XIII. Un plan planeado

No pudo más que aferrarse a la playera del castaño, mientras que el largo y sedoso flequillo marrón rozaba su cien. Aquella sensación ardorosa le estaba ganando. Y la respuesta no lograba salir de su garganta.

-Yo...-.

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-Hao yo... no puedo... -musitó bajando la vista definitivamente, mientras que se aferraba con más fuerza la playera del otro-.

El castaño se sorprendió, lo había oído, sí, pero no podía creerlo.

-P-por qué no... –preguntó confundido por el verdadero motivo de aquella respuesta-.

-Porque... porque simplemente no puedo decirlo. No puedo porque si lo hago... ya no será lo mismo...-.

-Lo mismo...?-dijo agachando la cabeza para buscar la mirada del peliverde, este la subió-.

-Solo... –murmuró contrariado, casi como suplica- dame tiempo...-.

Y los ojos azabache se abrieron exuberantes.

-Sí, Lyzerg –asintió con una mirada dulce- como tú digas -.

A pesar del escueto forcejeo que el peliverde oponía, le abrazó con fuerza y ternura. Lyzerg sólo pudo seguir aferrado, y permanecieron así, con ese calor abrumador sobre él, hasta el final del recorrido.

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Siguieron viendo los fuegos artificiales; Yoh sonriente, Anna desinteresada, Horo nostálgico...

Él... desesperado... culpable...

Él sabía a la perfección como se sentía la soledad, pero aún así tenía personas que le querían, que le entregaban lo necesario para vivir.

Horo, en cambio, debía mantenerse por sí mismo. Y quizás cuantas cosas más le habían pasado, porque algo en su intuición y en los ojos del peliazul, le decían que aquel dolor no era sólo por la muerte de sus padres.

Pero ya lo averiguaría... alto... lo averiguaría? Acaso comenzaba a importarle como para hacer tal cosa?

"No por supuesto que no!" Se obligó a pensar por un leve momento de idiotez suprema. Pero sabía que aquello no era cierto, y por otro lado imposible. Desde el momento en que Horo había fijado su adolorida mirada sobre sus ojos, ya no podía seguir viéndole de la misma manera.

Miró hacia su derecha y lo vio. Nuevamente con aquella calmosa actitud... Cómo podía hacer eso? Después de un discurso así. Él por su parte, estaría derrotado, angustiado.

Pero ese no era el problema. Ahora se sentía culpable, la conciencia le hacía peso, quería disculparse... pero su orgullo, su estúpido orgullo...

Y miró a su izquierda, vio como Hao se acercaba con el peliverde. Este con una extraña actitud arisca, el castaño jovial... o al menos eso parecía.

-Hola Ren –sonrió el Asakura.

-... Hola... -.

El castaño se le acercó con disimulo, observando los movimientos del peliazul, quien aún miraba, embelesado, los fuegos artificiales.

Una vez que ya estaba a su lado, se agachó un tanto, para poder decirle al oído y con voz naturalmente seductora...

-Cómo vamos con el plan... -.

Ren frunció el ceño con disgusto. Detestaba cuando Hao se las daba Don-Juan con él. Aún así respondió con falsa amabilidad.

-Los ayudaré, pero cuando lleguemos a tu casa-.

-Perfecto... –celebró satisfecho y sonriente, pero algo le llamó la atención en el pelivioláceo. Algo había cambiado en su mirada... un desplante un tanto... extraño en él- Oye... pasó algo? –preguntó con la esperanza de que aquella actitud se debiera a algún suceso... especial-.

-Con qué? –inquirió el Tao arqueando una ceja-.

-Jm... O más bien, con quién trigrecillo... -dijo acercándosele con desbordante malicia-.

-No se a que te...-.

-Hao... -se escuchó la voz de Lyzerg atrás de ellos-.

Ambos voltearon a verlo, parecía disgustado.

-Ya es... hora de que nos vayamos no creen? –y miraba al suelo... evitaba una o quizás dos miradas- Pronto... pronto cerrarán el local de los videos... -y volteó-.

Caminando hacia cualquier parte, menos hacia ellos.

-Qué fue eso... -preguntó Ren extrañado, viendo como Hao ocultaba una expresión entre sorprendida y angustiada, tras una falsa sonrisa-.

-N-nada... –sonrió- No te preocupes... Oye Yoh! –dijo gritándole por encima de la muchedumbre a su gemelo– Es hora de irnos, no crees? –gritó al tiempo en que se ponía en marcha-.

-C-cómo? -chilló el aludido sin entender- Pero si aún es Temp-... -y calló al ver la mirada de reproche de su gemelo- Esta bien UU-.

Así se alejaron de la multitud, hacia la puerta de salida.

-Oye... Pero... dónde está Lyzerg? –preguntó de pronto Yoh-.

-Eh? Pues... debe estar en la entrada así que apurémonos... -respondió el castaño mayor, fingiendo desinterés-.

-Ya peleaste con tu novio Hao...? Qué decepcionante... -soltó Anna sin cambiar su neutro semblante-.

-Qu—qué? Pero qué cosas dices mujer! XXO.Ó-.

-Jm... –sonrió de lado la rubia, cerrando los ojos- Premio...-.

El mayor de los Asakura estuvo a segundo de ser el causante de desatar la furia de la rubia, sin embargo, cierta escenita que vislumbró en la puerta de salida, le llamó la atención con aún más importancia.

Y es que SU peliverde estaba conversando y riendo con una CHICA!! Y no con cualquier chica, con una chica hermosa!!!

Tenía el cabello largo y ondulado, color rosa. Le parecía un color bastante tonto de cabello, pero en aquella muchacha sentaba hermoso. Su tez era pálida y sus ojos color ámbar anaranjado.

Vestía una falda rosada, que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas, con vuelos en el pecho y corte cuadrado.

-Q-quién es esa chica... –soltó Horo en un impulso-.

Llamando la seria y odiosa mirada de Ren. Un extraño hormigueo le recorrió los brazos, y sintió ganas de darle un buen zape al peliazul. Por qué? Eso ni él lo sabía.

-Nos vamos Lyzerg... -dijo Hao en voz muy alta una vez que estuvieron en la salida, haciendo notar su presencia a todo lugar-.

Lyzerg lo vio con sorpresa, pero pareció ignorarlo, puesto que tomó de la mano a la chica y se le acercó a los otros... pasando del castaño olímpicamente.

-Chicos! Quiero presentarles a una amiga –sonrió el peliverde-.

-Hola! –saludó la muchacha, era verdaderamente adorable- Mi nombre es Megumi –se presentó con una leve reverencia-.

-Hola Megumi –respondió Yoh sonriente-.

-El es Yoh Asakura -dijo Lyzerg comenzando con las presentaciones- el peliazul guapo de ahí es Horo... -.

