GUERRAS PERDIDAS
CAPÍTULO DOCE: Un poco diferente, al menos
L4 es la capital de todas las vanguardias surgidas en los tiempos después de la creación de las colonias. La moda, la arquitectura, el arte... no importa cuan diverso pueda ser el interés, que de seguro se encuentra allí. Cuando llegaron los malos tiempos para la Tierra, las épocas de los primeros conflictos en el 102 DC, muchos empresarios decidieron emigrar al espacio llevándose consigo su dinero. De ese modo, surgieron hoteles, restaurantes, shoppings de altísimo nivel. Y como a todo lugar cosmopolita, no le falta su zona dedicada al juego. Esa área, antes despoblada, recibió el nombre que se le da a todos los lugares nuevos: el del lugar viejo, y lo que antes eran apenas unos campos apenas aptos para habitar se convirtieron en "New Las Vegas".
Ningún turista que se precie de tal deja de ir al menos una vez a alguno de los casinos ubicados a la orilla del espejo de agua occidental. Y es uno de ellos el lugar elegido por Preventers para reclutar a su nueva informante.
Ella mira al hombre, único jugador de la mesa en ese momento, juzgándolo bastante guapo para ser un imitador de Elvis, además por lo general no son rubios.
-Blackjack. La casa gana.
-Me lo imaginé. Por eso me gustan los juegos de habilidad¿no lo cree así señorita...?
La mujer empalideció al oír su nombre, soltando las cartas de su mano.
-No sé de que me habla... –responde nerviosa recogiendo el mazo.
-No se asuste. Soy un amigo.
-Lo dudo mucho. –ella busca con la mirada al agente de seguridad, pero no logra verlo. De pronto se oye un grito: alguien ganó el premio mayor en el tragamonedas. Toda la atención del público y de la seguridad se dirige hacia los favorecidos por la suerte. El hombre saca de su bolsillo un pequeño aparato decodificador que ella reconoce como similar a un generador de claves.
-Hay una posibilidad en trece millones de ganar con las tragamonedas, pero en comparación a otros juegos en que es necesaria la habilidad del jugador, es sencillo si se puede conocer las combinaciones... Una pequeña distracción para que podamos conversar más tranquilos.
-¿Qué quiere de mí?
-Lo que buscan todos hoy día: información, un área en la que usted es bastante buena. O al menos así la cree su ex novio...
-¿Cómo sabe..? –pregunta ella, sin poder disimular su nerviosismo.
-Sé mucho sobre usted, señorita, se sorprendería cuanto... Sé, por ejemplo, que tomó este trabajo porque su ex novio, al que le robó diez mil y el jeep que ahora conduce, está fichado en este casino como deudor y no vendrá a buscarla. Sé también que se trasladó desde L3 hasta aquí porque sus hermano fue encarcelado por posesión de estupefacientes. Sé también que gastó todo el dinero en el abogado y ahora no tiene un centavo y que consiguió este empleo diciendo que era la sobrina de uno de los proveedores de las cartas, cosa que no es cierta porque usted no tiene tíos. –le entrega una tarjeta. –Tendría que investigar por su cuenta, pero si es tan buena en lo que hace, no necesita tener la suerte de una en trece millones para tener ese número en su cuenta bancaria...
La mujer observa la tarjeta, su rostro de sorpresa cambia a una expresión similar al desprecio al leer el nombre de sus posibles nuevos jefes.
-¿Preventers? Olvídelo. –dice arrojando la tarjeta sobre la mesa. –No trabajaría para ustedes así no tuviera que comer. Y ya que sabe tanto sobre mí, dígale a sus jefes que me creen una idiota si piensan que voy a cooperar con ellos. Terminó mi turno, así que esta mesa está cerrada y esta conversación también.
-Qué lastima... pensé que le vendría bien. En fin, si cambia de opinión, ya sabe...
El hombre se marcha, dejando a la joven sola. Ella se guarda la tarjeta en el bolsillo y se va. Cuando llega hasta su casillero, mete el papel de cartulina en su cartera para deshacerse de él más tarde...
