Sinopsis: Lizzie se da cuenta demasiado tarde de lo que siente por Gordo… y él con tal de olvidarla ha conseguido una novia. ¿Será cierto que personas destinadas se unen a pesar de las adversidades¿Será este su caso o habrá una excepción? Solo de ella depende recuperar lo que cree perdido y de él darse cuenta de la realidad.

Disclaimer: Lizzie McGuire y de más personajes como lugares no me pertenecen, son propiedad de la serie de Disney, solo los utilizo para diversión, sin fines de lucro.


(¯·..·´¯·.·•» Maldito Silencio «•·.·´¯·..·´¯)

"¿Por qué callé hasta ahora?"


CAPÍTULO 3

+ Lágrimas de Odio y Amor +

Sus ojos, aún cerrados, le dolían sobremanera… Jamás habían sentido ese dolor, tal vez de niño, pero ahora era distinto… todas esas lágrimas que habían salido de su ser, mezcla de derrota, rabia y resignación, eran lágrimas de amor, de amor perdido y falso.

Gordo, sentado en el suelo del cuarto de servicio todavía lloraba, silenciosamente, pero lo hacía. Aquella era la única forma de descargar todo lo que tenía dentro, todo lo que podía matarlo si no era expulsado. Una sonrisa de ironía escapó de su garganta al recordar aquella frase que una vez escuchó en televisión cuando era un niño.

"Los hombres no lloran, los hombres son fuertes… las lágrimas únicamente muestran debilidad"

Si perder a la mujer que amaba y no lloraba era debilidad, no era hombre… lo aceptaba, pero dentro, muy dentro sabía que varios, cientos, miles de hombres con aspecto rudo y poderoso tienen el alma rota y lloran por dentro, en silencio. Esa clase de llanto hace mucho más daño y los vuelve mucho más débiles.

El llanto no era sinónimo de debilidad, no, era sinónimo de valentía porque no le daba temor alguno mostrar lo que sentía y sentirse orgulloso por ello… si, orgulloso por el daño que recibía y que superaría.

Se levantó del suelo, limpiando su pantalón al escuchar el timbre preventivo para ingresar al segundo periodo. Si quería sobreponerse, tenía que enfrentar todo aquello. Él no sería un cobarde, él no se escondería bajo el manto de la soledad y decepción, no… él se enfrentaría a lo que vendría, daría la cara, sería valiente tal cual sus padres le habían enseñado, no fingiría.

Un soldado puede perder mil batallas, pero no la guerra.

Observó su reflejo en un espejo colgado en la pared. No lucía nada bien, pero tenía que salir o sino Lizzie McGuire sabría que eso le afectaba, que lo destrozaba su nueva actitud.

"No, a ella no le importa nada de lo que yo sienta." – Se dijo a si mismo – "porque ella no me quiere a mi, ella quiere a Larry Tudgeman… ¡Deja de engañarte!" – Gritó esto último, mirando el espejo, como si con aquellas palabras pudiera retomar su vida anterior, vida en la que el sufrimiento nunca hubiera podido ser concebido.

Abrió la puerta despacio y salió cuando ningún alumno lo observaba, y rápidamente se dirigió al baño de hombres. Entró apresuradamente y se mojó la cara, frotándosela con fuerza, tomó una toalla desechable y volvió a salir. Todo eso lo hizo tan rápido que no se dio cuenta que alguien estaba ahí, alguien que negaba con la cabeza y se paraba frente al espejo.

"Aún hay mucho más camino que recorrer" – susurró Kevin – "y no será fácil."

MS –

Entró rápidamente al salón y se sentó en su puesto, justo al lado de ella. El primer período no había sido del todo malo, clases normales, lecturas un tanto difíciles, problemas complicados, había sido normal, normal hasta que el timbre sonó. Ella se paró tan elegante, tan bella y él pensó que iría por él pero no, siguió de largo hasta encontrarse con su ahora novio, Larry Tudgeman y se fue con él… se fue con él y las ganas de desahogarse no habían esperado más.

El segundo timbre estaba por sonar y él abrió su libro de Literatura y fingió leer.

A pesar de los bullicios, de todo el ruido, Gordo distinguió su risa… como no hacerlo si ya se la sabía de memoria, estaba seguro que podía oírla a pesar de que una banda de guerra entera tocara a su alrededor y ella riera con Miranda a una distancia de cuatro metros. El amor era capaz de todo… si, de todo, incluso de forjar en el interior un sentimiento negativo.

