A dnd se dirige esta historia oh x Buda T.T????? Espero les guste chicas...esto se está descarriando completamenteXDDDD(y ojalá no se note dmasiado tampocoU...). Bsos!! muchas gracias por continuar leyendo!
Capítulo XI
La primera vez no fue como su primera vez con Shaka. Quizás el movimiento inverso, la energía se concentraba en un punto nuevamente pero no explotaba...era embebida por un humor cansino. Fue una noche, su orgullo acallado violentamente. Fue la primera, un paso más hacia el abismo no iba a cambiar radicalmente su rumbo. Pero tenía vergüenza, era un moderador de dolor que había comprado con culpa. Esa culpa era también una especie de lástima por sí mismo, una pena a la que se había acostumbrado por su indocilidad.
Consejos de su mentor? Ni soñarlo. A penas podía soportar que Máscara Mortal fuese su iniciador accidental, un oportunista de su desazón. Su "enseñanza" había sido por imitación y luego hábito, naturalidad, aceptación, indiferencia. Su costo era la moneda más cara: declararse equivocado, ser germen de la confiada y socarrona sonrisa de Máscara Mortal.
Su primera bocanada había sido desesperada, una succión reforzada por su necesidad. Culminó en una tos seca y áspera que lo había hecho jurar que volvería a repetir el momento. Qué beneficio obtenía?, cualquiera que fuese...o que estuviera cerca de despegarlo de sus problemas. Una lamida tosca había bastado para quitarle las ganas y las expectativas que había puesto en ese objeto infame.
No obstante,...el gusto amargo no duró más que un mal rato. Con mentor o sin él, Mu comenzó a propinarse una automedicada dosis diaria. Nocturna obviamente, ceñida a las posibilidades de su itinerario y de un prestigio que debía ser preservado.
Pronto la noche había adquirido para él el tinte del insomnio prohibido, de la farsa perpetua e irremediable. Consumía a conciencia de su inutilidad...a sabiendas de que no conseguiría con eso exterminar su dolor, no extirparlo...Tal vez lo único que hacía era adormecer su moralidad para no sentirlo. Y por la mañana y durante el día, como una desproporcionada resaca, el dolor era doble por su doble culpa.
A penas podía creer que estuviera de vuelta, aunque no del todo...sí en un templo como representación del escenario de los santos. No era el suyo, por recomendación de Mu-otra cosa que lo sorprendía, hacía cuánto no recibía él alguna intervención suya sobre su vida?- habían pasado de largo a la casa de Aries. Escalón por escalón, atravesando toda la estructura física del Santuario...cruzando lastimosamente el lugar en donde él había dado muerte con sus propias manos a un ignoto muchacho, cuya suerte no podía haber sido peor. Habían efectuado el descenso uno tras de otro, evitando interrumpirlo con palabras de las que no podían asegurar consecuencias. Hubieran sido pues un estorbo; ellos hubieran pues trastabillado tras chocar con ellas.
Había sido rescatado como los niños por sus madres de la tiranía de los padres déspotas...en realidad no pensaba que no mereciera aquel maltrato, pero no podía quitarse de la cabeza esa sensación de resguardo inmerecido e indeseado que Mu le otorgaba . En realidad dos habían sido los factores-y su combinación-auspiciantes de su impensable absolución: por un lado la abrupta retirada del Patriarca, inexplicable, firme...tan irrevocable como hacía unos segundos había sido su determinación por castigar su orgullo; por otro lado las impugnaciones de Mu, sus réplicas que no por mantenerse en el orden del respeto se oían menos quejumbrosas y también...algo apesadumbradas. Extraño era que todo funcionase así, tan irregularmente...hasta la salvación del orgullo, por su carácter de inesperada, le sabía mal...
Él mismo no era el mismo en un momento y otro, su comportamiento era arrastrado por la súbita volubilidad de su carácter y sus pensamientos perturbados. Lejos de ser pasajero...ese comportamiento estaba asentándose, esparciéndose en él como en todos los demás. Por Athena que ya no iba a quedar nadie que pudiera decirle si había en alguno de sus repentinos arranques algo rescatable!!!...El Sacerdote, aunque le desagradase pensarlo, había dejado de ser una fuente confiable de conductas. Por no reprenderlo como era debido lo había dejado ahora con esta angustia, un dolor tenaz., insidioso. Cómo canalizar esa devastadora culpa?...el dolor, el castigo era parte del ritual pero le había sido quitado...oh Mu, él que sentía de alguna manera lo mismo, ojalá pudiera darle alguna respuesta.
Lo vio encender un cigarrillo sabiendo que no por ser el primero que veía debía a ser el primero que él habría probado durante el día, durante el tiempo que no había estado a su lado. Nuevamente tenía la impresión de que la suya era una presencia espectral y anacrónica...completamente fuera de contexto o algo así como temporalmente desplazada. Tenía la seguridad de que estaba allí porque aún sentía el suelo bajo sus pies pero frente a sus ojos la imagen se alargaba hasta perderse en un horizonte poco nítido. Estaba parado, ligeramente entumecido; recordó que Mu había intentado conducirlo a otra parte pero él se había mostrado desinteresado en cualquier tipo de atención. Recordaba ese sentimiento de rechazo...esa imperiosa necesidad de apartarse, de quitarse el acoso benevolente de Mu de encima. Cómo podía ser...que todo cambiase;...no, eso no era lo extraño sino la forma en que se precipitaba ante sus ojos...
