GUERRAS PERDIDAS

CAPÍTULO DIEZ: En el amor y en la guerra

El día de hoy hay un gran movimiento en las empresas de los Winner. Y su presidente y principal accionista, Quatre R. Winner es el responsable por todo. Desde que empezó el día, estuvo en una teleconferencia, revisó contratos y luego pasó a la Asamblea Ordinaria del mes. Pero como si esto no fuera poco...

-Jenny, se decidió que hay reunión extraordinaria de accionistas. No me pases ninguna llamada. –es la orden que el Sr. Winner le da a la secretaria mientras se vuelve a meter a la oficina de reuniones. –Y tráenos café para todos.

-Si, Señor Winner, ya estoy en eso. –responde Jennifer mientras se apresura a ir cargando todas las tazas con la misma cantidad de café, sin que se enfríen y sin que se vuelque. –Señor Dalton¿qué pasa ahora?

-No hay acuerdo en aprobar el proyecto del Parque Bicentenario. –responde el Gerente de Finanzas, buscando unos papeles.

-¿Y cuánto van a tardar?

-No sé, seguro que mucho. –responde mientras toma unas carpetas y se dirige con ellas hacia la sala. –Trae el resto de los informes de planeamiento.

-Pero de eso se estaba encargando Rashid... digo, el Señor Kurama. No sé donde los habrá dejado...

-Pues pide al Departamento de Diseño que consigan una copia. Ya. –ordena Dalton desde la sala.

-¿Ay, porqué tuvieron que ponerse a discutir justo hoy? –se lamenta la muchacha mientras recoge más peso del que puede manejar. –Encima Rashid está de viaje... –Mira el reloj: son las 5pm. –Espero que este día se termine pronto...

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Y en un lugar más tranquilo como es el comedor de la mansión Winner, Dorothy prepara la mesa de la cena, con velas y flores como hace la gente aristocrática. Quizás de ese modo podría hacer que la situación de los últimos dos meses se distendiera y de algún modo llegar a un entendimiento. Pero, claro, debe ser una sorpresa. Así que aprovechando que ahora Rashid se ha ido en inspección a las reparaciones de uno de los satélites de las empresas Winner, se le había ocurrido la "sorpresa".

Después de probarse todas las ropas que había comprado el día anterior en el centro comercial, cuidando que el planchado del cabello no se arruinase, se decide por un vestido rojo bien al cuerpo, con escote redondo y un collar de perlas.

Finalmente baja al comedor y se dispone a esperar la llegada de su esposo. Revisa una vez más todos los detalles, el cocinero le avisa que todo está listo. Ella lo dispensa de sus deberes diciendo que se encargará de todo. Luego mira la hora y se extraña de que Quatre aún no halla llegado. Toma el teléfono y marca el numero de la empresa, luego escoge el interno de la secretaria general, donde la atiende Jennifer.

-El señor Winner está en una reunión y dio orden de que nadie lo molestase... –explica la muchacha de las empresas Winner.

-Es que me dijo que hoy cenaríamos... ¿no te dejó ningún mensaje para mí?

-No, pero... –la voz de Jenny suena nerviosa. –Fue de ultimo momento. Entraron a las cinco y aún no han salido de allí. –duda unos momentos. –Si quiere puedo intentar hablar con el... Espere que la llamo en diez minutos.

Jennifer termina de recoger algunos papeles y se dirige hacia la sala de reuniones, pero es interceptada a mitad de camino por Dalton que sale de allí.

-No puedes entrar a la junta, Jennifer. –le dice mientras la frena con el brazo.

-Es que tengo un mensaje para el señor Winner de su esposa. Ella lo está esperando en...

-Nadie puede entrar, es una reunión privada. Y tengo ordenes de no dejar pasar personas ni llamadas. Hay temas que son de primer orden, y otros que no, así que vuelve a tu puesto.

-Pero... por favor...

-Vuelve a tu puesto, Jennifer.

La secretaria suspira, si no fuera Robert Dalton el que le dio la orden, estaría molesta. Ella vuelve a su escritorio y se comunica nuevamente con Dorothy.

-Señora, no me permiten entrar a la sala de reuniones... Pero como fue organizada de ultimo momento, no creo que tarden mucho en salir... Yo le aviso apenas salga.

-Está bien, no le digas nada. Yo lo espero hasta que vuelva.

-Como guste, señora Winner.

Dorothy corta la comunicación telefónica y mira el reloj; ya son más de las siete. De reojo observa la mesa tendida: todo está perfecta. Se sirve un poco de champagne en la copa, también está a la temperatura correcta. Para distraerse, va hacia su computadora y se conecta en la red.

Un pensamiento curioso cruza por su mente y se dirige hacia la pagina de los preventivos, y luego a la sección de acceso. Marca su código algunas veces, pero en todas aparece el mismo mensaje de "acceso denegado".

