HI!!! Bueno...tardé mucho?la vdd es que ya ni recuerdo la última vez que subí un capítulo pero tngo la impresión d que no fue hace tanto(como verán:P no tngo una schedule ni nada parecido-vamosu! ni que fuera profesional...para qué prometer fechas que no voy a cumplir??). Bueno...les agradezco por seguir leyendo este fic a pesar d las irregularidades mencionadas!! bsosssssss gracias por sus comentarios! Espero que les siga gustando!
Capítulo XII
Se sorprendió antes de darse cuenta todo lo que comenzaba a significar para él. Empezaba a tejer una suerte de sentidos alrededor del objeto...ruidos, sabores, recuerdos coleccionables de buenos momentos junto a Mu. Le costaba no asociar a su reciente adicción su nueva y sorprendente capacidad de adaptación al entorno grisáceo del Santuario. No era la armonía esperable...no dignificaba ninguna de las cosas que hacía. Había una satisfacción que se arrimaba en un fuerte sacudón, en donde un espeso cerco de vapores y humo lo sostenían y lo encerraban, protegiéndolo, conteniéndolo.
Mu se movía con él, o se arropaba junto a él, pero siempre estaba allí sin importar qué hiciera. Dormir, comer, permanecer, afrontar la vigencia de su título, sus tareas, verse reproducido una y mil veces cada mañana sin modificación alguna. Así y todo, lo asumía y no vacilaba. Y seguiría así, él lo sabía muy bien, aceptando la arquitectura que las cosas habían adoptado,...siempre que eso significara que su relación con Mu no mutaría tampoco.
"Al diablo", pensó en un segundo y después intentó escandalizarse un poco para no perder la costumbre. Pero el escándalo tenía aspecto de mentira fútil, era un escándalo con propósitos de un segundo, del que duraba su mini celebración de las normas del Santuario...y ya había estallado con su vida corta de mosquito.
Se aproximó a una de las pocas fuentes de luz que se permitían por las noches: la luna en la ventana que le ofrecía una visión incompleta de la figura de su amante, un aficionado rutinario a disfrutar desde ese lugar la noche. Para él también se estaba haciendo costumbre, incluso Mu ya no disimulaba el propósito de un recipiente de cerámica cilíndrico que hacía un tiempo colocase ahí a modo de cenicero. Entre los dos podían reunir una considerable cantidad de cenizas y cigarrillos extirpados...y la noche a penas había bostezado.
El tibetano volvió su cabeza, le sonrió y regresó a lo suyo porque el tabaco y la necesidad ya lo convocaban de nuevo. Shaka lo dejó dar un pitazo y luego se apoderó del cigarrillo para compartirlo. Echó el humo hacia fuera, inclinando hacia arriba su mentón.
-Ya te los acabaste o simplemente ya no enciendes los tuyos?
-Tengo...quieres que te restituya esa pitada?
-Deberías si te consideras un hombre de honor.
-Por supuesto que sí.
-Pero aún tienes el mío entre tus dedos.
-Es que veo que tienes la boca muy ocupada con esto.
Nada de permisos burocráticos. En un aire enturbiado de humo, el rubio alejó el cigarrillo y acercó su boca a los labios libres. Hubo un intervalo de ruidos cortos, besos de prueba, donde más que sabor y toque había aliento y aroma. Eran sus rostros arrimados, sin manos, ciegamente...casi volando. Shaka aplastó el cigarrillo y con ambas mano apresó las tiernas mejillas de Mu, separando más sus labios e instando a que éste hiciera lo mismo. Por un largo rato se mantuvieron así, humedeciéndose mientras el mundo parecía ser llegar a un punto al final de una boca que respondía con sonidos salivales.
Pero el fin del beso no era el fin del mundo, aunque el sentimiento era de decepción, de felicidad interrumpida. En una noche así...ese beso era una chispa siempre que pudieran mantener al margen los cigarrillos y dedicarse al amor por un tiempo. Siempre, de alguna manera, iban a estar allí entrometiéndose...ese mismo beso tenía sus restos, sabía a tabaco. Sin embargo, hacía cuánto no disfrutaba algo así?
