Disclaimer: Lizzie McGuire y de más personajes no me pertenecen son propiedad de la serie de Disney, salvo los que no reconozcan. Sólo los utilizo para diversión, sin fines de lucro.
(¯·..·´¯·.·•»Maldito Silencio «•·.·´¯·..·´¯)
"¿Por qué callé hasta ahora?"
CAPÍTULO 9
»Es mejor no saber «
El viento sopló fuerte y Miranda siguió quieta, esperando a que Larry dijera algo.
Pero nada salía de la boca de aquel muchacho frente a ella. Nada.
Tenía que ser ella la que dijera algo. No podía dejar que su mente maquine una confrontación con los sentimientos claros hacia Kevin y los borrosos hacia Larry. Porque sabía bien que los borrosos se aclararían poco a poco y la verdad saldría a flote tarde o temprano.
Y es que a ella siempre le había gustado mentirse.
Larry, en cambio, deseaba que ella no hablara, quería grabar en su mente aquel momento, aquella imagen, aquel rostro inexpresivo y el brillo de esos ojos. Quería guardarla en su mente de esa manera y así después, solo en su habitación, evocarla, pero esta vez, con una cadena de oro que colgaba de su cuello y las palabras Te quiero en su boca.
Y como había sucedido siempre, ella destruía sus ilusiones.
Ella habló.
"No utilices a Lizzie, Tudgeman." – Advirtió severamente Miranda – "Es mi amiga y no voy a permitir que la manipules o que utilices su ingenuidad para tu propio bien."
"Miranda, Miranda." – Susurró entrecerrando sus ojos – "No sé de que hablas."
"Lo sabes perfectamente." – Dijo ella enojada – "¿Crees que no me he dado cuenta de tu comportamiento?. ¿Crees que no me he dado cuenta de que ahora te llevas de la mano con Kate Sanders y con Parker McKenzie?. Sé que están tramando algo, y sé que es en contra de Lizzie."
Larry levantó una ceja y mostró un gesto de burla. Debía ser fuerte, debía fingir indiferencia hacia ella, porque solo así podría vencerla y vencer ese sentimiento que carcomía su corazón día a día.
"¿De dónde sacas tanta imaginación, Miranda?" – Preguntó, sonriendo – "En lo primero puede que tengas razón. He cambiado porque me he cansado de ser aquel al que todos tenían como el inteligente y el soso, el que siempre era el blanco de burlas y al que siempre menospreciaban." – Su voz era fuerte y caminó hasta quedar frente a Miranda. Ella se irguió más – "Y me dije que ya no quiero más de eso. Que soy persona y por tal, merezco un lugar en lo que llaman sociedad."
Ella no dijo nada, simplemente levantó el mentón. En cada palabra había dolor, pero lo que más destacaba era el resentimiento. Había mucho.
"Pero en lo segundo, querida Miranda, en lo segundo te equivocas. Quiero demasiado a Lizzie como para hacerle daño. Es la mujer más digna que he conocido en toda mi vida. No confundas el daño con el amor." – Y de pronto, él rió – "Pero claro, tú debes pensar eso porque no conoces lo que es el amor o el cariño. Estás tan llena de cosas vanas que nunca te permitirías albergar ni un sentimiento dentro de ti."
Y lo que recibió fue una bofetada, una bofetada llena de odio, de dolor y de fuerza.
Y a él le dolió mucho más el brillo de dolor que había en los ojos de Miranda que la bofetada en sí.
"Como te atreves a juzgarme. Como una persona como tú puede decirme eso. ¿¡Acaso no te das cuenta de quién eres!?" – La voz de Miranda temblaba por la rabia y la indignación – "¡Eres simplemente un hombre que pretende ser algo cuando en realidad no eres nada!"
"¿Entonces por qué te preocupas de lo que hace alguien que no es nada?" – Preguntó, dando un paso al frente.
