GUERRAS PERDIDAS

CAPÍTULO SIETE: La rubia Mireya

"¿Te acordás, hermano, la rubia Mireya, que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?
Casi me suicido una noche por ella
y hoy es una pobre mendiga harapienta.
¿Te acordás, hermano, lo linda que era?
Se formaba rueda pa' verla bailar...
Cuando por la calle la veo tan vieja
doy vuelta la cara y me pongo a llorar"

Del tango "¿Te acordás hermano?"(1926)

Música: Francisco Canaro
Letra: Manuel Romero

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Después de su agotador viaje de la Tierra a la colonia, los miembros del matrimonio Winner se dirigen a sus respectivas habitaciones más dormidos que despiertos (hay cinco horas de viaje de un lugar a otro) y auque sólo son las 23hs en L4, la ida y vuelta fueron muy agotadoras. Con respecto al motivo del viaje, solamente el señor Winner dice:

"Es tarde y hemos viajado mucho. Ve a dormir. Mañana arreglaremos esto".

-Está bien.

La rubia se marcha a su cuarto sin protestar: el viaje había sido agotador en lo físico y en lo emocional.

Al día siguiente, la actividad recomienza como siempre en la casa de los Winner, con el calor y humedad habitual, a las 6am. Después de tomar un rápido desayuno y ver nuevamente los diarios, Quatre se dirige hacia el cuarto de su esposa. Ella está allí, como siempre.

Dorothy siente unos golpes en la puerta justo cuando sale del baño.

"¡Va!", exclama, mientras se ata una toalla en el pelo. Luego abre la puerta, y como era previsible, el visitante es Quatre.

-¿Te estabas por bañar? –pregunta al verla en ropa de baño

-Ya lo hice. Tengo que desenredarme el cabello, pero... puedes pasar.

-Permiso entonces...

Quatre entra al cuarto de Catalonia por primera vez desde el día en que ella llegó a su casa. La habitación había cambiado, no había movido los muebles, pero ya se notaban las marcas propias de cuando una persona vive en un lugar. Mira los libros que están sobre la mesa de tocador y reconoce dentro de ellos una de las mejores obras de Leon Tosktoy: Anna Karenina.

-¿Te gusta Tolsktoy? –pregunta curioso mientras toma el libro en sus manos.

Dorothy hace una mueca mientras se sienta sobre la silla de tocador para desenredarse el cabello.

-Pues sí... pero no me gusta como termina...

-Es una novela triste... –comenta el rubio.

-No es por eso. Es tonto. Mira que arrojarte a un tren por un hombre que no te ama... Prefiero "La guerra y la paz".

-Seguro que sí. –se sonríe tristemente; no le sorprende la respuesta.

-¿A que viniste? –pregunta ella con un dejo de fastidio en la voz. –No creo que a hablar de libros...

-Vine a hablar de lo de ayer. Tenemos muchas cosas pendientes.

-Ya me lo imaginaba... En fin...

El rubio se sienta en la cama de frente a su esposa, y sus ojos reflejan una mezcla de preocupación con desesperación por aquella realidad que cada día parece escapársele más de las manos.

-Dorothy... yo estoy tratando de entender, pero no entiendo bien lo que haces así que debo preguntarte¿Por qué haces todo esto¿Buscas que te maten... te aburres... lo haces para molestarme?

-Me impresionan tus deducciones, Winner. ¿Dé donde se te ocurren todas esas cosas? –responde sin disimular su mal humor.

-Llámame Quatre, se supone que si soy tu esposo me tienes que decir por mi nombre. –se refriega los ojos, producto del cansancio. -No lo sé... Un día estás de un modo, al otro día de otro...

-Ah, claro. Ahora es culpa mía de que soy una loca. Si quieres creer eso, créelo. No voy a hacer nada para contradecirte.

-¿Ves? Yo trato de dialogar contigo y siempre recibo tu mal humor. Entiendo que me odies por tener que estar casada conmigo pero...

Dorothy se levanta de su asiento: ya está cansada de ese sinfín de conversaciones que no llevan a ningún lado. Es increíble que sea tan pero tan poco perceptivo.

-¡No, tu no tratas de entender nada¡Tú lo único que quieres es que no te moleste, que no te dé problemas! Muy bien, tú has tu vida y déjame en paz como ya me dijiste que íbamos a hacer el día del casamiento. Al menos no cambies de opinión tan fácilmente.

-Dorothy, yo me preocupo por ti porque eres mi responsabilidad, pero me haces tanta fuerza en contra que no sé si voy a poder cuidarte. ¡Ya no sé más que hacer!

Quatre se derrumba nuevamente en sobre la cama, ya agobiado al extremo. Su esposa lo mira sin saber si tenerle compasión o qué. Mejor sería que se rindiera y cada uno siga por su camino, pero el rubio está convencido que sin el no va a sobrevivir... y en eso sí que se equivoca.