Comenzó con una sensación de calor fuera de lo común, una fuente diminuta, indetectable al principio y que después se iba incrementando en su pierna hasta causarle ardor en la piel. Su reacción primera fue estirar el brazo y darle un sacudón a la sábana que los cubría a él y a Mu, demasiado concentrado en sus deseos de prolongar el descanso hasta la hora que fuese. Pero él estaba muy atontado para enfrentarse a aquello...su respuesta había sido defectuosa y el calor se esparcía en puntos inconexos que brotaban sin aviso previo. Pronto estaba sentado, palpándose ambas piernas en busca del origen de los puntos calientes, pero no había fuego, llamas...sólo el resabio de un olor conocido, un olor que podía explicar ese calor perfectamente. Levantó la porción de sus sábanas con una mano y la luz de la luna se introdujo por esos hoyuelos hasta su cara, como perforaciones en espuma. La superficie blanca estaba repleta de ellos y algunos continuaban ensanchándose a costa de la tela.
De un salto se alejó de la cama, con las manos aún alteradas por estado en contacto con esa inexplicable población de porosidades. Estuvo a punto de despertar a Mu para alertarlo...pero no vio señales de la presencia ígnea en sus alrededores. Los agujeros y el olor se detenían justo antes de dar con el cuerpo del tibetano...Al tibetano lo respetaban, respetaban su pasividad, su sosiego. En cambio él,...él ahora tendría que lidiar con una paranoia más en su vida, su último espacio de tranquilidad trastornado.
Se rascó la cabeza con ganas de herirse un poco. Caminó, con ganas de ir y venir y sin deseos de dirigirse a la cama. Se detuvo, algo más lo molestaba. Era ese poderoso olor...más que esfuerzos para localizarlo tenía que esforzarse por respirar aire desprovisto de él. Quiso pensar que se había reforzado su sentido del olfato...era una explicación un tanto menos desesperante pero el olor comenzaba a asfixiarlo.
Delicioso este olor a tabaco gasificado, cigarrillo humeante, encendido. Le gustaba, pero la cantidad en ese momento era mortalmente exagerada. Una humareda huérfana se sumó de improviso, cercándolo en un anillo. Shaka combatía con sus manos, se tapaba la nariz con sus dedos, con los bordes de sus vestiduras, se movía de un lugar a otro, girando, chocando contra la pared y llevando consigo a todas partes el espeso cinturón de humo. Su intento de llamar a Mu no podía haber tenido resultados más desastrosos: cayó de rodillas al suelo tras haber aspirado el humo que concentraba al de los cigarrillos de una semana entera.
Con una mano en la garganta creyó que moriría allí, a los pies de la cama donde yacía Mu plácidamente dormido, echado en el suelo, con el pecho hacia el techo, como carroña resignada a ser prontamente ingerida. Entonces, la humareda cesó como si nunca hubiera estado y Shaka volvió a respirar con normalidad. Su pecho se encontraba convulsionado, todo el sistema del hindú ejercitándose para probar que todavía funcionaba.
Por unos minutos no se atrevió a moverse o sentir nada más que los sonidos, hedores y vibraciones de su cuerpo. La mano en su garganta continuaba asida, recelosa...luego bajó, al nivel de la otra, al otro lado de su cuerpo, en posición vertical y con la palma ligeramente hacia abajo. Él estaba en una casi perfecta acoplación a lo liso del suelo...sentía su aspereza, su rectitud intachable. La posición era ciertamente innatural...luego se amenguó, lentamente, silenciosamente...y de pronto su cuerpo se apoyaba sobre un colchón de lo que parecían ser algodones.
Ahora sí se movió, buscando el punto en que mejor se relajaban sus músculos. Respiraba con el sopor de la pesadez de quien despierta exhausto, no satisfecho por un sueño truncado. Entonces notó la mutación del suelo...su textura y calidez inesperada, el acolchonado se sentía como pequeñas protuberancias cilíndricas. No que tuviera mucha importancia, al menos frente a su reciente elusión de la muerte.
