Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: Una boda, una celebración, un tour por Hogwarts y una gran noticia.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: Si, lo sé he tardado muchísimo pero la tecnología y el tiempo han estado en mi contra. Eso y un cierto tiempo enferma… Aún así aquí les traigo el último capítulo de este fic y les anuncio que mis demás fics no permanecerán inconclusos por mucho tiempo porque ya estoy trabajando en ellos. Así que les agradezco de corazón todo su apoyo. Mil gracias me duele terminar esta historia porque la quiero mucho pero ya no hay mucho más que decir que esto, espero que lo disfruten.
Epílogo
Cada día es un pequeño
milagro
—Aquel fue un frío invierno, nada fuera de lo común si no fuera porque ese día en particular amaneció soleado, sin ventiscas ni heladas, fue casi como si la primavera hubiera prestado un día a la pareja enamorada o quizás la magia de Harry estaba haciendo trampa por sí sola para crear un ambiente perfecto. No que lo necesitara porque todo estaba perfecto.
El Gran Comedor no se ha vuelto a ver tan hermoso. En diciembre siempre esta bello por la decoración navideña, pero ese día estaba en todo su esplendor. Faltaban tres días para Navidad y se habían agregado adornos para celebrar la boda en el momento justo del solsticio de invierno.
Flotaba sobre el lugar donde está la mesa de los profesores un enorme candelabro hecho de hielo que brillaba como si fuera de diamante. Desde abajo parecía un enorme nudo celta y de lado se veía el símbolo del infinito entrelazado con hojas de muérdago. En el usual sitio donde cuelgan las banderolas de la Casa ganadora de la Copa, flotaban lazos de hielo entrelazados como una gigantesca red guía que cobijaba el centenar de velas flotantes que tenían amarrados pequeños cascabeles que apenas tintineaban a causa de su flotar rítmico en una suave melodía apenas perceptible.
Los usuales árboles de Navidad protegían el entorno como vigías militares adornados con cientos de medallas y listones resaltando los dos colores predominantes: el plata y el oro, que se veían entrelazados en la orilla de los blancos manteles que adornaban las bancas dispuestas para que nadie perdiera un detalle de la ceremonia y en el alfombrado para la ceremonia.
El coro del profesor Flitwick que también rebosara de actividad en los previos ensayos terminaba de acomodarse en el lugar dispuesto para ellos. Una visión fuera de lo común no por sus túnicas azul profundo con remates plateados que no revelaban a que casa pertenecían los integrantes, sino por las diversas edades que tenían todos ellos, unos alumnos y varios adultos ex alumnos que habían compartido su época escolar con los novios.
No muy lejos de la puerta principal del Gran Comedor Fred, George y Azalea conspiraban a salvo de la mirada inquisidora de Hermione y Remus porque estaban demasiado ocupados con ayudar a Harry con su arreglo en la pequeña sala aledaña donde años antes fueran convocados los Campeones para el Torneo de los Tres Magos.
No que Sirius y Ron estuvieran en posición de vigilarlos tampoco porque estaban ayudando al flamante novio mientras Kingsley no dejaba de narrar chistes y bromas sobre el matrimonio y la soltería a Severus.
Afortunadamente Draconiss estaba encabezando la organización de los invitados y tenía un escuadrón de Weasley guiando a cada invitado a las bancas para que no hubiera lugares vacíos lo que habría sido aterrador porque cada vez era más evidente que esa era la boda de la centuria, parecía que todos querían acompañar a los novios a ser testigos de su felicidad: los miembros vivos de la Orden del Fénix, el Ministerio de Magia y el Wizengamont, los sanadores de San Mungo y los compañeros de la Federación Inglesa de Quidditch con el famoso Víctor Krum, el profesorado de Hogwarts e incluso Gilderoy Lockhart como ex profesor y editor del padrino de uno de los novios estaba presente deslumbrando a quien se dejara con su enorme sonrisa.
