BueeXD perdón la tardanza!acá está lo que sigue;), les agradezco mucho sus post, nos vemos bsitos!

Capítulo IV

Si te mueres…

Borraré ese momento,

Ese incómodo segundo en que todo se desvanece…

Presagio:

Un gavilán hurgando cuerpos

El destino del minotauro

Los polos opuestos que se anulan

-Hermano…deberíamos volver, podrían sospechar…mmm, para, deténte…-era tan terco, y tenía razón esa vez y todas las anteriores…su terquedad en ese caso estaba más que justificada. Eso se sentía realmente bien, sin embargo…había algo que no encajaba del todo - Escúchame, te estoy hablando en serio…-niveló su vista a la de él, sentía que de estar así los ojos juguetones que lo enfrentaban se contagiarían de la seriedad de los suyos. Pero bien sabía que ni él iba a ser capaz de resistir por mucho-tenemos que volver…he disfrutado mucho este tiempo pero ya está bien…el Patriarca va a molestarse y tenemos cosas que hacer-el hombre lo soltó con brusquedad tras hacerle un gesto de burla, podría haber incluido en ese ademán un frase del tipo "cierra la boca, estás hablando demasiado"…pero no dijo nada y se fue.


Era una suerte de peste? Una epidemia invisible que actuaba sobre el ánimo de la gente?

Cuando despertó su cuerpo estaba cubierto por un sudor frío. Mu dormía tranquilamente a su lado, no todo estaba tan mal entonces. Se rascó la cabeza, respirando a conciencia, el dorso de su mano adquirió en seguida el brillo de la humedad tras pasarlo por su frente. Examinó sus signos vitales: nada parecía fuera de orden…qué era entonces?de dónde provenía esa ansiedad?

Había tenido un sueño, pero eso no era nada raro. Nada trascendental para un hombre acostumbrado a platicar con dioses. Pero ese sueño había afectado su cuerpo, estaba presente en su corazón golpeando con la desesperación del miedo. Qué era?Por qué lo había trastornado de esa manera?

"Un gavilán…el minotauro...", susurró intentando acomodar las imágenes. Qué era? qué significaba eso?

Volvió sus ojos a Mu como si contemplarlo a él fuera un ritual que atraía la lluvia de la inspiración. Pero sus latidos le llegaban igualmente desacompasados, repitiendo la exaltación de los suyos. Si se concentraba lo suficiente, estaba capacitado para llenar un vacío mental artificial con ese sonido…claro que tal propósito suponía que el sonido extraído y colocado tuviera el efecto de un calmante. La nota de Mu sólo podía en ese momento aumentar su impaciencia más que apaciguarla, pues él había enfermado de perturbación hacía un tiempo y ahora Shaka temía que involuntariamente y sin saber las causas, estuviera padeciendo lo mismo.

Esa noche, el tibetano no sacó un pie fuera de sus sábanas. Era como si su cuerpo estuviera rodeado por un enrejado invisible, imperceptible pero efectivo y quizás más violento que cualquier cercado de metal, aún más espinoso y letal. En el centro sus latidos se multiplicaban hasta el infinito, yendo y viniendo, dándose contra el muro que reprimía sus deseos de vomitar su dolor a través del humo y el tabaco.

Qué habría sentido cuando Afrodita lo acusó con dureza? El hindú contaba nada más con el súbito apretón de sus dedos mientras salían del comedor, tomados de la mano. Después de eso nadie dijo, nadie oyó, nadie atinó a hacer comentario alguno. Y el día se le había pasado con pereza y como nunca desde que estaba con Mu había contemplado el cielo preguntándose una y otra vez cuánto faltaría para el cierre del día.

Una mano se alzó hasta el hombro del tibetano, era suya pero no la reconoció hasta que emergió su contorno de la oscuridad. La ventana se enfrentaba con el cuerpo de Mu esparciendo por él una luminosidad gélida y Shaka pudo notar que sobre su hombro sobresalía un puñado de hebras. Esa noche se habían besado unas pocas veces pero no había hecho el amor, dándose después las buenas noches con vaguedad. Qué era?!Qué estaba pasando con ellos?