"Maldición¿Cuándo me darán el acceso nuevamente?" se enoja la rubia. Luego hace un gesto similar al del aburrimiento y decide cambiar el rumbo hacia los portales de los periódicos para ver las noticias de ultimo momento. Lee los titulares, nada demasiado revelante que ameriten leer antes de que llegue el diario a la mañana. Está a punto de desconectarse, hasta que repara en la sección de sociales.

"LA BODA DE ENRIQUE WOLF Y MARGOT SIXTINA.

Se casaron hoy en Munich. Hubo 700 invitados en la ceremonia."

"No puede ser... se casaron... no puede ser..."

Dorothy no puede creer que está leyendo ese titular que anuncia el casamiento de su madre y aquel hombre que ella odia tanto... Ella empalidece, más bien ha entrado en shock. Toma el resto del champagne, pero, necesita algo más fuerte. Baja hasta el minibar del comedor y se sirve un trago de vodka, y después otro más. Vuelve a mirar el reloj, y conforme pasa el tiempo pasan las copas...

Sacar la cuenta de cuantas bebidas tomó antes de que llegase Quatre en esa noche es algo bastante difícil, así que sólo diremos que aunque está un poco mareada y se choca con algunas cosas, el alcohol no le afectó tanto el cerebro como para no entender lo que hace, entonces empieza a maquinar algún maldito plan para ver si de una vez logra algo con Winner...

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Jennifer Valens mira el reloj; ya transcurrió más de media hora desde que terminó su turno y no hay señales de que la reunión de accionistas termine. Revisa todos los papeles que estaban atrasados, las volantas internas, las cartas de felicitaciones, los mails de los proveedores, hasta que encuentra uno aún sin responder de la florería. Ella abre el mensaje y lee:

"Oh, no." –piensa preocupada. –"Espero que no sea cierto..."

Busca la libreta de direcciones y llama a la única persona que puede saber del asunto.

-Rashid, soy Jenny. ¿El señor Winner le dijo algo sobre el cumpleaños de la señora Dorothy¿Cómo que no sabia? La florería envió un mensaje preguntando que tipo de arreglos quería que enviaran... No, todavía están en una reunión... Es que decidieron de ultimo momento y yo quise entrar a avisar pero... Está bien... mira, me voy a quedar a esperar al señor Winner.

Quatre sale de la sala de reuniones luego que lo hacen el resto de los accionistas. Ya todas las luces están apagadas, solo un velador en los sillones de la recepción, y en uno de ellos está sentada su secretaria.

-Jenny¿qué haces aquí? Creí que ya te habrías ido... –le pregunta Quatre.

-Es que llamó la señora Dorothy... me dijo que lo estaba esperando para la cena de cumpleaños...

-¡La cena! –exclama Winner. –Me olvidé de decirte que llamaras para que la suspendieran para otro día... Un momento¿dijiste su cumpleaños?

-Claro. Por eso es la cena¿verdad?

Quatre empalidece rápidamente. Esta vez el que lo había arruinado todo fue él mismo. Más para si que para la secretaria murmura:

-Yo... yo no sabía que era su cumpleaños... es decir, creo que me olvidé...

Ahora la que empalidece es Jennifer; había hablado de más.

-Bue, bueno... yo... no sé... le dije que trataría de hablar con usted, pero el señor Dalton dijo que no podía entrar nadie y no supe que hacer, entonces lo llamé a Rashid y me dijo que lo esperara... –se lleva la mano al pecho, su corazón late mucho más rápido. –Perdóneme Señor Winner, pero no quise insistir, yo...

-No te preocupes, Jennifer, por ahora. ¿Dejó dicho algo?

-Si, que lo esperaría. Pero eso fue a las siete de la tarde... y son más de las once. Pensé que volvería a llamar pero...

-Ay, no...Mejor me voy ya mismo, luego hablamos. –dice Quatre mientras se apura a tomar el ascensor.

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Ya casi hecha la medianoche, Quatre vuelve a su casa. Nota que no hay nadie, entonces primero busca a la gente del servicio doméstico, ya se han retirado a sus habitaciones. Luego se dirige al comedor y ve la mesa aún tendida, pero vacía. Un sentimiento de angustia se apodera de él, presintiendo que algo malo ocurrió.

-¡Dorothy!

Quatre revisa en todos los cuartos de la planta baja y en el jardín, no hay nadie. Luego sube rápidamente las escaleras, casi corriendo llega hasta el cuarto de su esposa. Golpea varias veces, no responde nadie. Busca en los demás cuarto, hasta llegar a la puerta de su habitación. Abre la puerta con facilidad. "Qué extraño, creí que lo había dejado con llaves", piensa, y luego enciende la luz...

-¡Dorothy¿Qué haces aquí?

Justo allí frente a él, de rodillas en su lecho, está su esposa. Ella trae puesto un pantalón negro y camisa blanca de hombre, con corbata. El pelo lo tiene atado y tapado por un sombrero, negro también.

