Rock and dragons
Segunda parte
Tonks estaba enloquecida. Las potentes guitarras, la batería, la gaita, el violonchelo y el bajo hacían vibrar la estructura del Queen Maeve Square, mientras la voz de Myron Wagtail llenaba el pabellón y centenares de brujas y magos saltaban al unísono.
Tonks brincaba como una loca, con los brazos en alto, gritándole cosas que se perdían entre el rugido de la multitud y la música.
— ¡Myron, súbete la túnica! —chillaba —¡Quiero ser la madre tus hijos!
Charlie, tras ella, miraba con recelo a la excitada masa que los rodeaba como si temiera que fueran a intentar aplastarles. En cierto modo lo estaban haciendo, a Charlie ya se le había caído encima un mago borracho, le habían dado codazos en los brazos y había recibido unos cuantos empujones. Por no hablar de los pisotones que Nymphadora solía darle con tanto salto. Sentía ganas de atraparla entre sus brazos y decirle que se parara quieta un rato, pero Charlie nunca la había visto tan feliz y no quería hacer nada que estropeara eso.
No obstante, pensaba que el mago melenudo que había al lado de Nymphadora se tomaba demasiadas confianzas, gritándole cosas al oído o cantando las letras de las canciones a pleno pulmón con ella. Y encima Nymphadora parecía encantada.
Charlie se iba poniendo de peor humor a medida que canción tras canción Nymphadora y el espontáneo gritón parecían hacerse amigos del alma, y cuando el melenas pasó un brazo sobre los hombros de la chica y empezó a botar con ella como si fuera él con quien había ido al concierto, Charlie no lo resistió más.
Lo apartó bruscamente y agarró a Nymphadora por la cintura, dirigiéndole una mirada cortante al tipo.
—Sin tocar —le espetó por encima de la música. El tipo miró los brazos de Charlie, luego a Nymphadora y finalmente alzó las manos con las palmas hacia el pelirrojo en señal de rendición.
—Paz, tío —dijo y sin más, se giró de nuevo hacia el escenario y empezó a botar como un loco.
—Charlie, déjame saltar —se quejó ella tranquilamente tratando sin éxito de apartar la manaza de Charlie de su cintura. Lo único que quería era seguir brincando y cantando hasta quedarse afónica.
—¿Quién era ese tipo? —preguntó él en un tono tan seco y ofendido que Tonks le miró a la cara. Entonces se dio cuenta de que parecía estar de muy mal humor.
—No lo sé –dijo desconcertada —un tipo, ¿qué más da?
—No me gusta —replicó él hoscamente.
—Vamos, no seas tan muermo y muévete un poco.
Charlie iba a replicarle ácidamente cuando alguien o algo le empujó con tanta fuerza que sin querer rebotó con la bruja que tenía al lado y ella con el mago siguiente como si alguien hubiera empujado la primera de una hilera de fichas de dominó, derribándolas una a una en cadena. Sujetó a Nymphadora con fuerza para impedir que se cayera mientras él trataba de equilibrarse y se volvió hacia su derecha donde estaba el tipo melenudo mirándole sonriente.
—¿Quieres que te parta la ca… —comenzó con tono amenazador, realmente dispuesto a romperle la cabeza. Pero Charlie no logró acabar la frase porque alguien le empujó desde el otro lado, arrojándole, con Nymphadora entre los brazos, hacia el tipo al que pretendía amenazar de muerte. El mago, no sólo no se molestó por el empujón de Charlie, sino que lo usó como impulso para empujar al tipo que tenía al lado.
—¿Qué demonios… —masculló Charlie cuando se dio cuenta de que todo el mundo estaba saltando contra la gente que tenía cerca, empujándose los unos a los otros alegremente.
—¡Una Olla! —gritó Tonks jubilosa, y escurriéndose del firme apretón de Charlie, se lanzó sobre el mago que tenía delante.
—¡NYMPHADORA! —rugió él alcanzándola y envolviéndola en sus brazos para protegerla de los empujones que les llovían desde todas partes —¿Qué demonios está pasando aquí?
—¡Es una olla! —le explicó ella eufórica, riéndose de la gente que se empujaba a su alrededor —alguien te empuja y tú tienes que pasarle el empujón a otro, es como…una cadena. Es divertido.
—Ya lo veo —gruñó Charlie, esquivando por poco al melenudo que cayó al suelo al no encontrar ningún obstáculo. A pesar de haberse dando un buen golpe, el tipo se levantó sonriente y tarareando a gritos la parte instrumental de la canción que sonaba.
