Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: Harry toma algunas decisiones para conseguir las lágrimas de fénix que no son del agrado de Severus pero que son su última salida.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: No los entretengo, mejor lean el capítulo y luego lo comentan. Gracias.
Capítulo 13
Lágrimas
Los tenues brillos del amanecer acentuaron las sombras en la enfermería revelando sobre una de las camas la oscura silueta de un fénix que arreglaba su plumaje como si le preocupara su apariencia.
—No estás intentando mutilarte para llorar ¿cierto?
El fénix irguió su cabeza en un gesto indignado, abriendo y cerrando el pico claramente molesto antes de regresar a su forma humana.
—Sabía que no resistirías la oportunidad de practicar, a veces te pareces tanto a tu padre.
—No estaba intentando llorar, sólo quería cantar un poco —respondió Harry con un ligero tono avergonzado que le arrancó una sonrisa a Remus.
—¡Oh, Harry! Eso no tiene nada de malo, un poco de alegría es justo lo que necesitamos. No tienes porque avergonzarte, Sirius por ejemplo no se avergüenza por sus espantosos ronquidos —Remus le lanzó una almohada al enorme perro que rodó sobre si mismo evitando el golpe.
—Está fingiendo —dijo Harry jugueteando con una pequeña pluma negra que había quedado en la cama—. No quiso ofenderme cuando intenté "cantar" como fénix, afortunadamente Josie está en dormida por las pociones y di de alta a los demás niños.
—No pudo ser tan malo —intentó animarlo Remus pero Sirius eligió ese momento para "despertar".
—Fue peor —musitó Harry—. No lo entiendo, soy un Fénix. ¡Debería poder cantar!
—Debes dejar que fluya y esperar el momento oportuno —se integró Sirius a la conversación sentándose al lado de Harry en la cama—. Tuvimos que perder a Moony en Hogsmeade al final de nuestro quinto año para que aprendiera a seguir un rastro. Estas cosas no son inmediatas.
—¡Oye! Prometiste hablar de eso sólo con los merodeadores.
—A mi me parece que Harry es un merodeador honorario —afirmó Sirius pasando un brazo sobre los hombros de su ahijado que sonrió por primera vez desde que Remus entrara a la enfermería.
—Deberías sentirte más confiado Harry, conseguiste perfeccionar la transformación en tres días, a James le tomó cinco y a Sirius la semana completa.
—¡Remus!
—No hay secretos entre los merodeadores —le recordó Remus.
Harry rió ligeramente, con franqueza y sin contenerse a pesar de que Sirius intentó amedrentarlo con una mirada seria que lo hizo reír más.
—Inténtalo de nuevo —le sugirió Remus levantándose de la cama y arrastrando a Sirius con él para darle espacio a Harry—. Transfórmate y canta.
Incapaz de cumplir el pequeño capricho que le había pedido el hombre lobo, Harry cerró los ojos concentrándose en el fénix dentro de él para dejarlo surgir, pero se arrepintió apenas graznó un par de veces y volvió a fingir que arreglaba su plumaje.
—Esto es culpa tuya —acusó Sirius—. Le exiges demasiado.
—¿Yo? Por lo menos lo apoyo, tú fingías dormir en lugar de escucharlo —lo riñó Remus levantando la varita y con una elegante floritura lanzó pequeñas chispas rosadas que se convirtieron en lazos de colores atados al cabello de Sirius,
—¡Cómo te atreves! —gruñó el afectado, embrujando a Remus para que colgara de cabeza en la enfermería.
—Eres un perro viejo Sirius, este truco ya no impresiona a nadie desde que nos graduamos —dijo Remus volviendo a poner sus pies en el suelo—. Mucho menos después de los gemelos Weasley que inventaron esta maravilla.
Y sin más le lanzó a Sirius un Tornado miniatura para todas las ocasiones que había confiscado a una chica de tercero. El pequeño tornado subió por la túnica de Sirius subiéndola hasta la cabeza de su dueño.
—Te pusiste calzoncillos ¡qué bueno! No quiero ni pensar en Draconiss o Azalea viendo más allá de lo que la moral permite —bromeó Remus.
—¿Y qué si yo quería ver más allá de lo que la moral permite! —se quejó Azalea que estaba entrando en ese momento a la enfermería y que sólo alcanzó a ver los calcetines de Sirius, detrás de ella, Draconiss y Draco Malfoy intentaban descubrir porque tanto alboroto.
