¡Un momento!
Si estan aqui y no se han leido el primer epilogo, clicken el boton de "prev" y vayanse al capitulo anterior que contiene el verdadero epilogo. Este es solo como un extra-bonus. Ok
Y si ya lo leyeron, pues vena este bajo su propio riesgo.
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Epilogo 2
"Vive..."
El atardecer caía a las seis con cuarenta y cinco minutos de la tarde, y aun cuando siempre tenia el mismo efecto en la tierra, tiñéndola de rayos anaranjados y rojos; este era siempre un espectáculo único y diferente.
Era un dieciséis de agosto de mil novecientos noventa y dos; la presión atmosférica estaba a veintidós grados centígrados, un día bastante templado para apenas haber acabado el verano, pero no tan frio como para iniciar el otoño.
Una solitaria niña caminaba por la amarillenta pradera, que era en realidad verde, perteneciente a los vastos territorios del "Convento de Magdalena".
Una presencia extraña para esa orden… ya que aunque había jóvenes menores de edad, no era un lugar adecuado para una niña tan pequeña. Al menos tendría once o doce años.
Y mas sin embargo ella no sentía que estuviese fuera de lugar… a contrario. Sabia que este era el momento justo, en la hora adecuada y en el día predicho.
Levanto su pequeño y redondo rostro infantil, enmarcado por una dorada cabellera y por unos ojos azules aguamarina; y con curiosidad inspecciono el árbol ante el cual se detuvo.
Un manzano grande y viejo, que aun producía ese exquisito fruto; y con los rayos del sol detrás de el daba la impresión de estar ardiendo en llamas.
La jovencita sonrió y levanto una hoja de papel, que hasta el momento había mantenido encerrada en su puño. En ella había el dibujo de un árbol en llamas.
Pero ya sabía de antemano que este era el lugar inequívoco en el cual debía estar. Era como una voz en el viento que le susurraba que es lo que debía hacer, y ella una hoja en el viento que se dejaba llevar. Nunca tuvo razón para dudar de ese sentido tan parte de ella, como era el ver o el oír, y que siempre había actuado en beneficio para ella… inclusive había salvado su vida y la de su hermanito.
Prefirió alejar aquellos pensamientos tan complicados para una niña de su edad, y profirió sentarse a la sombra del árbol a esperar… ¿Qué? Probablemente el futuro.
Pero a veces el futuro tardaba más de lo esperado, y ella no era muy paciente. Empezando a aburrirse levanto la vista al cielo, esperando que una respuesta le llegara del cielo. Lo cual usualmente ocurría.
Sobre ella se encontraba la manzana más apetitosa que en su vida se le hubiese antojado… o al menos en los cinco últimos minutos para no exagerar.
Tal vez fuese porque fuera una niña, o porque ya estaba marcada en su personalidad su intespetuosidad; pero no dudo mas de dos segundos el decidirse a subir el árbol.
Aun a su corta edad demostró una gran habilidad en escalarlo, ayudándose de sus ramas salidas y huecos en el tronco.. Hasta que después de un poco de esfuerzo llegó hasta la su meta. Estiro su pequeño brazo, deseando que fuese elástico, como el de los superhéroes para alcanzar su merienda.
Y mientras tanto la manzana estaba ahí, brillando contra la luz del sol; parecía que se reía de ella, diciéndole "ven a mi..". Y tan concentrada estaba en lo suyo que no escucho el seco sonido de la madera rompiéndose detrás suyo.
-¡Hey, cuidado! –grito una voz desde abajo.
Pero ya era muy tarde.
-¿Qué...¡Eh¡AHHH!
La vieja madera cedió ante el peso inusual de la chica e irremediablemente cayo al suelo, a pesar de la advertencia.
La caída fue tan rápida, que la niña a penas si percato estar en el suelo. En su infantil razonamiento se inspeccionó brazos y piernas intentando encontrar algo roto, pero increíblemente no había nada. Y a pesar de l a altura, el suelo no la trato de forma cruel… a decir verdad, este tenia una cierta consistencia blanda.
