Capítulo 19. Líneas cruzadas.
Sesshoumaru llega con su madre.
MS: Ese es el pequeño youkai que te acompañaba la ocasión anterior. Recuéstalo allí, espero que no sea demasiado tarde para llamar su alma –diciendo esto, colocó su medallón sobre el cuerpo de Jaken y ¡no pasó nada!
Sesshoumaru: Maldición. "No puede ser, Jaken, haz un esfuerzo por regresar" –pensaba y su rostro reflejaba una gran preocupación.
MS: Veo que te han sucedido muchas cosas desde la última vez que nos vimos. Cuando esa niña humana murió, tu rostro no cambió de expresión, tú sirviente era quien traducía tus emociones para mí. Pero en esta ocasión puedo darme cuenta de que te sientes consternado por no poder ayudar a tu sirviente.
En esos momentos, una luz blanca es atraída por el medallón y se logra incorporar Jaken.
Jaken: ¿Qué… me pasó? ¡Nuevamente me ha revivido amo Sesshoumaru! –quiso levantarse por completo pero no lo logró.
Sesshoumaru: Quédate allí Jaken, tengo que hablar algunas cosas con mi madre, mientras descansa –y salieron madre e hijo de la habitación.
MS: Has cambiado mucho.
Sesshoumaru: He entendido que nada significa el poder si no se tiene algo que proteger, eso es todo.
MS: ¿Y qué es lo que has encontrado para proteger Sesshoumaru?
Sesshoumaru: ¡A la mujer que amo!
MS: ¿Y esa humana representa todo tu amor?
Sesshoumaru: ¿A qué te refieres?
MS: Yo no soy el ser que aparento Sesshoumaru, no voy a obligarte a hacer algo que tú no quieras –caminan por el jardín y al pasar junto a un árbol de cerezos, le permite una relajación a su adusto rostro- A tú padre y a mí nos gustaba caminar bajo los árboles de cerezo en flor, tomados de la mano.
Sesshoumaru: ¿Ustedes se amaban?
MS: Yo me enamoré de él desde la primera vez que lo vi, pero yo, como descendiente de un poderoso linaje de youkais, no tenía permitido mostrar ningún tipo de emociones, puesto que teníamos muchos enemigos dispuestos a aniquilarnos y ellos podrían aprovechar cualquier debilidad. Me educaron para ser una poderosa acompañante de un fuerte guerrero y como tal, debía mantener siempre fría la cabeza y el corazón. Cosa que te inculqué a ti en su momento, a nunca mostrar tus debilidades, suceda lo que suceda.
Sesshoumaru: "Es la primera vez que te veo hablando con tal sinceridad" –pensó asombrado, pero no dijo nada, no quería interrumpirla.
MS: Cuando mi padre lo conoció, se dio cuenta de que era el guerrero perfecto para mí y le propuso que me desposara, él aceptó sin dudarlo. Me llamaron para comunicarme esta decisión y me sentí el ser más feliz sobre la faz de la tierra, pero siguiendo con las costumbres que se me inculcaron, no expresé nada, sólo asentí con la cabeza y tu padre tomó delicadamente mi mano y la besó. Yo hubiera querido abrazarme a su cuello y decirle que lo amaba y que nada me haría más feliz que estar a su lado, sin embargo, solo le sonreí y pregunté ¿cuándo se llevará a cabo el rito? En tres lunas contestó mi padre, ¿algo más que deba saber? No, eso es todo, puedes retirarte, me dijo mi padre y salí da allí para alistarme. Corrí de pura emoción, sin que nadie me viera, es algo prohibido para los youkais de raza pura como nosotros, permitirnos expresiones vulgares, como la felicidad o la ira.
Sesshoumaru: Madre, yo…
MS: No me interrumpas,
déjame continuar hasta el final. En tres lunas exactamente,
llevamos a cabo el rito de apareamiento y yo me marché para
siempre de la casa de mi padre. Pensé que compartiría
toda mi vida con tu padre, hasta el fin de nuestros días.
