzar.
También eran muy irritantes las constantes risitas de parte de la anciana.
Las miradas de resentimiento del anciano le importaban poco menos que nada.
Durante algunos días estuvo tratando de decidir cual sería la mejor estrategia a seguir para terminar de prepararse antes de la llegada de los androides y después de eso para acabar con Kakarotto.
Sabía que aunque ya hubiera alcanzado el estado de súper sayayin su rival también había seguido entrenando y si bien estaba seguro de que con el poder que tenía en ese momento sería muy fácil vencer a unas pobres latas, con Kakarotto talvez no fuera tan sencillo.
Después de todo le llevaba muchos meses de ventaja luego de haber ascendido a súper sayayin.
Llegó a la conclusión de que aunque no le agradaba mucho la idea de alejarse de la mujer por algún tiempo era la única salida posible para su problema, y bien que mal era por el bien de ella también.
Pero no tenía muchas opciones de entrenamiento fuera de la cámara de gravedad, repasando las posibilidades recordó que en algún momento ella le había pedido que no asesinara a nadie por diversión, así que decidió no atacar a los terrícolas y de todos modos no había ningún rival digno en ese planeta fuera de Kakarotto y talvez el namekuseiyin como para buscar una pelea para entrenar, y a ese par nunca le pediría que probaran sus poderes con él, especialmente porque esperaba tener una batalla real con ellos y no era nada sabio tácticamente dejar que tus rivales tuvieran idea de lo que tendrían que enfrentar.
Le molestaba un poco que si se marchaba no podría seguir teniendo sus sesiones nocturnas con Bulma, pero eso no sería para siempre y si ella llegaba a necesitarlo ya la había enseñado a llamarlo, cosa que a veces pensaba que talvez no había sido la mejor de sus ideas, aunque tenía que reconocer que ella hasta el momento en ninguna ocasión había abusado de ese conocimiento.
Por lo menos ahora tenía la seguridad de que si en algún momento se encontraba en un peligro real él podría sentirla y ayudarla.
Además su conexión mental estaría allí tan fuerte como siempre, eso era algo que no se quebraba por el tiempo o la distancia.
El día en que había decidido irse hizo el amor con ella sintiendo que la extrañaba aún antes de marcharse y en varias ocasiones estuvo a punto de cambiar de opinión, como lo había hecho cada mañana de por lo menos los últimos 10 días, pero esa vez recibió algo de impulso por parte de Bulma pues mientras estaban en lo suyo se mostró un poco distante y se notaba que su mente no estaba del todo con él.
De hecho parecía un poco deseosa de que se fuera a entrenar de una vez por todas.
Así que tomando toda la fuerza de voluntad que tenía le informó que sentía que se estaba atrasando en su entrenamiento y que había decidido que mejor se iría por un tiempo para continuar su entrenamiento en otro lugar.
Esperaba que ella lo tratara de hacer desistir de esa idea, así que para dar una excusa le explicó que el entrenar en un solo lugar, especialmente en algo tan patético como la cámara de gravedad y con robots tan anticuados no estaba siendo conveniente para su avance.
Bulma pareció aliviada y al mismo tiempo algo triste de momento, pero como le parecía muy extraño que ambas reacciones se dieran al mismo tiempo supuso que la primera era la real y que su tristeza era fingida y más cuando ella le dijo que hiciera lo que le diera la gana, pues de todos modos tenía mucho trabajo así que le haría bien descansar de él por un tiempo.
Él entendió que podía largarse a donde le diera la gana porque ella estaba cansada de verlo allí todo el tiempo y que ya que quería descansar mejor ni se preocupara por dar señales de vida por una buena temporada.
Lo que fuera para que estuviera contenta, seguramente las hembras humanas repudiaban a sus parejas cuando estaban embarazadas, esperaba que no fuera para siempre.
Nunca entendería a estos humanos.
Pero jamás se rebajaría a preguntar de nuevo por sus ridículas costumbres.