-Te estaba esperando...

Quatre retrocede unos pasos para atrás: no tiene la menor idea de lo que pretende ella hoy vestida así y a esa hora, pero tiene los ojos muy dilatados para estar en condiciones optimas de salud. Luego mira la botella de whisky, casi vacía, al lado de la cama.

-Dorothy¿estuviste bebiendo?

-¡No! –exclama ella con voz sonora, casi gritando. Luego ella mira la bebida a su lado. -¡Ah¿¡Te refieres a esto? Bueno... en realidad sí. Un poco, nomás. No vayas a creer que no sé controlarme. ¿Quieres un poco?

Dorothy enseña la botella de bebida, aunque de su contenido no le queda casi nada ya. "Parece que se tomó todo el whisky ella sola", piensa su marido, pero no se explica porqué. Trata de seguirle la corriente.

-¿Y que vamos a festejar, Dorothy? –pregunta previendo la respuesta; piensa que hará mención a su cumpleaños, pero se equivoca.

-¿Qué no lo sabes¡Mi mamá y su amante se casaron¡Después de tanto años de revolcarse juntos se decidieron por fin a descubrirse¡Shhhhhhh! –lo calla llevándose la mano a la boca. –Ya sé, no digas nada, no digas nada... ella se aseguró de que yo no me enterase para que no le arruinara los planes. Fíjate que no nos invitó ni a ti ni a mi. Y tú que estabas tan preocupado de que no estuviese en nuestra boda. Bueno, parece que ya estamos a mano.

Winner se muerde los labios: ahora entiende lo que había ocurrido, y dentro suyo maldice su suerte de no haber vuelto del trabajo como un día común. Si hubiese llegado antes, estarían cenando y nada de todo esto hubiese pasado. Pero ya es muy tarde para disculparse.

-Dorothy, bebiste mucho. Tienes que dormir, te llevaré a tu cuarto.

-¡A dormir¡No, todavía no! Ven, vamos a divertirnos un poco. No importa que mi madre no nos haya invitado a la boda, tendremos nuestra propia fiesta hoy aquí.¿No te parece una buena idea?

Quatre la mira perplejo: al principio duda de que sea una de sus clásicas ironías, pero los ojos de su esposa se veían un poco extraños, pero conservan ese brillo de decisión de cuando quiere algo, la mejor prueba de que habla muy en serio...

-¿Qué no ves? –vuelve a preguntar ella. –Me vestí para esperarte. Ven, lo digo en serio. –dice mientras le ofrece un poco de bebida. –Tómate un trago, vamos...

-¡No, Dorothy, yo no..!

El joven rubio se acerca para tratar de quitarle la botella de la mano y aunque lo logra, ella puede más. En un acto rápido ella lo tumba contra el acolchado, con la fuerza de los borrachos, cae sobre él. Antes de que Quatre se logre dar cuenta está atrapado entre Dorothy y la cama, con sus propios brazos rodeándola por el cuello y sin haber soltado la botella de whisky.

-¡Dorothy, suéltame por favor¡No podemos...!

-¿Por qué¡No seas aburrido! –exclama ella mientras va luchando contra las manos de él que intentan hacerla desistir de su acoso.

-Porque.. porque es algo que tienes que hacer con la persona que quieres únicamente. Yo creo que el cuerpo y el alma son inseparable, y que no puedes entregarle tu cuerpo a alguien sólo por diversión o por pasar el rato. O quizás algunos sí puedan, pero yo no.

-¡Ah, vamos Winner, no te hagas el inocente conmigo! –exclama ella furiosa. -¡Cuando estuviste en la fiesta de Palmer, no te importó nada de eso!

-¡Ya te pedi perdón!

-¡Pues no lo hagas¡Detesto que estés pidiendo perdón todo el tiempo¡Las disculpas son tu manera de evitar la confrontación!

-Es que... lo que pasó aquella vez... no debe volver a pasar jamás... Fue un error para ambos y que...

-¡Bueno, ya basta de hablar¡Vamos a hacerlo de una vez!

Dorothy volvió a arremeter con su intento de quitarle la camisa y comienza a besarlo con más desesperación que antes, con un verdadero sentimiento de posesión.

-¡Te dije que no!

En un rápido movimiento Quatre vuelve a tomar fuerza y sujetar los brazos de ella, apartándolos de su cuerpo. Ella lo mira sin entender, sus ojos se ven como cristales rotos y luego... la borrachera pasa pasado de alegre a triste en segundos.

-¿Por qué no te gusto¿Es porque soy una mujer, verdad? –pregunta casi a gritos; él trata de contestar pero ella vuelve con más preguntas. –¿Y si... y si yo me vistiera con otra ropa, y me llamaras por otro nombre... e imaginaras que soy otra persona¿Podrías... quererme un poco siquiera?