Tiempo después llegó a convertirse en el señor
de las tierras del oeste y cada vez más enemigos trataban de
atacarnos. En algunas ocasiones, él permitía que yo le
acompañara en sus batallas. Yo también soy muy buena
guerrera, me entrenaron en ese arte desde muy pequeña, pues
algún día debía dirigir un ejército, codo
a codo con el guerrero que se convirtiera en mi compañero. Lo
que me extrañaba era que en ciertas ocasiones él no
dejaba por nada del mundo que lo acompañara. Yo no debía
cuestionar ninguno de sus actos y debía aceptar su voluntad
como una esclava sumisa. Sin embargo, cuando estaba separada de él,
me sentía profundamente triste y lloraba a solas, de solo
pensar que podría llegar a perder al ser que amaba me sentía
miserable. En una ocasión tardó tanto tiempo que pensé
que moriría de tristeza, sólo me mantenía viva
la esperanza de volver a verlo una vez más y decirle que lo
amaba con todo mi corazón. Cuando finalmente me anunciaron la
llegada de tu padre, corrí a su encuentro, con la firme
decisión de mostrarle mis sentimientos y no dejarlo marcharse
solo nuevamente. En el momento en el que estuve frente a él me
abracé a su cuello y lo iba a besar. Pero él
simplemente se deshizo de mi abrazo y me dijo: Guarde la compostura,
mi señora. Lo siento, no volverá a suceder, fue lo
único que atiné a contestar. Tu padre era un orgulloso
youkai educado con igual o mayor severidad que yo. Inmediatamente
comprendí que tenía que guardar mesura ante los
presentes. Sólo le pido poder hablar a solas un momento con
usted, mi señor, le dije y él aceptó. Una vez
que estuvimos a solas le comuniqué que estaba preñada y
que había estado esperándolo para darle esa noticia. Es
algo muy bueno para ambas familias, pues ya nos habíamos
tardado en darles un heredero. De ahora en adelante, no me acompañará
nunca más en las batallas. Su deber será protegerse a
sí misma y al nuevo ser que lleva en sus entrañas, me
dijo fríamente y se retiró. Tiempo después
naciste tú y llenaste aún más de felicidad mi
vida, pues representabas todo el amor que yo sentía hacia a tu
padre. Mientras fueras cachorro, se me permitiría, a solas,
ser expresiva contigo. Te amamanté con todo mi amor y te
cantaba canciones llenas de ternura para que te sintieras feliz y
cuando creciste un poco más jugaba contigo. Sin embargo, el
encanto duró poco, pues en cuanto creciste, tú padre me
prohibió que fuera blanda contigo. Será un guerrero
poderoso, el heredero de las tierras del oeste, no puedes echarlo a
perder con delicadezas, me dijo. Así, que a partir de ese
momento, te eduqué de la misma manera en que lo hicieron con
tu padre y conmigo. A cierta edad el empezó a entrenarte y de
pronto yo me quedé más sola que nada en este inmenso
castillo. A pesar de que ya no tenía que cuidarte, tu padre
nunca me permitió volver a acompañarlo en sus batallas.
Un día, en una de las batallas que sostenía con el
poderoso espíritu dragón, tuve noticias de que había
quedado herido. Cuando me enteré me dirigí a buscarlo,
yo debí acompañarlo para pelear, entre los dos
hubiéramos podido derrotarlo, pero tú padre además
de fuerte, era obstinado y orgulloso, a pesar de que le dije que era
demasiado para él solo, no me permitió ayudarlo. Lo
busqué desesperadamente por todas partes, quería curar
sus heridas y ayudarlo a reestablecerse, pero no logré
olfatear su rastro. El espíritu dragón seguía
con vida y mi sed de venganza era tanta, que si me lo hubiera topado,
habría luchado contra él sin pensarlo. Llegué a
pensar que tu padre había muerto y estaba desesperada. Después
de muchas lunas regresé al castillo con la esperanza de que
quizá estuviera vivo y regresara a que lo auxiliara. Estuve
esperando mucho tiempo. Al fin, un día regresó. Yo
corrí a su encuentro y sin importarme la compostura que debía
guardar, lo abracé con todas mis fuerzas y al hacerlo me di
cuenta de que tenía impregnado… ¡el olor de una hembra
humana! Me aparté de él y sólo lo miré
con odio, pero al final no me pude contener y le di una bofetada.