-No hagas nada entonces. –responde ella mientras le abre la puerta. -Tus esfuerzos te están haciendo ver patético. Conserva un poco la dignidad, por favor. Ahora, si me permites, quiero cambiarme.

-Bueno... veo que otra conversación con punto muerto. Ten, aquí tienes el diario. Imagino que son buenas noticias. Adiós.

Quatre le deja el diario en la mesa de tocador y se levanta. Dorothy toma el periódico y comienza a buscar por todas las páginas hasta que encuentra la famosa editorial del odioso periodista. Parece ser que sus amenazas lo convencieron de escribir una carta de disculpa, y el viaje no fue en vano. El sonido del teléfono la interrumpe, ella corre a contestar desde el inalámbrico. Una voz de hombre pregunta al otro lado de la línea.

-¿Te acordás, hermano, la rubia Mireya, que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?

Dorothy mira a todas partes para asegurarse de que no la están vigilando, y cuando está convencida de que la conversación es segura, responde.
-Casi me suicido una noche por ella y hoy es una pobre mendiga harapienta.
–responde ella, reconociendo la contraseña propia de Milliardo Peacecrarft.

-Supe de tu "excursión" de ayer a nuestro querido planeta...

-¿Cómo lo supo? Seguramente se lo dijo mi adorado esposo... –contesta con su mejor tono irónico.

-Te equivocas. –contesta Milliardo. –Vi la noticia en el diario y me imaginé como te pondrías. Luego llamé a la casa y me dijeron que no estabas porque habías salido de viaje... no se necesitan grandes despliegues para ver lo que estás haciendo. Y agradece de que convencí a la Coronel de que yo manejaría el asunto porque ella te quería suspender por tiempo indeterminado.

-Cometí una imprudencia, ya lo sé. Winner ya me acaba de regañar por lo mismo recién...

-Se al menos un poco agradecida. Quatre Winner puede tener mucha paciencia, pero si lo fastidias demasiado se cansará de ti y la única que tiene realmente que perder algo eres tú. Si no te disculpaste con él, hazlo ahora mismo.

-Como usted diga, comandante. –responde ella tratando de no maldecir.

-Y no quiero volver a oír de ninguna desobediencia o siquiera una queja sobre ti. Ya me arrepiento de haberte hecho entrar en los preventivos, no me hagas que pida tu baja definitiva. ¿Está claro?

El sonido del tubo descolgado no le da tiempo a Catalonia de responder nada. Vuelve a mirar el diario, y aún sabiendo que lo que va a hacer le va a costar mucho, se dirige hacia el despacho de Quatre, pero no lo encuentra. Y de pronto se da cuenta que nada de eso era necesario y siente horriblemente tonta por haber hecho todo lo que hizo.

-¿Ya se fue Quatre, verdad? –pregunta cuando ve a Rashid. -¿A que hora vuelve?

-Creo que hoy tiene que volver tarde... ¿Quiere que le diga algo?

-Bueno.. Dile que luego quiero hablar con él, cuando tenga tiempo, nomás.

Dorothy sale del escritorio, sintiendo el peso de mil años encima, en dirección a su habitación para dormir un rato más.

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Como todas las mañanas antes de entrar a la oficina, Quatre observa a los niños cómo se despiden de sus padres y corren con sus amigos para entrar a la escuela de la cuadra de enfrente a la Winner Corp. Había ido por primera vez en aquellos días que estaba tan nostálgico por el recuerdo de su padre; y luego empezó a ir cada vez más seguido hasta que se hizo una costumbre tomarse quince minutos antes de entrar. Así que ahora todos los días lleva unas migas de pan para las palomas de la plaza mientras observa desde el barandal a los chicos jugar.

-Los niños son adorables. Cuando me case, quiero tener mil...

La chica que llama la atención de Winner es Jennifer Valens, la jefa de secretarias de la Winner Corp.

-Hola Jenny. ¿Cómo estás?

-Muy bien señor Winner. Imaginé que lo encontraría aquí... –observa a los chicos corriendo. -¿Le gustan los niños, verdad?

Jenny sonríe y un poco de su cabello llovido se le viene a la cara con el viento. Quatre le responde:

-Digamos.. que me da paz verlos. Son tan inocentes, tan dulces... Deben poner muy orgullosos a sus padres...

-Yo no tengo hijos, pero mi hermana ya tiene tres. Son mucho trabajo para ella sola, pero creo que no podría estar sin ellos... –muestra un paquete. –Aquí le traje la planta que me pidió. Es un potus, debe mantenerlo en un lugar iluminado pero que no le de el sol directo. Tampoco debe dejarlo sin agua porque estas plantas pueden estar en agua y sacar raíces... creo que es perfecta para su oficina.