La máscara ya estaba muy lejos, al igual que todo ese maquillaje hilado de poder. A veces se era más Patriarca por la vestimenta que por los valores, por las cualidades espirituales o el carisma. Mientras él era dueño del atuendo fastuoso y único, él estaba a cargo y la vida era estar a su servicio. Pero se lo había quitado entre Dohko y él no había diferencias de edad siquiera...

O acaso no las hay...y sólo sean consecuencia de un trozo de tela y mis propias convicciones...

Porque así era la relación entre las palabras, los símbolos, el sentido y las cosas: algo sólido en la fe y en la mente y frágil en la realidad física.

-No me mires así-dijo Shion desde su cama, estaba sentado y Dohko afirmando su espalda contra la pared-qué quieres que te diga?...tu mismo lo has visto, sigues pensando lo mismo todavía?

-No hablaremos de eso sino quieres Shion-

-No, no...es que eso es lo que debemos hacer Dohko...tenemos que hacer algo!...pero qué?qué?...qué podemos hacer?

-Athena te ha dado la orden no es cierto?Es por eso que estás así.

Su lengua flaqueó y escondió su cobardía en una súbita incapacidad motriz. Shion bajó la cabeza, con Dohko no funcionaba la autoridad ni aún con sus atavíos sagrados.

-Sí...queda poco tiempo Dohko.


-Oye, qué ha pasado con Saga? sabes algo de él?

-Por qué lo preguntas? Lo extrañas en tu cama?

Afrodita le hizo una mueca con la cara, odiaba tener que darle explicaciones de sus consultas y que lo tildara de vulgar sexópata.

-Vamos, respóndeme y no te acabes todo el tabaco-se acercó deslizándose con el pecho entre las sábanas. El italiano estaba sentado en el suelo, fumando. Ambos estaban desnudos pero eso ya no los excitaba después de haberse saciado.

-Eres un sucio ladrón.

-No he sido yo.

-Me importa muy poco lo que digas

-Eres un amante ingrato y grosero-le quitó el cigarrillo de las manos y se lo llevó a la boca de inmediato-mmm...esto sabe...exquisito.

-Quién es el grosero ahora?

-Ya te lo había pedido. Ahora dime qué sabes de Saga.

-Él no está metido en esto idiota, ese es Kanon.

-Kanon? debí imaginármelo-estaba decepcionado, podía haberse ganado al geminiano de la armadura de haberlo sabido involucrado. Dio otra pitada y le regresó el cigarrillo- Pero...hace varios días que deberían haber regresado esos dos, pensé que los habías enviado a que te buscaran más mercadería.

-No,...es decir a Kanon...pero le dije que fuera discreto y que si perdía mucho tiempo que declinara. En verdad no sé qué estarán haciendo esos dos, tenía entendido que Saga lo sermoneaba duramente cada vez que se saltaba las reglas.

Afrodita río cubriéndose la boca con una mano.

-Pues yo tenía entendido que esos dos...son dos hermanos muy unidos. Después de todo es el destino de su constelación-río nuevamente recostando la cabeza sobre el colchón-creo que el Patriarca va a molestarse con ellos.


Se aclaró la garganta, un escozor retozaba causándole dolor con sus pies de agujas. La falta de sueño lo mantenía en un estado de cansancio sostenido pero nunca agotaba el óptimo de energía necesario para mantenerlo despierto. Pero con esa cantidad de energía sólo podía limitarse a quedarse despierto tendido en su cama, a lo sumo mirando al techo, recitando para sí algunos tantras o echando un vistazo a su amante que dormía sino plácidamente, al menos dormía.

