Hola!?... esto, bueno, no sé si alguien se animó a leer esta historia, pero a los que están leyendo esto, les agradezco su infinita y considerable paciencia. Miles de bendiciones a uds.

Además de pedir disculpas, como ven les traigo este nuevo cap. Espero que, al igual que los anteriores, sea de su agrado.

O significa cambio de escena.

Disclaimer: todos los personajes le pertenece a la escritora inglesa que cautivó a todos con sus libros: J. K. Rowling. También el Warner Brothers y la editorial Salamandra tienen sus derechos. XD

Nota: no sé si se habrán dado cuenta, pero en el cap anterior había puesto que Hermione nació en Sept. del '89 lo cual es erróneo, me disculpo, es Sept. del '79. Ya corregí el yerro.

¡A leer se ha dicho! x)

Capítulo 4: Efectos del destino II.

Capítulo anterior…

- Creo…- empezó a decir ella, mirando para todos lados, evitando la cara de Harry- que deberíamos ir a donde hay más luz- y sin esperar repuesta por parte de su amigo, se marchó; dejando a Harry solo, con la compañía de cientos de polvorientos y pesados libros.

O

Hermione Granger salió de la biblioteca de Hogwarts echa un mar de confusiones. - ¿Qué pasó? ¡¿Qué me pasó?! Fue tan raro estar tan cerca de Harry- "Harry" dijo en un susurro, mientras inconscientemente una leve sonrisa se dibujaba en su rostro, sacudió su cabeza y se reprimió. - ¡Se supone que estás enamorada de Ron!... ¿cierto?... ¡¿cierto?!- - ¡No sé!- decía una vocecita a gritos. "¿Lo estoy?" se preguntó a sí misma. Pensó por varios minutos y cuando estuvo lo suficientemente segura, respondió "No, no estoy enamorada de él, se comporta de forma tan ruda y grosera- aseguró entrecerrando sus ojos.- Pensaba que era de esos amores de perros y gatos, pero me equivoqué. Necesito a una persona que me quiera, que me proteja y que yo lo proteja, que me escuche, que me apoye y dé ánimos, que me haga reír y me consuele, que me trate bien, que sea caballeroso y amable, serio pero a la vez tierno, que una mirada baste para comunicarnos… alguien que me complemente y me haga feliz. Y Ron Weasley, por lo visto no lo es, él es… tan sólo un amigo, uno de mis mejores amigos, pero eso es todo. De ahí no más."

Iba con la vista fija en el suelo y abrazaba los libros hacia sí, por lo que cuando dobló la esquina, no se dio cuenta que Draco Malfoy venía por ese pasillo y si no fuera porque él le habló, hubiera chocado con él.

- ¡Pero miren quién es!- exclamó con sarcasmo y con los brazos abiertos- si es la sabelotodo Granger- y la miró de arriba abajo. Hermione todavía sostenía sus libros, pero estaba con la cabeza erguida y con una mirada impasible pero a la vez desafiante.

- ¿Se te perdió algo, Malfoy?- le preguntó con indiferencia mientras el chico rubio daba vueltas alrededor de ella, observando cada detalle de su cuerpo detenidamente. - Lástima que tiene puesta la túnica- pensó el Slytherin - ya quisiera verla en ropa muggle- y dibujó una sonrisa.

- No, no se me ha perdido nada- le respondió.- ¿Y dónde se encuentra Super Potter y su ayudante, la comadreja asquerosa Weasley?- siguió el chico, provocándola, sin dejar de dar vueltas alrededor de ella.

Por un momento a Hermione le hirvió la sangre, pero ella no se iba a rebajar a su nivel, no le seguiría el juego. Ya había pasado por esto muchas veces, y no iba a perder los estribos.

- ¿Por qué te interesa tanto saber su paradero?- le dijo a modo de respuesta con una sonrisita de insuficiencia. La diminuta sonrisa que Draco tenía, se borró de su rostro por una fracción de segundo, pero luego la ensanchó más.

- Francamente, me vale un leprechaun lo que le suceda al cara rajada- la sonrisa de insuficiencia de Hermione había desaparecido por completo y Draco se encontraba detrás de ella con una sonrisa de satisfacción por la reacción de la castaña.- Pero tú…- le dijo suavemente cerca de su oído. Hermione estaba más asustada que nunca, su varita estaba en su mochila, ¡no podía defenderse!

- ¡Deja tus tonterías a un lado!- le ordenó Hermione, alejándose discretamente de él y mirándolo a la cara- además, me estabas mareando, ¡parecías un trompo!

