Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: El momento de las revelaciones ha llegado, mientras Severus intenta encontrar la cura para su hija, Harry no puede más y revela su secreto mejor guardado con la esperanza de que su amor sea más fuerte que la adversidad.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
Capítulo 11
El arrullo roto
Sin lugar a dudas la red flu era un proceso útil, molesto pero útil.
Cada vez que viajaba entre las llamas no podía dejar de sentir que algo en él cambiaba hasta el punto de fusionarse con el fuego, era una sensación extraña que lo dejaba añorando un recuerdo perdido cuando salía de la chimenea como si fuera escupido, rechazado de nuevo por una fuerza que no lograba comprender aún.
Cada vez que viajaba por red flu se enfrentaba a los mismos sentimientos entremezclados, pero hoy era aún peor, y más que nunca se sintió perdido al encontrarse en una enfermería que ya no era un santuario sino un campo de guerra, donde lo esperaba una confrontación que deseaba haber enfrentado en otro lugar y tiempo.
Fuera lo esperaban los estudiantes recostados en sus camas, las había dejado listas esperando que su familia supiera que hacer, no se había equivocado.
Al fondo, junto a la primera cama, estaba de pie Severus absorto en su hija hasta que el crepitar del fuego revelara su llegada. No podía verlo directamente a los ojos, ni a él ni a los demás porque temía decir algo de lo que se arrepentiría sin duda.
El destino nunca se caracterizó por ser benévolo con Harry, apenas terminó de revisar a cada uno de los enfermos terminando con Josie a quien dedicó una caricia en su mejilla derecha porque la niña estaba recostada sobre su costado derecho, Severus se acercó a él, lentamente como si quisiera atrapar a un ave herida.
—Harry… —musitó Severus, la tristeza palpable en su suave voz de bajo, Harry comprendía el dolor que estaba atravesando su corazón en esos momentos, pero eso sólo alimentó su propia frustración interna, avivando el dolor y el rencor que tanto temía liberar en sí mismo.
—Será mejor que todos ustedes se retiren —ordenó Harry endureciendo su actitud en un intento porque su furia no lo dominara—, ninguno de estos niños va a dejar esta enfermería durante los siguientes quince días y como no tienen conocimiento de esta enfermedad sólo van a limitarnos. ¿Conseguiste todo Draconiss?
—Sólo cien mililitros de lágrimas de fénix —no le sorprendía su presencia, la había llamado justo después de la primera llamada a Minerva, era su mejor aliada, la única que entendía totalmente el infierno que se avecinaba.
Harry ignoró deliberadamente los reclamos de Hermione y Ron con los de su padrino por su mandato, pero al que más ignoró fue a Severus, concentrándose en el preciso reporte de Azalea, la tercera como la llamaron en San Mungo cuando se integró al grupo en lo peor de la crisis.
Los pequeños brazos de Josie empezaron a cubrirse de pequeñas manchas rojizas, como quemaduras por demasiado sol.
—¿Cuándo aparecieron las marcas? —preguntó Harry arrancando la sábana que cubría a Josie para darse a la tarea de cubrir la piel de la niña con una solución gelatinosa color azul.
—Las descubrí después de que ella hablara de las acromántulas —Azalea se concentró en la tarea de reducir la sábana a cenizas mientras Draconiss le entregaba una nueva a su amigo.
—Harry calma, deja de atormentarte y escúchame —prácticamente suplicó Severus obligándolo a mirarlo de frente.
—¿Para escuchar las disculpas del profesor Snape? No fui yo quien administró una poción de forma errónea casi condenando a mi hija a una muerte segura —lo atacó Harry con mayor saña de la que esperaba, la brecha del dolor abierta y fluyendo como un dique roto—. ¿Sorprendido? Podemos salvar niños contagiados antes de la crisis de la Fiebre, incluso a los que fueron afectados por una dosis de poción pimienta. ¡Pero no podemos hacer nada contra dos dosis de esa maldita poción! —dijo entre dientes, conteniéndose de gritar por los enfermos—. Y mucho menos después de los brotes de manchas.
