Bien, este es el primer capitulo de la historia en si, y como quien dice "todo comenzó con el final" jejeje. Espero y guste, porque ahorita las cosas van a estar un poco lentas y hasta dentro de algunos capítulos mas se va a entrar en el arco argumental de todo. Así que a los que les haya gustado, debo decir que lo realmente interesante se viene hasta después para que no desesperen y me digan realmente si toda esta historia valió la pena.

CHRNO CRUSADE

-INFERNI E PARADISO-

CAPITULO 01

"Home train"

"Un lugar tan inmenso…

En el que nunca he estado….

Y al mismo tiempo siempre he conocido…"

Rosette sentía que llevaba horas caminando sin caminar realmente, porque no llegaba a ningún lado. Se encontraba en un lugar oscuro, tan oscuro que parecía inmenso. Pero algo en su interior le decía que no lo era. No podía dejar de tener la sensación de que se encontraba encerrada entre dos paredes que la conducían solo hacia un sendero.

Y frente a ella algo apareció.

Después de tanto andar en medio de la oscuridad la pequeña luz que brotó inesperadamente fue un poco cegadora. Se detuvo en seco y se cubrió un poco los ojos con su mano derecha.

La luz parecía crecer más y más tragando la oscuridad, pero lo que en realidad sucedía… era que se acercaba… y lo hacia de forma acelerada.

"La luz al final del túnel…"

Pensó ella, pero entonces otra conclusión llego a su mente.

"O tal vez… la luz frente a un tren…"

Fue el ultimo pensamiento que tuvo la joven antes de ser engullida por la luminosidad, sin sonido alguno.

XIXIXIXIXIXIXIXIXIX

Al despertar la chica no recordaba ni su nombre. No sabia cuanto tiempo llevaba sentada en aquel mullido asiento en medio de un vagón de tren, pero le parecía como si hubiese estado durmiendo ahí durante décadas enteras.

La gente a su alrededor (un hombre de edad media y una anciana compartiendo el mismo asiento de ella, y otro hombre de edad avanzada en el de enfrente, todos mirando cabizbajos el piso) dejaba que el tiempo pasara hasta que los minutos se empezaran a sentir como horas.

Y durante aquel trayecto la chica solo podía mirar hacia fuera del tren por su ventanilla; aunque el paisaje tampoco ayudaba a hacer pasar el tiempo porque aunque el tren se moviera y moviera, el paisaje siempre seguía siendo el mismo: un campo envuelto de nieve, con interminables filas de cruces negras. Y aquello debía dar a entender estaba haciendo un frió terrible. Pero la joven no sentía nada; y en cuanto se dice nada, significa nada, porque a pesar de su situación no sentía miedo, ni tristeza o ansiedad, y por supuesto que lo ultimo que sentiría seria el frió. Y aun sin sentir nada, algo la llamaba poderosamente a seguir viendo a través de aquel cristal.

De vez en cuando descuidadamente la chica optaba por voltear a ver a la puerta del pequeño vagón.

Y si alguno de los que estaban ahí se hubiese dignado a levantar la mirada hubiera creído que la chica esperaba a que alguien entrara por esa puerta. Pero nunca nadie entro, y de todas formas no seria quien ella esperaba… aunque no lo supiera en ese momento. Por eso se volvió a dejar perder entre los interminables campos blancos, al regresar la mirada a la ventana.

-¿Es usted Rosette Christopher? –pregunto un hombre uniformado que había entrado con sigilo mientras ella había volteado.

-Si – respondió, pero realmente habló sin pensar las palabras, de forma autómata.

-Me alegra mucho encontrarla señorita, ya hemos llegado a su destino. Por favor acompáñeme.

La joven rubia se levanto sin hacer pregunta alguna y con inexpresividad en el rostro.

Después de pasados algunos vagones, el hombre uniformado volvió a hablar.

-Sabe, usted tiene mucha suerte. Ha pasado mucho tiempo en este tren, aunque probablemente no lo notó, pero desde el principio su lugar ya estaba asegurado. Muchos se pasan una eternidad aquí esperando, es mejor que ir a abajo…

Y sintiendo curiosidad por primera vez, Rosette preguntó.

-¿Qué es este lugar exactamente?