Curó mis heridas, fue lo que me dijo, pero no quise escucharlo
iba a dejarlo, pero me retuvo. No he podido darle muerte al espíritu
dragón y es una grave amenaza para ti y para Sesshoumaru, que
todavía es un cachorro y no podrá defenderlos, tengo
que volver a pelear con él y así me cueste la vida,
acabaré con él. Escúchame, en la alcoba hay un
medallón, el cual abre un camino al mundo de los muertos. Si
un día Sesshoumaru, recurre a ti, deberás usarlo,
tendrá que enfrentar grave peligro, pero no te preocupes, él
logrará superar la prueba, lleva nuestra sangre, la de los dos
youkais más fuertes del oeste. Después de decirme eso,
se marchó a pelear y supe que había adormecido al
espíritu dragón con un conjuro, usando una de sus
garras. Pero nuevamente resultó gravemente herido, yo volví
a buscarlo, dejando de lado mi orgullo por que no quería verlo
morir. Lo encontré platicando contigo en la playa, tú
querías que te diera una de sus espadas, pero él
deseaba ir a pelear por la humana que había curado sus
heridas, estaba preñada de él.
Estaba tan
enfurecida, que aunque había ido dispuesta a ayudarlo, lo dejé
pelear solo. Cuando supe, que murió, me di cuenta de cuál
había sido su error: Había demostrado sus sentimientos,
se olvidó de todo su entrenamiento y manifestó sus
debilidades a sus enemigos, ante el espíritu dragón y
ante esos débiles humanos que finalmente terminaron con su
vida –en este punto hizo una pausa y cogió una flor de
cerezo de un árbol, la puso sobre su mano y después
sopló, la flor se deslizó en el aire, dando unas
cuantas vueltas y después de unos instantes cayó al
suelo- Desde su muerte yo me he encargado de gobernar y proteger
estar tierras hasta que tú tuvieras edad y fuerzas suficientes
para hacerte cargo por ti mismo.
Sesshoumaru: Madre, he entendido el mensaje, ¿quieres decir que esa humana me ha vuelto débil y vulnerable ante mis enemigos?
MS: Eso mismo Sesshoumaru, algún día estarás en la misma posición que tu padre y existen varias posibilidades para derrotarte: Una de ellas es que siendo esa humana tu punto débil, la maten para hacerte enfurecer, que pierdas la cabeza y que luches solo con tu poder y no uses la inteligencia al estar cegado por la ira. Otra es que la conviertan en su prisionera para obligarte a hacer lo que ellos quieran. También pueden usar a tus hijos, pues necesariamente tienes que estar presente para protegerlos, pues ante los poderes de un gran youkai esa humana está indefensa. Y finalmente, que termines dando la vida por ella, que prefieras que te maten a ti, antes que verla morir. Ella no podrá luchar contigo a tu lado como yo lo hacía con tu padre, ni será capaz de proteger a sus crías como yo lo hice contigo. Dependerán completamente de ti. ¿Y cuándo tú no estés? ¿Qué harán?
Sesshoumaru: Tienes razón. Ellos siempre estarán en peligro por mi culpa, no podrán tener una vida tranquila. Lo mejor para los dos será separarnos. Además, ella no pertenece a este mundo. Debo ir a arreglar las cosas –se dio la vuelta y ya había empezado a caminar, cuando se volvió a parar y regresó sobre sus mismos pasos- Madre, solo quiero decirte algo –dijo al tiempo que la abrazaba- ¡Gracias!
MS: ¿Por qué me agradeces? –sorprendida de que su hijo estuviera abrazándola, ¡nunca antes se hubieran permitido ninguno de los dos semejante gesto!
Sesshoumaru: Por haberme hecho saber que soy hijo del amor y todo lo que represento para ti. Pude darme cuenta de que no solo Kagome representa todo mi amor y que no es la única a quien debo proteger. Y que tengo una obligación que cumplir.
Ambos se estrecharon en un cálido abrazo que encerraba el amor filial que nunca habían podido demostrarse y que nunca harían frente a ningún ser. Después Sesshoumaru se marchó con Jaken del lugar y regresó hacia la aldea de la anciana Kaede.