"Porque lo que haces inmiscuye a mi amiga… ¡y ella merece ser feliz!" – Le dijo, con voz fuerte – "Y si la quisieras tanto como dices, le permitirías ser feliz junto al hombre que ella ama. ¿O es que acaso también te mientes al pensar que ella te ama?" – Preguntó con ironía – "Por favor. Tudgeman. Nadie puede quererte."
Él sonrió.
Debía ser fuerte frente a esas palabras crudas. Fuerte, fuerte. Demasiado fuerte. No pudo decir palabra alguna, nada saldría después de oírla decir esas verdades. Verdades que se adentraban con furia en su ser y en la parte que la amaba con locura.
"No tengo tiempo para soportarte." – Dijo fastidiada – "Lo único que lamento es que cambiaras tanto. Que cambiaras solo para encajar en algo a lo que nunca pertenecerás."
Recuperó su temple. No dejaría que sólo ella hiciera daño. Él también podía.
"¿No practicas esa misma frase contigo?" – Preguntó tranquilo.
"He cambiado, pero al contrario de ti, he encajado." – Retó – "Kevin Kemingway es la prueba."
Larry negó con la cabeza.
"Finges querer a alguien solo para ser el centro de atención." – Susurró – "Dime quien es más patético. ¿El que cambia para encajar y no lo logra, o el que cree que encaja cuando no es verdad?"
…Él también podía.
"No conoces mi mundo." – Dijo Miranda con firmeza, ocultando el dolor que causaban en ella las palabras – "Nunca lo conocerás. Nunca serás nada, y jamás conseguirás que alguien te quiera, porque, para tu desgracia, siempre serás un perdedor."
Y esas palabras dolieron en el fondo del ama. Pero Larry se trago las lágrimas y levantó la cabeza, fingiendo que nada lo afectaba. Muchas veces era mejor no saber algunos sentimientos.
Algunos, no todos.
"Tienes razón." – Murmuró, alzándose de hombros, acercándose – "Pero más de una persona puede sufrir por una acción mal hecha." – Miranda frunció el ceño, sin comprender las palabras del chico de ojos azules – "Y la vida es tan injusta." – Dijo simplemente.
"Puedes dejar el juego de palabras y decirme en concreto que es lo que quieres decir." – Exclamó ella, cruzándose de brazos.
Larry sonrió de una manera extraña, aquella que hace que miles de corrientes eléctricas viajen por tu espalda y provoquen en ti miles de escalofríos.
"¿De verdad quieres saberlo?" – Preguntó, acercándose mucho más.
"Sí." – Dijo con decisión.
"Bien. Pero es mucho más fácil demostrártelo." – Susurró y rápidamente tomó el rostro de Miranda entre sus manos – "Esto es lo que sucede."
Y el aire no pudo seguir por su boca, el aliento de Larry ahora correspondía a su aire para respirar…
Larry Tudgeman la besaba, la besaba.
Cerró los ojos, asustada, pensando que nada era verdad, que todo estaba mal, que nada de eso sucedía, pero las manos de Larry posándose y abrazando su cintura la volvieron a la realidad.
Aquel chico la besaba y ella… ella correspondía.
¿Qué sucedía?
Sus labios se movían despacio, como encajados perfectamente, con un aire hipnotizante y aumentando el ritmo a uno delicioso y audaz. Sus cuerpos temblaban por las corrientes eléctricas que bajan hasta su espalda y por sentirse correspondidos.
Sintió sus manos en los hombros de Larry y después como él se separaba. Dio un fuerte suspiro, sin atreverse a mirarlo. Bajó la cabeza. Estaba tan avergonzada.
"Esto es lo que sucede." – Susurró triste – "Y será mejor olvidarlo… Miranda."
La joven levantó la mirada y observó como Larry se alejaba, así, sin decirle más. Cerró los ojos al sentir un vacío dentro y un dolor en el pecho. Un sollozo salió de su boca, acompañado de una lágrima que poco a poco descendía mientras el viento otoñal movía su cabello.
Todo se aclaró en su mente y aquella pregunta que rondaba en su cabeza al fin halló la respuesta…
Y la verdad logró lastimarla demasiado.