Draco sólo se limitó a sonreír y meneó su cabeza. - Granger, Granger, nunca cambias, ni siquiera si te ves razonablemente mejor-. Hizo un ademán y, se fue con paso elegante y altanero.

Hermione suspiró aliviada y continuó su camino hacia su clase de Historia de la Magia.

O

Hermione Granger echaba furtivas miradas a la nuca de su mejor amigo: Harry Potter. Era la clase de pociones, la última del día. Desde el 'incidente' (como ella lo había denominado) en la biblioteca, el chico pelinegro ni siquiera la miraba y mucho menos le hablaba. Y eso la estaba desesperando. - ¡Qué bien!- se dijo con sarcasmo mientras trituraba un ajo gaélico en vez de cortarlo al estilo juliana - ahora Harry también está enfadado conmigo, ¡ni siquiera me habla!-. Pero, ¿podía llamar enfado a lo que horas atrás había ocurrido en la biblioteca? Claro que no. La chica no hacía más que convencerse de que Harry estaba molesto con ella.

Harry estaba, más bien, distante con Hermione. Quería eliminar, desechar, borrar, olvidar lo que había sucedido en la biblioteca. Pero por más que trataba, simplemente no podía. Y eso había provocado que no le hablase a Hermione en casi todo el día - tal vez así lo olvide- se decía con un gramo de esperanza. Pero por otra parte, quizás en el rincón más olvidado de su ser, no quería olvidarlo. - ¡Es totalmente contradictorio!- y se confundía y cerraba más.

Pero el profesor Snape no había dejado de notar el raro comportamiento entre Harry y Hermione por lo que se le ocurrió una idea malévola y atractiva.

- Interrumpan lo que están haciendo- dijo con parsimonia. Los estudiantes, tanto Gryffindors como Slytherins, obedecieron al instante.- Aprovechando que hoy tenemos dos horas de las cuales se han cumplido cuarenta minutos, quiero que trabajen de a dos y me presenten su trabajo al final de la clase, Granger- Hermione levantó la vista- no se me adelante, no he terminado. Yo asignaré las parejas- Hermione tragó saliva-: Finnigan y Zabini, Thomas y Nott, Longbottom y Parkinson, Weasley y Bullstrode, Brown y Crabbe, Parvati y Goyle, Malfoy y Dolohov, Potter y Granger- concluyó con un amague de sonrisa y giró sobre sus talones hacia la pizarra. Harry y Hermione ni siquiera se miraron cuando oyeron su apellido.- Aquí están los ingredientes, comiencen.

Los alumnos empezaron a juntarse con prisa y torpeza. Excepto Harry y Hermione, quienes todavía estaban congelados en su puesto. Harry, con mucho esfuerzo, se volteó hacia Hermione y le habló por primera vez desde lo ocurrido en la biblioteca.

- ¿Tú vienes o yo voy?- la chica se limitó a encogerse de hombros esquivando la mirada del chico. Harry miró para ambos lados y suspiró resignado, a la vez que cogía sus materiales y los llevaba al pupitre de Hermione.

Cuando vio que Harry se acercaba a ella, se puso lo más alejada posible, dejándole al chico más de la mitad del pupitre a su disposición. Harry ignoró la acción de su amiga y se estableció. Por unos segundos ambos chicos se quedaron ahí sentados, sin hacer nada más que mover nerviosamente sus manos debajo de la mesa, con todos los materiales listos para ser usados, mirando para todos lados excepto a su compañero. Fue una explosión en el caldero de Neville lo que provocó que los muchachos reaccionaran.

Hermione no dijo nada y empezó a cortar los materiales que tenía a su alcance, Harry no quería estar sin hacer nada por lo que encendió el caldero y buscó los ingredientes que faltaban.

Hermione era toda una maestra en el campo de ocultar sentimientos y Harry no se quedaba atrás, puesto que el chico más guapo de todo Gryffindor estaba totalmente impasible.

Así pasaron los primeros veinte minutos, en total silencio y trabajando de forma automática y metódica.

El nerviosismo de ambos jóvenes no se había disipado, pero trataban de no pensar mucho en ello puesto que resultaría fatal para terminar la poción.