-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
La actividad comienza en el circo una vez más. Después de la rutina matinal, Trowa sale de su carromato directo al ensayo. Se cruza con el manager, este le pregunta si ha decidido levantarse temprano, el responde que sí, pero en verdad no ha dormido durante la noche. La dirección de sus pasos, la cruzan con otro vehículo, y con la mesa allí puesta perteneciente a una mujer de grandes ojos verdes, Melissa, la tiradora de cartas. Trowa nunca creyó demasiado en la suerte, su instinto le enseñó a descreer de casi todo, pero en este momento necesita respuestas de algún tipo. La mujer de largo cabello castaño lo llama, y él le pregunta.
-¿De verdad puedes ver la suerte?
Melissa sonríe. En el tiempo que conocía al joven, nunca le había preguntado nada, pero ella ya sabía que tarde o temprano iría. Ella desparrama todas las cartas en la mesa.
-Claro. ¿Qué es lo que quieres saber?
-No sé... la suerte, supongo.
-Hummm... aunque eso fuera posible, creo que nos tomaría bastante tiempo descubrirlo. –dice con voz de broma. –Además tú quieres saber sobre algo en particular¿verdad?
-Sí... pero no puedo decirte que es.
-No es necesario. Sólo piensa la pregunta y luego recoge las cartas, corta y junta en tres pilas.
-Ya está.
-Saca la primera carta. Aquí se representa el pasado.
-EL ERMITAÑO (invertido)
Este eres tú. Significa la revelación de un secreto, algo que atesoras. Pero está invertida, quiere decir que es algo que no puedes decir, que oculta de la luz del mundo y que te pesa. Saca la segunda carta. Busca la de la otra fila.
LOS ENAMORADOS.
Duda, confusión. Eres el vértice de un triángulo amoroso. Una pareja se mueve, se junta, se separa pero a ti no te toca. Ese es el secreto que guardas.
-¿Cómo estás segura que esa carta significa relación con el amor?
-Para eso no necesito las cartas. Tu expresión lo dice todo. No me mires así, puedes no cambiar ni un gesto de tu rostro, pero para eso tengo mis otros poderes.
-No quise ofender. –murmura, un poco incómodo.
-No te preocupes. Saca de nuevo. Tercera carta.
EL CARRO
-El pasado vuelve al presente. Lo que dejaste pendiente vuelve a que lo termines. Habrá viajes, novedades que el carro te traerá muy pronto. Quizás una persona. Pero debes cuidarte del carro, porque trae consigo lo bueno, y lo malo.
-¿Y qué debo hacer en este caso?
-Nada, solamente puedes esperar. Lo único que me atrevería a decirte es que observes más lo que pasa alrededor, pero siento que tu ya sabes hacer eso. No es un momento para la acción, pero pronto lo será, así que mejor prepárate para tomar muchas decisiones en poco tiempo.
Trowa desvía su mirada hacia el carromato de Catherine. Piensa en la conversación que tuvieron ambos apenas hacía un día sobre su prometido, al cual aparentemente le habla de nuevo. Melissa responde la pregunta mental del joven.
-Al parecer se pelearon ayer, porque hoy vino muy temprano con un ramo de flores diciendo que lo sentía, que no lo volvería a hacer y no sé cuanto más. No sé como tiene tanta suerte ese idiota de que lo perdonen siempre. –ella advierte la incredulidad de su interlocutor. –Ah, no me mires así. Aunque sea el prometido de Catherine es un bueno para nada... ¿No puedes hablarle? A ti estoy segura te escucharía.
-Le prometí a Catherine que no interferiría en su relación... además es adulta, no podemos decirle que hacer.
Dicho esto, Trowa se marcha al ensayo. Ella lo ve marcharse, evidentemente tan confundido como antes.
"Observar bien..."
Sus ojos se enfocan nuevamente sobre la pareja que aún habla a pocos metros. La adivina toma una carta más y la arroja sobre las restantes. Y su rostro se torna pálido al conocer el resultado:
LA TORRE
-Melissa... ¿viste al jefe ya? –pregunta Catherine acercándosele. –Me dijo que quería ver los trajes pero no lo encuentro...
La adivina no puede responderle, está paralizada de consternación.
-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Relena observa desde su mesa en el restaurante los autos circular a toda velocidad, algo normal considerando que se trata de la zona más comercial de la colonia y que es el mediodía. Suelta un suspiro, esperando no ser plantada, sobre todo porque insistió en que podía terminar su discurso en la mañana del día siguiente sin problemas y se tomaría el mediodía para ver a una vieja amiga. Está pensando en esto cuando llega la susodicha.
-¡Dorothy! Estás tan... cambiada...