Intentó ponerse de pie, quería regresar a su cama junto a Mu. Sus manos y pies se hundieron en el suelo nuevo y algodonado y cada vez trataba de alzar sus piernas este parecía aumentar hacia arriba, hasta alcanzar el límite en donde sus muslos se hacían caderas. Cayó de rodillas, en el espeso mar, empujando a los costados las protuberancias para hacerse un espacio. No sabía qué era, no sabía, no conseguía ver nada...sólo que el olor volvía a irrumpir y él tenía ganas de fumar.
En un momento, sus manos, aún sacudiéndose para hacer a un lado el suelo acaparador, tocaron la nada...o el aire vacío. La marea había retrocedido, sus rodillas debían verse plenas y ligeramente flexionadas por el esfuerzo a que habían sido sometidas. Uno de sus pies, descalzo y atento a cualquier nuevo objeto que surgiera, dio con algo sólido. Shaka se detuvo, parado en toda su extensión física. Se hallaba inseguro por no poder ver, por la oscuridad que colmaba y alteraba su imaginación. Se sentía perseguir la muerte queriendo en realidad escapar de ella...Le vendría bien un cigarrillo, sólo uno, uno.
No se había percatado pero...su cama se encontraba a unos pocos metros, la ventana descubría al tibetano durmiendo y un cajón abierto, tentador porque allí estaban los pequeños y tiernos cigarrillos. Tenía que pasar por encima de la cosa sólida a sus pies, no se atrevía a tocarla. Cruzó con ese trazo, por arriba y cuando hubo estado del otro lado se sintió aliviado. Pero entonces al avanzar hacia la mesita y el cajón algo lo detuvo...el borde de su atavío atascado. Era ese objeto sólido que no podía divisar en la oscuridad, su túnica se había trabado entre el suelo y esa cosa. Shaka tiraba con su brazo potente, su poder implacable...y no podía soltarse, ni siquiera resquebrajar su vestidura.
El objeto era macizo, tenía que moverlo de alguna forma...se agachó para empujarlo con las manos, por entre las protuberancias acolchonadas...que eran-sí, ahora se daba cuenta- colillas de cigarrillos. Miles y miles de colillas diseminadas por el suelo del cuarto...
En seguida retiró las manos del cementerio de cadáveres de cigarrillos. Era imposible que él hubiera ayudado de la manera que fuese a reunir tal cantidad de colillas...y sin embargo, le parecía reconocer cada una, súbitamente, aún cuando de contarlas el total superase con creces su consumo hasta la fecha.
Sea como fuera...ahí estaban, y él que no podía desasirse del objeto, y no podía correrlo porque para hacerlo tenía que llegar hasta él y eso sólo era posible de atravesar los repulsivos restos aglutinados de tabaco empapelado.
Pensó en las alternativas que tenía...no estaba muy lejos de Mu, podía llamarlo fácilmente, o...dejarlo proseguir con lo suyo y rasgar la tela como pudiera, desvestirse...pulverizar al objeto y esas inofensivas colillas con su cosmoenergía. Después de todo, en eso tenía razón...esas colillas no podían dañarlo, el temor estaba en su mente obstaculizando su oportunidad de hacer que todo terminara.
Zambulló sus manos hacia la cosa obstinada. Podía hacerlo rápido, de hecho muy rápido, tan rápido que antes de que pudiera sentir sus manos apretadas entre las colillas ya no habría ni manos ni colillas, sólo su cama y el entregarse al sueño. Ya podía sentir la cosa, pétrea, frígida...una nariz, una boca, un rostro pequeño congelado...y luego sangre, sangre en sus manos, sangre extraída de la cosa que era un cuerpo, un cuerpo joven y muerto.
-Shaka?
-No, no puede ser...ayer, ayer lo enterramos...Hades! Esto sólo puede ser obra de Hades...Mu!! No te quedes ahí quieto, hay que avisar a los demás!
-Pero que...qué estás diciendo?qué haces ahí?
-No lo ves?! Estamos siendo atacados...es el chico, el chico que enterramos ayer! Está aquí...míralo Mu!
-Esto no es lo que parece Shaka.