Remus alcanzó a ver una silueta incorporarse en el pequeño laboratorio de Harry y un segundo después un profesor de pociones con el gesto adusto y el cabello desordenado parecía dispuesto a renovar la antigua querella estudiantil que acababan de solucionar exterminando a los dos caninos residentes de la faz del mundo mágico.
Fue cuando empezó.
Era un sonido pleno, que llenó la enfermería de una paz reconfortante como no se había sentido desde que iniciara la pesadilla. Todos los ojos buscaron la fuente del canto para encontrar a un fénix cantando con singular belleza como la esperanza personificada.
—Eso nunca falla —dijo Remus cuando Harry dejó de cantar.
—¿Me avergüenzas públicamente para que él aprenda a cantar? —preguntó Sirius fingiéndose ofendido mientras se dejaba caer en la cama más cercana con un brazo sobre los ojos—, espero que aprecies los sacrificios que hago por ti Harry.
Aunque sólo Harry parecía divertido por la situación, cuando regresó a su forma humana estaba riendo y todos expresaron su inconformidad ante el cese del canto.
—Sólo reía ¡quién iba a decir que eso se transformaría en un trino! —dijo Harry y Remus supo el momento exacto en que sus ojos y los de Severus se cruzaron porque su rostro adquirió un ligero rubor.
—Tiene cierta lógica, el canto de un fénix reconforta los espíritus —informó Draconiss todavía con mirada soñadora.
—Nunca había escuchado nada parecido —reconoció Malfoy.
Por alguna razón Remus lo vio por primera vez ya no como el hijo de Lucius, ni como un exalumno, sino como un hombre enfrentado la maldad en su familia y había elegido por un futuro de paz.
—Yo si, Draco —dijo Harry—, algunas veces llegué a escuchar a Fawkes, pero no creo haberme acercado ni un poco, él era un profesional.
—Sólo tienes que seguir practicando, Harry —dijo Draco, una sonrisa clara de entendimiento, el mismo que surge después cuando el tiempo repara rencillas pasadas—. ¿Por qué querías cantar?
—Es lo que hacen los fénix: cantan, lloran, llevan cargas pesadas… no tengo nada que llevar a ningún lado y quería cantar antes de tener que llorar.
Un sentimiento de incomodidad embargó a los residentes de la enfermería, la alegría del canto olvidada ahora. Nadie quería hablar del llanto.
—No tenemos que empezar ahora, aún hay tiempo —musitó Severus.
—Y no podemos, necesita seguir practicando hasta que perfecciones la transformación —se apresuró a decir Remus antes de que Harry se atreviera a decir que quería empezar a llorar en ese instante.
° ° ° ° °
Severus recargó su peso en la mesa donde había estado preparando ingredientes por los tres últimos días, necesitaba dormir en una cama y quería tomar un reconfortante baño pero no estaba convencido de alejarse demasiado de la enfermería.
Remus había indicado plazos específicos de tiempo para que Harry se transformara y regresara a su forma original, Black lo ayudaba y Draco estaba inmerso en una discusión médica con Azalea y Draconiss buscando entender más la Fiebre Puzzle.
Sólo él no tenía nada mejor que hacer que ver la pared, aún así no quería alejarse.
—Te ves como si hubieras escapado de Azkaban.
—No todos hemos tenido una vida tan azarosa como la tuya Black —se incorporó Severus considerando lo cansado que estaba para haberse dejado sorprender.
—¿Me lo dice a mí señor mortífago, espía de Dumbledore y (lo que me parece más aterrador) profesor de pociones?
—¿Estás bromeando conmigo? —lo encaró Severus sentándose en el cómo do sillón que Harry tenía.
—Si lo dices así suena como forzado, pero si, creo que estoy bromeando contigo —dijo Sirius siguiendo su ejemplo y tomando asiento en una silla para poder mirar de frente a Severus.
—¿Por qué?
—Escucha Snape, reconozco que la mayor parte de la culpa de nuestra enemistad fue mía, no me agradabas cuando éramos estudiantes, te parecías demasiado a lo que mis padres querían que yo fuera. James y yo pusimos toda la escuela en tu contra, pero aún así Harry logró ver más allá de todo eso, de lo que se decía de ti, de lo que tú mismo reflejabas, de todo ¡desde los quince años!
—¿Cómo puedes decir algo así? —intentó desviar Severus, no estaba acostumbrado a escuchar un Sirius Black tan serio.