Quatre le sonríe; a él le parece adorable esa niña de cabello castaño; no es muy agraciada, sobre todo porque es flaca y alta como un muchacho, pero su simpatía compensa los detalles de su aspecto.

-Muchas gracias Jenny por la molestia. Te prometo que te recompensaré.

-No es necesario señor Winner. A mi madre le encanta regalar de sus plantas. ¿Quiere que lo ayude en algo mas, señor?

Winner medita unos momentos antes de responder, hasta que contesta:

-Bueno... creo que si hay algo que me puedes ayudar.

Rato después, en la oficina...

-Jenny, estas son las fotos de mi casamiento. Quisiera que me ayudases a elegir una para poner en el portarretrato.

-¿No sabe cual poner o quiere poner todas?

-No sé cual poner... Se me ocurrió que cómo tu eres mujer sabrías elegir mejor que yo...

La secretaria toma el sobre color madera y mira las fotografías de la boda de su jefe cuidadosamente, hasta que elige una.

-Esta, señor Winner. Tiene que poner esta.

Quatre mira la fotografía y es una de las últimas del rollo, la que le tomaron justo antes de bailar el vals. Incluso él sigue abrazándola de la cintura como después de sacarla de su conversación con el senador Myres.

-¿Y por qué esta, Jenny?

-Bueno, es fácil. Mire la expresión de su esposa cuando usted la está abrazando. En todas las demás está seria, pero aquí se la ve sonriente. Las demás fotos están bien en cuanto a la imagen, pero esta tiene el aura de ese momento...

-¿Tu crees?

-Por supuesto. Es evidente que se siente feliz, segura... Bueno, es lo lógico si era el día de su boda...

Las palabras de Jennifer son interrumpidas por el sonido de la puerta: es Dalton con el balance del mes. Quatre guarda las fotos y contesta:

-Pasa Robert.

-Buenos días señor Winner. –saluda el Jefe de Finanzas.

-Ho, ho, hola señor Dalton. -saluda nerviosa mientras intenta que no se le caigan las carpetas que tomó del escritorio.

-Buen día Robert. Jenny, lleva estas carpetas a Recursos Humanos, por favor.

-Si señor, enseguida.

La secretaria sale, carpetas en mano, totalmente enrojecida mientras su jefe se ríe un poco. Pero cuando se estaba por marchar, se da vuelta y dice.

-Señor, sobre lo de hoy... De seguro pronto lo pondrán orgulloso a usted también...

Dicho esto, la secretaria se retira, dejando a los hombres solos.

-Es una chica muy dulce¿eh? –comenta Winner.

-A mi me parece bastante infantil... –responde Dalton con su apatía habitual.

-Bueno, supongo que es cuestión de carácter... –suspira. –Bueno, veamos ese balance...

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Aunque son casi las tres de la mañana, se despertó recordando que debía buscar los informes de productividad que se había llevado a la casa para la reunión de mañana. Con mucho cuidado abre la puerta para no despertar a nadie. Su cuarto está de camino al de su huésped y pasa por allí cuando escucha unos ruidos extraños.

"Será la televisión", piensa y baja a buscar las carpetas para ponerlas en su maletín. Cuando regresa, vuelve a escuchar los mismos ruidos, como de lamentos, quizás quejidos. Intrigado por saber qué es, se acerca hacia la puerta y la abre solo un poco. No hay nada, el televisor está apagado y las ventanas cerradas. Mira hacia el lecho de Dorothy y ella está allí, durmiendo mientras murmura algunas cosas inaudibles.

"Debe tener pesadillas", reflexiona Winner, y cierra la puerta. Decide que es mejor no molestarla (no vaya a ser que las cosas empeoren) y se va a su cuarto. Después se tiende sobre su lecho tratando de volverse a dormir, pero en su mente le reaparecen todos aquellos momentos conflictivos de los últimos días y al darse cuenta de que no volverá a conciliar el suenio se da por vencido y trata de pensar con calma de vuelta en su discusiones reiteradas con Dorothy y en cómo ponerles fin, si eso es posible.

Al día siguiente...

Dorothy cepilla su pelo frente al espejo, desde que había llegado a L4 lo tenía un poco descuidado y no podía dejar que se le arruinase. El sonido de alguien tocando a la puerta la distrae.

-¿Quién es?

-Soy yo. Rashid me dijo que querías hablar conmigo.–ella reconoce la voz de Quatre. ¿Puedo pasar?

La rubia se acerca a la puerta y abre.

-Si, pasa por favor.

Dorothy camina unos pasos con el cepillo del pelo en la mano, nerviosa de no decir algo incorrecto que empeorase las cosas.

-Estuve pensando...

-Yo también estuve pensando... –contesta el rubio.