Cuando Charlie empezaba a pensar que todo el mundo se había vuelto pirado y que lo más seguro sería sacar a su amiga de allí, la canción se terminó de golpe, y los miles de magos y brujas parecieron volver a ser personas civilizadas que se movían de arriba a abajo en vez de lado a lado.
No obstante, Charlie se pasó el resto del concierto de mal humor, mirando hostilmente a todos los magos y brujas que les rodeaban, con una mano aferrada al bajo de la camiseta de la saltarina Nymphadora para evitar perderla entre la multitud.
Después de un tiempo que se le hizo eterno, los miembros del grupo se acercaron al borde del escenario e hicieron reverencias ante su público, despidiéndose. Aquí y allá, docenas de magos alzaron sus varitas y lanzaron chispas de colores hacia el alto techo del pabellón.
—¡Myron!¡Orsino! ¡Heathcote! —les llamaba Tonks con la voz enronquecida de tanto gritar —¡Sois los mejores! ¡Quiero ser como vosotros!
Los componentes les dieron las gracias con sus voces mágicamente amplificadas, hicieron un par de reverencias más y se retiraron del escenario entre gritos, aplausos y chispazos.
—Vámonos —dijo Charlie sin más dilación —antes de que todo el mundo empiece a salir.
—¿Tan pronto? Tú nunca habías venido a un concierto, ¿verdad? El público se pasa un rato pidiéndoles otra canción y luego el grupo vuelve a salir —le explicó ella.
—Me da igual —farfulló Charlie —tú y yo nos vamos, ya he tenido bastante por hoy.
Y sin darle a la chica la oportunidad de replicar, tiró de ella a través de la masa de magos que gritaban al unísono "otraaaa, otraaaa". Después de lo que a Charlie le pareció un siglo, llegaron a las escaleras que subían hacia la salida, y ascendieron por ellas. Él iba delante, arrastrando literalmente a Tonks, hasta que ella tropezó con un escalón por las prisas. Entonces Charlie la sujetó por la cintura y la llevó casi en volandas escaleras arriba. Quería salir de allí cuanto antes y perder de vista al melenudo y a los magos eufóricos que habían estado a punto de matarles.
Tonks caminó en silencio durante unos cuantos metros, pero se sentía tan excitada que no pudo evitar comenzar a hablar sobre el concierto.
—¿No ha sido genial? ¡Oh, Merlin, Myrton tiene una voz tan sexy! ¿Y viste lo que hacía Orsino Thruston con las baquetas?
—Sí, sí —murmuraba Charlie lacónicamente.
—Y esa guitarra le queda taaan bien a Duke —suspiró Tonks.
—Ya.
—Oye, Charlie, ¿qué te pasa? —le preguntó Tonks mirándole fijamente. No hacía falta ser demasiado intuitiva para darse cuenta de que Charlie no estaba precisamente alegre.
—Nada –resopló él hoscamente.
Tonks no insistió pero miró la espalda de Charlie –él caminaba delante de ella con la cabeza hundida entre los hombros –durante unos segundos, sintiendo que la euforia desaparecía de su cuerpo como barrida por el viento. Charlie volvía a estar enfadado con ella y Tonks desconocía la razón. Esos momentos en el concierto cuando habían vuelto a ser ellos, como antes, como siempre debieron ser, habían hecho que recuperara la esperanza de no haber perdido a Charlie del todo. Pero de nuevo estaba ahí, esa amarga distancia que se imponía entre los dos, haciéndoles sentirse incómodos el uno con el otro.
No volvieron a hablar hasta que después de apagar las luces de un pequeño callejón, Charlie sacó su varita e "invocó" al autobús noctámbulo. Los dos subieron, saludaron al conductor y al viejo encargado apagadamente y se dirigieron a unos asientos. Tonks iba a sentarse el mismo sitio en el que había comenzado el viaje de ida, pero Charlie la sujetó por una muñeca y sin mediar palabra, hizo que Tonks se sentara de nuevo sobre sus rodillas.
—Así nos ahorraremos tiempo —dijo ariscamente mientras la rodeaba de nuevo con su musculoso brazo y la estrechaba contra ese pecho tan fuerte que le hacía sentirse diminuta. Cuando el autobús se puso en marcha, Tonks estaba tan tensa como si se hubiera tragado una escoba, pero poco a poco el cansancio comenzó a hacer mella en ella. No en vano se había pasado dos horas saltando y gritando hasta acabar casi afónica, y la adrenalina que había acumulado había desaparecido vaciándola de energía. No obstante, ella luchó denodadamente para que los párpados no le pesaran tanto y que su cuerpo no se relajara contra su voluntad. En algún momento del trayecto, a consecuencia de un frenazo, la cabeza de Tonks acabó sobre el hombro de Charlie. En algún momento, debido a una curva, Charlie cambió la posición de su brazo de modo que más que sujetarla como un cinturón, la acunaba protectoramente.