-Este, es el Tren de las Almas, en el cual se espera el veredicto final sobre los pecados y la vida. Aunque también aquí se encuentran las almas de aquellas personas a las que todavía no se les ha dado a su cuerpo una santa sepultura.

-¿Cuerpo…? ¿Almas…?

-Si, así es ¿No lo recuerda, señorita?

-No recuerdo nada

-Es normal que ocurra eso, no se tiene de que preocupar, señorita; ya verá que en cuanto llegue a su destino recordará todo lo que debe.

-Aunque recuerde quien soy, siento que hay algo importante que he olvidado… algo que me falta. –continuó dejando que las palabras siguieran saliendo sin pensamiento de su boca.

Llegaron hasta la puerta que conducía al exterior, estaba cerrada. Y cuando Rosette giró a verla, el hombre torció su sonrisa.

-No creo que deba reocuparse por eso señorita, de todas formas ahora no tienen remedio ese tipo de cosas. No cuando se llega hasta este punto; usted esta muerta, no hay que se pueda hacer para remediarlo.

Aquellas palabras hicieron que Rosette abriese sus ojos con terror y volteara hacia donde se encontraba el hombre. Pero él ya no estaba. Y por si sola la puerta que antes se había mantenido cerrada herméticamente ahora se abría, dejando entrar una luz intensa y calida que abrazó a Rosette y la atrajo a otro lugar.

XIXIXIXIXIXIXIX

Esta era la segunda vez que Rosette se despertaba con confusión, pero al mirar a su alrededor, recuerdos olvidados empezaron a fluir por su cerebro como una corriente de agua que retoza entre las piedras de un rió.

Y Rosette no pudo evitar formar una gran sonrisa al reconocer el lugar.

En ese momento ella estaba sentada sobre una cama pequeña y al lado de ella había otra igual, solo diferenciada por unas mantas azules, mientras que la de ella eran rosas. En las paredes había repisas llenas de juguetes, carros de madera, soldaditos pintados a mano, sonrientes muñecas de trapo; y entre las repisas de hasta arriba se encontraban unas primorosas muñecas de porcelana, probablemente a esa altura para que un niño no las alcanzase y las rompiera.

Si, claro que la chica recordaba ese cuarto, ¡Era su cuarto! El que ella y su hermano habían compartido en los inicios de su infancia. Se levanto de la cama y camino fuera de la habitación, desde el pasillo se podía percibir que aquella casa tenia un estilo victoriano. Y a pesar de lo elegante y refinado del lugar, en el aire se podía percibir el aroma de galletas de jengibre y chocolate. Lo cual hizo sonreír aun mas a Rosette, esta había sido la casa en la que vivió junto a sus padres.

Recordaba que su madre solía hacer galletas de vez en vez, y por supuesto, desde ya muy pequeña Rosette se había dado a la tarea de comérselas todas y de limpiar con su lengua las cazuelas y cucharones que se habían utilizado para prepararlas, sin importar que sufriera de fuertes dolores de estomago después.

La chica no dejaba de sonreír mientras recorría con sus dedos el barandal de las escaleras, y dejaba que sus ojos se llenasen con el resto de la casa; ahí, en el tapete debajo de los sillones, Rosette recordaba como un día mientras su padre había salido a atender negocios ella había derramado un frasco de tinta indeleble sobre el piso, y después de que su madre le diese una buena regañiza y su hermano se hartase de reír por eso, había comprado aquel tapete lleno de colores suaves y con un ligero patrón de hojas en las esquinas, parecía hecho exclusivamente para aquella sala, su madre siempre había tenido buen ojo para ese tipo de cosas; y su padre nunca se enteró de lo sucedido; sino probablemente aquella Navidad no le hubiesen comprado la muñeca con vestidito tinto que tanto había deseado.

Memorias como esas se apoderaban de Rosette cada vez que sus ojos se detenían en un nuevo objeto, cada uno tenía una historia que contar. Y esto siguió por largo rato hasta que llego al rellano que conducía a la puerta y encontró "algo" que definitivamente no recordaba.

Frente a ella se encontraba un joven muy atractivo, no mayor de 20 años que la miraba con sus ojos azules claro; su cabello era café cenizo y su piel era blanca, como la nieve que había visto desde la ventanilla de aquel tren. Portaba un traje elegante de color gris que le hacia ver bastante distinguido.