Lizzie entró al aula, riendo, entrelazadas sus manos con las de Larry, quien no se había separado de ella en ningún momento… si debían fingir todo aquello, debían hacerlo bien y creíble. Un simple error y todo se vendría abajo.

"Creo que está funcionando." – Le susurró Lizzie deteniéndolo unos cuantos puestos antes de llegar.

"Lo está, Lizzie." – Dijo sonriendo – "Gordo esta destrozado, me atrevería a decir que hasta ha llorado."

La rubia sintió una punzada dolorosa en su pecho y observó asustada a su novio para después mirar a Gordo, quien no había separado su mirada del libro.

"¿De verdad piensas eso?" – Preguntó Lizzie con cierto temor en la voz, y Tudgeman asintió – "Creo que esto fue un tanto lejos, Larry. Lo mejor es dejarlo hasta aquí."

"¿No querías venganza?" – preguntó tomando entre sus manos las temblorosas de Lizzie.

"Si, pero…"

"La venganza conlleva dolor, Lizzie, al igual que el amor. Si nunca has sufrido y nadie te ha odiado por amar a alguien, créeme, ese no es amor." – Dijo él con seriedad – "El amor te hace sufrir por eso es difícil de conseguirlo."

El chico distinguió a Kevin y Miranda ingresar por la puerta y sin dudarlo, besó ligeramente los labios de Lizzie. Ella se asustó y él le sonrió.

"Esta acción es normal." – Musitó Larry y se alejó, caminando hacia su puesto.

Lizzie cerró los ojos y se giró, al abrirlos, la mirada reprobatoria de Miranda y Kevin se posó en ella, pero no le importó, dándose media vuelta fue a su lugar y se sentó, ignorándolos completamente.

Los jóvenes fueron a sus lugares cuando el profesor ingresó al aula y pidió que guardaran sus cosas porque tomaría una lección escrita sobre la clase pasada, la cual tenían que haber preparado. Lizzie pensó que ese día no podía ser peor.

MS –

"¿Has averiguado algo?" – Preguntó Melina a Matt sentándose en la mesa que compartían también con Lanny.

"Se podría decir que algo." – Dijo el chico jugando con una papa de su almuerzo.

"Dilo." – Ordenó la rubia.

"Ayer Lizzie llegó tarde y parecía haber llorado." – Dijo él, dejando su tenedor en la bandeja – "Mis padres le preguntaron si se sentía bien, ella respondió que si y no bajó a cenar."

Lanny observó a Matt con un gesto preocupado.

"Eso ya lo sabemos Lanny." – Dijo Matt – "Algo está afectando a Lizzie, pero no sabemos cual es el motivo."

"Pues deberías comenzar a indagar, el tiempo se agota." – Dijo con autoridad Melina y comenzó a comer su almuerzo.

Lanny volvió a negar con la cabeza y Matt se encogió de hombros.

Lanny podía tener razón¿estaría obrando bien al hacer todo aquello? Habría beneficios para los tres, sí, pero… ¿A qué precio? Movió la cabeza y quiso apartar esos pensamientos extraños de la cabeza… sabía lo que tenía que hacer, sus prioridades estaban ya ordenadas.

MS –

"Lizzie." – Llamó la voz de Miranda y junto con Larry dieron la vuelta.

"¿Sí?" – Preguntó sonriente.

"Necesito hablar contigo." – Dijo seria y cruzándose de brazos.

La rubia observó a Tudgeman y él asintió.

"Te espero en la esquina." – Informó para después darle un beso corto en los labios, Miranda miró hacia otro lado – "Adiós."

Esperó un tiempo prudencial, hasta observar cómo el chico se sentaba en una banca y con un gesto de reproche y preocupación, observó fijamente los ojos color avellana de su amiga. Ninguna de las dos expresó palabra alguna, pero era clara la tensión que existía, Miranda no estaba ahí precisamente para felicitarla por su nuevo noviazgo, aquella actitud y gesto de reprimenda solo conllevaban algo…

"¿Es tu única manera de escape?" – Preguntó sin emoción alguna.

"Miranda… no quiero discutir contigo." – Respondió Lizzie – "Sé lo que hago, créeme, lo único que pido es apoyo, nada más."

