Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: Severus recibe una inesperada visita que lo ayuda a encontrar algunas respuestas sobre su relación con Harry para salir como caballero andante en busca de su perdón.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: ¡Hola! He regresado y con más fuerza que nunca nn Antes de que empiecen a leer este capítulo me gustaría aclarar que no, todavía no se termina esta historia y que todo avanzó un poco rápido porque así me lo pide el fic, pero para todos los que expresaron su duda esto todavía no termina y si le falta bastante. Aclarado esto, acomódense, saquen los pañuelos y disfruten.
Capítulo
9
En busca del perdón
Más que solo se sentía vacío.
Era extraño cuanto se había inmiscuido Harry en su vida a pesar de sus mejores intenciones de no involucrarse de nuevo románticamente con nadie.
Pero ya antes Harry ha entrado en tu corazón, escuchó dentro de su cabeza una voz que parecía sospechosamente la de Albus.
Resignado dejó caer todo su peso en la silla más cercana, la cena seguía ahí sin que nadie la hubiese tocado. Severus quería engañarse pensando que no tenía humor de desvanecerla o llamar a un elfo aunque muy dentro de él sabía que estaba esperando el regreso de dos caninos, un amigo y Harry para dejar atrás una mala experiencia.
Jodie fue una gran mujer, una amante esposa y fervorosa madre, merece que se le guarde un luto considerable, que espere un poco más por respeto a su memoria, se encontró pensando de nuevo, siempre pensaba lo mismo cuando estaba inseguro de seguir adelante una relación más seria con Harry.
Lo amaba, de un modo distinto al que amó a Jodie, pero lo amaba y se sentía culpable por no haber sido más paciente con él y gritarle enfrente de medio colegio casi tanto como se sentía culpable por no poder esperar más para pasar el resto de su vida a su lado.
¿Qué vieron en mi esos dos seres maravillosos, se preguntó no por última vez.
Calmó un poco su conciencia recordando que Jodie tenía más de un año de muerta y Harry le había devuelto su sonrisa a su hija, era casi como si la muerte de Jodie lo hubiese llevado a Hogwarts apropósito para reencontrarse con Harry y continuar un romance inconcluso.
Ahora suenas como una novela romántica barata, se reprimió.
Volvió a mirar el reloj, pasaban las diez de la noche y lo único que había sucedido era la llamada insistente de Spark reclamando su atención hacia Josie, al parecer las emociones del día le habían despertado un resfriado oculto, indiferente sólo le dio una pequeña dosis de poción pimienta y una para dormir, la recostó de nuevo y acarició al gato de manera distraída.
Harry si que está loco, alterar un gato con magia para cumplir el capricho de una niña que ni siquiera es su hija, sonrió para sí recordando su intento de crear una acromántula blanca para Josie.
Un par de tímidos golpes en la puerta le hicieron recuperar el control de su cabeza que empezaba a divagar de nuevo en un profundo análisis de la particular genética de Spark, no eran airados ni molestos, sólo corteses así que no podía ser ninguno de los hombres que esperaba.
Era una mujer con una discreta túnica vino oscuro con bordados de hojas en los puños y el cuello redondo que dejaba ver un escote que de no llevar una blusa negra de cuello alto hubiera sido muy provocativo.
—Buenas noches —saludó la bruja de forma cordial con una amplia sonrisa de esas que provocaban confianza en todos los demás que no fueran él—. Creo que llegué demasiado tarde —dijo en cuanto se percató de que no había ruido detrás de la puerta—, Harry me invitó a venir y le dije que llegaría después de cerrar mi tienda, pero si ustedes dos quieren seguir a solas, será mejor que me retire —finalizó con cierto aire de pícara confidencialidad.
—¿Disculpe?
—Lo siento, es sólo que estoy muy contenta de que Harry se abriera al amor que empiezo a hablar sin parar, lo estoy haciendo de nuevo —se reprendió a sí misma—, quizás me recuerde mejor si le digo mi nombre profesor Snape, soy Azalea…
—La recuerdo perfectamente, pocos de mis estudiantes podían crear contravenenos con su rapidez —la interrumpió Severus indeciso de dejarla pasar para escuchar una charla irrelevante femenina o correrla para seguir sufriendo a solas.
—¿Puedo pasar?