-Bueno, lo que yo quiero decirte es... es que lo siento. Sé que me pasé, pero soy así y ya no puedo cambiar... No debí haberme ido sin...

-No te disculpes, no vine a eso...

Quatre se queda callado y su esposa también; ella siente que tiene que decir algo, pero no le sale nada de la garganta, él quiere decir algo pero no sabe como hacer que ella lo escuche. Aún así comienza a hablar.

-Antes de que muriera mi padre, lo acusaron de muchas cosas terribles, de cosas que eran mentira... Después él murió y muchas personas se retractaron de lo que dijeron, pero a mi no me sirvió de nada, porqué sé que prefería morir a que duden de él...

..Dorothy, yo no conocía a tu padre, no sé realmente como sería. Pero si tu dices que es mentira las cosas de las que lo acusan, yo te creo.

-¿Eh? –el rostro de la rubia cambia con lo que Winner le acaba de decir.

-Nadie tiene derecho a juzgar a otras personas, y menos de muertas. No hagas caso a las cosas que te digan. Es lamentable reconocerlo, pero a veces la gente habla de más. Y es lógico que te enojes y trates de evitarlo. Así que no sé exactamente que le dijiste a ese periodista, pero debe haber sido solamente lo justo...

Dorothy mira a su esposo sorprendida: esperaba que le dijese cualquier cosa menos todo eso.

-...con esto no estoy diciendo que esté bien que te hayas escapado, pero entiendo porqué lo hiciste. Y probablemente en tu lugar, yo hubiera hecho lo mismo.

-Yo... reconozco que no estaba pensando con claridad. Yo no soy tan impulsiva, pero... hay cosas que no las puedo evitar. Reconozco que soy muy difícil, pero soy así y ya no puedo cambiar...

-Siempre se puede cambiar, Dorothy. Todos los que tienen voluntad pueden cambiar. –responde él con gesto serio.

-¿Y de que serviría que cambie yo si los demás no lo harán? No importa lo que haga, para el resto siempre seré la misma...

El rubio le echa una mirada a Dorothy, siente pena por aquella mujer que alguna vez fue tan fuerte y hoy luce tan vencida... y de repente siente que se le pasó todo el enojo que tenía contra ella desde el día de la boda.

-Es una pena que pienses así, pero, es tu decisión... ¿Si yo te pido que te quedes aquí, y no te escapes, lo harías?

Ella le dirige una de sus sonrisas intrigantes y le contesta:

-Prueba...

-Es que tengo que irme ya a la oficina, tengo junta de directorio mañana y debo reunirme con los gerentes antes. ¿Puedo irme tranquilo de que no te irás?

La mujer suspira: del uno al diez, esa forma de pedirlo tiene efecto de un seis. Entonces, como pocas veces, se decide por mantener la armonía.

-No te voy a ocasionar más problemas. Me voy a portar bien...

-No eres un rehén. Puedes moverte a dónde quieras... no es necesario que estés aquí todo el tiempo. Si quieres dile a tus amigas que te vengan a visitar, sólo ten cuidado por favor.

-No tengo muchas amigas, y las pocas que tengo están ocupadas, pero... gracias de todos modos.

-Bueno, como quieras. Tengo que irme... Hasta la noche.

-Hasta la noche...

Quatre ya se marcha por las escaleras, pero la voz de la rubia la detiene.

-¡Quatre!

-¿Sí?

-Buena suerte. En la reunión, claro.

-Muchas gracias, Dorothy. –nuevamente se está por marchar, pero vuelve sobre sus pasos. –Dorothy¿te gusta la pintura? Recuerdo que me comentaron que tu sabías pintar o... creo que estaba en el informe de los preventivos.

-No pinto desde los 12 años... pero sí, sé pintar.

-Es que hay algunas cosas de dibujo en el depósito. Es que yo cuando era chico querían que aprendiera, pero nunca me interesó mucho y lo dejé. Quizás a ti te sean más útiles. Bueno, se me está haciendo muy tarde. Hasta luego.

La señora Winner entra nuevamente a su cuarto mientras Winner se va al trabajo, feliz de haberse liberado del peso del enojo.

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Colonia L3, actual ubicación del circo de Trowa y Catherine.

Catherine Bloom mira sentada en la hierba como las estrellas iluminan la noche, de vez en cuando alguna cae del firmamento a la velocidad de la luz. Un muchacho fornido, y de amplios brazos y cabellos rubio oscuro algo ondulado se sienta a su lado.

-Ten.

El joven le da una flor a la artista del circo. Ella sonríe y contesta.

-¿Para mí¡Oh, George, eres encantador! –dice ella arrojándose a sus brazos. -¿Cómo sabías que estaba aquí?

-Yo sé todo lo que haces. Por eso somos novios¿no? –la abraza por detrás de la cintura.