"¿Apoyo?" – Cuestionó incrédula – "¿Apoyo para qué?. ¿para que tu sola caves tu propia tumba?... Lizzie¿qué sucede contigo?. ¿Por qué ahora Tudgeman y tú son novios?"

"¿Crees que nadie puede fijarse en mi?" – Preguntó molesta – "Por el amor de Dios, Miranda, yo no iba a esperar por siempre a Gordo. Él tiene a Parker¿por qué yo iba a estar sola y llorarlo por siempre cuando él no lo hace? No, Miranda." – susurró negando con la cabeza – "Mi fortaleza tiene un límite, límite que Gordo logró traspasar."

"¿Qué te sucede, Lizzie?. ¿Qué te hizo Tudgeman para que cambiaras de la noche a la mañana?"

"Él no me hizo nada… Yo necesitaba de alguien, él estuvo ahí, él me apoyo y se lo agradeceré eternamente"

"No lo quieres" – dijo firmemente.

"Sí lo quiero." – contestó altanera.

La chica de cabello negro miraba recelosa a su amiga. ¿En verdad era Lizzie McGuire la que estaba frente a ella¿No era alguien usurpando su lugar?

"Así que te pido algo Miranda…" – exclamó seriamente- "…déjame vivir mi vida, deja que sea yo la que elija qué está bien y qué está mal, deja que sea yo quien vea mi error si es que lo hay… deja que sea yo quien lo ratifique, no me ayudes." – Terminado de decir, dio media vuelta y se alejó.

Un nudo en la garganta no la dejó respirar y las ganas de llorar acrecentaron a medida que Lizzie se alejaba. No, no era la misma¿qué habían hecho con su amiga? Ella llegó hasta donde su novio y después comenzaron a caminar. Miranda pudo observar claramente como Larry daba media vuelta su cabeza y le dedicaba una sonrisa de burla y superioridad, diciéndole con ese gesto más de mil palabras.

MS –

Cuando decidió que lo mejor era despejarse dando una pequeña caminata por el parque, una voz lo llamó. Se paró y dio lentamente la vuelta encontrándose frente a frente con Miranda.

"Lizzie McGuire no me quiere y mucho menos me ama, Miranda." – Susurró el chico con una sonrisa melancólica.

La joven lo único que hizo fue abrazar fuertemente al chico y detener las lágrimas que querían brotar de su ojos negros, cerrándolos. Por ella, por culpa de ella su mejor amigo se encontraba en ese estado. Si ella no hubiera dicho nada, todo seguiría igual; si ella no hubiera dicho nada, jamás hubiera alimentado ese amor que Gordo sentía por Lizzie y que ella no era capaz de ver.

"Lo siento, Gordo" – susurró con tristeza Miranda – "de verdad lo siento."

"No tienes por que disculparte, tú hiciste lo que creías conveniente hacer" – se separó y tomó los hombros de Miranda – "pero fue tarde… Lizzie no me esperó."

"Está confundida." – Trató de excusarla.

"No." – Musitó negando con la cabeza – "Está enamorada."

"Gordo, ella no ama a ese intento de ser humano." – Dijo convincente y enojada – "Solamente lo usa, lo usa para tapar aquel hueco que tú no llenaste a su debido tiempo, nada más."

"Conocemos a Lizzie… ella no es de las personas que utilicen a los demás para salir de otros problemas, ella no es así." – Dijo quitando sus manos de los hombros femeninos.

"Las personas cambian y usan diferentes formas para defenderse de su realidad o tal vez… son manipuladas." – Dijo sabiamente, tomando el hombro de su amigo – "Máscaras, eso es lo que usa Lizzie en estos momentos, no es real, no es ella."

"Miranda." – Murmuró entre dientes- "Si el destino quiere que ella y yo tengamos algo, llegará a su tiempo, tendré que esperar pero por ahora debo seguir."

"¿Y qué harás con Parker?" – Preguntó la chica mientras los dos caminaban.

"Separarme de ella. Si finjo que todo esta bien, la lastimaré y de paso me lastimaré a mí, no lo creo justo para ninguno de los dos"

"Es lo mejor." – apoyó la joven mirando al frente

"Sí."