Snape estaba totalmente asombrado, había vigilado a Harry y Hermione desde que ambos se sentaron en pareja y desde hace una hora (según su reloj de arena) los alumnos de la casa de Gryffindor no habían dicho palabra alguna. Y por si fuera poco, trabajaban muy bien en equipo sin necesidad de palabras. Era como si compartieran el mismo pensamiento, lo cual él consideraba totalmente absurdo puesto que uno no puede compartir los mismos pensamientos a menos que esté hechizado. Pero, parecía que Harry y Hermione eran una significante excepción.

Hizo una mueca con sus delgados y pálidos labios, y se cruzó de brazos mucho más enfadado de lo normal.

O

- Entreguen su trabajo, debe de estar debidamente etiquetado con su nombre en letra imprenta- ordenó Snape cuando el timbre sonó, culminando la tediosa jornada. Los alumnos cumplieron la orden del jefe de la casa de Slytherin y salieron del aula más agotados de lo que ya estaban.

Harry y Hermione todavía seguían sin dirigirse palabra y mucho menos mirarse a los ojos. Salieron en silencio y estaban a punto de tomar caminos separados cuando Ron los alcanzó, colocándose en medio de ambos y poniendo los brazos en los hombros de sus amigos.

- No puedo creerlo- se quejó el pelirrojo.- He confirmado mi teoría de que un kappa es más inteligente que Millicent Bullstrode.- Sus amigos no comentaron nada al respecto, ni siquiera Hermione. Ron miró a Harry y luego a Hermione, hizo lo mismo dos veces, ambos iban con la vista al frente y actuaban como si el otro no estuviese allí.- ¿Les ocurre algo?

No obtuvo respuesta por lo que Ron los detuvo, agarrándoles del hombro, haciendo que sus amigos pararan de caminar. El pelirrojo se colocó en frente de ambos con una mirada seria y un poco preocupante a la vez.

- ¿Qué les pasa a ustedes dos?- inquirió, mirando primero a uno y luego al otro.

- Nada- respondieron al unísono, asombrados se miraron incomprendidos, pero rápidamente apartaron la vista y se fueron en direcciones opuestas.

- ¿Nada?- se dijo Ron a sí mismo desconcertado para luego sacudir su cabeza ligeramente y tomar otro camino distinto al de Harry y Hermione.

O

Estaba anocheciendo, los dormitorios, las salas comunes, los pasillos, las aulas, los jardines y el campo de Quidditch estaban desiertos. Todos los habitantes del castillo se encontraban reunidos en el Gran Comedor por una sola razón: comer.

Estudiantes, profesores, fantasmas, todos gozaban de la cena. La cual, como siempre, era magnífica y esplendorosa. El ambiente era delicioso: pollos y carnes asados, papas fritas o asadas, panes, carne de cordero, lechón, puerco, alitas de pollo, arroz, pastas, ensaladas de toda clase, dulces sabrosos como inimaginables, jugo de calabaza, de mandarina, de uva, de pera, de mora. Todo el mundo estaba gozoso por el tremendo festín que se desarrollaba, todas las mesas platicaban en paz y armonía.

En la mesa de Gryffindor un Harry Potter callado y una Hermione Granger serena se encontraban rodeados de alumnos felices y alegres. Ellos no habían probado bocado alguno, en realidad no tenían apetito. Y Ron Weasley se dio cuenta de ello. Todavía con un trozo de carne asada en la boca, habló:

- ¿Not fiensan glomer?- preguntó, tratando de provocar una reacción en su amiga pero ésta parecía totalmente ida. Harry estaba en otro universo. Tragó con dificultad y volvió a formular su pregunta:- ¿No piensan comer? Porque si mal no recuerdo, Hermione, hoy tenemos ronda hasta tarde- dijo como quien no quiere la cosa. Al escuchar la palabra 'ronda', Harry salió de su trance.

- Cierto. ¿Hasta qué hora haces ronda, Ron?- indagó el pelinegro haciendo énfasis en cada sílaba.

- No sé, creo que hasta la una de la madrugada, ¿no, Hermione?- la castaña volvió en sí.

