Capítulo III
Si te mueres…
No habrá cabida a otro sentimiento más que el dolor…
Presagio:
Un gavilán hurgando cuerpos
El destino del minotauro
Ese día había estado vagando y el camino errático se originaba en los confines de su mente hasta traspasar el estado de su conciencia, su cuerpo material y terminar por levantar un puente entre el Santuario y sus pensamientos. Ese puente estaba unido por una sensibilidad idéntica, percepción lóbrega y pesimista de un mundo que parecía estar en decadencia. El cielo era azul, la fauna de colores brillantes y festivos, el mármol blanco a penas moteado por alguna mancha irrespetuosa, la quietud reinaba como siempre lo había hecho a menos que se desatara una batalla inevitable. Pero a cada paso, en cada escalón, en casa baldosa de cada templo había impregnado un mensaje de dolor y espanto. Nada era plenamente borrado, nada desaparecía como si no hubiera sucedido porque al haberlo hecho ya había dejado su marca. Y Mu lo sentía convergir hasta llenarlo todo, omnipresente y acaparando por completo cada espacio, cada rincón de la cotidianeidad. Un gesto, una mirada cargada de odio, un puño levantado y desatado, un comentario brusco, empujones, jaleos, armaduras estrellándose, machacando el suelo con galantería y omnipotencia, el color punzó de la sangre, de los ojos inyectados de sed violenta potenciada por el honor, la defensa de los valores atenienses y los cuerpos que se apilaban uno sobre otro: era un festín malévolo…el de los cuervos que él y los otros y muchos otros anteriormente se habían encargado de alimentar. Pero eran enemigos…enemigos que merecían un entierro de poca tierra, poca monta y mucho hedor putrefacto junto con las visitas de alimañas y otra clase de seres repugnantes.
En esa deriva iba él, con la angustia y decepción a cuestas, tras haber comprendido…o comprender lo que siempre había hecho y todos allí estaban destinados a hacer hasta que murieran, de otra manera. En la realidad simplemente caminaba y podía pensarse que con aire de soñador, cautivado por la autenticidad de la luna o la apariencia de la noche. Nada de eso, seguía pasos sin traza fija…alborotada su mente de tan poco descanso y tanto menos porqué descansar. En ese caminó se topó con otro caballero, pero este quieto adosado a la penumbra en un rincón de las escaleras de la salida de la casa de cáncer.
Mu?, dudo un instante el santo que ya podía reconocer como Máscara Mortal. Una tenue luz pequeña entre sus dedos alumbraba su cara para luego volverse a apagar.
Qué es eso que tienes?, preguntó Mu aunque el olor y el humo hablaba por el otro.
Jeh…por qué preguntas lo que ya sabes?Acaso te da miedo admitirlo?, dijo y encendió la luz. Luego despidió el humo de su boca.
Simplemente me sorprendió, no pensé que hubiera forma de que se ingresaran cosas como esas, dijo Mu. Se sentó al mismo nivel pero sin querer hallarse demasiado cerca, el olor no lo molestaba al punto de espantarlo sin embargo de alguna forma había adquirido cierto recelo hacia el italiano.
No las hay para los que no saben cómo hacerlo, jeh…no es mi caso como verás, si quiero algo lo obtengo.
Se acercó el santo de cáncer a Mu después de otra pitada y esparcir el humo por el aire. Sonreía, intrigado y curioso, su expresión ahora descubierta por la luz de la luna.
Y tú qué haces aquí Mu? Suelo estar aquí por las noches y jamás te había visto, dijo y le tendió la mano que entre sus dedos sostenía al cigarrillo- es artesanal, tabaco de la mejor cosecha…no esas baratijas que venden en las ciudades. Quieres probar?Si te gusta puedo conseguirte algo por un precio razonable.
Sorprendido por la propuesta y la confianza con que Máscara Mortal la había lanzado, el tibetano lo miró fijo, sin pretender ofenderlo con una repentina molestia que de no estar tan decaído hubiera proferido.
Gracias pero no, no me apetece, mejor termínalo tu, respondió y se puso de pie. Quizás ya había tenido demasiado por esa noche.
-Ya pues…van a dejar de lado ese silencio y a responder lo que les estoy preguntando?- cuando él hablaba los otros debían callar, así estaban hechas las reglas, a la medida y al servicio de las jerarquías. Él era Shion, el Patriarca y estaba molesto, miraba a sus santos que eran casi como hijos, más cercanos o lejanos…los veía erigirse y convertirse en seres extraños, desconocidos, incapaces de aceptar ya nada que pusiera en jaque sus propios deseos.
