Definitivamente, ir a caminar era mejor que permanecer en el Honky Tonk viendo todos esos videos dedicados – sobretodo cuando uno de ellos te concierne a ti. "Pero ¿cómo se le ocurre? Akabane me va a matar de un susto un día de estos y lo peor de todo es que no va a usar sus escalpelos... Lo mejor será que le lleve sus discos y hable con él. Pero ¡si seré! – pensaba Ban mientras se golpeaba la cabeza contra una pared - ¡los discos aún están en el Honky Tonk, y si alguien los ve... debo darme prisa! "

El dueño del Jagan corrió tanto como sus piernas le permitieron y, cuando al fin llegó...

- ¿Dónde fuiste? Parece que tu paseo de relajación ha tenido el efecto contrario – le dijo Paul en cuanto lo vio cruzar el umbral de la puerta.

- Ahhh... me acabo de encontrar a Himiko y me pidió su encargo – respondió Ban respirando entrecortadamente – ¿Y Ginji?

- Shido – san lo ha invitado a tomar el té a casa de Madoka.

- Bueno... si regreso y no me encuentra, dile por favor que estoy con Himiko.

- Claro, ahora hasta soy tu secretaria particular – murmuraba Paul – está bien, yo le diré.

- ¡Gracias! – y mientras decía esto, se dirigió al lugar donde había estado sentado por la famosa bolsa negra. "Sólo espero que nadie la haya visto" pensaba mientras encendía el carro. No le tomó ni veinte minutos llegar al apartamento de Akabane. Ban tocó el timbre unas tres veces y, al ver que nadie abría, comenzó a arrojarse contra la puerta. Estaba a punto de lanzarse por cuarta vez cuando sintió la mirada de alguien...

- Si me hubiera demorado un poco más, mi casa se habría quedado sin puerta Midou – kun – le dijo Akabane, quien, como siempre, le observaba con una sonrisa en su rostro.

- No sabía que no estabas.

- Pudiste haberme mandado un mensaje y así no te hubieras herido inútilmente. Aunque, para serte sincero, valió la pena verte azotándote contra la puerta ¿tan desesperado estás?

- ¡Cállate y abre tu maldita casa! – gritó Ban exasperado.

Akabane volvió a sonreír e introdujo las llaves por el cerrojo. Ante los ojos de Ban apareció un lugar no muy distinto del que vio la primera vez que estuvo ahí, sólo que ahora todo estaba más ordenado.

- ¿Gustas algo de comer o de beber? – le preguntó el anfitrión.

Ban se sentó en un pequeño sillón que estaba frente al televisor y respondió:

- No, no te molestes. De hecho tengo un par de cosas qué hablar contigo.

- Tu dirás – repuso Akabane al tiempo que se sentaba al lado de su invitado.

- Ten – Ban extendió a Akabane la bolsa negra. Éste sacó los discos y...

- ¡Mido – kun! – exclamó Jackal con una expresión de genuina felicidad en su rostro- ¡Toda Candy Candy¡Y original!

"Debo estar loco para dilapidar mi dinero en todas estas porquerías", pensó Ban – Espero que te guste – agregó.

- ¿Puedo saber la razón de este detalle? – preguntó el Doctor mientras contemplaba su precioso tesoro.

- Desde que le devolviste a Himiko sus discos, te noté aburrido.

- ¡Gracias¡Me aseguras muchas horas de diversión¿No gustas quedarte a ver la muerte de Anthony? – preguntó Akabane emocionado.

- Eh... no, paso. La otra cosa que quería decirte... bueno... ¿Desde cuándo vez Ritmo – son Latino?

- Desde que no tengo Candy Candy para entretenerme ¿por qué?

- ¿Y desde cuándo sabes que en el Honky Tonk también tienen cable?

- De hecho, Paul – san y yo contratamos al mismo tiempo el servicio. Había promoción de 2 x 1 y decidimos dividir los gastos.

- Vaya, y ¿desde cuándo sabes que ahí también ven Ritmo – son?

- ¿Dónde quieres llegar con todo esto? – le preguntó inocentemente Akabane.

- Hoy, mientras estaba pacíficamente sentado viendo la tele, apareció un mensajito en un tonto programa en el que se dedican videos. Apareció cierta canción de cierto grupo en donde se mencionan ciertas armas punsocortantes...