Sesshoumaru: Jaken.
Jaken: Dígame amo Sesshoumaru.
Sesshoumaru: Cuando lleguemos, sólo irás tú y le dirás a Inuyasha que quiero hablar con él.
Jaken: Sí, amo, lo que usted diga.
Así que cuando se aproximaban a la aldea, Sesshoumaru se quedó atrás y Jaken llegó volando solo en el dragón de dos cabezas.
Rin, Shipo y Kohaku, estaban jugando con Kirara en el huerto de hierbas medicinales, mientras que Kagome le ayudaba a la anciana Kaede a deshierbar. Sango y Miroku habían salido a caminar. Inuyasha estaba trepado en un árbol con mala cara y vio cuando llegó Jaken en el dragón de dos cabezas.
Inuyasha: ¡Ya llegaron!
Kagome: ¡Qué bien!
Rin: Señor Jaken, que alegría verlo –y corrió a abrazarlo
Shipo y Kohaku: Señor Jaken –e imitando a Rin, lo abrazaron- ¡ay chamacos latosos suéltenme! Inuyasha, el amo Sesshoumaru quiere hablar contigo.
Inuyasha: ¿Dónde está?
Jaken: ¡Eres un perro! ¡Usa tu olfato!
Inuyasha: ¿A quién le llamaste perro, renacuajo inmundo?
Kagome: No pelees Inuyasha, mejor busca a Sesshoumaru, ¿qué tal si le pasó algo?
Inuyasha: ¡Feh! Sesshoumaru se sabe cuidar solo, es más fácil que me muera a que le pase algo a ese necio.
Jaken: ¡Más respeto para mi amo!
Kagome: Ya, no peleen
Inuyasha: ¡Te salvaron esta vez renacuajo! –y amenazando con el puño a Jaken se marchó a buscar a su hermano, siguiendo su rastro.
Más adelante lo encontró. Sesshoumaru estaba contemplando el paisaje desde lo alto de una colina. Era raro verlo con esa expresión en el rostro, la cual reflejaba una gran calma, producto de estar convencido de haber tomado la mejor decisión, en lugar del rostro frío e inexpresivo que siempre mostraba. Inuyasha iba caminando hacia a él, pero en el camino había una piedra, la cual no vio y tropezó con ella.
Sesshoumaru: Tan inútil como siempre Inuyasha. Creo que extrañaré tanta ineptitud cerca de mí –expresó con una extraña sonrisa.
Inuyasha: ¿A quién llamas inútil imbécil?
Sesshoumaru hizo caso omiso de la provocación y sólo extendió la mano. Inuyasha se sorprendió, primero creyó que su hermano le tiraría un golpe por el insulto que le profirió, pero después se dio cuenta de que le estaba dando algo. Tomó el objeto y se sorprendió, quedándose mudo.
Sesshoumaru: Tú querías eso, ¿no es verdad? Úsala como mejor te convenga y cuida de ella.
Inuyasha: ¿Estás seguro de lo que vas a hacer?
Sesshoumaru: Ya he tomado una decisión. Sólo te pido que se lleven a Rin con ustedes, ella también es humana y no quiero que siga pasando más peligros a mi lado. Una vez estuvo a punto de morir por el maldito Naraku y aunque él ya desapareció, otros pueden intentar lo mismo. ¡Ah! Y déjenme a Shipo, al fin y al cabo él es un demonio de raza pura y yo lo convertiré en un guerrero, no es conveniente que esté entre los humanos, se volverá débil –diciendo esto se dio la vuelta y comenzó a caminar, con su habitual paso lento, majestuoso y decidido.
Inuyasha: ¿No piensas despedirte de ella?
Sesshoumaru: Si lo hago, me puedo arrepentir.
Inuyasha: ¿Y acaso crees que ella se resignará tan fácilmente? ¡Te buscará por todos lados hasta encontrarte! Tienes que darle la cara y ser directo con ella, así como no dejó que la hicieras tú esclava, tampoco va a aceptar que la hayas dejado de amar.