.-Hunnn…
Se oyó un quejido debajo de ella, y de un salto se puso de pie. Aguzando la vista, logro vislumbrar que entre las hojas y ramas caídas había un niño no mas alto que ella.
-¿Qué haces ahí abajo?
-Te caíste... quise atraparte… -contesto aturdido y con el rostro lleno de lodo. Probablemente de haber sido mayor le habría contestado con un sarcasmo, pero en su infantil resolución eso fue lo mejor que pudo decir.
-¿En… es serio? –inquirió con sorprendido tartamudeo- ¿Estas bien?
El niño se quito las ramas de encima y se sentó con lo pies cruzados frente a ella. Asintió con la cabeza.
-Es muy difícil que algo me lastime… -aclaro con un tono de pesar en su voz.
Su compañera no lo capto. Ahora observaba la inusual apariencia del joven frente a ella…
Su cabello corto era de un negro oscuro que lanzaba algunos destellos morados, y sus ojos eran ligeramente oblicuos de un calido color marrón que rayaba con el carmesí; aunque lo mas curioso de su persona fuesen el par orejas ligeramente puntiagudas que tenia. Probablemente estos detalles eran desapercibidos para la mayoría de la gente… pero no para ella.
La presencias de este extraño la lleno de una emoción mezclada con fascinación. Y una conclusión tan infantil como cierta llego a su mente.
El se empezó a sentir muy incomodo bajo su juiciosa mirada, y se empezó preguntar sino debería de salir corriendo antes de que ella como otras personas que le habían conocido lo hicieran.
Pero ella lo volvió a sorprender tanto como cuando la vio colgada de aquel árbol. Le sonrió.
-Gracias, me salvaste uhmn… mis huesos, creo. Jeje –dijo con una voz jovial y desenfadada.
La pequeña frunció un poco el entrecejo ante el rostro andado del chico que parecía ni pestañear.
-Bueno… este… que tonta he sido, ni te he dicho mi nombre. Me llamo Rosemary. Pero me gusta que me digan Rose o Ross, solo no me digas Rosemary¿ok¿ y tú?
-¿Y yo? –estaba confundido por su inesperado parloteo.
-Si, bueno¿Cómo te llamas?
-Yo…
Pareció pensarlo durante un largo minuto, lo cual le resulto inusual a la chica.
-Corvin –dijo al final.
Por alguna razón otro nombre muy diferente paso por la cabeza de la niña. Muy pocas veces se equivoca con adivinar el nombre de la gente, era su pasatiempo favorito, pero le sorprendió de sobremanera el no dar un acierto con el de él.
-¿Por qué viniste aquí? –pregunto en instancia de porque tenia dos nombres diferentes.
-Este... yo... quería estar solo... quería leer. –admitió con un rubor.
-¿¿Te gusta leer?? –pregunto admirada.
-Si. ¿A ti no? –inquirió inocente.
Ella se cruzo de brazos y se dio un aire de mujer conocedora.
-Esta es la flor de la juventud, a esta bella edad solo nos debemos preocupar por jugar, divertirnos y ver la tele los sábados por la mañana... ¡Ah y los dulces! Leer solo terminara acarreando problemas como la: t-a-r-e-a. Además leer es para viejitos.
El niño se ruborizo vivamente hasta sus orejitas.
-Bue... no... yo no me refería a ti. Tú debes ser la excepción. Te ves como alguien divertido y apuesto que tus amigos y tus papas te lo deben decir todo el tiempo.
Desde el mismo momento que pronuncio la palabra amigos el rubor del chico se fue... junto con todo el resto de su color, dejándole la piel pálida y enferma.
-Yo... esto... no tengo amigos.
-¿¿Cómo que no tienes amigos¡Todos tienen amigos! –exclamo atónita.