Por debajo de sus lentes oscuros, la rubia le lanza una mirada de incredulidad. Pero Relena no miente. Por empezar el cabello, mas claro que antaño, resaltando el contraste con su piel, ahora mucho más bronceada. Y después la ropa de colores claros... nunca había visto a Dorothy usar tonos pastel, mucho menos vestir traje blanco.
-¿Lo dices por esto? –señalándose los lentes oscuros. –Es que el calor aquí es terrible, y el sol me hace mal a la vista en la calle. A esta hora no se puede estar en un lugar que no tenga aire acondicionado...
-Pero te ves bien... de verdad...
Dorothy no responde nada; ellas se sientan y ordenan el almuerzo.
-Tu gira duró más de lo previsto...
-Sí... perdona por no venir antes. Tuvimos que reacomodar la agenda por...
Darlian interrumpe sus palabras; no debería comentarle asuntos de gobierno pues podría volverse en contra de ella, pero su amiga ya adivinó lo que pasa.
-Hay problemas... de los que no se les habla a la prensa¿verdad?
-Sí. –Relena mira hacia las otras mesas, por suerte no hay nadie cerca. –No sé si debería decírtelo, pero sospechamos que Black Organization ha extendido sus redes en las colonias...
-Eso ya lo sabía. Si no, no estaría metida en esta situación. –responde mostrando la sortija de casamiento. –¿O lo que me tratas de decir es que llegaron hasta L4?
-No, aquí es seguro. De no serlo ya lo sabrías... pero yo estoy preocupada, Dorothy. Siento que esto va creciendo, y no es mucha la información que me dan. Sólo te pido que tengas cuidado, por favor. Se que mientras estés en casa de Quatre no te ocurrirá nada pero...
Dorothy frunce el ceño: su relación con Quatre ha mejorado, pero.. ¿arriesgaría él su vida por ella en caso de un verdadero peligro? Imposible decirlo.
-Sé cuidarme bien. –responde, con cierto aire de autosuficiencia. –Pero... no estoy sola en este asunto y si ocurre algo, también debería estar prevenido. Ahora somos dos los que estamos expuestos.
Relena se sonríe, y no puede dejar escapar un comentario.
-Veo que nos estamos llevando mejor¿eh?
-Somos socios en un proyecto. Sería una tontería que estuviéramos divididos si tenemos que compartir casa y trabajo.
-¿Socios? Vaya... parece que estoy atrasada de muchas noticias... –se ríe pensando en que valió la pena mover su agenda para ir a ese almuerzo...
-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Penitenciaría estatal de L4
Una joven mujer baja de un jeep, para formar luego la fila de los visitantes. Luego de la revisión femenina, hay que hacer pasar los bolsos de comida. Ella no es tan tonta como para entrar algo que inmediatamente los guardiacárceles detectaran, pero ellos no lo sabían. Cuando pasa el último de los controles, la conducen hacia la sala en que los reclusos esperan las visitas. Ella se acerca hasta la mesa donde la aguarda el muchacho; por un momento siente que las ganas de llorar se van a apoderar de ella, pero sabe que debe dar el ejemplo y no mostrar tristeza.
-Hermano... ¿cómo estás?
-Hermana... viniste... –dice al abrazarse a la chica, al menos todo lo que las esposas lo permiten. –Pensé que...
-¿Qué no vendría¿Cómo puedes creer algo así de mí? Mira, te traje comida.
Los ojos del muchacho se iluminaron al ver la cesta con comida de su casa, pero no lo suficiente para borrar su preocupación.
-¿Hablaste con el abogado?
-Sí, pero... no hay muchas alternativas. El juez estableció fianza, porque no tienes antecedentes previos, pero es demasiado alta para que lo que yo gano. Theodor y yo estamos haciendo esfuerzo, entre su trabajo de la maderera y lo que yo junto del casino no es mucho, pero estamos haciendo lo posible.
-Hay unos tipos... –dice señalando a otros reclusos que lo observan desde la otra esquina. –...que todo el tiempo me están molestando. Necesito pagarles esta semana y lo de la anterior también. Esperaba poder pedirte algo más.
La muchacha rubia aprieta los dientes; otra vez el problema alfa y omega de sus vidas: el dinero. Busca en su cartera todo lo que trae y se lo entrega a su hermano.
