Capítulo V

Si te mueres

Retiraré las diferencias

El suministro de motivos

Vivir, morir…dará igual…

-Ya está hecho...es algo que nació con nosotros y nosotros…nosotros pensamos, yo pensé tan ingenuamente que podíamos sortearlo! qué estúpido!

-No digas eso!

-Baja eso Milo.

-No.

-Te he dicho que lo bajes.

-No.

-Anda no seas tan testarudo!bájalo de una vez demonios!

-No!!! déjame beber en paz maldita sea!qué es lo que tienes Camus??por qué estás todo el tiempo atosigándome como si fueras mi condenado y muerto padre!??

-De qué hablas Milo?! Eres tu el que se comporta como recién ingresado!Trae para acá esa botella!Dámela Milo, vas a romper algo!

-Me importa un cuerno! Estamos en mi templo!!! Puedo romper lo que se me de la gana!


El techo estaba dañado, se lo podía ver derramando pedazos de mármol desde sector ligado a la entrada del templo. Había allí media docena de caballeros dorados- Shaka, Mu, Aldebarán, Aioria, Death Mask, Afrodita- a medio vestir o con atuendos que sólo bajo las sábanas consideraban inofensivos a una reputación que no sin esfuerzo había sido obtenida. Pero a los ojos de esa noche accidentada, nadie se hubiera detenido a señalar las ropas de cama, o el pelo descuidado y las ojeras que colgaban bajo los ojos como dos grandes ruinas del sueño frustrado. La oscuridad ocultaba bien y el templo herido era un espectáculo más atractivo.

-Aldebarán, Aioria, qué ha pasado?

Se abrió camino la voz del santo de virgo por entre los hipnotizados guerreros. A un costado estaban Afrodita y Death Mask parados frente a la construcción imponente que desprendía de cuando en cuando algún sonido de desprendimiento y ruptura y sembraba reminiscencias de batallas y guerras, situaciones que la paz alejaba pero no así el tacto para reconocer en esos ruidos una promesa de destrucción. Se los notaba relajados, un tanto en exceso pensó Shaka, sospechosamente embelesados con lo que sus sentidos captaban. Detrás suyo Mu se adosaba al matiz turbio que propiciaba la noche y su quietud e inflexible expresión suavizaba superficialmente su preocupación.

-Shaka…supuse que ustedes también lo habrían oído, acabamos de llegar y no hemos entrado aún pero mira allí-le señaló con el dedo la zona afectada que tomaba una porción de la fachada y probablemente se alejara unos metros hacia la salida-…algo que pueda causar un temblor y una quebradura como esa…

Aioria y Shaka se miraron sin necesidad de que se dijera algo que los hechos por sí solos daban a entender. Los espíritus malignos y sus perversas intenciones habían acompañado la creación misma del Santuario y todo lo que éste representaba. Era la moneda corriente que tenía dos caras, inseparables, atada la existencia de una a la de la otra. Aquel templo profanado sólo podía ser entendido como otra siniestra obra proveniente del mal encarnado en algún Ser de turno.

-Lo mejor será que vayamos a investigar, puede que Milo necesite de nuestra ayuda-acotó Aldebarán.

-Es cierto, entremos.

Unos gritos procedentes del interior de la casa de escorpio invadieron súbitamente el clima apacible que sus voces tenues honraban a la noche, lapso del descanso que practicaba gran parte de la naturaleza. Como una embestida iban abalanzándose hacia ellos, hasta que desde la penumbra amorfa varias figuras irrumpieron y los santos prevenidos y desprovistos de sus usuales ropajes de combate, estaban listos para responder cualquier ataque.

-Supuse que estaban aquí caballeros…hagan a un lado sus sanas preocupaciones que el Patriarca mostrará la triste verdad a todos ustedes.

Se oyeron un par de empujones y pisadas y poco a poco la escasa luz nocturna, luz residual, fue develando las caras familiares de un gran número de caballeros dorados. Eran los seis restantes a excepción de los hermanos de géminis y el fallecido Aioria. El Sacerdote también estaba entre ellos, destacado notablemente por su estatura y su el espacio privilegiado en el centro del grupo por el que los demás santos se abrían como cortina ante su presencia. En un rápido movimiento éste tiró una botella a los pies de la escalera que se rompió volcando un contenido transparente y brilloso.

