Buuu,,, tanto tiempo sin continuar, no tngo excusa. En realidad tnía escrito el capítulo hace un tiempo pero no había tenido el tiempo suficiente d subirlo(y además me había olvidadou...). Perdón!!! espero al menos que les gust cómo sigue la historia. Bsos! se cuidan;)!
Capítulo IX
-Qué pasó?qué has hecho?
Regresó por sus propios medios antes de que se viera desprovisto de esa posibilidad. Quién lo iría a buscar entonces? El nombre más accesible era impensable y más allá de él las opciones menguaban como los brazos que suponía estarían dispuestos a ayudarlo de ahora entonces. No estaba seguro de estar en condiciones de aceptar ayuda tampoco, conociéndose la negaría por reconocerse poco merecedor de tales facilidades. Volvió entonces justo antes de que lo reciente se representara en su mente, adquiriera el sentido de la realidad y lo palpable de lo certero, de lo experimentado que no es sueño. En su cuerpo eso se manifestó como un aire frígido y disperso que se solidificó de pronto en sus pies a la mitad de la galería, petrificándolos...o acaso fuese una sustancia lodosa ahora disecada. Espesa y carmín retenía pegajosas las plantas de sus pies...como un barro pero eso únicamente en sus mejores deseos de que eso no fuera lo que era. Las elevó torciéndolos a su campo de visión para despejar cualquier duda. No había nada, ni una mísera presencia en la piel de sus pisadas que atestiguara por su crimen y lo adhiriese al suelo. Pero aún así él continuaba fijado porque no podía escapar.
Averiados sus movimientos de retroceso y avance físicos, la inercia de la inmovilidad era una solución resistente a la oscuridad, la noche...el clima y cualquier promesa de mejora para un cuerpo que sin descanso se mantenía firme y de pie. No bastaba con imaginarse a Mu y la blanda cama para estimular a sus obstinadas piernas...no había nada, ni en la más estupefaciente alucinación que pudiera revocar ese estado catatónico.
Menos aún cuando el pensamiento se había vuelto funcional a su desespero y operaba las ideas de su mente de manera que el espacio se organizara en torno a un único tema: la muerte. O mejor dicho, la muerte que él había provocado. En un monopolio que morbosamente engendraba ideas de culpa irredimible, había hallado la falla de su comprensión. La incomprensible actitud de Mu era ahora nítida, susceptible de ser analizada en todos y cada uno de sus ángulos sin que estos sugiriesen motivos disparatados, síntomas de una precoz locura. Pero su alivio no era tanto eso como una noción horrorizada, herida en su más profundo orgullo...la de alguien que creía poder tener todas las respuestas y había sido engañado por su ciega torpeza. Quizás respuesta divina había sido la suya, respuesta aprehendida de la peor manera por haber desaprovechado las anteriores. A cuántos habría matado y en esa experiencia con la muerte que era igual a la que había tenido Mu no había sabido ver lo mismo...
-Qué pasó?qué has hecho?
Al espacio delante suyo, desfigurado por unos ojos perturbados que se humedecían, se le agregó un bulto. Él podía notar que balbuceaba porque sabía qué era ese bulto...es decir, quién era, quién podía ser más allá de cualquier incertidumbre. Había ciertos atributos inconfundibles en él...los más característicos quizás fuesen su humor hermético y el aroma tan desagradable como adictivo del tabaco. El sujeto lo inquiría en un intento poco exitoso de saltar su propia barrera autista. Le hablaba con un tono que no delataba su exiguo interés ni lo ponía en una postura del todo comprometida. Era un neutral practicado, un residuo de épocas en que eso acompañaba a una genuina preocupación hacia...algo. Shaka podía darse cuenta aunque su lucidez ofuscada, disparada a direcciones infinitas le hiciera tomar cualquier noción al mismo tiempo y perderlas una y otra vez a todas. Entre esas nociones se hallaba, en una paradójica y fatal deriva, la clave para destrabar la tristeza de Mu. Pero él ya no estaba capacitado para ello, la comprensión de lo inteligible le había costado la salud. Enfermo de la misma enfermedad podía ver lo que de otra manera no podría sin que eso le permitiera curarse por sus propios medios.
Las palabras eran un lenguaje ajeno a sus emociones, impracticables para un relato irreproducible. Frases articuladas en su cabeza de manera rudimentaria eran masacradas en sus labios o asesinadas por la mirada fija de Mu que no se molestaba más que en amoldarse al momento, esperando a que Shaka se decidiese a responderle.
-Shaka, ya está bien de todo este silencio...qué te ha pasado?
Se movió rápidamente, se aproximaba ensimismado, cavilando por no poder aceptar que estaba haciendo aquello. El otro había visto todo en sus ojos, había leído como en un libro abierto sus dudas. Su arma era su ventaja y su ventaja era su inescrupulosa confianza. Por eso él podía adivinar el futuro, él sabía lo que estaba haciendo.
Shaka, ingenuo...Shaka perdido, fuera de su ámbito de normalidad interpretaba estímulos de manera fortuita. Se veía así mismo errando sin que eso lo escandalizara lo suficiente como para echarse para atrás.
Su puño impactó en un pecho tibio y la sangre se desprendió como si una masa henchida acabase de estallar. Exorbitante derrame, exagerado...inmediatamente pensó que no tenía relación alguna con la potencia de su golpe o con el hombre al que había golpeado.