Nada, absolutamente nada estaba bien.
– MS –
Melina llegó al mismo lugar. Observó entre la gente y distinguió dos personas. Sonrió. Ellas era su boleto de ida a la fama, la popularidad y el poder en la preparatoria. Como le gustaba jugar de mala.
"Hola, chicas." – Dijo, sentándose en la mesa.
Las dos jóvenes le sonrieron y la mayor, sin preámbulo, comenzó.
"¿Lo tienes?" – Melina sonrió y sacó el video.
La chica que antes de habló, trató de tomarlo, pero Melina lo quitó de alcance, sonriendo como solo ella sabía hacerlo. La maldad y la avaricia eran claras en su gesto.
"Ustedes tendrán este video, el que asegura la caída de las dos personas a quien más odian, y me preguntó¿Qué tendré yo a cambio?" – Siguió, con inocencia fingida.
Kate Sanders torció el gesto y Parker McKenzie la miraba con asco. La habían subestimado. De eso no había duda. Kate sonrió, esa pequeña rubia le recordaba tanto a ella. Sería fácil manipularla. Nadie podría jugar con ella
"Melina¿qué más puedes pedir, a parte de la popularidad asegurada cuando entres a la preparatoria?" – Preguntó lentamente – "Sabes que aunque yo no esté, tu reinado está listo para ser tomado. No trates de jugar conmigo, pequeña."
Ocultó el enojo, pero al parecer la rubia lo notó. Sonrió con suficiencia y volvió a mostrar la cinta.
"Dinero, qué más puedo pedir ahora." – Siguió – "Yo tengo gastos y créeme que la popularidad no me los va a cubrir."
Kate miró a Parker, evitando que Melina observara en sus ojos el odio que comenzaba a tenerle. McKenzie miraba de igual forma. Kate volvió su mirada, sonriendo. Esa niña iba a causarle más de un dolor de cabeza.
"¿Cuánto?" – Dijo con dulzura apretada.
Melina sonrió aún más.
"Doscientos dólares."
El rostro de Parker y Kate se descompuso al instante.
"Tranquilas, podría ser peor." – Dijo, fingiendo entendimiento – "En un comienzo iba pedir trescientos, pero al darme cuenta de que me necesitarán más adelante para nuevos videos, me dije¿por qué exprimirlas ahora con tanto, si tienen que ahorra para el futuro?"
"Pequeña extorsionista." – Masculló Parker.
Ella siguió sonriendo.
"Te daré los cien dólares, solo si me aseguras que el hermano de McGuire no sospecha nada y que no ha quedado evidencia alguna que nos comprometa." – Siseó Kate – "Porque, Melina, si sus padres llegaran a enterarse, esto trascendería más de lo que esperamos y no solo caeríamos, Parker y yo, sino tú también, porque haber manipulado al inocente de Matt a espiar a su hermana…"
"Tranquila, Kate." – Siguió Melina – "Es más fácil de lo que crees. Además, no estás en condiciones de imponer reglas."
Kate levantó el mentón y la sonrisa de Melina no se borraba. Al final, Sanders y McKenzie dieron cien dólares cada una y se los entregaron y cuando sintió la cinta en sus manos, casi le exigió a Melina que se fuera. Ella no puso objeción, solamente blandeó los billetes ante sus ojos y se fue, sonriendo.
"Es una rata." – Masculló Parker – "¿Crees que podremos controlarla?. No dudo que ella, con tal de conseguir dinero, nos extorsione, amenazándonos con contarle la verdad a Matt y fingir que nosotros la obligamos. Hoy demostró que es capaz de todo."
"Es capaz, si." – Dijo Kate, mirado ala cinta con una sonrisa – "Pero nosotros al menos ya tenemos una prueba para destruir a McGuire y Sánchez si eso llegase a pasar." – Alzó la cinta – "Nuestra arma está lista."
Y las dos sonrieron.