—Cuando le diste clases de oclumancia y entró a tu pensadero nos confrontó, a Remus y a mí —le reveló Black con un gesto extrañamente arrepentido—, fue muy raro porque nunca antes me había sentido avergonzado por lo que hice. Harry me hizo sentir peor que un niño regañado y ni si quiera tuvo que hechizarme como hacía mi madre, él sólo tenía su cabeza flotando en la chimenea reclamando que te hubiéramos atacado sólo porque estaba aburrido.
—¿Él les reclamó?
—¡Por supuesto! ¿Qué esperabas, que preguntara por los detalles para burlarse de ti?
—Pensé que Remus le había aconsejado no decir nada para que no se metiera en problemas.
—¿Quieres decir que nunca le preguntaste?
—No es un tema agradable para mí, cuando tuve que volver a entrenar a Harry decidimos dejar ese asunto en el pasado por el bien del futuro y nunca volvimos a hablar de ello.
—Bueno, yo no prometí nada —dijo Sirius recordándole a Severus al adolescente que fuera—. Harry me hizo ver errores que no había considerado antes, hizo que me diera cuenta de lo injustos que fuimos contigo. Incluso Remus le dijo que entonces éramos jóvenes y tontos y Harry nos recordó que él tenía la misma edad que nosotros entonces —esta vez la mirada de Black cambió, más serio reflejaba al hombre que ahora era—. No me había dado cuenta pero Harry era entonces más maduro de lo que nosotros fuimos, no era un niño buscando divertirse en el colegio sino alguien que peleaba por vivir cada día. Y te defendió.
Esta vez enfrentó su mirada con la de Severus y por primera vez desde que se conocían Severus pudo ver a Sirius más allá del aristócrata Black.
—Te defendió —repitió, la voz serena y fuerte—. Él encontró en ti una persona que no supimos ver cuando jóvenes. Se encontró con un hombre valiente y leal, un padre amoroso y un esposo fiel. El tipo de compañero que he esperado encuentre desde que supe que era padre de una niña preciosa, es una lástima que no conocieras a Heather la habrías amado tanto como Harry ama a Josie por el simple hecho de que también es tu hija.
—¿Me estás autorizando que corteje a tu ahijado? —preguntó Severus aliviado de que su voz no reflejara las dudas que sentía bullir en su mente y la ansiedad en su corazón.
—¿Yo? Te lo estoy exigiendo Severus —respondió Sirius pronunciando por primera vez el nombre y conteniendo una mueca al hacerlo, pero descubriendo que no era tan malo decir en voz alta ese nombre—. Si dejas ir a Harry serás más estúpido de lo que creí y tendré que romperte las piernas como mínimo ya que no puedo matarte, no quiero dejar huérfana a Josie.
Sirius hablaba de un futuro donde Josie se salvaría y Harry sería su esposo.
—Debo darte crédito Sirius —dijo Severus cuidando de decir el nombre como un nombre y no como un insulto—, Harry te importante tanto que has venido a disculparte por el pasado.
—¡Nunca dije eso! —se defendió Sirius.
—No es necesario, no hay nada que perdonar. También cometí mis errores y he pagado por ellos, no conocer a Heather ha sido el más doloroso —reconoció Severus—. Amo a tu ahijado, lo he amado por años pero no podía amarlo antes. Me alegro tener la oportunidad de acercarme de nuevo a una persona excepcional como él.
Le extendió la mano a Sirius y él la apretó.
—Acabamos de terminar nuestra enemistad —comprendió Sirius con cierta tristeza.
—Es extraño —reconoció Severus.
—Ahora tendré que odiar a Gilderoy por ser un idiota engreído —dijo Sirius y ante la mirada extrañada de Severus agregó— ¿Qué? No quedan muchas personas con las que pueda pelear ahora.
—Sigo sin entender como se recuperó del obliviate que lo mandó a San Mungo —comentó Severus compadeciendo a Sirius por trabajar para Lockhart.
—Harry lo curó y le hizo prometer que sólo podía dedicarse a escribir y publicar libros, creo que incluso lo amenazó con destruir cada ápice de su memoria si volvía a intentar robar los triunfos de otros —explicó Sirius—. No le ha ido nada mal porque resulta que si tiene talento para ello y se ha portado bien porque teme que Harry lo mande a Azkaban.
Ambos hombres rieron, era extraño compartir la risa pero se sentía tan natural que dejaron que fluyera sin preocuparse por nada.