Estaba durmiendo, cómo decírselo...ayer había visto afuera lo que siempre había visto dentro de sus ojos. Los temores de Shion no podían ser novedad para alguien que había estado con él desde hacía tanto tiempo, pero verlos desatados, desprovistos de toda veda era síntoma de otra cosa. Dhoko asumía ahora el papel del mensajero que trae malas noticias y su pesar por la noticia en sí misma no se podía emparentar con lo que avistaba iba a causarle al Patriarca. No podía siquiera germinar esperanzas entorno a un promisorio acercamiento romántico pues no había ocasión en que no se interpusiera alguna otra cuestión más importante. Podría reprocharle eso a él?...por hacer su trabajo y no intentar...?
Ojalá pudiera conservar ese momento pero registrarlo en su memoria era lo más próximo a esa utopía. El sabía muy bien cómo funcionaba eso...lo no muy efectivo que era y no podía hacer nada para remediarlo. Tampoco podía ocultar lo que sabía, lo que tenía para decirle. No quería dejar que enterase por otras fuentes, de otra manera. La suya iba a ser la más piadosa, la única que podía tener en cuenta lo que había detrás de su estirpe.
-Shion, despierta...me escuchas?
Lubricó sus labios para que hablar no doliese tanto. La mañana a penas se atrevía a cruzar las cortinas de la ventana; estaban sólo él y su voz en la tarea de despertar al lemuriano. El primer intento fallido lo obligó a la repetición atada a las reacciones de Shion y éste no tardó entonces en moverse después de que viese frustrados sus no muy vigorosos esfuerzos por quitarse a Dohko de encima.
-Dohko...qué pasa?-se apiadó y se mostró finalmente predispuesto con los ojitos pequeños pero abiertos.
-Shion,...escucha, sé que no es la mejor hora esta...me disculpo por ello pero escucha esto...tus temores no eran infundados Shion y yo no lo supe ver.
-Mis temores?
-Lo que presentías...quiero decir que no, que no estabas equivocado.
Obligado a enderezarse por propósitos de campo visual, el Patriarca se levantó sobre los vértices de sus codos. Buscaba el lugar en donde los ojos de Dohko desmentían lo que le acaba de decir, pero ya no estaba allí...no había lugar seguro en el mundo.
-Dohko...estás hablando en serio?
Inesperado papel le había sido asignado en el medio de una noche de rutina. Aunque no lo afirmase enfáticamente en ese momento se descubrió pensando con insistencia que hubiera preferido fingir que no había escuchado los pasos de Shaka ingresando al pasillo del templo de Virgo. Pero en una noche ordinaria su mente estaba programada para categorizar con desdeñosa simpleza los estímulos que recibía y actuar en consecuencia...sin exigirse reflexiones metafísicas o comentarios que necesitasen la articulación de ideas de doctrina. Ni hablar de actuaciones de bravura, desempeños heroicos y otras muchas acciones que podrían catalogarse en "lo que se espera de un santo dorado". De las noches vulgares, removidas del esquema de su vida como caballero, no esperaba pretensiones retorcidas ni señalamientos éticos. La noche era el extremo opuesto de aquello y le hacía honor con su oscuridad.
Pero Shaka no era un deber...no era algo así como una norma o regla, no podía ajustar su negación a ese tipo de "exigencias".
-Vamos...háblame, ey!...qué es lo que te pasa?-le dijo pero el efecto de sus palabras era nulo: el hindú continuaba de pie frente a él como si quisiera decirle algo sin que eso bastase para que pudiera hacerlo.
En esos términos esa noche común era la noche más extraordinaria de los sucesos menos previsibles en su vida de pareja con Shaka. Nunca lo había visto así...o imaginado: penetrado por una parálisis absoluta, omnipresente que escalaba todo su cuerpo. Y si bien la meditación era una postura que al practicar habituaba su cuerpo a un nivel de ensimismamiento estático su rigidez en esos lapsos era la fortaleza del loto y nunca la inmovilidad de la muerte.
Cuando había perdido cualquier esperanza de que el rubio fuese a encender su tiempo interrumpido, Shaka levantó una mano que temblaba desde su muñeca. En la penumbra del pasillo del templo de Virgo escasamente podían distinguirse colores pero había un olor nítido y penetrante porque le era familiar. Provenía de esa mano que se hallaba en escandalosa desarmonía con el resto del cuerpo dueño, meciéndose sin control. El olor era una mancha oscura en la piel clara, era un olor que objetivamente era débil...y sin embargo, por un momento había obstruido a Mu cualquier otro aroma en su nariz.
La mano lo estaba poniendo nervioso, la contuvo entre las suyas y aplastó el olor y la mancha. Sintió el líquido negruzco tocar ligeramente su piel con su temperatura fría y su resbalosa textura. Tuvo que contener su aversión reprimida para no apartarse de aquello dando arcadas porque una repugnante imagen estaba reviviendo en su cabeza. La aversión provenía de una asociación indeseada pero ineludible, tenía que ver con él mismo, con su vida...con los crímenes que había cometido. Náuseas era lo mínimo que ese reconocido hedor le podía causar.
Hechizado por su estupefacción, sostuvo el cuerpo inerte entre sus manos una vez lo supo desprovisto de sustento vital para que pudiera sostenerse por sus medios. Los espacios no empapados de rojo en su vestidura fueron asimilados a los enrojecidos, su rostro rociado aún más cuando ese cuerpo colapsó contra su pecho. Fue en esa cercanía que percibió algo extraño pues la contextura del cuerpo había cobrado sensibilidad...Entonces recordó la tercera presencia allí, un joven delante de Máscara Mortal, no muy alto y cuya masa muscular era exactamente igual a la que estaba abrazando. Luego sobrevino la nitidez del rededor...alguien escapaba a lo lejos, en su rastro de huida había perdido en el suelo un paquete.
Pero el que se iba...no podía ser el joven...
