Pequeños Milagros

Autor: Quetzalli

Resumen: Severus descubre la verdad detrás del accidente de su hija y su mascota mientras Remus corre contra el tiempo para intentar solucionar todo antes de que sea demasiado tarde para el gran romance de su cachorro.

Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley

Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.

N/A: Confieso que para este fic soy de la opinión de que lo que empieza bien acaba bien, va a ser difícil, pero les garantizo que todo terminará fabulosamente bien .

Capítulo 8
Buscando la verdad

Severus parpadeó un par de veces al entrar a la habitación, no esperaba que estuviese tan iluminada y eso lo obligó a retroceder instintivamente. Un mujer delgada lo invitó a acercarse más con un gesto así que Severus hizo acopio de todo el valor que podía reunir en ese momento y se acercó.

Había tanto movimiento del otro lado de la cortinilla que temió haber pecado de insistente, quizás debía seguir esperando por las noticias como todos los demás, pero... sentía ese deseo irrefrenable por estar ahí, saber que sucedía.

—Sujete esto —dijo la mujer delgada. Usualmente Severus analizaba al resto de las personas, si quería podía archivar la imagen de quien se cruzara en su camino con un vistazo, pero ahora en lo único que podía pensar era en que si esa mujer no trajera puesta su cofia debería tener el cabello rubio a juzgar por el color de sus pestañas.

Sus manos no temblaron, nunca temblaban, el sólo pensamiento de que temblaran las manos de un Maestro en Pociones era ridículo, por eso no temblaron porque el resto de Severus insistía en un molesto vaivén.

Y no era para menos, la visión de su hija, pequeñita y con el rostro demasiado rojo e hinchado, los ojos cerrados y los pequeños puños amoratados. Era tan perfecta.

—Ahora corte —llegó hasta él la voz lejana de la mujer rubia y Severus cortó.

—Ustedes pidieron conservar el cordón umbilical para conservación de las células madre —siguió sonando la voz de la rubia sobre el lloriqueo de la bebé—. ¿Tiene el registro del banco en el que se guardará?

—Lo llevaremos nosotros mismos —logró articular Severus sin olvidar lo importante que era conservar ese cordón para todos los hijos de magos y sobre todo para los de su familia. Era una suerte que ahora los muggles preguntaran y no ya no tuvieran que evitar que se los quitaran.

La habitación había dejado de ser tan brillante, no había nada que lograra opacar el resplandor de su bebita que había dejado de llorar y empezaba a gorjear, como si reconociera a su padre, algo no muy difícil para una pequeña brujita.

Más movimiento del otro lado de la cortinilla y la bruja rubia invitándolo a cargar a la bebé para poder hacer la presentación formal ante su madre. Entonces él traicionando todos sus principios y sonriendo como ¡Albus Dumbledore! Debió de haber cegado por lo menos al médico tratante con el brillo de sus ojos ¡cómo si los ojos de Severus Snape tuvieran permiso de brillar de ese modo!

Pero nada de eso importaba frente al rostro agotado pero sonriente de Jodie que a pesar del sudor en su frente estaba preciosa.

—Tenías razón, fue una niña —musitó ella muy bajo a causa del agotamiento, pero feliz de tener a su hija entre sus brazos.

—Y será igual a ti.

—Mejor que se parezca físicamente a ti y tenga mi carácter.

—¿Acaso quieres arruinar la vida de nuestra hija? Si tiene mi nariz nos odiará de por vida.

—Entonces que se parezca a tu madre, era muy guapa ¿recuerdas?

—Si, aún me pregunto cómo pudo elegir a mi padre.

—Ya sabes lo que dicen sobre los hombres con narices grandes —ronroneó Jodie besando la punta de la nariz de Severus.

—No puedo negar mi atractivo —dijo Severus dando un breve beso a su espeso.

La bebé se revolvió inquieta en el regazo de su madre y Severus pasó una manos sobre su pequeña cabeza, eso la calmó de inmediato y la invitó a abrir sus ojos, tan negros como los de su padre.

Y ahora todo lo que quería Severus era ver esos hermosos ojos brillando con una sonrisa una vez más, sin lágrimas que les impidieran ver el mundo en todo su esplendor.