Aquel sería un día que permanecería en la memoria colectiva por muchos años futuros, a la hora precisa los novios se encontraron bajo el enorme candelabro de hielo, entrelazaron sus manos mientras pronunciaban votos que los atarían más allá de esta vida en un conjuro antiguo mientras caía sobre ellos un rayo dorado directo del sol reflejado en el candelabro que lo aumento cien veces dándole a la feliz pareja un brillo etéreo. Cuando el punto exacto del solsticio terminó la unión mágica estaba sellada, después sólo fue seguir los convencionalismos ministeriales bajo la presencia de Amelia Bones que estaba encantada de oficiar una ceremonia preciosa donde Leonard, Misty, Reagan y Herbert eran los pajecitos que entregaron los anillos y el lazo.
—¿Y tú que hiciste Josie?
—Yo fui quien les puso el lazo —gorjeó la joven de catorce años ligeramente sonrosada al recordar —. Tuve que practicar mucho para que el nudo saliera bien pero lo hice porque así mi magia y la de Harry nos reconocería como familia y desde entonces…
—Se selló nuestra maldición y tenemos que llamarla hermana —interrumpió Jonathan desde la puerta de la habitación de Lily que seguía en la cama con el álbum de fotos de la boda de sus padres entre sus piernas y con Josie sentada a su lado—. Y pensar que pude ser el hermano mayor —se quejó.
—Da gracias de que no lo es Lily, quien sabe si pudiera ver el suelo con la cabeza en las nubes —golpeó Josie a su hermano de siete años con una almohada en la cara—. ¿Por qué no habrán aceptado mi propuesta de nombre?
—Porque "Parásito" no es un nombre ni cuando intentas decirlo en latín —se defendió Jonathan arrojando la almohada contra sus hermanas, golpeando a ambas al mismo tiempo.
Todo estaba perdido, entonces se desató la batalla de almohadas más fiera que se ha visto en Fénix's Song.
—SILENCIO —ordenó la autoritaria voz de Severus Snape callando de inmediato el ruido reinante—, ahora quien puede explicar porqué parece que pasó por aquí un hipogrifo y el motivo por el que están retrasados para la cena.
Josie y Jonathan intercambiaron miradas de reproche y reto bajando las almohadas desechas mientras les caían plumas sobre el cabello, lo que causó una risita a Lily antes de lanzarse a los brazos de su padre.
—Josie me contaba como fue su boda cuando Jon vino a jugar papá.
—¿Y te dijo que ató tan bien nuestras muñecas que Sirius tardó casi dos minutos en desatarnos? —rió Severus cargando a su hija menor y sentarla en sus piernas en la cama de la pequeña Lily.
—No, ji ji ji.
—Es que en ese momento llegó un pesado parásito y nos interrumpió —chilló Josie entregando el álbum a su padre, en la foto Sirius Black luchaba con fuerza para deshacer el nudo ante una mirada reprobatoria de Severus y la risa de Harry.
—Claro que viendo a distancia la boda creo que me alegró saber que Josie de seis años era más fuerte que el padrino de Harry, de haber sabido lo habría puesto a entrenar con ella para que supiera como deshacer ese nudo en particular.
—¿Por qué no usó magia? —preguntó Jon intentando imitar el sarcasmo de su padre.
—Porque debía ser anudado y desatado sin magia —explicó Severus con su voz tenebrosa de Profesor Snape, gozando de la reacción de su hijo a quien le faltaban muchos años para poder igualarlo.
—¿Por qué papá? —preguntó Lily pasando su manita sobre la foto.
A Severus le conmovía mucho, Lily era un encanto menos aventurera que Josie a los cinco años y junto a Jonathan era un ángel caído del cielo.
—Porque simboliza que no habrá poder mágico capaz de separarnos, aunque luego de los muchos intentos de Sirius parece que tampoco habrá otras fuerzas que nos separen. Y por otro lado fue más que simbólico bailar al lado de Harry mientras nuestras muñecas seguían atadas sin contar el reto que supuso.
Al hablar Severus pasó una mano con delicadeza sobre la foto del baile, justo bajo el candelabro de hielo que hacía brillar la mágica atadura de sus muñecas mientras ambos giraban realizando las complicadas figuras que eran obligatorias en el tipo de ceremonia que Harry había elegido. Sonrió complacido de recordar los ensayos donde Harry se detenía de proferir maldiciones cada vez que se tropezaba y el placer que había sentido en recordarle constantemente que él había elegido el ritual mágico, pero había valido la pena. Severus aún recordaba el vértigo resultante de entrelazar su vida con el ser amado más allá del sentido figurado, la magia de Harry corriendo por su cuerpo hasta que Sirius logró desatarlos y regresarles una individualidad que ya no estaba tan seguro de desear.