El rostro de la mujer se transforma en una expresión de desolación, parece que se quisiera largar a llorar o a suplicar como una niña. Winner aprovecha la situación para apartarla un poco y tomándola de ambos brazos, hace que se detenga en su intento de moverlos y la aparta a un costado.

-No, Dorothy... no estás entendiendo... No tiene nada que ver con eso, de veras...

-!Entonces qué, maldita sea! –exclama ella, al borde de la desesperación.

-Bueno... es difícil de explicar... Mira, como yo lo veo uno se enamora de la persona... no de si es rubio o morocho, rico o pobre... Yo soy hombre, me gusta ser hombre, pero... bueno, supongo que uno no elige de quien se enamora... –se excusa el rubio.

"No, claro que uno elige enamorarse... siempre de la persona incorrecta", piensa Dorothy con amargo pesar. Luego se levanta del acolchado, y sin atreverse a mirarlo a los ojos dice:

-Está bien, ya comprendí. –dice con apenas un hilo de voz. –Veo... veo que Trowa tiene mucha suerte en que lo quieran tanto... No hay muchas personas que puedan jactarse de ser realmente amadas...

Ella hace una pausa en su relato: en realidad no piensa lo que dice, sino que simplemente deja salir lo que su razón le va dictando. -...Creo que esto del casamiento fue una mala idea, de seguro ha de estar bastante molesto con todo esto... yo al menos si estaría celosa de que mi novio se case con otro... Yo... perdona por haberte molestado con esta tontería... –Ve su reflejo en el espejo del cuarto: está en verdadero estado de ruinas. –Mira eso... Que extraño, ahora yo soy la que se ve patética...

Pese a tener que hacer un gran esfuerzo, Dorothy logra ponerse de pie y rápidamente trata de salir del cuarto con la poca dignidad que aún le queda, pero Quatre la toma del brazo.

-¿Eh¡No, no es lo que crees!

-Está bien, no tienes que darme explicaciones, ni disculpas... Está bien, yo sólo... creo que volveré a mi casa y me ocultaré bien... Relena y la Coronel no debieron forzarte a aceptar esto. De todos modos, no tiene sentido preocuparse tanto por mí. Después de todo, no tengo familia, no tengo amigos ni nadie que se preocupe por ti, que le importe si estoy feliz, o si me siento bien...

-Yo me preocupo, y he querido ser tu amigo, pero no me has dejado...

Dorothy sigue hablando entre llantos.

-Tu te preocupas de que no me escape, de que coma tres veces al día... eres como una niñera... Tus verdaderas preocupaciones están en la empresa, en tus empleados, tus hermanas, en Trowa... y a lo último lejos vengo yo. ¡Así que no digas que te preocupas porque no es cierto¡Ni siquiera te acordaste de que tenías que llegar temprano a tu casa una sola vez!

Quatre voltea la vista hacia un costado; en las palabras de Dorothy, confirma lo que Rashid había dicho: no estaba dándole la ayuda que ella necesitaba... Y en el fondo sabe que todo de lo que lo acusó ella es cierto. Ella sigue tendida sobre el lecho, ocultando su rostro humillado, pero ya no llora.

-Dorothy... no llores, no te pongas así por favor...

Quatre vuelve a mirar a Dorothy, con su ropa desarreglada y el sombrero mal puesto. Entonces se acerca de nuevo a ella y se lo quita.

-Dorothy... perdóname... –le pide mientras despeja algunos mechones de su cabello rubio de la cara para poder verla, casi acariciándola. –Dorothy... al menos dime algo, por favor.

Pero no recibe más respuesta que la respiración de ella; de repente se quedado dormida.

"De acuerdo, vamos a dormir", piensa mientras le da un beso en la frente y la apoya contra sí mismo, teniendo cuidado de no lastimarla la alza en brazos para llevarla a su habitación. Ahora que la estrecha en brazos puede sentir todo el dolor dentro suyo, igual que la vez que se puso a llorar en medio de la lluvia, o la noche de las pesadillas... como la navaja de un cuchillo que al hundirse en la piel apenas deja un tajo visible, pero que corta hasta llegar al hueso. Así es como puede percibir el dolor en el corazón de Dorothy Catalonia esa noche, primera vez que toca su piel desde el día de la fiesta de bodas. Y sin saber cómo o porqué, esa angustia también lo ha traspasado a él.

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Dorothy siente el cuerpo pesado, y con fastidio se refriega la cara, pero se incorpora en su lecho. Mira la ventana: es la imagen que se ve desde su cuarto. Luego le da una mirada a la silla de la ropa, reconoce lo que usó el día anterior. Y corriendo su vista se encuentra con un deja vú: su esposo en el cuarto que no le corresponde.

-Mmm... ¿tú de nuevo por aquí¿Te quedaste dormido otra vez?

-No dormí casi nada, pero vaya que tú lo hiciste... ¿Recuerdas lo que pasó?