En algún momento, sin curvas, sin frenazos, los ojos de Tonks se cerraron por enésima vez y en esa ocasión no se abrieron torpemente unos segundos después. Simplemente permanecieron cerrados, el rostro tranquilo, el cuerpo relajado, confiada en la seguridad que le ofrecía Charlie. Porque mientras dormía, en alguna parte de su inconsciente, Tonks sabía que él no dejaría que le pasara nada aunque viajar en autobús noctámbulo fuera como montar en una montaña rusa muggle.
Despertó cuando la punta de la nariz de Charlie le rozó la frente cariñosamente, en una suave caricia. Mientras retozaba en las brumas del sueño, a Tonks le parecía perfectamente normal que su cuerpo estuviera encogido contra el de él y que Charlie estuviera encogido sobre el de ella como las hebras de una trenza de espiga enlazándose.
—Hemos llegado, Nymphadora –la informó en un susurro, con una voz tan ronca que parecía haber sido él el que se había pasado las dos horas gritando. Adormilada, Tonks asintió y se frotó los ojos como una niña pequeña, ajena a la mirada de Charlie fija en ella. Después se puso en pie, se despidieron de Ernie Prank y su ayudante y pusieron los pies en Hogsmeade. Hacía horas que era de noche y el pueblo estaba tranquilo iluminado por las esporádicas farolas y por las brillantes estrellas.
Tonks miró de reojo a Charlie rezando porque su cabello no se hubiera vuelto naranja. Ahora ya estaba bien despierta y le resultaba muy embarazoso haberse dormido en los brazos de Charlie. Él estaba de nuevo taciturno y ceñudo, como si el acercamiento en el autobús no hubiera tenido lugar.
—Volvamos a Hogwarts —gruñó —ya es muy tarde.
Tonks arrugó la nariz disgustada mientras seguía a Charlie al pasadizo. Sin duda, él volvía a estar enfadado y Tonks comenzaba a hartarse de sus cambios de humor, como si de una embarazada se tratase.
Charlie caminaba delante, llenando con su amplia espalda y sus movimientos de hombros el pasaje entero, y Tonks iba detrás con los brazos cruzados, suspirando sonoramente.
—¿Te pasa algo? —le preguntó Charlie al decimoquinto suspiro y se detuvo tan abruptamente que Tonks chocó contra su espalda y rebotó ligeramente. Retrocedió a toda prisa al tiempo que Charlie se giraba hacia ella y se cruzó de brazos en actitud irritada.
—¿Por? —le cuestionó orgullosa.
—Porque vas a despertar a todo Hogwarts como sigas suspirando así.
—¡Yo no… —Tonks resopló y apretó los puños, furiosa. ¡Era el colmo! Primero Charlie se comportaba como si fuera una versión gigante del enanito gruñón y ahora la regañaba por suspirar –Mira, da igual, sigue andando. Cuanto antes lleguemos a Hogwarts, mejor.
—Bien —replicó él fríamente, se dio media vuelta y siguió avanzando, esta vez a zancadas que igualarían las de un troll. Tonks tenía dificultades para seguirle el ritmo pero por nada del mundo pensaba dejar que él lo notara. Resbaló un par de veces en el barroso suelo del pasadizo, pero se aferró a las paredes y siguió caminando.
Charlie la veía resbalar por el rabillo del ojo y cuando Tonks patinó en el suelo embarrado y estuvo a punto de caerse de nuevo, se volvió hacia ella con la expresión suavizada.
—Iré más despacio si quieres —ofreció en tono pacifico.
—No es necesario —replicó Tonks ofendida y abochornada —sé que te mueres de ganas por dejar de ser mi niñera, no quiero retrasarte.
Charlie bajó los párpados y fulminó con sus ojos marrones a Tonks.
—Bien —repitió de nuevo, reanudando la marcha.
Bien.
¿Bien? ¿Es que no iba a negarlo?
