Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: Severus Snape está preocupado porque su pequeña hija se convierta en una Gryffindor así que decide solicitar refuerzos en la persona de Draco Malfoy y su plan en dos fases. Claro que para eso tiene que enfrentar a Harry potter y su propio plan de celebraciones que incluye una apuesta que Severus no puede rechazar.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
Capítulo 5
Celebraciones
Entre el suave aroma de el mejor Earl Grey del mundo mágico, el joven sanador del Colegio Hogwart de Magia y Hechicería disfrutaba secretamente los caprichos del destino que por fin le estaba favoreciendo con la maravillosa compañía de Severus Snape.
Sin embargo ahí estaba, planeando la decoración navideña de la enfermería y compartiendo una taza de té con el testarudo profesor que continuaba amando en secreto.
Así había sido por las últimas semanas desde que empezaron compartiendo uno de sus temas en común que más disfrutaban: Josie Snape.
Cada viernes Severus disponía de una hora libre en la que dejaba de marcar exámenes y pensar nuevas formas de torturar a sus alumnos, para subir a la enfermería y sentarse en compañía de Harry a conversar mientras los niños se divertían jugando.
Cada jueves empezaba Harry a sentir una ansiedad tremenda en la boca del estómago, a penas veía a Severus recoger a Josie comenzaba a prepararse para el siguiente día, el viernes. Cada hora antes que lo acercaba a la visita del hombre se hacía más larga permitiéndole a Harry preparase para la visita del hombre que cada vez disfrutaba más porque empezaban a hablar menos de Josie y más de ellos mismos.
Siempre supe que terminaría siendo domesticado por Severus Snape, pensó Harry con una sonrisa mientras escuchaba al otro hombre enumerar las opciones de decoración navideña.
—Sólo espero que esto no sea igual al circo que organizaron, tú y el perro pulgoso que tienes por padrino, en Halloween —gruñó por gruñir Severus, hacía mucho que se había resignado a las ocasionales visitas de Black que acaparaban toda la atención.
—¡Vamos Severus! No vas a negar que el esqueleto bailarín y las calabazas cantantes fueron muy buenas ideas, a los niños les encantaron.
—Si lo que pretendían era iniciar a los pequeños en apreciar la música, debieron haber pedido ayuda a un profesional —respondió Severus sin ceder—. Mis tímpanos aún no pueden librarse de las notas agudas y fuera de armonía de esas calabazas.
—¿Sabes de música? —preguntó Harry como si estuvieran hablando de un tema tabú.
Eso tomó a Severus por sorpresa. ¿En qué momento se había decidido a confesarle uno de sus más profundos secretos a Potter? Tendría que empezar a cuidar más sus palabras o cualquiera podría pensar, erróneamente, que estaba volviéndose amigo de Potter.
—Violín y un poco de Piano —contestó después de una larga, larguísima pausa de segundos, en donde Harry se limitó a taladrarlo con sus enormes ojos verdes como si estuviera lanzándole un Legeremens.
—¿En serio? —susurró Harry como si temiera que Severus fuera a retratarse.
—¡Por su puesto! Mi padre insistió que tomara clases durante las vacaciones de verano después de que perdió contra mi madre el destino de mi educación —dijo Severus restándole importancia al asunto.
—¿Tu padre no quería que vinieras a Hogwarts? —prácticamente chilló Potter.
—Lo dices como si no conocieras los argumentos de los muggles —rebatió Severus gozando con el poder que da el conocimiento—, te recuerdo que pasaste por algo similar.
—Pero tu obtuviste clases de música y yo un viaje al fin del mundo buscando escapar de las cartas infernales de los fenómenos —se defendió Harry sin ceder a los argumentos de Severus. Hacía meses que había descubierto que el hombre sólo lo molestaba por el placer de discutir.
Por un momento Severus buscó entre los esporádicos recuerdos que tenía de las clases de Oclumancia de Harry hasta armar la travesía de un niño de once años obligado a escapar de una lluvia de cartas por un hombre tan grueso como una ballena con un ridículo bigote.
—Si, supongo que te gané —le dijo al joven sanador disfrutando del sentimiento de triunfo.
—Ja, ja, muy gracioso. Sólo falta que en verdad aprendiste y demuestres que eres un verdadero músico —lo molestó Harry sonriendo por saber que Severus había picado el anzuelo.