Al mencionar la cualidad, se acercó al oído de su amiga, cosa que produjo que ella riera juguetona y que cierto castaño hirviera.

-Ella es Anna, también va en nuestro salón y él Ren Tao...-.

-Wow... -dijo observándolos a todos- todos ellos son parte de tu banda...? -dijo mirando al peliverde-.

-Pues... sí -.

-Encantada en conocerlos –dijo dirigiéndose al grupo- Lyz me ha hablado mucho de ustedes y estaría encantada en ayudarlos. En serio –concluyó con una encantadora sonrisa-.

-Disculpa? –irrumpió Hao de pronto, saliendo de atrás de ella-.

-Nh?!-.

-Ah sí... y él es Hao... -concluyó Lyzerg evitando la mirada de su amiga-.

-Ah...! –La muchacha escudriñó al castaño con curiosidad- Encantada, soy Megumi -.

-Sí, sí como sea... Ahora dinos... en qué nos estarías ayudando? -dijo Hao irritado, impaciente...-.

-No les dijiste Lyz? –inquirió la muchacha hacia su amigo-.

-No... discúlpame no tuve tiempo, Megu. La verdad es que hoy no hemos hablado de eso... –sinceró el peliverde con tranquilidad-.

-Disculpen... se puede saber de qué hablan...? -inquirió Ren confundido, también comenzando a irritarse-.

-Verán... Megu es la hija del dueño de la disquera de "Ayashibara's records" Y nos ofreció la oportunidad de auspicio... bueno para cualquier cosa que necesitemos –informó el peliverde con naturalidad-.

-Ayashibara's? Es decir que tú serías... –analizó el castaño menor-.

-Ayashibara Megumi desu n.n-.

-TÚ ERES MEGUMI AYASHIBARA!!!!!???????-.

-Por favor no lo griten! n.ñU-.

Horo no podía creerlo, aquella muchacha era su ídiola de toda la niñez.

-Sí... definitivamente tú eres Megumi... –asintió el peliazul como idiotizado por la presencia medio-sublime de la muchacha-.

La chica no pudo evitar ruborizarse un poco, así como Ren no pudo evitar interrumpir.

-Bueno nosotros nos íbamos... gracias por tu voluntad, pero no te necesitamos... –afirmó con fastidio-.

-Ren! –saltó Lyzerg molesto- Discúlpalo Megu... es que él es... -cuchicheo al oído de la pelirosada-.

-Oh! En serio? –exclamó sorprendida, el peliverde asintió. Entonces ella paseó su mirada juguetona desde Ren a Horo... y de Horo a Ren-.

-Aw... Ahora sé por qué te pasan todas esas cosas! –exclamó la muchacha del todo chinchosa- Bueno, en fin. Me voy, amigo, que estés bien, luego hablamos ah? Llámame si necesitas cualquier cosa –concluyó guiñándole un ojo-.

-Claro! Que te vaya bien n.n-.

Y la pelirosa se perdió entre el gentío.

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-Anna? has visto a Horo?-.

-Está afuera, viendo las estrellas-.

-En serio? O.o-.

-En serio-.

-Bien, gracias –sonrió el peliverde-.

A paso rápido se dirigió hacia la puerta corrediza que daba al engawa. Una vez afuera, recorrió el antejardín de la casa de los Asakura en busca de Horo.

No le vio de inmediato, por lo que bajó hacia el pasto y al cabo de unos instantes, le visualizó en una pequeña loma que había hacia uno de los costados de la casa.

Se hallaba apoyado en un árbol, viendo, efectivamente, hacia el cielo.

-Horo... –llamó el peliverde de manera grave-.

-Mm? –musitó distraídamente, aún con la vista fija en las estrellas-.

-Estás bien?-.

-Mm... sí... creo-.

El peliverde avanzó el par de metros que los distanciaban, para apoyarse en el mismo árbol que el peliazul y detenerse a observar las estrellas..

-Pasó algo con Ren?-.

-Un par de cosas... nada importante-.

-... Pues no lo parece-.

-Le hablé de cosas... que no hablaba en mucho tiempo, ya-.

-Pero... eso no debería ser malo... o sí?

-Es malo si trata de que tuviste que hacerlo para dejar en claro que la otra persona tiene una idea errónea de ti-.

-Ah... -pronunció únicamente el peliverde, con un aire medio suspendido- Al parecer... le explotó la cosa... -.

-Hubiese sido más fácil si tan solo hubiese explotado, Lyz... el punto es que él cree que soy alguien que no soy... o al menos lo creía... y por otro lado, me hizo recordar sentimientos muy dolorosos-.

-Ren tiene ese don... -sonrió el peliverde comprensivo- pero no te preocupes, no es nada grave. No tiene por qué afectarte-.

-Es que sí me afecta, Lyz... me afecta mucho. Más incluso de lo que yo mismo pensaba -pronunció lo último con una mueca de desagradable incredulidad-.

-Ah! pero eso... tiene arreglo no? es decir... No vas a estar todo el tiempo mal porque Ren salga con sus ataques de idiotes... o si?-.

-...-.

-Ren me gusta, Lyz...-.

El peliverde parpadeó sorprendido. Para nadie era una noedad que a horo le ngustaba Ren. Pero verle a los ojos, con aquella expresión tan profunda y decidida... el hecho se magnificaba increíblemente. Fuera de que, además, jamás lo había escuchado de su boca.

-Horo yo...-.

-Y Anna dijo...-.

-...-.

-Anna dijo que quizás yo también le podría llegar a gustar a él... pero no lo sé... la verdad es que no me lo creo del todo... A veces Ren se me hace tan...-.

-Inalcanzable?-.

-Mm...-.

-Jm... Ren siempre se verá así... el truco es poder anular esa distancia. Y... por mucho que no lo creas... yo también lo veo, Horo... tú, cada día que pasa, acortas más esa distancia que existe entre ustedes-.

-Eso crees? -preguntó el peliazul con una sonrisa medio socarrona-.

-Pues sí... -el peliverde arqueó una sonrisa, pero apesar de ello, vio como la tristeza no disminuía ni en un gramo de aquellos ojos oscuros y brillantes-.

Estaba a punto de hablar, darle palabras de apoyo, pero cuando abrió la boca para hablar, el peliazul se le adelantó.

-Tengo miedo... -comenzó, con la mirada expectante del peliverde sobre su espalda- Tengo miedo de enamorarme de él-.

Un extraño estremecimiento recorrió la espalda del inglés, haciéndole recordar escenas indecorosas junto al castaño. Y a él mismo, repitiéndose aquella frase: "Tengo miedo a enamorarme de él".