- ¿De qué hablas?

- ¡Tú dedicaste ese video!

- ¿Eh?

- ¡No te hagas¡Mandaste ese mensajito sabiendo que si lo veía me enojaría!

- ¿Y desde cuándo me tomo la molestia en planear una megaconspiración para ti?

- ¡Sabes que nadie sabe de...¿Qué acabas de decir?

- Mido – kun, desafortunadamente no tengo tiempo para andar enviando mensajes a esos programas. Además, fue toda una casualidad que justamente hoy lo hayas visto. He estado trabajando toda la semana. – concluyó Dr. Jackal harto.

- Yo... no lo sabía...

- ¿Por qué habría de mandarte un mensaje sabiendo que quizá no lo verías?

- Bueno... yo...

- Y el mensaje no decía "Akabane", "Doctor Jackal" o "Midou – kun"¿o sí?

- No, sólo decía "de A a B"

- ¿Y no se te ha ocurrido pensar cuántas personas hay en esta ciudad cuyas iniciales sean cualquiera de esas dos letras? Midou – kun ¿en qué estás pensando?

- Ir a conseguir tus discos no es nada fácil para mí ¿sabes?

- Lo sé y por eso te recompensaré ¿qué quieres?

Por la mente de Ban pasaron muchas imágenes de él y Akabane haciendo otro tipo de cosas que no incluían estar charlando pacíficamente en un sillón.

- Bueno... tal vez un poco de esto – el Getbacker se acercó a Dr. Jackal y besó su fino cuello...

"Por esto y por su cara de desesperación valió la pena convencer a los del canal de pasar el video y platicarle a Ginji – kun de ese programa... muajajaja", pensaba Akabane mientras se dejaba hacer.


Mientras tanto, en un extenso jardín, dos hombres estaban sentados a la sombra de un árbol. Era una linda tarde y, aunque por la mañana el sol era insoportable, a esas horas la presencia del invierno comenzaba a hacerse presente.

- ¿Cómo viste a Ban – chan? – preguntó uno de los presentes.

- Insoportable, como de costumbre – respondió el otro.

- ¡Shido! Bueno... aunque lo podríamos considerar como una buena señal.

- Pero... hay algo que no acabo de entender.

- Si es por lo de la palabra esa, me temo que no podré ayudarte.

- ¡No es eso Ginji! Además ya la busqué en el diccionario. ¿No te diste cuenta la cara que Ban tenía cuando estaban pasando un video?

- No recuerdo... déjame pensar...

- Creo que era una canción que a ti te gusta.

- A ver... la de Belanova... no, Ban – chan ya no estaba... ¡ah, ya lo tengo¡Era "No me destruyas" de Zoé! No es la primera vez que Ban – chan la oye.

- Igual y se acordó de algo – sugirió el Maestro de las Bestias - ¿No se te ocurre que pueda ser?

- Pues la verdad no... a menos que...- Ginji se quedó por un rato perdido en sus recuerdos, hasta que, al cabo de unos cuantos minutos, dio con el que estaba buscando – La primera vez que oímos esa canción, Ban – chan me preguntó si se la habían dedicado a Akabane – san.

- ¿Y eso¿Doctor Jackal es tan temido que hasta puede hacer que le compongan canciones?

- Eso no lo sé.

- ¿Entonces?

- Lo que pasa es que esa canción dice algo así como "ya no afiles las navajas, ya no me haces daño cuando me las clavas, ya no afiles los colmillos, ya no me haces daño cuando me desangras, ya no me destruyas más" y Ban – chan me preguntó si hablaban de Akabane – san.

- Tal vez creyó que Jackal había amenazado al canal.

- Puede ser, Ban – chan odia cuando Akabane – san trata de aprovecharse de las personas.

- ¿Sabes qué? Se me ha ocurrido otra cosa.

- ¿Qué?

- Puede que la serpiente tarada se haya quedado así porque ¡Akabane le dedicó la canción!

- ¡¡QUÉ!!

- ¿Tú no te horrorizarías si ese degenerado te mandara mensajitos por la tele?