-Esto es todo lo que tengo... pero no puedo seguirte dando tanto dinero...
-Necesito salir de aquí, hermana. Estoy muy asustado, me la tienen jurada. Necesito que me pagues la fianza... te lo pido por favor.
-Voy a conseguirte ese dinero. Te lo prometo, Herman.
Una vez terminada la visita, la joven se aleja de la penitenciaría hasta su jeep lo más rápido que puede. Ve su rostro en el espejo del auto: es el reflejo de la desesperación. No se trata del miedo, ha hecho cosas peores que esa, y nunca había mirado atrás. Pero involucrarse con Preventers no podía ser gratuito. Saca de su bolso un cigarrillo y lo enciende, esperando a tranquilizarse. Fuma un poco, para juntar valor, luego busca en la guantera la tarjeta que antes le había dado aquel hombre y marca un número en su celular. Una correo de voz le pide que deje un mensaje.
-Llamo para avisar que estoy interesada en su propuesta y me gustaría aceptarla en la brevedad.
-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Desde que Dorothy comenzó a trabajar en las empresas Winner y en el proyecto Parque Bicentenario, ha cambiado aquella mesa de jardín por un escritorio repleto de viejos planos impresos (sin mencionar los cargados en la computadora), libros sobre ingeniería estructural, anotaciones, bocetos... un verdadero caos. Y no hay que dejar de mencionar la computadora permanentemente prendida el chat de la empresa, consultando permanentemente a ingenieros y arquitectos sobre sus enormes dudas. La señora Winner deja los planos para revisar el correo que acaba de llegarle sobre su pregunta acerca de cuántos pilares necesitaría una glorieta cubierta con capacidad para 100 personas que sirva de auditorio en verano.
"Sra.Winner:
Me hizo la misma pregunta hace cuatro horas. ¿Cuántas lleva sin dormir? Le envío la respuesta anterior en el archivo adjunto. Trate de descansar un poco.
M.Quesada
Vicepresidente Winner Corp.
PD: dígale a su esposo que haga lo mismo"
Ella levanta la vista hacia el frente, buscando enfocarse en algo que no sea blanco, entonces se encuentra con el arreglo de rosas amarillas que Quatre le regaló al momento de su llegada a la empresa, hace quince días, y que aún sobrevive.
"Amarillo... el color de la amistad", dijo él en aquel momento.
"Son perfectas...", contestó Dorothy; nadie conocía mejor que ella el lenguaje de las rosas, y el amarillo representaba además de la amistad, el amor no correspondido.
"Espero que simbolicen un nuevo comienzo para ambos", agregó Quatre.
"Eso espero yo también", le respondió.
Y en realidad a ella no le interesan ni que su nombre figure en el parque de las colonia, ni las ganancias de las empresas. Ni siquiera había dibujado un plano arquitectónico en su vida, todo es una mera excusa para poder pasar más tiempo con él.
El sonido de una persona la hacen volver al presente.
-Pase. –contesta ella dirigiendo nuevamente la vista hacia los planos.
Jenny entra a la habitación y se acerca a uno de los ventanales. Realmente la vista de la oficina es tan espectacular como todas las de ese piso, pero desde esta habitación es aún más. No solo se ven los edificios al frente, sino que se ve el sector rural después del límite que el monorriel le pone a la ciudad, y del otro ventanal se ven más edificios e incluso uno de los enormes espejos de agua que proveen a la colonia de agua potable.
-Señora Dorothy, vengo para traerle los libros que me pidió. Además el señor Winner pregunta si es que va a acompañarlo esta tarde al hospital a ver al señor Auda.
-¿Y porqué no vino él a decírmelo?
-Porque usted pidió no ser molestada, y él también.
-Ah, claro. –suspira, debió haber sido menos contundente en la orden. –Bueno, dile que sí, que termino estos papeles y lo acompaño. –responde volviendo a sumirse en sus planos.
Rato más tarde, los esposos Winner van a visitar al paciente...
-Me alegro que te hayas recuperado bien. Ha pasado mucho tiempo desde el accidente.
-Si, amo Quatre. Pero los médicos han hecho todo su esfuerzo. Nuevamente, muchas gracias señora Dorothy.
-No es nada para agradecer. –contesta mientras baja la vista; pues no está acostumbrada a los reconocimientos. –Me alegro que pronto le den el alta.
-Y a mi aún más. –se ríe Auda.
