Pequeños Milagros

Autor: Quetzalli

Resumen: Severus acaba de regresar a Hogwarts y las sorpresas no se dejan esperar, viejos amigos y enemigos se encuentran con él en la primera semana de clases y la pequeña Josie empieza a hacer amistad con las personas que Severus menos esperaba.

Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.

Quetzalli

Capítulo 2
No todos los cambios son malos

Entrar a la Sala de Maestro era como estar en casa, era algo muy especial que no sabría como explicar muy bien, quizás era la combinación exacta de panecillos recién horneados por los elfos domésticos, con el calor de la chimenea y los cómodos sillones donde se reunían sus compañeros y amigos.

Harry sonrió, aspiró un poco el aroma a canela y café que llenaba el lugar y avanzó. A diferencia de la mayoría, él no llegaba a Hogwarts vía red flu, prefería caminar desde Hogsmaede, detenerse un momento a una última inspección a la enfermería y de ahí a la Sala de Maestros.

Ese día en particular las mariposas en su estómago revoloteaban ansiosas, reencontrarse con caras conocidas después de las usuales encantadoras y solitarias vacaciones siempre lo ponían en el mismo estado de nerviosismo, era lo mismo todos los años desde que atendía la enfermería del Colegio, a pesar de que, como colega y amigo, todos lo trataban con respeto y afectuosa cordialidad no podía dejar de sentir la añoranza por el tiempo pasado.

Era algo que no podía evitar.

Minerva McGonagall, la actual directora estaba dando la bienvenida a alguien que llegaba por chimenea. Filius Flickwick le hacía señas para que ocupara el lugar a su lado que él y Hagrid siempre le guardaban ante la condescendiente mirada de Sinistra que, como siempre, se tomaba un momento de su conversación con Neville, el actual profesor de Herbología para saludarlo después del usual abrazo de Hermione.

—Escuchen todos —llamó Minerva— quiero que demos la bienvenida a la oveja descarriada que ha regresado como profesor de Pociones y su acompañante... ¿cómo te llamas linda?

Ahí estaba, era toda una visión y aunque Harry sabía que estaría ahí, no pudo dejar de sentir un nudo en el estómago.

—Josephine Sisley Snape —enunció la niñita de cuatro años que venía con Severus, conquistando de inmediato a todos los presentes.

—Minerva gracias por la bienvenida —musitó Severus un tanto intimidado por tantos recuerdos, no había previsto encontrarse frente a todo el cuerpo magisterial de Hogwarts a su llegada, era algo que le parecía excesivo—, pero creo que Josie necesita descansar y...

—Severus entiendo pero esta es la primera reunión de maestros y me temo que necesitas estar presente. Además no tienes de que preocuparte ¡Harry!

Lo que menos había esperado el Maestro de Pociones era a ver al último Potter ahí. Sencillamente no estaba preparado para encontrarse con el joven, el ligero mohín que hizo fue más elocuente que el discurso que dio en la primera clase de pociones de Harry.

—Harry es el sanador del Colegio desde que Madame Pomfrey se retiró —explicó brevemente Minerva—, es el especialista en niños ¿verdad Hermione? —agregó con cierta picardía.

—Tiene práctica —explicó Remus que llegaba en ese momento y sólo había escuchado la última parte de la conversación— ha cuidado a la nueva generación Weasley.

—Creí que ya era suficiente con los que había —gruñó Severus ganando una mirada reprobatoria de Hermione.

—Regan y Herbert no son como sus tíos —defendió Hermione a sus hijos.

—Es que todavía tienen cuatro años —susurró confidencialmente Harry a Severus antes de dirigirse a la pequeña a su lado—. Aquí hay una mesa para que las niñas dibujen mientras esperan a su papá.

Sólo entonces reparó Remus en la figura imponente de Severus Sanpe y su pequeña hija. No dijo nada, no era necesario, pero siguió con la mirada a la niña y después estudió a Snape. Había cambiado tanto que Remus lamentó no haber podido acompañar a Kingsley al bautizo de la niña ni haberla conocido antes; tan sólo valía la pena la mirada de incredulidad de Snape ante la visión menos esperada: un Harry Potter guiando a su pequeña Josie a una mesita sobre la que había una lapicera llena de colores y hojas con dibujos esperando a ser coloreadas.