- Sí, sí, hasta la una, Ron- le dijo despacio, analizando cada palabra. Frunció el ceño y levantó la cabeza para encontrarse con sus dos mejores amigos charlando amenamente con Dean Thomas y Seamus Finnigan, no supo el por qué pero Harry le parecía más… guapo. A lo mejor tenía fiebre, se tocó la frente luego el cuello, se tomó el pulso. Todo parecía bien, lo miró nuevamente esta vez de reojo y sí, extrañamente su mejor amigo se veía… notablemente adorable: con su linda sonrisa, su pelo negro azabache totalmente indomable, la forma en que meneaba la cabeza, su nariz, sus labios pero sobretodo sus ojos, esos ojos verde esmeralda más bellos que jamás había visto. Los cuales tenían una chispa, un brillo especial cada vez que él la miraba, al principio creía que era efecto de la luz. Pero luego se dio cuenta que no, cada vez que él la veía, sus ojos se iluminaban de una manera única. Cosa rara, ya que no sucedía cuando Harry hablaba o miraba a otras chicas. Inconcientemente sonrió de forma inocente. Harry se percató de ello por el rabillo del ojo y giró la cabeza en dirección a Hermione, pero cuando lo hizo su amiga estaba enfocada en su plato de comida. Desilusionado, retornó a la antigua conversación al mismo tiempo que Hermione le echaba un rápido vistazo y seguía con su comida.

O

- ¡Vamos, Ron! Apúrate, son las nueve- decía Hermione del otro lado de la puerta del dormitorio de los chicos. Su pelirrojo amigo se estaba terminando de ponerse un poco de colonia, mientras Harry le observaba receloso desde su cama. Cuando hubo terminado se dio la vuelta hacia el pelinegro.

- Deséame suerte- pidió con una sonrisa de oreja a oreja y un tanto nervioso.

- Suerte- le respondió sin un ápice de felicidad. Ante eso, Ron sonrió mucho más y se salió atropelladamente del cuarto a la vez que Harry le seguía con una mirada calculadora.

- Ya era hora, ¿por qué demorabas…? ¿Te pusiste algo?- inquirió la chica castaña acercándose para olerle. Ron se puso rojo.- ¿Colonia? ¿Tú, Ronald Bilius Weasley, usando colonia?- bromeó. El rostro de su amigo se tornó a un rojo tomate.

- Sí, ¿acaso te molesta?- preguntó desafiante.

- No, para nada- y le sonrió para luego bajar las escaleras con un Ron siguiendo sus pasos. Cruzaron la Sala Común que estaba medio llena y cuando iban a pasar por el hueco del retrato, misteriosamente, Ron le cedió el paso a Hermione. La chica se quedó inmóvil durante unos segundos, luego sonrió ligeramente y salió. Por varios minutos caminaron en silencio. Sólo sus pasos se escuchaban en los desiertos y anchos pasillos. Tenían una distancia de casi dos metros entre ellos y avanzaban mirando para lados opuestos. Sin darse cuenta se fueron acercando hasta que sus manos se rozaron. Rieron absurdamente y un tanto estúpido. Nuevamente, el silenció reinó. No fue sino hasta que estaban en el quinto piso cuando encontraron a varios alumnos reunidos en un círculo, cuchicheaban entre sí con las cabezas muy juntas y cuando divisaron a los dos prefectos, algunos cerraron mucho más el círculo y otros corrieron a toda velocidad del lugar.

Hermione frunció el ceño como siempre solía hacer cuando algo le era extraño y se dirigió con paso firme y seguro hacía la multitud. Ron hizo una mueca por la oportuna interrupción y sin más, le siguió el paso a su colega.

O

Draco Malfoy, el chico de cabellera rubia platina de la casa del avaricioso y discriminador Salazar Slytherin, caminaba de manera campante por los pisos superiores del castillo. Iba solo, había aturdido a su acompañante en el camino, quería estar solo esa noche, más solo de lo normal.

Y todo esto llevaba a un motivo usualmente común: una chica.

Siempre con paso elegante y moderado, característicos de la aristocracia, cabeza en alto de manera altiva y gesto un tanto reservado pero sensual. Factores de suma importancia para destacarse del 'montón'.

Llegó a una esquina y escuchó voces que provenían del pasillo adyacente. Aguzó el oído. Alguien estaba llorando. Sollozaba casi de forma imperceptible. Hizo una mueca con sus finos labios y cuando se disponía a continuar su camino, la persona que sollozaba salió de su escondite.

Se detuvo en seco, como si alguien le hubiese aplicado el Petrificus Totalus. Tenía un gran nudo en la garganta. La chica se encontraba de espaldas a él, pero esa cabellera pelirroja era reconocible a kilómetros. Era la hermana del pobretón Weasley.

Ginny tuvo la sensación que alguien estaba detrás de ella. Se volteó rápidamente y vaya sorpresa se llevó al ver a Draco Malfoy plantado frente a ella, inmóvil.