Sesshoumaru: ¡NO HE DEJADO DE AMARLA! Simplemente estoy haciendo lo mejor para todos. No quiero que sufra a mi lado.
Inuyasha: Pues eso es lo que tienes que decirle, además ya se está acercando.
Cuando Inuyasha dijo eso, era por que Kagome ya se estaba bajando de Kirara y había corrido hacia Sesshoumaru.
Kagome: ¿Por qué no viniste a buscarme? –intentó abrazarlo, pero el youkai, con un solo movimiento la alejó- ¿Qué es lo que pasa?
Sesshoumaru: No hagas más difíciles las cosas –dijo en un tono frío, no le había hablado así a ella, desde que todo esto había comenzado- Lo mejor es que te quedes con Inuyasha, a mi lado solo te esperan sufrimientos y peligros.
Kagome: ¿Pero qué cosas estás diciendo? Yo sé lo que tu madre quiere que hagas y ¡no me importa que tengas un hijo con una youkai como tú!
Sesshoumaru: ¿Es que no lo entiendes? Ese no es el único problema. Yo soy un demonio de raza pura, destinado a luchar contra enemigos poderosos, sin escrúpulos, lo cuales en cualquier momento pueden hacerte daño a ti y al bebé que llevas en tu vientre. ¡HAGO ESTO POR USTEDES! ¡Por que quiero que vivan felices y tranquilos! Además tú no perteneces a este mundo. ¡Regresa al sitio de donde saliste!
Kagome: ¡Cómo puedes decirme esas cosas! –y escondiendo el rostro entre las manos se alejó llorando.
Sesshoumaru: Inuyasha, ve con ella.
Inuyasha: ¿Estás seguro de esto que estás haciendo? –volvió a inquirirle su medio hermano.
Sesshoumaru: Por supuesto, no quiero que les pase nada. Después de todo no eres tan inútil y a veces eres más fuerte que muchos demonios de raza pura –el hanyou, lo miró fijamente a los ojos y después de unos instantes se alejó, en realidad, le alegraba que ahora su hermano fuera el que se hiciera a un lado, antes de que alejara por completo la voz del youkai lo detuvo- ¡Inuyasha! Gracias.
Inuyasha: ¡Feh! ¿Qué agradeces?
Sesshoumaru: Ya lárgate imbécil.
Inuyasha: "No hay nada qué agradecer, Sesshoumaru, yo amo a Kagome más que a nada en el mundo" –esta vez fue el hanyou quien no respondió ante la provocación del hermano.
Sesshoumaru se convirtió en una esfera de luz y se alejó a gran velocidad del lugar. Inuyasha ya se había marchado. Kirara miró en ambas direcciones y después se fue por donde Inuyasha se había ido.
Kagome estaba en el pozo llorando, abatida. Parecía que iba a sacar hasta la misma alma de tanto llorar.
Inuyasha: Kagome…
Kagome: Déjame por favor, quiero estar sola.
Inuyasha: No lo haré, cuando estás en ese estado eres capaz de hacer muchas tonterías.
Kagome: No quiero hablar.
Inuyasha: No hables si no quieres.
Estuvieron unos momentos en silencio. La chica no hacía más que llorar e Inuyasha solo la observaba, no iba a permitir que fuera a ningún lado en ese estado de ánimo. Pero no estuvieron mucho tiempo así, ya que la pequeña Rin llegó, junto con todos los demás.
Rin: ¡Mamita! ¿Por qué lloras? –corrió hacia ella abrazándola.
Kagome: Por nada, ya no tiene importancia.
Rin: ¿Y mi papá? ¿No estaba con usted Inuyasha?
Sango: Ven conmigo unos momentos, nena –le dijo llevándosela de la mano, al ver el estado de ánimo en el que se encontraba su amiga.
Shipo: Inuyasha ¿Qué le hiciste para qué esté llorando de esa manera?
Inuyasha: Ay, ¿por qué siempre me echas la culpa a mí de todo lo que le pasa a Kagome?
Shipo: Pues por que siempre la haces llorar.
Inuyasha: Por cierto Jaken, Sesshoumaru me pidió que llevaras a Shipo con él.
Jaken: ¿Pero a dónde se fue? ¡Yo pensé que regresarían juntos!