—Había un violinista —recordó en voz alta señalando la pequeña silueta que se movía al ritmo de las mudas notas—, fue el regalo de bodas de Remus. Si no hubiera estado tan nervioso por la boda le habría dicho algunos comentarios nada agradables y resultó ser un magnifico obsequio. He intentado convencerlo de que me contacte con él como sorpresa para nuestro aniversario pero siempre se rehúsa.
—Tal vez si nosotros lo convencemos —sugirió Lily con esa sonrisita que revelaba exactamente cuan Slytherin podía ser su pequeña.
—Tal vez —secundó Severus abrazando a la pequeña.
Era un hombre afortunado y dichoso al tener la familia que tenía, su otros dos hijos se acercaron y completaron el abrazo cuando la puerta se abrió de golpe haciendo que todos saltaran.
—¿Qué necesito hacer para que todos bajen a cenar? —gritó Harry como si estuviera hablando al mismo Voldemort escupido del infierno— ¿Y se puede saber egoístas por qué no me invitaron al abrazo familiar?
—No queríamos arruinar el momento —se atrevió a decir Jonathan ganando una mirada de reproche de su padre, que se transformó pronto en el reflejo mismo del dolor más profundo obligando al niño a cambiar su actitud y a sollozar—. Yo l-lo siento papi, no quería hablarte así es que yo… soy muy cabezadura y…
—Tienes el cabello verde —sonrió con malicia Harry recordándole a Severus el espectro de James Potter en sus peores momentos—. ¿Ves lo que pasa cuando eres demasiado sarcástico frente a los niños? —le recriminó brevemente a Severus antes de volver su atención a su hijo—. Si vuelves ha hablarme así tendrás algo más que el verde en tu cabeza jovencito.
Pero ya le estaba hablando al aire porque Jonathan había corrido al espejo más cercano, jalando su cabello y frotándolo desesperado.
—Pero papi, ¡mañana vamos a ir a la estación a librarnos de Josie!
—¡OYE!
—No puedo ir así —continúo Jon ignorando el reclamo de su hermana mayor.
—Por eso estarás así hasta el amanecer y si no dejas de molestar a Josie tendrás que pedir una gorra la próxima vez que vayas al Callejón Dragón. Ya les he dicho a los dos lo molesto que es escucharlos discutir todo el tiempo —agregó Harry antes de que Josie pudiera hacer algún comentario—. Ahora todos a la lavarse las manos porque no voy a mantener un hechizo de calor en la cena por más de cinco minutos.
Al momento los tres niños corrieron al baño más cercano luchando por se el primero en llegar. Severus se levantó de la cama con el álbum en la mano dispuesto a dejarlo en la repisa junto a la chimenea de la sala donde casi siempre estaba.
—Recuerdo que eran muy unidos ¿cuándo empezaron a pelear por todo? —le preguntó Harry mirando con añoranza una de las tantas fotos que adornaban la sala donde una Josie de siete años cargaba al bebé Jon recién nacido.
—Si mal no recuerdo fue cuando Jon intentó leer el diario de Josie —Severus pasó un brazo sobre el hombro de Harry contemplando otra foto donde Josie de doce años y Jon de cinco patinaban sobre el lago congelado de Hogwarts bajo la atenta mirada de Harry—. Culpa al crecimiento y las hormonas hace a las adolescentes más secretas y los niños más curiosos. Si mal no recuerdo tú eras igual o más curioso aún.
—No cuenta, jamás husmeé un diario.
—No, sólo piedras filosófales y pasillos del colegio durante la noche.
—¿Ves? No era lo mismo —dijo Harry muy cerca de la oreja de Severus antes de besarlo en la boca.
—¡Oigan todavía no es hora del postre! —gritó Jonathan ya sentado a la mesa, pero se arrepintió de inmediato al acomodar su cabello y recordar que ahora era verde.
Sus padres lo miraron sorprendidos y no dijeron nada a causa de la risa hasta que toda la familia se unió, especialmente Jon que suspiró de alivio.
Pronto todos compartían la cena especial antes de Hogwarts que se había convertido en un ritual para la familia desde que Josie entrara al colegio como alumna oficial.