La rubia hace un gesto de desconfianza; odia esa pregunta, más si viene de un hombre. Pero Quatre no es del tipo "cínico". Un poco recordando, un poco adivinando, contesta:

-Yo... me emborraché... ¿verdad?

-Si.

-Me puse esa ropa de allí...

Quatre volvió a asentir.

-Y después fue a tu cuarto... ¡Oh, no, ya lo recuerdo!

La cara de la rubia se pone roja de vergüenza, y desea que la tierra la trague en ese mismo instante. Por suerte Quatre no pone su atención en ello, en cambio dice:

-Antes de que te excuses o digas nada, escúchame por favor. Sé porqué hiciste lo que hiciste y que también tuve mucho que ver... No, no digas nada. Sé todo, empezando por tu mamá...

-Creo que nadie sabe todo sobre ella.. No veo a mi madre desde los doce años. Y cuando aparece, es solamente para defender su imagen de viuda triste, cosa que nunca fue.

-Aquí tienes el periódico. Fíjate en la sección de sociales. –le entrega el diario.

La cólera se apodera de la señora Winner una vez más.

-¡Es una zorra¡Mira Winner, yo admito que no soy una gran persona pero esta mujer de verdad que es una zorra¡No le basta con casarse, tiene que aparecer en la primera plana¡Ahora entiendo todo, no fue a reclamarle a ese pseudo-periodista porque se sintiera ofendida, sino porque arruinaba su imagen¡Cómo quisiera ir a...!

-Pero no puedes ir a reclamarle nada. Recuerda que no debes salir y no importan las circuns... –Quatre se contiene; nuevamente está actuando como un guardiacarcel en vez de cómo un amigo. –Perdóname Dorothy, lo que quiero decirte es que ya no puedes hacer nada. Si se casaron, ahora no hay otro remedio más que aceptarlo.

-No es que me importe lo que ella haga, pero... ¿No pudo al menos avisar, para que no quedara en ridículo?

-Ojalá tuviera la respuesta, Dorothy... Pero a veces es muy difícil saber lo que piensan los demás...

La agente de los preventivos siente la indirecta... y el efecto de la resaca.

-Yo... nunca me había pasado algo así. No sé porque desde que llegué aquí sólo he hecho cosas estúpidas. Creo que de verdad me veo muy patética en serio. Nunca había tomado tanto, o sí, pero nunca me había pegado tan mal...

-Si, yo entiendo lo que es eso... El alcohol no nos deja pensar con claridad, por eso no me gusta la bebida... –Winner exhala un suspiro: ahora viene lo difícil. –Aunque en este caso, quizás fue bueno para que podamos hablar de ciertas cosas que debimos... debí haberte dicho antes... –mira a la puerta, asegurándose de que no esté nadie. –Ayer me preguntaste algo acerca de Trowa...

Dorothy se paraliza, el corazón se le sube hasta la garganta, como a quien buscan arrancarle una confesión. Había hablado de más y por culpa de ello, Quatre ya lo sabía todo. Traga saliva al pensar que preferiría mil veces estar en manos de los terroristas a que Winner supiera sus verdaderos sentimientos.

-¡No¡Olvida lo que sea que haya dicho anoche¡Estaba muy borracha, no pensaba lo que decía¡Yo no...!

-Déjame terminar, por favor... –la detiene Quatre. –Los Preventers pensaron en mí para lo que ya sabes porque yo no tenía ningún compromiso conocido, y tuvieron razón. Lo que trato de decir... es que yo no tengo ninguna relación con Trowa más allá de la que todos conocen...

-Pero si dijiste que... o sea, yo creía que... tú sabes...

-No, Trowa no sabe lo que yo siento... Yo... nunca se lo dije... De hecho, creo que eres la única persona en el mundo que sabe algo sobre esto.

La rubia lo mira perpleja¿acaso se estaba burlando de ella o en verdad Winner fue capaz de callarse todos estos años? Y en todo caso¿porqué se lo dijo a ella?

-¿Qué? No entiendo...

-Así es. Creo que... se puede decir que eres la persona que más me conoce en ese sentido...

-Yo... no entiendo de verdad... –ella se vuelve a refregar la cara para tratar de despertarse bien. –Yo pensaba que... es decir.. ¿Por qué me lo cuentas a mí? No es conmigo de quien deberías hablar de esto...

-Si, es verdad todo lo que dices... pero yo no tengo ninguna esperanza en ello. Yo... no podría soportar el rechazo... no sólo de él, sino de mis amigos... y de todos... ¿Te imaginas sus caras? Sé que soy un cobarde... pero no puedo arriesgarme a perderlo todo... –Quatre cierra los ojos, como lo hacen las personas cuando piensan en cosas que le provocan dolor. –Hay muchas personas que quiero en el mundo aparte de Trowa, y aunque lo ame, aun puedo vivir sin él, pero no sin todo lo demás... Además, soy responsable por toda mi familia, por la gente que trabaja conmigo...