El haberlo hecho una única vez era lo que lo había metido en este lío. Así que Vegeta solamente asintió y salió volando por el balcón.
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Inicialmente no tenía mucha idea de a donde ir, así que estuvo vagando por el planeta, ya lo conocía bien, pues durante sus previas excursiones había descubierto una increíble variedad de climas y paisajes para ser un planeta tan pequeño.
Se había dado cuenta que a pesar de provenir de un planeta desértico él prefería las áreas cercanas al mar. La temperatura solía ser cálida como en Vegetasei lo cual le parecía muy agradable, pero el paisaje tan diferente no despertaba las sensaciones de pérdida que despertaban en el desierto cuando estaba solo.
Y ahora de nuevo estaba solo.
Durante las primeras semanas se imaginó que la mujer en cualquier momento daría su brazo a torcer y usando su lazo mental lo llamaría.
Pero eso no ocurrió.
Así que se dedicó a entrenar en los climas más extremos que encontró en ese pequeño planeta, ya fuera en las montañas más altas o en las mayores profundidades del mar, no era lo mismo que la cámara de gravedad pero dadas las circunstancias eran un substituto aceptable.
En algunas ocasiones meditaba y en esos momentos a veces pensaba en ella y no podía evitar usar la unión mental que tenía con Bulma para corroborar que no hubiera sucedido nada que ameritara su regreso inmediato.
Suponía que cuando hacía eso ella podía tener una pequeña visión de él también, pero sabía que era de tan corta duración que Bulma posiblemente lo confundiría con un pensamiento propio o no le daría suficientes pistas como para que ella se enterara exactamente en donde estaba.
Y al decir verdad aunque hubiera querido decírselo no hubiera podido. Siempre estaba en áreas desiertas y no tenía idea de cómo podrían llamar los terrícolas a esos lugares.
Claro que de vez en cuando se topaba con alguna persona, habitualmente cazadores que andaban en las montañas, unos inclusive habían estado muy apurados por irse luego de presenciar parte de su entrenamiento que dejaron olvidado un vehículo terrestre.
Era un aparato sin techo ni puertas, más alto y con llantas más grandes que las abominaciones que Bulma solía conducir, de un color verde oscuro y por alguna razón le pareció más apropiado para él que ningún otro que hubiera visto en la casa y con este Vegeta decidió intentar conducir en caso de que la mujer volviera a sacar el asunto a colación.
Como había temido, si el día en que había pasado por las pruebas de elección de pareja de la mujer hubiera tratado de conducir habría fallado estrepitosamente.
Ciertamente era diferente de una nave espacial. Mucho más primitivo.
Aunque había estado prestando atención a lo que hacía la mujer al conducir, los vehículos que ella usaba tenían menos piezas tanto para las manos como para los pies que el que le habían "obsequiado".
Le llevó un rato averiguar como hacerlo avanzar y por un buen tiempo solo pudo hacerlo dar saltitos antes de apagarse.
Sin embargo para el final del día había logrado dominar a esa bestia e inclusive le tomó cariño y mientras le duró el combustible estuvo corriendo en él a campo traviesa por el bosque, durante un tiempo inclusive se sintió como un adolescente de nuevo.
Cuando regresara se lo llevaría con él, así que lo dejó resguardado en un lugar seguro mientras regresaba.
De vez en cuando a él también le llegaban imágenes de Bulma, curiosamente no eran imágenes de lugares en los que estuviera sino de ella misma, debía de ser la criatura más vanidosa del universo para pensar tan intensamente en su propia persona.
Reconocía sin embargo que tenía razón de serlo, cada vez que llegaba una de esas imágenes no podía dejar de desear estar allí con ella, a pesar del paso del tiempo no parecía notársele para nada su embarazo y si era posible se veía tan hermosa como en el mejor de sus días.
Pero sabía que independientemente de cómo se viera no iba a desearla menos, su unión iba más allá de lo puramente físico.