Quatre se lleva la mano a la frente, como quien se olvida de algo importante.
-¿Qué pasa? –pregunta la rubia.
-Me olvidé una cesta de fruta que traíamos de regalo. Dorothy, quédate aquí, yo voy hasta el auto y vuelvo.
El joven se va dejando solo a la mujer con el paciente, entonces él dice:
-Veo que ha seguido mi consejo, señora Dorothy. –señalando los lentes oscuros que ella trae puestos.
-Si... nunca imaginé que en las colonias la luz del sol fuera tan brillante –dice sacándose los anteojos. –Me lastima mucho la vista.
-Es porque tiene la iris muy clara. Nosotros los Magnacs tenemos la sangre del desierto y podemos resistirlo. Pero para las personas como usted deben usar lentes en el día para no lastimarse.
-Si, ya me he dado cuenta...
Dorothy se saca los lentes y los guarda en su cartera. Auda recuerda la conversación con su amo Quatre de tiempo atrás, cuando le dijo que los ojos de Dorothy eran semejantes a un mar; calmos y furiosos al mismo tiempo.
-Pero debe cuidarlos. A su esposo le gustan mucho mirar sus ojos.
-¿Eh? –pregunta ella con un asombro poco habitual.
-Si, es cierto. Dice que se parecen al agua del mar.
-¿Quatre dijo eso?
La mujer se calla un momento. Por la ventana observa a su fortuito marido dirigirse hacia la playa de estacionamiento. En un momento él se voltea, presintiendo que lo están observando. Sus miradas se cruzan, él la saluda y vuelve a caminar. Ella suspira cansada, son tantas las cosas que le gustan de él: la voz dulce, la sonrisa triste y tierna, el cabello liviano cayendo por su frente. Pero más aun esos ojos... ojos que demuestran valor en la lucha y bondad en la paz. Muchas veces los había realmente odiado, porque por culpa de esos ojos se había vuelto vulnerable, había perdido el dominio de sí misma y nunca pudo recuperarlo ya. Realmente ama esos ojos, aunque no se encendieran de amor como los suyos al verlo, aunque involuntariamente la hicieran sufrir.
-A veces, cuando veo sus ojos pienso en el cielo... no este cielo con techo del espacio, el de la Tierra... hermoso, lo suficientemente enorme para cobijarnos a todos... parece que está a tan poca distancia... pero si estiras la mano y tratas de tocarlo... te das cuenta de que es inalcanzable...
-Señora Winner... ¿usted realmente se siente así?
-Oh, no... sólo... creo que me distraje pensando tonterías... –murmura esbozando su ya habitual mueca que intenta ser una sonrisa. –Sólo es... un libro que leí hace poco.
La puerta se abre y entra Quatre cargando con el cesto de frutas en brazos.
-Disculpen la demora... están limpiando el piso de la sala y por poco se me cae todo.
-No se preocupe amo Quatre.
-Nosotros debemos irnos. –dice Dorothy. –Tenemos que volver al trabajo.
Después de despedirse del enfermo, los esposos Winner caminan por el pasillo con dirección al ascensor.
-Dorothy, antes de entrar hablé con el médico... Dice que con un poco de rehabilitación ambulatoria, Auda recuperará su condición física por completo.
-Si, realmente fue un accidente muy grave, es una suerte que...
Dorothy sigue hablando sola y caminando hasta que se percata que su interlocutor no la sigue, entonces se da vuelta y se encuentra con que su esposo ha caído de bruces contra el suelo encerado.
-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Unas horas después...
Dorothy "Mireya" Winner espera sentada en una de las habitaciones del Hospital de la Cruz Roja. Aunque parezca extraño, la mayor parte de sus recorridas por las colonias han sido en los pasillos de los hospitales. Atrás quedó la preocupación de la mañana por los planos, ahora sólo puede pensar en que él estuviera bien. Su mente vuelve al momento en que cruzaron sus miradas en la ventana¿qué habrá pensado él? No puede, ni se atrevería, a preguntarle. A ella no le importó jamás la idea de la muerte rondándola, ni persiguió ser amada por todos, así que puede seguir prescindiendo de todo eso, pero le es imposible dejar de desear que las cosas no fueran, al menos, un poco diferente a lo que son ahora, entonces todo lo demás sería muchísimo más tolerable. Se reclina un poco sobre el sillón; si no estuviera inconciente, verlo dormir le resultaría incluso agradable, pues puede contemplarlo todo para ella sola, como siempre quiso...