—Adelante —dijo Severus retirándose de la puerta lo suficiente para darle paso a la joven bruja, sufrir a solas pierde su encanto cuando se practica muy seguido y gruñir por las charlas femeninas insulsas por lo menos lo mantendría ocupado, además era una amiga de Harry.
No convenía hacer enojar más a Harry.
—¿Aún no empieza la reunión? —preguntó ella al notar la mesa lista e impecable.
—Hubo un problema…
Tal vez fuera que Azalea fue una buena alumna que no buscaba ningún problema con otras casas, tal vez tenía mucho tiempo regañándose a sí mismo o quizás fuera que ella venía oliendo a eucalipto igual que su madre, el caso es que Severus se encontró hablando con ella de los recientes acontecimientos.
Y lo más raro fue que ella escuchó.
—Entiendo —dijo cuando SEverus terminó de citar fielmente sus últimas palabras hacia Harry—. Pero no creo que deba preocuparse profesor.
—Severus.
—¿Disculpe?
—Acabo de contarte una experiencia muy frustrante y privada de mi vida, eso te convierte en confidente y como eres amiga de Harry espero esa cortesía se extienda hacia mí —resumió Severus ¿por qué tenían que ser tan complicados los que estudiaron bajo su tutela?
—Harry tenía razón —sonrió Azalea—, eres un gran hombre Severus, así que te diré un secreto: Harry te va a perdonar, te dará un beso que te dejará sin aliento y después te revelará la razón de su continua tristeza.
—¿Por qué tan segura?
—Ha estado esperando por ti por años —dijo Azalea como si fuera obvio—, no te va a dejar ir ahora que te encontró.
—Me dejó a medio pasillo —insistió Severus sin saber porque estaba confiando en esa mujer.
—Porque tú se lo pediste, si quieres que regrese tienes que pedírselo. Te apuesto a que Sirius, Remus y Kingsley van a regresar sin haber podido hablar con él, lo conozco y querrá que seas tú quien vaya a disculparse.
—Tiene sentido, mi mujer hacía lo mismo —aceptó Severus recordando las breves peleas que tuvo con Jodie.
—Cerveza de mantequilla sería una buena ofrenda de paz, a Harry no le entusiasman tanto las flores o los chocolates como a las mujeres —sugirió Azalea.
—¡Claro que no! El único hombre que conozco que gusta de cantidades obscenas de chocolate es Lupin.
Juntos rieron de ese último comentario.
Después de todo no era tan malo estar a solas con una exalumna, por lo menos con una con algo de sentido común.
Varios golpes ansiosos se dejaron escuchar del otro lado de la puerta rompiendo la armonía recién creada y esta vez Severus supo que se trataba de Black, sobretodo después de escucharlo gritar unos preciosos insultos.
—Creo que Sirius si está molesto —le confió ella mirando la puerta como si fuera a caerse en ese momento.
La abrió a regañadientes no muy entusiasmado con la idea de ser mordido por un enorme perro negro.
—TÚ, MALDITO DESADAPTADO SLYTHERIN —entró gritando y empujando para verse más fiero de lo que era, no que lo necesitara, todavía parecía un exconvicto de Azkaban—, ¿cómo te atreves a romper el corazón de Harry?
—Sirius ya dijiste eso la vez anterior —intervino Lupin antes de que el perro dejara de ladrar y empezar a morder.
—¡Y NO SIRVIÓ DE NADA! —insistió Black, si Severus no hubiese estado tan preocupado le habría parecido divertida su actitud.
—Hay una visita femenina —susurró Severus cuando la letanía de insultos empezó a ser indescifrable incluso para él.
—Azalea —saludó Lupin reconociendo a la mujer.
Y después vinieron los reclamos moderados a modo de queja por parte de Sirius haciendo un resumen deformado de lo sucedido para la joven que aún estaba impresionada por el vocabulario del escritor infantil más reconocido del momento.
—Severus ya me contó todo —se limitó a señalar ella después de que Sirius mencionara la ofensiva forma en que Harry había tenido que huir de Hogwarts bajo una lluvia de maldiciones del personal de Hogwarts encargado de impartir pociones.
—Seguro te dijo todo minimizando su culpa.
—Mi culpa es demasiado grande para intentar minimizarla —interrumpió Severus antes de que el perro siguiera ladrando e impidiera un intercambio de información sustancial— ¿Qué sucedió con Harry?