Las palabras de Harry debieron ser como un balde de agua fría para Severus a juzgar por la expresión en su rostro, analizando cuidadosamente la respiración agitada de su hija que contrastaba con la tranquila de los otros niños.
—No es posible. Sólo quieres desquitar tu dolor por la pérdida de tu hija, pero Josie no es Heather, no hagas esto Harry. Salva a mi niña.
—No sé como Severus —dijo Harry arrepentido por haber perdido el control, pero igual de molesto con Severus por su torpeza, le había perdonado tanto ¡y lo arruinaba todo!
Severus buscó primero en Azalea y después en Draconiss, una negativa a lo que dijera Harry; las brujas evitaron su mirada hasta que Harry habló de nuevo.
—Podemos detener el avance de la Fiebre Puzzle mientras continuamos la búsqueda de la cura definitiva —y como un segundo pensamiento, casi con temor, agregó— antes de que sea demasiado tarde.
—¿Por qué nunca nos hablaste de tu hija? —interrumpió Ron dando rienda suelta a su frustración— ¡Somos tus mejores amigos!
—Heather nació cuando Hermione estudiaba Transformaciones Avanzadas y Arqueorunología en la India, tú estabas de gira con los Chudley Cannos en Italia. Entonces ninguno de los dos quiso dejar sus compromisos para vernos y esa no era una noticia para darla por correspondencia —Harry se limpió las manos con un paño al hablar—, cuando regresaron a Inglaterra Heather había muerto y lo último que quería hacer era hablar de su ausencia.
Las palabras removieron viejos sentimientos, Ron y Hermione intercambiaron miradas culpables que a nadie le importaron, pensando seguramente que lamentaban no haber estado ahí para apoyar a Harry, pero los tres sabían la verdadera razón sepultada en el silencio mutuo que había salvado su amistad.
En aquella época Ron había empezado a cortejar a Hermione en secreto temiendo que Harry también pretendiera a su amiga, en medio del juego ambos habían acordado dejar de hablar con Harry para descubrir que tanto afectaba su presencia a sus sentimientos; por meses se negaron a recibir cartas de su amigo que eran cada vez más frecuentes y urgentes hasta que Hedwig dejó de llegar a atormentarlos con sus continuos picotazos por ser tan testarudos. Entonces estaban tan embriagados en su romance que apenas lo notaron, pero después de acordar la fecha de la boda comenzaron a extrañar la correspondencia de Harry y cuando fue él quien no aceptó sus misivas se molestaron creyéndolo demasiado pagado de sí mismo para recordar a los viejos amigos.
Fue Ginny quien los sacó de su error el día anterior a la boda al mencionar que Harry no podía salir de San Mungo y mucho menos recibir o enviar correspondencia de ningún tipo por temor a desatar una epidemia que empezaban a controlar. Para entonces todos los preparativos estaban hechos así que ni Ron ni Hermione pudieron posponer la boda para que Harry los acompañara.
Cuando regresaron de su luna de miel por Japón lo primero que hicieron fue hablar con Harry que lucía peor que Sirius cuando escapó de Azkaban, después de reclamos mutuos y quejas llenas de sinceridad, el trío acordó seguir adelante su amistad y olvidar el incidente.
Pero Ron y Hermione no tenían idea de lo que había pasado Harry porque él no quiso decirlo y ellos prefirieron respetar su silencio… hasta ahora.
—¡Oh, Harry! No teníamos idea —gimoteó Hermione viendo la figura indefensa de sus hijos a quienes Harry había cuidado con diligencia y ahora hasta les había salvado la vida.