-¿Quién eres tú?

Pregunto Rosette sintiéndose invadida con la presencia de aquel chico que había irrumpido en su casa sin avisar.

-Me es un placer saludarla, Maria Magdalena.

-Ese no es mi nombre, yo me llamo Rosette Christopher.

-¿En serio? Mil disculpas por mi equivocación, es que usted se parece tanto a una persona que conocí… como sea, he venido a darle la bienvenida, ¡Bienvenida al Cielo! –dijo abriendo los brazos, como si esperase que la chica lo abrazara o algo por el estilo.

Pero ella se limitó a mirarlo con incredulidad, y a rascarse detrás de la cabeza, para después mirar hacia ambos lados por si se le había pasado ver un cartel enorme diciendo "Cielo", o de perdida "Manicomio".

-Oiga, no quiero decepcionarlo pero creo que se volvió a equivocar… esta es tan solamente la vieja casa de mis padres…. Y además, usted no me ha respondido mi pregunta.

-Que tonto he sido, mi nombre es Rael, y yo soy un ángel.

Rosette achicó un poco más los ojos y lo vio de hito a hito, como si esperase encontrar una identificación o algo.

-Y como dije antes esto es el Cielo, no hay confusión alguna. Pero déjeme le explico lo que este lugar en concreto es en realidad; esta casa no es mas que un fragmento en su memoria, una pieza con la cual formar su Cielo, y asimismo es un medio para recuperar las memorias que brutalmente se pierden con el pase entre los dos mundos.

Rosette se le quedo viendo unos segundos mas con desconfianza antes de decir nada. Tenía muchas preguntas que hacerle, pero terminó haciéndole una de las primeras que cruzo por su mente.

-Si eres un ángel en realidad, entonces, ¿donde están tus alas, eh?

-Jeje, no todos los ángeles las tienen; aunque yo puedo presumir que tengo unas espléndidas y saludables alas, pero ese es un asunto un tanto privado, si gusta después de conocernos un poco mejor podría mostrárselas. –le sugirió en tono seductor lo ultimo.

Ahora si, en que se metía esta chica por andar haciendo ese tipo de preguntas, sola en aquella casa con un tipo que se creía un ángel y haciéndole ese tipo de insinuaciones, porque esa respuesta no le gusto en nada y mucho menos el tono tan bajo con el que ese tal Rael se lo había dicho. Sonrojada levanto las manos en el aire frente a ella y moviéndolas con rapidez casi grito.

-WAAA ¡No hace falta! ¡Te creo, te creo, OK! Esa solo fue una pregunta hipotética.

Terminó lo último sin saber realmente lo que decía otra vez.

-Jajaja, es usted bastante graciosa señorita Christopher.

Y mientras decía esto pasó por su lado dirigiéndose hacia la sala, para sentarse en un sillón frente a la chimenea, donde le hizo un ademán a la chica para que le acompañara a sentarse en el sofá continúo.

"Como si fuese su casa", pensó con furia Rosette, aunque también si reflexionaba mejor lo que le había dicho, entonces ese era el Cielo, y era el hogar de él; aunque, si pensaba en lo otro que le había dicho y ese lugar era parte de su memoria, eso la hacia a ella dueña de la casa… pero entonces no era seria realmente una casa... y… y…

…Y mejor se decidió a aceptar su invitación y a sentarse para dejar de hacerse embrollos en la mente de una buena vez.

-Pero que descortés he sido otra vez, ¿Gusta una taza de te?

Y le ofreció una pequeña taza con un liquido humeante que despedía un aroma delicioso; en la mesa se encontraba una tetera y otra taza, que Rosette estaba segura no se habían encontrado ahí cuando ella bajó las escaleras, pero aun así tomó la taza ofrecida y le dio un sorbo mientras se sentaba en el sillón largo de junto.

-Bueno, ahora que nos hemos presentado, dígame ¿Ha podido recordar algo de importancia?

-Solo un poco hasta ahora.

-Si quiere, puede contarme lo que recuerde de su vida, seria un buen tema de conversación ya que estamos aquí tomando el te. –dijo saboreando su bebida después de hablar.