—No tenemos idea, ni siquiera podemos abrir la puerta de entrada —dijo Remus ignorando también a Black que se limitó a hacer un mohín como si fuera un crío.
—¿Y Kingsley?
—Fui por una autorización para un traslador —respondió su amigo cruzando la puerta con un calcetín dentro de una bolsa de satín casi transparente—, me niego a recorrer toda la distancia de cortesía ida y vuelta de nuevo hasta casa de Harry.
—No es tanto —replicó Azalea ofendida.
—Después de tres trayectos si lo es —afirmó Kingsley—, además Tonks tiene contactos para estas cosas y Harry sabrá así lo mucho que nos preocupamos.
—Y lo cansado que es llegar hasta su casa —reconoció Remus quien era visiblemente el más fatigado del grupo ya que prácticamente se había recostado en la primera silla que encontró a su alcance, una actitud que Severus no le conocía al impecable colega suyo.
—Esta vez iré yo —decidió Severus acercándose a Kingsley con la mano extendida para pedirle el traslador.
—No creo que quiera verte —gruñó Black.
—Y yo creo que es una excelente idea —interrumpió Azalea apareciendo una botella de cerveza d mantequilla y entregándosela a Severus—, asegúrate de hablar con él y no dejarlo hasta que te perdone.
—Te acompaño —dijo Remus levantándose por fuerza de voluntad.
—Y yo —aseguró Kingsley—, no he pasado toda la tarde yendo y viniendo sin enterarme del final de esta tragicomendia romántica.
—También voy —ladró Black con un suspiro resignado.
—Alguien debe quedarse con Josie —dijo Severus esperando poder librarse así de toda esa corte de curiosos protectores.
—Vayan tranquilos, yo me quedo —respondió Azalea sirviéndose un poco de fetuccini que había en la mesa.
Más resignado que convencido, Severus asintió y en un jalón de translador se encontró frente a la que debía ser la casa de Harry, un lugar que debía ser precioso en su sencillez cuando no estaba preso por el poder de un mago alterado.
—La primera vez que llegamos sólo la sala de estar estaba… rara —le confió Kingsley—, debo reconocer que Harry es creativo y poderoso, mira que transformar el exterior de la casa en caramelo.
—Eso —señaló Severus a la puerta— es un patético plagio que leyó de un cuento muggle alemán que debió escuchar de su tía.
—Entonces ya debe tener hambre —sugirió Lupin.
—¿Cómo entraremos genio? —se mofó Black señalando la puerta que se tambaleaba como si estuviera hecha de gelatina algo que Severus no dudó ni por un instante.
Con paso decidido más para no dejarse amedrentar de Black que por convicción, Severus se plantó frente a la puerta, sujetó la aldaba y golpeó con fuerza tres veces.
La puerta se abrió.
—Eso no se me había ocurrido —reconoció Black.
—A Remus si y lo mandaron a volar unos cuantos metros —dijo Kingsley asombrado por lo sucedido— me parece que Azalea tiene razón y Harry espera una disculpa personal de Severus.
—Entonces no debemos hacerlo esperar más o transformará el pasto en caramelo y las estrellas en grageas de todos los sabores —musitó Severus en su mejor voz profesor Snape para demostrar que todo eso no lo intimidaba, le produciá dolor de muelas, pero no lo intimidaba.
El primer paso que dio fue como caer por las escaleras móviles de Hogwarts, simplemente no había piso bajo sus pies, estaba flotando como si nadara en el aire.
—Harry debe estar en su estudio, segunda puerta a la derecha subiendo las escale… —la voz de Lupin desapareció obligando a Severus a dar la vuelta, algo que fue más difícil de lo que creyó, para encontrar la puerta cerrada, al parecer Azalea tenía más razón de la que a Severus le gustaba.
Llegar a la planta alta no debía ser tan difícil tomando en cuenta que estaba flotando, ignorando el cielo nocturno estrellado que prevalecía en ausencia de papel tapiz o cualquier cosa que se le pareciera, Severus esquivó la mesa y los sillones voladores en su camino a la escalera que era lo único que parecía fijo.