Sinembargo, él ya estaba enamorado de Hao, y por eso mismo sufría todo lo que sufría por su culpa. aunque, comparando las situaciones, su situación era muy distinta a la de Horo y Ren. Horo se estaba enamorando... y no había razones para dejar de hacerlo.

-Horo... -.

-Mm?-.

-Tú... no tienes por qué tener miedo de ello. Puedes enamorarte de Ren cuanto lo desees. El amor verdadero es unh sentimiento tan hermoso... que aunque sufras y no seas correspondido... es un calor interior demasiado grande. Algo que te hace sonreír por la más mínima cosa... y puedes animarte de muchas situaciones con tan solo amar a aquella persona. no tengas miedo de enamorarte de Ren... si lo haces de verdad... Tu felicidad solo se podrá intensificar, estoy seguro-.

El peliazul le escuchó con dedicación, para finalmente, dedicarle una cálida sonrisa.

-Así que al final, sí estás enamorado de Hao-.

El peliverde alzó la vista sorprendidísima y brillosa hacia las sensatas orbes negras. era primera vez que alguien se lo planteaba así. y dicho de esa forma... sonaba como lo más maravilloso que jamás podría llegar a sentir.

-Supongo que sí -aseveró con una sonrisa acongojada- supongo que... fuera de todo... lo amo más que cualquier cosa-.

-De... verdad se siente como dices? -en peliverde alzó la vista, una de sus mano presionó su pecho-.

-Sí...-.

-Jm... he de dsuponer entonces... que no es tan malo -concluyó con una curva y hermosa sonrisa- Anda Lyz... dile a Ren que le espero afuera-.

El peliverde, conforme ante la respuesta, asintió complacido. Para luego alejarse del muchacho hacia la entrada de la casa.

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-Que yo lo hago, anda... tú ve que de seguro Horo ya hechó raíces de tanto esperarte-.

-Ya estoy que termino, no es necesario-.

-Hala! Pero qué porfiado!-.

-Me vale -se encogió de hombros mientras seguía repartiendo patatas en los pocillos-.

-Argh! Sólo esto me faltaba! Primero Lyz me jode con esa estúpida de Megu-rosadita-ayashibara y luego tú! Puedes hacerme caso y salir de una jodida vez!?

-Vaya! Si que te puso lo de esa niñata ah?-.

-Claro! Si tenía a Lyz idiotizado-.

-Jah... Hay que ver-.

-Ngh... maldita miserable suelta...-.

-Hao ya tranquilízate si?-.

-Cómo quieres que me tranquilice! Viste como le hablaba al oído? Viste como le sonreía? –decía estrujando, esta vez, un inocente paño de cocina-.

-Bueno si se trata de coquetería, tú no te quedas atrás Hao... -se le salió al pelivioláceo-.

-Disculpa?-.

-Nada Hao, nada... -.

Ante tal respuesta, el castaño comenzó a refunfuñar tontería y media de insultos y reproches con respecto a lo que fuese. Al cabo de un rato, de seguro se cansó de reclamarle a la pared de Ren Tao que no escuchaba más que sus propios pensamientos. Decidió volver a apoyarse en el mesó del fregadero, y hablar nuevamente.

-Oye y... ya van a ir a arrendar las películas? -preguntó ya con irnía, puesto que el "ya termino" de Ren, se había alargado bastante-.

-Que estoy haciendo esto, Hao... Te dije que termino y salgo-.

-Está bien... como digas... -y se detuvo a observarlo...-.

El Tao se hallaba de pie, dándole la espalda. Frente al mesón de la amplia cocina.

Y no podía dejar de mirarlo... qué era lo que tenía Ren?

Su alta figura, sus delineados hombros. Su bien formada espalda, su ajustado torso. ese redondito y calzado trasero... Le quedaban bien aquellos pantalones.

De que Ren era hermoso, lo era. Pero jamás podría llegar a verlo con lujuria... o sí? Y si algún día lo hiciese? Y qué tal ahora...?

No... si lo hacía en ese mismo momento, arruinaría todo. Todo con respecto a lo que había hablado con Lyz, todo con respecto al plan de unir al tenedor y a su tigre. Sin embargo, si tenia en consideración sólo lo primero, la verdad es que tenía derecho a vengarse. Después de ver a Lyzerg cuchicheandose y coqueteando con aquella muchacha... por qué él no podía entonces? Además, tampoco se trataba de que aquello pasara a mayores o no? Tan sólo sería un pequeño juego.

Y por otro lado, si consideraba el segundo aspecto... estaban solos en la cocina. Podría inventar alguna excusa para acercársele... después podría hacerse el inocente e irse, dejando al Tao sintiéndose un tonto por haber creído algo "erróneo". Siempre hacía eso...

-Oye Ren... -y se le acercó- Hoy... qué pasó hoy con Horo...? -dijo soltando lo primero que se le vino a la cabeza, mientras se le acercaba con complicidad, violando el espacio personal-.

Ren le observó escéptico. Ahí iba nuevamente el castaño con su parada de sex-symbol. Dios, cómo detestaba aquellas escenitas.

-Ya corta el rollo, Hao... aquello te quedará con Lyzerg, pero conmigo ni lo intentes-.

-No sé de qué me hablas... y aún no has respondido mi pregunta-.

-Pues yo tampoco sé de qué hablas-.

-Yo diría que si pasó algo... -dijo susurrando, sedoso, al oído del Tao-.

-Pues ya te dije que no pasó nada –respondió quitándose al castaño de encima con un forcejeo arisco-.

-No me mientas tigre... tú sabes que me ocultas algo... -y comenzó a rozar los blanquecinos brazos con sus manos, haciendo que el calor corporal comenzara a hacer efecto por si solo, pegándosele por detrás a la formada espalda del Tao-.

-Que no ha pasado nada, joder! –No sabía qué le incomodaba más, si la pregunta del castaño por sí sola, o la insistente actitud acosadora que había adoptado de pronto- Y saca tus calenturas de mi cuerpo que me contagiaras lo pervertido! –ladró con fastidio mientras le empujaba de costado-.

-Anda! Pero qué tiburón más difícil! Vamos, no te hagas de rogar... -dijo alzándose en un ágil movimiento, para atrapar las manos del pelivioláceo e imponerse sobre su cuello desnudo-.

-Hao ya... basta... -dijo oponiendo resistencia a la manos opresoras con fuerza- Te juro que un movimiento más y te golpeo... y sabes perfectamente que soy capaz de hacerlo-.

-Anda... No seas así... si sabes que te gusta...-.

-Por qué haces esto? Y luego andas arrepintiéndote y pidiéndole perdón a Lyzerg vez que te descubre-.

-Lyzerg? Por qué metes a Lyzerg en esto... no tiene nada que ver con él... -.

-Puede ser. Pero no estaría bueno que hicieras esto con él de una vez en cambio de andar acosándome con esa actitud tan odiosa?-.