—Sigo sin entender por qué no podemos ir todos a Hogwarts —se quejó Lily quien no había dejado de insistir en el tema desde que se enteró que sus padres y su hermana mayor vivieron en el castillo antes.
—¡Cierto! No es justo —la secundó Jon, su carácter temerario atacando de nuevo—, Josie ya conoce el castillo desde antes y nosotros no.
—Ya hemos discutido cientos de veces —se apresuró a responder Severus adelantándose a Harry—. Hogwarts es una escuela a la que asistirán como todos los niños en su momento.
—Y yo sólo viví en el castillo un año, lo único que recordaba era gracias a las fotos de la boda —reconoció Josie—, Herb, Reagan y Misty tampoco recordaban mucho pero Leonard nos dio un recorrido el primer día para que no pasáramos vergüenza, si se portan bien yo se los daré a Jon… ¡Ups! Salgo un año antes —canturreó triunfal.
—No te preocupes Jon, Emily estará en cuarto año y estoy seguro de que te dará ese recorrido —intervino Harry antes de que iniciara una nueva pelea. Además ustedes no querrían vivir en Hogwarts, no deben mezclarse con los estudiantes, está prohibido correr en los pasillos y podrían provocar desde el divorcio hasta un infarto para sus queridos padres que no soportamos la tensión de ver niños pequeños cerca de las escaleras móviles del castillo.
Severus asentía de tanto en tanto conforme Harry hablaba para demostrar su consentimiento.
—Aquí están todos sus amigos y dejarían de ir a la escuela para recibir educación privada conmigo y papá como maestros —continuó Harry dando una pequeña pausa para que sus hijos menores consideraran la posibilidad de aprender de sus padres—. Jon tendrías que dejar el equipo de fútbol y Lily la gimnasia rítmica…
Ambos niños hicieron muecas de descontento ante la sola posibilidad de dejar a todos sus amigos. Entonces el brillo en los ojos de Lily regresó con la misma intensidad con la que Albus Dumbledore conseguía irritar a Severus.
—¿Podrían llevarnos un día? Sólo para que conozcamos el lugar en donde trabajan. Como cuando Milli Mackensie fue a la oficina de su padre.
Eso tomó por sorpresa a los desprevenidos padres que no esperaban ese ataque.
—No prometemos nada porque debemos hablar antes con la directora —se aventuró a responder Severus después del intercambio de ideas con Harry.
La respuesta bastó para que ambos niños se levantaran a dar de brincos entusiasmados con la posibilidad de conocer el famoso castillo.
—Me recuerdan a Azalea y los gemelos Weasley —reconoció Severus en el oído de su esposo—, brincando y saltando por todo el Gran Comedor mientras nos arrojaban confeti y arroz. Casi me dejan ciego con todo lo que nos arrojaron encima.
Harry sonrió, compartió un breve beso con el hombre que amaba y procedió a restaurar el orden de su casa, ordenando a los niños a realizar sus tareas cotidianas, para mandarlos a dormir o de lo contrario llegarían tarde a la estación.
—¿Por qué la prisa? Aún es temprano.
—Quiero recordar la luna de miel —ronroneó Harry atrayendo a Severus en un discreto beso al pie de las escaleras, justo antes de tomar su mano y jalarlo arriba, a su habitación.
° ° ° ° °
—¡Por favor Harry! —suplicó una última vez Hermione que estaba convencida de poder librarse de cuidar adolescentes en la primera salida a Hogsmeade del año.
—Olvídalo, tenemos ese fin de semana prometido desde antes de regresar a Hogwarts y los niños nos harían pedazos si se enteran que Harry dejó pasar la oportunidad —respondió Severus en su lugar.
—Pero…
—Y también me lo prometió a mí después de recordar con detalles nuestra boda —finalizó Severus disfrutando como siempre de mortificar a una Gryffindor, sobre todo ahora que debía respetar a la directora, afortunadamente Minerva había contratado a su mejor sucesora.
—Todos los detalles —respondió Harry en un suspiro que dejaba muy poco a la imaginación, desde su pequeña oficina en la enfermería lo que impulso a Hermione para hacer una veloz escapada antes de saber más detalles.
Así fue como aquel primer fin de semana en Hogsmeade la familia Potter-Snape se encontró muy temprano en la enorme puerta de entrada del Colegio, mientras la mayoría de los aún dormían.