Tonks se enfureció tanto que posiblemente su pelo se volvió rojo. Qué importaba, el pasaje estaba demasiado oscuro y Charlie ni siquiera la miraba. Solamente miraba al frente caminando como una apisonadora, tan veloz, que en menos de dos minutos llegó al final del pasadizo. Se volvió y esperó irritado a que Tonks llegara hasta él, que cansada de intentar seguir su ritmo, había decidido quedarse atrás y caminar tranquilamente.
Cuando llegó hasta él, Charlie ni siquiera la miró. Dio un toquecito a la pared de piedra con su varita y los ladrillos se replegaron hacia los lados formando una abertura por la que su musculosa espalda pasó con dificultad. Tonks le siguió y murmuró unas palabras apuntando con su varita la estatua de Winifred la Curandera, que inmediatamente ocultó el pasadizo.
Los dos estaban en las bodegas, cerca del hall y de la Casa de Hufflepuff. De nuevo en Hogwarts.
—Ya estamos aquí —anunció Tonks aunque era innecesario —me has traído de vuelta sana y salva. Te libero de la carga —añadió con rencor y se dio media vuelta, dispuesta a encerrarse en su habitación y despotricar a gusto acerca de lo insoportable que era Charlie cuando se lo proponía, pero su voz la detuvo como si un rayo la hubiera atravesado.
—¿Podrías dejar de ser tan egoísta? —le reprochó él. Tonks se volvió enfurecida, pero Charlie no le dio oportunidad de hablar —¿Crees que a mí me ha gustado fugarme de Hogwarts, gastarme mis ahorros en el autobús Noctámbulo y procurar que una masa de brujos enloquecidos no te aplastaran?
—Te recuerdo que yo no te pedí que me acompañaras —apuntó ella. ¿Cómo se atrevía a echarle nada en cara?¡Había ido con él obligada!
—Pero sabías que no podría dejarte hacer semejante locura sola —replicó Charlie totalmente serio —te hubieras perdido de camino y te habrían pisoteado en el concierto si yo no hubiera estado contigo.
—Me las hubiera apañado —se empecinó Tonks, obstinada —nunca he tenido problemas para conocer gente.
—Oh, sí, ya lo vi. Como tu amigo el melenudo saltarín, ¿no?
—No es que fuera saltarín, Charlie, ¡es que la gente salta en los conciertos de rock! —chilló ella gesticulando exageradamente con las manos. Charlie la desesperaba por completo —No como tú que estabas más tieso que los aros de gol.
Charlie apretó los labios y el enfado desapareció de su rostro, como si se hubiera rendido a otro sentimiento.
—¿Sabes qué? Julia tenía razón, debería haberte dejado ir sola —dijo con decepción —Tú ya no eres asunto mío.
Y esas últimas palabras acompañadas del movimiento de mano de Charlie –como si ya no valiera la pena seguir con esa conversación –le dolieron más que ninguna de sus habituales caídas y golpes. Charlie se volvió, y comenzó a andar, dispuesto a dejarla sola en medio del pasillo con una camiseta de Las Brujas de Mcbeth que apestaba a él.
Entonces Tonks se sintió miserable, estúpida y culpable y le entraron tantas ganas de llorar que se sintió aún más ridícula. Quiso gritarle que se fuera al cuerno, que era una mierda de dragón y que no le necesitaba. Que no le había pedido que fuera con ella y que ni siquiera lo había deseado ni un momento. Que esa noche, escuchando a su grupo favorito con él a su lado, no había sido ni mucho menos especial.
Que ahora que le veía alejarse, no se sentía como la Cenicienta a la que le habían dado las doce, sólo que sin los cursis zapatos de cristal.
En lugar de eso, separó los labios y murmuró dos palabras, tan ahogadas que no estaba segura de si Charlie las había oído.
—Lo siento.
Lo siento por haberle obligado indirectamente a hacer algo que no quería, lo siento por haberle hecho pasar una noche alerta, atento a que nadie la tocara siquiera. Lo siento por haber hecho gastara sus ahorros en el viaje, por haber hecho que se escapara de Hogwarts cuando podían expulsarle por ello. Por haberle causado problemas con Julia, por haberse comportado como una niña.
Y sobre todo, lo siento por haberse enamorado de él cuando sólo eran amigos.
Pero Tonks no se paró a cerciorarse de que Charlie la hubiera escuchado, sino que le dio la espalda y caminó por el pasillo hacia la Casa de Hufflepuff, arrastrando los pies como si llevara grilletes.
—Nymphadora.
Ella se paró y se volvió, ahogando una exclamación de sorpresa al ver a Charlie tan cerca. No estaba cerca, estaba encima de ella y parecía enorme, gigante.