Mu no se había movido en toda la noche, le sorprendía que aún después de que hubieran pasado varias horas continuara dándole la espalda. Se sentía de repente incitado a tocarla y obligado a abstenerse de ello. La tentadora curva que nacía desde su cuello y declinaba hasta perderse en las sábanas hacia su cóxis, tiraba de su mano, como si poseyera los hilos de esta y su mente la otra punta del mismo hilo que ambos jalaban al unísono. Finalmente se sentó sobre la cama, inclinándose hasta tantear su hombro suavemente.

-Mu, despierta Mu-le dijo en secreto al oído. El tibetano apartó su oreja y Shaka volvió a probar-Mu…despierta, por favor.

Mu se fregó los ojos con desgano y le contestó como pudo, sin molestarse en esconder el mal humor que le causaba que lo despertara a esas horas.

-Qué quieres?

-Nada-rió suspirando-disculpa Mu…no podía dormirme…

-Está bien-respondió secamente. Su posición estática escondía lo que sucedía en su interior, y eso era exactamente lo contrario: la fluidez vívida de los sentimientos.

-Estás enojado?- Shaka era conciente de que su espalda no podía ser sino una barrera transitoria, frágil…seguía siendo el mismo cuerpo que había tenido en sus manos, al menos sensiblemente…

-No-respondió Mu y el rubio no pudo más que creerle porque se trataba de Mu…sin embargo no le preocupaba tanto lo que le dijera sino lo que no le estaba diciendo. Esperaba que no se repitiera indefinidamente, pero durante ese día los silencios habían sido más protagonistas de sus vidas que ellos mismos, o ellos estaban viviendo una realidad diferente y aislada y en el medio los baches se cubrían desprolijamente de silencios.

En sus cavilaciones imprecisas lo sorprendió un estruendo y un ligero sismo del suelo que deshizo la posición de Mu en un cuarto del tiempo en que él lo hubiera hecho. El tibetano lo miraba con ojos desorbitados y él le devolvía la misma expresión. Mu corrió a la ventana y se asomó: "Es…es la casa de escorpio".


-Poco tiempo, eh? Pero no puedes dejar que eso ocurra…no puedes hacerles esto Shion. No puedes abandonarlos.

-Me ves por ahí correteando para salvarme el pellejo? Aquí también corren peligro tu vida y la mía Dohko…estos hombres son como mis hijos…-y en esa sentencia su puño cayó como un mazo sobre la cama-tu sabes que no haría nada que pudiera ponerlos en peligro.

-Lo sé…-se acercó a la cama, arrodillándose frente a Shion-por eso estás así.

Ahora se hallaban a un pelo de distancia, suspendidos entre las masas de aire que salían de sus bocas para llenar ese delgado espacio. Shion abrió la boca, acaso para decir algo por lo que parecía inminente y obvio…entonces, un voluminoso sonido los separó pero no mucho al principio hasta que nuevamente se escuchó otro de iguales proporciones.

-Qué fue eso?


-Y tu cómo sabes eso? quién es tu "informante"?o es que…has estado hurgando en la privacidad de alguien…?-soltó una risilla demostrando una habilidad casi innata para fumar ante cualquier imprevisto de su boca-eres un entrometido.

-Pero qué va!!-Afrodita le tiró una almohada a la cabeza atinándole con bastante puntería.

-Demonios Dita!! Me has tirado el cigarrillo! Primero me los robas y ahora me los desperdicias?!

-Yo no-…!

-Espera,…has sentido eso?-la mano del italiano había caído como tapón en la boca de Afrodita. En el suelo, se retorcía la colilla apagada por el pie descalzo del santo de cáncer.

-Sí…qué puede haber sido?

Se habían puesto de pie a penas habían percibido el temblor en la tierra y el estrepitoso sonido. Mecánicamente se miraron, comprobando que el otro estuviera pensando lo mismo. No podía decirse que estuvieran verdaderamente preocupados pero de todas maneras se vistieron y salieron corriendo hacia fuera para ver de cerca lo que estaba ocurriendo.