Rosette le miró desde el borde de la suya, y le volvió a ver con desconfianza. No le agradaba en nada que sonriera tanto; sentía como si el supiera algo que ella no y se burlase de ello, aunque probablemente así era; ya que él era un ángel ¿No? Pero de todas formas no quería compartir con él detalles íntimos de su vida y prefirió tan solo decirle lo más importante y general. Está bien, de lo poco que podía recordar…

-Bueno, yo nací y crecí un poco en esta casa junto a mis padres y mi hermano, nunca conocí ningún otro familiar. –No pudo dejar de soltar un suspiro melancólico- Fuimos una familia feliz y normal; hasta que ellos se fueron un día, y nunca regresaron… sus amigos y conocidos los buscaron durante mucho, mucho tiempo, tanto que se olvidaron de nosotros y nos terminaron enviando a un orfanato.

Entonces una idea cruzó la mente de Rosette y levanto sus ojos azules.

-Si… esto es el Cielo, entonces… entonces mis padres…

-Lo siento, señorita Christopher –dijo negando con la cabeza- Tanto en la vida como en la muerte hay ciclos continuos, sus padres cumplieron hace mucho su ciclo, y siguiendo el protocolo que se da en ese tipo de casos donde la muerte es rápida y violenta, las almas suelen enviarse de vuelta al flujo de la línea astral para que sigan el curso de la vida de nuevo.

-¿Qué quiere decir?

-Me refiero a que ellos han vuelto a la tierra, a vivir, a reencarnar, si usted lo prefiere así; pero le aseguro que hasta en sus últimos momentos ellos pensaron en su hermano y en usted. Ya no tiene caso seguir cayendo en el mismo tema, no solo la vida sigue adelante, sino que también la muerte. Todo sigue el curso del destino. Así que sigamos con lo relevante, ¿no ha recordado nada más?

Rosette se quedo pensativa un momento intentando digerir las palabras del ángel. Entonces ¿sus padres habían vuelto a vivir, eh? No sabia si sentirse feliz o triste. Feliz, porque eso significaba que tenían una nueva oportunidad para vivir y ser felices, y ella quería que lo fueran; pero también se sentía triste porque en el poco lapso que su memoria se había estado recuperando, creció la ilusión de poder volver a verlos. Ella soltó un suspiro y dejo caer una lagrima, esta casa de repente se empezaba a sentir bastante grande y solitaria. Pero, en ese momento se acordó que no estaba sola y que le habían hecho una pregunta.

-Ahora que lo dices, si puedo recordar unas pocas cosas mas –frunció el ceño, esperando que las memorias fluyeran, todavía aun como imágenes borrosas- recuerdo… que mi hermano y yo vivimos en aquel orfanato durante muchos años. Todos eran muy buenos ahí… la señora Gene y el resto de los niños, pero mi hermano… él estaba siempre enfermo, y casi nunca salía, aun así el era muy bueno y se preocupaba por todos. Y yo solía soñar con convertirme algún día en una doctora para poder curarlo, pero eso nunca sucedió porque… porque…

Un fuerte dolor le partió la cabeza y se llevo las manos para contenerlo, pero lo hizo con tanta rapidez que tiro su taza y se hizo añicos en el suelo.

-¡¿Señorita Christopher?! –soltó el otro al ver como la chica se doblaba en su asiento- Creo que será mejor que suba a descansar y no se esfuerce tanto, déjeme yo la ayudo. –e intento tomar el brazo de Rosette, pero ella se zafo y relajo sus manos en su cabeza.

El ángel ya no mostraba su sonrisa, ahora tenía el ceño fruncido y la mirada clavada en ella, como si esperara que la chica fuera a hacer algo inesperado.

-No, ya estoy recordando mas, y no quiero perder estos recuerdos si me espero demasiado tiempo –tomó aire- Algo sucedió en el orfanato, una noche perdí a mi hermano… no, me lo quitaron… Y pase mucho tiempo luchando por encontrarlo. Cuatro años viví en un convento con la esperanza de volverlo a ver. Y al final… se que él estuvo bien, de alguna forma se que lo recupere, pero… ya nunca mas lo vi de nuevo. –las lagrimas salieron.

Había algo más, confusión y dudas por los grandes espacios que había en su memoria se arremolinaban dentro de la cabeza de Rosette. Además tenía la sensación de que aun había algo aun mas profundo que no podía recordar, que gritaba y pataleaba por salir, pero casi obstaculizado por una mano invisible no podía. Y eso le estaba ocasionando un dolor tan fuerte en la cabeza que la sentía estallar.