Su potencial de daño estaba alcanzando niveles realmente peligrosos.
– MS –
"Fue horrible mamá." – Susurró Lizzie.
Jo le acarició la cabeza y bajó la manta que las tapaba. Hizo que Lizzie se sentara y la miró a los ojos, mientras tomaba sus manos.
"Cariño, a veces la vida nos pone pruebas para saber que tan valientes somos, o para probar que tan fuertes podemos ser, pero lo que es cierto, es que cada persona tiene ya un futuro trazado y por mucho que lo queramos cambiar, ese está predestinado." – Dijo suavemente y acarició los cabellos dorados de su hija – "Y créeme, si te digo que si la vida quiere que tú y Gordo permanezcan juntos, pues será, dentro de un año, de cinco, de diez." – Lizzie la miró asustada. Jo sonrió – "Poniendo el ejemplo, cariño, pero con eso te quiero decir que la vida se encargará de guiarlos y reencontrarlos."
"Pero… ¿y si eso no sucede?" – Preguntó, con la voz quebrada.
"Solo bastará resignarse, hija, tal vez tu destino está con otra persona, otra persona que te querrá más y con la que serás completamente feliz." – Continuó con una sonrisa - "Algunas veces en la vida no es bueno aferrase a algo con tanta fuerza, porque podemos perderlo y nos dolerá demasiado."
Lizzie se arrojó a los brazos de su madre y siguió llorando.
"Solo date tiempo y dale tiempo a Gordo, ambos están confundidos y si su relación con Parker no funciona y la tuya con Larry termina, tal vez puedan darse una oportunidad." – Susurró, Lizzie se tensó y Jo lo notó – "¿Qué sucede?"
Se levantó y suspiró.
"Es Larry, mamá." – Dijo con tristeza – "Yo lo quiero, si, pero no como quiero a Gordo. Larry es un hombre excelente, es alguien muy bueno y lo aprecio demasiado y siento que hago mal al estar con él."
"Si sientes que no lo quieres y que haces mal, o puedes herirlo, debes decírselo, porque es mejor herir a alguien con la verdad a acumular mentiras y más mentiras y al final herirlo más." – Aconsejó.
Lizzie bajó la mirada, sabiendo que solo había iniciando algo con Larry por su sed de venganza y que ahora todo estaba devolviéndose con más fuerza. Quizá ese dolor que sentía era su pago al pensar en vengarse de Gordo.
"¿Te sientes bien, cariño?" – Preguntó su mamá.
"Si, mamá." – Dijo rápidamente, tratando de alejar aquellos pensamientos que la hacían sentirse la peor persona del mundo – "Si no te importa, no quiero cenar, tengo que estudiar para un examen y quiero prepararme. He dejado descuidado mis estudios y quiero ponerme al día."
"Claro, Lizzie." – Le dijo con alegría – "Más tarde te traeré unos pastelitos que hice hoy." – Lizzie asintió y Jo se levantó. Besó la cabeza de su hija y le sonrió – "Eres alguien muy valioso, linda, no dejes que nada te agobie y te disminuya."
"Gracias, mamá." – Contestó, casi sonriendo.
Jo hizo un gesto con la mano, restándole importancia.
"Te dejo, vendré más tarde."
Lizzie asintió y después de oír la puerta cerrase, salió de la cama y le echó seguro. Quiso llamar a Miranda, pero prefirió no hacerlo. Ella también debía estar mal por Kevin y no quería agobiarla más con su tristeza.
Corrió el protector de su ventana y se sentó en ella, doblando sus rodillas y abrazando sus piernas. La noche estaba próxima a caer, el crepúsculo se veía hermoso y los pequeños rayos de sol que aún sobrevivían le daban al ambiente una paz y quietud que ella necesitaba tanto en esos momentos.
Su vida estaba sufriendo cambios demasiado bruscos, pero como su madre había dicho, quizá eran pruebas que la vida le daba, pruebas para saber hasta que punto podía soportar el dolor y hasta que punto podía soportar mentirse a si misma.