-Ah?! R-Ren...-.

-No me mires con esa cara de asombro. Sé perfectamente lo que sienten el uno por el otro, así que déjate de bromitas y ve a preparar el karaoke junto a tu hermano-.

Y el pelivioláceo aparto al Asakura para salir de la cocina a paso rápido.

Mientras que afuera, justamente, el inglés se arrepentía de haber presenciado aquello que acababa de presenciar.

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-Oye Ren... no vendría siendo hora de que vayan arrendando las cosas? –le cogió Anna al verle salir de la cocina-.

-Viene siendo hora ya... Ya estoy listo-.

El pelivioláceo salió hacia el antejardín con tranquilidad. y aún así, un extraño cosquilleo se paoderaba de su estómago. Haciéndole odiar, por cuarta vez, aquel día. Alzó un poco la vista hacia los costados, entonces la figura deprimida del peliverde se hizo presente ante sus ojos.

Ren le escudriñó con extrañeza, al tiempo en que el otro alzaba sus esmeraldas con sorpresa, intentando, instantáneamente, recurrir a lo que le quedaba de ánimo.

-Ren! -exclamó con falsa alegría- Horo dijo que te esperaba... está allá... -dijo apuntándo hacia la pequeña loma- Si quieres le llamo-.

El pelivioláceo dudó un instante.

-No te preocupes... yo lo hago... -dijo haciéndo uso de sus reservas de cordialidad, al parecer el peliverde no andaba con ánimos de nada-.

Vio como pasaba por su lado cabizbajo, evitando como antes, el contacto visual. Y sólo una vez que hubo entrado, se decidió a llamar al peliazul.

-Ey! Tenedor! -gritó hacia la loma donde supuestamente se hallaba el de Hokkaido-.

Al no haber respuesta alguna, se dirigió hacia aquel lugar con cautela. Una vez al pie de la pqeueña loma, alzó levemente la cabeza para atisbar al otro. Le veía, sí. Pero no muy bien. Acortó la distancia que les separaba, para plantarse con aire desinteresado al costado del ainu. Y entonces, ya a su lado, se le secó la boca, y sus pupilas se dilataron. Era una visión realmente fascinante.

La luz de la luna daba de lleno en el rostro apacible del peliazul. Sus ojos entrecerrados dejaban solo entrever el constante brillo en ellos, dejándo apreciar las largas y definidas pestañas. Los cabellos livianos y juguetones, le acariciaban el rostro con leves y repentinos movimientos. Su camisa, medio desabrochada, dejaba ver el principio de un bronceado y formado pecho, cortado al cuello por aquel sinuoso y estilizado collar. La respingada y lisa nariz en la que muchas veces se había fijado. Los labios finos y contorneados. aquella barbilla afilada y delineada... los cabellos negros rozando su nuca...

Y entonces, para empeorar su estado idiotizado por aquel espectáculo, de pronto, el rostro del peliazul se alzó con parsimonia, para fijar sus profundos y sinceros ojos sobre los opuestos. Y nuevamente... aquel intercambio de miradas eterno.

Sintió un calor extraño recorrer todo su cuerpo, como si de pronto algo se hubiese encendido. Que aquella mirada se fijara sola y plenamente en él, era un sentimiento demasiado recorfontante. Y aunque seguía sin descubrir el exacto motivo, ya no le molestaba como antes el no saberlo. Y de hecho ya comenzaba a dar igual.

Horo sólo quería confirmarlo... de verdad... se estaría enamorando de Ren?

Todo fue confirmado una vez que estuvo ahí, a su lado. Y podía observarle con aquella expresión tan serena y contemplativa. Como si aquel escudo defensivo de pronto se derrumbase, y solo quedasen ellos, a un mismo nivel, igual de alcsnzables... y queribles.

-Vamos? -inquirió el peliazul mientras terminaba de incorporarse y se acercaba al pelivioláceo a paso lento-.

-Sí... -asintió el pelivioláceo, al tiempo en que sentía como una especie de calor inquietante con aquella cercanía y unas feroces ganas de sentir aquella piel contra la suya-.

Horo aún olía a aquel perfume.

Horo ya lo había confirmado. Comenzaba a enamorarse... y no creía temerle ahora que lo pensaba.

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Silencio.

El maldito e incómodo silencio, se hacía más y más incómodo a medida que avanzaban. Ya llevaban caminando unos diez minutos, pero se hacía una eternidad.

de todos modos, fuera de las extrañas cirunstancias, algo en su interior no quería que aquello terminara. Por alguna razó, sólo quería estar cerca del peliazul.

Comenzaban a divisar, a un ar de cuadras, las luces de la casa Asakura.

Y la bendita casa se les hacía cada vez más lejana...

Y lo peor, era que los pensamientos, sentimientos confusos, no le abandonaban. Y comenzaba a recordar aquel sentimiento de culpa que no le dejaba tranquilo desde que habían mantenido aquella conversación en el parque.

No quería pensar más en ello. Pero no podia, no podía dejar de querer disculparse, de sacarse aquella culpa, que con los minutos se hacía más latente.

-Rayos! -musitó al tiempo en que contraía los puños y fruncía el rostro-.

-Dijiste algo? –preguntó Horo distraídamente-.

-Eh? nada -respondió atroelladamente, volteando el rostro con rapidez-.

-Mmh... - sintió mascullar a Horo de forma casi inaudible, mientras que su expresión se nublaba nuevamente y de igual manera que en el parque de diversiones-.

-N-no! -se atropelló él mismo sin siquiera saber la razón por la que no deseaba que Horo pasase un nuevo mal rato- Quiero decir -titubeó en busca de alguna excusa para su repentino quejido- no... no es eso, es que yo... me tropecé con una piedra y... y me dolió... –argumentó finalmente exasperado-.

El Usui le vio con los ojos abiertísimos. Sin entender aquella extraña e innecesaria excusa.

-Está bien... -respondió únicamente, reprimiendo una sonrisa, y volviendo a mirar hacia la nada-.

Habían estado media hora tratando de elegir una película o dos para arrendar. Y verdaderamente había sido la odisea más incoherente de sus vidas.

El uno quería que el otro eligiera la película, para que ninguno se sintiera atropellado. Pero el otro, para no sentirse más culpable de lo que ya se sentía por la amabilidad del uno, pues decía que le daba igual.

Y la señorita de los videos estaba ya más que harta. Al final se habían decidido por una de terror y otra de humor. Cómo? Sugerencia de la servicial señorita.

Y Ren sentía como si cargara con un elefante de culpas arriba suyo. Era un peso impresionante que nunca antes había sentido. Y es que el Usui le hacía sentir tantas cosas que nunca antes había sentido.