—¿Podemos ver primero la lechucería? —insistió por milésima vez Lily.
—¡Por favor! Las lechuzas no abandonarán su refugio y si lo hacen no escaparán todas para evitar que las veas —la reprendió por milésima vez Jonathan.
—De hecho la mayoría si abandonan la lechucería en las mañanas —informó Josie satisfecha de poder fastidiar un poco a su hermano menor.
—Y es por eso que la primera parada será el Gran Comedor —finalizó Severus tomando riendas de la situación y encabezando la marcha sin esperar a ser contradicho.
Los niños prácticamente corrieron al lado de su padre dejando atrás a Harry y Josie que los miraban conteniendo la risa.
—Me alegro que decidieras acompañarnos.
—¿Bromeas? ¿Y perder un día familiar en Hogwarts? —sonrió Josie—, no tenía uno así desde… ¡que se casaron! Le quitaron lo divertido a este castillo, no más accidentes mortales, elfos al borde de la histeria ni disputas por mascotas entre adultos en Hogwarts, apenas puedo creer que no haya muerto de aburrimiento.
—¡Creí que nadie podía decir que este colegio fuera aburrido? —rió Harry de buena gana caminando al lado de la jovencita que se había convertido en una hija para él.
Josie lo tomó de la mano y lo arrastró corriendo los metros que los separaban del resto de la familia hasta alcanzarlos en el momento justo en que cruzaban las puertas del Gran Comedor.
—¡Es más grande de lo que creí! —susurró Jonathan impresionado.
—¡ES TAN BONITO COMO EN LAS FOTOS! —gritó Lily saltando como un pequeño conejo junto a Severus. Un levantamiento de ceja le dijo que tenía que contenerse.
Juntos llegaron hasta la mesa de Ravenclaw donde los cinco se sentaron. Los tres integrantes de la familia que asistían regularmente al colegio habían votado por decidir la mesa en la que desayunarían y Severus había perdido porque Josie era a final de cuentas una Ravenclaw y Harry prefería terreno neutro antes de una discusión por la copa de las casas.
—Por lo menos no es Gryffindor —rezongó una última vez Severus antes de sentarse al lado de Harry que tomó una de sus manos entre la suya por debajo de la mesa.
Como siempre el desayuno fue estupendo y transcurrió sin mayores problemas porque era fin de semana y no había muchos alumnos madrugadores en sábado. Aún así, Lily no pudo contenerse de saltar un poco cuando un pequeño grupo de lechuzas bajo en picada entregando paquetes a sus respectivos dueños y mucho menos cuando tres lechuzas del colegio dejaron caer en sus manos un paquete a cada uno de los niños Potter-Snape, incluyendo a Josie.
—No hago favoritismos entre mis hijos —fue lo único que dijo Severus sin levantar la mirada de su plato de fruta.
Después de unos segundos de pelea contra el mejor nudo de Harry los tres pudieron disfrutar las grajeas de todos los sabores que sus padres habían decidido obsequiarles con tal de que los pequeños disfrutaran del "espectáculo".
A partir de ese momento Josie olvidó su postura de fina señorita que le encantaba mantener frente a sus hermanos menores y se entregó a la tarea de divertirse en el recorrido sin rumbo fijo por los alrededores del castillo, las carreras alrededor de los postes del campo de quidditch y el lanzar bolitas de pan al calamar gigante que se lució en un enorme salto y chapoteo que resultó en dos adultos y tres niños empapados.
Luego de una breve visita a Hagrid y su campo de calabazas, con la obligada taza de té pero sin panecillos, Severus consideró que era momento de moverse al interior de nuevo por lo que luego de una apetitosa comida en la enfermería, donde Josie les contó a sus hermanos de cómo estaba organizada cuando ella era niña, los cinco decidieron seguir el recorrido por todas las escaleras móviles, con algunas paradas para platicar con los cuadros y saludar a los fantasmas que se atravesaran en el camino.
Cerca de la torre de Ravenclaw y luego de insistir que no podían entrar a la Casa de Josie, Severus se detuvo para observar a Harry.
—Te ves cansado.
—Bueno, no acostumbro recorrer todo el castillo diario y definitivamente ya no tengo la misma condición de un jugador de quidditch.