El negó lentamente con la cabeza.
-¿Y tus papas que te dicen?
La mirada ligeramente rojiza se desvió hasta las muñecas de la niña, que estaban vendadas fuertemente por ahora unas sucias gasas.
-No tengo tampoco. Nunca he visto a mi padre... y mi madre... a ella le pasaba algo como a ti en las muñecas...
La sangre de Rosemary se helo en sus venas ¿Seria que acaso su mama era especial como ella...?
-Ella tomaba cosas filosas... y se hacia daño aquí –explico señalando sus propias muñecas- y luego llegaban otras personas y la vendaban así como tu.
-¡Espera un segundo¡¿Piensas que yo me hago esto porque quiero?! –pregunto con un puño en alto.
-¿N..no es así? –inquirió Corvin temblando
.-¡CLARO QUE NO¡Estas cosas se aparecen en mis muñecas cada que quieren y entonces estoy semanas y semanas en cama sin poder salir a jugar y retorciéndome como una lombriz del dolor! –vocifero al borde de las lagrimas y dando una patada en el suelo.
Corvin tenia la boca abierta sin saber que decir, pero podía sentir en su estomago la culpa venir.
Rose parecía a punto de irse sin decir nada mas, cuando él la tomo del brazo y casi de rodillas le suplico perdón.
-¡Discúlpame, discúlpame, discúlpame¡Todo fue mi culpa¡Soy un monstruo estupido, y todos tienen razón de eso¡No hagas caso a las tonterías que digo y...!
Rose le tapo la boca con una mano para que se detuviera.
-Con un simple "lo siento" hubiese bastado. ¿Qué querías decir con que eres un "monstruo"?
Corvin se alejo un paso de ella y bajo su redondeado rostro hasta esconderlo debajo de sus purpúreos mechones.
-¿De verdad quieres saberlo?
-Si, claro. ¡Vamos dímelo! –le animo con su curiosidad a flor de piel.
El apretó sus puños antes de hablar.
-Yo… soy un demonio.
-¿Cómo que eres un demonio?
-Mírame¡No soy normal¡Soy una bestia horrible!
Malos recuerdos vinieron a su mente al decir aquellas palabras, porque desde muy corta edad las había aprendido de los labios de su propia madre.
-¿¿Quién dice eso?? –exigió saber indignada la niña.
-Todos. En el convento todos dicen que soy algo que no debería existir… aun cuando una parte de mi es humana… ellos dicen que a final de cuentas soy algo… malvado.
Rose rechino los dientes ante la declaración. Solo aquellos que podían decirle malvado a un niño tan amable eran los verdaderamente malignos.
-Además… mi mama… ella… -amargas lagrimas surcaron su rostro- todo fue mi culpa… si yo no hubiese existido… ella no se habría puesto tan triste que… ella no estaría muerta de no ser por mi.
-Eso es una tontería. Ningún niño tiene las culpas de las babosadas que hacen sus papas; y la verdad es que tu mama era una babosa –bufo con la cara roja de cólera.
Ciertamente Corvin levanto la cara sorprendido al escucharla defendiéndolo. Sobre todo eso.
Al segundo de ver la cara confusa del niño Rose se arrepintió un poco de su comentario tan rudo y bajo la cara todavía roja, aunque ahora no por la ira.
-Bueno… esto… no quería ofender a tu mama. Pero si estuviera en tu lugar yo pensaría eso. Bueno ¡No creas que no entiendo como te sientes! Porque si…
Bajo la cara aun mas deseando que la tierra se la tragara.
-Mis papas… ellos murieron hace poco… y yo se como se siente el no tener a nadie cerca… pero si alguno de los dos me hubiese dicho cosas tan feas como las que te dijo a ti tu mama, entonces créeme que no sentiría pena por no tenerla cerca ¡y mucho menos me echaría la culpa por eso!