-No se preocupe señorita, yo estoy aquí para ayudarla –dijo repentinamente el otro, con su sonrisa de vuelta como si nada hubiera pasado- Su hermano ha estado muy bien, el ha vivido una vida pacifica y feliz en la tierra. Ya nada lo volvió a lastimar, todo gracias a usted y sus esfuerzos, se debe sentir orgullosa de si misma, señorita Christopher. Y pronto lo volverá a ver –pero al ver la mirada escandalizada de la chica añadió- no se preocupe, el tiempo transcurre diferente entre aquel lugar y este. Para cuando menos lo piense se habrán reunido de nuevo los dos. Ahora si me lo permite añadir, seria bueno que descanse un poco, deje la acompaño hasta su habitación.

-¿De verdad podré verlo de nuevo? –pregunto esperanzada la chica

-Claro –Respondió el otro al tiempo que le ofrecía su mano a la chica para levantarse.

Esta vez ella accedió, aun sentía un fuerte dolor y estar en esa casa lo sentía muy sofocante. Por eso le comentó al ángel.

-Necesito salir a tomar un poco de aire

Y solo dio un paso, porque el chico aferró su mano con tanta fuerza que le dolió.

-¡No! esto… lo que quiero decir es que… todavía no puede salir al exterior, no hasta que sus memorias se encuentren estables, hacerlo ahora seria contraproducente. Por favor deje la acompaño hasta su habitación, le prometo que cuando despierte sus memorias estarán completas de nuevo, y yo mismo la acompañare.

El dolor de Rosette aumentaba, y mas por deseo de no discutir y de no oír mas la aguda voz de aquel joven, dejó que el la guiara por el pasillo hacia las escaleras.

Pero al pasar junto a una hermosa mesita de patas alargadas, Rosette tiró accidentalmente una cajita de música, esta al caer se abrió y empezó a entonar una melodía.

La chica no podía quitar la vista de ella; aquella cajita había pertenecido a su madre y en ella solía guardar un prendedor que utilizaba en sus fiestas de gala, y siempre repetía que cuando la joven creciera se lo daría a ella. Claro que Rosette nunca volvió a ver aquellas reliquias que probablemente habían caído en las manos de algún conocido aprovechado. Y por esa razón ella nunca había caído en la cuenta de la forma de aquella extraña joya. Era un prendedor de oro con rosas en los lados, muy detalladamente labradas, pero lo que llamaba la atención en realidad de la chica, era la joya.

Asiendo caso omiso de las molestas suplicas del ángel que le sostenía el brazo, la rubia se desprendió de su agarre y se arrodilló para tomar el objeto que había tirado. Así pudo ver con más detenimiento la joya en el centro del prendedor, era ovalada y roja, de un rojo tan fuerte como la sangre, y lo más curioso era que en el centro de esta se veía una sombra oscura y alargada, probablemente una parte del diseño del prendedor que se encontraba debajo de la gema para sostenerla. Pero lo que paralizó a Rosette era su forma, y es que así daba la ilusión de ser un ojo, un ojo sesgado y carmín.

Su corazón latía con fuerza como las olas golpean con fuerza las rocas, una corriente de recuerdos le llego de improvisto, y lo que vio en ellos fue…

Un par de ojos escarlatas; unos ojos que la miraban con sorpresa, con enojo, con miedo, con cariño, con preocupación. Pero lo que más recordaba era la primera vez que los había visto, en un lugar oscuro y triste, con olor a humedad, tierra y años; el dueño de aquellos ojos en algún momento le dijo:

"Yo soy Chrno, y soy lo que ustedes los humanos llaman, un demonio"

-Chrno… -una sombra oscura cubrió la frente de la chica intentando esconder el llanto.

Ahora lo podía ver claramente, podía ver los largos cuatro años que habían estado juntos. ¡¿Cómo es que lo había podido olvidar?! ¡El quien en toda su vida fue su mejor amigo y compañía!, y haciendo memoria de sus últimos meses en la tierra, Rosette se llegó a preguntar sino seria también él la persona mas importante, entonces… ¿Cómo es que lo había olvidado…?