—Sabes que no me refiero a eso —lo abrazó Severus atrayéndolo hacia sí con un abrazo protector—, yo diría que usar demasiado polvo flu para llegar más rápido a todas partes hace a la gente perezosa.
—¡No soy perezoso! Es sólo que tengo que salir de la enfermería y regresar más veces que tú. Te escudas en tu horario para no ir por los niños a la escuela ni llevarlos a sus cursos.
—No lo hago por eso, es para protegerlos.
—¡Si claro! —se burló Harry sujetando a Severus por la cintura mientras ambos seguían a sus niños.
—¡En serio! Imagina la cara de las maestras cuando me vean preguntarles por las notas de Jon y Lily, no quiero que tomen represalias contra ellos por mi gesto adusto. Lo que me recuerda que nunca te habías quejado por eso antes.
—No me estoy quejando, tú eres quien se burla de mi condición física porque uso demasiado los polvos flu —ronroneó Harry en el cuello de su esposo—. Si quisiera que otras madres te vieran y empezaran a coquetear contigo te lo habría dicho antes.
—¿Así que coqueteas con otras madres? —preguntó suspicaz Severus.
—¿A qué hora si debo regresar cuanto antes a casa para saber si hay alguna emergencia en la enfermería? —lo calló Harry al soltarle un cariñoso golpe en el hombro antes de besarlo.
Unos pasos delante de ellos Josie les mostraba a sus hermanos el lugar donde había caído cuando niña, la historia más célebre en la familia después de "La Boda".
—No puedo creer que hicieras algo que te despeinara —dijo casi con admiración Jon asomado desde el barandal más cercano.
—Ja ja ja, muy gracioso.
—No te asomes tanto —advirtió Severus a Lily—. ¿Qué haremos ahora Harry?
—Sólo queda tu sugerencia de la torre de Astronomía ya que descontaste mis ideas de cierto Salón y una Cámara…
—¡La Torre de Astronomía entonces! y para que no digas que soy un amargado que no sabe divertirse te informo que la he clausurado desde anoche porque les tengo una sorpresa aguardando allá arriba.
Los más pequeños saltaron animados como cuando perseguían a Spark, mientras Harry y Josie intercambiaron una mirada desconfiada.
—No me vean así, yo también soy capaz de crear sorpresas… es sólo que ustedes no son capaces de verlo.
Sin querer discutir más el asunto por temor a perder la sorpresa y el buen humor de Severus, la familia se dirigió hasta la Torre de Astronomía preguntándose de que trataría la dichosa sorpresa.
En particular Harry estaba por demás ansioso. Severus era la persona más seria que conocía y cuando decidía saltarse las reglas que él mismo se había impuesto había que esperar cualquier cosa desde una cena romántica hasta un pequeño tornado. Secretamente Harry esperaba que se tratara de una cena porque no creía que Hogwarts soportara un pequeño tornado.
Cuando llegaron al último escalón en lo alto de la Torre, justo para abrir la puerta que llevaba al observatorio donde los niños debían llevar sus telescopios, Harry estaba tan nervioso que apenas podía dar un paso sin que le dolieran las piernas.
Cerró los ojos, aspiró profundo y alcanzó a ver a Severus quitando los sellos mágicos con los que había clausurado el lugar para hacer una reverencia a modo de un presentador de ceremonia al abrir la puerta.
° ° ° ° °
Estaba tan nervioso como Harry, después de todo no eran muchas las ocasiones en que dejaba su exterior fríamente calculado y se arriesgaba a intentar algo nuevo. Claro que nunca lo confesaría, además de que Severus estaba disfrutando enormemente de la ansiedad que había conseguido crear entre los miembros de su familia.
Hizo algo de tiempo extra repitiendo algunos movimientos de varita que aterrorizarían más a sus hijos al considerar todo lo que su padre sabía de sellos mágicos. En el último segundo alcanzó a ver su reloj de pulsera y descubrir que faltaba un minuto para las seis de la tarde.
La hora exacta.
Abrió la puerta y permitió que entrara la familia. Justo antes de que empezaran a distraerse con nimiedades como ver que había en la Torre de Astronomía, los llamó para que lo siguieran con la mirada y con eso vieran hacia el horizonte donde el sol empezaba su diario ritual de despedida.