-A lo que hemos llegado caballeros dorados!! Esto es una ofensa al honor y el nombre de la diosa Athena!

El silencio era mancillado nuevamente, los murmullos se hacían más fuertes porque estallaban al mismo tiempo. A la luz surgió entonces tras un impulso de Shion un Milo de movimientos torpes y mirada caótica. Desprendía un aroma inconfundible provocando en los presentes una súbita reacción de incredulidad que pronto se iba transformando en una indescriptible sensación de alivio y de amarga estafa. Milo bajo algunas escaleras arrastrado por la inercia y el incontrolable estado de su mente, sin trastabillar, hasta que por fin pudo quedarse quieto. Seis miradas se habían posado sobre él, descoordinadas.

-Y aún no ha confesado el ladrón!! Aún tenemos a alguien manchado entre nosotros, alguien cuya cobardía no puede soportar el peso de su armadura!

El silencio recobró estabilidad, el tabú era un poderoso compresor de palabras. Alguien soltó una pequeña risilla en el fondo y la intolerancia del Patriarca no se hizo esperar.

-Vas a decirme qué es lo que te causa tanta gracia caballero de piscis? En esta noche, frente a mis ojos eres menos que un portador del ropaje sagrado.

-Señor, Mu…Mu es el culpable-declaró impasible atizando las voces recientemente apagadas de los santos. El Patriarca se acercó, deteniéndose junto a Milo que permanecía en un equilibrio tembloroso. Abrigaba aún una reticencia a mostrarse convencido por la inusitada seriedad de Afrodita, por lo que sólo le concedió el habla pero en su expresión se veía que no podía creer en lo que éste le estaba diciendo.

Echó un vistazo a Mu, rápido y fugaz como un parpadeo espontáneo, no así menos afectivo.

-Afrodita, la acusación que estás haciendo es muy seria…eres conciente de ello?-con desdeñosa solemnidad Shion probó con sus ojos agudos y electrizantes, poderosos y justos, la resistencia del maquillaje expresivo de la denuncia de Afrodita. Ese rostro bello y exuberante, tenía facultades extraordinarias…podía cambiar rápidamente, camuflarse, adaptarse con la astucia con que una rosa pasa de ser un adorno romántico a una planta letal y espinosa.


El silencio dio un bostezo interminable, se despertó y camino por el lugar. Ninguno atinó a molestarlo a excepción del Patriarca que lo fastidiaba con sus zancadas de regreso a su aposento. Largo rato estuvieron, encubriendo la rabia bajo una mirada furtiva. Luego el círculo se partió y todos volvieron a sus templos, espacialmente juntos los que iban en la misma dirección pero espiritualmente separados.

Se acercó por detrás, el otro se había fosilizado. Antes, varios habían chocado con sus hombros intentando cruzar por la escalera, él lo mirada desde arriba, devastado por dentro por haber sido incapaz de detener su ridículo frente al Patriarca.

Se acercó por detrás entonces, se sentía culpable, tenía que reparar el daño aunque el otro fuera el verdadero responsable de su vergüenza.

-Milo…estás bien?

-Suéltame!!


You said that all the good is gone

That i had forgotten who I am

Have you ever wished death?

De pronto el Santuario se había convertido en un lugar de sorpresas ilimitadas. Cada templo era un mundo que ocultaba con una presuntuosa arquitectura las calamidades de un mortal. Esos eran sus hermanos, sus camaradas…reducidos a lo que siempre habían sido: humanos, seres susceptibles de fallar en cualquier momento. No lo había notado, o quizás, probablemente sí…sólo que la verdad jamás se había desnudado de manera tan impúdica hasta esos días. Creía haberlos conocido al menos lo que el tiempo y la intimidad de santos le habían acercado a su persona. No eran sino ideales suyos reflexionaba ahora, castillos de arena a la vera de una gigante ola…

El silencio, el inquilino que no había sido invitado y que ocupaba demasiado espacio, los perseguía como sombras. Mu estaba frente suyo, del otro lado de la cama, sentado, tieso a punto de decir algo que jamás diría. Y Shaka llenando de rasgaduras unos labios que a duras penas si podían contener sus deseos de gritar. ¿Qué estaba pasando? No alcanzaba a comprender de qué iba todo aquello…

-Mu…

-Estoy cansado, durmamos por favor.