—Contrario a la impresión mía que te haya dejado tu padrino, debo informarte Potter que no necesito demostrar nada —intentó escapar Severus, pero Harry sabía que el hombre estaba en sus manos, era tan predecible y divertido.
—Estoy de acuerdo —dijo Harry restándole importancia al asunto—, después de todo Sirius prometió encantar unas cajas de regalo para que canten villancicos y me parece que él mismo interpretará su versión de "Santos Hipogrifos".
Ese era el último empujón que Severus necesitaba, a la mención de Sirius Black palideció y una mueca de disgusto que cruzó su rostro se volvió en una de superioridad.
—Sólo tocaría en Navidad si me garantizas que Black no dirá nada al respecto —aseguró convencido de que su astucia había superado las artimañas de Harry— pero eso es algo imposible, así que olvídalo.
—¿Es una apuesta? —preguntó Harry jalando los últimos hilos de su plan—, porque si lo es acepto.
—¿Qué?
—Acepto —afirmó Harry convencido evitando así que Severus se retractara—. Mi condición es que si logro que Sirius no hable de tu talento artístico en ningún momento, entonces tú serás... ¡Maestro de violín o piano!
—¡Eso nunca!
—Tu lo propusiste —repitió Harry disfrutando de haber enredado a Severus en su red.
De algún modo, el Maestro en Pociones se encontró incapacitado para escapar de ese compromiso, a sus ojos él mismo había propuesto esa tonta apuesta que seguramente perdería Harry porque era imposible que Sirius Black dejara pasar una oportunidad para molestarlo.
—De acuerdo, pero Black no puede faltar, no puede tener un hechizo silenciador o uno confundidor encima y no podrá hablar de eso con alguien que no haya estado presente —selló Severus sus condiciones con una sonrisa triunfal—. Y si pierdes deberás... jugar con el equipo de quidditch de Slytherin para que aprendan algunas jugadas.
Harry se permitió levantar una ceja a la audacia y astucia del hombre mayor, que había encontrado una forma de romper la regla de que los profesores no podían entrenar a los equipos de quidditch.
—Ya no eres Jefe de Casa de Slytherin —le reclamó exagerando su incredulidad.
—Siempre seré un Slytherin, Potter —dijo Severus con orgullo —. Claro que si tienes miedo de perder.
—Aunque pierda, valdrá la pena por escucharte tocando el violín —aseguró Harry extendiendo su varita para que Severus sellara la apuesta tocando la punta con la suya.
Severus intentó descubrir la trampa aquello era claro, Harry lo sintió alertando sus sentidos y escudriñándolo con la mirada buscando un atisbo de mentira, incluso debió sentirse tentado a usar Legeremancia en él, pero desistió sacando su varita y colocando punta con punta, selló la apuesta.
—Ahora, me gustaría discutir contigo si autorizas el regalo que quiero darle a Josie de Navidad —cambió la conversación Harry con una enorme sonrisa.
° ° ° ° °
Los preparativos para las fiestas decembrinas estaban en su apogeo, algo que no dejaba de ser confuso para Severus quien se debatía entre el recuerdo de sus celebraciones en familia y el escándalo que armaban los molestos mocosos a los que trataba de enseñar.
Por otra parte, estaba descubriendo el concepto que tenía Harry de la Navidad, uno que distaba mucho de lo que hubiera esperado del joven. Potter prefería hacer él mismo los conjuros para las decoraciones, hasta el momento no había comprado ni una sola vela y Severus sabía que él mismo las había fabricado aceptando las caprichosas sugerencias de los niños que miraban fascinados las velas flotantes en su "estancia" con forma de dragones, princesas y pinos.
Además Harry había instalado un pequeño buzón que tocaba una melodía distinta en las mañanas anunciando la correspondencia en su interior, motivo por el cual los niños habían comenzado a escribirse notas entre ellos y obligado a sus padres a participar con tal de escuchar fragmentos de piezas clásicas navideñas.
—¿Sigue utilizando el buzón musical? —menospreció Draco al escuchar las quejas de Severus.
Se habían citado en Hogsmaede el sábado previo a la última salida antes de vacaciones para disfrutar una charla tranquila, sin ruido y sin niños.
—No pensé que fuera de la época de la epidemia.