La puesta del sol tuvo el feliz tino de dirigir destellos dorados por unas nubes pasajeras que cautivaron de inmediato la atención de la familia, seguro de que habían entendido el mensaje se quedó de pie junto a Harry tomándolo por la cintura para atraerlo hacia sí y compartir el espectáculo.
—Esto es taaaannnn romántico —suspiró Lily entre risitas recordándole a Severus que le quedaba poco tiempo de disfrutar a su nena sin que las hormonas llegaran a alterarlo todo como sucedió con Josie.
—Si papá, esta sorpresa no es para nosotros —se quejó Jon haciendo un mohín pero sin perder de vista el brillo de los aros del campo de quidditch bajo el reflejo del atardecer.
—Es para todos —dijo Severus antes de que Josie riñera con su hermano.
Los últimos destellos del sol se habían ocultado al tiempo que algunas estrellas empezaban a tintinear cuando los niños, no pudiendo evitarlo más empezaron a distraerse y a molestarse entre sí.
—Gracias —ronroneó deliciosamente Harry después de un discreto beso en la mejilla para darse la vuelta y enfrentar la horda salvaje compuesta por tres escandalosos.
—Todavía no termina —le dijo Severus detrás de él antes de encarar las siluetas que indicaban en donde estaban sus hijos—. Quietos todos.
—¡No
tenías que cerrar la Torre para esto papá! —agitó
lo brazos Jon para ser el último con la palabra.
—Claro
que no, pero para esto si —agitó Severus la varita
encendiendo pequeñas velitas que estaban alineadas sobre las
almenas de la Torre para que alumbraron sin ser vistas desde
afuera.
Lily llevó sus manos hasta su boca para apagar un chillido que se hubiera escuchado hasta Hogsmeade. Frente a ella, flotando sobre una mesa redonda cubierta por un mantel blanco con vajilla dorada estaba el candelabro de las fotografías de la boda de sus padres.
—Lo guardé para celebrar nuestro décimo aniversario, pero creo que esta ocasión ameritó sacarlo un par de años antes —anunció Severus tomando a Harry de la mano para guiarlo hasta la mesa.
Cuando todos estuvieron sentados a la mesa contemplando la vajilla dorada, Severus aún de pie sostuvo las manos sobre el mantel antes de decir.
—Si mal no recuerdo las palabras mágicas eran "Mesita sírvete" —recitó imitando a Harry cuando contaba el cuento de los Tres Regalos a los niños.
Al momento los platos brillaron y la cena quedó servida en sendos platones de los que cada quien tomó lo que más le gustaba. Una cena ideal para una familia con gustos tan distintos pero ahí estaban el spaghetti a la boloñesa de Josie, las costillitas de ternera favoritas de Jon y el pay de limón de Lily.
—Nunca volveré a dudar de ti papá —dijo muy serio Jon después del primer bocado a sus costillitas.
—Yo nunca dudé de ti —sonrió como un angelito Lily recordándole a Severus una vez más que pensaba retirarse de jefe de Casa de Slytherin antes de que su hija menor entrara a Hogwarts.
—¡Claro que sí! Dijiste que el sol estaba bonito pero que luego se había vuelto aburrido —contraatacó Jonathan y Severus supo que debía retirarse de la enseñanza antes de que ese par asistiera al mismo tiempo al colegio.
—La investigación es una buena idea y siempre has querido dedicarle más tiempo a tus propios proyectos —le susurró Harry.
Al final de la velada todos descendieron las mismas escaleras, agotados pero felices. Jon y Lily intercambiaban sus puntos de vista mientras Josie les recordaba que no debían correr por los pasillos seguidos por Severus y Harry que caminaban lentamente, disfrutando de la compañía.
—¡No estamos corriendo! —llegó el chillido de Lily cortando el momento preciso de un beso que empezaba a disfrutarse demasiado.
—¡Claro que no! ¡Están volando! —insistió Josie molesta— que no pueda descontarles puntos no significa que puedan hacer travesuras y mucho menos junto a las escaleras móviles.
Eso puso sobre aviso a los padres que corrieron a alcanzar a sus retoños en el momento justo que la escalera se movía con Jonathan encima, Lily se había quedado en el pasillo discutiendo con su hermana.