Y cualquier frase que hubiera pretendido decir murió en sus labios cuando él la besó. Tonks nunca había imaginado que Charlie besara así. No era tranquilo, era implacable. La besó con fuerza al principio, como si el impulso de estrujarla contra él le pudiera, y después atrapó el labio inferior de Tonks entre los suyos y succionó como si deseara bebérsela.
Tonks se asustó al principio por el ímpetu de Charlie. Sólo al principio, porque después se aferró a sus hombros y separó los labios para dejar que él colara la lengua entre ellos. Charlie entró en su boca con rabia como si esperara que Tonks intentara apartarle, pero cuando ella respondió a los toques de su lengua con entusiasta torpeza, pareció calmarse. Aflojó el ritmo, moviendo su lengua contra la de Tonks con lánguida dulzura mientras una de sus manos la tomaba por la nuca, para acercarla aún más. Ella suspiró involuntariamente, con los ojos cerrados con tanta fuerza como si temiera que alguien fuera a arrancarla de ese sueño y sus dedos apretaron los hombros de Charlie hasta que las yemas se quedaron blancas. El beso se extendió por minutos, por momentos ansioso, a ratos calmado, hasta que Charlie tomó impulso y se apartó de su boca.
Tonks tuvo que reprimir una queja en sus húmedos labios cuando Charlie le puso las manos en la cara y la miró de un modo que ella no supo interpretar. Como si sintiera resignación y a la vez ternura.
—Nymphadora —murmuró, tan cerca de su boca que Tonks se planteó la posibilidad de volver a besarle —¿qué voy a hacer contigo?
Pero Charlie no esperaba una respuesta, porque negó suavemente con la cabeza –más para sí, que para ella –y dejó que sus manos abandonaran el rostro de Tonks con una última caricia de los pulgares en sus mejillas. Después, sin decir nada más, se marchó rumbo a la torre de Gryffindor.
o0o
Tonks apenas pudo dormir esa noche. Por un lado, Hazel y Rosamund la habían estado esperando despiertas y habían hecho que les contara todos los detalles del concierto por mucho que la mente de Tonks estuviera en otra parte.
"—¿Viste los calzones de Duke?
—¿Estabas lo suficiente cerca para que Myron te sudara encima?"
Cuando al fin se libró de sus amigas, se arrojó sobre su cama sin quitarse las botas siquiera y aunque estaba agotada, no fue capaz de dormirse. Posiblemente a cualquier chica que hubiera recibido ese beso le costaría dormir y por muy estúpida que eso le hiciera sentirse, ya se moría de ganas por ver a Charlie otra vez pero al mismo tenía miedo. Tenía miedo de saber qué había significado ese beso y también temía no saberlo nunca. Le preocupaba qué iba a ser de ella y Charlie a partir de ese momento, si volverían a ser amigos, si nunca podrían volver a serlo, si serían algo más. Tenía tantas cosas en la cabeza que se pasó el día abstraída, estado que Hazel y Rosamund atribuyeron al síndrome post-concierto.
Pero el lunes llegó de nuevo y Tonks seguía taciturna, pensativa y nerviosa. Cuando llegó al comedor y vio a Charlie, serio, sin hablar con nadie y comiendo a toda velocidad, tuvo la sensación de que quería irse de allí cuánto antes y que la causa era ella. Sus sospechas se vieron confirmadas cuando Charlie la vio en la mesa de Hufflepuff, soltó el tenedor, apuró de un trago su zumo de calabaza y se puso en pie rápidamente. Pickle apareció a su lado como si hubiera brotado del suelo, se enganchó a él posesivamente y le lanzó una mirada asesina a Tonks mientras los dos salían del comedor.
Tonks no volvió a ver a ninguno de los dos hasta esa tarde, al salir del Invernadero nº 9 con Hazel y Rosamund. Ellas intentaban sin demasiado éxito averiguar qué era lo que hacía que Tonks estuviera tan taciturna y distraída. Tonks solía ser despistada pero nunca hasta esta tarde había plantado sus tijeras de podar en un tiesto.
—Estoy bien — es aseguró por enésima vez a ambas, e iba a echar a andar hacia el castillo cuando vio a Julia Pickle pasar a toda velocidad por delante de ellas. Tenía los ojos rojos y las mejillas llenas de lágrimas, y le lanzó una mirada intenso odio a Tonks cuando paso a su lado.