Y esa expresión! La expresión de Horo le hacía sentir tres veces peor. Es decir... tres elefantes peor...

-Oi! -llamó, a decir verdad, no muy delicadamente- Tenedor... yo... Con respecto a lo que hablamos en el parque... Yo te dije cosas que... bueno... ya sabes... -y así siguió balbuceando frases sueltas mientras Horo le veía expectante-.

Y es que si su mente y corazón, el que por cierto iba a mil por hora, no le mentían, Ren... Ren quería pedirle perdón?

Aquella idea le hizo parar en seco, haciendo que Ren también parase su monólogo...

-Tú... quieres... -musitó medio abriendo los ojos. Sorprendido de su probable descubrimiento-.

Y de pronto... las palabras de Anna volvían a su cabeza.

Avanzó los pasos que le separaban del pelivioláceo, de manera lena pero segura. Analizando aún, si las palabras del Tao tenían que ver con lo que él suponía.

Pero entonces el chino notaba que la cercanía del peliazul se hacía tortuosa. Ese mismo calor corporal que había sentido anteriormente. Horo estaba, para su gusto, demasiado cerca suyo.

Y de pronto... de pronto le veía a los ojos y qería que estuviese aún más cerca. Que aquella piel bronceada y perfumada rozara con la suya. Y el hecho de que aún no lo hiciera, lo descontrolaba. Y bien... quería tenerlo cerca! Debía admitirlo. No tenía la menor idea del por qué. Pero deseaba sentir aquel calor vehemente... sentirlo pegado contra su piel...

-Hoto yo... -sus ojos brillaban más de lo normal-.

Había luna llena, y se reflejaba de lleno en aquellos cristales de color azabache.

-Yo en verdad... -y comenzaba a abrir la boca de lo embobado que estaba...-.

Y es que todo era tan incoherente... tan extraño... tan distinto.

Creía estar alucinando, pero no era así. Ren tenía una expresión completamente diferente... nuevamente, como arriba en la loma, creía que le veía de la misma manera que él lo hacía. Le miraba a los ojos y no sentía intimidación alguna. Era una sensación tan embriagante...

Sintió como de pronto su cuello se abochornaba. Concentrando el baho ardoroso, desde su pecho hacia su rostro. Dio un paso hacia él por inercia.

Se le acercaba? Dios se le estaba acercando! No sabía si estaba o no haciendo algo malo, pero al parecer comenzaba a dejar de importar. Simplemente quería disculparse... pero... y si acababa en otra cosa?

Y se hallaron a centímetros el unos del otro...

Mirándose a los ojos... sin tocarse... sin hablarse... diciéndose todo con la mirada...

Aquella mezcla de olores se hacía alucinante, casi adormecía. Horo no podía creerlo, le tenía a cntímetros de su rostro, podía sentir su cálido aliento rozar la punta de su nariz. Quería besarlo, dios! Cómo quería besarlo! Y aún no sabía si acercarse más o no. Y si lo hacía? Qué haría Ren? Le rechazaría? Y si no lo hacía? Sería esa su única oportunidad? se arrpentiría luego?

Por qué no hacia nada? Por qué no se movía? Quizás el Hoto esperaba algo de él... pero... qué...

Abrió los ojos por un instante, al recordar en lo que estaba pensando unos segundos antes... y decidió concluirlo.

Sí. Sin dudar... porque con el peliazul así de cerca no le cabía duda alguna.

-Horo yo... -comenzó clavando su vista en los ojos azabache- yo... por lo que pasó en el parque... lo sien...-.

CRSHHHHHHIIIIIIIIIINGK!!!!

Un auto no pudo haber sido más oportuno.

Una frenada desesperada, fue tardía e innecesaria, puesto que los reflejos del Tao, fueron los de un gato. Atrajo a Horo hacia sí, sacándolo del camino, y cayéndo por tanto, al asfalto, bajo su cuerpo.

Silencio.

Sobre el suelo se hallaban ambos cuerpos. El más alto bajo el del peliazul. Sus brazos rodeaban el firme y delgado torso. El silencio nocturno era tal, que podían sentir ambos corazones latiendo rápidamente y al unísono... y eso hacía que la atmósfera fuese mucho más frágil.

Ahora sí. Aquel deseo se le cumplçia. Ambos cuerpos estaban más que pegados, pudiendo así, sentirse con mayor plenitud.

Era una cercanía demasiado agradable. Un calor tan abradasor y embriagante que incluso se podría llegar a considerar como adictivo. Al punto de ser letal si se ausentaba. Comenzaba a gustarle demasiado aquel calorcillo en la panza. Y el aliento agitado del ainu que abanicaba su cuello con exasperación.

El ainu simplemente estaba soñando. Si aquell no era el paraiso, pues dudaba que existiera. Aunque por el momento... no deseaba imaginar algo aun más placentero que mantener esa cercanía con el ojidorado.

Levantó levemente su rostro. Alzándolo del exquisito cuello, para poder enfrentar a aquellos ojos fijamente.

Ambos se miraban embobados... paseando su vista desde los ojos contrarios hacia los ansiados labios.

-Disculpen jóvenes... se encuentran bien...? –un anciano, ahora sí, inoportuno, que de seguro daba su caminata nocturna, los había visto caer y se les había acercado a lo máximo que sus cansadas piernas le daban-.

Listo.

La atmósfera era historia.

Se separaron en un abrir y cerrar de ojos, a una distancia increíble como para tan corto instante.

-S-sí señor. No... no se preocupe... -musitó Horo intentando calmar aquel fogón que ardía en su interior, mientras que el pelivioláceo farfullaba por lo bajo-.

-Me alegro -sonrió el anciano- deben tener cuidado, muchachos. Hoy en día la gente anda muy loca en las calles, y no tienen respeto por nadie. En mis tiempos la gente andaba más calmada, y de seguro era mucho más respetuosa. Ya saben... no solíamos ser como los jóvenes de hoy en día que ni a los ojos se miran al momento de hablar y...-.

La voz del anciano se volvió música de fondo para aquellas alborotadas cabezas... y hormonas.

Se lanzaban miradas de reojo, tratando de no esquivarse tontamente al momento en que se encontraban.

En una de esa miradas furtivas, Horo divisó la bolsa de los videos...

Los videos! Se le habían olvidado por completo!

-Ren... -habló chiquito sin quitar su mirada de la bolsa- no deberíamos haber llegado ya?-.

Y Ren bajó la vista hacia la bolsa...

-Ah! –musito como tal cosa.

-Ah! Cómo que ah! Anna nos va a matar!-.

-...demonios -musitó de mala gana mientras se aferraba a la bolsa y salía disparado junto a el peliazul-.

-Adios señor! –gritó Horo mientras salía corriendo como alma que lleva el diablo-.