—Tranquila bebé —la consoló en medio del pasillo, rodeado por inútiles y curiosos niños que semejaban una corte, con sus miradas acusadoras.

—Retírense a sus salones —escuchó lejana la voz de Hermione—. ¿Qué ha sucedido?

Los niños se alejaron muy lento, mirando hacia atrás al caminar y Severus tuvo que resistir el impulso de convertirlos en estatuas de sal o de reír por lo absurdo de la situación.

—¡Por las pléyades! ¿Está todo bien? —llegó Remus, la voz entrecortada, el cabello revuelto y la túnica entreabierta ¿pero quién pensaba en esos detalles con una pequeña niña llorando sobre su pecho?

—¿Cómo quieres que todo esté bien si acabo de evitar que Josie caiga por la escalera?

—¿Qué? ¿Y Harry? —tartamudeó Remus como un verdadero imbécil.

—No tengo idea —reconoció Severus en un suspiro apagado—. Se acaba de marchar yo...

Remus palideció y un leve indicio en el aire flotó entre ellos, el destello de una alteración mágica del otro hombre lo suficientemente fuerte que llegó hasta él como si fuera suya su desesperanza.

—Dime que no lo agrediste —suplicó Remus con los puños apretados y la mirada ligeramente perdida, lucía justo como Severus se sentía.

—No fue mi intención... —reconoció Severus con algo que era sin lugar a dudas vergüenza—, estaba tan asustado cuando Josie cayó que... sólo quería que mi hija estuviera a salvo...

Remus cabeceó un tímido asentimiento de comprensión y ese sólo gesto fue mucho más doloroso que un reclamo para Severus.

—Entiendo —dijo antes de dar la vuelta por el mismo camino por el que se había marchado Harry.

Una mano se apoyó en el hombro de Severus desviando su atención de la silueta del hombre lobo, sólo entonces Severus recordó a Hermione.

—Harry no es rencoroso y te conoce, él entenderá que hablaste en medio de una crisis así que dudo mucho que te culpe —dijo ella con una triste sonrisa forzada—. Será mejor que llevemos a Josie a la enfermería para que la revisen.

El llanto que embargaba a la niña había cesado y ahora sólo hipaba a intervalos irregulares sobre el hombro de Severus quien apenas era consciente de que seguía a Hermione por la traicionera escalera que casi mata a Josie. Al llegar a lo alto de la escalera se encontró con la más extraña e inusual visión: Regina se golpeaba la cabeza con el muro mientras sostenía con fuerza a Spark que intentaba escapar de la anciana elfa.

—Pero Regina... no tienes que castigarte por un accidente del que no eres culpable —dijo Hermione de inmediato, arrojándose a los pies de Regina para abrazar su cabeza y evitar que continuara golpeándose.

—¡SI LO SOY! —chilló Regina con la misma intensidad que Josie cuando hacía una rabieta—. Por mi culpa la señorita salió corriendo y se cayó...

—¡Basta Regina! —ordenó Severus descubriendo que su voz de "Snape" surgía con una facilidad asombrosa en medio de las crisis—. Iremos a la enfermería y nos explicarás todo.

Aún así lo más increíble de todo fue que Hermione no protestó.

° ° ° ° °

—¡Cariño, espera!

Remus detuvo su carrera a las habitaciones de Harry para permitirle a Kingsley lo alcanzara.

—¿Por qué la prisa? —jadeó su esposo sujetándose el pecho con una mano mientras recuperaba el control de su respiración.

—Tengo que hablar con Harry antes de que tome una decisión que lamentará —explicó Remus reanudando su marcha pero sin tanta velocidad para permitirle a Kingsley que caminara a su lado.

—¿Rechazó a Severus? —esas tres palabras lograron que Remus se detuviera de nuevo.

—¿Qué?

—¡Vamos! Tu sabes cuánto lo ama Severus, ha estado preparándose para dar el siguiente paso por semanas —dijo Kingsley como si fuera lo más obvio.

Remus maldijo por lo bajo apresurando el paso hasta llegar a la puerta de Harry que atacó con certeros golpes mientras llamaba al que consideraba un hijo.