A veces también sentía el ki de su hijo cuando se inquietaba por alguna cosa, imaginaba que posiblemente su madre estuviera haciendo un berrinche. Bulma tendría que aprender a controlar su temperamento por lo menos durante ese tiempo o su hijo le podía hacer pasar un mal momento. No estaba muy seguro que su débil cuerpo humano estuviera bien preparado para llevar a un medio sayayin.
Así sus días continuaron pasando entre entrenamientos y cacería, esto último era algo que le entretenía y le hacía sentir cerca de sus orígenes.
Sin embargo tenía que reconocer que a pesar de que sabía cuidarse solo perfectamente bien como para no pasar hambre, extrañaba la comida de la anciana, el calor de la mujer en la noche y su presencia durante el día, la cámara de gravedad y su ropa limpia.
Aunque no exactamente en ese orden.
Cuando habían transcurrido cerca de tres meses desde su partida sintió como el ki de su hijo había aumentado a un nivel en el que podía fácilmente poner en peligro la vida de Bulma si llegaba a moverse muy violentamente pues le era fácil localizarlo aún si no estaba agitado y decidió que la mujer ya había descansado lo suficiente de él y que aunque no lo hubiera hecho ya estaba cansado de estar viviendo como un salvaje y dado que los síntomas que compartía con ella habían desaparecido del todo eso ya no sería una distracción de su entrenamiento.
Pero aunque nunca lo dijera en voz alta, más que ninguna otra cosa le preocupaba que las habilidades para comunicarse con su hijo de Bulma no fueran lo suficientemente desarrolladas como para poder protegerla de un accidente.
Y para que él pudiera hacer algo al respecto necesitaba estar más cerca.
Por lo que así ella lo quisiera o no tendría que aguantarse que él estuviera allí y tomando su vehículo voló hacia la casa.
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Todo parecía estar igual a como había sido siempre con excepción del clima que se estaba poniendo muy frío y dado que no la sintió en la casa lo primero que hizo fue entrar en su cámara de gravedad pudiendo notar que el entrenamiento al que se había entregado durante ese tiempo algo había ayudado y luego cuando ya fue tarde se marchó a su habitación donde se dio cuenta que ella había seguido durmiendo por el desorden reciente y por su aroma en la cama, le hizo sonreír el darse cuenta de que sí lo había extrañado.
Pudo sentir el ki de ella en el salón con los ancianos por lo que aprovechó para darse una muy necesaria ducha y cambiarse de ropa y luego se acostó a esperarla para tener el sexo salvaje con el que había estado soñando desde el día en que se había marchado.
Luego de un rato la sintió acercarse a la habitación y entrar sin percartarse que él estaba allí, a continuación para su deleite empezó a quitarse la ropa para ponerse otra para dormir, pero no vio la imagen que ella reflejaba en sus pensamientos sino una mucho más, grande. Y sin poder atrapar las palabras que salieron de su boca se sorprendió diciendo lo primero que se le vino a la mente;
-¡Por kami, cómo has crecido!
Antes de escuchar su respuesta se dio cuenta de que había sido lo más equivocado que pudo haber dicho en ese momento por la manera en que el ki de Bulma aumento en un instante y por lo roja que se le puso la cara.
-¿Cómo te atreves a decir algo así¡ Por supuesto qué he crecido, estoy embarazada!, o qué ¿crees que desde que te fuiste no he hecho otra cosa más que comer? .
Acto seguido lo que había temido ocurrió, pues al sentir la ira de Bulma su pequeño hijo se inquietó y al no poder entender que ella no estaba en ningún peligro se movió con tal intensidad que enviando un pie contra las entrañas de su madre la envió al suelo del dolor...
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Para la siguiente entrega todavía no he pensado a quién poner primero, se aceptan sugerencias. Muchas gracias a todos los que me han puesto mensajes, espero que la espera para ustedes siga valiendo la pena y que lo que hizo Vegeta en este tiempo fuera creíble.
Para mí leer sus comentarios me motiva a seguir sacando así sea ratitos para escribir.
XimeB
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