—Vamos a estar en esa mesa todo el tiempo —explicó Harry a la pequeña señalando la mesa grande al tiempo que le mostraba las hojas y los colores—, puedes ver a tu papá desde aquí y cuando tengas sed o hambre sólo tienes que pedirle lo que quieras a Dobby.

—¿Dobby? —repitió Josie.

Al instante apareció el elfo doméstico y Severus presenció como era presentado con todas las formalidades que se dan entre las personas y no como un simple sirviente; el elfo doméstico correspondió al saludo y con una sonrisa desapareció después de dejar una bandeja con una porción de flan y un vaso con jugo de calabaza que Josie devoró con felicidad.

Dando por resuelto el asunto resuelto, Minerva dio inicio a la típica junta de planeación de año escolar que sólo sorprendió a Severus en dos aspectos: el darse cuenta de cuánto extrañaba enseñar y el que Potter rechazara su oferta de ayudarlo a abastecer la enfermería, una costumbre que tenía para con Poppy Pomfrey.

—No es necesario —garantizó el joven mago con una sonrisa y un gesto cordial con la mano— siempre tengo actualizado mi inventario y preparar pociones es lo que consume la mayor parte de mi tiempo.

Remus no fue el único que fijó su atención en Severus después de ese comentario, el hombre palideció a un nivel alarmante completamente horrorizado ante la idea de que la enfermería de Hogwarts se hubiese mantenido tan solo por las nefastas pociones de Potter.

—Vamos, no es para que pongas esa cara —dijo Harry con una curiosa mezcla de ofendido y bromista, tuteando a su antiguo profesor con el mayor descaro hasta que Severus recordó que ahora eran colegas y que él le había autorizado a usar su primer nombre desde finales del séptimo año de Potter, justo antes de la última batalla.

—Soy un Sanador —enfatizó Potter— y aunque suene pretencioso, uno muy bueno.

—¿Recuerdas la crisis de Fiebre Mágica Puzzle de hace tres años? Estuvo en todos los reportes de pociones en el mundo, no fue algo que pasara desapercibido —continuó Snistra—. De no haber sido por Harry, la plaga continuaría cobrando vidas.

Una ligera sombra cruzó el rostro de todos ante la mención de la plaga; dos mil trescientos magos aproximadamente murieron por su causa, la mayoría niños menores de trece años.

Nadie podía olvidar eso.

Severus siempre estaría en deuda con el destino que había mantenido a la Fiebre Mágica Puzzle fuera del alcance de su niña. Pero Inglaterra había sufrido el mayor número de bajas, seguido por Francia y Bulgaria, las mayores sedes mágicas.

Y Potter se había levantado como el héroe que era para salvar las vidas de los niños restantes.

—Lo acepto, eres mejor Sanador que alumno de Pociones —dijo Severus aligerando el humor de todos en sonrisas y agradecimientos para Harry Potter, el Sanador de Hogwarts.

° ° ° ° °

—Debiste advertirme que llegaría directamente a la Junta de Profesores, habría llegado antes —le reprochó Severus a Minerva mientras caminaban a su antiguas habitaciones, llevando a una dormida Josie entre sus brazos; la niña había pintado, armado rompecabezas y jugado a las muñecas con Dobby bajo la atenta mirada de su padre durante toda la junta sin preguntar ni una sola vez cuando terminaría.

—¿Y perderme tu cara de sorpresa con lo difícil que es poner emociones ahí? —bromeó Minerva.

—Se nota que ha cambiado todo por aquí —gruñó Severus sin borrar la sonrisa sincera en sus ojos que no llegaba a sus labios—. Tener a Potter como encargado de la enfermería...

—Si, es maravilloso que Harry haya aceptado —dijo Minerva interpretando el sarcasmo de Severus como admiración—, después de trabajar contra la plaga recibió cientos de ofertas de todas partes para que fuera director de clínicas mágicas y él sólo aceptó el puesto de Poppy.