—¡Harry necesitamos hablar de inmediato! No sé que fue lo que Severus te dijo pero debes aclararlo antes de cometer un error del que luego te arrepientas. ¡HARRY!

Remus siguió golpeando hasta que una mano se cerró sobre su brazo obligándolo a detenerse, volvió la mirada para encontrarse con el rostro preocupado del hombre que amaba.

—¿Qué ha sucedido?

—Josie cayó por el hueco de una escalera móvil, creo que Severus culpó a Harry en su desesperación y él... Harry se ha ido Kingsley... —sollozo Remus comprendiendo que su cachorro había dejado Hogwarts.

—Sigámoslo —se apresuró a decir Kingsley—, debe estar en su casa, sólo tenemos que aparecer y aclarar este embrollo antes de que ese par de testarudos acaben con el mejor romance después del nuestro.

—Te amo —susurró Remus en los labios de Kingsley antes de correr al punto de aparición más cercano.

° ° ° ° °

Romina Larson giró sobre sus propios pasos una vez más insegura de seguir al sanador Potter en su búsqueda de la pequeña niña o seguir sus órdenes y esperar en la enfermería. Molesta consigo misma por no poder controlarse se encaminó a la alacena donde varios frasquitos de vidrio llenos de pociones la llamaban, en particular uno: la poción pimienta.

Por unos momentos Romina jugueteó con el pensamiento de acercarse a la alacena, abrir la puerta de vidrio y tomar el frasquito, después diluiría cinco gotas en medio vaso de agua y en un trago recuperaría el control de sus emociones como había sucedido tantas veces antes. ¿Quién pensaría que ese remedio usual para los resfriados era tan buen calmante? Y lo mejor era que al estar tan diluido no corría con la vergüenza de ir por los pasillos con humo saliendo de sus orejas.

Era tan fácil.

Y Potter aún no regresaba.

Sin poder controlarse más sacó el frasquito de la alacena y con el usual cuidado que precede al alivio contó las gotas que se fundieron de inmediato en el agua sin dejar evidencia de su paso.

Tan, tan fácil.

—Harry necesitamos hablar —dijo una varonil voz de bajo desde la puerta de la enfermería obligando a Romina a bajar el vaso que estaba a punto de llevarse a los labios y dejarlo sobre la mesita de la cama más cercana.

—Él no... no ha regresado —tartamudeó como una estúpida ante la imponente figura del profesor Snape. ¡Merlín cómo había cambiado el hombre desde que ella fuera su alumna! Su piel había dejado atrás su tono cetrino y su cabello ya no caía sobre su cara a causa del exceso de grasa, ahora una elegante coleta permitía que resaltaran sus expresivos ojos en un rostro ligeramente bronceado.

—¿Cómo que no ha regresado? —preguntó una bruja que a Romina le pareció conocida y que sin lugar a dudas era sucesora de McGonagall a juzgar por la autoridad con que hablaba. Instintivamente Romina retrocedió unos pasos de esa mujer y el profesor Snape debió entender en su gesto la invitación para que recostara a la niña que traía en brazos en la cama cercana.

—Así que ya regresaste —intentó sonreír para demostrar que no era una novata recién egresada de San Mungo, sino una profesional con cuatro años de práctica—. No debiste salir corriendo así, nos preocupaste demasiado.

Por el rabillo del ojo Romina alcanzó a ver a la anciana elfa todavía cargando al gato, tenía varios araños en la cara y las manos pero seguía aferrando al animal con fuerza. Aquello era una locura y Romina lamentó no haber bebido el vaso con su precioso contenido antes de que el pandemonio se desatara en la enfermería.

—¿Qué sucedió aquí? —demandó Snape y Romina tuvo que contenerse de tartamudear su respuesta, ¿cómo podía seguir intimidada por un hombre que había sido su profesor ocho años antes.

—Es mi culpa, es mi culpa —sollozó la elfa meciendo al gato que parecía haberse resignado a su suerte.