-Y tuve que hacerle buscar la palabra ética en el diccionario... -el anciano escuchó a lo lejos el grito de Horo- estos jóvenes de hoy en día... -y negó con la cabeza resignado-.

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Su largo cabello ondeaba al compás de la agradable brisa, mientras su mirada se dirigía impaciente hacia la entrada de la casa.

-Dónde demonios estás tigre -musitó al tiempo en que encendía un cigarro-.

-Ya cuantas veces te he dicho que dejes eso -sintió la cálida, pero extrañamente arisca voz a sus espaldas-.

El castaño, apoyada su espalda en un pilar del engawa, le vio de soslayo por encima del hombro. Con el humeante cigarro entre sus labios.

El peliverde se apoyaba un costado en el marco de la puerta corrediza. Escudriñándole a ojos entrecerrados.

Al tiempo en que se sacaba el cigarro de la boca para botar la exhalada de humo, le seguía escrutando fijamente. Y así, sin despeinarse, se lo volvió a introducir en la boca, como única respuesta.

-Lo extrañas mucho? -pronunció esta vez sin disimular la molestia en su voz, al ver que el pelilargo le daba la espalda-.

Volteó...

-Lyzerg... -pronunció como si fuese a decir algo más... pero nada-.

-Jm... -el peliverde rió con amargura, para luego caminar lenta y parsimoniosamente hacia donde el Asakura se hallaba- Supongo que... has de tener una buena razón para acosarlo de esa manera. Después de todo... no es nada feo... -dijo mirando hacia la entrada también-.

El castaño le observó a ceño fruncido por el rabillo del ojo, al tiempo en que jugaba a aspirar y exhalar el humo.

-...Sabes qué? -inquiriço sin mirarlo aún- yo...ya lo pensé y creo...creo que esto no vale la pena sabes?-.

-Nh?!-.

-Nunca en mi vida me he echado a morir por nadie... siempre he sido feliz con lo que tengo. Y si se trata de querer a alguien, pues... supongo que puedo conquistar a quien me guste no...? y no tiene por qué ser una mujerzuela, o un hombrezuelo por defecto... -enfatizó en lo último, para volover su mirada hacia la negruzca, sin cambiar su voz y actitud apacible-.

-De qué rayos estás hablando...-.

-De ti, Hao... y de mi... -dijo arrebatando el dichoso cigarro de aquella boca, mientras que alzaba levemente la voz. Pero entonces... la engravexció- tú y yo no podemos estar juntos... Yo no te quiero-y no lo miraba-.

Hao solo veía la espalda del peliverde sin dar crédito a lo que sus oídos le decían...

-Q-qué?! No me puedes decir eso! Lyzerg... -dijo alejándose al tiempo en que el peliverde lo hacía-.

El castaño hizo el ademán de voltear al inglés por los hombros. Pero este se arrebató con un movimiento brusco y repentino, devolviéndole una mirada de odio.

-Así lo he decidido... y no me harás cambiar de opinión...-.

Hao escuchaba. Pero no podía creerlo. No podía creer que Lyzerg desistiera de intentarlo, simplemente era inconcebible!

-Fue ella cierto? -inquirió en tono lúgubre -Fue esa tal Megumi!! Esa rosadita te metió la idea en la cabeza!-.

-Demonios... No puedes dejar de echarle la culpa a los otros por un sólo segundo en tu vida!? Ella no tiene nada que ver! No la conoces! Tú eres el único y maldito culpable de lo que está sucediendo! -gritó esta vez ya consternado-.

-Qué rayos me dijiste...? -pronunció aguantando la voz-.

-Que tú eres el único culpable de esto... -respondió con su mirada clavada en los negruzcos ojos- Ya... ya estoy cansado, Hao... ya no quiero seguir más con esto. Creías que yo jamás te iba a decir nada y que me resignaría a ver y callar. Pero te equivocaste. Te confiaste mucho, creíste que me conocías... pero en verdad no me conoces... y nunca me has conocido-.

-No... -pronunció negando con la cabeza levemente-.

-No puedes querer de verdad a una persona que no conoces... cierto Hao? -el castaño arrugó el entrecejo- yo ya no quiero verte... pero no puedo ser tan desconsiderado como para irme en este minuto, así que compartiré con los muchachos... y luego me iré-.

-Espera espera espera! Puedes ir un poco más lento? cómo es eso de que no te conozco! Te conozco de hace años! Siempre! Y por supuesto que te quiero!-.

-No me mientas...-.

-Que no te miento! -exclamó aferrándose a los hombros contrarios-.

-Si vuelves a tocarme me voy ahora mismo! -ladró al tiempo en que empujaba el cuerpo del castaño-.

-Por favor... Lyz... No puedes irte! No eres quién para arruinarle la noche a Ren y a Horo...-.

-Jah... Al final ellos son lo único que te importa cierto?-.

-Qué?!-.

-Olvídalo... -concluyó volteando en un gesto arisco- ... y olvídame a mi -volteó entonces, para verle por encima del hombro, y dar una última aspirada al casi ya consumido cigarro- no puedo estar con alguien que cree que puede dividir su corazón en tres... sin herir a nadie... -y apagó la colilla en los rieles de la puerta corrediza- Aunque te lo creas... no eres un dios, Hao... -y así concluyó entrando a la casa... cerrando la puerta corrediza atrás de sí-.

Él?

Nada. Qué iba a hacer además de quedarse estático mirando el lugar por donde se había ido el peliverde? Aquellas palabras le habían llegado a lo más profundo.

Y es que Lyzerg tenía razón: Por confiarse y creer poder querer a varias personas, había herido a la que verdaderamente quería.

Había sido completamente egoísta.

-Lyzerg... -murmuró- Lyzerg!! -gritó entrando a la casa-.

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Estaban por llegar, y de nuevo reinaba el silencio aquel...

El peliazul escudriñó la bolsa que el pelivbioláceo llevaba. Y entonces notó como a veces la movía de manera incómoda. Al parecer se había doblado la muñeca al caer bajo su cuerpo.

-Quieres que la lleve yo...? -.

-Eh? Ah... No, estoy bien... gracias -agregó lo último evadiéndo la insistente mirada del otro-.

-No quiero que aumente aquella herida...-.

-Qué herid... -Ren se miró la mano, y notó que la parte interior de las falanges estaba raspada, aparte del dolor en su muñeca- Ah...-.

-Anda... dame -dijo quitándole con delicadeza la bolsa-.

Ambas manos se rozaron en un movimiento insensible. Y sinembargo, ante aquel tacto, Ren fijo su vista en el brazalete de Horo.

Era cierto... aún no le daba el regalo.

Qué debía darle? No le había comprado nada...

"Entonces regálale algo tuyo..."

"Algo mío...?"

"Ajá, algo que creas que le guste, pero que sea tuyo... ya sabes..."