-Doctor, ha pasado mucho tiempo y no despierta... –murmura ella al médico que se encuentra a su lado.
-Señora Winner, su esposo ha sufrido un trauma severo. Un golpe en la cabeza es algo grave, no puede esperar que se recupere tan pronto. Dígale algo, probablemente nos escuche ahora...
Dorothy se acerca al enfermo y toma su mano.
-Quatre... me da mucha pena verte así. Despiértate por favor...
La mujer rubia tiene la mirada fija en el suelo, pero los ojos celestes cielo del joven comienzan a presentar movimiento.
-¿Dónde... dónde estoy?
-¡Quatre¡Doctor, ya despertó!
-Yo a ti te conozco... –dice el enfermo mirando a Dorothy. -Pero no sé de dónde...
-¿Qué le pasa¿Por qué reaccionó así?
-Espere, puede ser un efecto del trauma. –a Quatre. –Estamos en el hospital de la Cruz Roja, yo soy el Dr. Cozetti, ella es la enfermera López y esta aquí por debido a un accidente que tuvo. ¿Recuerda como se llama?
-Eh... Quatre, creo que me llamo Quatre pero... ¿qué me pasó?
-¿No sé acuerda de su apellido?
-No... no sé, estoy confundido.
-Bueno, no se esfuerce. Espere que lo voy a revisar.
El médico observa los síntomas del joven rubio, pero él sigue inquieto. Mira las instalaciones a su alrededor y vuelve a preguntar:
-¿Un hospital? Claro... ¿Y ella quién es?
-Ella lo trajo hasta aquí... –responde la enfermera a su lado.–¿No la recuerda?
-¿Recuerdas lo que te pasó? –pregunta ella.
-No... la verdad... me duele mucho la cabeza. –se toca el chichón de la frente.
El médico termina su control y dice:
-Está bien. No se incomode, ahora le van a traer las radiografías y vamos a ver que pasa... Señora, venga un minuto conmigo. Ahora volvemos.
Cuando ambos salen del cuarto, el médico toma un sobre que una de las enfermeras le trae.
-Pero Doctor¿qué le pasa a mi esposo? Se lo notaba raro...
-Acá llegaron los estudios y me dejan confirmar. –dice tomando la carpeta que le alcanza una de las enfermeras. –Hum... ¿Ve esta zona oscura aquí, en la parte frontal del cráneo? Bueno, eso es el trauma que le provocó la caída. Lo que yo creo, por la reacción de su esposo que el golpe está obstruyendo una vena que irriga sangre al cerebro y eso es lo que le provoca la confusión... En otras palabras, tiene amnesia...
-Amnesia... –murmura. Su mente vuelve al momento de la conversación con Relena y otro pensamiento se abalanza contra ella: "peligro".
Mientras tanto, la enfermera le cambia el suero al paciente, que no deja de hacer preguntas:
-Quédese tranquilo que ahora su esposa está hablando con el médico, ya viene... Ve, aquí está. Mire, su esposo ya se estaba impacientando.
-Así que mi esposa, claro, me parecía familiar... vaya, tengo una linda esposa... –le sonríe a la enfermera.
-Quatre¿cómo me llamo yo?
-No sé... ¿señora Winner?
-OK, suficiente. Enfermera, voy a avisar a la casa, ya vengo.
-Claro, señora Winner.
Dorothy busca un lugar alejado para hacer la llamada y marca un número que nunca usaría.
-Hola¿Mari¿Está Lady Une allí? Necesito hablar con ella, dile que es urgente... Coronel, tengo una situación especial en este momento... Quatre tuvo un golpe que le hizo perder la memoria, estoy al descubierto.
-¿No recuerda nada?
-En estos momentos sólo recuerda que se llama Quatre y sabe que soy su esposa.
-No puede saber nada. Tienes que sacarlo del hospital cuando antes. Voy a comunicarte con Sally Po. Que no hable con nadie más por ahora y no te despegues de su lado.
-OK. Esperaré en la casa. Debo colgar.
Dorothy corta la comunicación y vuelve a la habitación.
-Quatre, tú te sientes mal?
-No... estoy perfecto, creo...
-Doctor, si no tiene nada grave me gustaría llevarme a mi esposo a su casa... a nuestra casa. Quizás en un lugar más familiar recuerde mejor.