-¿En serio?

-Claro que sí... Bah, en realidad le pregunté a Trowa y me dijo que seguramente viniste a ver las estrellas.

-¿Trowa le dio la localización mía? Uy, sabía que las lluvias de meteoritos afectaban a las personas pero esto es nuevo... ¿Qué seguirá¿Seré afectada por la kryptonita?

-Pues no lo sé. Últimamente tiene peor cara de la que trae siempre.

-¡Ey¡Oye, mide tus palabras tipo guapo! Sabes que no me gusta que anden haciendo ese tipo de comentarios. –lo señala a la cara con el dedo índice. -Sabes muy bien que Trowa es para mi como un hermano, y cualquiera que...

-...y cualquiera que se meta con él, se mete conmigo, porque auque no compartamos la misma sangre somos familia y es que aquí en el circo todos somos una familia...

La muchacha de cabello enrulado se queda de piedra al ver que su novio se conoce de memoria todo lo que iba a decir, y de repente no se le ocurre más que contestar que:

-¿Tan previsible soy?

-Con respecto a algunos temas, sí. –toma uno de los cabellos de la chica entre sus dedos y luego suspira como con simulado fastidio. –¡Bah! En este circo no hay privacidad jamás. Pero eso cambiará pronto.

-¿Y cómo le vas a hacer, a ver? –pregunta Catherine mientras él juega con uno de los rulos de su cabello castaño.

-Y bueno... cuando nos casemos tendremos nuestra propia camioneta y entonces no voy a dejar que entre nadie... Espero que sea pronto...

La estrella circense deja de jugar con la flor y se incorpora del suelo rápidamente.

-¿Qué quieres decirme con eso?

-Quiero decir que quiero que te cases conmigo, muñeca.

-Yo... –baja la mirada. –No lo sé, es un poco repentino... Debes dejarme pensarlo un poco...

-¿Repentino? No lo creo, hace casi un año que nos conocemos. ¿A qué quieres esperar?

Catherine baja la mirada hacia la verde hierba y luego contesta:

-Pues... la verdad... yo siempre soñé que ya que mis padres han muerto, mi hermano me entregara el día de mi boda. Siempre pensé que para cuando llegase el momento de casarme, él estaría conmigo...

-Muñeca, te prometí encontrar a tu hermano y lo haré. Pero debes darme tiempo... Sabes que hay mucha gente que quiere reencontrarse con sus familias y...

-George, tu sabes que valoro mucho todo lo que haces por mi, pero es que... necesito pensarlo solo un poquito. –dice ella suspirando. –Si no lo hago, quizás te de una respuesta incorrecta que nos traería sufrimientos en vano...

-Como quieras. –la besa. –No insisto más entonces, sólo piénsalo y me contestas. Hasta luego, muñeca...

El fornido muchacho se va dejando sola a su novia que sigue mirando la flor que trajo consigo una oferta de matrimonio. Ella se vuelve a recostar hacia el manto de estrellas mientras un sinfín de preguntas asaltan su mente¿Qué le estaría pasando a Trowa para que anduviese de tan mal humor¿George será el hombre indicado¿Cómo tomarían Trowa y los del circo la noticia de su posible casamiento¿Volvería a ver a su hermano alguna vez? Ella cierra sus ojos y luego trata de poner la mente en blanco al menos por un rato...

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Desde el punto que está ubicada la colonia L4, da la impresión de que el sol saliese por el sur, por lo tanto el primer lugar de la residencia de los Winner en recibir sus rayos son los dormitorios de lado austral de la casa, dónde la gente se levanta antes de que suene el despertador, Dorothy incluida.

Como todas las mañanas ella toma una taza de café sin azúcar en la galería del lado sur de la vivienda. Sobre la mesa de jardín se apoyan varios bocetos, apenas unas ideas para comenzar a pintar algún cuadro que le consumiese más de su ocioso tiempo; y en su falda, uno de los nuevos dibujos del paisaje que más conoce, el del jardín frente a la ventana. Desde la ultima conversación entre su esposo y ella sobre su escapada a la Tierra pasaron más de tres semanas...

Con la mente fija en su trabajo, le cuesta oír la voz de Rashid que la llamó tres veces antes de que ella le prestase atención.

-Señora Dorothy...

-¿Eh? Oh, lo siento... no dormí muy bien anoche y estaba distraída. ¿Qué ocurre?

-Tiene una llamada para usted...

-¿Una llamada? –pregunta con intriga mientras apoya el boceto sobre la mesa. -¿No te dijeron quién es?

-Es de la Tierra... de los Preventivos...

El semblante de la rubia se pone alerta nuevamente, luego contesta:

-De acuerdo, atenderé aquí. Puedes retirarte, Rashid...