"Pero todo lo que tengo me gusta"

"Mmm... y por qué no le regalas esa...?"

Y se llevó la mano al cuello donde tenía la bendita cadena...

Dársela a Horo? De verdad estaba pensando en regalarle aquella cadenita a Horo?

Ya qué. La verdad sí quería hacerlo. Quizás esa sería una buena forma de pedirle perdón... puesto que aún no lo hacía.

-Tenedor... -llamó con voz engravecida y masculina, una vez que se había sacado la cadenita del cuello-.

-Mm?-.

-Yo... aún no te he dado tu regalo...-.

-Pues... no importa Ren -rió divertido ante la innecesaria ocurrencia-.

-No... Es que... lo tengo aquí... -dijo abriendo su palma frente a la mirada incrédula del peliazul, mientras que evitaba verle de manera desinteresada-.

Horo parpadeó sorprendido y tomó la cadenita que se hallaba sobre aquella mano con delicadeza, para luego mirar al Tao con ilusión... sería que... en verdad...

-R. T. -pronunció luego de haber observado la cadenita- pero si esto es tuyo Ren!-.

-Sí, pero yo quiero dártelo... -dijo esta vez clavando su sincera mirada en los ojos del Usui... y nuevamente... aquel eterno momento-.

De pronto ambos sentían que los latidos aumentaban.

-Lo... Lo siento Ren, pero no puedo aceptarlo... -negó de manera humilde-.

-Por qué no... acaso no te gustó?-.

-No! Digo si! Es decir no, no es eso. Sí me gustó, es hermosa... pero es tuya, no puedo aceptarla así como así...-.

(Sólo para ti - Camila)

-Haaa -suspiró, para luego verle de soslayo con su mirada endemoniadamente seductora- Entonces qué debo hacer para que la aceptes...-.

-Ah? -La cara de Horo era para retrato, una estupefacción, mezclada con lo embobado que quedaba ante esas irresistibles miraditas- Pues... la verdad... -pronunció sin poder quitar sus ojos de encima de encima del otro-.

Dios... cómo deseaba tenerle más cerca... cómo deseaba que sus cuerpos se acercaran nuevamente como en unos momentos atrás.

-Pónmela tú... -habló en un arrebato de atrevimiento, al tiempo en que tomaba la cadenita y la mano de Ren al mismo tiempo-.

Ren parpadeó de manera incrédula, aquella expresión que el ainu había adoptado de pronto era realmente hipnotizante.

-Yo... -musitó musitó apretando la mano del ainu de manera inconsciente-.

Y de pronto, sacando a Ren de todos sus esquemas, el ainu se llevó la mano de Ren, aferrada a su pecho. Y Ren pudo sentir como aquel corazón latía de manera desenfrenada.

No supo si fue el gesto en sí, o la fija y penetrante mirada del ainu. Pero un sonrojo voraz se expandió por todo su cuerpo, y sintiendo como sus mejillas ardían, no pudo más que evadir aquella mirada, ladeando el rostro y cubriéndole con el flequillo.

-Ren... -llamó el ainu apacible- Anda... me la pones?-.

Algo en aquella pregunta hizo que el calor de pronto fuese muchísimo más intenso que antes. Y reprochándose por tener una mente tan sucia, alzó levemente la vista, para encontrarla con la del ainu.

Vio como se aferraba a la cadenita, separándola, por tanto de su mano, la que por alguna razón, continuó apoyada en el pecho del ainu. Y entonces, el peliazul, le ofreció la cadenita con un sonrisa demasiado hermosa y sincera para sus registros.

Aquella sonrisa hizo que el corazón le diera un vuelco, y que mientras trataba de abrir el gancho de la cadenita, las manos le temblasen.

-Déjame ayudarte... -pronunció tomando las manos del Tao y abriendo el ganchillo-.

A pesar de que estaba igual de nervioso, un sentimiento esperanzador apaciguaba sus ansias. Como si de pronto sintiese que no era tan imposible gustarle al Tao. Y que de alguna manera... sí le confundía.

La mirada dorada se fijo nuevamente en la azabache. Era todo demasiado extraño, pero si había que ser sinceros... no importaba demasiado.

Casi pidiendo permiso, el pelivioláco rodeó el cuello del ainu con lentitud. No quería quitar sus ojos de los negruzcos, pero de pronto sentía que sus torpes dedos no lograban centrarse en la motricidad necesaria para abrochar el dichoso ganchillo detrás del bronceado cuello. Evadiendo levemente aquella mirada, alzó su rostro hacia el lado del otro, para poder observar aquella maniobra de mejor manera.

Y entonces, se preguntaba por qué no se la había puesto por detrás desde un inicio, pero además de que era una pregunta muy interpretable, ya se respondía el verdadero motivo.

Mientras observaba aquella maniobra costosa, de poner la cadenilla, el silencio era absoluto. Podía sentir la respiración agitada del ainu abanicar su hombro, y los ligeros estremecimientos que le producían. Y de pronto... unas manos cálidas se posaban sobre su cintura. Le sujetaban levemente, sin llegar a ser un abrazo. Pero aquel contacto era increíblemente tortuoso, como si necesitase que le abrazara de verdad. Más fuerte, más plenamente, y aún así, un estremecimiento aún más fuerte agitó todo su torso hasta su nuca, en donde de pronto el aliento del ainu se hacía aún más cálido y húmedo, debido a la mayor cercanía.

Sin saber cómo, dentro de todos esos sentimientos, pudo colocar la cadenita en su lugar, y sin embargo, no deseaba romper aquel contacto.

Recorrió levemente aquellos hombros. Separando sus brazos y haciéndo que los rozasen hasta culminar sus manos sobre aquellos hombros. Separó su rostro levemente, si no lo hacía, de seguro sería demasiado sospechoso.

-Gracias... -musitó Horo una vez que sus miradas volvieron a encontrarse, para luego juntar sus frentes. De pronto... deseaba besarlo-.

-De nada... -murmuró con voz grave, sintiendo como aquel cálido aliento chocaba contra sus labios-.

Era una sensación extrañísima. No tenía idea de cómo había llegado a aquello. Hacia dos días atrás ni le soportaba, y ahora... ahora qué?

Sentía como aquella cercanía comenzaba a hacerse inminentemente deseable. No sabía exactamente lo que sentía, pero es que aquello... jamás se había sentido tan bien... Él no era una nenaza, en absoluto. A él no le gustaban o los hombres... o bueno... quizás sí un poco. Pero por qué precisamente él?

Y por alguna razón, no podía... No podía hacer nada más que sentir aquella calidez y desear sentirla cada vez más cerca suyo.