No supo qué hacer, no esperó encontrarla tan sola, frágil y hermosa en sus paseos nocturnos. Lo aceptaba, la estaba buscando, no sabía el por qué. Tal vez por oír tanto las fantasías de Zabini, a lo mejor quiso comprobar si era cierto lo que decía su compañero. Dos semanas atrás, se dio cuenta de que Zabini tenía mucha razón.

Ginny se limpió las lágrimas con la manga de la túnica de forma brusca. Y miró con rudeza a Malfoy, demostrándole que no le causaba miedo alguno.

- ¿Qué deseas, Malfoy?- cuestionó Ginny, dándole al chico algo que decir.

- ¿De ti? Nada- aseguró. Las mejillas de la pelirroja se tornaron carmesí. Lo miró intensamente tratando de comunicarle todo el odio que le tenía. Sin embargo, los ojos grises del Slytherin se mostraban fríos e impasibles. Resopló molesta, tratando de no salirse de sus casillas, pero él siempre encontraba una forma de desquiciarla.- ¿O a lo mejor… quieres algo de mí?

- Pobre iluso. Puedes quedarte con tu mera fantasía, que yo no quiero absolutamente nada de ti.

Estaba a punto de comenzar una batalla campal. Pero antes que Malfoy pudiera contraatacar. Dos personitas hicieron su aparición.

- ¡Ginny!- la pelirroja volteó y se encontró con un Ron que se acercaba hacia ella.- ¿Todo bien?

Ginny demoró unos segundos para responder. Miró a Hermione que ya estaba a lado de Ron y luego, no supo por qué, a Malfoy. Los microsegundos en que tuvo contacto con el chico, le parecieron eternos. Vio algo en sus ojos que no pudo describir, tal vez era… ¿preocupación? No, no podía ser.

- Sí, estoy bien- respondió un poco turbada. Hermione miró atentamente a Malfoy, al recordar lo que Harry les había contado la noche anterior, para ver si el chico realizaba un movimiento en falso. Ron le echó una mirada nada amigable a Draco quien todavía se encontraba como una estatua en el lugar. El Slytherin todavía tenía las manos en los bolsillos y como respuesta a Ron, le dirigió una mirada despectiva y sin más, dio media vuelta para irse. La pelirroja lo vio marcharse, con una interrogante en su cabeza.

- ¿Vamos?- preguntó Hermione antes de que Ron tuviera oportunidad de indagarle a su hermana qué hacía a esas horas en semejante lugar, sola. Ginny sólo asintió en silencio. Empezaron a caminar sin decir una palabra, con la vista fija al frente. Y sólo minutos después, la chica pelirroja se atrevió a mirar atrás donde anteriormente se encontraba de pie Draco Malfoy.

O

- Deberíamos de contarle a Harry sobre lo sucedido- susurraba Ron después de dejar a una molesta Ginny frente al retrato de la Dama Gorda. Hermione todavía no decía palabra y el pelirrojo se quería arrancar los cabellos de histeria. Bufó violentamente y habló un poco más calmado.- Hermione, me quieres decir ¿qué te pasa?

La chica tardó unos segundos en responder. Analizó todo lo que había ocurrido en los últimos días y una pequeña llama de ira creció en la boca de su estómago e iba subiendo lentamente por todo su esófago.

- Primero que todo- comenzó mirando a Ron a los ojos, con seriedad- estoy molesta contigo- Ron bajó la mirada avergonzado.

- Sí, lo sé- decía el pelirrojo todavía con la vista gacha- y me quiero disculpar- dijo en voz casi audible y levantando el rostro.- Quiero pedirte perdón por todo lo que te dije hoy- Hermione levantó una ceja, exigiendo más- y también perdón por todo lo que dicho o hecho anteriormente- agregó con voz monótona y mirando el, hasta ahora, interesante techo.

Hermione no pudo haber esperado más y sin previo aviso, se abalanzó hacia Ron, encerrándolo en un fuerte abrazo, el cual correspondió de buena manera.

A unos treinta metros de ahí, Harry Potter observaba debajo de su capa de invisibilidad, en silencio con un muy apretado y molesto nudo en la boca de su garganta.

O

Los pasillos no podían estar más desiertos aunque de vez en cuando cruzara uno que otro estudiante. Pero para Harry estaban como el salvaje viejo Oeste.

Caminaba con lentitud, sin rumbo, con la vista baja y de a suerte no se lograba chocar con nadie.

Una y otra vez, de forma persistente y para él un tanto odiosa, volvía a aparecer con claridad lo que minutos atrás había presenciado: Hermione abrazando a Ron.