Cuando el jefe de los Magunuacs se retira, sólo allí atiende el teléfono.

-¿Puedes hablar? –se escucha la voz de Lady Une al otro lado de la línea.

-Sí.

-Estaba leyendo algo del papelerío atrasado y de pronto me reencontré con cierto informe tuyo y veo que no comunicas nada importante en casi un mes...

-¿Algo como qué?

-Pues... algo como estás llevando esta misión. Pasas todo el día encerrada en la mansión de los Winner pero parece que no tienes nada que contarnos...

-No tengo nada que hacer aquí, coronel Une... –suspira ella.

-Claro que tienes cosas que hacer. Ser la señora Winner no sólo implica vivir en su casa, sino otras obligaciones. ¿Ya has ido a ver las oficinas de la corporación?

-No, nunca he ido.

-Entonces ve a cambiarte y haz una visita hoy. Una recién casada que no va a ver a su esposo no es algo normal.

-Pues él se fue a una reunión en L1 así que tendré que hacerlo en otra ocasión, Coronel.

-Entonces ve de todos modos. Eres la primer agente que conozco que no va a investigar el terreno en que actúa. Y antes de que preguntes si es una orden sí lo es.

Lady Une suspira; realmente se nota que esa chica es pariente de Marimeia porque la pone con los pelos de punta casi con la misma frecuencia. Dorothy exhala un suspiro y con un gesto de aburrimiento se sacude el cabello.

-De acuerdo... de todos modos no tengo nada que hacer aquí. He leído los mismos libros cientos de veces y hoy no tenía ganas de dibujar...

Después de un rato de arreglarse, Dorothy le pide a Rashid que la acompañe a la Winner Corp, ya que desde que ocurrió el incidente del diario está más vigilada que antes y aunque L4 es un lugar seguro para ella, nunca ha recorrido siquiera la ciudad.

El auto avanza por las calles de la ciudad. Primero pasa por los barrios residenciales, luego se mete de lleno en el casco céntrico. "¿En verdad vive tanta gente en las colonias?", piensa la Sra. Winner, al ver el tumulto de gente que recorría las calles. El auto se aleja un poco del centro comercial y toma otra calle que finalmente conduce hasta otra avenida. Rashid le explica a su jefa que esa zona se encuentran la mayoría de las embajadas y dependencias diplomáticas de la colonia También varias de las principales empresas de L4, y una de ellas es por supuesto la de su esposo. Finalmente, situada en una de las avenidas principales, se levanta un edificio alto, al menos unos cincuenta pisos, con amplios ventanales de vidrio. Alrededor, un amplio espacio en que hay canteros con amapolas y petunias de colores y algunos pequeños árboles también. Sobre uno de los canteros principales se levanta el logo de la empresa con la W de la Winner Corp.

-Así que esta es la Winner Corporation... –murmura Dorothy –La primer compañía constructora en ser fundada.

-¿Dónde está la oficina de mi esposo, Rashid?

-Las oficinas principales son las de los últimos pisos.

Dorothy se abre paso entre las diferentes oficinas, no hay empleado que no le pregunte a otro quien es aquella mujer de saco y falda color azul marino que pasa tan segura por todas las oficinas seguida por Rashid.

-Yo la conozco. Es la esposa del señor Winner.

-¿Por qué habrá venido estando su esposo en L1?

Un enorme ascensor de vidrios trasparente conduce a los recién llegados hasta el último piso, donde se encuentran los principales departamentos de la empresa y por supuesto, la oficina del jefe. Cuando la puerta se abre, Jenny deja de hablar por el teléfono y sale a recibirlos.

-Bienvenida señora Winner. Yo soy Jennifer Valents y soy la jefa de secretarias de la empresa y secretaria personal del señor Winner. –dice mientras le extiende la mano. -Yo la acompañaré en el recorrido por la empresa. ¿Tiene algún lugar que desea visitar primero?

Dorothy mira a Rashid, como preguntando si debe decir algo en especial, entonces el jefe de los Magunacs sale del paso diciendo:

-Creo que cualquier lugar estará bien para empezar...

-De acuerdo. Entonces le mostraré las instalaciones del piso de abajo donde están las oficinas de planeamiento...

Jenny le va explicando a Dorothy como es el manejo de los diferentes rubros de los que se encarga la empresa, otras lo hacen los mismos empleados, que se apuran en ser agradables con la esposa del dueño. Mientras en Sistemas le explican el funcionamiento de la red de la Winner Corp., Rashid habla con la secretaria.

-¿Cómo ha estado tu familia, Jenny?

-Bien, bien. Mis sobrinos comenzaron el colegio ya, menos el más chico que todavía no va a la escuela... ¿Y usted Rashid? Ya hace mucho que no lo veo por aquí. Me dijeron que el señor Winner lo ha dejado a cargo de los asuntos de la casa...