Volvió en sí para darse cuenta que la última imagen en su cabeza era pasado: en vez de eso, Mu estaba a un costado suyo derramando humo por aquí y allá, despertándolo del todo con ese olor tenebroso y envolvente. Las capas del gas grisáceo se disolvieron y notó que Mu se acercaba para decirle algo como "quieres...un poco?", para luego buscar en su bolsillo "ese poco". De alguna forma, con su lisiado mecanismo de comunicación, se las había arreglado para darle a entender que...sí quería.
En otro contexto, en circunstancias de una normalidad sostenida...verse en esa situación le hubiese causado la más repugnante aversión por sí mismo. Pero nada de eso podía detenerlo ahora, o activar algún resorte en su interior que lo detuviese. Toda negación estaba negada...o no cabía en una mente desbordada. Había sido afectada en su matriz, en su capacidad de resolución.
Tomó el cilindro nicótico, o mejor dicho...se lo quitó a Mu de la mano. Lo sostuvo en su palma, preguntándose qué mágico remedio podría estar contenido en tan pequeño recipiente. No era una desconfianza surgida de una idea de asociación directa entre felicidad y dimensiones extraordinarias...la felicidad misma es algo que no puede medirse en esa escala. Pero tan inconmensurable era su angustia...
Mu lo observaba, encastrado en la distancia que Shaka le había permitido. Su experiencia le indicaba con rendido pesar que no había retorno para ninguno de los dos. Él lo había intentado todo. Su perseverancia era legendaria entre las filas de la orden de los santos dorados y sin embargo...había sido abrumadoramente doblegada por un pesimismo absolutista. A veces era capaz de posesionarse de su cuerpo por entero, apartándolo por completo, mientras él se veía actuar fuera de todo. Cuando eso sucedía él era su sombra replegada en el suelo, un mero espectador de su vida que no contaba ni con el poder del público que abuchea el mal espectáculo.
Shaka tomó su mano, su palma hacia arriba. Le interesaba particularmente el cigarrillo a medio usar que colgaba entre los dedos de Mu como fuente de calor. Encendió el suyo con este y lo apartó de allí, elevándolo hasta dejarlo suspendido frente a su rostro.
-Espera.
-Qué?
-No tienes que hacerlo- intentó estúpidamente, sintiéndose culpable por haberle ofrecido aquello a Shaka.
-Cuál es la diferencia?
Mu suspiró con su sonrisa lastimosa de labios semiabiertos. No tenía nada que objetar, menos cuando después de haberse hecho esa misma pregunta no había podido hallar respuesta satisfactoria. Las armas de la palabra eran inofensivas para una mente reacia a entender su estado, para alguien que no buscaba explicar ni comprender...sólo recibir y tener la certeza de que siempre podía acudir a su vicio para que funcionara de la manera esperada en su cuerpo.
En un beso sincronizado al cilindro idolatrado, un beso hiriente y carbónico, los dos santos dieron su bocanada y expelieron su aliento gris. Shaka, profanada la virginidad de sus pulmones, comenzó a toser. Había creído que de imitar con atención los movimientos de Mu podía evitar las reacciones adversas de su cuerpo, pero después de todo era humano y un novato en la materia. El cigarrillo resbaló de sus dedos, aún encendido y aún útil. Rebotó y rodó hacia la intersección de la pared con el suelo, bajo la ventana. Había dejado un rastro de cenizas y su punta inflamable estaba encendida. El hindú respiró hondo, sosteniéndose con una mano en el marco de la ventana, un tanto avergonzado.
-Maldita porquería...
Mu entumeció sus acciones, miraba ahora a Shaka agacharse y recoger el escurridizo cigarrillo. Lo veía luchar por retenerlo pero el terco se rehusaba, se empecinaba en permanecer echado en el suelo, resbalándose de las manos del hindú. Aún cuando este consiguió afirmarlo entre sus dedos no pudo contenerlo del todo y las cenizas de su parte caduca se derramaron en el suelo como un polvo leve, ligero, casi aire. Inmutado se paró, y ya estaba de vuelta con el cigarrillo en la mano.
-Vaya, por poco te arruino la mercadería...a ti se te ve tan sensual con esto, yo estoy que hago el ridículo sin parar...-río y agachó la cabeza.
-No te enredes en esto Shaka...es una mentira-frotó su brazo concentrándose en ese punto. El papel de amante inquieto no le pesaba tanto ahora, había conjugado todos los gestos previstos con sus palabras de manera mecánica, inmediata, casi "espontánea".
-Pero hay reconocer que es oportunista.
-Por qué lo dices?