Irónicamente, no sabía el por qué le molestaba esa simple muestra de afecto. Sólo era un simple abrazo… ¿no? O tal vez, ¿Ron se había adelantado y le había confesado a Hermione sus sentimientos de por más de dos años? Cerró fuertemente el puño.

Pero, ¿cómo era capaz de actuar de esa forma? ¿Por qué reaccionaba de tal modo cuando Hermione abrazaba a alguien?, y en este caso ese alguien era su mejor amigo, Ron. Su amigo desde que se enteró de la magnífica y sorpresiva existencia del mundo mágico, el mundo donde se sentía cómodo (por decirlo de algún modo) comparado con la ruda y poco afectiva vida que tuvo que tolerar con los Dursleys. Era sin duda, su mundo. Donde había conocido, con gran suerte, a una maravillosa familia, la cual lo aceptó gustosa como un hijo más. Y eso lo hacía sentir querido.

Pero aparte de los Weasleys, cierta personita que conoció el primer día de clases de su primer curso, también era de suma y vital importancia en su vida: Hermione. Sí, lo recordaba claramente, ese día estaba tan fresco como el de ayer. Ella entró, con la túnica ya puesta, al vagón que Ron y él compartían. Con su pelo enmarañado, su cabeza en alto, su voz mandona y su aire de superioridad, cosas tan características de ella, sin mencionar su astucia e inteligencia. Era, sin duda alguna, una chica completa. Aunque obviamente, él la vio ese día como una niña nada amigable. Pero, le llevó dos meses darse cuenta que se equivocaba y agradeció esa equivocación.

Paró de caminar y analizó su 'pelea' con Hermione. Sonrió de forma inocente. ¿Qué demonios le sucedía? ¿Sería lo que la señora Weasley le dijo a Ginny hace dos años? ¿Cosas de la pubertad?

Ahora se sentía más confundido, estaba frustrado de esta situación y no sabía cómo salir de ella. Si era como decía la señora Weasley, cosas de la pubertad, se negaba rotundamente hablar de ello con Dumbledore. Ni a poco, se avergonzaría terriblemente.

¿Y Sirius? Podría enviarle una carta con Hedwig, pero demoraría en llegar la respuesta y necesitaba con urgencia una respuesta inmediata. No aguantaría la espera.

Aunque… podría contactarlo mediante la chimenea y como la profesora Umbridge, vigilaba las chimeneas del colegio, sería algo arriesgado.

Suspiró resignado, agachó la cabeza dándose por vencido al no hallar alguna buena solución a su problema.

-Seguro Hermione encontraría una solución-. Hermione. Otra vez el mismo tema.

Maldito círculo vicioso que involucraba de forma persistente a su amiga. Sin darse cuenta cada uno de sus pensamientos siempre tenían el mismo punto terminal. La odiaba por eso, pero odiaba mucho más el no poder odiarla.

En medio de un pasillo desierto se encontraba de cuclillas Luna Lovegood. Estaba de espaldas a él. Por lo tanto no lo vio ni lo oyó llegar. Se puso enfrente de ella y se rebajó la capa de invisibilidad hasta el cuello, con el propósito de asustarla, pero al parecer la Ravenclaw estaba muy ocupada recogiendo ciertos chécheres que se habían caído de su bolso. Harry sintió compasión y quiso ayudarla, se puso a la altura de ella.

- Hola, Harry- fue lo único que dijo Luna, levantó la vista y observó al Harry Potter decapitado, sonrió.- Linda capa invisible.

Harry abrió los ojos de par en par, totalmente estupefacto. Se terminó de quitar la capa, dejando al descubierto el resto de su cuerpo.

- ¿Cómo… lo sabías?- atinó a preguntar el pelinegro, recogiendo unas canicas que dentro parecían contener una galaxia.

Luna se encogió de hombros.

- Creo que debe ser porque en segundo año tenía una manía por conseguir una, pero mi papá opinaba que era muy pequeña para tener una capa invisible- suspiró.- Supongo que desde entonces he desarrollado un octavo sentido para detectar cuando se acerca una capa de invisibilidad.

Harry estaba más anonado que nunca. Misteriosamente, todas sus preocupaciones se esfumaron en ese instante. Divertido, y más alegre que en dos semanas, le siguió el juego.

- ¿Octavo sentido?- inquirió alzando una ceja y mirando sus ojos azul cielo.- ¿Cuáles son los otros dos, mi detector de capas de invisibilidad?