—Deberías tomar un baño relajante o dormir un poco —lo riñó Sirius imitando a la perfección a Molly Weasley—, Harry seguirá practicando toda la tarde y Remus lo va a obligar a dormir toda la noche. Mañana será un día difícil si tenemos que hacerlo llorar para conseguir esas famosas lágrimas.
Y sin decir más, empujó a Severus fuera de la enfermería sin importarle que todos lo miraran como si estuvieran bajo un imperius.
—Ya era hora que esos dos hicieran las paces —alcanzó a escuchar Severus y un contundente trino siguió esas palabras.
° ° ° ° °
El candelabro que alumbraba la habitación tintineó al tambalearse como si fuera a desprenderse en es momento. Remus pidió que se detuvieran antes de que les cayera encima aprovechando el pretexto para descansar un poco.
—Nunca creí que sería tan difícil esto —reconoció Sirius derrotado.
—No lo entiendo, mi risa de humano se convierte en un canto como fénix, pero si estoy llorando no pasa absolutamente nada al transformarme —refunfuñó Harry desde el suelo, tenía la cabeza oculta entre las rodillas y por eso sonaba su voz más apagada.
Los tres habían estado en el salón más cercano a la enfermería por horas, Harry había tenido que pasar por un recuento de las mayores penas que había vivido, sin ningún resultado.
—¿Por qué no tomas un descanso Harry? Necesitas comer —sugirió Remus quien lucía completamente exhausto junto con Sirius. Ambos lo habían ayudado tanto, lo habían guiado y acompañado en esta empresa pero ahora era claro que necesitaba otros aliados capaces de hacer lo único necesario, algo que no les pediría jamás a sus "padrinos".
—De acuerdo, iré a las cocinas a pie —aceptó levantándose con trabajo—, también necesito estirar las piernas después de todo.
—¡Genial! Yo iré a los baños de prefectos, no me caerá nada mal un baño de burbujas —comentó Sirius y agregó para Remus—. Deberías llamarle a Kingsley, debe estar preocupado por ti.
—No es una mala idea —se sonrojó Remus pensando en su amado.
Harry los dejó con la promesa de no transformarse en una hora. Camino a la cocina se cruzó con el segundo pensamiento más importante para él en esos momentos.
—Hola Severus —saludó al hombre intentando controlar una tímida sonrisa que quería surgir en ese momento.
—Harry —secundó el saludo Severus con una ligera inclinación de cabeza. Llevaba el cabello recogido con una coleta al estilo victoriano dejando al descubierto su elegante cuello enmarcado en una túnica verde olivo. Se ve guapísimo, pensó Harry ruborizándose muy ligeramente ante el hombre que parecía querer seguir su camino, alejándose de él.
—Espera.
Severus se volvió, un sentimiento de esperanza embargó a Harry al considerar todas las posibilidades. No habían hablado sobre ellos desde la terrible revelación de Heather, ahora le parecía indispensable hablar.
Dobby les preparó una mesita, con cientos de viandas, alejada en un rincón de la cocina donde no serían molestados. En realidad sólo probaron un poco de todo lo que tenían para elegir antes de llegar al postre favorito de Harry, pay de limón, que el pequeño elfo acompañó con café irlandés para Harry y té para Severus.
Fue entonces que empezaron a hablar verdaderamente.
—No debí presionarte tanto cuando comenzó la crisis, pero estaba tan asustado por Josie que perdí el control —reconoció Severus emitiendo una risa amarga— ¡Yo! Que siempre me había sentido orgulloso de ejemplificar el estoicismo.
—Eso sucede cuando estás apunto de perder a un hijo, no hay desesperación mayor a ver que no puedes hacer absolutamente nada.
—Desearía poder decir muchas cosas, pero no sé como hacer que mis palabras te digan lo mucho que lamento que hayas tenido que pasar por todo eso solo —dijo Severus poniendo una mano sobre la de Harry que estaba a su alcance.
Harry se contentó con sentir la calidez de Severus cobijándolo a través de su mano, porque ¿cómo podía explicarle todo sin desmoronarse en ese momento? Necesitaba llorar como fénix no perder el limitado control de si mismo que le quedaba.
—Hay mucho que quiero compartir contigo, pero no ahora Severus. Si quieres saber de Heather, espera a que Josie haya sanado —suplicó aferrándose a la taza de café en una mano y al contacto de Severus en la otra que se intensificó unos segundo para darle su apoyo y comprensión.
