En tanto Ginji y Shido discutían sobre la actitud de Ban, éste se encontraba caminando por un lugar muy peculiar. No obstante a su aspecto "normal", en los bajos mundos se murmuraba que era un sitio de vicio y perdición.
A Ban no le agradaba del todo la idea de frecuentar aquellos nidos de corrupción, pero no había nada que hacer al respecto: su vida había dado un giro tan drástico que ni siquiera su orgullo le impedía dar vuelta atrás. Conforme se iba internando, se sentía más miserable, pues ahí gastaría cada una de las monedas que había ganado con tanto esfuerzo en su último trabajo. Pero no importaba, al final tendría su recompensa.
Se dirigió a un local extravagante: al contrario de los otros decorados con pósters y/o calendarios de chicas exuberantes con poca ropa, éste estaba pintado de rosa pastel. Sobre sus paredes había algunas imágenes con los grupos y cantantes del momento: RBD, Shakira, Daddy Yankee…
"Si estuviéramos en el año 2000, tendría a Britney y a los Backstreet boys, no a esos cantantes de porquería. Pero todo degenera con el tiempo" – pensó Ban nostálgicamente. "Bien, aquí vamos, a dilapidar mi precioso dinero una vez más".
Aunque la situación estaba lejos de ser una peligrosa batalla, Ban tuvo que hacer acopio de todo su valor para poder entrar a aquella tienda. Cuando por fin lo hizo, se encontró cara a cara con un corpulento vendedor. Pese a su apariencia amenazadora – reforzada por sus descubiertos y tatuados brazos - Ban sabía que no había nada que temer, ya que había cierta confianza entre quienes frecuentaban el negocio…
- Oye tú ¿trajiste mi encargo? – le espetó Ban.
- Sí, pero ¿seguro que quiere llevársela toda? – le preguntó sorprendido el vendedor.
- Ya hemos hablado de esto antes, así que por favor date prisa. – respondió Ban decididamente.
- Vale, pero no me hago responsable de los efectos secundarios.
- Descuide.
El tendero sacó una bolsa negra que resguardaba varias cajitas. El Getbacker sacó un fajo de billetes y los depositó en el mostrador.
- Perfecto, con esto será suficiente - dijo el proveedor.
- Nos vemos dentro de ocho días – se despidió Ban al tiempo que tomaba consigo la bolsa.
Tranquilamente, salió del local mas, cuando estuvo a una distancia prudente, el autonombrado Midou Ban-sama corrió como alma llevada por el diablo. No quería que algún conocido – sobretodo cierto Maestro de las Bestias- lo viera rondando por ahí. Al poco tiempo, llegó exhausto a las puertas del Honky Tonk y, haciendo un esfuerzo sobrehumano, llegó a la barra.
- Un café por favor – murmuró exhausto.
- ¿Y ahora que te pasó? No sabía que repartir volantes fuera tan agotador - le respondió sarcásticamente Paul.
- ¡Cállate¡¿Así recibes a uno de tus mejores clientes?!
- Pues será desde que pagas tus deudas…
- ¡Púdrete Paul!- dijo para sí – Por cierto ¿dónde está Ginji?
- Fue con Shido a comprar un helado. No deben tardar mucho en llegar.
- Así que el "chico mono" también está por aquí ¿eh?
- Por cierto Ban ¿qué traes en esa bolsa negra?
- Discos.
- ¿Puedo saber de quién?
- Pues reaggeton, duranguense…
- ¿Con que ahora te dedicas a vender piratería? No sabía que ser un Getbacker fuera tan mal pagado.
- ¡Claro que no¡Ser un Getbacker es un trabajo digno y bien remunerado! – replicó Ban indignado.
- Bueno ¿entonces?
- Son para Himiko. Tú sabes, a ella le gusta ese tipo de música…
- Sí claro, para Himiko… - dijo Paul entredientes.
- ¿Qué andas murmurando Paul?
- Nada, nada, sólo no me gusta ese tipo de música.
- ¿Y crees que a mí sí?
La discusión pudo tornarse más violenta de no ser por un pequeño ser que se aproximaba corriendo hacia Ban.
- ¡Ban – chan¡Por fin has llegado! – exclamó chibi Ginji.
- ¿Y tú, dónde andabas¡Mientras yo sufría poniendo carteles por la ciudad, tú estabas feliz de la vida comiendo helado!