Ambos siguieron caminando, despejándose y aliviando su alma cansada, ambos sabían que desde esos momentos aquel trío tendría los altibajos frecuentes de una amistad pero no sabían si podrían lograr lo más importante y difícil: superarlo. De ellos dependería únicamente salvar o hundir aquellos años de entrañable hermandad. Sería difícil sobrellevar todo y más cuando terceros intervendrían en su misión hacia la conquista y libertad de su mente.

MS –

Después de la cena y de realizar todos sus deberes, abrió la ventana de su habitación y se sentó en el borde de la cama, mirando fijamente por el cristal transparente… pensando.

Ella, Elizabeth Brooke McGuire era una persona muy sensible, fiel y sincera, pero ahora, en esos momentos no era eso, no era ni la sombra de lo que antes habría sido. Ahora no era sensible, no cuando su acciones lastimaban a otros; no era fiel, cuando traicionó la confianza de su mejor amiga; y mucho menos era sincera, porque había mentido a todos y lo peor, se había mentido a si misma.

"¿Cuándo dejaste de ser como eras, Lizzie?" – Susurró cerrando los ojos – "¿Cuándo te convertiste en lo que eres ahora?. ¿Cuándo?"

El silencio de las once de la noche fue su respuesta.

Se levantó y fue hasta la ventana. Los árboles aún se movían por el viento y las calles estaban tranquilas y desoladas, no había movimiento alguno en ellas. Deseaba con toda el alma que su vida fuera a sí.

Volvió a caminar dando vueltas por toda su habitación.

Miranda, su mejor amiga¿qué pensaría de ella ahora? Debía reconocer que su actitud para con ella no había sido la adecuada pero algo dentro de ella la obligó a decirle todo eso, a mentirle en gran parte y a herirla con simples bobadas. Aquella chica de cabello negro había estado con ella cuando nadie más lo había hecho ¿y la trató así? Dios, algo no estaba bien con ella. Mañana tendría que disculparse y tratar de enmendar lo que había hecho. No perdería su amistad, no como perdió la de Gordo.

Detuvo su marcha y miró hacia un lado. El espejo de su armario reflejaba a la joven rubia de 16 años.

Gordo, su mejor amigo. ¿Cómo dejó que toda esa relación llegara a ese punto? Punto en el que pareciera que no había marcha atrás. Todo comenzó cuando aquella joven, Parker McKenzie lo había besado frente a toda la escuela en la hora del receso. El que lo hubiera besado le molestaba mucho pero el que no le hubiera dicho nada a Miranda y a ella la enojaba mucho más. Eran amigos, se suponía que eran amigos, entonces ¿Por qué no les dijo nada sobre aquella relación que había comenzado?. ¿Pensaba que nadie se enteraría?. ¿Que ELLA no se enteraría?

Se alejó del espejo y se recostó en la cama.

Ahora que lo pensaba, había hecho bien aceptar la propuesta de Larry y llevar a cabo lo que él llamaba "venganza compartida", no entendía muy bien lo de compartida pero entendía lo de venganza y con eso bastaba. Larry la había ayudado y mucho.

Pero¿por qué no se sentía bien, si según ella había hecho lo que creía correcto?. ¿Por qué aquel vacío?

"¿Por qué?" – se preguntó en voz alta, mientras una lágrima descendió traviesa por su mejilla.

Se limpió rápidamente aquella lágrima, ella había prometido no llorar más pero era inevitable, las lágrimas comenzaron a brotar con más fuerza y era casi imposible detenerlas.

Eran lágrimas de amor y de odio hacia la misma persona, hacia Godo.

No supo cuándo, pero sus ojos se cerraron y su cuerpo descansó sobre la acolchonada cama, mientras los fantasmas se alejaban de ella y la dejaban dormir tranquila y en paz… por primera vez desde hace una semana.

MS –

Su mano balanceaba una cadenita de oro, en la que dos letras se hallaban entrelazadas, como si la naturaleza sabia los hubiera predestinado.

La "L" adjunta a la "M" en total sincronía.

Se levantó de su cama y estrujó en sus manos el débil y fino colgante, lastimándose la palma con una de las salientes de la letra "M". Desistió en su afán de romperlo y lo colocó en su cajita de terciopelo negro, cerrándolo y luego guardándolo bajo llave en uno de los cajones de su escritorio de madera.

Larry Tudgeman dejó que su cuerpo caiga en la cama con libertad.