—Descuiden, contando a todos los presentes y a Minerva, son ustedes los únicos en saber de Heather —el dolor lo golpeaba con mayor fuerza a causa de las lágrimas de Hermione, ¿acaso no se daba cuenta de lo mucho que Harry despreciaba la lástima ajena?
—¿En qué podemos ayudar para encontrar la cura? —interrumpió Severus, la decisión reflejada en su rostro y una nueva puñalada al corazón de Harry… si tan solo hubiera dicho lo mismo cuando Heather estuvo enferma.
—No mucho, sólo darnos espacio —insistió Harry, entre más pronto salieran de la enfermería, más pronto se libraría de los fantasmas que lo acosaban.
—Debe haber algo —debió saber que Severus no se daría por vencido tan fácilmente, seguiría atormentándolo con su presencia hasta que lograra acabar con el poco control del que Harry se aferraba.
—Sólo tres personas lograron salvarse en las condiciones de Josie —dijo Harry al fin, decidiendo que la mejor solución era aquella que lo alejara más aunque fuera por un momento.
—¿Quiénes? —la urgencia en la voz de Severus era tan extraña que parecía ajena a su persona.
—Los Malfoy —respondió Harry.
En segundos Severus había desaparecido envuelto en llamas color verde, mientras su voz repetía en la memoria de los presentes: "Mansión Malfoy".
° ° ° ° °
De Lucius Malfoy y el resto de la línea familiar que precedieran a Draco, sólo se conservaba el tapete con el linaje que había heredado como un recordatorio más de que eran una de las familias de sangre limpia con mayor arraigo en Inglaterra, era enorme y una de las razonas por las que continuaba en su lugar era porque estaba encantado para no poder moverse. El resto era nuevo incluso en el estilo que se alejaba del gótico tradicional que tanto gustara a su padre, ahora el art nouveau que tanto gustaba a Susan se había esparcido por la casa de manera discreta encontrando en ese estudio y la recámara que ambos compartían, su mayor influencia.
Emily se había dormido, siempre lo hacía cuando Draco la cargaba entre sus brazos mientras sus hermanos escuchaban entusiasmados una de sus historias, generalmente sentados en la alfombra o a los pies de su padre sobre cómodos cojines. A Draco no le importaba, después de la Fiebre Puzzle había terminado por olvidar las arcaicas ideas de Lucius sobre el impecable comportamiento de la nobleza mágica en todo momento.
Era mil veces mejor ver las sonrisas en sus pequeños que la elegancia Malfoy.
Y más divertido.
Susan estaba en el sillón a su lado, fingiendo que bordaba, lo que era innecesario porque ambos sabían que estaba escuchando sobre los lugares que Draco había visitado cuando viajó por el mundo, después de la caída de Voldemort. Era una práctica sencilla, sin mayor pretensión que pasar un rato con su familia y evitar que Potter acaparara la imaginación de sus hijos.
—¡Cuéntanos de nuevo de los koinobori japoneses papá! —insistió Leonard feliz de que Draco hubiera vuelto a hablar de Japón, tenía tanto tiempo esperando para oír de nuevo de los koinobori.
—¿Qué son los lonooiri papi?
—Los koinobori son cometas con forma de pez cariño —la corrigió Draco acariciando el sedoso cabello de Misty.
No le extrañaba que ella no recordara la historia, hacía un año que Draco no la mencionaba y entonces Misty tenía sólo tres años, pero Leonard ya era un niño de cinco años y no lo había olvidado, seguramente terminaría contando la misma historia de su turbulento viaje dentro de la boca de un pez-cometa gigante hasta que Emily se cansara de ella.
Susan sonrió de nuevo como presintiendo que escucharía de nuevo de los famosos peces-cometa cuando un chisporroteó en la chimenea anunció que alguien intentaba entrar, algo demasiado extraño porque no solía aceptar visitas que no se anunciaran, uno de los motivos por los que dejaba cerrada la red flu.
—Niños acompañen a su madre —ordenó preparándose para lo que fuera, otro residuo de su paranoia producto de la guerra.