—Lo inventó para que los niños no perdieran contacto con sus familias —explicó Draco—, puso a los enfermos en la más estricta cuarentena que el mundo mágico haya visto, la correspondencia era vigilada y esterilizada antes de llegar o salir de la zona de cuidado. Me parece que él mismo realizaba los conjuros esterilizantes, pero no puedo asegurarlo por falta de pruebas. Por eso inventó el buzón, era una forma "divertida" de sustituir a las lechuzas entre los enfermos.
—Parece que fue una buena idea —dijo Severus recordando el brillo en los ojos de Josie el día en que Harry había instalado el buzón.
Draco pensó un momento antes de asentir ligeramente. Hablar con Draco siempre era fácil, él disfrutaba tanto de la atención que le gustaba explicar todo lo que había cambiado en su ausencia.
—¿Por qué tus niños no le escriben a Josie? —sugirió Severus recordándose su propósito de que su niña frecuentara influencia Slytherin antes de que fuera demasiado tarde al estar rodeada de tantos Gryffindor—. Ella podría escribirles también.
—¿Tan desesperado estás porque tenga amistades decentes que no sean los Weasley? —rió Draco.
—Yo me preocuparía más si fuera tú, recuerda que tus hijos son fieles seguidores de Potter.
—¡Ni siquiera lo insinúes Severus! —exclamó Draco alarmado— ¿Se nota tanto lo mucho que lo admiran?
—Casi tanto como la admiración que Josie siente por Sirius Black —murmuró Severus confiando en el joven rubio su mayor preocupación.
—Que horror, mis niños también son seguidores incondicionales de los cuentos que escribe el bruto padrino de Potter; aunque pasan demasiado tiempo conmigo para que sea muy grande su influencia.
—No cuentes con ello Draco, yo dije lo mismo después de que Black se marchó de gira y ahora que ha regresado he tenido que soportar un listado completo de sus virtudes —refunfuñó Severus disfrutando de la incomodidad en el rostro de su amigo.
—Debe haber algo que podamos hacer para evitar que nuestros hijos sean Gryffindor —dijo Draco con la seriedad que la situación ameritaba.
—Lo sé, por eso pensé que sería bueno que nuestros niños pasaran más tiempo juntos, quizás un día o dos en es "Jardín de Niños" de Potter, en "La Gran Fiesta Navideña" y el "Día de las Profesiones" —explicó Sverus confiándole a Draco su plan en dos fases para salvar a su hija de la influencia Gryffindor—, le he pedido a Kingsley que se tome un poco de tiempo para hablar con ellos sobre su trabajo.
—Darles más opciones, que conozcan otras profesiones más geniales que escritor o sanador y desmitifiquen a Potter —enumeró Draco comprendiendo el plan de Severus.
—Y además estando con Potter más tiempo dejarán de verlo como... el mayor héroe.
—Podría también aumentar su popularidad —dijo Draco evaluando los contras.
—No van a estar ahí todo el tiempo —lo tranquilizó Severus—, sólo la fiesta antes de Navidad que tiene Potter preparada, dijo que podíamos invitar a quien quisiéramos, y los días de presentaciones especiales, como el de profesiones que es cuando irá Kingsley.
—Así socializarán más mis hijos y tu niña esperará sus visitas lo suficiente para que disminuya la influencia Gryffindor. ¡Eres un genio Severus! —exclamó Draco encantado ante el prospecto de fastidiar a Weasley con su presencia— ¿Cuándo quieres que los Malfoy lleguen a salvar a la pequeña Josie?
° ° ° ° °
Fase 1: El Día de las Profesiones
Una sonrisa logró escapar a los labios de Harry pese a sus mejores intenciones de permanecer neutral. Con un suspiro sacudió ligeramente la cabeza consciente de que ni siquiera Remus lo habría descubierto porque él mismo estaba repitiendo ese gesto.
¡No era para menos! Pese a sus mejores promesas Sirius estaba acaparando de nuevo toda la atención; no es que Harry no pudiera entenderlo, después de los años en prisión y de ser fugitivo, Sirius estaba tan hambriento de afecto como él.
Pero eso no le daba derecho de robar tiempo de exposición a Bill exagerando sus aventuras.
—Sirius este es "El Día de las Profesiones", no "La Semana de las Profesiones" —decidió interrumpirlo Harry ante el alivio del resto de los adultos presentes.