-Necesita quedarse esta noche para descartar cualquier otra lesión. –responde el médico.
-Entonces mañana a primera hora.
-¿Usted entiende que cuando lo saque de aquí, quedará bajo su entera responsabilidad, señora Winner.?
-Sí, firmaré lo que quiera. Quatre, llamaré para que nos traigan ropa limpia a ambos hasta mañana.
-Está bien.
-De acuerdo. –responde el médico. -Iré a preparar todo para que puedan irse mañana mismo.
Después de hacer el papeleo correspondiente, Dorothy lleva a su amnésico marido de vuelta al "hogar conyugal". Quatre entra al salón principal empujado en una silla por Rashid, al tiempo que Dorothy carga con un bolso de mano.
-¿Así que esta es mi casa?
-Así es. –le contesta la rubia. –¿Te resulta familiar...?
-Hum... no realmente. Muchas gracias por traerme... ¿Rashid, verdad?
-No tiene de qué, amo Quatre.
-Rashid, por favor, llama a la oficina y avísale a Jenny que estaremos ausente por unos días. Como el Vicepresidente Quesada no está, cualquier recado importante que te lo pase a mí o a ti, a nadie más. –acercándose un poco más. –Sobre todo si ese alguien se llama Robert Dalton, no confío en ese tipo.
-De acuerdo, señora Dorothy.
Rashid se marcha, dejando al enfermo sólo con Dorothy que trata de ayudarlo a incorporarse.
-Dorothy... ¿él siempre está con nosotros así?
-No siempre, pero sí. Es algo así como... eh... es Rashid. Tú confías mucho en él.
-¿De verdad? Porque hay algo que noté en el hospital cuando me cambiaba para marcharme y me gustaría saber...
-¿Qué es?
-Bueno... tengo una cicatriz a la altura del riñón derecho. La enfermera dijo que parecía ser algo como un cuchillo o una cosa así. ¿Tú sabes cómo me la hice?
Dorothy busca con la mirada a Rashid, pidiendo un poco de auxilio, pero este ya se marchó. La duda se apodera de ella, antes caer en la cuenta de que la única forma de manejar esto será haciendo lo que mejor siempre supo hacer...
-La verdad... no lo sé... Ya la tenías cuando te conocí. –sonríe con la sonrisa complaciente. –Ven, vamos a dejar las cosas arriba.
-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Ya en la tarde, mientras Quatre duerme en su cuarto, Dorothy busca en el suyo ropa limpia para bañarse al tiempo que habla con Sally Po por teléfono.
-¿Y cómo se encuentra? –pregunta la médica desde el otro lado de la línea.
-Normal creo yo, aunque o reconoce nada... Pero hay un problema; cree que soy la esposa... que realmente soy su esposa. –le explica Dorothy.
-Tienes que seguirle la corriente. En estos momentos, sin memoria Quatre no puede protegerte, tienes que cuidarlo tú a él. Lo mejor es que vayamos dosificando la información que le damos hasta que se recupere. Estas cosas pueden durar días, hasta semanas...
-¿Y qué hacemos mientras?
-Tratamos de que recupere la memoria por sí solo. No hay que mentirle, pero tampoco le podemos decir toda la verdad. No sólo lo confundiría, sino que se vuelve un potencial peligro para tu cubierta.
-Entonces...
-Llamaremos al resto de los ex pilotos. Quizás si ve a toda la gente que le resulta familiar se acuerde espontáneamente. Además, son los únicos que saben la verdad sobre tu misión, no se puede confiar en nadie más. Mientras tanto, trata de mantenerlo tranquilo y que no haga nada peligroso. Yo ya estoy saliendo, llegaré para mañana a la tarde.
-Dorothy¿con quien hablas? –le pregunta su esposo entrando al cuarto.
-Si, nos vemos mañana. –corta la comunicación. –Quatre, no deberías estar levantado... puede hacerte mal...
-Pero... yo me siento bien... ¿Oye, no vienes a dormir?
Dorothy traga saliva; al parecer la escena en el recibidor sólo fue el comienzo de las situaciones incómodas.
-Quatre.. yo duermo aquí. Este es mi cuarto, el tuyo es en el que dejamos las cosas...
-Ah... –responde él haciendo silencio, para luego contraatacar con otra pregunta. –¿Y por qué tenemos cuartos separados si estamos casados?
