Estos personajes no me pertenecen, este fan fic no tiene fines de lucro y todos los derechos pertenecen a Stephenie Meyer.

Este fic contiene spoilers de Eclipse.


De ti, de ti, de ti… mis últimas palabras retumbaron en mi mente. Había sido una frase estúpida, de quien más podía estar embarazada? Esperé su reacción, pero estaba impasible, como si no me hubiera escuchado. Incluso había dejado de respirar y el movimiento acompasado de su pecho había desaparecido.

-Bella, no tiene gracia. –La furia recorrió mi cuerpo. Claro que no tenía gracia, lo sabía, lo tenía muy claro. No necesitaba que nadie me lo dijera. Estudió mi rostro, expectante, solo para darse cuenta de que no era broma, que le decía la verdad. –No puede ser, los vampiros… nosotros no podemos… no somos fértiles.

-Tu padre me hizo el análisis, estoy embarazada. Y no he estado con nadie más. Lo sabes. También se supone que no podéis estar con humanos… y es posible. –Había ido bajando tanto el tono que casi temí que no lo hubiera dicho realmente en voz alta. No podía mirarlo y ponerle el rostro que ya sabía que tendría. No podía aceptar que estaba decepcionado, desilusionado y dolorido. Como si le hubiera hecho daño, como si el bebé…

Eso era! No creía que el bebé fuera suyo. Esta afirmación me dolió. Darme cuenta de que realmente, él pensaba que yo había estado con otro. Las lágrimas caían ahora sin trabas por mi rostro. Sin que tratara de impedir que cayeran. Y no eran lágrimas solo de tristeza. Ahora eran de rabia, de impotencia, de dolor y finalmente, de vergüenza. Vergüenza al darme cuenta de que él no solo lo pensaba ahora, si no por darme cuenta de que llevaba pensando en esa posibilidad mucho tiempo. Me armé de valor para levantar la vista y mirarlo de frente. Sus ojos estaban negros, como si no hubiera ido de caza. Y me miraba con las facciones duras, enfadado. Oí su voz, tan lejana…

-Bella, será mejor que me vaya. Volveré mañana.

Eso fue lo que más me dolió, más incluso que el hecho de que dudara de mí. Asentí y me levante para coger mi pijama y asearme. Me miré en el espejo mientras me vestía. Realmente, estaba horrible. Ahora ya no estaba pálida, sino sonrojada, a causa de la fiebre, con los ojos hinchados y con aspecto de venir de una guerra. Me lavé la cara disfrutando del contacto con el agua fría y bajé, tratando de sonreír, para ver a Charlie.

-Papá, no me encuentro bien, voy a acostarme ya vale?

Me miró sorprendido.

-Hija, no sabía que estabas en casa. Por supuesto, tienes un aspecto horrible. Acuéstate, pediré una pizza. Seguro que no quieres nada? –Negué con la cabeza y subí de nuevo las escaleras.

Sin pensarlo más, me acosté y no recuerdo haber estado despierta mucho tiempo. Tengo que agradecer el hecho de que estar agotada me impiera soñar, porque supe, con total certeza, que las pesadillas me iban a acosar. Y yo necesitaba dormir sin sueños, hundirme en un sopor reparador, que me hiciera descansar. Al fin y al cabo, ahora ya no era yo sola la que necesitaba descansar.

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-Hija, estás bien? Quieres que llame al médico o que me quede en casa?

-Papá, no digas tonterías. Además, ya me encuentro mucho mejor. En cuanto me sienta con fuerzas me levantaré. –Me miró con desconfianza pero asintió, por suerte, Charlie es fácil de manejar.

Oí la puerta, al cerrarse, y el estruendo del motor del coche, y esperé, pero no oí ni vi a Edward. Pensé que tal vez necesitara algo de tiempo, que se lo estaba pensando, así que me levante, y me fui a la ducha. En la calle hacía uno de esos días a los que había tratado de acostumbrarme solo por Edward, así que me quedé en el interior, primero viendo la tele, luego me decidí por hacer limpieza general en la cocina y cuando terminé, harta ya, sin saber que más hacer, subí a mi cuarto dispuesta a ordenar mi armario.

