Cuando entre en su cuarto y la vi, enseguida me di cuenta de que algo sucedía, ella no era así. La acuné entre mis brazos y le susurré palabras de aliento.

-Estoy embarazada. De ti.

Las palabras me golpearon como si fueran una bofetada. Traté de ver en sus ojos un asomo de la sonrisa que me indicaría que era solo una broma, pero realmente, en ellos solo podía percibir la oscuridad insondable de quien tiene un gran secreto. No podía ser, los vampiros no somos fértiles. Por supuesto que no. Carlisle y Esme estuvieron décadas tratando de tener un bebé sin éxito. Rose y Emmett también, incluso Alice y Jasper. No podía ser mío. Pero eso solo dejaba otra alternativa. No podía creerlo. Ella me había traicionado? Tal vez el bebé era de Jacob Black. Pero no, es imposible. Hace meses que Bella y él no se ven, al menos que yo sepa. Fue lo que acordaron por el bien de ambos.

Balbucee alguna incoherencia y salte de su ventana. Corrí a toda velocidad hasta casa, donde me esperaban Alice y Carlisle. Hoy sus pensamientos con claridad, como si me los estuviesen gritando. De hecho, Alice si me los gritaba.

'Como puedes haber dejado así a Bella. Te necesita más que nunca Edward.' La miré. Sus ojos se desenfocaron mientras veía mi respuesta a su muda afirmación.

'Estará bien, sabes que si. Yo… necesito tiempo para pensar Alice.'

-Edward, ella te necesita. No puedes dejarla sola ahora. –Miré a Carlisle, que me devolvía la mirada con decepción.

-Vaya, Alice, que prisa te has dado en contarlo.

-No me lo dijo ella Edward, no culpes a tu hermana. Fui yo quien le hizo el análisis a Bella. Está embarazada, y todos sabemos que es tuyo. O al menos, es lo que nos gustaría creer.

-Vamos Carlisle, en serio crees que el hijo de Bella puede ser mío? Ambos sabemos que los vampiros no somos fértiles.

-Tal vez las que no somos fértiles somos nosotras, Edward. –Rose apareció de la nada a mi lado. –Así que Bella está embarazada. Enhorabuena hermanito.

De pronto sentí la imperiosa necesidad de salir corriendo y alejarme de todo esto. Sabía a donde iba. En Denali siempre me recibían bien. Tanya y los suyos eran mi segunda familia.

-Me voy. Al menos un tiempo. Necesito pensar. Esto cambia las cosas. –Pensé en lo cerca que estaba nuestra boda, a apenas un mes y me entraron ganas de ir y abrazar a Bella, al menos una última vez. Luego cambié de idea.

-Al menos despídete de Bella. No la hagas pasar por eso otra vez.

Miré a mí alrededor. Alice era la única que seguía allí, tal vez porque es la única que realmente me entiende. No soy tan egoísta. No puedo vivir sin Bella, así que nunca haría nada que la lastimase.

Subí a mi cuarto y busqué en los cajones hasta encontrar lo que buscaba. Escribí a toda velocidad una pequeña carta y me fui al pueblo a comprar una postal. Corrí de nuevo hasta la casa de Bella, dejándome guiar por el olor, por aquel delicioso aroma que desprendía. Podía oírla perfectamente limpiando con frenesí la cocina. Sentí el deseo de bajar junto a ella y darle mi carta en mano, pero sabía que si lo hacía no sería capaz de irme. La coloqué sobre su viejo y destartalado ordenador y me fui. Sin culpa, sin remordimiento. Tan solo dejándome llevar por mis instintos. Ni siquiera me paré cuando cogí el coche, aceleré y dejé que la aguja marcara los 200 quilómetros.

-Edward! Carlisle nos dijo que vendrías. Como te va?