—¡Jon, sujétate del barandal! —ordenó Severus que llegó antes—, no te muevas, no bajes los escalones, sólo quédate quieto.
Eventualmente la escalera regresó con ellos y Jon bajó con una enorme sonrisa mientras Severus los reñía por ser poco cuidadosos cuando notó la ausencia de Harry y eso en sí mismo era de temer porque nunca dejaba Harry a los niños en una situación peligrosa a menos que él mismo estuviera en peligro.
—Se acabó el recorrido —anunció Severus al regresar sobre sus pasos y encontrar en el suelo a Harry en estado inconsciente.
Ninguno de los niños debatió el tema, demasiado preocupados, así que todos regresaron casi en silencio hasta la enfermería donde Severus recostó a Harry quien casi de inmediato despertó muy angustiado.
—Tranquilo, parece que te desmayaste en el corredor pero todo está bien, los niños están bien —le garantizó Severus pensando en la poción que obligaría beber a su esposo.
—No necesito pociones —intentó una débil sonrisa Harry.
—¡Claro que si! —gritó un coro de tres voces por su padre.
—No, sólo un poco de descanso —repitió Harry—, sólo fue un pequeño desmayo.
Cuatro voces airadas se levantaron aún más para discutir pero Harry igual los calló cuando vio la lechuza marrón que llegaba en ese momento a la enfermería. Ignorando por completo la discusión, tomó la carta, la leyó y levantó la mirada a su familia que, como siempre, esperaba saber las noticias antes de seguir discutiendo.
—Supongo que yo también tengo una sorpresa para ustedes pero no esperaba que se adelantara hasta estar completamente seguro —comentó intentando ganar la simpatía de los niños y Severus que en ese momento estaba dispuesto a aparecerlo en San Mungo.
—¡Por favor no me vean así! —exclamó Harry con un ligero deje de fastidio—. No me voy a morir ni estoy enfermo, tal vez enloquezca un poco pero nada de cuidado.
—¿Qué tienes papi? —se aventuró a preguntar Lily a punto de llorar.
—Estoy embarazado —dijo Harry luego de una pausa— en unos siete meses tendrán un nuevo hermanito.
—No vuelvas a asustarme así —le ordenó Severus al cubrirlo de besos mientras lo niños saltaban y gritaban olvidando que estaban en una enfermería y no podían celebrar con tanta algarabía.
—Supongo que después de todo fue buena ida no bajar hasta la Cámara o entrar al Salón —aceptó Harry correspondiendo a cada beso de su esposo antes de ponerse muy serio—. ¿Sabes lo que esto significa?
—Que si es niña puedo llamarla Ópalo o Esmeralda y si es un niño podrás ponerle el terrible nombre de Albus James que suena horrible para mi gusto —rezongó Severus mentalizando muchas oraciones porque su nuevo vástago no fuera un varón.
Harry no dijo más, no era necesario. Y a Severus tampoco le importó, habían pasado por mucho juntos y no habría nada en el futuro que fuera capaz de separarlos, mucho menos ahora que estaba pensando en convencer a Harry de que no regresara a la enfermería después del nacimiento del nuevo bebé. Algún sanador competente habría que encontrar pero había llegado el momento en que ambos se dedicaran a la investigación y dejaran a los niños apoderarse del que por muchos años fuera su territorio.
—Siento como si acabara de entregar el reino a mis herederos —le confió a Harry.
—Igual yo.
—Creo que no voy a extrañar regresar a este castillo el próximo año —declaró Severus pensando en el cómodo laboratorio que ambos habían construido a un lado de la casa.
—Y yo ya me cansé de aparecer cada día al menos cinco veces al día.
—¡Por favor! Debieron haberse decidido desde que yo entré a Hogwarts —rió Josie que era la única que les había hecho caso desde que se diera la noticia.
—Considérate afortunada de que habrás salido cuando tus hermanos ingresen al colegio —bromeó Harry.
—Doy gracias todos los días —afirmó Josie justo antes de tomar una fotografía mágica de la feliz pareja—. Para el álbum familiar, no puedo contar la historia de su gran romance si el final.
Y ambos magos supieron que tenía la mejor familia que podían esperar.
Fin
N/A: Así es como llegamos al final de este fic. Dedicado con todo mi cariño a ustedes que me han acompañado con sus preciosos comentario.
De todo corazón, gracias.