- ¡Claro que sí! Pero ¿Akabane – san dedicando canciones? Es una de las pocas cosas que nunca creí ver. Pero, si yo fuera él y le dedicara videos a uno de mis enemigos declarados no le daría las gracias por... ¿cómo decía?

- ¿Por ser capaz de ir al infierno por él¿Algo así, no?

- Creo que sí. Si yo fuera Akabane – san escribiría que espero verlo muerto o como alfiletero atravesado con sus escalpelos. Tal vez no sea eso.

- No lo sé, con ese amigo tuyo nunca se sabe.

- De todas maneras, por si las moscas, tengo que averiguar si Ban – chan tiene más problemas de los usuales con Akabane – san.

- No es mala idea.

- Por cierto, Shido ¿Y Madoka?

- Está practicando.

- ¿Seguro? – preguntó Ginji. Tanto en la época de los Volts como ahora, Ginji era capaz de reconocer cuando su amigo le estaba mintiendo.

- Bueno, está bien, te diré. Madoka se pasa horas encerrada en su cuarto.

- ¿Y eso está mal¿Crees que descuida su carrera? Eso es un poco egoísta de tu parte, Shido.

- ¡No, no es eso! Para Madoka, ser violinista es tan importante como su propia vida.

- ¿Entonces?

- Todas las tardes va a un café, donde se reúne con un "amigo" a platicar. O al menos eso me ha dicho ella.

- ¡No puedo creerlo!

- Y te apuesto a que no te imaginas con quién va.

- ¿Con Kadsu – chan¿Pero que él no está con Jubei?

- ¡No, no es con Kadsuki¡Es con el psicópata ese!

- ¿Con Akabane – san? – preguntó Ginji incrédulo.

- ¡Sí, con esa cosa!

- No es posible..., pero¿no crees que sólo va a platicar? Por lo que sé, a Akabane – san también le gusta la música clásica. Y tú sabes que es difícil encontrar una persona que también tenga gustos similares a los tuyos.

- Bueno... puedes tener razón. La verdad es que de música clásica no entiendo mucho y Madoka necesita encontrar a alguien con quien hablar de ello.

- ¡Ginji – san¡Qué gusto verte! – exclamó una débil voz.

- ¡Madoka – chan¡Hola! – respondió Ginji.

Madoka se acercó corriendo, guiada por su perro, hasta el árbol donde Ginji y Shido platicaban.

- ¿Qué tal estuvo tu café? – le preguntó Shido.

- Muy divertido. ¿Sabías que Akabane – san es muy agradable? Deberías conversar con él un día de éstos – respondió Madoka.

" Pero¿de qué puedo hablar con ese enfermo¿De formas de destazar serpientes¡Jajaja, ese sí que sería un buen tema de conversación!" – pensaba maliciosamente Shido – Tal vez un día te acompañe, Madoka.

- Me temo que por ahora no será posible porque...

- ¡No te preocupes Madoka¡Entiendo! – interrumpió nerviosamente Shido.

- ¿De veras Shido – san¡Gracias! – dijo Madoka alegremente - ¿Ginji – kun, no gustas quedarte a merendar?

Ginji, quien se había limitado a ser un mero espectador en la conversación de sus amigos, se negó, alegando que tenía que pararse temprano para seguir haciendo promoción. Se despidió de sus amigos y, mientras se dirigía al Honky Tonk se preguntaba por qué Akabane se empeñaba en complicar la vida de los demás: "primero se divierte asustándome, luego tiene a Shido confundido... aunque creo que no es para tanto... y por si fuera poco, estoy convencido que algo se trae con Ban – chan... Lo único bueno que ha hecho es recomendarme ese programa de Ritmo – son"

Mientras meditaba, Ginji se dirigía lentamente al Honky Tonk cuando casi choca con una sombra que, como él, también tenía por destino esa cafetería.

- ¡Fíjate por dónde caminas, imbécil! – le espetó la sombra.

- ¿Ban – chan? – preguntó Ginji - ¿Eres tú¡Pero qué te ha ocurrido!


Notas finales: ¿Será Akabane tan maldito que, a la vez que anda con Ban, también está coqueteando con Madoka¿Qué tendrá un psicópata en común con una niña ciega¿Shido montará una típica escena de celos¡No se pierda el siguiente capítulo!