Ninguno replicó, de sobra conocían la mirada preocupada de Draco como para protestar, Susan tomó entre sus brazos a Emily que continuaba dormida y no notó el cambio.
Desde la puerta Leonard se volvió hacia su padre y antes de desaparecer dijo:
—¿Me llamarás si necesitas ayuda verdad papá?
—Claro que sí hijo — le sonrió Draco.
Después de asegurarse que estaba solo, abrió la red flu para permitirle el paso a un Severus Snape descompuesto y nervioso, muy alejado del hombre que estaba acostumbrado a llamar amigo.
—¡Por los Fundadores! ¿Qué te sucede Severus?
—Necesito tu ayuda, Josie está enferma y lo único que sé es que tú puedes tener la cura.
Las palabras de Severus descorrieron un velo con el que Draco se había protegido durante mucho tiempo.
—¿Tu-u hija contrajo la Fiebre Puzzle? —musitó alejándose lo más posible de Severus, un escalofrío de muerte envolviéndolo todo a su alrededor—. ¡Y vienes así como si nada! Podrías estar esparciendo la enfermedad ¿acaso pensaste en mis hijos?
Era un reclamo de miedo universal, cualquier padre lo reconocería y como tal, no afectó a Severus que intentó recuperarse para no dejarse controlar por la angustia propia que estaba sintiendo.
—Harry tiene su red Flu esterilizada, ningún contagio saldrá de su enfermería mientras él esté a cargo.
—Por lo menos Potter continúa teniendo un respetable sentido del deber —se relajó Draco dejando de mirar a Severus como si fuera a estallar en forma de mortales esporas en cualquier instante.
—¿Vas a ayudarme o a elogiar a Harry Potter? —estalló Severus, se veía terriblemente mal y a Draco no le sorprendería saber que tenía mucha tensión y poco sueño acumulado.
—No puedo —Draco prácticamente se desvaneció en su sillón esperando que Severus simplemente entendiera y no hiciera más preguntas.
—Harry dijo que ustedes eran los únicos que lograron sobrevivir después de las manchas —claro que Severus no era un hombre que cediera sin ninguna explicación.
—Esas manchas son lo único que no ha logrado vencer ¿verdad? Pero no te preocupes, Potter luchará hasta agotar el último recurso y tal vez ahora logre encontrar la cura.
—¡PERO TÚ LA TIENES! Lucius nunca habría dejado a su familia sin una protección contra los peores planes del Señor Tenebroso —masculló Severus paseando como un animal herido.
¿Cómo explicarle lo que nunca había podido decir en voz alta? Pero una vez más ese hombre imponente de ojos más penetrantes que la mayor oscuridad volvieron hacia él, no invadiendo su mente, sino buscando una preciosa empatía que podía ausentarse hasta hacer de él un terrible mortífago. Era una mirada que sólo lo había retado después de haber descubierto que no era un asesino en la Torre, la mirada de quien ha hecho mucho por ti y espera, casi suplicando, una retribución que merecía.
—Mi padre dejó un frasco y una nota con la leyenda: en caso de que el mal brote para erradicar a los hijos de los fieles. Lo conservé por miedo más que por precaución, pero lo olvidé —reconoció envuelto en los recuerdos, los niños enfermos, la desesperación, su propia caída cuando Potter le impidió salir de San Mungo y lo dejó en una habitación privada con Leonard y Misty…
—Es difícil olvidar pociones.