—¿Esa no era Pickle? —preguntó Hazel mirando a la chica que empequeñecía rápidamente rumbo al castillo —Estaba llorando…
—¿Qué habrá pasado? —se interesó Rosamund.
Pero Tonks no las escuchó. La correa de su mochila le resbaló por los dedos hasta caer en el césped.
—Charlie —musitó y sin más echó a correr hacia el lago, de donde había venido Julia Pickle.
—¡Tonks! —la llamaron sus amigas. Sus voces sonaban amortiguadas en los oídos de Tonks y su respiración se agitaba a cada paso, pero no disminuyó el ritmo. Siguió corriendo todo lo rápido que sus piernas le permitían hacerlo hasta que divisó la robusta figura de Charlie cerca de la orilla. Estaba de espaldas a ella y recogía puñados de piedras de suelo, que luego arrojaba a las aguas una a una, sin hacerlas rebotar. Simplemente se hundían con fuerza, salpicando copiosamente y dibujando ondas concéntricas que se rompían cuando caía la siguiente piedra.
Tonks trastabilló al verle y se frenó un poco. Tomó aire, tratando de calmarse y algo mareada avanzó lentamente hacia Charlie. La gravilla de la orilla crujió cuando ella la pisó, delatando su presencia ante el pelirrojo.
Charlie no se giró hacia ella, simplemente se agachó y recogió un pedrusco enorme.
—Hola, Nymphadora —dijo con tono neutro y arrojó la piedra al lago con todas sus fuerzas.
—¿Qué ha pasado? —preguntó ella sin más rodeos. El corazón le latía en el pecho como las alas de una snitch furiosa y se sentía ligeramente mareada, tal vez a causa de la carrera. Tal vez no.
—Julia y yo lo hemos dejado —explicó él, en ese tono tan desapasionado, sin ningún matiz que diera a entender qué sentía —Le conté lo que sucedió la otra noche.
Tonks llevaba meses deseando que Charlie y Pickle cortaran, pero ahora que lo habían hecho no sentía felicidad, ni alivio. Se sentía culpable y egoísta, una mala amiga y una mala Hufflepuff.
—Lo siento —dijo con sinceridad.
Charlie soltó aire pero continuó de espaldas, callado. El silencio sólo se quebró por el sonido de otra piedra zambulléndose en el agua con un ruidoso chapoteo.
A Tonks le picaba la nariz, como le sucedía siempre que tenía ganas de llorar. Por un momento deseó que todo fuera como los años anteriores, cuando le gustaba Bill de un modo infantil y platónico, mucho menos doloroso que eso que le latía ahora en el pecho. Cuando Charlie y ella eran amigos, sin más sentimientos de por medio que lo estropearan todo. Cuando su máxima preocupación sentimental era espiar a Bill Weasley por el rabillo del ojo mientras su hermano jugaba al quidditch. Cuando todo era fácil.
Y sintió ganas de largarse corriendo de allí para poner la máxima distancia posible entre ella y uno de esos extraños momentos en los que se maduraba de golpe, le gustara o no. Pero observó la tensión de los músculos de la espalda de Charlie, el dolor impreso en cada lanzamiento de piedra, y permaneció clavada en el mismo sitio como una pértiga.
—¿Quieres que me vaya? —preguntó. Porque no le dejaría solo a no ser que él se lo pidiera.
—¿Quieres irte? —replicó él con el persistente tono impersonal.
Otra piedra cayó al lago.
—¿Sabes qué quiero? —Tonks dio un paso adelante y recogió una piedra plana de la orilla —Quiero que hagas que las piedras reboten cinco veces antes de hundirse, como me enseñaste a hacer —lanzó la piedra con efecto, como Charlie le había enseñado. Rebotó. Uno, dos, tres, cuatro y cinco. Después se hundió en las aguas —Y quiero que me cuentes qué nos ha pasado.
Charlie la miró entonces y Tonks vio en sus ojos marrones una profundidad, una madurez, en la que nunca se había fijado hasta entonces.
—¿De verdad quieres saberlo? —le preguntó con un tono más suave, más expresivo. Tonks asintió rápidamente. Charlie soltó la piedra que tenía en la mano y la miró muy serio —Siempre he estado colado por ti, Nymphadora, desde antes de que el sombrero te enviara a Hufflepuff.
Tonks se quedó boquiabierta y sintió como toda la piel de su cuerpo se erizaba poseída por una emoción indescriptible. Nadie se le había declarado jamás. Y menos aún Charlie.
—¿Por qué… por qué no me lo dijiste? —atinó a preguntarle, aún embobada.