-Pero está aquí te digo!! Ponte de pie Mu, ve a alertar a los otros te digo!
-Shaka, esto no es lo que parece.
-Déjate de estupideces ahora maldita sea!
-Shaka, esto no es lo que parece!
Un sueño.
Se hincó a los pies de su diosa, lentamente, tomándose el tiempo para hallar la postura perfecta.
-Diosa, estoy aquí para cumplir mi cometido, mi deber como Patriarca que es velar por el bienestar de la humanidad.
-Así es Sacerdote, vocero de mis designios. Bien sabes cuál es tu misión, por qué has venido entonces? El juicio ya fue llevado a cabo, la sentencia es irrevocable, tu tarea está muy clara.
-Por supuesto, todo está más claro que nunca.
Una antorcha y las llaves adecuadas. Una escalera que se escurre en un tirabuzón escabroso, descendiendo hacia una puerta que no es para muchos y pocas veces ha sido abierta. Un eco de pisadas, el silbido de los goznes de la puerta, una abertura entre paredes lisas.
-Es por eso que...lo indetenible no será combatido, la justicia divina no será repelida...yo asumiré toda la culpa y todo el castigo.
-No sabes lo que dices porque no sabes de lo que hablas.
-Estoy informado.
-Esos escritos, como cualquier otro hecho por mortales humanos es imperfecto. Los misterios de la existencia divina son intraducibles al lenguaje mortal y lo sabes Shion. Es increíble que confíes tan ciegamente en ellos.
Por cuál empezaría? Recordaba a ese espacio más grande de lo que ahora se veía, encogido por los estantes atiborrados de libros y papeles, de sombras y contornos, reliquias encubiertas, antigüedades amontonadas. Era la primera vez que estaba allí solo y que bajaba sintiéndose dirigirse a hurtadillas.
-Impredecible lo que pueda suceder...no sé si pueda permitírtelo.
-Pero la calidad del delito permanece intacta...los castigados serán reducidos a uno, pero es lo mismo...la esencia del crimen se conserva!
-Teorías de la justicia...por supuesto que la condena y el condenado son negociables. Pero Shion, el dolor real producto del castigo divino...eso es algo que no puedes prever.
Acercó la antorcha una columna de volúmenes y folios empolvados. La conservación dejaba mucho que desear y Shion ya tenía otro motivo para lamentarse por haber peleado con Dohko. Los títulos recortados por dientes de roedores y desgastados por las pésimas condiciones en que habían sido guardados prometían dificultades en su búsqueda. Cualquier indicio reconocible había sido dilapidado por el tiempo y su memoria imprecisa...los colores se habían difuminado, los matices se perdían en gamas de grises. Ese Santuario de los secretos divinos, registro de misterios ancestrales, comunidad de palabras e historias de deidades y epopeyas heroicas...era demasiado para la memoria de una sola persona.
-Lo soportaré, poseo el cargo...soy el responsable, por favor Diosa Athena.
-Eres tenaz Shion y no dudo de que podrías sobrellevar el dolor...pero acaso la soledad? el aislamiento?
Volumen I, II, III, IV...estaban todos en una seguidilla escalonada no infinita pero sí extensa. Eran recopilaciones de algunas reflexiones filosóficas de Patriarcas antecesores acerca de los dioses, pronósticos futuros, historias repetidas, consejos, advertencias. No podía considerarse como un manual de deber patriarcal o algo parecido...nada era seguro aunque los astros pudieran augurar futuros medianamente lejanos y él tuviera la habilidad de comprender su mensaje.
No era improbable que pudiera hallar ahí lo que buscaba: antecedentes, fechas anteriores en que algún patriarca se hubiera visto envuelto en una situación parecida y hubiese escrito sus memorias en alguno de aquellos anotadores. Eso le daría algún respaldo a sus decisiones, confianza en el paso con el que procedía.
-Estás dudando, no es así? No pareces estar tan seguro como creías. Piensas que en ese estado podrás tolerar el castigo?
-Sí...sí! sí lo estoy, estoy seguro, repararé los daños hechos, redimiré a mis caballeros ante los ojos de los dioses...concédame la excepción Diosa.