Quatre desvía su mirada al ventanal dónde el sol ya reina en el cielo, tratando de encontrar las palabras justas para definir su situación.

-Dorothy, tú eres una mujer muy linda... y tienes un corazón fuerte y lleno de cosas bonitas. Un día encontrarás una persona que sepa apreciarlo, y que te hará muy feliz. Yo entiendo que estás pasando por muchos cambios con todo esto de la boda, lo de tu madre y esta proximidad en la que estamos puede llegar a confundir las cosas. También entiendo tus celos, nadie quiere sentirse humillado ante los demás, pero como ya te expliqué que no hay nada de lo que preocuparse. Nunca me hubiera casado contigo para ponerte en una situación que te denigrara...

El joven rubio toma las manos de ella en un intento de acercarse más.

...Si deseas marcharte yo no puedo retenerte a la fuerza... pero te expones a un gran peligro de hacerlo, y de verdad no me gustaría que te hiciesen daño. Y tú también eres importante para mí, sólo que no de esta forma... al menos de la forma en que podía parecerlo anoche.

Dorothy desvía su mirada hacia las sábanas, tiene tantos deseos de preguntarle si es un "no" para siempre, si debe echar al olvido cualquier expectativa, cualquier sentimiento. Pero no, se contiene, ya se ha humillado demasiado. Y en el fondo, porque es igual a él, porque no es lo suficientemente fuerte como para oír la sentencia final de la persona más amada, más inalcanzable.

-Ayer también me reclamaste que no te he dado el lugar que te correspondía aquí, y nuevamente tuviste razón, así que yo soy el que tiene que pedirte perdón. Sé que me estado portando mal contigo, que no te he prestado la atención que mereces ni te he dado tu lugar. He sido ciego y sordo a lo que sientes que no fue casualidad. Creo que quizás tuve miedo de ti y actué como un verdadero idiota, no tiene caso negarlo... Pero quiero que me perdones y nos demos mutuamente una nueva oportunidad. ¿Qué dices?

Ella juega nerviosa con sus manos, no encuentra muchos motivos verdaderos para andar perdonando a Quatre, pero... se ve tan triste. Y aunque no es una mujer "sensible" le duele ver aquellos ojos claros estén teñidos por la sombra del arrepentimiento.

-No me mientas.. me duele demasiado la cabeza como para poder diferenciar verdad de mentira...

-No te miento... te dije en el día de la boda. Nos espera un largo año juntos y no me gusta esta situación de tanta distancia, no nos hace bien a ninguno de los dos... Te propongo que seamos amigos, pero verdaderos amigos. ¿Me darás esa oportunidad?

La rubia sonríe melancólicamente; pese a todo ocupaba algún lugar en el corazón de Winner, aunque sea ínfimo. ¿Cómo negarse a algo que esos ojos brillantes y limpios le pidieran?

-Claro que sí. Volvamos a empezar entonces.

Por primera vez en el día, Quatre sonríe, y ella hace lo mismo, por primera vez en mucho tiempo ya. Él vuelve a hablar.

-Mira, ahora haremos esto. Te bañas, te cambia y bajas al comedor. Tengo el desayuno esperándote.

-¿El desayuno? –mira el reloj en su mesa. –Pero son más de las 10... ¿No deberías ya estar en la oficina?

-Me tomé el día libre. Me voy, te espero en el jardín. Desayunamos afuera..

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Un rato más tarde, en el jardín de la casa, Quatre termina de tomar su té pero Dorothy aún sigue mirando el artículo del diario, entonces decide hacerla hablar.

-Deja ese diario, te hace mal ver esas cosas... –le menciona Quatre cerrando el suplemento económico.

-Ya importa poco¿verdad? –responde ella apoyando el periódico sobre la mesa. –Mejor veo la parte de economía cuando termines. ¿Y de qué querías hablarme, entonces, en la cena?

-Quería preguntarte como te sentías estando aquí, pero creo que ya no es necesario... No te preocupes, te prometo que haré todo lo posible para que te sientas feliz aquí.

-No te preocupes tú, soy fuerte. No me va a pasar nada...

-Si, pero... –la conversación se interrumpe porque uno de los empleados se acercan para hablarle. Él se levanta y lo sigue hasta el salón. Minutos después reaparece por la puerta. –Dorothy, tienes visita.

-¿Quién? –pregunta ella. –Es la primer visita desde que llegué aquí...

-Ven a la sala y averígualo. –le contesta él con una sonrisa mientras vuelve a cerrar la puerta. –Es una sorpresa.

Intrigada, deja el diario y sigue a su esposo hasta la sala, antes de llegar ya puede percibir la figura de Lady Une y de su prima Marimeia. Dorothy corre el último trecho y se acerca hasta ellas.

-Te dije que era una sorpresa... –comenta Winner.

-¿Tú las llamaste? –pregunta la rubia.

-No en realidad. –contesta Une. –Nosotras ya habíamos decidido venir hoy...