- El sexto es que puedo ver ciertos animales, criaturas, que la gente común no puede observar. Incluso los magos. Como los nargles, goblins, los threstals- agregó parándose del sitio.

- ¿Qué son los threstals?- Harry empezó a caminar junto con ella.

- Tú los has visto y muchos otros también, de seguro- decía con mucha tranquilidad.- ¿Recuerdas el día en que nos conocimos?

Harry hizo memoria, tratando de acordarse algo más inusual de lo común que hubiera sucedido ese día. Sí, ahora se acordaba. Cuando vio ese animal (si es que así lo podía llamar) que tenía un aspecto de caballo-pájaro cadavérico, daba miedo observarlo, tenía ambos ojos en blanco, como si estuviese ciego. Su crin era de color negro azabache, y estaba algo grasiento y un tanto enmarañado. Sus herraduras se veían desgastadas, como si hubiera galopado durante varios años. ¿Era eso a lo que se refería Luna?

- ¿Acaso hablas de los…?

- Sí, se llaman threstals- le interrumpió la chica como si fuera lo más normal del mundo. Harry asintió pesadamente, ¿le había adivinado el pensamiento?- Y bueno, no es que yo solo los pueda ver, ya que tú también los ves. ¿Conoces el significado de por qué nosotros u otros cuántos más, los vemos?- Harry negó con la cabeza.- Porque hemos visto morir a alguien. Mi madre, por ejemplo. Por eso digo haber desarrollado un sexto sentido.

Él había visto a Cedric morir al final de su cuarto curso, en el Torneo de los Tres Magos. Ahora lo comprendía, el por qué en su inicio de curso había visto a los 'caballos' que tiraban de los coches, hasta ahora, encantados. Tenía unas ganas enormes de restregarle en la cara a Hermione tal descubrimiento. Pero se aguantó.

- ¿Y cuál es el séptimo?- siguió inquiriendo el muchacho al tener a alguien tan soñadora con quien conversar.

Luna tardó unos segundos en responder. Cuando lo hizo, lo dijo en voz prácticamente imperceptible. Hasta el punto en que Harry se tuvo que acercar más a ella.

- Puedo…

Pero Luna no pudo seguir hablando porque alguien la interrumpió sorpresivamente.

- ¡Harry!- el susodicho se volteó alarmado, se supone que debería estar en su cama, durmiendo. Pero se relajó al ver que tan sólo eran Ron y Hermione los que venían por el pasillo.- ¿Qué haces afuera?- siguió la chica castaña hablando atropelladamente con su tono de inconfundible superioridad.

- Nada- le respondió como quien no quiere la cosa. Ron miraba un tanto asustado la escena que se desarrollaba ante sus ojos. Luna los observaba con ese aire soñador, con su mirada azul perdida en el pecoso rostro de Ron. Pero el pelirrojo o era muy tonto o no parecía darse cuenta. Tragó saliva e hizo un esfuerzo por detener la discusión.

- Eh… chicos…

- ¡No te metas, Ron!- exigió Hermione, señalándolo. El chico se congeló en su sitio, y sin saber qué hacer retrocedió poco a poco hasta que chocó con Luna.

- Lo siento- se disculpó un tanto sonrojado. Luna lo miró atentamente, como si estuviese explorando dentro de su alma. Ron se sintió incómodo y sin saber qué hacer –por segunda vez, ese día- le propuso en un susurro:- Será mejor que nos vayamos cuanto antes, si no quieres presenciar la Tercera Guerra Mundial.- Luna le dedicó una corta sonrisa y sin decir nada más, tomó la mano del prefecto y se fueron como si nada.

Mientras, Harry y Hermione entraban en una batalla. Algo verdaderamente extraño de ocurrir entre ambos.

- ¡No le hables así a Ron!- le defendió Harry cuando Hermione paró en seco al pelirrojo.

- ¿Y quién te crees tú para decirme lo que debo hacer?- Hermione hervía en furia, tenía los dientes apretados, sabía que más tarde se arrepentiría por haber tratado de esa forma grosera a Harry, pero ahora su remordimiento era el que cobraba fuerza y acallaba a su razón.