Inuyasha: ¡Yo cómo voy a saber, es tu amo, deberías saberlo! –dijo para vengarse de que hace unos momentos le llamara perro.
Jaken: Ay amo, ¿por qué nunca se digna en decirme sus planes? ¡Vámonos niño! –ordenó tomando las riendas de Ah-uhn.
Inuyasha: ¡Te voy a extrañar chaparro latoso! –dijo en voz baja, cargando a Shipo y dándole un abrazo muy fuerte
Shipo: ¡Suéltame perro tonto! ¡Me lastimas! –y dándole un coscorrón en la cabeza a Inuyasha, se soltó de su abrazo y corrió con Jaken, creyendo que lo perseguiría para devolvérselo- ¡vámonos pronto Jaken!
Jaken: ¡Eso es lo que te estoy diciendo desde hace rato! Estos niños, no respetan a nadie… -y murmurando entre dientes se alejaron volando en Ah-uhn.
Miroku: Vamos con Sango Kohaku –le propuso para dejar solos a Inuyasha y a Kagome, todavía no entendía bien lo que estaba pasando, pero por el llanto de la joven y la ausencia de Sesshoumaru, hizo sus propias conjeturas.
Kohaku: Sí excelencia.
Pasaron varios días y la joven no se movía del lugar. No quería comer y solo tomaba agua de vez en cuando y solo por que Inuyasha le rogaba. Miles de pensamientos oscuros rondaban su mente. No sabía cómo iba a regresar a su casa y decirles a todos que estaba embarazada y que iba a tener un hijo mitad bestia. ¡Y que el padre del bebé la había abandonado!
Inuyasha: Kagome, tienes que reponerte, ¿quieres que Rin te vea así todo el tiempo?
Kagome: ¡Rin ha visto cosas peores!
Inuyasha: Bueno, hazlo por nuestro hijo que está en camino.
Kagome: Inuyasha… yo… -la joven levantó su mirada, las palabras del hanyou resonaban en su cabeza, desde el inicio estuvo dispuesto a adoptar al bebé como suyo si su hermano no lo quería, la nobleza de su corazón, arrojó una luz sobre la desesperanzada chica.
Inuyasha: Kagome, te ruego que me perdones por haber estado indeciso durante tanto tiempo, yo sé que te hice sufrir mucho, pero si tú me perdonas y estás dispuesta a aceptarme, quisiera compartir mi vida contigo.
Kagome: Inuyasha yo te agradezco mucho tu apoyo, yo… no sé que decir…
Inuyasha: Que me aceptas, eso podrías decir.
Kagome: Me gustaría decírtelo, pero creo que Sesshoumaru tiene razón, yo no pertenezco a este mundo, debería regresar a mi época… -no pudo continuar por que fue interrumpida.
Inuyasha: Yo sé que tú eres diferente y que tienes una vida en otro lugar, yo no voy a obligarte a que te quedes en un lugar que no es tu mundo. Yo quiero estar contigo en donde tú estés, donde tú decidas que es el mejor lugar para ti.
Kagome: ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? –inquirió la joven, empleando las mismas palabras que Inuyasha usara para cuestionar a su hermano.
Inuyasha: Claro que lo estoy, después de todo es gracias a ti que yo estoy vivo. De no haber quitado la flecha que tenía clavada en mi pecho, hubiera seguido sellado en ese árbol para siempre.
Kagome: Pero, cómo vamos a vivir en mi época, si tú no puedes salir…
Inuyasha: ¿Podemos usarla para convertirme en humano? –la interrumpió extendiendo la mano para mostrarle algo.
Kagome: ¿De dónde la sacaste? ¡Creí que se había quedado en el otro mundo!
Inuyasha: Sesshoumaru me la dio, debió haberla recogido después de que Naraku desapareció.
Kagome: ¿Renunciarías a ser un youkai completo para convertirte en un ser humano y compartir tu vida conmigo?
Inuyasha: ¡No hay nada en este mundo que desee más que eso!
Kagome: ¿Y Shipo y Rin? ¡No puedo dejarlos solos!