—No sé porque te sorprende, ya lo conoces, siempre yendo contra la corriente.

—Estar aquí es mucho más que eso, es una declaración. Como yo lo veo, Harry está protegiendo a los niños que sobrevivieron a la plaga y no dejará Hogwarts hasta que haya logrado encontrar la cura definitiva.

—¿Acaso no fue eso lo que hizo?

—Si y no Severus, verás la cura que encontró sólo sirve para la primera etapa de la enfermedad, después no hay nada que Harry ni nadie pueda hacer.

—Apenas puedo creerlo —aceptó Severus en un tono confidencial, sólo para que Minerva lo escuchara—, Potter es tan rebelde que se convirtió en Sanador cuando todos esperaban que fuera Auror.

—Él dijo que quería ser Auror —enfatizó Minerva vehementemente, recordándole a Severus cuánto había insistido la bruja en que no lo echara de su clase de Pociones para que lograra su supuesto objetivo en la vida.

—Y luego se acobardó y terminó siendo Sanador —siguió molestándola Severus.

—No me quejo, salvó más vidas así que como Auror —declaró Minerva—, sé que dejó de estudiar casi un año y todo eso, pero no hay día que pase que no me alegre haberte obligado a que lo mantuvieras en tu clase.

—Si, debo reconocer que fuiste muy perseverante.

—No lo entiendes Severus, no estuviste aquí, sino en Escocia donde la plaga no llegó, pero puedo garantizarte que todos los niños que asisten hoy a Hogwarts siguen con vida gracias a Harry.

Minerva había dejado atrás la estricta Directora y hablaba ahora como la amiga y colega que revisa notas sobre sus alumnos. Estaba orgullosa de sus logros con Potter y muy en el fondo Severus sabía que debía darle mérito, el muchacho jamás habría sido Sanador sin su testarudez.

—Vamos, no es el único Sanador capacitado.

—Nadie tenía idea de que estaba pasando, muchos Sanadores murieron contagiados por La Fiebre Puzzle, algunos se dieron por vencidos, pero no Harry. Él peleó hasta que el último niño sanó y después renunció a San Mungo para dedicarse a la investigación.

—Y luego tu lo obligaste a regresar a Hogwarts como me obligaste a mí.

—De un modo muy parecido —concedió Minerva con una sonrisa—. Harry regresó porque la mayoría de sus pacientes están aquí. Conoce a todos esos niños, incluso a la mayoría de los que aún no entran.

—Justo lo que se esperaba de un héroe como él —gruñó Severus ante la sonora risa de McGonagall.

Siguieron caminando en un cómodo silencio hasta que llegaron a la puerta de las habitaciones de Severus.

—No tienes de que preocuparte, si hay alguien que no se dará por vencido es Potter, tarde o temprano tendrá la cura —dijo Severus a modo de despedida antes de entrar a su antiguo refugio.

Dentro lo sobrecogió la sensación de haber regresado en el tiempo, los mismos muebles seguían esperándolo como si él sólo hubiese partido a impartir las clases de la mañana. Incluso la vieja mesa llena de manchas de tinta en una esquina lo esperaba lista para volver a marcar con tinta roja los terribles y futuros ensayos de sus desastrosos alumnos.

En un suspiro contenido avanzó hasta el centro de la habitación para estudiarla con calma; giró sobre sí miso, con Josie segura entre sus brazos hasta quedar con la mirada fija en la puerta. Parecía que apenas Harry la había cerrado tras de sí y no hace ocho años.

Con una mano, Severus acarició suavemente el cabello de su hija mientras se encaminaba a la habitación que había sido su laboratorio particular y que ahora seria la recámara de la niña.

Al parecer las cosas si habían cambiado aunque todo dijera lo contrario.

Potter era un héroe en la medicina mágica y el Sanador residente, Lupin enseñaba Defensa contra las Artes Oscuras rompiendo con la famosa maldición y él ya no podría practicar pociones peligrosas en la comodidad de sus habitaciones por miedo a que su pequeña sufriera algún percance.