- ¡Ja!- exclamó Harry, acercándose y notando cada minúscula parte del rostro de ella.- Irónico- dijo entre dientes.- Has estado toda esta semana sin hablarme, ni siquiera me has mirado. Es como si yo no existiera, apenas te das cuenta de que Ron vive. ¿Y ahora esto? Por favor, Hermione, ¡no me vengas con tus estúpidas preguntas sin salida!- Harry de verdad estaba molesto y mucho más por lo distante que había estado con Hermione en los últimos días, eso lo enfadaba: el no poder hablar con ella, el no saber que compartían las mismas ideas y pensamientos, el no poder reír junto con ella, el no verla sonreír cuando decía algo gracioso, pero sobretodo, el no sentir su cálida compañía y seguridad que ella le manifestaba a cada momento. Porque, sí, ella le brindaba la dosis necesaria de confianza y seguridad que en muchas ocasiones le hacía falta; Hermione poseía ese maravilloso don con él.

Después de unos eternos segundos, según Harry, Hermione habló con la voz un tanto quebrada.

- ¿Ahora te parece que hago preguntas estúpidas?- preguntó la chica castaña mirándolo a los ojos incrédula.- ¿Acaso crees que soy tan idiota como para no darme cuenta que hablabas con Ron para saber de mí? ¿No te parece… tonto lo que hacías para saber cómo me encontraba?

Harry sentía que el mundo se le venía abajo, notó que en cualquier instante Hermione rompería a llorar y él no quería ser la causa del sufrimiento de su amiga, eso sería lo último que se le podría ocurrir.

Suspiró. Agachó la cabeza, le pesaba tanto todo lo que había sucedido en esos días, todo el daño –que sin saberlo- ambos se hacían. Levantó la vista y se encontró con los ojos de ella. Sus ojos.

- Hermione…- comenzó en un susurro ronco que fue suficiente para que la chica lo abrazara fuertemente, llorando. Harry sintió un nudo en la garganta, se sentía fatal por hacerla llorar.- Hermione… yo… lo siento- le dijo cerca del oído y correspondiendo al abrazo, hundiendo su cabeza en el cabello de su amiga. Olía tan bien, olía a canela y fresas; aspiró profundamente, tratando de ahogarse con el olor de ella.

- No, Harry- le dijo, separándose, para el horror del chico. Quería reconfortarla.- Soy yo la que tiene que pedir disculpas- decía con las mejillas un poco sonrojadas- me comporté como alguien que no soy, tal vez para alegrar a muchos, pero no a mí. Me sentía rara y mucho más al no estar contigo- en este punto la sangre había llegado a sus mejillas tornándolas más rojas- de verdad, fui inmadura y hasta egoísta. Perdóname.

- No hay nada que perdonar, somos amigos, ¿no?- Hermione tenía unas cuantas lágrimas abnegadas, su pelo estaba un tanto desordenado a causa del abrazo, todavía estaba un poco roja; pero para Harry, lucía inevitablemente hermosa, tuvo unas ganas inmensas de abrazarla pero se contuvo, no quería que Hermione pensara algo que no era.

Hermione sonrió y como efecto, las gruesas lágrimas cayeron lentamente por sus mejillas.

- Mejores amigos- agregó. Harry no pudo aguantar, pasando su pulgar por el terso rostro de ella, quitó esa molesta lágrima.

O

Ohhh, sii, Señor, Zeus, Ra, Buda, Merlín, Circe, Gandalf! x)

¡Terminé! saltitos. 27 páginas de Word… Mis muy estimados lectores/as: no tienen idea de cuánto me costó este cap. Y como el anterior termina con una escena delusional… ::babas:: XD

Así que… díganme, ¿cómo me quedó? ¿Valió la pena tantos meses de espera o se encontraron con un trabajo poco satisfactorio? (Espero que sea la primera opción XD)

En fin. Hmm… todo lo que ha ocurrido en estos últimos días… como el estreno de HP 5 (la AMÉ, no hay otra palabra :D) y el inicio de vacas en algunos países de Latinoamérica –en el mío no T.T-.

Bueno, les deseo las mejores vacas a los que duermen y se acuestan tarde x)

Millones pero millones de grax a: Yuna Lockhart, Aurora-chan, Mariale-26, azaak, PauGranger, c-len, Nicole, Cam-tz, Nicole, AtRaM Potter, Magaso Urashima, GTAD, ariita black, OneBlackAngel, ivi's y emmalfoy (hehehe, aunque sea del cap 1, sé que te leíste los tres caps XD).

De verdad no sé qué haría sin sus rr! Son lo máximo, sin duda.

¡Me voy! Acuérdense de su lindo rr!! XD

Que tengan un lindo, productivo y delusional día x)

Besos!

Se despide, missyumikov!

Delusional 'siempre y para siempre' n.n

"Los reviews alegran mi día"

20/Julio/2007