-¡¿Dónde esta Chrno?! ¡El estaba junto a mi cuando yo morí!, ¡¿Dónde esta él?!

El ángel solo la miraba, tenia el ceño tan fruncido que parecía molesto. Pero después relajó un poco sus facciones y usando un tono de voz que daba a entender que él aun tenía el control le contesto:

-Usted no debería de haber recordado eso.

-¿Así que desde el principio no querías que lo recordara…? pero ahora ya me acuerdo… y no puedes hacer nada para que lo olvide ¡¿Dónde esta él?! –pregunto desdeñosa e indignada. Y apretaba sus puños para contenerlos de golpear a aquel tonto; primero había que sacarle toda la información que tenia, se dijo así misma.

-Yo no decido que recuerdan o no las almas. Pero en efecto, hubiese preferido que no lo recordara, seria menos doloroso para usted. Desde que acepte hacer su recibimiento mis superiores me advirtieron de lo "delicado" de su caso, y de que había sostenido una cierta "relación" con un demonio, no solo lo referente a su contrato, sino más bien del tipo afectivo. Y ellos llegaron a pensar que probablemente usted preferiría recordar a dejarse llevar por la paz de la inocencia.

-Será de la ignorancia. —corrigió Rosette, ofuscada.

-Como sea, no esperaba que lo olvidara, pero tampoco que lo recordase tan rápido. El debe ser una parte muy arraigada de su alma.

-¿D-ó-n-d-e e-s-t-á C-h-r-n-o? –volvió a preguntar la tozuda Rosette, pero ahora ostentaba unos puntos rojos en las mejillas por el comentario de él.

-¿Por qué me sigue preguntando lo mismo, si usted ya sabe la respuesta?

-No…

Rosette dio un paso hacia atrás sintiendo que el mundo se le tambaleaba debajo de sus pies. Cuando ella supo que ambos estaban condenados a morir, ni un solo día se dejo de preguntar que seria lo que sucedería después, cual seria el lugar al que irían. Y de alguna forma su mente siempre le había traicionado llevándola hacia una misma respuesta para Chrno, el había sido una de las personas mas calmadas y amables que había conocido, pero aun así, él era un demonio, y no era muy difícil relacionar ese concepto con el de un lugar al que ella siempre había temido. Pero, ¡No podía ser! Es que simplemente no podía creerlo… Chrno, él no lo merecía, él no podía estar en…

-El infierno. Ahí es donde él se encuentra. Es el lugar a donde van sin equivocación todos los demonios.

Respondió casi leyendo su mente, y formo una sonrisa soñadora con sus labios.

-Sabe señorita Christopher, el trabajo de los ángeles es traer paz a las almas humanas. Ese era mi trabajo con usted. Y aunque me habían advertido de la dificultad de este caso, aun lo quise tomar. Porque usted me parece fascinante. Su relación con aquel demonio me es incomprensible. Nunca he comprendido a los seres humanos que llegan a estimar tanto a esas bestias, porque eso es lo que son, bestias sin alma que solo saben el lenguaje de la destrucción. Y aun así hay humanos que les estiman; pero de usted me parece fascinante, porque es una protegida, una de las pocas elegidas por Dios, y aun así considera a ese animal como un amigo, sacrificarse de esa forma, en verdad que usted es una san…

Pero no pudo acabar su discurso, porque la chica ahora con el rostro completamente rojo por la furia, le propino una menuda bofetada que le hizo girar la cabeza.

-¡NO VUELVAS A HABLAR ASI DE CHRNO! ¡¿QUIEN DEMONIOS TE CREES PARA ANDAR DICIENDO ESAS ESTUPIDECES?! ¡Y SABES QUE, NO ME IMPORTA LO QUE DIGAS, YO IRE A BUSCARLO, PORQUE SE QUE EL NO PUEDE ESTAR EN UN LUGAR ASI! ¡NO DESPUES DE TODO LO QUE HA PASADO!

Y sin darle más tiempo de reaccionar Rosette se dirigió hacia la puerta con la intención de salir.

-¡No! ¡Señorita Christopher, todavía no es momento de que pueda salir, por favor no sea terca!

Pero no pudo alcanzarla, y la mano de Rosette ya había hecho girar el pomo de la puerta, que ahora se habría con lentitud despidiendo una fuerte luz, y lo que ella vio detrás la dejo sin aliento.