Se estiró y parándose frente a la ventan, levantó sus brazos e inhaló todo el aire que pudo. Suspiró fuertemente y se sintió feliz, no del todo, pero feliz a final de cuentas.
Las pláticas con su mamá siempre serían la cura perfecta a su tristeza, pero para poder sentirse completamente bien, sabía que Gordo tendría que estar a su lado. Y cuando decidió que debía hablar con él, aclarar ciertas cosas y no perder su amistad, fue hasta su escritorio sacó sus libros, papel y lápiz y se dispuso a estudiar.
Con nuevo ánimo y la esperanza de un futuro con su mejor amigo.
– MS –
Tiró el lápiz a la mesa e hizo un sonido de exasperación al no poder concentrarse. Se apoyó en el respaldo de su silla y tiró la cabeza hacia atrás.
David Gordon no podía concentrarse y la razón era tan sencilla, que hasta le daba vergüenza pensarla. Era importante, demasiado, pero debía ordenar sus prioridades. La escuela estaba por sobretodo, por sobre Parker, por sobre sus problemas… y por sobre Lizzie.
No podía permitirse más depresión en la antesala misma de un examen. Debía tomarlo con más seriedad, y hasta alejar de una vez su remordimiento y sus sentimientos. Pero le era tan difícil, que pudo claramente apreciar una opresión en el pecho. Estaba permitiendo que las cosas se le salieran de control y hasta su buen razonamiento estaba perdiendo frente a todo lo que sucedía.
¿Por qué dejó que todo se saliera de control?. ¿Por qué tuvo que elegir la salida rápida?
"Tonto, tonto, tonto." – Dijo, golpeando su cabeza levemente en el escritorio.
Sabía que no podía concentrarse si no se calmaba, porque solo había pasado no menos de dos minutos sentado, con intensiones de estudiar, y los recuerdos lo azotaron con fuerza descomunal, llevándolo al desespero.
"Debes superar esto, David." – Se dijo a si mismo, levantándose.
Salió de su cuarto y bajó las escaleras, su abuela aún estaba en la cocina, limpiando el desorden.
"¿Necesitas ayuda, abuela?" – Preguntó, ocasionando un respingo en la anciana.
"Por Jesús, David, casi haces que tirar la vajilla al suelo." – Dijo asustada, dando vuelta y sonriéndole – "La verdad es que unas dos manos más no me caerían nada mal, pero tu deberías estar en tu habitación, estudiando para el examen. Se los prometí a tus padres, cariño. Se decepcionarían si regresaran y te vieran aquí, perdiendo un valioso tiempo."
Gordo negó con la cabeza, sonriendo.
"Abuela, mis papás van a llegar a la madrugada." – Comenzó con calma – "Además, yo era el único que atendía las clases del señor Huffman." – Sonrió, recordando a Miranda quitarle la calculadora y hablar con él después, en un intento por hacerle sentir mejor.
"Si, tal vez sea cierto, pero un repaso no le cae mal a nadie." – Susurró ella, mientras se secaba las manos con una pequeña toalla y ponía una mano en su cadera, con gesto analítico – "¿O es que no puedes concentrarte?"
Gordo se sentó en una silla alta, apoyando sus manos en mesa central de la cocina.
"Bingo."
Su abuela le sonrió con entendimiento y se sentó frente a él.
"David, tú debiste haberlo pensando ya, porque eres un muchachito muy listo y conciente, pero por si no te convenció, por el momento, tus estudios deberían ser tu prioridad número 1." – Exclamó, mientras jugaba con la toalla en sus manos – "Solo quiero que te concentres en tu examen y después, podrás pensar en lo que quieras. En como arreglar lo de Parker, en como salvar tu amistad con Lizzie, y como plantearte una plática con aquel chico Tudgeman."
"Lo sé, abuela, sé que debo hacerlo, pero por el momento necesito distraerme en algo para poder estudiar." – Susurró, mientras miraba al techo – "Esto del amor y el querer es tan complicado, abuela." – Dijo con aire ausente.