Un jarrón intentó golpearlo, pero sólo logró mojar ligeramente su cabello, molesto, Severus agitó un brazo para evitar que un reloj de pared lo embistiera cuando recordó la cerveza de mantequilla en su mano y tuvo que flotar rodeando el obstáculo para no romperla.
¡Qué tontería! ¿Para qué traer una botella de vidrio, se reprendió Severus inseguro de usar un conjuro que protegiera la botella por miedo de alterar el flujo mágico que lo rodeaba.
Un marco con una foto de la boda de Lily y Potter se atravesó en su camino anunciando una lluvia de fotografías que Severus tuvo que eludir con cuidado porque los marcos parecías revolotear y golpearse entre si aumentando de velocidad.
Cuando por fin pudo llegar a la escalera y puso un pie en el último escalón se dio cuenta de su error.
¡La casa estaba de cabeza!
Él estaba en una habitación de ladrillo repleta de cajas cerradas con enormes candados que gruñían mostrando dientes afilados a semejanza de El Monstruoso Libro de los Monstruos.
—Así que aquí es donde Harry guarda cosas importantes —dijo para sí cuidando de no tocar ni una sola de las cajas que lo seguían con miradas serias desde sus ojos en las cerraduras de los candados.
—Eso quiere decir que debo estar en el sótano —continuó para sí pensando en cómo lograr llegar a la segunda habitación a la derecha.
Más adelante alcanzó a descubrir una luz que parecía surgir de una ventana, como no quería volver a pasar por donde venía decidió abrir la ventana y salir por ella, asombrosamente lo logró sin mayor problema para encontrarse de pie frente a un enorme baúl con las iniciales H. J. P. sobre una inmensa aldaba que Severus creyera una ventana.
Estaba en lo que parecía ser el ático a juzgar por el decorado, sólo que era un ático inmenso donde él no era más alto que un ratón.
Molesto consigo mismo cambió la botella de mano y avanzó buscando la salida de ese ático. No parecía tener ninguna así que intentó subir al baúl que estaba pegado a la pared para alcanzar una ventana, pero fue inútil y sólo consiguió caer al suelo sobre una tabla que rechinó ante su peso.
Curioso, Severus rodeó la tabla del suelo hasta encontrar un extremo ligeramente levantado.
Una tabla suelta.
Dejó la botella de cerveza de mantequilla a unos pasos y se dedicó a intentar levantar la tabla, algo que no fue tan difícil como había esperado, bajo él se alcanzaba a ver una pequeña cama de latón con un edredón de recortes.
Armándose de valor recogió la botella y saltó por la tabla suelta esperando caer sobre la cama.
La cama era mullida, suave y de tamaño normal, por unos segundos Severus agradeció no haberse roto nada al caer y al levantarse agradeció aún más por el suelo sólido bajo sus pies. No dedicó mucho tiempo a analizar la habitación, sólo era una recámara como cualquier otra con las paredes color celeste en las que lo único sorprendente eran pequeñas estrellas tintineando a ritmo de una ronda infantil porque estaban tomadas de las puntas.
Un oso de felpa lo siguió con la mirada antes de que una "parvada" de cartas voladoras como los memos en el Ministerio de Magia, comenzaran a revolotear a su alrededor picoteándolo y provocando pequeños cortes con sus filosas hojas.
Aferrándose a la botella como si su vida dependiera de ello, Severus salió corriendo de la habitación para encontrarse en la cocina (sólo podía ser la cocina) donde los platos giraban sobre sí mismos y las tazas chocaban sobre su cabeza, al parecer celebrando su recién descubierta independencia.
—Harry no es necesario que me enloquezcas, ya estoy lo suficiente arrepentido —gimió desesperado de no encontrar sentido en la locura de Harry o culpable por haberla desatado.
El fuego de la chimenea se despertó, cambiando en segundos de rojo a verde. Aquello sólo podía significar una cosa: debía avanzar.
Resignado, Severus decidió que lo peor que podía pasar era que Harry lo estuviera corriendo de su casa. Lo más sorprendente fue descubrir que eso sería lo peor y no aparecer en otra desquiciada habitación.
Prácticamente escupido por la chimenea hizo el peor aterrizaje desde que tenía memoria sobre una alfombra que parecía persa.
—Vaya profesor Snape, me sorprende que siga vivo si así es como viaja por la inofensiva red flu —escuchó repetir palabras que él mismo había pronunciado con una voz siseante, terrorífica y susurrante, la suya.