-Tenaz...por momentos linda con una obstinación que podría enfurecer a cualquier dios.
Leyó algunos comentarios de manera dispersa, seleccionando al azar y sin criterio específico. Se detenía de tanto en tanto cada vez que el párrafo parecía acotarse o crecer inesperadamente augurando alguna declaración de utilidad, una apreciación aguda y reveladora. Al parecer él tenía memoria de un alfiler...a penas podía recordar pasajes que se juraba a sí mismo había leído en el algún momento-sobre todo en su etapa de "capacitación" patriarcal- y ahora flotaban como un polvillo molesto e indescifrable por su mente.
-Pido disculpas por mi irrespetuoso accionar.
-Ya está bien de este palabrerío. No puedo hacer salvedad alguna si continúas mostrándome una actitud dubitativa. Shion estás completamente seguro de que podrás tolerar las consecuencias?
-Sí.
Finalmente, su lectura le había arrojado una sola certeza: él estaba pronto a incluir una experiencia no antes escrita-de asumir que, de haber ocurrido, no había sido volcada en los volúmenes. No tenía el valor para creer que no había habido patriarca alguno que hiciera lo que estaba por hacer...qué había sucedido entonces? Un hecho de semejante trascendencia tenía que ocupar un lugar entre los demás relatos...cómo era posible que lo hubieran dejado pasar de largo?
Pensar la peor de las respuestas sólo lo haría sentirse más solo. Había una explicación bastante racional y adecuada pero formularla hacía que tambaleara su convencimiento acerca de lo que iba a hacer. Al menos eso le daba su primera oportunidad de agregar unas líneas tan dignas como todas las que llenaban esas páginas. Su desmoralizada confianza en sí mismo comenzaba a entusiasmarse...podía hacer las pases, consigo, con Dohko...con sus santos. Quería volver a estar en paz.
-Athena...
Llamó creyendo que la diosa no prestaría más atención a su pedido y ya no estaba allí entonces. Permaneció en la misma posición, con la cabeza levantada y los ojos puestos en los de la estatua, observando y aguardando. Inútil era querer expresar algo con gestos faciales, los más mínimos cambios susceptibles de ser detectados en un guiño, un párpado más cerrado que otro...nada funcionaba con un pedazo de roca depurada. Se preparó para volver a su estatura normal cuando sintió que algo en su interior se ensanchaba, algo se movía y atestaba sus venas, hinchándolas. Miró sus manos, sus palmas, las nervaduras que resaltaban en colores en sus muñecas. Afloraban como si fueran a salírsele de un momento a otro. Aferró con fuerza las muñecas, un poco con una mano luego con la otra pero aún así no conseguía cortar el flujo raudo de su sangre, que se desplazaba a una velocidad demoledora.
Su cabeza no tardó en doler y Shion gritó, lo que pudo, porque tenía la voz obstruida y entregaba el grito en pequeños hilos agudos. Se tomó la cabeza, sus dedos los pelos desde las raíces. El sufrimiento era intenso, inagotable y se incrementaba...y él se sentía estallar, a punto o de a poco.
Se sentía húmedo, mojado de sudor. Dolía su piel, sus poros abiertos hasta el límite por una presión interna, un derrame de sangre vertida de repente. Se tiró al suelo...algo estaba naciendo de su boca y pedía ser expulsado con urgencia. Pero sólo vomitó, vomitó sangre y el suelo inmaculado se tiñó de ella. Desde allí podía ver los pies de la diosa, la sangre encaminándose sin descanso hacia la base de la estatua.
Su cuerpo comenzó a expeler la sangre como y por donde podía y lanzaba escupitajos furiosamente. Sus extremidades eran porosidades sangrantes que rezumaban un llanto fino, incansable. Y él era incapaz de taparlas a todas, de retener la sangre o de querer hacerlo...sólo quería que el dolor acabase pronto pero las palabras de Athena no le habían dado muchas esperanzas.
-Es una revolución estelar...una explosión galáctica. Es el castigo de uno multiplicado en doce constelaciones...Es crónico y contagioso...La soledad Shion, esa es tu peor enemiga...