-Pues si. Me pidió que me hiciese cargo de todo lo referente a la señora Dorothy y como ella está siempre en la casa, yo también debo hacerlo.

-Quizás no se siente cómoda en la colonia. El marido de mi hermana era de la Tierra, y cuando ella tuvo que volverse aquí le costo mucho tiempo adaptarse...

-¿Ocurre algo, Jennifer? –pregunta la rubia.

-Oh, le decía a Rashid que es una pena que hayan venido hoy que no está el señor Winner. Quizás le hubiese gustado a él presentarle su nueva empresa. ¿Quiere ver la oficina del señor Winner? Tiene una vista hermosa de toda esta parte de la ciudad. ¡Y no necesita decirme Jennifer, con Jenny está bien! –dice ella guiñando un ojo.

-De acuerdo... Jenny. Vamos entonces.

-Volvamos al elevador entonces...

De vuelta en el ultimo piso, la muchacha le entrega a Dorothy una tarjeta de seguridad para entrar a la oficina del jefe. Pero su sorpresa es mayor al ver que ya hay alguien más. Dorothy frunce el ceño al encontrar aquel hombre en la oficina de Quatre cuando él no está y sin muchas vuelta.

-¿Quién es usted y porqué está en la oficina de mi esposo cuando él está ausente?
-El señor Winner me dio autorización para entrar a su oficina en cualquier momento. Hay muchos asuntos que resolver. –dice el hombre de cabello castaño.

Muy de prisa entra Jenny que se distrajo hablando con Rashid afuera.

-¡Oh, disculpe señor Dalton! No sabía que estaba aquí...

-¿Quién es este hombre, Jenny, que tiene las llaves de los cajones de mi esposo?

-El señor Dalton es el Jefe de Finanzas de la empresa. –contesta nerviosa. –Es verdad señora. El señor Winner le dio expresa autorización a él para entrar a la oficina y usar las llaves en su ausencia...

-Si venía la esposa del señor Winner debiste haberme avisado, Jennifer. –la reprende el nombrado.

-Lo...lo siento mucho, señor Dalton.

Dorothy frunce el ceño; un sexto sentido le hace que haya algo que le choque en ese tipo. Con tono firme le pregunta.

-¿Qué eran los papeles tan importante que buscaba en esos armarios con tanta urgencia?

-Son parte de los planos de los nuevos edificios que la empresa está construyendo. –responde el hombre de ojos claros. –Debo llevarlos hoy para que el ingeniero siga trabajando.

-Muy bien entonces. Lo acompañaré. Quiero ver la nueva construcción. –dice Dorothy en tono firme.

-Quizás debería esperar al señor Winner. –contesta Dalton. -No tengo autorización para hacer dejar entrar a nadie al predio.

-Yo no necesito autorización. Todo los temas que le incumben a él, me incumben a mi. –lo mira directo a los ojos. -Soy su esposa y yo soy la dueña de la Winner Corporation también.

El Gerente de Finanzas se siente molesto con la presencia de la esposa de su jefe, pero no deja que la emoción lo delate.

-De acuerdo. ¿Cuándo quiere ir?

-Pues ahora mismo, por supuesto.

-La llevaremos entones. Sígame.

-Rashid vendrá conmigo. ¿O hay algún problema con eso también?

Dalton se mira con Rashid y ocultando muy bien su fastidio, responde:

-Por supuesto que no... señora Winner.

-Mejor así.

Luego de un breve recorrido en auto, finalmente llegan al predio de la construcción. Dalton le explica a Dorothy (seguida de Rashid).

-Esta es el primero de siete edificios nuevos. Se comenzaron a construir este año y estará terminado en el año 203. La obra total tiene una duración de cuatro años...

-De acuerdo, vamos a verlos.

Los trabajadores se muestran tan sorprendidos como hasta hace un rato estaban los de las oficinas de recibir la visita de la misteriosa esposa del jefe. Ella también está sorprendida de ver todas las cosas que hay que tener en cuenta sobre las colonias y su funcionamiento.

-¿Para que sirven esas construcciones metálicas que se hacen en los subsuelos, Rashid?

-Son para reforzar los cimientos. El suelo de las colonias es mucho más inestable que el de la tierra. A diferencia de otras colonias esta no necesita ajustes anuales, pero si se produjese un mínimo cambio en el eje gravitatorio, y no hubiese esos refuerzos, todo se vendría abajo.

-Ya entiendo. ¿Y como se...?

Las palabras de Dorothy son interrumpidas por un sonoro estruendo, como cuando algo cae. Y seguido al impacto, se oye a lo lejos un grito desesperado que exclama:

-¡Auxilio, auxilio¡Hay un hombre atrapado aquí!