-Me tomaron de sorpresa... ¿Qué las trae por aquí?

Marimeia sonríe con su sonrisa confiada de niña, o más bien de adolescente.

-Vine a traerte un regalo.

Acto seguido, la hija de Treize le entrega un objeto envuelto en una tela. Dorothy le saca la cubierta y ve que en realidad se trata de una espada. Luego mira la hoja y reconoce en ella los dibujos que tienen el escudo de los Catalonia.

-¿Dónde conseguiste esto?

-En una subasta. –responde Kushrenada. –Pensé que te resultaría familiar...

La mujer de cabello blondo toma la espada y en un rápido movimiento la desenvaina de su funda y la prueba rápidamente; Quatre retrocede al ver que la punta del arma se dirige hacia él, pero ella la detiene antes de que él dé un paso más atrás. Dorothy se sonríe con la vista hacia abajo y luego mirando a su marido.

-No te preocupes... La hoja no tiene filo, no puede hacerle daño a nadie. –a Marimeia. –Dime¿en qué clase de subasta encontraste esto?

-Bueno... resulta que estaba conectada a la red tratando de perseguir a algún conspirador antes de la clase de piano y de repente se me dio por ingresar a esos sitios de subasta en Internet... Vi el escudo de los Catalonia y sentí curiosidad...

-¿Pero como una de esas espadas estaba siendo subastada? –pregunta Winner. –Ha de ser única en su tipo...

-Era de mi padre. Tenía una colección de espadas, esta era una de sus favoritas... –contesta la rubia. –Bueno, ya sabemos como mi madre pagó su reciente boda...

Quatre hace una mueca para sus adentros, se siente triste por Dorothy, pues parece que solo le pasasen cosas malas y en parte él pertenecía a estas. Saca ese pensamiento de su mente diciendo otra cosa:

-Dorothy¿porqué no le muestras la casa a Marimeia y a Lady Une? En el jardín hay glorieta muy bonita, así podrán conversar tranquilas.

-Bueno... si te parece... –responde Dorothy...

-Ve tu, Marimeia. –contesta Une. –Yo necesito hablar con él...

Dorothy y su prima pasean por el jardín. La mayor de las chicas se sienta en una de las banquetas de la glorieta que su esposo mencionó, al igual que la más joven que pregunta.

-¿Y que haces aquí todo el día, Dorothy?

-No sé. Leo bastante... a veces me pongo a dibujar...

Marimeia no puede contenerse de soltar una carcajada y contesta:

-¿Dibujando? Yo me figuraba que te la pasarías todo el día bailando para Aladino, Jejeje.

Dorothy se alarma, y luego le lanza una mirada casi tan dura como las de Lady Une. Normalmente no hubiese dejado pasar el comentario, pero si no lo hiciese, sería instalar el tema de debate entonces sólo le dice:

-Marimeia... ¿De qué diablos hablas?

-No te hagas la tonta conmigo. Te gusta ¿eh?

Dorothy cruza los brazos y con expresión seria mira a la jovencita.

-Es sólo una misión más. Él y yo no tenemos nada que ver. Nada. –agrega, con un tono de convencimiento y decepción.

-No te creo, ni tu misma te crees. –hace un gesto de disgusto y los rasgos la hacen muy parecida a Treize. –¡Tú no eres la Dorothy Catalonia que yo conocía¿Si te gusta, porque no luchas por él? Mira que con lo rico y joven que es te lo van a venir a volar pronto si no haces nada... –agrega con una pequeña risa.

La mujer rubia mira a la chica, no tiene que contestarle. ¿Qué le iba a decir¿Qué estaba atrapada en una especie de parodia triste de "Will & Grace"¿Qué no había cosa que le dijese a Winner que lo hiciese cambiar de opinión y que se había salvado por un pelo de la humillación más grande de su existencia?

-Hay cosas sobre los adultos que aún no entiendes Mari...

-¡No me vengas con idioteces¡Ya estoy grande para comprender mucho más de lo que creen todos! –exclama la colorada. –Lady Une cree que aún soy una niña, pero a ella se lo perdono porque no le quedó más remedio que aceptar las cosas como fueron, igual que a mí. Pero tú, Dorothy... la desidia es algo imperdonable.

Dorothy se baja la mirada pero por dentro se sonríe: después de todo, a su joven prima le preocupa su tutora y también ella... quién diría. Marimeia vuelve a hablar.

-¿No es que en la guerra y en el amor todo se vale? Ahora que nos quitaron la guerra, solo nos queda el amor. ¿No crees?

La prima de Marimeia pone nuevamente una expresión seria, no tiene sentido tratar de engañarla, al menos la hija de Treize trata de darle una solución. Suspira. Ella mira los pimpollos que crecen en la glorieta, tan silvestres, tan libres...

-Marimeia dices eso porque eres joven, aun puedes tener una vida normal. En cuanto a mi, a mi ya no me queda nada ni nadie por lo que luchar...