Y de pronto... de pronto sus brazos rodeaban de manera firme y protectora aquel cuello bronceado, y los brazos del peliazul contorneaban con plenitud la cintura y espalda del pelivioláceo. Su rostros estaban a un par de centímetros, no menos, sus narices también se rozaban, sus labios estaban ya a milímetros.

No quería, no quería pensar más. Simplemente sentir. Y vio por entre la leve apertura de sus ojos, cómo el peliazul cerraba los suyos. Y entonces fue cuando no pudo continuar negándolo más. Deseaba besar a Horo, sí. Pero no lo diría, y tampoco quería pensar en ello. Sintió claramente como aquellos labios se rozaban con los suyos de manera tímida, y de pronto, de un momento a otro...

-Así que aquí estaba el par de tórtolos -se sintió la fría y cruel voz de Anna a sus espaldas-.

Se separaron de inmediato, como por reflejo. Y con miedo a la mirada de la rubia, quién echaba chispas por los ojos y despotricaba sola acerca de un plan que al fin y al cabo no había servido de nada y etc, etc, se dirigieron a la casa.

Ambos sin desplante de apocamiento alguno, caminaron más bien con miedo de la iracunda rubia.

Uno con las manos en los bolsillos y medio mosqueado por la repentina interrupción, aún más que por haber sido despubiertos.

Y el otro, aunque medio decepcionado, muy feliz. Porque fuera del increíble y hermoso regalo que acababa de recibir, Ren al parecer... también sentía cosas por él.

De seguro... nada podría arruinar su noche.

Continuará...

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LO SIENTO TANTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO ¡TTOTT!

De verdad no pude actualizar antes he tenido mil problemas de tiempo y organización y en verdad que este cap. me ha hecho estrujar la cabeza, solo espeo que les haya gustado y que para el pròximo no me demore tanto TT.TT

Ahora bien, con respecto al cap si lo encontraron medio raro...pues si, es algo extraño n.ñU en verdad no tengo idea como es la verdadera Megumi Ayashibara...pero tengo una gran imaginación xD por lo que ya ven, he inventado algop que es el 100 falso xD solo sìganme la corriente si:D

Ahora a responder los rw (h):

Liitha: lamento lo de tus incidentes aquellos dìas xD, he andado màs omenos igual que tu ;), con la diferencia de que ademàs el compu no es mio -.-'' y bueno mil cosas...que bueno que te haya gustado el cap. anterior espero que este también y que no me hayas dejado de leer por la demora TT.TT.

N4t5u0: Me quede atónita con tu rw ...O.O digo dios! como tanta imaginación para insultar! xD ni yo puedo, jaja pero en fin, si Hao y Lyz son un caso...quizás ahora me odies más en ese sentido xD, pero bueno ya ves todo para por algo u.u, en fin nos vemos y gracias por tu apoyo ;).

Didboroth Ganó la uno!!!!! xD si lo siento pero es que si lo hacia de este modo era mas entrete :D! x) me demoré muuuucho lo siento TT.TT sigue valiendo la pena? espero que si u.u de todos modos te estaré esperando...aunque sea el rosario completo equivalente casi a dos meses xD.

Sad.Whisper Te gustó Lyzerg trasvesti? xD que weno (a) en verdad Lyzerg no tiene ni la más mínima creencia de que Ren sienta algo por Hao y tampoco Horo, te lo aseguro xD, de quien desconfia el verdecto es de Hao...supongo que quedó claro no? xD, tú y yo n hemos vuelto hablar...supogno que nuestra historia no tubo mucho exito u.u pero ánimo!!! nosotras podemos! òwó y...lo siento también por lo de actualizar n.ñU.

o0o-Lady Scorpio-o0o-JuTai- Jajajaa! lamento no darte en el gustooo! pero esque estoy tan concentrada enm el LyzxHao y RenxHoro que el YohxAnna se me olvida xD! de todos modos que bueno que te haya gustado mi historia y ojalá me sigas leyendo ;).

Sadic-Yume-Emo ... O.O K...K-chaz Sama...? o voy a lloraaaar TT.TT me honras con el título...pero a estas altura por el retraso ya no lo merezco! xD de todos modos muchas gracias! ;)

Clau17: Extraaaaa!!! xDDDD nah si yo te quiero (a) xD de verdad perdón por la demora amiga u.u nunca, nunca más...bueno si quizás una vez (a).

CaTa Diethel Niñaaaa! aquí viene tu parteeee! xdxdxd ya veras ya verás como entra tu pareja (OoO) x) en esta historia por ahora solo espeera ahi quieta (h).

Lady Tao jaja que bueno que te haya gustado el anterior esaba algo complicada pero al final a mi también me gusto :) nOmbee sigO engentadisima i traumada explicame eso algun dia por favor xdxd, ahora debes odiarme por actualizar tan tarde u.u...pero en fin gracias por todo :).

Poshito que verguenzaaaa! tu que me empiezas a leer y yo que no actualizo u//u dios, que mala impresion dejo, pero para compensarte pondre mucho mucho lemooooon:D ñaca ñaca nwn.

chibi ren fan: Y esque niña por qué pervertida! acaso eso tiene algo de malo? NO!! aqui todas somos unas pervertidas y a mucha honraaa! xD de veras si quieres lemon te lo dare (h) pero todo a su tiempo ne? ;D.

Pastelito tu eres mi critica numero uno u.u y por la demora me odiaras y me criticaras mas lo seee TToTT Anna es dulce porque no me sale hacerla malaaa! pero si te fijas con DEDICACION xdxd en este cap igual es un pokitin mas mandona xdxd, y en verdad en verdad...Lyz tiene muchas habilidades secretas 1313.

yuuna: Tengo un club de fans? O.Ô xD sera de dios! xD muchas gracias niña :) por tu apoyo y aunque me haya demorado YO SE que tu ME QUIERES seguir leyendo xD, besitos :).

Misaki: Siiii es muy linda esa parte:D quise que fuera como algo bonito pero enigmatico a la vez...no se si me salio...me salio:O x) eres malvada! quieres que Horo se ponga celoso¡pero para eso debemos hacer que desee a Ren primero...o no? 1313 te gusta poner a los personajes en aprietos niña xD pero no te preocupes que este podria ser el ultimo capitulo en que la cosa va mas o menos tranquila (6) muajajajaja.

horoholikka Tu eres una...! ola :) xD gracias por darte el tiempo de dejarme rw :) ya se arreglo tu compu:O ojala que si me avisas y conectate mas seguido u.u.

Nuevamente me disculpo chicas u.u, pero como dicen más vale tarde que nunca :) y la verdad...no pienso dejar este fic botado así como así! xD por nada del mundooo! ni por los problemas familiares, escolares, sentimentales, y todo eso que he tenido xD.

Las quieroooooooooooooo!!! Mil besos hasta el prox cap.

Sayoo!