Sonreí a Tanya. Me sentía como en casa de nuevo en su hogar. Observé al resto del aquelarre. Irina me miraba con resentimiento. Lo de Laurent realmente no fue culpa nuestra. No me voy a disculpar por eso. Algo me llamó la atención. Un suave gimoteo, como el de un bebé. Creí que me estaba volviendo loco hasta que Tanya se agachó y cogió en brazos a una niña de no más de dos años. Supe que no era humana.

-Quien es? –Pregunté a Tanya.

-Oh, bueno, es Lusiem. No sabemos muy bien de donde salió. Tuvimos un enfrentamiento con un aquelarre poco numeroso y cuando se fueron la encontramos. Ya la habían transformado y no había vuelta atrás. La hemos acogido como si fuera hija de Eleazar y Kate. Me la puedes coger un momento?

Me tendió a la pequeña que me miró con sus enormes ojos dorados y sentí que se me encogía mi marchito corazón. De pronto, la idea de tener un hijo con Bella no resultaba tan temible.

Me senté en el suelo rápidamente y deje a Lusiem a mi lado. Ella me seguía mirando con sus ojos, como si esperara encontrar algo especial. Observé sus pequeños colmillos, su carita dulce y me percaté de que sería un monstruo de dos años para toda la eternidad. Que derecho tenía yo para quejarme de mi existencia. Al menos yo podía hablar, comunicarme, pero ella seguiría siendo eso. Sin oportunidades para crecer. No pude evitar preguntarme si el hijo de Bella, mi hijo, sería así. Recé en silencio para que el bebé fuera humano. No podría vivir toda la eternidad sabiendo que había condenado a alguien a permanecer indefenso toda la vida. Curiosamente, aquí, en Denali, veía las cosas con otra perspectiva y se me hacía más fácil creer que el bebé fuera mío.

Los días fueron pasando, hasta dar paso a una semana completa. No tenía intenciones de volver, al menos no tan pronto. Aun no tenía muy claras las cosas y me asustaba lo que pudiera pasar. También me avergonzaba mi comportamiento con Bella. Solo podía pensar en lo que ella debía estar pasando. Sola. Por mi estúpido orgullo. Ni Alice ni Carlisle me llamaron, así que supuse que estaban enfadados pero que todo iba bien. Tanya trataba de averiguar que era lo que me pasaba. Se insinuaba constantemente. Como si no tuviera suficiente con todo lo que me estaba pasando. Ya se lo había dicho, no sentía nada por ella, y no lo sentiría. La última noche que pasé en Denali se lo expliqué.

-Edward! –Me buscó con la mirada. –No sabes lo mucho que me agrada que estés aquí. En serio, porque no te quedas? Estoy segura de que a Carlisle no le importará, y ya sabes, a mi no me molesta.

-Tanya, la mujer a la que amo se encuentra en Forks, a unos cuantos quilómetros de aquí.

-Como puede resultarte más atractiva que yo una simple humana! –Los nervios pudieron con ella. Realmente, llevaba pensando eso desde que se enteró de lo de Bella, pero nunca lo había dicho en voz alta. –Soy mucho más hermosa que ella, mucho más madura y mucho más compatible contigo que ella. Porque no la dejas?

-Porque no puedo vivir sin ella Tanya. Porque ella es todo lo que necesito para poder vivir, y porque ella no tiene esa increíble soberbia que tu tienes. Porque es dulce, cariñosa y torpe, porque adoro su sonrisa y la manera en la que se sonroja. Y porque pagaría cualquier precio con tal de ser humano de nuevo y vivir con ella. –A medida que decía todo esto me di cuenta de la realidad que implicaba todo ello.

Simplemente, acaba de darme cuenta de que había renegado de todo lo que pensaba por un estúpido instinto. Incluso aunque el niño no fuera mío, Bella se merecía ser madre si lo deseaba. Ella iba a entregar su vida. No solo su existencia, si no todo lo que ello conllevaba. Su familia, sus amigos, su otro amor… solo por pasar conmigo el resto de la eternidad. Y yo dudaba de ella. Me sentí como si Emmett me hubiera pegado una patada.

Y de nuevo, corrí para llegar a casa. A mi verdadero hogar.