—Estoy seguro de que podremos hablar de eso pronto —susurró Severus con esa maravillosa voz suya que lo enloquecía.
Era el momento que Harry había temido tanto, sabía lo que tenía que hacer, pero tenía tanto miedo y sin embargo sabía que Severus lo entendería.
—No puedo hacer esto solo —le dijo sosteniendo la oscura mirada del hombre que amaba—. Ni con la ayuda de Remus o Sirius porque va más allá de su alcance. Severus no puedo llorar —aceptó sin rodeos—, no como fénix por lo menos. Debe haber algún modo en que lo logre algún día o estoy tan condicionado por la magia negra de Voldemort que simplemente no puedo lograrlo ahora.
—No entiendo.
—Voldemort me torturaba como fénix para hacer que llorara, usaba el cruciatus porque nada más funcionaba —dijo Harry en voz apenas audible pero clara.
—Harry yo no…
—¡Necesito que alguien me la lance Severus! —apremió Harry casi con desesperación—. No podemos seguir perdiendo más días. Llorar me está tomando más tiempo que transformarme, de seguir así no podré salvar a Josie.
—¡Debe haber algo más que se pueda hacer! —intentó razonar Severus, pero no tenía caso porque Harry ya había razonado demasiado el tema, a cada momento mientras repetía una y otra vez los recuerdos más dolorosos de su vida en un vano intento por derramar una lágrima.
—"Hay ocasiones en que la realidad nos rebasa y debemos enfrentarla a todo costo" —recitó Harry sin perder detalle del rostro de Severus al recordar sus propias palabras, las mismas que le había dicho cuando reiniciaran su entrenamiento.
La mirada de Severus se mantuvo unos momentos tan inalterable como impasible, después se ablandó en un gesto de sutil tristeza.
—Jamás creí que alguien lograra atacarme con mis mismas palabras y no pudiera encontrar una buena defensa —musitó Severus—. Jamás, en todos estos años creí que fueras a ser tú quien usaría esas precisas palabras.
—No lo hago por venganza.
—Lo sé, sólo que ahora me arrepiento de haber sido tan duro contigo.
—Yo no, me enseñaste a estar preparado para lo peor.
—¿Esto es lo peor? —insistió Severus y Harry entendió, no quería hacerle daño, no por Josie ni por nadie. Sólo recurriría al cruciatus como el último recurso.
—El efecto de la poción que uso para hacerla dormir es cada vez menor, igual que el de las pociones analgésicas. No es que me guste tenerla en ese estado, pero el dolor que sienten es constante y llega a ser insoportable, pronto sólo sabrá de dolor y eso es algo que no quisiera que vieras —informó Harry con la misma seriedad con la que explicaba una situación así a cualquier otro familiar del paciente—. Vivirá dos o tres días aproximadamente envuelta en dolor antes del final.
—¿La poción funcionaría si esperamos tanto?
—Funcionó para Leonard y Misty —sonrió Harry con melancolía alejándose del confort que le ofrecía la mano de Severus—, funcionará para Josie.
Le garantizó apretando ligeramente el hombro de su amado al pasar a su lado y salir de la cocina.
—Sólo intenté que no tuvieras que pasar por eso Severus —le dijo al pasillo vacío al dirigirse de nuevo a "su salón de tortura" donde Sirius y Remus debían de estar esperándolo.
° ° ° ° °
Josie lloraba y aquello era una tortura mayor a la que nunca había recibido como mortífago. Su bebé lloraba y nada que hiciera lograba atenuar su dolor.
Harry se lo había advertido pero no quiso escucharlo entonces porque no soportaba la idea de tener que levantar su varita frente a la persona que amaba y lo que era peor, usar la maldición cruciatus.
—No puedo creer que Potter sea incapaz de producir una sola lágrima de fénix —refunfuñó Draco a su lado. Era su modo de expresar su inconformidad sin lanzarse a golpear a Harry.
—Es un reflejo condicionado —reflexionó Severus—, el Señor Tenebroso era un especialista en ellos, usaba técnicas muggle y mágicas para conseguir ciertas conductas en condiciones específicas.
—¿Harry tiene idea de eso? —preguntó Draco ablandando su tono de voz.
—Claro, incluso pidió mi ayuda para conseguir las lágrimas —rió secamente Severus.
—¿Qué hay que hacer? —dijo Draco luego de una pausa.