—Para ti tal vez, pero yo tenía una vida maravillosa y sólo quería olvidar el pasado, pero en San Mungo, viendo los esfuerzos desesperados de Potter por mantener con vida a mis hijos y otros tantos niños me hicieron recordar. Le pedí a Susan que buscara el frasco y seguí las indicaciones de la nota. Misty estaba a punto de morir y Leonard no tardaría en seguirla, les di la dosis adecuada y esperé a Potter para que estudiara la poción pero mi resolución flaqueó. ¿Sabes porqué Potter mantiene a los niños dormidos después de las manchas? El dolor es insoportable, cuando se acerca el final ni el más potente hechizo o poción analgésica te permite superar el dolor, despiertas antes de que renueven el sueño inducido y tienes que esperar porque no pueden dormirte de nuevo. Cuando Potter llegó estaba bebiendo lo que restaba de la poción, nos salvamos, pero no pude decirle cómo, no después de todo lo que hizo por mantenernos con vida, sin su ayuda ninguno de los tres habría vivido lo suficiente para beber la cura.
—La nota tiene la fórmula de la poción sanadora —no era una pregunta sino una afirmación, una esperanza inútil que Draco comprendía bien.
—Está incompleta, el Señor Tenebroso fue muy listo y mi padre no pudo copiar toda la fórmula, he estudiado los residuos del frasco y la nota demasiadas veces para saber que no puedo duplicar la cura —aceptó Draco derrotado.
—Tengo que intentarlo —dijo Severus con voz resuelta.
Y Draco no pudo evitarlo, se levantó y caminó hasta su escritorio, abrió un cajón y de él sacó una caja de madera barnizada de negro con un fénix también negro labrado en ella.
—Esto es lo que me dejó mi padre —susurró al entregarle la caja a Severus y agregó cuando lo vio dirigirse a la chimenea— ¡Espera!, te acompaño.
Severus le dedicó una mirada agradecida, lo vio cubrirse con el hechizo protector de Azalea y con una pequeña explosión regresó a la enfermería.
—¡Dejen de atormentarme! —fue lo primero que escucharon atónicos al llegar a su destino, un reclamo duro apenas audible, pero claro por parte de Harry a sus amigos.
° ° ° ° °
Después de todos los años vividos en el mundo mágico entendía a que se refería Severus cuando tachaba de molestos a los Gryffindor, en lugar de ayudarlo a buscar una cura, ¡sus amigos no paraban de interrogarlo! Consiguiendo con su esfuerzo, fastidiarlo a niveles inimaginables.
—¡Dejen de atormentarme! —reclamó antes de perder el control y terminar echándolos de la enfermería.
Entonces vio a Severus de pie junto a la chimenea de la que acababa de salir Malfoy y comprendió que no podría seguir callando el dolor que lo atormentaba.
—Explícales todo Harry, no te dejarán es paz hasta saberlo y no puedes seguir perdiendo el tiempo con ellos —era lo primero que decía Remus desde que empezara el interrogatorio.
—El profesor Snape debe conocer tus sentimientos antes de continuar con esta búsqueda de la cura —agregó Draconiss. Ella siempre sabía que decir en el momento oportuno, con sus palabras descorrió la coraza que cubría sus mayores recelos.
—Heather no nació de ninguna mujer —musitó Harry alejándose de la mesa de pociones para llegar hasta la chimenea—. Ella nació de mí —dijo sosteniendo la mirada de Severus—, yo fui su madre y tú fuiste su padre.
El tiempo se detuvo un instante mientras los presentes entendían lo que acababan de escuchar. Ron y Hermione se tomaron de las manos como si quisieran evitar caer, Malfoy palideció de manera irreal en el momento justo que Remus detenía a un enorme perro negro que ladraba furiosamente.
Severus sólo se quedó inmóvil.
—¿La noche en que nos embriagamos en la víspera de la última batalla? —preguntó con algo muy cercano al dolor que Harry no supo muy bien como identificar.
Incapaz de hablar en ese momento, Harry asintió lenta, casi imperceptiblemente.
—¿Por qué no lo dijiste antes?
—Lo supe un par de meses después de tu boda.
—No importaba Harry, debiste decírmelo en cuanto nació —siseó Severus como lo hacía cuando Harry era su alumno más odiado—. ¡Era mi hija!