-Tú eres muy fuerte… a pesar de ser como las flores.
Rose pestañeo colorándose aun mas de lo que estaba si era posible.
-¿Qué significa eso?
-Bueno al menos eso es lo que creo que una piedra pensaría de una flor. Al verla tan frágil y con unos pétalos que se caen hasta con el viento.
-Tu no eres una roca. Y yo no soy una flor… solo soy… humm… valiente.
-Desearía ser como tu. Yo soy un miedoso, por eso me gusta mas estar solo. Así no hay nadie que me lastime…
-Pero uno no puede estar solo todo el tiempo.
-Puedo intentarlo.
Ella le negó con la cabeza testarudamente.
-Ahora no lo estas.
-Es verdad… ¿Por qué? –pregunto mas para el que para ella.
-Porque somos amigos.
-¿amigos?
-Si. De ahora en adelante no te preocupes por nada; si te da miedo que alguien te trate mal y te diga cosas feas, entonces me lo dices y yo lo golpeare tan fuerte que deseara no haber abierto la boca nunca ¡porque ya no va a tener una!
Corvin sonrió ligeramente, pero un segundo después recobro la seriedad.
-¿De verdad no te asusto para nada?
-Ni aunque tuvieras alas de murciélago.
El sonrió ampliamente y con sinceridad al escucharla. Por fin tenia una amiga…
-Aunque…
-¿Si?
-No me gusta el nombre de Corvin… no te queda.
El niño parpadeo chistosamente.
-¿Y como me debería de llamar?
-Chrno.
-¿Chrno? Es un nombre muy extraño. ¿Se le puede cambiar el nombre a la gente?
-Este… no se. Pero al menos yo te puedo llamar así… digo, si te gusta.
-Claro –acepto con una sonrisa.
-¿Puedo ponerte otro nombre yo?
-¡¿Eh¡Nada mas si es bonito!
-¿Qué tal… Rosette?
Ella abrió los ojos como platos sorprendida de que él la decidiera llamar de esa forma. O bien era una increíble coincidencia, o de verdad era con quien había soñado últimamente. Pronto ya no tuvo duda de lo segundo, pero prefirió disimularlo.
-¿Rosette, eh? Humm… tiene porte, categoría…estilo –enumeraba acariciándose la barbilla como una astuta detective- Me gusta. Se queda. ¿Pero porque lo elegiste?
El se encogió de hombros.
-Me gusta. Fue lo primero que se me vino a la cabeza al verte.
-Pues entonces esta decidido, Chrno.
-¿Qué cosa, Rosette?
Que fácil había resultado para ambos el llamarse de esa forma. Era irreal la forma tan natural en que lo habían dicho.
Ella lo tomo de la mano y lo jalo colina abajo hacia el convento y sus pequeñas ventanas iluminadas.
-Vamos¡tienes que conocer a mi hermano!
-Pero ¿no le daré miedo? –pregunto preocupado, pero incapaz de soltarse.
-¡Claro que no¡A el le encantan las cosas raras¡Es un fenómeno el mismo!
-Pero…
-¡Confía en mi! –le sonrió.
Y el se dejo arrastrar por ella sin ningún forcejeo mas, seguro de que por primera vez en doce años de su vida alguien lo había llamado "amigo". Y si las cosas no eran así y esto era un simple sueño, entonces no quería despertar.
Desde los arboles ahora oscurecidos por la luz que murió con el crepúsculo, una figura los miraba desde las sombras.
-No podías evitar meter tu cuchara ¿Verdad, Remington?
La figura se estremeció en las sombras y salió al claro de luna con paso despreocupado.
-No se de que me hablas –le respondió al viento.
-Lo sabes perfectamente –susurro de nuevo la voz, pero ahora saliendo detrás de el a unos cuantos metros.
El primero se encogió de hombros.
-Aunque yo no hubiese intervenido estoy seguro que ellos dos se habrían vuelto a encontrar.