Marzo de 2006

Esta vez mi excusa para demorarme ha sido primero las fiestas y mi trabajo en los otros fics que ya tenía muy abandonados, aparte que sacar CUATRO songfics para el día de los enamorados ha sido un trabajo muy largo. Eso y los calores en Argentina para estas fechas que en ocasiones llegan a 43 grados es imposible escribir en mi pieza que no posee aire acondicionado (para peor estoy diseñando un grupo msn de Hungry Heart, encima de escritora ahora hago banners, edito, bla bla bla). Bueno, ahora de repente vino un clima frío, y antes de empezar las clases quiero sacar uno al menos.

La contraseña de Milliardo y Dorothy está tomada del tango "Te acordás hermano?" de Manuel Romero y Francisco Canaro. Recuerden que los nicknames de las agentes cubiertas son nombres de personajes del tango.

A ver: las alturas. Han pasado cinco años desde la guerra y lógicamente todos han crecido. Empecemos porque Quatre tenía 1.56 m, ahora tiene 1.69 m igual que el resto de los pilotos salvo Trowa que siempre fue más alto (1.60 a los 15 años). Ahora Trowa tiene 1.75, es decir sigue siendo más alto que Quatre. No sé la altura de Dorothy, pero se la veía prácticamente igual que a Relena que tenía 1.54 m. Ahora Relena tiene 1.58m (mi altura! Es que yo creo que Relena es una mujer realmente baja) y Dorothy se estiró hasta los 1.60m. Vamos a los nuevos personajes. Dijimos que Robert Dalton era "más alto que Trowa y menos que Milliardo". Milliardo tenía 1.84 a los 19 años y allí se quedó. Ergo, Dalton tiene unos 1.79 más o menos, por ende 10 cm más alto que Quatre. Y la secretaria Jenny Valents es muy flaca pero alta también, así que tendrá unos 1.77 y puede ver a todos por debajo de ella, salvo a Dalton que es algo más alto y a Rashid, que no sé cuanto medirá pero a Quatre le llevaba dos cabezas largas en la serie así que tendrá lo altura de Milliardo sino más (y definitivamente sigue viendo a todos por debajo, es enorme!). Préstenle atención a los nuevos personajes que vayan apareciendo (Dalton, Jenny, George y uno más que aparecerá en el futuro cercano) ya que cada uno tiene un pedazo de la respuesta de este fic aunque sólo hay uno que tiene la llave para desanudar el conflicto entre Quatre, Trowa y Dorothy.

Ycon respecto a las preguntas del correo (uno solo, no sean mugrientos, yo escribo 12 hojas y ustedes nos son capaces de escribir tres líneas) ese asunto de que en inglés no existe la declaración de Quatre es algo que me hizo dudar mucho a la hora de empezar esta historia tal y como es. Pero después de una larga reflexión (y de tratar de encontrar el guión de Gundam en algún otro idioma, subtitulada o en japonés al menos sin éxito) llegué a la conclusión de que, para los fines de este fic, no importa mucho si es verdad o no. Realmente yo no tengo pruebas para decir que sí está enamorado de Trowa o no, este fic no trata de defender una postura, por sí o por no. Esto está hecho en base a la idea que los lectores hispanoparlantes tienen de Quatre, sumado a los elementos de mi imaginación que uso en gran parte. Por eso me molestó un poco cuando dan prácticamente por sentado que Dorothy se vaya a quedar con Quatre, es un posible final, pero si lo piensan bien no el único. Si yo tratase de defender una postura a favor del yaoi, escribiría un 03x04 simple y llanamente, como tantos que existen. Y si yo tratara de escribir un 04xD haría otro tanto y no me importaría que opinara el fandom en general en ningún caso. Pero no, por eso la estructura es tan compleja y lleva tanto tiempo armarlo.

A mi la personalidad de Dorothy me intriga. En verdad yo siento más simpatía por otros personajes, pero ella me parece que es perfecta para este tipo de historia. Es una personalidad muy compleja: por un lado es muy fuerte, por el otro es un ser humano que está completo en la superficie, pero rota por dentro. A diferencia de las heroínas de mis otros fics, yo creo que Dorothy es más un héroe oscuro, de algún modo busca redimirse (y al mismo tiempo huir) de su pasado. Es como La femme Nikita: una mujer que no encaja en su pasado de violencia ni en un futuro como persona normal, por eso es agente. También como Scarlett en "Lo que el viento se llevó", una mujer que no es buena o dulce por naturaleza, pero que ama y que haría cualquier cosa por conseguir ese amor. Al menos es así por esta parte de la historia, luego cuando avancemos les iré diciendo con que otros elementos estoy delineando su personalidad.

Bueno, creo que por hoy les hable bastante. No se olviden de dejar mensajes o de escribirme a mi mail

Hasta la próxima!

Vicky Yun