—¿Ahora es mi culpa? —la mirada de Harry se endureció—. No fui yo quien no quiso abrir ni una sola de mis cartas dándole la espalda no sólo a mi hija sino a todos los enfermos de la Fiebre Puzzle. ¡Y ahora quieres venir y arreglarlo todo sólo porque alguien que sí te importa está en peligro?
Esas palabras golpearon a Severus con la fuerza de un cruciatus, por primera vez desde que Harry lo conocía se tambaleó buscando apoyo en la chimenea cercana para no caer, los ojos cerrados y el cabello cubriendo ligeramente su cara, como alguien que busca encontrar una defensa contra acusaciones vanas de naturaleza incomprensible.
—No recuerdo haber recibido ninguna carta tuya —dijo al fin.
—¿No? ¡Qué curioso, porque ninguna de las cartas que te enviamos regresó! ¡Vamos, no me veas así! No fui sólo yo quien te escribió —lo golpeó Harry de nuevo con un sarcasmo cada vez más incisivo—. Debimos de inundarte de correo entre Minerva, Remus, Kingsley y otros colegas tuyos, me parece recordar que hasta Malfoy te escribió.
—No puede ser —intentó negar Severus, pero Malfoy que seguía de pie a su lado aceptó haberle escrito en esa época y no recibir ni respuesta ni su carta de regreso.
—¡Nadie me escribía!
—No me extraña —musitó Harry pero no explicó nada más porque el sonido de una campanilla le indicó que era el momento de renovar el hechizo refrescante a los niños que aún dormidos se quejaban por los efectos de la Fiebre.
—¿Tuviste una hija con Severus? —interrumpió el pesado silencio Malfoy, como si la respuesta en verdad le doliera ahora que sabía que esa niña era también de su salvador.
—Heather murió poco después de que ustedes se aliviaran, por eso fue Draconiss quien los dio de alta, yo estaba demasiado alterado para enfrentar gente sana —dijo Harry intentando recordar que él en el lugar de Malfoy habría hecho lo mismo: salvar a su niña antes que a cualquier paciente.
—¿Por qué enfermó Heather? —preguntó Severus, en un vano intento por encontrar sentido a todas las revelaciones que empezaron a acosarlo.
—Por el mismo motivo que Josie y los Malfoy, son hijos de mortífagos —Harry dio un paso al frente, esta vez obligando al hombre mayor a mirarlo de frente— un pequeño resfriado, un remedio inofensivo corrompido por una mente torcida y de repente te encuentras abrazando a tu hija de cuatro años, cantando en vano un arrullo para calmar su dolor y ayudarla a conciliar el sueño… Sólo quieres estar a su lado para que no sufra sola, pero tienes que encontrar una cura y salvar vidas...
Harry no pudo continuar, lentamente se desplomó en el suelo hasta quedar sentado a los pies de Severus, tragándose las lágrimas que se negaba a derramar frente a todos. Una manos se posó sobre su hombro haciéndolo volver, Draconiss le tendió su otra mano y una sonrisa.
—Fue muy complicado enfrentar la Fiebre Puzzle una vez, deben entender que hacerlo de nuevo es más difícil para Harry ahora que Josie está enferma también —explicó Draconiss ayudando a su amigo a sentarse en una silla que Remus le acercara—, la hermanita de Heather se ha robado el corazón de Harry y en el estado en que está podemos alargar su vida un par de meses pero serán los meses más difíciles que enfrentará profesor Snape. Conforme avancen los días entenderá la angustia de Harry y su dolor, él no quiere atacarlo ni lo culpa por no haber acudido durante el primer brote de la Fiebre Puzzle, pero "sus mejores amigos" lo han estado interrogando con tácticas mortífagas desde que se fue y lo han hecho perder el control.
Hermione y Ron tuvieron la cortesía de lucir apenados ante las palabras de Draconiss.