-No hay duda –comento con molestia Rael- pero al menos le habrías dejado a ella tener una infancia "normal".
Remington se volteo hacia el otro, fulminándolo con su clara y azul mirada. Su cabello dorado se removió por el viento.
-¿No puedes sentirte feliz por el encuentro de esos dos, después de todas las cosas horribles que les ha tocado vivir a su corta edad?
Rael frunció lo que pudo de su desfigurado cejo.
-A nosotros no nos toca ponernos de lado de nadie. Somos un par de Ángeles caídos intentando recobrar el perdón del cielo.
-Ya lo se –admitió el otro con pesar.
-No entiendo tu fijación por sacrificarte por humanos –Remington sonrió ante lo descarado de su critica, siendo que el mismo había dado mucho en una situación parecida.
-Ve las cosas como tu quieras; pero al final como has dicho, no nos queda nada mas que observar y cuidar a esos niños.
-Si, claro. Que disfruten su compañía y que tengan muchos bebes –comento asqueado.
-Eres un completo pervertido, Rael. Son solo unos niños.
-Pero pronto ella se convertirá en una mujer... –comento con un suspiro y se alejo del otro hacia los árboles.
-¿A dónde vas?
-A esperar ¿Qué más?-contesto el otro y se volvió a perder entre los árboles, con su voz cargada de burla en el viento.
Ewan Rémington considero una causa perdida seguir alegando con su compañero, y profirió regresar l vista hacia las alegres siluetas de los niños bajando por la colina.
Definitivamente, el resguardaría todos lo preciosos momentos que juntos pudiesen compartir. El volvería a ser el guardián de aquella chica y esta vez las cosas saldrían bien.
Aun cuando los obstáculos que afrontarían serian mayores.
Ya lo había sido antes cuando intentaron sostener una amistad... ¿ahora un amor?
Rémington se sonrió divertido. Definitivamente la noticia no fue una sorpresa para él; y acepto esta misión sin chistar, mas que como un acto de redención ante el cielo, como la búsqueda de expiar sus propios pecados por haberle fallado a tantos.
Con una ultima mirada de soslayo les dedico un "buenas noches" a los niños, y alzo la vista al cielo con un agradecimiento en el corazón que hace tantos años no había sentido; pero que volviendo a ser un ministro le quedaba bastante bien.
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¿Qué decian cuando leyeron el otro epilogo¿"Aquí se acabó la historia"?
¡Pues no!
...O bueno, eso al menos depende –como siempre- de la terrible carga de trabajo que tenga. Por lo pronto de haber una continuación, sería mas o menos algo como esto:
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Darkness Crusade
Una santa que ha sido obligada a vivir rodeada de pecado; y un pecador el cual se ha entregado a servir a Dios como su espada ejecutora. Dos personas totalmente distintas, que los une solo una cosa en común. Un pasado juntos.
... o tal vez sentimientos guardados.
Durante cinco años el mejor exorcista de la orden de Magdalena, ha estado buscando a su vieja amiga de la infancia, de quien teme este en peligro de muerte, cuando una oleada de extraños asesinatos empieza a brotar, teniendo como principal victima jovencitas que han presentado estigmas.
Por su lado ella lo ha estado esperando fervientemente, pero no solo por el hecho de que puede que este enamorada de él, sino que también para que inicie la cuenta regresiva en su búsqueda de venganza desde que descubrió que la principal razón que pudo haber causado el asesinato de sus padres fue un pequeño libro propiedad de los Christopher durante años, y del cual se dice tiene las revelaciones del Apocalipsis verdadero, escritos del puño y letra de Maria Magdalena. De quien esta totalmente conciente fue en su otra vida.
Una historia con amor, intriga y acción. Que resucitara –literalmente- a todos los personajes de Chrno crusade. (prometo que de haber parentescos o parecidos en nombres, todo tendrá explicación lógica x.x)