Severus lo miró y descubrió la determinación en su mirada y comprensión, cualquier cosa que él no quisiera hacer debía de ser mala, pero alguien debía hacerla.
—No puedo pedirte que hagas eso por mí o por Josie, debo enfrentarlo yo mismo.
—No has podido hacerlo hasta ahora. Cada vez será peor —lo enfrentó Draco con la realidad— ¿vas a dejar que Josie siga sufriendo porque no puedes hacer el trabajo sucio ni me permites hacerlo?
—Eres pésimo con las maldiciones imperdonables Draco, mantener un cruciatus demasiado tiempo es muy cansado.
Lo dijo sin ganas, comprendiendo que tendría que hacerlo, más la mirada de Draco le reveló que era necesario y que él estaba dispuesto a ayudarlo incluso por eso.
—Hubiera dado mi vida por Heather de saber que era tu hija, pero fui un cobarde, le debo eso a Harry y te lo debo a ti, porque si no fuera por ustedes nunca habría tenido la oportunidad de forjar el futuro que es mi familia.
—¡Ya era hora!
Los dos magos fijaron su mirada en la puerta de la enfermería por donde entraban en ese momento Remus arrastrando al perro Sirius por una correa. El animago chillaba intentando soltar el collar que llevaba al cuello y que debía de ser lo que le impidiera regresar a la normalidad.
—Apenas puedo creer que intentara escapar —continuó Harry que era quien había gritado previamente.
—¿Qué sucedió? —preguntó Draco viendo como la correa que sujetaba a su tío era amarrada a la cabecera de una de las camas.
—No mucho, Sirius intentó su último recurso para hacer llorar al fénix y está pagando las consecuencias de sus actos —explicó Remus, lucía divertido pero terriblemente cansado.
—¡Se atrevió a morderme! ¿Acaso soy un faisán? —refunfuñó Harry ofendido.
—Recuerda que el viejo Voldemort dijo que el dolor te haría llorar —repitió Remus.
—¡Se refería a un crucio sostenido no menos de cinco minutos! ¿Cuántas veces debo decírselos?
—No las suficientes para que me convenzas de usar ese tipo de conjuros Harry —comentó el licántropo—, además ya sabes que soy incapaz de usar una imperdonable. ¡El Ministerio pediría mi cabeza!
—Sólo si te denuncio —se encaprichó Harry, debían haber tenido esa conversación suficientes veces como para que ninguno de los dos parpadeara al hablar.
—¡Por favor! Se comportan como niños —se quejó Draco liberando a Sirius que se transformó de inmediato—. ¿Aunque sea gritó? —le preguntó a su tío.
—Sólo graznó un poco, ni siquiera se le humedecieron los ojos —reconoció Sirius—, tal vez debí morderte más fuerte.
—Si me mordías más fuerte me hubieras arrancado un ala —se quejó Harry agitando los brazos sobre su cabeza antes de dejarse caer en una de las camas frente a Josie.
—¿Te dolió mucho? —preguntó su niña en un hilillo de voz, los ojos rojos y los labios pálidos la hacían lucir extrañamente irreal, casi como una criatura etérea.
—No tanto —intentó sonreírle Harry—, apenas un cosquilleo.
Josie le dedicó una de esas miradas largas que se estaban haciendo habituales en ella, de manera casi automática, Harry apareció un paño húmedo que colocó sobre su frente.
—Muy pronto te aliviarás —le susurró como si no hubiera nadie más que ellos—, he empezado a preparar la poción que te aliviará, está reposando ahora en mi laboratorio, debe hacerlo por tres horas más antes de agregar el último ingrediente.
Pero Josie no lucía muy convencida.
—¿Me voy a morir? —lloró por fin abrazando a Harry— ¿Iré con mamá y Heather al cielo?
Harry le había hablado de su hermana que nunca conoció frente a Severus, había sido muy cuidadoso el decirle las circunstancias de su muerte y que no era hija de Jodie.
—No bebé —la consoló él, apretándola contra su pecho justo como Severus quería hacerlo en ese momento—, vas a aliviarte, entonces iremos a mi casa y cumpliré mi promesa.
Nadie entendió una palabra de esa conversación, tampoco querían interrumpir la complicidad entre ellos. Luego de un rato Severus se aclaró la garganta para llamar su atención.
—Harry... lo haré.
En unos minutos estaban en el Salón de los Menesteres, el lugar que Harry había seleccionado y a petición suya, ninguno de sus padrinos estaba presente, sólo ellos y Draco.