- Pérdoname Ban – chan, pero tenía frío y después salí a calentarme y el sol quemó mi carita… ¡ah, por cierto! Vino a buscarte Akabane – san.
- ¿Akabane¿Y qué quería?
- No lo sé.
- Sabrá Dios – Ban se encogió de hombros – Bueno, si realmente le urge verme, volverá.
- ¿No crees que Akabane tiene cosas más interesantes que hacer que andar tras de ti? – preguntó una voz irónica.
- ¿Y por qué Akabane nunca te ha buscado a ti, entrenador de gorilas¿Será por que no eres… para ponerlo en términos de ese psicópata… di… ver… ti… do?
- Más bien, sé cuando dar mis batallas.
- ¿Ah sí¿Y por qué siempre tiene que llegar alguien a salvarte el trasero?
- ¡Chicos, paren! – exclamó chibi Ginji espantado – Mejor veamos tele ¿vale?
- Está bien Ginji, hoy no estoy de humor para codearme con un troglodita- dijo secamente Ban.
- ¡La tuya Midou! - exclamó Shido indignado.
- ¡Jajaja!
- ¿Qué encuentras tan gracioso serpiente tarada?
- ¡Jajajaja¡Ni siquiera sabes qué significa "troglodita"¡Ignorante, ignorante! - coreaba el amo del Jagan.
- Maldito Midou, te crees tan sabelotodo, a ver sí sabes qué significa esto ¡Mimesis de las…!
- ¡Miren, miren! - interrumpió Ginji buscando evitar la pelea entre sus dos amigos - ¡Ya va a empezar!
- ¿Qué? - preguntaron Ban y Shido a la vez.
- El programa de Ritmo - son.
- Paul ¡¿por qué tienes cable en lugar de calefacción?! - rugió Ban.
- El cable atrae clientes que SÍ pagan sus cuentas - respondió tajantemente el tendero.
- No tenemos argumentos para contraatacar, Ban - chan - admitió chibi - Ginji.
- Qué le vamos a hacer - concedió Ban - ¿Y de qué es el programa?
- ¡Ohh¡Es uno donde puedes dedicar canciones a quien tú quieras¡Mira Ban - chan, están pasando tu canción favorita de Zoé!
No era necesario que Ginji lo dijera, pues toda la atención de Ban estaba enfocada en la televisión. Sin embargo, no era el video lo que lo tenía impresionado, sino la dedicatoria que estaba desplegándose en la parte inferior de la pantalla: "Mi querido B, gracias por ser capaz de ir al infierno por mí. Te quiere A."
- ¡Ah¡Qué tierno! - gritó Natsumi - ¡Yo quiero que me dediquen mensajes así¡Qué envidia me da ese B!
- Patético - dijo Shido - ¿Quién se gasta el crédito de su celular en andar dedicando canciones?
- ¿Quieres que te dedique una canción Natsumi? - preguntaba Ginji al tiempo que Shido reflexionaba.
Mientras Ginji mandaba el mensaje al canal de televisión y Shido rezaba porque Madoka no viera ese programa Ban decía para sus adentros "imbécil ¿cómo se te ocurre…?".
Después del programa.
- Paul¿no tendrás un diccionario que me prestes?
- ¿No querrás buscar "troglodita", o sí Shido - san? Ban es capaz de mentirte con tal de hacerte quedar mal, mejor déjalo.
- ¡Tengo que saber¡Sí me mintió, entonces lo podré dejar en ridículo!
- Tienes razón, permíteme un momento.
Al cabo de cinco minutos, Paul regresó con un gran diccionario que, no obstante su tamaño, se llamaba "Mi pequeño salvadidas".
- Aquí tienes - dijo Paul deslizando el pesado libro por la barra.
- A ver… veamos… triturar… trotar… ¡ah, aquí está! Troglodita… "dícese de aquél que troglodita", que gran definición.
- ¡Aún hay más Shido - san! - lo interrumpió Paul - "también se usa el término para alguien glotón o para referirse al hombre primitivo, comúnmente llamado cavernícola" - concluyó.
- ¡Maldito Midou, me dijo cavernícola¡Me ha dicho peor y tenía que usar esa estúpida palabra esta vez!
- Calma, Shido - san, ya encontrarás una manera de vengarte.
- ¿Pero cómo? - preguntó el Maestro de las Bestias angustiado.
- Tú déjamelo a mí - decía Paul mientras esbozaba una macabra sonrisa.