¿Quién diría que Malfoy estaría dispuesto a pasar toda la mañana en el Jardín de Niños? No que le molestara, pero a él nunca le había interesado que sus hijos convivieran con otros niños de su edad, aunque no era un cambio malo, de hecho era fabuloso, Misty tenía la misma edad que el resto del grupo y al parecer, Leonard estaba demasiado interesado en aprender que no se había quejado en absoluto. Tan diferente a su padre, pensó Harry mientras obligaba a Sirius a sentarse y combatía la avalancha de recuerdos de cuando era un estudiante.
Como buen merodeador fiel a sus principios, Sirius opuso una resistencia moderada sólo por dejar en claro su reputación, se sentó al lado de Remus en una silla y se dispuso a escuchar la siguiente exposición.
Luna Finnigan tomó el lugar de Sirius sin parecer molesta en lo más mínimo, seguía teniendo esa mirada ensoñadora que la hacía verse un poco rara, pero había madurado lo suficiente para crearse su propio criterio. Conforme habían pasado los años había empezado una férrea carrera periodística que buscaba reforzar las creencias de su padre hasta que logró comprobar unas, desmitificar otras y ganarse el respeto de todos.
—El periodismo es una carrera muy importante que algunos no respetan como deberían pero que ayuda a abrir nuestras mentes sin permitir que nadie nos imponga nada, somos libres de pensar, por eso busco la verdad y la comparto desde mi punto de vista —concluyó Luna su participación en los quince minutos exactos que Harry les había pedido usaran.
Cada participación terminaba con una breve ronda de preguntas que Sirius creyó una extensión de su exposición pero que Bill, Oliver, Azalea y Luna emplearon impecablemente. Sólo faltaban Draconiss y Kingsley para que Harry pudiera contar victoria; sabía que Severus lo estaba probando, al invitar a Malfoy estaba retándolo a ser el mismo niño que discutía con el rubio, pero no le iba a dar la satisfacción de cancelar la apuesta navideña.
—Una sanadora —alcanzó a escuchar el reclamo apenas susurrado que Malfoy hizo sólo para Severus que al parecer el otro hombre nulificó con una de sus miradas.
Harry decidió ignorar el comentario y presentó a Draconiss Sébastien omitiendo que era su terapeuta, no quería darle esa información a Malfoy; Draconiss debió entender el subcontexto de la situación porque también evitó comentar ese hecho y se concentró en explicar algunas de las áreas de la Sanación que mucha gente desconoce.
—¿Entonces no sólo curan heridas? —fue la pregunta de Misty Malfoy cuando se le cedió la palabra.
—También ayudamos a que nuestros pacientes encuentran la calma en sí mismos cuando sus problemas los agobian, es como curar su alma —trató de explicar Draconiss su trabajo de terapia.
—¿Pueden curar a los locos? —preguntó después inocentemente Regan, la niña igualando la curiosidad de su madre que sólo pudo contener las risas de su marido con un ligero golpe en sus costillas.
—Podemos ayudar siempre que el paciente busque ayuda —respondió Draconiss buscando terminar el tema sin que nadie se sintiera ofendido.
Afortunadamente el término de su tiempo había llegado y Harry la guió a su asiento con una sonrisa agradecida mientras Kingsley comenzaba a explicar las maravillas de su profesión, exagerando casi tanto como Sirius pero conteniéndose lo más posible al punto de que a Harry no se le escapó el susurro de Remus a su lado diciendo:
—No puedo creer que esté compitiendo con Sirius.
Algo de lo que sólo Harry se había dado cuenta puesto que Sirius estaba tan emocionado como los niños, aportando algunos comentarios de las hazañas que compartió con Kingsley durante la guerra para que el otro hombre los explicara mejor.
Tan sólo cinco minutos más, pensó Harry para sí preguntándose que lo había motivado a iniciar ese circo. Entonces volvió la mirada a Severus Snape y lo recordó: llamar la atención del profesor de Pociones para que supiera lo responsable que podía ser manejando a más de un niño.
Ni siquiera me ha mirado como otra cosa que el "niñero de su hija" y yo sigo pensando en la posibilidad de tener un hijo suyo, se reprochó ligeramente hasta que los chillidos emocionados de los niños le recordaran que a pesar de todo, el Día de las Profesiones estaba siendo un éxito.