XIXIXIXIXIXIXIXIXIX

Probablemente lo que Rosette encontró detrás de aquella puerta ya se lo debía haber esperado, pero aun así era imposible no quedarse sin aliento la primera vez que se veía.

Ese lugar en verdad era el Cielo, no había duda, ni necesidad de carteles.

Frente a ella solo se encontraba pasto verde, interminables campos de él; junto con hermosas flores, pequeñas, grandes y de formas exóticas; y los colores de todo, era muy extraño, parecían ser mas vivos y con mayores matices, mucho mas de lo que se podía ver en la tierra, donde se suponía estaban los originales.

No muy lejos se encontraban montañas de donde aun estando lejos se podían apreciar las bellas cascadas que con sus gotas que salpicaban formaban pequeños arco iris de diferentes formas, y con sus aguas creaban los ríos que pasaban no muy lejos de donde Rosette se encontraba parada. Ahí en esos ríos, jugaban y reían varios niños y personas de diferentes edades, o algunos otros se detenían a hacer coronas con las flores de los campos, o a recoger los frutos que ofrecían los árboles.

-Señorita Christopher, me ha quitado el placer de mostrárselo yo mismo. Es hermoso ¿No es así?

En ese momento Rosette se salio del ensueño de ver aquello, como cuando se raya un disco y el horrible sonido interrumpe la melodía; por mas que lo intentara este ángel no le terminaba de agradar, y mucho menos afecto se había ganado después de cómo se expreso de Chrno. Así que Rosette cerrando la boca (porque el paisaje realmente había ameritado ser observado con la boca abierta) volvió a adoptar su postura fría con él.

-Ya me termine de impresionar; ahora, ¿podemos volver con lo que me interesa? Quiero ver a Chrno.

El otro solo soltó un suspiro.

-No importa cuantas veces se lo repita, no me va a creer ¿verdad?

-¿Debería de?

-Todavía no he hecho nada que amerite una completa desconfianza.

Rosette achico sus ojos. A pesar de ser un tonto, y de su forma horrible de pensar, él todavía no le había mentido; había intentado ocultarle la verdad, pero nada mas, y al final de cuentas había tenido que aceptarla.

-Todavía no.

-Entonces, si aun lo desea puede acompañarme, la llevare a un lugar en donde esclarecerán todas sus dudas… y con un poco de suerte tal vez en el camino encuentre algo que la convenza de desistir de esta absurda búsqueda.

-No lo haré, pero ya que lo mencionas vamos; tal vez encuentre a alguien más sensato con quien hablar –murmuro por lo bajo.

-Me ofende señorita Christopher –dijo el joven haciendo un puchero.

Rosette estuvo a punto de gritarle "¡Que listo!", pero se contuvo y mejor agrego fríamente.

-Lo lamento.

-¡Ya ve, a si estamos mejor!, ya vamos progresando, muy pronto recordará como decir "por favor" y "gracias".

El tic de uno de los ojos de Rosette se movía de una forma asesina, e intentó formar una mueca con sus dientes apretados de furia, que le faltaba todavía mucho para llegar a ser una sonrisa.

-Por favor… ¿Nos vamos?

-Claro.

Y el chico se acercó a ella casi pegándole en su costado su delgado brazo, en un gesto de que se lo tomara. Pero Rosette en cambio se alejó rápido de el como quien huye de una rata y otra vez intentando hacer esa mueca-sonrisa añadió:

-Necesito aire… -y murmurando siguió- y espacio… –pero al terminar recobró su voz para decir de manera cortante- ¡Gracias!

-Esta bien, señorita Christopher. Entonces sígame, por favor.

-Como no me queda de otra –dijo en murmullo Rosette, sin que el otro le escuchara, y camino detrás de él.

CONTINUA

Capitulo 02 "Heaven"

Rosette es llevada a la ciudad principal del cielo, para gusto o disgusto de Rael. Ahí ella logra escaparse de su molesto guía, y sin esperárselo se encuentra con unas cuantas caras familiares que ponen en duda su disposición para buscar a Chrno. ¿Tendrá el valor para dejar todo lo que apenas ha recuperado por buscarlo?

Además la presencia de unos ángeles empezaran a mostrar un poco del gran misterio que envolverá este fic.