Al menos todavía podía sentirse cómodo o protegido por la configuración espacial del poder: él en el centro de la escena, agrupando a todos con su mirada, dispersos a lo largo de la mesa vertical, y sólo Dohko poseía el beneficio de acompañarlo en esa ubicación privilegiada.
-Respondan caballeros!!!-golpeó la mesa y el sonido despertó un singular asombro- quién o quiénes de ustedes han robado? sean sinceros por favor!…estoy cansado de desperdiciar mi tiempo con mentiras, me deben respeto!-con esperanza aguardó, intentó calmarse sin bajar la guardia, sin quitarse de encima el porte de su jefatura.
Los santos se miraron escrutándose unos a otros, a excepción de Shaka quien lograba mantenerse al margen gracias a su ceguera voluntaria, Mu quien se evadía con un desánimo ya declarado, y Máscara Mortal quien había clavado la vista en el suelo y no manifestaba intenciones de participar abiertamente en las direcciones del Sacerdote. Al rato aparecieron Milo, Camus y Shura, tomando los recaudos de la distancia y lanzándose con sutileza mensajes furtivos de rencor, miradas embadurnadas de recelo. Estos tres tomaron asiento sin decir nada por no atreverse a preguntar qué estaba ocurriendo.
-Esto es serio señores-comenzó Shion nuevamente-...no se imaginan cuán serio es, por eso se toman la libertad de cometer actos tan atroces como estos- dio un suspiró, una pausa que indicaba la fatiga de la repetición infructuosa. Pero tenía que conseguirlo, era ahora o nunca...sabía lo lejos que habían llegado y actos como el robo no podían quedar incrustados en la vida del Santuario-no pretendo castigar a nadie...y menos si no tengo la certeza de quién ha cometido el robo, sólo voy a decirles una cosa caballeros...las armaduras que llevan puestas son el instrumento de la justicia, al igual que sus templos y sus títulos zodiacales...de ninguna manera es aceptable que sean utilizadas con otro propósito y menos para satisfacer sus necesidades egoístas. No me interesa que esto les parezca una perogrullada...esto es lo que ustedes habían jurado, con otras palabras quizás, el día en que asumieron las responsabilidades de un santo dorado...están cansados?están aburridos?quieren salir a divertirse y vivir como un ciudadano común?...háganlo, pero fuera de este recinto porque aquí este comportamiento no será tolerado.
Antes de marcharse sin haber probado bocado, el Patriarca dio un vistazo a su audiencia. Dohko a su lado, ya estaba presto a retirarse cuando éste lo decidiera. Su silencio era el de la completa aceptación de su cargo y superioridad, la confianza ciega en sus decisiones y su sabiduría.
-Me retiro ahora caballeros, que tengan buenos días.
Los pasos encadenados de los hombres más veteranos del recinto sagrado se fundieron en la lejanía hasta desaparecer por completo y en ese momento algunos santos soltaron la correa con que habían mantenido atada a su lengua.
-Ya...qué ha sido todo este escándalo?-inquirió Milo.
-Al parecer alguien ha robado algo...a Máscara Mortal, aunque no sabemos qué ha robado tampoco-comentó Aioria absteniéndose de hacer alguna apreciación sobre lo que había sucedido.
-Robo?!...ya veo porqué estaba tan preocupado el Patriarca-dijo Shura adoptando una expresión de severidad reflexiva-de verdad caballeros...a mí ya no me sorprende nada de lo que ustedes hagan-deslizó por el rabillo del ojos su pupila hasta la figura de Milo.
-Pues a mí tampoco-dijo Milo.
-Ustedes tienen algo que ver con eso?-Aioria estaba confundido.
-Yo?nunca-respondió Shura sumando la cabeza a su vehemente negación.
-Yo menos-por supuesto que Milo no iba a rezagarse.
-Pues el que sepa algo que hable de una vez!, no quiero tener problemas porque a alguno de ustedes se le haya venido en gana andar robando por ahí...-espetó Aioria completamente desorientado.
-Máscara Mortal-interrumpió Shaka tosiendo con fuerza-qué te han robado?
Tras escuchar su nombre y la pregunta el santo de cáncer levantó los hombros con una indolencia socarrona pero salió al cruce después de haber permanecido eclipsado momentáneamente por una voz sobre la que no podía ejercer poder alguno.