—No todos los cambios son malos —susurró al castillo mientras recostaba a Josie en su cuarto que había sido cuidadosamente decorado por los elfos domésticos para imitar en cada detalle el que tenía antes.

—Y tampoco todos son buenos —dijo a la vacía recámara que lo esperaba, por petición suya, la misma que tenía desde que llegó a Hogwarts para enseñar por primera vez.

° ° ° ° °

El bullicio matutino no había cambiado en absoluto, cada generación era diferente pero siempre eran un montón de chiquillos escandalosos que rondaban llenos de energía al inicio del día.

¡Y tan sólo era el primer viernes de la primera semana de clases!

Josie había dejado de mirar Hogwarts con la boca abierta en todo momento, ya no se escondía cuando el Barón Sanguinario la saludaba y tampoco miraba asustada el bullicio reinante. Se había acostumbrado a Hogwarts y lo único malo era que también se había acostumbrado a Harry Potter.

—¿Papi puedo adelantarme a la Guardería con Regan y Herbert?

¿Qué podía hacer él? Decir "no, quiero que me acompañes a mi salón y te quedes muy quieta y callada mientras papá le grita a los niños incompetentes". Así que dijo sí, la besó en la frente, dejó que ella le diera un beso en la mejilla y vio como la niña tomaba la mano que Harry le ofrecía para seguirlo hasta la Enfermería acompañado por dos mellizos pelirrojos de cuatro años.

—Estás celoso —declaró Lupin en un murmullo apenas audible a su lado.

—No digas tonterías, ¿por qué habría de estarlo?

—Por nada, Minerva fue quien sugirió que Josie puede estar en La Guardería de Harry junto con los niños de Hermione cuando ustedes den clase.

—¿Tienes idea de lo absurdo que se escucha? "La Guardería de Potter" sólo son tres infantes que tienen que pedir permiso a sus padres para ir todos los días a sentarse en pequeños bancos a pintar —gruñó Severus molesto porque Josie no esperó a que él la llevara a la famosa Guardería y se despidiera con un beso.

—Te dije que Harry era bueno con los niños —enfatizó Remus con una sonrisa condescendiente.

—¿Qué es lo que tú sabes y yo no?

—Que Josie nunca va a dejar de quererte como a su padre aunque conozca a otros adultos geniales.

—Potter no es "genial" —gruñó Severus, estaba siendo infantil y lo sabía, no iba a aceptarlo pero lo sabía, porque no había nadie más genial que Harry Potter.

El resto de la mañana transcurrió en con cierta calma, quizás fuera a causa de que estos niños no eran tan incompetentes como sus anteriores alumnos... o que fueran la mitad de los niños que solían asistir a Hogwarts, los sobrevivientes de La Fiebre Puzzle y lo más deprimente era que la mayoría eran hijos de muggles que no habían sido alcanzados por la plaga. Los hijos de magos si antes no eran muy numerosos ahora eran francamente pocos.

Cuando terminó sus clases, Severus tuvo que contenerse de no salir corriendo hasta la Enfermería para abrazar a Josie y dar las gracias porque ella ni siquiera estaba en Inglaterra y no pudo enfermar.

¿Qué importaba que otros hubieran sufrido? Él tenía una niña que proteger y mantenerse fuera del país la salvó?

Estaba tan sumido en su diálogo interno que apenas se dio cuenta de que llegaban risas apagadas desde la Enfermería al pasillo por donde él andaba. Curioso avanzó un poco más deprisa hasta llegar a la puerta y encontrar una escena espeluznante.

Muy quieto, recostado en la alfombra de la zona destinada como Guardería, Sirius Black mantenía una mirada aterradora fija en su pequeña Josie que permanecía estática como si le hubieran lanzado un Petrificus Totalus.

—¿Pero qué de...?

—Está prohibido maldecir en la Enfermería y doble multa en la Guardería —le advirtió Harry antes de que pudiera terminar la frase.