—Por lo menos sólo perdió el control de sus sentimientos y no de su magia —musitó Sirius con una media sonrisa. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y era la primera vez que hablaba desde que Severus se fuera a casa de Malfoy—. ¿Qué? Debieron ver lo que hizo en su casa.
—Lo lamento Severus —dijo Harry después de un par de inhalaciones profundas para tranquilizarse—, no pensaba atacarte ni culparte por Heather, sólo quería que supieras de ella, pero todo salió de control antes de que pudiera hacerlo. Ella… ella fue la luz en mi vida, el mayor obsequio que nadie pudo darme.
—¡Por eso no fuiste auror! —atinó a resaltar, como siempre, Ron lo obvio ganándose un golpe en la cabeza por parte de su esposa.
Severus seguía de pie, su rostro no reflejaba nada, pero Harry sentía que estaba logrando equilibrar sus sentimientos con la información recién recibida, uno no es un maestro en Oclumancia sin poder hacer eso a una velocidad considerable y mientras Harry se disculpaba, él recuperaba el control de sí mismo.
—Entiendo que está situación te afecta y recordando lo que me dijiste en tu casa, también entiendo que estás consciente de que la verdad sobre Heather no es algo que supere con facilidad. Pero tienes razón Harry, también fue mi culpa y no puedo odiarte porque te amo demasiado es sólo que… acabo de enterarme de la muerte de una hija cuando me dices que no puedes salvar a mi otra hija. Necesitamos encontrar esa cura antes de que sea demasiado tarde y después…
Severus Snape no se caracterizaba por ser un hombre especialmente gentil o compasivo, los años y su familia lo había ablandado pero seguía siendo un hombre demasiado estricto, esas palabras debieron de constarle un gran esfuerzo y Harry pudo detectar la promesa de un verdadero camino juntos. Aferrándose a esa esperanza prometió explicarle todo.
Aceptando su ofrecimiento se levantó de la silla y lo guió junto con Malfoy a su pequeño laboratorio.
—Creo que ya estuvo bien con el circo, será mejor que dejen a los expertos trabajando o yo no seré tan suave como Harry y los sacaré a patadas —escucharon a Azalea sacar a los Weasley, a Remus y Sirius para sólo quedar ella y Draconiss atendiendo a los enfermos mientras ellos se concentraban en buscar la cura.
—¿Por qué no te deshiciste de ellos a punta de maldiciones? —se permitió preguntar Malfoy mientras revisaban una lista de ingredientes que le había entregado su padre.
—Si usas demasiada magia cerca de los enfermos de la Fiebre Puzzle su condición se agrava —recitó Harry considerando cada indicación que tuviera esa nota Malfoy con el mayor de los pesimismos.
—¿Qué?
—Es la misma fórmula con la que Harry ha estado trabajando todos estos años —aclaró Draconiss mirando sobre el hombro de su amigo la nota—. ¿Ves la mesa? Tenemos todos esos ingredientes, incluso las lágrimas de Fénix, pero sólo sirve en la primera etapa de la enfermedad.
—Ustedes estaban en la segunda fase y se salvaron —murmuró Harry para sí intentando encontrar un sentido a lo que sucedía.
—No te estoy mintiendo Potter —se defendió Malfoy entregándole un frasco vacío—. Esto es todo lo que tengo, sé que algo falta, pero no sé lo que es.
Y por primera vez desde que lo conocía, Harry entendió que Draco Malfoy estaba siendo completamente sincero con él.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: En este capítulo agregué un poco de la relación familiar de los Malfoy por dos motivos, primero quería explicar porque Draco no compartió la cura con Harry y segundo, darles un respiro, recuerden que esta es una historia rosa con un tinte de tragedia que ya casi termina. Espero sus comentarios que siempre me alientan a escribir más y les adelanto que en el próximo capítulo sabrán como salió Sirius del velo. Besos quetzalescos.