Levantó la mirada y se encontró frente a frente con una versión más joven de sí mismo, de la época en que fue profesor de Harry, con todo y uniforme negro repleto de botones que solía cerrar con ayuda de un conjuro y que odiaba pero era parte de su personificación de espía.
—Yo…
—Tan elocuente como siempre Snape —lo atacó su propia imagen con una mirada cínica que casi lo congela en su lugar.
Severus se levantó lo más pronto que pudo en espera de descubrir lo que fuera que estaba pasando, pero antes de que pudiera hacer algo su imagen lo atacó con un legeremens tan potente que logró penetrar todas sus defensas y revelar una imagen que tenía repitiendo toda la tarde:
La caída de Josie.
Entonces lo vio claramente, algo que no había visto en el momento por lo asustado que estaba, un brillo saliendo del medallón que Josie siempre llevaba consigo, aquel que estuviera escondido debajo del regalo de Dumbledore. Él no había llegado a tiempo para evitar que su hija cayera, fue el medallón quien manifestó su poder haciendo que Josie flotara.
—Nunca estuvo en peligro —siseó el falso Snape desvaneciéndose lentamente en la figura de Harry, que seguía vestido con su uniforma de sanador pero envuelto en una oscura bruma que se acentuaba por su mirada oscura como de animal herido, el estilo sombrío no le sentaba nada bien.
Daba miedo.
Ahí de pie, con el cabello desordenado sobre su rostro, los verdes ojos como dos brazas de fuego y la varita apretada en la mano.
—Lo supe después de que te fueras, y también se que no fue culpa tuya —musitó Severus esperando no perder la oportunidad de hablar con Harry—, me asusté demasiado y dije cosas que no sentía verdaderamente, te lastime y no quise hacerlo, es sólo que… me aterró la idea de perder a Josie.
—Sé lo que es perder una vida, cientos de vidas por cierto —susurró Harry sentándose en una cómoda silla frente a un escritorio secreter.
—Te amo —dijo Severus porque temía no poder decirlo después, si Harry decidía lanzarlo de su casa por lo menos se lo habría dicho una vez—, no como amé a Jodie porque eres una persona muy diferente de ella, te amo por ti mismo, por quien eres con tus altas y tus bajas, tu impetuosidad y tu generosidad típicamente Gryffindor, pero también por tu cautela y tu astucia que muchos se niegan a aceptar.
Severus recorrió la limitada distancia que lo separaba de Harry e hizo algo que se había prometido no hacer de nuevo frente a ningún hombre, se arrodillo frente a Harry, no con sumisión como lo hiciera con Voldemort, sino igual a como lo hiciera cuando le propuso matrimonio a Jodie, sólo que ahora estaba buscando el perdón esperando no haber roto para siempre la oportunidad de unir su vida a la de ese maravilloso hombre.
La botella quedó sobre su mano derecha mientras se arrodillaba apoyándose con su mano izquierda, ya no era tan joven como antes, y entonces descubrió que en lugar de entregarle a Harry un anillo le estaba dando una botella de cerveza de mantequilla.
Era más ridículo que cualquier cosa que hubiera sucedido en esa casa desde que cruzó el umbral.
Pero fue justo lo mejor que pudo hacer porque Harry rió, como solía hacerlo cuando ambos se sentaban a ver a "sus niños" lanzándose bolas de nieve. Severus rió también.
—Te encontraste con Azalea.
—Y me garantizó que me perdonarías después de un beso espectacular que mi quitará el aliento —se permitió bromear Severus.
Harry lo miró con esos enormes ojos verdes con largas pestañas que parecían entrar a su mente sin necesidad de un legeremens. Ojos llenos de verdad que reflejaban una tristeza extrema como la que el mismo Severus sentía.
—No me fui por lo que me dijiste —dijo Harry lentamente casi en un suspiro—, sabía que estabas alterado y su me dolió, pero lo entiendo; me fui por lo que esas palabras despertaron en mí. Son acusaciones que me hago todos los días, necesitaba encontrar paz dentro de mí y ya tenía planeado venir aquí, sólo que me dolió más de lo que quise aceptar y dejé que mi tristeza tomara el control.
—Tu guardia canina de fe de ello —bromeó Severus entregándole la botella a Harry y levantándose del suelo, ya no era tan joven y le molestaba estar en esa posición.