—Al principio éramos muy pequeños y además a ti te gustaba mi hermano, no yo —respondió Charlie metiéndose las manos en los bolsillos y apartando sus ojos de ella. Porque lo que acababa de decir dolía, Tonks podía verlo, podía sentirlo. Recordó todas las veces que le había preguntando cosas sobre Bill; si tenía novia, cuál era su sabor favorito, qué música escuchaba, qué champú usaba… comprendió por qué los ojos de Charlie se oscurecían, por qué siempre cambiaba de tema, y se sintió aún más culpable.
Idiota, era una auténtica idiota.
—Decírtelo sólo habría servido para que te alejaras de mí. Te hubieras sentido incómoda y hubieras terminado por evitarme —Tonks quiso objetar, pero no le salieron las palabras —Así que cuando conocí a Julia, decidí que no podía seguir esperando a que te fijaras en mí y que tenía que olvidarte.
Una repentina brisa agitó los guijarros de la orilla y pasó entre ellos, como la invisible marca que señalaba un antes y un después en ese atardecer de Mayo.
—¿Y lo has hecho? —se atrevió a preguntar ella.
Charlie sonrió. Pero no era una de esas sonrisas amplías y luminosas que cambian por completo su rostro, sólo era un triste e irónico bosquejo de la original.
—Creo que es evidente que no, Nymphadora.
Tonks se sintió como si le hubieran deslizado algo dulce y pegajoso por la garganta que no le permitía tragar saliva. Seguramente tenía cara de tonta y se sentía tan nerviosa que no sabía cómo actuar. Suponía que era su turno de responder algo, pero no sabía qué decir que no sonara ligeramente estúpido. Así que, guiada por un impulso se acercó a Charlie y lo abrazó con todas sus fuerzas. Él tardó unos segundos, pero finalmente le devolvió el abrazo, haciendo que se sintiera pequeña y protegida. En paz, como alguien que hubiera regresado a casa después de largos viajes.
—Estoy loca por ti —le confesó con vehemencia con la boca a la altura de una de las clavículas de Charlie —hasta sé cuántas pecas tienes en la cara.
Charlie rompió a reír, con esa risa fresca y grave que hacía tanto que ella no le escuchaba.
—¿En los brazos no? —murmuró él, inclinando el rostro hacia Tonks para mirarla con una sonrisa burlona bailándole en los labios.
—No te burles —Tonks alzó el rostro hacía él, afrentada.
—Nymphadora…
—¿Y cuántas veces tengo que decirte que no me llames Nymphadora?
—¿Cuántas pecas tengo en la cara? —replicó él.
Tonks frunció el ceño contrariada.
—Cientos —murmuró enrojeciendo. Se negaba a decirle la cifra exacta.
—Entonces tendrás que decirme que no te llame por tu nombre cientos de veces ——respondió Charlie sonriente.
Tonks entrecerró los ojos y luchó para liberarse del abrazo de Charlie. No es que tuviera intención de marcharse, pero quería darle un par de puñetazos reivindicativos. No obstante, Charlie la pilló por sorpresa besándola en la línea de la mandíbula y los forcejeos de la muchacha perdieron gran parte de su fuerza. Luego la besó varias veces en la mejilla y para cuando llegó a la boca de Tonks, ella ya había dejado de pelear.
A fin de cuentas a Tonks no le importaba tanto que la llamara Nymphadora si después hacía que se olvidara de su nombre a besos.
o0o
Tonks salió de sus recuerdos cuando el mago al que estaban vigilando apagó las luces de su casa. La lluvia caía furiosa contra el cobertizo en el que ella y su compañero se resguardaban, haciendo la guardia. El hombre que había a su lado estaba envuelto en su raída capa tratando de resguardarse del frío. Unos mechones de pelo oscuro salpicados con algún cabello gris se escapaban de la capucha que ensombrecía el rostro marcado por líneas de cansancio en torno a los ojos y a la boca. Él se movió y miró a Tonks, exhausto.
—Da la señal –dijo con su voz calma que se perdió en los sonidos de la lluvia. Tonks asintió y el lugar que su compañero había ocupado quedó vacío cuando éste se apareció. Tonks se arrebujó en su capa, apretando la varita en su mano. Pensó de nuevo en Charlie y sonrió con tristeza mientras deslizaba la yema por su varita de veinte centímetros con nervio de dragón.