—El sanador Potter revisó al gato y le dio una... noticia inesperada a... ¿Josie? —dijo ligeramente insegura Romina, recordando el énfasis que ponía Harry en que recordara siempre los nombres de los niños e intentando hacer más sutil la explicación—, la elfa y ella ser alteraron mucho y... discutieron brevemente con el sanador sobre el animal antes de que la elfa tomara al gato y dijera que debía... operarse para no contrariar los deseos de su amo. Entonces Josie sujetó al gato y salió corriendo seguida por la elfa y el sanador.

—Es mi culpa, es mi culpa —repetía la elfa mientras la niña reanudaba su llanto mientras gemía el nombre del pobre animal.

Snape dio la vuelta y encaró a la criatura, con un gesto le pidió al gato y cuando lo tuvo se lo entregó a su hija que comenzó a mimarlo de inmediato.

—Confío en que no sea una enfermedad mortal y contagiosa para una niña —dijo volviendo su atención hacia Romina.

—El gato no está enfermo —logró decir ella mirando con impotencia a Snape tomar el vaso con su preciosa poción y ponerlo en las manos de su hija que lo bebió de inmediato.

—¿Por qué querían operarlo? —preguntó la bruja y Romina reconoció en su tono autoritario a Hermione Granger.

—Pues porque... está embarazado —dijo recordando el diagnóstico.

—Eso es ridículo este es un gato macho, claramente le dije a Potter que sólo aceptaría un gato macho en mi familia —gruñó Snape haciéndose más aterrador a cada segundo.

La niña volvió a llorar mientras abrazaba al animal con fuerza y la elfa comenzó a repetir que había intentado cumplir los deseos de su amo sacrificando a los futuros gatitos pero que la niña lo había impedido.

—No puedo creer que Potter me haya engañado con una gata —resaltó la voz de Snape sobre el barullo que surgió en la enfermería—. Confié en él.

—Es que si es un gato macho —explicó Romina aún asombrada por el descubrimiento que ella misma había verificado— y si está embarazado.

—Es mi culpa —repitió por milésima vez la elfa con la voz quebrada por el llanto—, yo dije que los gatitos debían morir antes de nacer y la niña se alteró tanto que lo tomó y salió corriendo, yo la seguí y cuando la alcancé intenté quitarle al animal... pero ella jaló con fuerza y se cayó y... yo no pude hacer nada... ni el sanador llegó a tiempo y si no fuera por usted...

—Tranquila Regina, no estoy molesto contigo —murmuró Snape mientras pasaba una mano sobre el pelaje del gato—. Ni estoy enojado con Spark o contigo Josie, seguramente Harry se equivocó en su diagnóstico, el es especialista en niños, no en gatos.

—¡HARRY DIJO QUE ERA UN MILAGRO! —gritó Josie—. Y también dijo que Spark es muy especial y valioso.

—Pero eso es absurdo, sólo magos con ayuda de pociones y complicados hechizos pueden concebir —definitivamente era Granger pensó Romina conteniéndose de rodar los ojos, llena de datos e información apenas útil—. Aunque se sabe que hay algunos animales como sapos e insectos que pueden cambiar de sexo para que no muera la especie.

—Los gatos no están en peligro de extinción —gruñó Snape tomando al pobre animal de los brazos de su hija y levantándole la cola sin mayor cuidado comprobó que en efecto era un gato macho—. De cualquier modo ¿cómo sabe Potter que está embarazado?

—Pues es un proceso muy sencillo —repitió Romina la lección que sabía de memoria realizando el mismo patrón de hechizos que Potter había usado antes—, ante cualquier nuevo caso se recomienda un conjuro de diagnóstico básico que incluye huesos, musculatura y sangre. Si alguno de estos elementos indica positivo se realiza otro conjuro específico para la alteración detectada, en el caso de gato el sanador Potter realizó el diagnóstico completo de sangre después de que el básico no fuera suficiente y el animal reveló positivo en embarazo ¿lo ven?

Por unos momentos los sollozos de la niña fueron el único sonido en la enfermería, aunque eran menores, probablemente a causa de la poción que acababa de ingerir.

—Harry dijo que era un milagro —repitió la pequeña.

—O el resultado de un complicado conjuro —musitó Granger, como siempre buscando solución a todo lo que le rodeaba— ¿no se supone que no hay gatos atigrados azules macho?