—¡Oh no! Dime que ninguno salió disparado —gimió Harry entre sus manos.
—¡Oh si! Y la puerta se cerró en la nariz de Lupin.
—¡Se suponía que debías venir detrás de mí! ¿Cuánto tiempo esperaste? —recriminó Harry.
—Disculpa pero estaba resolviendo una crisis nerviosa infantil y la tasa de natalidad gatuna ¿cuándo pensabas decirme que Spark un gato macho puede ser "mamá"?
—No tenía idea de que Spark sería "mamá" —reconoció Harry con una sonrisa desarmadora— no creí que la magia que me ayudar a que fuera macho lo ayudara a concebir. Regina se alteró mucho.
—Lo que me recuerda que también tuve que resolver una crisis nerviosa élfica de tercera edad, Regina ya está demasiado vieja para esas emociones.
—Nunca pensé que un gato causara tantos problemas.
—Se tardó demasiado, yo estaba seguro de que me haría perder la cabeza tarde o temprano —presumió Severus sentándose como todo un aristócrata en la silla más cercana.
—¡Ah si! ¿Por qué tan seguro?
—Porque es un gato Potter.
—¡Por favor, Severus!
—Es en serio, Josie lo nombró: Hein Spark Potter pero sólo lo llamamos Spark y antes de que preguntes, fue culpa tuya por darle a Josie una pulsera de plata junto con el con el gato ¡y con esas iniciales grabadas!
—Es una niña muy lista —aceptó Harry.
—Entonces ¿me perdonas? —retomó Severus el tema principal de su visita en la casa Potter.
—Viniste a verme, cruzaste por el País de las Maravillas y me trajiste la cerveza de mantequilla de la paz, claro que te perdono —señaló Harry levantando la botella de manera amistosa para dejarla sobre el secreter—. Te amo demasiado para dejar que un malentendido nos separe de nuevo.
Esta vez fue Harry quien bajó al suelo, no se arrodilló, sólo se sentó en el suelo y recargó su cabeza en las piernas de Severus, como si fuera un gato.
—Pero antes de que decidamos seguir adelante, debo decirte algo: habrá más malos entendidos porque parecen seguirme a donde quiera que voy. Me enojaré y tú también y seguramente reñiremos de nuevo. aunque te prometo nunca levantar mi varita en tu contra.
—Me lanzaste un legeremens.
—Para que vieras mi punto de vista, pero no te lancé ninguna maldición así que no cuenta, además ahora sabes lo que sentí y no me interrumpas cuando me pongo serio.
—Tienes razón puedo perder la oportunidad de verte serio —bromeó Severus mientras acariciaba el cabello de Harry de manera distraída.
—Como te decía —continuó Harry ignorando el último comentario de Severus—, prometo escucharte siempre y espero que siempre me escuches antes de juzgarme porque ya tengo suficiente con juzgarme a mí mismo. Y te prometo que te amaré el resto de mi vida aún si decides no volver a hablarme o verme.
—¿Por qué habría de tomar una decisión tan ridícula como esa?
Harry levantó el rostro y lentamente subió hasta que sus labios tocaron los de Severus y lo besó, justamente como lo había prometido Azalea, de manera arrobadora, demandante, entregada, llena de promesas y plena, total. Severus se encontró correspondiendo a ese beso con cada fibra de su ser, intentando demostrar lo mucho que lo amaba del mismo modo que él lo hacía en un intento por sellar un compromiso del que ninguno de los dos había hablado.
La magia fluyó a su alrededor, no la suya, sino la de Harry, circulando a su alrededor seguramente para componer la casa.
Se separaron sólo porque necesitaban respirar. Cuando Severus abrió los ojos se encontró con que Harry había subido hasta quedar sentado en sus piernas y que él tenía sus dedos enredados entre los desordenados cabellos de aquel maravilloso joven.
—Te amo —dijo con mayor facilidad de la que creyera posible.
—También te amo —dijo Harry entre besos.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: Y esa fue la reconciliación, ya ven que no soy tan mala, no podía dejarlos enojados demasiado tiempo; para saber el gran secreto que guarda Harry tendrán que esperar otro capítulo pero descuiden sigo trabajando. Nos leemos pronto Quetzalli.