Dragón. Tenía sentido. Ella y Charlie habían estado saliendo el verano de quinto y todo el sexto curso de Tonks. Luego él había acabado en Hogwarts y un contacto del Señor Weasley que le debía un favor le había ofrecido a Charlie un puesto en una reserva de dragones en Rumanía. Criar y cuidar dragones siempre había sido el sueño de Charlie. Tonks aún recordaba la noche de Julio en la que se había aparecido en el jardín trasero de su casa –con Ted y Andrómeda dentro –llevando en la mano la carta en la que le ofrecían el empleo, y tan emocionado que apenas había podido hablar. Tonks había leído la carta y se había alegrado mucho por él. Le había felicitado entre abrazos y besos, asegurándole que sería el mejor cuidador de dragones de la historia, tratando de disimular el dolor que sentía por dentro. Porque de algún modo, siempre había sabido que tarde o temprano Charlie saldría de su vida para ir tras su sueño. Nunca se le ocurrió pedirle que no se fuera a Rumanía, que se quedara con ella. Siempre le alentó y apoyó, hasta el último segundo que estuvieron juntos antes de que él se fuera.
Esa última noche juntos en el jardín trasero, mientras los Tonks dormían plácidamente, Charlie le pidió que no le esperara, que siguiera adelante y que hiciera su vida sin él. Ella no dijo nada y se aguantó las lágrimas mientras hacían el amor por primera vez. Luego Charlie se fue y Tonks no dejó de esperarle.
No lo hizo durante años, acudiendo a su encuentro cada vez que él regresaba a Inglaterra. Revisando las nuevas y las viejas quemaduras, contando las pecas de su cuerpo y besando las durezas de sus manos en esas noches atemporales, sin principio ni fin que robaban a sus vidas habituales. Hasta que poco a poco, las visitas de Charlie se fueron espaciando más y más, e incluso dejó de venir por Navidad.
Tonks sospechó que lo había hecho por el bien de los dos y no le culpó. Él tenía su vida en Rumanía, con sus dragones. Ella la suya en Inglaterra, con su familia, su trabajo y la Orden del Fénix.
Y justo cuando se dio que eso era lo mejor, había aparecido él y lo había cambiado todo. Envejecido, cansado, atormentado. Pero bueno, tan bueno, comprensivo y paciente…
Un trueno restalló en el cielo devolviéndola a la realidad. Tonks sacudió la cabeza para despejarse y alzó la varita. Apuntando al cielo, cerró los ojos y se concentró.
—¡Expecto Patronum! —gritó. Un chorro plateado salió de su varita y tomó la forma de un animal.
Ya no era un dragón, sino un lobo.
Y entonces comprendió.
—Lo siento, Charlie —murmuró.
FIN
Y hasta aquí el pescao vendido.
A algunas personas les había comentado que tal vez hiciera un tercer capítulo, pero finalmente decidí dejarlo así. Siento el retraso pero he tenido bastantes problemas con la segunda parte. Reescribí gran parte, le di mil vueltas, probé y descarté varias cosas y tuve un dilema con el final. Mi obsesión por hacer "encajar" las historias en el cannon, me pedía que acabara así el relato. Charlie en Rumanía, Tonks enamorada de Lupin. Me pareció interesante jugar con la idea del patronus de Tonks. Sabemos que en el sexto libro el patronus cambió su forma por la de un lobo pero no sabemos que forma tenía antes. Me gusta pensar que la de un dragón, por Charlie. Su primer amor. Y tal vez, Charlie nunca se casó porque no pudo hacerlo con quién él hubiera querido. (Yo me lo guiso, yo me lo como. No hay nada que nos pueda a hacer pensar que entre estos dos hubo algo, pero como escribir es tan gratis como soñar -o casi- permitidme que sea feliz creyéndolo).
Y dejándome ya de perogrulladas que es muy tarde y muchas querréis apalearme, quiero daros mil gracias por la gran acogida del fic. La verdad es que me quedé apijotada viendo que tantas personas le dieron una oportunidad a una pareja tan rara. Por mi parte, estos dos se han ganado un hueco en mi lista de parejas favoritos, me ha encantado escribir sobre ellos y creo que me he enamorado de las pecas de Charlie. Efectos secundarios que afectan a alguna ficker pirada como yo xD.
Responderé a todos los reviews, posiblemente un mes después xp pero lo haré :) si no tenéis cuenta, dejadme vuestro mail al firmar, y si lo dejáis dentro del review, que sea con espacios o ffnet lo borrará T.T
De verdad, muchisimas gracias por vuestro apoyo en este pequeño fic :) Graciaaaas!
Con cariño, Dry.