Snape debió estar a punto de lanzar un comentario hiriente cuando la niña comenzó a balancearse ligeramente con los ojos entrecerrados y las mejillas ligeramente coloreadas haciendo que volcara su atención de nuevo a ella.

Y entonces Romina recordó el precepto número quince de sanación básica instaurado después de la última gran pandemia mágica de todos los tiempos:

NO ADMINISTRAR POCIÓN PIMIENTA SIN UN ANÁLISIS PREVIO DE TOXICIDAD.

Claro que cinco gotas no pueden hacerle daño a nadie, se dijo Romina esperando lo mejor.

° ° ° ° °

Al oeste de Escocia, en el estuario llamado Firth de Clyde se levanta entre imponentes y escarpadas rompientes la isla montañosa de Arran, un pequeño paraíso terrestre con bellas cañadas y pintorescas cascadas que año con año atraen a turistas y geólogos muggles lo que aleja a magos y brujas por igual, el mejor motivo por el que Harry Potter se mudara a la región.
Para el muggle común, los mayores atractivos son un castillo en ruinas al norte de la isla y unas cuevas al suroeste en las que se cree se refugió de los ingleses, en 1307, el libertador de Escocia, Roberto I Bruce. Si los magos supieran la ubicación de Fénix Song seguramente harían fila por un vistazo de la casa de campo que era el refugio de Harry Potter, salvador del mundo mágico.

Afortunadamente Remus y Kingsley conocían de sobra la casita ubicada a unos pasos de una pequeña cañada, desde donde era visible la caída de una preciosa cascada que Harry llamaba Baby's Herat, por lo que pudieron aparecer con facilidad a treinta metros de la casa, en la vereda que comunicaba con el pueblo más cercano a un par de kilómetros.

—¿Es necesario seguir con la cortesía de regla? —se quejó Kingsley contemplando la distancia que tendría que cubrir a toda prisa con seguridad—. Dudo que Harry se moleste contigo si apareces frente a su puerta.

—Harry ya debe estar demasiado alterado —dijo Remus restándole importancia e iniciando la marcha hacia Fénix Song— si no le damos tiempo de reconocernos puede maldecirnos sin mayores miramientos.

Kingsley suspiró su acuerdo siguiendo a su esposo con mayor resignación que convicción esperando que Harry no estuviera demasiado alterado como para evitar reconocerlos a pesar de la distancia.

Cuando llegó a la casa comprendió que Harry ni siquiera estaba al tanto de que tenía visitas.

Remus soltó varias coloridas maldiciones que reservaba para ocasiones especiales que calificaban como desesperadas mientras contemplaban desde la ventana el caos que reinaba dentro de la casa.

—Creo que está más que alterado —susurró Remus casi con temor— ¿habías visto algo como esto antes?

—En una pesadilla cuando Voldemort estaba en su apogeo pero nada en la vida real —reconoció Kingsley ante los muebles flotando en el cielo estrellado que no parecía tener fin.

Remus dio un respiro profundo armándose de valor para llamar a la puerta.

No hubo respuesta.

Kingsley realizó un chequeo de rutina para conocer la cantidad de magia desplegada en el lugar pero fue inútil porque la escala no cubría el nivel de Harry, cerró los ojos unos segundos considerando el mejor modo de explicárselo a Remus cuando vio a su esposo salir disparado de la puerta hasta chocar con el joven roble cercano que hubiera roto con su peso pero que se salvó porque Remus chocó contra una fuerza invisible que parecía proteger el delgado tronco.

—Regresemos a Hogwarts, necesitamos a Sirius y si no me equivoco él regresa hoy —refunfuñó el hombre lobo levantándose con dificultad.

—Sólo espero que lo encontremos antes de que se entere y quiera matar a Severus.

° ° ° ° °

Después de la impresión inicial, Severus decidió que Saprk podía tener sus gatitos antes de ser esterilizado, algo que llenó de gozo a Josie quien se abrazó de su cuello mientras bajaban a sus habitaciones, dificultando un poco la labor a su padre peor la pequeña no quería separarse del valioso minino.