—¿Puedes avisarle a Dobby que tenga la mesa lista, Sirius? —le pidió Harry a su padrino antes de que él y Kingsley empezaran a relatar cosas que no dejarían dormir a los niños, o peor aún, que empezara a hablar de él y le restara importancia al invitado.
Sirius pareció conforme con la idea, se levanto y fue directo a las cocinas, donde lo había enviado Harry, creyendo que la aparición del elfo distraería a todos.
Dos suspiros de alivio fueron apenas escuchados en el alboroto, uno de Harry y el otro de Severus que veía incrementarse la popularidad de su mejor amigo hasta opacar al perro pulguiento y a Harry Potter.
° ° ° ° °
Fase 2: La Gran Fiesta Navideña
—No puedo creer que me hayas convencido de seguir con esto —se reprochó Draco a sí mismo mientras regresaba a su tamaño original su cooperación "voluntaria" a la fiesta.
—Estás ayudándome con la Fase Dos porque sabes que la Fase Uno fue un éxito ¿habías escuchado antes que alguien ignorara tanto a Potter sin contar su época escolar? —remarcó Severus guiando el enorme pastel navideño Malfoy a la mesa donde un festín estaba esperando para ser comido.
—Sigo sin entender porque Potter no le pide a los elfos de Hogwarts un banquete y nos obliga a traer algo de nuestras casas —siguió refunfuñando Draco—. Esto puede ser considerado una grosería.
—Es una forma de celebrar —intervino Hermione mientras ponía en la mesa La Ensalada Weasley, una receta que debía haber heredado de su suegra y que Severus apreciaba bastante al recordarla de la pocas ocasiones en que la había probado.
—¿Celebra explotando a tus invitados? Potter si que sabe como divertirse —dijo Draco asegurándose de que el pastel que el había traído fuera visible desde la sillita donde los niños seguían jugando.
—Es una forma de compartir lo que preferimos comer en Navidad —explicó Hermione como si estuviera hablando con sus hijos y no con Draco Malfoy—. Al principio no podíamos ponernos de acuerdo sobre quien prepararía el banquete o que llevaría, así que Harry ideó que cada quien puede traer lo que más quiera siempre y cuando sea una sólo cosa y alcance para todos.
—Muy salomónico —reconoció Severus en un bajo susurro mientras reacomodaba el espagueti favorito de Josie que había quedad en un lugar muy inestable, con riesgo de caer al suelo a causa del Pastel Malfoy.
—Gracias —susurró a su lado Harry tan cerca para que sólo él lo escuchara que sintió un escalofrío recorrer su cuerpo desde su oreja hasta su estómago y había seguido bajando si el joven de ojos verdes no se moviera para saludar a los otros dos magos presentes.
—¡Me alegra tanto que hayan venido esta vez Malfoy! —reconoció Harry alegremente mientras estudiaba el enorme pastel y liberaba el pavo relleno y la canasta de panqués que habían quedado ocultos tras él—. De haber sabido que tu colaboración sería tan espléndida te habría invitado mucho antes, aunque sé que no habrías venido.
—Pues ahora estoy aquí Potter, ¿por qué tienes alejados a los niños?
—Porque nunca has visto una fiesta navideña como esta, ven será mejor que te relajes y te diviertas un poco —lo guió Harry hasta la salita donde los niños daban vueltas cantando rondas infantiles que debían de ser muggles o inventadas por Black porque Severus no las conocía.
Su desconcierto debía de ser lo suficientemente claro para que Hermione lo empujara ligeramente al lugar donde Remus y Kingsley guiaban el canto a ritmo de sus palmas, mientras Black participaba en la ronda sosteniendo las manos de Leonard y Herbert.
Una de las reacciones secundarias que Severus no había tenido en cuenta y que eran lo que tenía a Draco molesto era que había pasado por alto que el único compañero hombre de Leonard era su padre; conocer y entablar amistad con el hijo de Ronald Weasley era lo último que hubiera esperado el hombre rubio. ¡Y para colmo! Su hija, la linda Misty estaba en el grupo liderado por la niña Weasley.
Algo en lo que Severus continuaba buscando sacar provecho.
—Y ahora… —anunció Harry siendo interrumpido por los mellizos Weasley.