Recordaba perfectamente el día en el cual, con toda ilusión y amor, mandó al joyero de su barrio realizar aquel colgante, le había costado todos los ahorros que tenía pero había valido la pena, en esos tiempos pensó que había valido la pena: pero ahora, en el presente, aquella cadena no valía nada… nada.

¿Y pensar que ese pequeño regalo estaba dirigido a la persona que lo había convertido en lo que era ahora? Rió por aquel recuerdo. Si alguien le habría advertido que el fuego quema a pesar de ser tan hermoso, nunca se habría acercado.

El día en el cual fue entregada la cajita de terciopelo negro, ese mismo día la llevó a la preparatoria y ese mismo día sería entregada a su destinataria, pero nada de lo que ese día pasó lo hubiera imaginado…

Caminó por los pasillos de la preparatoria, era la hora del receso largo y no pensaba en una mejor oportunidad que aquella, nada podía fallar, el sol estaba en total esplendor, no había nubes y el clima primaveral estaba fresco, rodeándolo con aquella brisa suave y tranquila.

Sacó la caja negra y respiró hondo. Sabía que ella debería estar junto con Lizzie y Gordo en la misma mesa de siempre. Iría por ella, le pediría que lo acompañara un momento y luego, junto con la cadena, le diría todo lo que sentía y declararía su amor. Sonrió y viró la esquina que lo separaba de la entrada del comedor.

El regalo cayó al suelo y el sonido de la caja de madera al estrellarse no se oyó por los bullicios que había en ese lugar…

Ella, Miranda Sánchez estaba ahí, en la mesa acostumbrada junto con sus amigos y besándose con él, con Kevin Kemingway. Su cuerpo quiso caer, pero sus piernas se negaron, permanecieron estables cuando oyó decir a unas chicas que salían que aquello debía suceder tarde o temprano, que ellos tuvieron que ser novios a mediados de su primer año de preparatoria y no al término.

La mente se nubló al igual que sus ojos, se agachó lentamente y recogió el regalo. Dio media vuelta y se alejó del lugar. Caminó lentamente hasta los pasillos, sonriendo, pero al virar observando que no había nadie, corrió lo más que pudo, corrió alejándose de ese lugar, corrió sin tregua, corrió mientras su interior se comprimía y las esperanzas desaparecían.

La había perdido… la había perdido…

Sintió una brisa y algo caliente recorrer su mejilla. Levantó la mano y después la colocó delante de sus ojos… eran lágrimas.

Se dio media vuelta y estrujó la almohada en la que siempre dormía con fuerza y en ella gritó, descargando la frustración que sentía y las ganas de acabar con aquel sufrimiento inútil.

La vida jamás tuvo que haberle pagado de tal manera, la vida era una farsa, la vida era un teatro y él uno de los tantos títeres manejados a su antojo. Ahora ella pagaría todo lo que había ocasionando en él, todo lo que él había hecho y dado por ella.

Más gotas surcaron su cara… gotas, lágrimas de odio.

Lizzie lo ayudaría a conseguir lo que más anhelaba y él la ayudaría a observar la realidad, pero ella… Miranda Sánchez sufriría, sufriría como él lo había hecho. La venganza, todo ello se resumía con esa palabra.

El amor y el odio siempre se encuentran en polos opuestos, son distintos y muy difíciles de comprender pero cuando los dos llegan a unirse, a fusionarse… todo es caos y Larry Tudgeman sabría que era estar en el centro de los dos.


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Hola, queridos lectores… ¿cómo tan? Espero que bien.

Lo lamento lo lamento (susurra Mia en el piso con desesperación) prometí actualizar en una semana pero hubo algunos problemas, lo siento de verdad. Hoy me he sentado y me he propuesto acabar de corregir el capítulo y ya está… capítulo listo y en línea.

En este capítulo si que las cosas toman forma y los personajes deben saber que la fortaleza será su herramienta indispensable frente a su realidad y medio. Así ha salido la historia y así seguirá saliendo Don't worry ellos no van a sufrir tanto, solo deben aprender a vivir y a madurar… "si, si como no" (susurra la conciencia de Mia)

Ahora, he sabido que los RR no pueden ser contestados en la página y por eso, utilizaré el medio que ha propuesto contestación por envío de mensajes.

Gracias por su RR a:

+ Mimi Star +
+ nicegirl662 +
+ little angel n.n +

Nos vemos luego y cuídense mucho.

.: Bewitching Mia Malfoy Errelot :.