Una vez que dejó a Josie en su cama con el gato acurrucado a sus pies, decidió que era el momento de encarar la crisis nerviosa de Regina. La diminuta elfa no dejaba de torcerse las orejas con pesar repitiendo constantemente lo arrepentida que estaba de haber puesto la vida de la señorita en peligro.

—Regina fue un accidente, nadie te culpa por la caída de Josie —dijo Severus con la misma calma que usaba con su hija—, lo único que debes hacer es disculparte con ella por querer deshacerte de los gatitos, pero no te preocupes, ya le expliqué que tu intención no era hacerles mal sino proteger mis intereses.

El discurso debió repetirse un par de veces más antes de que Regina dejara de lastimarse y con lágrimas rodando por su nariz puntiaguda prometió enmendar su error a primera hora de la mañana pidiendo una disculpa formal a la señorita y su dignísimo y muy valioso felino.

—El sanador Potter lo perdonará después de que yo le explique todo —musitó Regina dirigiéndose a su cama—, él entenderá.

—No estoy tan seguro —dijo Severus en la soledad de la estancia.

A sus pies yacía la olvidada carta de la doctora Sebástien, la mesa todavía estaba adornada para una cena familiar que ya no se llevaría a cabo y en su bolsillo pesaba como una tonelada la cajita negra forrada de terciopelo con el anillo de la familia Snape en su interior.

Golpes fuertes y decididos alejaron a Severus de su miseria, a punto de dar la vuelta para ignorar a quien quiera que osara molestarlo el reloj familiar tintineó las ocho de la noche, la hora pactada para la cena.

Con una ansiedad que no había sentido antes corrió hacia la puerta que abrió sin pensar llamando:

—¡Harry!

Para encontrarse con el rostro desenfadado de Sirius Black.

—Ya sabía yo que si me querías Snape y para que veas que también te aprecio te entrego mi aportación personal a esta cena —y mientras hablaba, Black depositó en sus manos una fina botella de firewiskey que debía costar una fortuna, aunque no tanto como Spark.

—Veo que soy el primero en llegar, ¿ya acostaste a Josie? Deduzco que esta será una cena seria entonces —parloteó Black con picardía—. Y aprovechando que Harry aún no llega, te recuerdo que soy su padrino y sería un gran detalle que me pidieras su mano, sólo como formalidad.

—¿Qué? —alcanzó a preguntar Severus todavía sosteniendo la puerta como si esperara que Harry entrara siguiendo a su perro padrino con una sonrisa.

—¿No vas a pedirle matrimonio aún? —preguntó Black desilusionado—, pensé que ya te habías decidido, como has estado preguntando tanto por él y han salido juntos varias veces...

—¿Estás de acuerdo con que me case con Harry? —exclamó atónito Severus.

—No eres mi primera, ni mi segunda y mucho menos mi tercera opción para él, pero Harry te ama, lo sé bien y quiero que él sea feliz, se lo merece —dijo Sirius conteniendo un sentimiento indescifrable en su voz que cambió de inmediato con su siguiente declaración—. Pero si lo haces sufrir aunque sea un poco te mataré.

—¡SIRIUS NO LO MATES! —llegó hasta ellos con fuerza la voz de Remus.

Y eso fue todo lo que necesitó Black para apartar su buen humor y sus mejores intenciones, en un segundo se oscureció su rostro como el de un perro rabioso al comprender en la figura agitada de su mejor amigo la preocupación que ambos compartían por su cachorro.

—¿Cómo te atreviste a lastimar a Harry? —ladró Black como el perro que era.

—Fue un terrible malentendido —musitó Severus, dejando la puerta abierta para que Lupin y Kingsley pudieran entrar mientras él se hundía en su sillón favorito y en su propia miseria.

° ° ° ° °

Continuará

N/A: ¡Hola! Como pudieron leer en este capítulo pasaron muchas cosas que son de gran importancia para el futuro de este fic que va a dejar temporalmente la melcocha y va a ingresar en terrenos un poco dramáticos con tal de hacerles la vida imposible a sus personajes para que tengan un gran final feliz ¡me encantan los finales felices! Nos leemos pronto y no dejen de criticar, comentar o lo que quieran porque así se que tal va la historia, besos quetzalescos nn