—¡Regalos!
—No.
—¿Cuentos? —vociferó Black.
—¡NO! —repitió enfáticamente Harry como si fuera el final de una discusión larga y tediosa.
Espero que no quiera que toque el piano ahora, pensó Severus. La reunión estaba empezando y no tenía interés en ser molestado antes de comer.
—¡Vamos a jugar por "Las Copas de las Casas"! —anunció rápidamente Harry antes de arriesgarse a ser interrumpido de nuevo.
El chillido alegre de los niños opacó el gruñido que Draco estaba lanzando, mientras sus ojos se endurecían hasta convertirse en dos dagas de hielo que buscaban destrozar a Harry por pretender condicionar a sus hijos antes de que fueran alumnos de Hogwarts.
Justo cuando estaba cerca de Harry para gritarle como era debido, el joven sanador volteó y lo nombró capitán de Slytherin, a Hermione de Gryffindor, a Kingsley de Ravenclaw y a Remus de Hufflepuff, después pasó un recipiente redondeo de vidrio con pelotitas de los colores de las casas entre los niños y el resto de los adultos, pidiéndoles que cerraran los ojos antes de sacar una de las pelotas.
Al final los equipos fueron lo menos esperado:
Slytherin tenía a Josie y a Misty. Gryffindor a Severus y Harry. Ravenclaw había reclutado a Leonard y Herbert; y Hufflepuff estaba conformado por Black y Ronald.
En medio de la alfombra redonda apareció Dobby, el elfo doméstico, con toda la seriedad que su cargo como réferi exigía. Esa fue toda la seriedad que tuvo el disparate siguiente.
A continuación, empezaron a sucederse varias pruebas que mantenían a los equipos luchando desesperadamente por conseguir puntos para sus "Casas" de manera individual: adivinar gestos, resolver acertijos; brincar la cuerda, desatar nudos y bailar en el techo por más tiempo de cabeza; pasar por un laberinto de un metro y medio que apareció en la alfombra, armar rompecabezas y descifrar pistas; arrullar a un dragón de peluche para que durmiera y responder con un sí a varias preguntas tontas.
Al final todos estaban tirados en la alfombra riendo de Harry que estaba derrotando a su mejor amigo afirmando que tenía tres cabezas, cola de dragón y alas de lechuza y que sí sabía cantar el himno nacional con burbujas de jabón, además de confesar que sí había preparado poción multijugos cuando era niños.
—¡No puedo más! —balbuceó Black sin aliento— ¡Tú ganas!
—¡Espera! Tengo una más —intervino Ronald— ¿Estás enamorado Harry?
Sin hacerse esperar, llegó la respuesta de labios de Potter mientras mantenía sus ojos fijos en él, en Severus Snape, cuyo espíritu competitivo había ayudado a no dejarse vencer fácilmente por los otros equipos.
—Si —dijo con una sonrisa que a Severus le pareció coqueta, descarada y que le envió un nuevo escalofrío por todo el cuerpo.
Las risas se reanudaron con mayor fuerza, mientras Dobby consultaba su lista y hacía el recuento de puntos declarando ganador al equipo de Slytherin, lo que ocasionó que todos los niños corrieran al lado de Josie y Misty y saltaran con ellas y con Draco de gusto mientras Dobby les entregaba "Las Copas de las Casas", tres copas de vidrio irrompible y transparente que dejaba ver claramente su contenido: las deliciosas novedades de Honeydukes.
—¡Arrgggggg! —gruñó Black— ¡Otro año que gana Slytherin! —se quejó intentando ser escuchado sólo por Harry, aunque a Severus no se le escapó ni una palabra y se permitió sonreír.
Cerca de él, Harry contestó con otra sonrisa y a Severus le pareció maravillosa.
° ° ° ° °
Malfoy estaba sonriendo como si hubiera ganado la Copa de Quidditch, no era sólo que después de todos esos años por fin lo había vencido, sino que además lo había hecho en compañía de su hija. Harry sonrió complacido, su propio juego inventado para pasar la Navidad en la Madriguera acababa de reforzar su eficacia.
Agotados, pero felices, invitó a todos a pasar a la mesa que rebosaba de delicias. Los niños saltaron encantados diciéndoles a sus amigos cuales eran sus platillos favoritos y lo que debían de probar primero.