Y allí estaba, lo hubiera visto incluso si no hubiera estado en esa posición. Y distinguí su hermosa y estilizada caligrafía, casi dolorosamente perfecta y legible. Me dirigí hacía el sobre de color carmín que estaba en mi escritorio, sobre el teclado de mi viejo ordenador. Cuando lo abrí, mis manos temblaban. Dentro había una postal, y una carta. Cogí primero la carta y me dispuse a leerla.

Isabella:

Me duele decirte esto, pero me voy. Necesito pensar, aclarar mis ideas. Se que no está bien, pero me siento muy confuso. Si tan solo pudiera explicarte todo lo que pasa por mi cabeza, como un huracán…

Estarás bien, Alice y Carlisle te cuidarán, aunque no se que hará el resto de mi familia. Sus pensamientos eran algo confusos, o tal vez, en mi propia turbación, no escuche sus pensamientos. De cualquier manera, ellos estarán a tu lado. Trataré de volver, pero no puedo prometerte nada. Hay tantas cosas que cambian. Has vuelto a hacerlo, en un solo segundo has descolocado mi bien organizada vida. Como aquella otra vez. Cuando nos conocimos. Lo recuerdas? Ahora parece tan lejano…

Comprenderé que me llames egoista, que reniegues de mi. Al fin y al cabo, si esto modifica mi vida, la tuya la destruye. Espero que estes bien, mi angel. No cometas ninguna imprudencia. Sabes que no puedo vivir sin ti.

Tal vez, mi amor, tenían razón cuando todos trataban de impedir que estuviéramos juntos. Tal vez debimos escuchar sus razones antes de romper todas las reglas, pero ya es tarde. Cuando sea capaz de volver a verte, quiero que sepas que estaré contigo sea cual sea tu decisión. Sigues siendo mi prometida, esto no cambia las cosas. O tal vez, lo cambia todo. Puede que seas tu la que no desee verme.

Créeme cuando te digo que te quiero.

Edward

Y otra vez, las lágrimas rodaron por mi cara. Cogí la postal. Era una simple postal de enhorabuena por el embarazo. Una triste ironía. Un intento de suavizar el contenido de la carta.

Corrí y corrí, bajé las escaleras, y corrí, más rápido, con más sentimiento y con menos tropiezos que en toda mi vida. Y fui al bosque, en realidad no sabía muy bien a donde me dirigía, solo sabía que debía hacer algo. En el bosque grité. Grité su nombre tantas veces que me quedé afónica, hasta que el único sonido que era capaz de producir era un agónico sollozo. Y volví a sentir aquel agujero desgarrador en el pecho, y a no ser capaz de respirar completamente. Y otra vez, me desmaye.

Abrí los ojos cegada por la luz. Los Cullen al completo me observaban con atención. No, al completo no, susurró en mi mente una vocecilla. Falta él. Traté de sentarme, pero alguien me lo impidió. Traté de hablar pero de mi boca no salieron las palabras. Y sentía un fuerte dolor que no tenía nada que ver con el agujero de mi pecho, y una presión en la cabeza que me impedía oír.

Todo se pasó rápido, y aquella agónica sensación se desvaneció.

-Bella, estas bien? Nos has dado un susto de muerte.

Ya… Como si una familia de vampiros pudiera morir a causa de una insignificante humana. Me recordé a mi misma que ellos eran mi familia, que no tenía porque pagarlo con ellos y me dispuse a una sesión de psicoterapia en 'familia'


Hola!

Este capitulo si que ha sido un poco confuso, pero estoy contenta con el resultado. Espero que transmita, con bastante realismo, la ansiedad y la desesperación de Bella. Por eso quiero hacer el mismo fic pero con Edward, al fin y al cabo, sus emociones y sus sentimientos, tambien merecen una oportunidad. Que opinais?

Bueno, me despido ya.

Besitos de polvo de estrellas