La anciana sonrió.
"Es cierto, David, todo es muy complicado." – Aceptó – "Pero debemos aprender a sobrellevarlo con madurez, con valentía y hasta con tranquilidad. Nadie a dicho nunca que amar no es sinónimo de sufrimiento, porque para conseguir algo valioso, debemos luchar y pelear hasta que sea nuestro, enfrentándonos a cualquier obstáculo."
Gordo le sonrió con cariño.
"Abuela, eres genial." – Y se levantó, abrazándola fuertemente.
"Los años no pasan en van, mi querido David." – Siguió, con voz soñadora – "Los años acumulan en las personas tanta sabiduría y tanta fuerza, solo para que nosotros se las transmitamos a las generaciones que vienen."
"Gracias por todo, abuela… eres un encanto." – Dijo, riendo.
Ambos se separaron y siguieron riendo con ánimo.
"Bien, David, ya que quieres distracción, será mejor que te prepares, porque planeo una idea realmente buena que nos dejará agotados. Vamos a hacer un postre italiano y luego veremos una película antigua." – Exclamó, emocionada
Gordo se separó un poco.
"Creo que subiré a estudiar, abuela." – Dijo, sonriendo.
"Me lo imaginé." – Respondió, comprensiva – "Así que te propongo algo. Ya que tengo al nieto más listo del planeta, creo que unas tres horas de estudio a conciencia te serán suficientes para estar listo para el examen, y después, vemos una película juntos comiendo ese delicioso postre italiano. No hay nada más relajante que eso. ¿Qué te parece?"
"De acuerdo." – Asintió, feliz – "Te veo en tres horas."
Y Gordo, tras otro pequeño abrazo, salió corriendo por las escaleras.
Cerró la puerta de la habitación y se sentó en su escritorio. Y tal cual lo había pensando, todas las preocupaciones y hasta los temores y el dolor que siempre sentía, se esfumaron como humo. Su cabeza estaba despejada y hasta podía decir que se sentía contento.
Y todo le pareció de otro color, y hasta sintió que las cosas con Lizzie irían bien.
Rió.
Su"encanto" sería siempre la cura para su vida. No sabría como sobreviviría sin ella.
– MS –
Miranda se apoyó en la puerta de su habitación, después de entrar y cerrarla con fuerza. Cerró los ojos y un sollozo fuerte salió por su garganta. Las lágrimas le siguieron, una a una, y dolieron en el alma.
Larry la había besado… y ella le había correspondido.
Se tapó la cara con las manos y se deslizó hasta llegar al suelo. Sus sollozos se hicieron cada vez más angustiosos y dolorosos. Su cuerpo comenzaba a sacudirse y las lágrimas no paraban. El dolor y hasta la culpabilidad estaban sofocándola, apretándola, matándola.
Todo estaba mal, todo iría mal.
Golpeó el suelo con ambas manos y levantó el rostro, dándose leves golpes en la cabeza con la puerta. Apretó los ojos, queriendo evitar que las lágrimas salieran. Quería detener todo lo que sentía. Quería morir.
Nada estaba bien.
Y mientras ella lloraba y se autocastigaba, Larry Tudgeman entraba a su habitación, con una sonrisa.
La había besado, y ella le siguió. Se recostó en la cama. Recordaba perfectamente sentir su corazón latir impetuoso y sus manos aferrando sus hombros antes de separarse. Era algo que estaría siempre en su mente, guardado con tanto recelo que dolería después. Y sí, dolería, porque ella era ajena…
Por que Miranda Sánchez le pertenecía a Kevin Kemingway.
Sus ojos se opacaron y la tristeza recorrió cada fibra de su cuerpo, chocando con la realidad.
Miranda se levantó del suelo y tambaleándose llegó a su cama. Aferró con fuerza la almohada y ahogó un grito en ella. No tuvo que haberlo hecho, Larry Tudgeman no tuvo que haberla besado, porque ahora la verdad estaba tan clara que la avergonzaba y le dolía.