-¿Y entonces porque peleas aun?

-Peleo porque yo aun sigo en guerra. Yo he perdido todas las guerras de mi vida, y pese a todo sigo aquí en este mundo, viva. Supongo que es por algo, probablemente para pagar mis culpas... Dicen que cada pecador tiene un pasado, cada santo, un futuro. Y aunque no puedo aspirar al futuro, si aspiro a algún tipo de redención, pero no creo que sea siendo una mujer común ni llevando una vida normal. No creo que yo sea para eso.

-¿Y si pasase algo¿Si te encontrases con la oportunidad de cambiar todo eso, lo harías?

-Sí, si lo haría. Pero no lo hay. –y sus pensamientos agregan: "Hoy lo supe".

-De acuerdo. Ya que estás en guerra, deberías tener un plan de batalla, conocer a tu enemigo...

-¿Eh?

-¡Claro¡¿Qué has estado haciendo estos dos últimos dos meses en esta casa sino recolectar información de tu objetivo¿¡Porque de todo tengo que pensar yo la solución? –dice la coloradita agitando los brazos en un gesto muy cómico. –¡Mira que te vuelvo a decir que te lo van a volar por muy casado que esté o lo que fuera!.

-Hum... suena interesante.

-Claro que si. No se puede atacar sin reconocimiento táctico. Con la guerra siempre es así, y en el amor también... ¡Deja de tenerte lástima y ponte a hacer algo en serio!

Marimeia sonríe satisfecha: le pudo dar una buena reprimenda a Dorothy y ella se estaba dejando. Pero su prima tiene la mente en otras cosas¿Cuánto conoce realmente de su enemigo? Sabe que está enamorado de una persona de la que no sabe si le corresponde, y que ese amor lo tortura. También que era una de las personas más maravillosas que había conocido en su vida y que daría cualquier cosa por estar con él.

-Dorothy...

Una voz, la voz de él, llama su atención. Ella voltea para verlo, allí está él, sosteniendo la torta de cumpleaños y con su sonrisa de siempre. Y muy secretamente, aquel sentimiento que llamamos esperanza, comienza a chispear en ella, como la velita del pastel.

-Feliz cumpleaños Dorothy... Vamos Dorothy, ven y pide un deseo.

-¿Uno o tres? –pregunta Marimeia.

-No sé... Pide tres, si era uno solo, no pasará más que con uno¿verdad?. –responde él.

-Por supuesto. -ella junta todas sus fuerzas y apaga la vela.

-¿Se quedarán a comer, verdad? Dorothy preparó una cena que todavía hay que probar... –comenta Quatre. –La Coronel Une dice que tienen hasta la tarde...

-Por mi encantada. –dice la coloradita. -¿Y qué pediste, Dorothy?

-Si lo cuenta no se cumple... o al menos eso dicen. –responde Une.

-Claro, es secreto. –responde guiñándole un ojo a su prima, mientras le muestra su sonrisa favorita a su joven esposo: la de misterio.

Julio 2006

Hola a todos! Yo sé que un buen fanficker no llora si no le dejan mensajes, pero como nadie dice que yo lo sea, les diré que estoy un poco triste con la poca cantidad de mensajes para este capítulo, quiero creer que es porque todos están ocupados del mundial. Bueno, ahora que se terminó (y Argentina quedo descalificada, como puede ser!) espero que todo vuelva a la normalidad: la programación de la televisión, los reviews... Miren que si no escriben, largo esto y me voy guionizar "Montecristo" a TELEFE. (si, claro, como si Pablo Echarri va a dejar que yo escriba sus novelas, pero que digo, no me puedo ir a ninguna parte...).

Sobre el capítulo de hoy no tengo mucho que decirles, solo que se completó el segundo arco argumental de este fic: el primero fue desde que empieza hasta el casamiento, este segundo del adaptarse a la nueva vida de Dorothy y la aparición de nuevos personajes. Yo ya lo tenía pensado desde el primer día, pero me tardé porque tuve que modificarlo un poco, ya que en esos momentos no tenía muchas otras escenas. En fin, espero no haberlo arruinado. Y si cometí un error en las líneas, también, es que este capítulo ya lo leí y modifiqué tanto que me tiene harta y ya no aguanté más.

Desde ya acepto cualquier cosa que tengan para decirme, así que ya saben, aprieten el botón, antes de los 108 minutos (Uy, síndrome de alta exposición a LOST, no me hagan caso por favor!) .

El tercer marco argumental se centrará más en Catherine y su casamiento traerá consecuencias de diferente tipo. Esta escena la tenía pensada y escrita desde un principio, pero debí adaptarla para que encajase bien, por eso me atrasé un poco (espero no haber exagerado). Yo sé que voy un poco lento, pero verán al final como todas las partes se conectaban. Bueno, ya me voy. Escriban mucho y feliz día del amigo en los países que como aquí lo festejan este mes.

Bye

Vicky Yun