Inuyasha: Sesshoumaru me pidió que nos hiciéramos cargo de Rin, pues ella también es humana y no quiere que corra más riesgos a su lado, teme que otro youkai sea capaz de secuestrarla igual que hizo Naraku. Y dijo que convertiría a Shipo en un guerrero, por ser un demonio de raza pura a final de cuentas y vivir con los humanos lo haría débil. Yo también creo que es lo mejor para el pequeño kitsune.
Kagome: ¡Gracias Inuyasha! –dijo finalmente Kagome abrazándose muy fuerte a Inuyasha –yo creo que debemos ir a comunicarles a nuestros amigos lo que hemos decidido.
Inuyasha: Vamos.
Ya con una Kagome más tranquila, se dirigen a donde están Sango, Miroku, Kohaku, Rin y la anciana Kaede. Como siempre, Kirara está con su dueña. Les cuentan lo que piensan hacer y todos quedan muy sorprendidos de la decisión de Inuyasha, no sólo por querer irse con Kagome a su mundo, sino por abandonar la ambición de convertirse en un poderoso youkai usando la perla.
Al apuntar el alba al día siguiente, todos nuestros amigos están reunidos alrededor del pozo. Kagome utiliza al máximo sus poderes de miko y juntando sus manos a las de Inuyasha piden ambos con todas sus fuerzas que Inuyasha se convierta en humano. De la perla sale un brillo cegador que poco a poco va desapareciendo y conforme la luz se dispersa lo suficiente para permitirles ver, se van notando los cambios en la figura de Inuyasha. Al igual que en las noches de luna llena, cambia por su apariencia humana y ¡LA PERLA VA DESAPARECIENDO JUNTO CON EL RESPLANDOR!
Sango: ¡Inuyasha te has convertido en humano! –exclamó la bella exterminadora.
Miroku: ¡Y la perla desapareció! ¡Al fin!
Todos estaban muy contentos por que finalmente se habían deshecho de esa joya maldita que durante tantos años había traído desgracias a todos los que tenían contacto con ella. Sólo los sentimientos puros de una bella mujer fueron capaces de calmar tal poder maligno y usarlo para un fin noble. Las cosas habían resultado finalmente bien para todos. Kagome regresaría a su época a vivir su vida normal. Aunque ahora con Rin como hija y con Inuyasha como padre de sus dos hijos (contando al que viene en camino, que en realidad ninguno de los dos es suyo, pero ama a esa mujer y sería capaz de adoptar a veinte!!!) La anciana Kaede, había logrado presenciar la desaparición de la joya por segunda ocasión, pero esta vez sin que vidas inocentes es perdieran. Quizá la más contenta era la exterminadora, pues la perla había desaparecido pero su hermano seguía con vida, gracias a ese poderoso youkai que fue capaz de mostrar compasión por sus semejantes.
Kagome, Inuyasha y Rin, se despidieron de todos y se prepararon para irse a la época de Kagome. Nadie se percató de que eran observados a lo lejos.
Sesshoumaru: "Adiós amada mía, nunca olvidaré todas las cosas que aprendí a tu lado. Contigo aprendí a amar y a confiar. Ahora sé que la aparente debilidad de mostrar mis verdaderos sentimientos en un campo de batalla, se puede convertir en un arma poderosa. Pero no deseo hacerte sufrir o que corras peligro por estar mi lado. Lo único que verdaderamente anhelo es tu felicidad. Por eso te doy esa libertad que tanto peleabas. Gracias por ser tan generosa. El único recuerdo que quedará de nuestro amor será ese hijo que llevas dentro y que sé que estará lejos de cualquier peligro. Tu vida tenía una ruta trazada y la mía tenía un camino propio que seguir. Cada uno llevaba su curso, como las líneas melódicas en una sinfonía, se entrelazan, a veces corren en paralelo, se vuelven a cruzar y después tienen su propio desenlace. Al final, nuestro encuentro en la vida solo fue por unas líneas cruzadas."
Sin ser visto por nadie, el gran Sesshoumaru, apoyando la mano en el tronco del árbol desde donde observaba, inclina la cabeza un poco, cierra lentamente los ojos y por su mejilla izquierda rueda una única lágrima…
FIN