Incluso Malfoy se permitió compartir con Hermione algunas palabras al explicarle que el enorme pastel que había traído era una receta ancestral de su familia y Hermione se atrevió a pedirle la primera rebanada mientras le entregaba una palita para que sirviera el pastel, algo que el príncipe de Slytherin no debía haber esperado, seguramente acostumbrado a que todo le fuera servido. Después de la sorpresa inicial, Malfoy cortó cuidadosamente el pastel y empezó a repartirlo imitando a los otros adultos que llenaban los platos de los pequeños con lo que fuera que les pedían.
Pronto la algarabía derivo en una amigable charla.
—Debo darte crédito —le dijo Severus sentándose a su lado con un plato lleno de manjares entre los que estaba el pavo que Harry había cocinado—. Nunca creí que Draco estaría divirtiéndose realmente.
Malfoy había dejado de servir pastel, ensalada y papas horneadas a todo el que se lo pedía para concentrarse en el espagueti y sentarse con sus hijos.
—No es difícil; ser padre te cambia de niño consentido a hombre responsable —comentó Harry después de darle un sorbo al ponche de frutas que Remus había traído.
—De cualquier modo ha sido una agradable reunión —concedió Severus y a Harry le pareció que estaba evitando decir "ser padre te cambia de cretino profesor a hombre amigable".
—Ni creas que te vas a salvar —dijo Harry sonriendo peligrosamente al punto de parecer un enorme gato—. Todavía tienes que tocar el piano cuando entreguemos los regalos.
—No tengo miedo Potter —repitió Severus intentando convencerse a sí mismo.
Harry le sonrió de nuevo y convocó al evento central.
¡Abrir los regalos!
Al instante los cinco niños se levantaron y jalando a sus padres de la túnica regresaron a su estancia, su lugar favorito visiblemente, y juntos se sentaron en la alfombra circular esperando porque los regalos aparecieran en cualquier momento.
Los adultos no eran ajenos a esa expectativa, Sirius miraba ansioso los adornos flotantes del techo y Malfoy no apartaba su mirada de las palomitas que, simulando nieve, estaban en el pie del pequeño pino.
Harry decidió que ya había hecho esperar demasiado a sus invitados y con una discreta floritura de varita materializó el primer regalo en el buzón mágico que empezó a tocar un fragmento de Adeste fideles. Todos los niños casi palidecieron y abrieron sus ojos desmesuradamente sin atreverse a mover ni un músculo.
—Malfoy, como líder de la Casa ganadora de este año, tienes que entregar el regalo a su dueño —informó Harry disfrutando de la sorpresa en el rostro de su antiguo enemigo.
El hombre rubio se levantó, abrió el buzón y sacó una caja cuadrada envuelta en papel morado de estrellas metálicas adornado por un moño con forma de paloma.
—Regan —leyó Malfoy la etiqueta.
La pequeña se levantó de un salto, agradeció cortésmente a Malfoy y se sentó de nuevo en la alfombra ante la mirada atenta de los demás niños que esperaban averiguar el contenido de la caja, pero sin poder especular demasiado porque el buzón estaba cantando Jingle Bells acaparando de nuevo la atención.
Malfoy cumplió dignamente su encomienda. Entregó la caja con forma de panal a Misty y la piramidal a Herbert, le costó un poco de trabajo sacar la caja rectangular de Josie, pero ya tenía bien medido el buzón cuando sacó el paquete con forma de estrella para Leonard.
Hasta el momento ningún niño había abierto ningún regalo siguiendo el ejemplo de los mellizos Weasley que esperaban, según la costumbre, a que todos los adultos tuvieran su propio regalo que seguían saliendo del buzón musical y que Malfoy continuaba entregando.
Una cajita con forma de salero para Hermione, una conforma de huevo para Ron, una como media luna para Kingsley y una caja como un enorme dodecaedro para Remus y una idéntica a una tetera para Malfoy que hizo sonreír a Sirius aunque su sonrisa disminuyó al recibir un paquete tan plano que sólo podía contener una hoja de papel.
Para cuando Severus recibió su caja con forma de ave y Harry su paquete con forma de botella, los niños no dejaban de sacudir sus obsequios intentando adivinar el contenido; por eso Harry llamó de nuevo la atención de todos invitando a desgarrar las envolturas.