-Yo ya no sé en qué creer Mu-levantó la cabeza y vio que lo tenía para sí, increíblemente atento a lo que hacía o decía...entonces quizás la transacción no fuese tan lastimosa, él podía tener un hoyo en sus pulmones pero un corazón que no tenía pérdidas...
-Qué pasó?
-Ya está.
-El calabozo otra vez?
-No, se fue. Mu vino...y se lo llevó con él.
-"Se lo llevó con él"?...Tarea poco sencilla frente al Gran Patriarca...
-Lo dejé...ir.
-Eso lo explica mejor. Lo que no comprendo es porqué lo hiciste.
-Lo hice porque soy el Patriarca y tengo la potestad para hacerlo, está bien Dohko?-alargó su respiración fundiéndola con un ligero bufido.
-Entonces sólo puedo decir que tu autoridad sino es injusta al menos es voluble y completamente ambigua.
-Desde cuándo-
-Cállate Shion! Lo único que es regular en tu forma de gobernar actual es la falta de motivos...benevolencia inmotivada??? Algo así es tan extremo e injustificable como tu violencia carente de cualquier razón!-alargaba y doblaba los brazos, plegándolos en mil direcciones, haciendo el ejercicio del "reaccionador".
-No hace mucho apoyabas mis decisiones!-él también podía usar sus manos para subrayar lo que decía; sus manos solamente, pero enérgicas al igual que los brazos de Dohko.
-Porque creía que estaban asentadas en un horizonte...no en una persona.
-Estás celoso Dohko?-las manos se calmaron.
-No encauces la discusión por otros ámbitos...estas esquivando-los brazos también, aunque un poco menos.
-Pero eres humano, al igual que a mí tus sentimientos te traicionan.
-Por supuesto, pero la diferencia es que no permito y no permitiré jamás que eso cause daño a otras personas. Tu participación es demasiado decisiva como para que te consideres aisladamente...eres un servidor igual que todos nosotros Shion.
-Yo tengo muy bien en claro cuál es mi posición aquí...pero me parece que tu no Dohko. Espero que mi amistad contigo no sea una ventaja para ti por sobre los demás caballeros-lo que ardía ahora y se desplazaba vigorosamente como agua hirviendo, eran las palabras.
Lo había dicho para callarlo porque la discusión para los hombres es, como en las guerras, cuestión de vida o muerte, de ganar o perder, de hacer morder el polvo al rival y despojarlo de todas sus armas hasta la rendición o el silencio perenne. Eso no le había dado tiempo para pensar en lo que decía aunque encajara perfectamente a continuación de lo que el caballero de libra le había dicho. Callarlo a cualquier costo, hasta que se deshiciese todo signo de su determinación por continuar hablando, hasta que se estrellase contra el muro de sus palabras y con su boca aplastada no pudiese ya proferir palabra alguna. Luego la rabia se disipó de su perspectiva...y ese Dohko vencido de su imaginación obsesionada con la victoria que pudiera aliviar su furia, era ahora un amigo abatido y denigrado por sus intereses egoístas.
-No puedo creer que hayas dicho eso-voz igual de dolida e igual de hiriente, mirada igual de incrédula y exasperada; cuerpo rígido, terco en el honor del santo desairado y de la amistad subestimada-Haga lo que le plazca Su Ilustrísima...continúe haciéndolo.
Ese era un más que amigo. Pero el arrepentimiento por haber privilegiado la seguridad de su confianza y la pureza de su orgullo había llegado tarde a su percepción. Su cuerpo aterido se derrumbó sobre la poltrona, mientras veía escabullirse la última oportunidad de virar la fatalidad que los dioses les habían impuesto. Dohko, su único aliado, sólo podía ser un enemigo en su alterada imaginación.
Se consumó el entierro, nada extraordinario pero aún conservaba los elementos que no podían ser suprimidos. El muchacho era huérfano, aspirante a escudero quizás, era fácil suponer para el hindú que Máscara Mortal le había prometido considerar la oferta a cambio de algún servicio.
Los presentes superaban con esfuerzo los dedos de una mano. Estaban dispersos sobre el espacio en el que se desarrollaba la breve ceremonia. Un pequeño grupo de jóvenes se amontonaban junto a la tumba fresca, recién cubierta de tierra. En otro sector un par de mujeres del pueblo se lamentaban y todos traían puesto colores apagados, a tono con un paisaje descolorido y un cielo ennegrecido, enemistado con el sol. Fundidos en ese paraje poco alentador, favorecidos por la vegetación envejecida por el abandono y la desolación, Mu y Shaka observaban la procesión desarrollarse en silencio.
El Sacerdote había descendido un instante y tras cumplir con sus deberes patriarcales se había marchado. Los había visto de soslayo pero había continuado su camino con paso inalterable. Ellos habían bajado la mirada, sin meditarlo, como una reacción de su costumbre a mostrar respeto. Y luego, sin poder evitarlo uno de ellos sacó un cigarro.
-Podemos compartirlo?-
-hum?
-El maldito ni siquiera vino...necesito uno.
-Quieres decir...
-Sí, Máscara Mortal.