Severus quería gritar que cómo se le había ocurrido permitirle a "ese" estar cerca de su hija, amenazar al susodicho animago hasta la muerte y correr con la pequeña bajo su brazo hasta la seguridad de sus habitaciones, cuando Black volteó a mirarlos como si quisiera desaparecerlo y Josie empezaba a gritar acompañada por los mellizos Weasley.

—¡GANÉ! Gané, gané, gané.

—¡Maravilloso! Gracias a ti he perdido —ladró Black justo antes de ser atacado por los tres chiquillos que se lanzaron sobre él hasta tirarlo sobre la alfombra y hacerlo rodar sobre sí mismo riendo a carcajadas.

Demasiado estupefacto para decir cualquier cosa, Severus pensó por un momento que se había quedado dormido en su salón de clases y estaba soñando.

—Niños, si quieren que Sirius regrese a contarles más aventuras de "Padfoot, el perro" deberás dejarlo con vida —bromeó Harry.

—"Padfoot, el perro" —repitió Severus consternado— ¿permites que "él" cuente eso?

—Las aventuras de "Padfoot, el perro" son las favoritas de los niños —declaró Sirius ofendido.

—"Padfoot" es genial —corearon los mellizos.

—Junto con el lobo "Moony" y el ciervo "Prongs" ayudan a la pequeña Lily en su camino a volverse una bruja —explicó Josie feliz de saber algo que su papá desconocía.

—¡QUÉ! —preguntó Severus cada vez más horrorizado.

—Son cuentos infantiles —explicó Harry mostrándole un libro con enormes viñetas a todo color que mostraban una niña pelirroja de unos diez años acompañada por un ciervo, un lobo y un enorme perro negro—. Es a lo que Sirius se dedica ahora.

Si todo lo demás había fracaso, esa declaración fue suficiente para hacer que la cabeza de Severus pulsara insistentemente. De todas las cosas que jamás esperó aquella era la mpas remota.

—¿Quién en su sano juicio le permitiría a un cabeza hueca como Sirius Black escribir cualquier cosa que esté al alcance de los niños?

—Gilderoy Lockhart —informó Harry con cierta ironía—. No me veas así, es un cretino engreído que sólo recuerda haber sido un novelista, eso no le da muchas armas en la vida a menos que le saque un provecho. Así que se ha convertido en un exitoso editor.

—El hombre es un patán absoluto pero tiene visión —dijo Black alzando a Herbert hasta colocarlo sobre sus hombros—. Sabe reconocer el talento cuando lo ve.

—No puedo creerlo —musitó Severus.

—Ninguno de nosotros podía creerlo —afirmó Harry regresando la Guardería a un estado aceptable—, pero Sirius nos sorprendió y ha demostrado ser un gran escritor infantil.

Severus consideró que nadie esperaba que dijera alfo más así que decidió guardar silencio hasta que él y Josie regresaran a sus habitaciones, cosa que sucedió después de que la niña se despidiera de "sus amigos".

Lo malo fue que todo el camino de regreso estuvo acompañado por la repetición del maravilloso cuento que el Señor Black les había narrado, acompañado por cientos de acotaciones sobre los juguetes, la actuación, lo que dijeron los Weasley y mil cosas más que Severus no fue capaz de entender.

Su único consuelo fue saber que había alguien más "genial" que Harry Potter en el mundo, lo único malo era que ese alguien fuera Sirius Black.

° ° ° ° °

Hermione recogió a sus niños poco después de que Severus se marchó, aún así no dejó de reír sobre la sorpresa que debió sentir el pobre hombre al encontrar a su niña jugando con Sirius Black a ver quien sostenía más la mirada.

—Debiste advertirme —dijo Sirius una vez que quedó a solas con Harry en la enfermería.

—¿El qué? —musitó Harry conteniendo un escalofrío.

—¡Qué estuve jugando toda la mañana con la hija de Snape! —exclamó Sirius de modo melodramático—, me hubiera preparado para no caer bajo su encanto y así no me habría conquistado con su sonrisa de niña linda.