Entonces la estancia se llenó de una sinfonía de papel y lazos que dejaban al descubierto los regalos prometidos: un complicado rompecabezas tangram para Herbert, un rompecabezas en tercera dimensión de Hogwarts para Misty, un caleidoscopio mágico para Leonard que proyectaba el cielo nocturno y señalaba las principales constelaciones y un mapa para armar para Reagan que mostraba los poblados mágicos y venía acompañado por cientos de figuritas, brujas y magos en sus escobas y sus varitas.
Hermione le dedicó a Harry una de sus bellas sonrisas cuando descubrió dentro de su salero un anillo que al frotarlo cambiaba de color; Remus agradeció la caja multiusos con doce puertitas donde cabía hasta un gryndilow, Kingsley por su parte estaba encantado con el juego de pociones y estantero lunar que había recibido mientras Ron no dejaba de abrir y cerrar el huevo dorado imitación exacta del de la Segunda Prueba que se desplegaba para jugar ajedrez.
Los tres Malfoy estaban en su propio mundo intentado capturar la snitch dorada que había salido de la tetera de Draco y que cambiaba de color y tamaño a capricho para hacer más difícil su captura, un juego en el que Sirius estaba participando en su forma canina para distraerse de la sorpresa de ver un fotografía de sí mismo con James y sus padres, justo después de haberse mudado con ellos.
Era justo lo que había esperado Harry, la algarabía no tenía igual, después de todo él mismo se había prohibido entregar obsequios personales a los niños buscando que aprendieran a diferencia a un profesor de un amigo, pero en su fiesta Navideña se permitía entregar esos regalos anónimos que deleitaban a los pequeños.
—Cada quien tiene el regalo perfecto —murmuró Severus después de aprobar el gato azul atigrado que Josie cargaba entre sus brazos.
—¿Te gustó el anillo? —preguntó Harry inseguro de haber acertado—. Cuando lo frotas toca una melodía distinta, tiene varias.
—No debiste molestarte —murmuró Severus.
—No fue ninguna, siempre es un placer obsequiarle algo a la gente que estimo.
—¿Incluso a Draco? —lo molestó Severus.
—Él y yo tenemos nuestra historia —concedió Harry—, y eso mismo le ha dado el derecho de ganarse un regalo —agregó de manera emblemática.
—¿Qué te regalaste? —preguntó Severus sin saber por qué.
—Una botella de la mejor cerveza de mantequilla respondió Harry muy cerca del otro hombre, tanto que podía percibir su aroma a hierbas.
—Que predecible Potter —bromeó Severus.
—Están bajo el muérdago —susurró Remus junto a ellos tomándolos por sorpresa y alejándose antes de que cualquiera de ellos pudiera preguntarle de dónde había salido el muérdago y lo más importante ¿cómo era que estaban bajo él?
Salvo Remus, nadie más se había dado cuenta de que ellos estaban apartados, en una esquina semioculta entre las sombras bajo el muérdago.
Harry no tenía idea de que hacer y que no, cualquier cosa podría arruinar la confianza que por fin había ganado y sin embargo deseaba tanto poder besarlo. Afortunadamente fue Severus quien tomó la decisión, tomó su barbilla con una mano para obligarlo a levantar el rostro y lentamente, le besó en mejilla izquierda.
Apenas fue un suave toque, nada pasional, sólo un delicado toque de sus labios en su mejilla, pero para Harry fue el mejor regalo de Navidad.
—¿No cree profesor Snape que ha llegado el momento de deleitarnos con su música? —dijo en un susurro.
Y Severus Snape, temible profesor de pociones, lo soltó con la misma lentitud para dirigirse al piano de pared que Harry había dejado y que lo esperaba con sus relucientes teclas blancas para cortar las voces con la más bella música que Harry había escuchado en su vida.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: Hola de nuevo, espero que hayan disfrutado de este capítulo en donde ya pueden ver los inicios del romance entre Severus y Harry.
A propósito 20 puntos para quien descubra de que libro es referencia la cita que hace Harry señalada con este símbolo. ¡Ah! y agreguen el nombre de la casa para la que quieren esos puntos, Slytherin o Gryffindor porque así determinaré al ganador del encuentro de quidditch, entre más votos mejor puntaje.