Ella todavía lo quería, aún lo amaba.
Y esa era la verdad.
"No." – Susurró entre llanto.
Larry tomó la pequeña cadena y la puso frente a sus ojos, la acarició lentamente y la dejó sobre su pecho. Cerró los ojos y la imaginó puesta en el cuello blanco de su Miranda, imaginó su sonrisa y ese "gracias" tan suave que ella pudo decirle, y después, sus labios juntos nuevamente y sus cuerpos unidos, hasta que todo terminara.
Abrió los ojos.
Pero la verdad era otra, la verdad era tan clara. Miranda lo quería, pero su orgullo y ese deseo enfermizo de pertenecer a algo en esa triste sociedad era mucho, y solo Kemingway podía darle una entrada segura, mientras que él solamente podría ofrecerle cariño y amor.
Solo eso.
Miranda pudo respirar y parar de llorar al recordar a Kevin. Lo había traicionado, como él a ella. No se sintió bien, sino que todo volvió con más fuerza. Cualquiera en su lugar habría saboreado el delicioso sabor de la venganza en su boca, pero ella no, porque con ese beso, el amor que podía sentirle a Kevin se había opacado al encontrar la verdad sobre los sentimientos que Larry le inspiraba.
El amor que sentía por Kevin era tan pequeño, como comparar un microbio con el tamaño del planeta tierra. Y el planeta tierra era el amor hacia Larry.
No podía verlo otra vez a la cara, no era tan cínica.
Su mundo se desmoronaba por culpa de Tudgeman y ella no iba a permitirlo. No iba a arrebatarle lo que tanto tiempo le había costado conseguir. Kevin era su mundo, Larry solamente un hombre al que querría por siempre.
Entre Larry y Kevin, escogería mil veces a Larry, pero por ahora, eso no le convenía.
"Dime quien es más patético. ¿El que cambia para encajar y no lo logra, o el que cree que encaja cuando no es verdad?"
Y eran verdad sus palabras. Aunque quisiera encajar, nunca lo haría, porque sabía que cada persona estaba destinada a ser algo o a ser nada, ocupar un lugar en algo o un lugar en nada, ser importante o ser un perdedor. Y ella sabía que oscilaba en un grupo intermedio y en el segundo.
Ahogó otro grito en la almohada y golpeó la cama tantas veces que su mano le dolió.
Ella amaba a Kevin y debía luchar por su cariño y por su amor, alejando de una vez por todas todos esos pensamientos materialistas. Debía luchar por una vez en su vida por algo real, por algo que duraría y no por apariencias.
Después de todo, las apariencias terminan alguna vez en la vida, pero el amor no. El amor sería terno, en cualquier estado, en cualquier nación, en cualquier parte del universo.
Y debía, porque solo así podría olvidar a Larry y abrir paso a un hombre maravilloso como lo era Kevin. Luchar por su relación y levantar el rostro y seguir como si nada hubiera pasado ese día…
"Porque lo amo." – Dijo Miranda, mirando la fotografía de Kevin y ella en su mesita de noche.
Y porque ese sería el primer impedimento que Tudgeman encontraría en su paso si quería acercarse a ella nuevamente. Porque era el más fuerte, porque era el muro a vencer y el que más trabajo le costaría destruir.
Y sí, Larry pensaba lo mismo, porque, a pesar de que Miranda solo quería a Kevin para alcanzar popularidad, el amor estaba allí. Muy fuerte.
Su Miranda cada vez estaba más lejana, su Miranda se evaporizaba y solo el recuerdo de lo que una vez podría ser lo acompañaba noche a noche y día a día. Solo un recuerdo, nunca ella.
Era doloroso y su cuerpo se estremeció de tanto amor, que mataba.
Pensó en como podría ser su vida si nunca se hubiera fijado en ella, pensó en como seguiría sumido en su propio mundo e ignorando al mundo entero, y pensó en lo feliz que podría ser si nunca la hubiera conocido, porque todo giraba en torno a ella, todo era hecho por ella, y hasta vivía por ella.