-Ya me lo has preguntado dos veces.
-Es que no me has respondido.
-Por qué quieres saber eso?me han robado, eso es todo...tu no te preocupes que sé que no fuiste-le guiñó un ojo y sonrió-aunque por alguna razón creo que no es por eso que estás preocupado...jeh.
-Si supiéramos qué te quitaron quizás podríamos suponer quién podría haberlo hecho-insistió el hindú.
-Creo que tú podrías suponerlo
-Qué quieres decir?
-Porque seguramente sabes a qué sabe eso-le dijo y parecía que le divertía más sembrar intrigas más que resolver la trama que supuestamente lo había perjudicado.
De inmediato Shaka desechó la respuesta, la bloqueó de su mente, creyó que pensar con detenimiento sobre ella era demasiado doloroso. Varios segundos le llevó ese proceso y entre medio de los dorados su expresión se veía ambigua y aturdida.
-Habla de una vez Máscara Mortal, a menos que no te importe que no vayamos a ayudarte-dijo Camus hastiado de las absurdas gracias del italiano.
-Tu vas a ayudarme Camus?ja!...no me hagas reír...-lanzó una carcajada a penas contenida-tú prácticamente te acuestas con uno de los sospechosos...quien sabe si hasta no podías estar involucrado.
-Camus jamás haría eso!-protestó Milo con ímpetu.
-Está bien Milo...-lo apaciguó Camus instándolo a que volviera a sentarse pues el escorpiano ya mostraba intenciones belicosas-sólo sé que...por alguna razón no quieres decirnos qué es lo que te robaron y no voy a suplicarte para que lo hagas. Si no quieres hacerlo, no tendrás cooperación alguna de mi parte.
-Haz lo que gustes-respondió Máscara Mortal.
-Pero qué estás diciendo Camus?...debemos encontrar al ladrón...aquí hay un hombre que está profanando nuestro honor y no permitiré que haga eso por algo tan bajo-sentenció con aspereza desde su lugar Shura.
-No me importa lo que digas Shura...qué has hecho tu para conservar ese honor del que tanto hablas?o no recuerdas lo que pasó ayer?-afiló su vista Camus frente al español, su expresión convertida en un monolito intraspasable.
-Es cierto…-murmuró Milo y Shura pasó de mirarlo con desdén al francés para dedicarle un amargo vistazo a él.
-Cálmense caballeros-dijo Aldebarán.
-Mu, tu no has dicho nada hasta ahora-sorprendió Afrodita que se mantenía en pie después de las acusaciones y sacudidas sufridas-qué es lo que piensas de todo esto?
Las voces apaciguaron su entusiasmo ante la súbita noción de la ausencia espiritual del tibetano. Ahora le tocaba a él demostrar su valía, izar su voz firme y suave enarbolando la bandera de su inocencia, de su decencia y honradez. Pero la inacción se le figuraba más apetecible, callar y despedirse ante el pasmo y la sospecha a sus espaldas, los rumores y cotilleos molestos de un grupo que había olvidado la identidad de cada uno. Sin embargo, todavía persistía en él la costumbre de la cortesía como una conciencia que todo tildaba de maligno de no ser efectuado bajo tales maneras. No es que creyera realmente que alguien lo fuera por no amasar su comportamiento de esa forma…pero aún así, en lo profundo de su mente la inseguridad de no seguir ese camino lo asustaba y se encontraba de repente preguntándose, por qué lo hago? Cómo sería sino fuera así?
-Sería demasiado largo de explicar y a decir verdad, no veo que sirva de algo que lo diga…-sentenció con una voz espesa que se asemejaba a la enredadera de sus pensamientos.
-Ah no?piensas que no lo entenderemos?es por eso?...-prosiguió el pisciano con una soltura que había logrado dejar atrás la rudeza de las acciones de Máscara Mortal-acaso Shura y tu acuden a las mismas reuniones de seminarios de ética y moralidad? o se trata de esas exóticas respuestas de filosofía zen?
-Nada de lo que pienses o digas sobre mí me hará de cambiar de parecer-alzó la vista hacia el resto del grupo- si me conocen bien camaradas sabrán cuál apreciación es correcta y cuál no lo es-concluyó Mu y se levantó de su silla acompañado luego por Shaka. Antes de que cruzaran las salida de manos estrechadas, los golpeó la acusación de Afrodita: Admite que fuiste tu Mu!!