—No quiero que Sirius te muerda —intentó bromear Harry pero ni siquiera él estaba de humor parar seguir la broma.
—Apenas puedo creer que haya logrado mantenerme alejado de líos legales, maldiciones oscuras y atacar inocentes para terminar maldiciéndote —comentó un incrédulo Draco.
—Sólo piensa que tenemos trece años y todavía me odias.
—Nunca te odie tanto.
—Mejor cuida el tiempo, Draco y recoge las lágrimas —dijo Severus, levantando la varita—. Entre más pronto empecemos, más pronto terminaremos.
—Estoy de acuerdo —aceptó Harry caminando al centro de la habitación y transformándose en la criatura mágica más especial que Severus había visto.
El fénix negro agitó sus alas para indicarles que estaba listo. Cerrando los ojos, Severus pronunció las palabras que nunca creyó llegar a decirle a Harry.
—Crucio.
Apenas sostuvo la maldición medio minuto y el fénix ni siquiera había temblado.
—Necesitas hacer esto por Josie —escuchó a Harry. Sólo entonces Severus se dio cuenta de que estaba tirado en el suelo, cubriendo el rostro entre sus manos.
—Para convocar estas maldiciones…
—…necesitas sentirlo ¡Lo sé! —terminó Harry por él con cierta desesperación.
La situación era desesperante, pero simplemente no podía lastimar a Harry, lo amaba y hacerle daño deliberadamente le parecía una traición a su amor.
—Severus —susurró Harry muy suave, tanto que no pudo evitar levantar la cara para ver sus hermosos ojos verdes—, perdóname.
—¿Por qué?
—Por esto —dijo Harry cambiando sus rasgos a la impenetrable máscara de guerra que hacía años nadie vería en su rostro—. IMPERIO.
Todo dejó de ser un vórtice de emociones y culpa, la enfermedad de Josie había dejado de preocuparle al igual que el dolor de la muerte de su otra hija, la que no conoció. Nada era lo suficiente para distraerlo de una bruma falsa de felicidad en la que se podía sentir seguro.
Lánzame un cruciatus.
La orden llegó clara a su mente, lamisca mente que estaba envuelta en tranquilidad. Pero no tenía sentido porque Severus sabía que no debía tenerlo.
Levanta tu varita y lánzame un cruciatus.
Repitió la voz suavemente, casi con ternura, como cobijándolo a pesar de que Severus no recordaba por qué debería de hacerlo.
¡DI CRUCIO!
Ordenó apremiante la voz haciendo reaccionar a Severus. Nadie le ordenaba nada de esa forma y mucho menos para lanzar una imperdonable.
En un abrir y cerrar de ojos logró vencer el imperio. Frente a él un fénix negro se retorcía de dolor, fue cuando comprendió que era él quien estaba causando ese dolor, era su varita la que mantenía a esa criatura bajo una de las peores maldiciones que existían y sin poder más, la tiró al caer de rodillas.
La varita rodó un poco por el suelo hasta chocar con el pie de Draco que esta inclinado sobre el fénix, con un pequeño frasco de vidrio en la mano.
—No puedo creerlo —balbuceó Severus sin dar crédito a lo que acababa de suceder.
—Él quiso tomar toda la responsabilidad —comentó Draco mientras cerraba el frasco—. Creo que estará bien, estuvo bajo la maldición menos de un minuto. Te tomó más de lo que creí liberarte del imperio. Supongo que es más poderoso de lo que imaginamos.
Había muchas cosas que Severus quería decir, pero fue incapaz de hacerlo, estaba demasiado sorprendido por lo que Harry había hecho.
Sin comprender como levantó en brazos al fénix y con Draco tras de él regresaron a la enfermería, había una poción que terminar y un animago que curar.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: Se que fue cruel, pero Harry no podía tomar la decisión por Severus ni obligarlo a maldecirlo pero quería darle la oportunidad de que lo intentara porque se trata de la vida de su hija. A pesar de todo lo malo este fic es rosa, por eso agregué algunas escenas divertidas que espero les hayan arrancado alguna sonrisa.
Nos leemos pronto con la continuación, ya estamos a unos capítulos del final y aún quedan sorpresas y revelaciones. Y si quieren que escriba más rápido…. Entonces mande un comentario, acuérdense que le ayudan a mi musa para ponerse a trabajar.
Besos quetzalescos.