-Porque yo... eh... este... ¡yo ronco mucho¡Sí, por eso! De todos modos no es un problema, nos vemos si queremos aquí no existen las puertas –¡Y vaya que no!, agrega para sí, recordando las innumerables veces que Quatre entra a su habitación sin pedir permiso siquiera, tal y como lo hizo ahora. -¿Querías decirme algo?
-Eh... había algo que quería preguntarte, pero creo que también lo olvidé jejeje.
–Bueno, ya lo recordarás. En fin, voy a bañarme así que...
-¿Quieres que te traiga algo?
-No, no... tú solo vete a descansar... a tu cuarto...
Después de prácticamente echar al joven del dormitorio, la rubia se mete en la ducha, tratando de liberarse de las presiones del día. Por su parte, Quatre regresa a su habitación y encuentra la foto de ese hombre de bigotes que está al lado suyo cuando niño y que parece un pariente suyo.
-Dorothy... ya recordé lo que quería preguntarte. –entra en el cuarto nuevamente, pero no ve a nadie. –Dorothy... ¿dónde estás?
Sin oír que la llaman, la mujer sigue bañándose tranquilamente.
-¿Estás en la ducha? No te asustes, voy a pasar... –dice corriendo la cortina del baño –Dorothy, ya recordé lo que...
--¡Ahhhhh¿Q-qué demonios...?
Dorothy grita del modo más sonoro posible. Unas imágenes irrumpen en la mente del amnésico joven.
"¿Te estabas por bañar?... Ya lo hice. Tengo que desenredarme el cabello pero puedes pasar." "¿Y quién dijo que sería por la fuerza, mi amor?" "¿Qué no ves? Me vestí para esperarte"
-¡¿Qué diablos te pasa¡¿No pudiste esperar afuera?! –exclama mientras hace un esfuerzo por alcanzar una toalla. –¿Quatre, por qué diablos me miras así¡Responde, maldito seas!
Quatre quiere hablar pero no puede, se quedó helado al ver a la rubia con el cabello mojado y el cuerpo desnudo. Ella cambia la cara de molesta a una de preocupación; nunca había visto esa mirada en él, excepto una vez hace año y medio, en la suit de un hotel de una colonia muy lejana... Y algo en su instinto le indica que debió haberlo pensado mejor cuando deseó que las cosas fueran al menos un poco diferente.
Marzo de 2007
Hola a todos de nuevo! Ahhh menos mal que veo Prision Break todas las semanas para conocer tan bien el ambiente carcelario (Scotfield, te amamos!!!) En fin¿quién será la misteriosa informante? Jajaja, cuando lo sepan se van a caer de espaldas, aunque quizás algunos los-que-leyeron-la-sidestory-como-les-dije lo sepan, sino deberán esperar al próximo capítulo. ¿Ustedes querían que Dorothy tuviera una oportunidad con el rubio¡Querían lío, ahí tienen, muejejeje! Vamos a ver como (o en qué estado) zafa de esta.
Debo disculparme nuevamente por el retraso, en la trama y en la publicación. Parece que este fic sale cada dos meses aproximadamente (aunque ya vamos por los tres). Es que vamos retrasados, pero no sólo en la publicación, vamos atrasados en la historia. Y es que en realidad yo pensé que iba a poder ser más breve, pero la boda de Quatre y Dorothy iba a ser en el capítulo dos y fue en cuatro, la amnesia de Quatre en capítulo 10 y se vio recién en este. De hecho el tercer arco argumental comenzaba con el rubio más desmemoriado que Mike Delfino en Desperates Housewifes y finalizaba en el 15/16, cosa que ya no creo pase. Como el abanico de personajes se está extendiendo, me cuesta más manejar algunos tiempos y ya he cometido algunos errores que en este capítulo usé para corregirlos (imperceptibles, pero errores al fin). Por cierto, las frases que recuerda Quatre en su instantáneo momento de " lucidez" pertenecen al capítulo 1, 8 y 10 de este fic.
Para aquellos que quieran ver el aspecto de Dorothy al entrar al restaurante, los diseños y perfiles de Jenny, Melissa y demás, puse un post en mi blog Making the fics (la dirección está en mi perfil). Véanlo y así entienden mejor en qué gasto tres meses en armar un capítulo!
Besos a todos.
Vicky Yun Kamiya