Harry se relajó lo suficiente para notar cuan tenso se había puesto, después volvió la mirada hacia Sirius que seguía parloteando sobre cuan difícil sería vencer a la hija de Snape en un concurso de miradas.

—Tiene los mismos ojos negros ¡Merlín son tan penetrantes!

Cierto sus mismos ojos aceptó Harry, recordando como lo atrapaban ese par noches brillantes que eran los ojos de...

—Es una lastima que tenga que salir a Paris de promoción, me encantaría conocerla mejor.

—¿Acabas de llegar y te vas mañana? ¿es que acaso no va a dejar que descanses ese hombre? —protestó Harry.

—Descuida Harry no soy tan engreído como Lockhart, sólo voy a las librerías, hablo con los niños, leo un cuento y me divierto mucho.

Niños, Harry sonrió con indulgencia, si el mismo Sirius era un niño gigante con una imaginación desbordante, lo bueno era que en sus escritos nunca daba malos ejemplos que debió de ser lo que temía Severus, una nueva generación de merodeadores entrenados desde la infancia por Sirius Black.

—¿Entonces sigue en pie la cena en Hogsmeade?

—Dame un momento Sirius, tengo que recoger este lugar, colocar la alarma por si alguien llega de emergencia y... aún falta que llegue Remus.

—Cierto —aceptó Sirius entregándose a la tarea de levantar del piso los juguetes de peluche que había usado como apoyo de su cuento.

Harry ordenó los lápices de colores y las hojas de papel que los mellizos habían dejado desperdigados por la alfombra, era algo a lo que estaba habituado, pero desde que estaba Josie era diferente. Cada artículo parecía palpitar con las risas.

Amaba a los niños.

Por eso se había especializado en Pediatría, no soportaba ver sufrir a un niño, mucho menos después de la plaga.

—Estas pensando otra vez es eso —escuchó la preocupación en la voz de Sirius.

—Sirius yo...

—Harry hiciste hasta lo imposible en esa época, muchos murieron pero no puedes seguir atormentándote especialmente no por...

—¡Vaya! Veo que me he tardado demasiado, será mejor que nos vayamos antes de que sus caras se alarguen más —dijo la voz alegre de Remus.

—Bien, empezaba desfallecer de hambre.

—¡Sirius!

—¿Qué? Es cierto.

—Olvídalo Harry no hay nada que puedas hacer o decir contra este perro con ocho estómagos —bromeó Remus mientras se dirigían a la chimenea en la oficina de Harry—. Yo dejé de intentarlo hace mucho.

—¡Oye!

—No deberías agredirlo antes de tiempo Remus, recuerda que la última vez tuvimos que paralizarlo para poder sacarlo del bar.

—Hoy tengo todo cubierto Harry, Kingsley va a pasar por nosotros.

—Eso si que no, no necesito que un espía de Snape me vea ebrio.

—Créeme Sirius, nadie quiere verte ebrio —remarcó Remus— y por milésima vez Kingsley no es un espía, es mi esposo y lo amo mucho.

—Y yo propongo que nos posterguemos esta y cualquier otra conversación para la seguridad de nuestra mesa favorita en Las Tres Escobas.

Con eso Harry dio por terminada la riña, lanzó un puñado de polvos flu a la chimenea y desapareció.

—Detesto cuando se queda con la última palabra —gruñó Remus siguiendo su ejemplo.

—¿Y por que soy yo quien siempre queda al último? —se quejó Sirius en la enfermería vacía antes de seguir a su ahijado y a su mejor amigo.

° ° ° ° °

Continuará

N/A: ¿Verdad que no esperaban a Sirius así? Como este es un AU que no contempla el Príncipe Mestizo, puedo hacer lo que quiera. A propósito, ya mencionaré más adelante como fue que Sirius salió del velo, pero será en capítulos muy, pero muy posteriores.

Por lo pronto suplico amablemente dejen comentario porque aparte de que me encanta leerlos, me doy cuenta de si esta historia va por buen camino o necesito mejorarla. Gracias, Quetzalli.