Y tal vez nunca tuvo que haberla besado, tal vez nunca tuvo que haberla mirado y hasta tuvo que haberse ido, dejándola con la palabra en la boca, porque solo así se habría evitado el sufrimiento venidero y la depresión al saberla ajena.
"Porque pertenezco a Kevin" – Susurró Miranda, mirando al frente, aún llorado.
"Porque pertenece a Kemingway." – Dijo Larry, tratando de grabárselo y luchando contra las lágrimas.
Sus ojos se cerraron al mismo tiempo.
"No me hagas esto, Larry." – Suplicó al viento.
"Te amo, Miranda." – Susurró con devoción.
Y siguieron en esa posición por más de una hora, sufriendo por causas y motivos similares. Pensando que al otro nada de lo que había sucedido ese día le afectaba. Pensando que ni siquiera sufrirían como cada uno lo hacia ahora. Pensando en que nunca tuvieron que haber ido a ese lugar ni dicho todo lo que dijeron.
Pensando en los sentimientos que era mejor no saber.
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.-.
2008–03–02
.-.
Quisiera
poder olvidarme de ti
Con
otra sacarte por siempre de mí
Decirte
a la cara que no me haces falta para poder vivir
Quisiera
borrarte de mi corazón
Quitar
de mi boca tu dulce sabor
No
echarte de menos al llegar la noche
Y
sin reproches resignarme a tu adiós
–Luís Fonsi–
Mia aparece en un pequeño escenario y les sonríe, levantando sus brazos al cielo.
"Y después de tanto tiempo¡vuelvo a parecer!"
Y miles de tomates podridos y montones de cosas extrañas y raras el caen encima.
Si, se que deben estar enojadas conmigo y hasta podría merecer que no me escriban ni un Review en este capítulo, pero mis excusas sonarían muy trilladas y mi arrepentimiento es tanto que no puedo expresarlo, así que me conformaría con pedirles miles de disculpas y que las aceptaran.
Y con una promesa (que haré todo lo posible por cumplirla) de actualizar un poco más seguido, comento el capítulo.
Larry y Miranda: Aquí el tan esperado enfrentamiento. Las cosas que se han dicho, los sentimientos que salieron a flote y las acciones que se hicieron, dejándolos tan malheridos, confundidos y destrozados que antes. Es una relación, ci cabe el término, difícil. Ambos se quieren, como lo han descubierto, pero solo faltaría ver si los prejuicios y la ambición son más grandes que el amor que se sienten y mucho más si pueden destruir la berrera que simboliza Kevin Kemingway en sus vidas.
Melina: al fin hemos develado la identidad de sus compinches y lo que realmente quiere conseguir esta pequeña rubia con todo esto. Kate y Parker no son tan tontas, pero Melina ha demostrado que ella tampoco. Extorsión, esa es su única arma contra las dos jóvenes, y hasta que la renecesiten, seguirán soportando todo lo que la pequeña niña pida. Es un castigo para ellas, es lo menos que puede hacer para dificultarles el camino.
Lizzie y Gordo: a Lizzie le hizo habar bien con su madre y a Gordo le hizo bien hablar con su abuela, las intervenciones los han hecho sentirse un poco más tranquilos, aunque el fantasma del remordimiento y el dolor, como también del amor reprimido los persiguen sin pierdas. Solo faltaría ver que pasará en próximos capítulos, y si su amor soportará intrigas y planes malévolos.
Muchas gracias por sus cometarios a:
Mimi
Star
Hazel
Eyes Girl
0oSamantao0
Nathy2691
Un abrazo enorme a todas y espero no demorar con el otro capítulo. Bienvenida a la nueva lectora y sus repuestas como siempre, en su e–mail.
Se me cuidan y ya nos leeremos. Un beso…
-;-ŴĬƬĆĦ MľĄ MĀĹƒƠ¥ ƎƦƦEĿǬŢ-;-
