En vistas de los pedidos de algunos y su falta de paciencia, he decidido subir hoy en vez de mañana (además de que muy seguramente no habría podido hasta el lunes). Así, os he subido el capítulo 4, espero que os guste. Pero antes, responderé a los reviews. =)

al: eso no lo digas nunca, siempre tendrás imaginación, es una fuente inagotable! Y muy sana! En cuanto al dragón... bueno, la verdad es que sí es una buena forma de pago (nada se hace por caridad en este mundo, todo tiene un precio). Y había pensado ya en eso, y verás que tu idea no está tan lejos de lo que ya tengo pensado, espero que el resultado te guste. Aunque para saber hacia donde se dirigen, deberás esperar al prox capítulo, sorry. A ver si este cap consigue aclararte algunas dudas... así lo deseo!

Nelly Esp: me has puesto colorada! En este momento mi cara es todo un poema... Jijijiji!! De momento, y al igual que hace Rowling, la historia se centra en Harry. Al igual que ella, todo lo que pasa a lo largo de la historia está siempre relacionado con el chico y todo son cosas que pasan a su alrededor que él puede ver y contar. Por eso, para saber sobre los demás, deberás esperar a que él pueda saberlo. Pero, si te sirve de consuelo, te diré que tampoco necesitarás de mucha espera. Hasta pronto!!

Blackcat: yo tb hice un recorrido por el norte, pero de eso ya hace algunos años. Y la verdad es que me encantó! Yo tb soy más de montaña, la playa me agobia, y no será porqué me falte... Pero los Pirineos no los tengo al lado, están más bien lejos (si los comparo con las playas como Sitges, Vilanova i la G., Comarruga,...) Aún así tenemos la serralada del litoral. Pero me alegra que sepas algo de geografía, los que realmente dan pena son los americanos (sin ofender) puesto que allí apenas les enseñan los continentes y sus propios estados. Si saben algo más, es porque han deseado averiguarlo... Ya ves el tipo de políticos que goviernan este mundo, dan pena. En fin, espero que todo te vaya bien. Besos!

Lladruc: que què fara? Doncs... no, no t'ho diré, per això et caldrà llegir akest capítol; aquí veuràs el que considera que haurà de fer. Per cert, m'encanta el teu nick, en Lladruc, en Forcat i el Llunàtic, són un dels meus personatges predilectes. I m'encanten com els anomenen en català! ;) Fins aviat!

viky: jajajajajaja!!! Bueno, pues aquí te subo la actualización, pero advierto que cuando llegue al cap 7, voy a retrasarme puesto que más allá aún no está escrito (pero sí planeado), por lo que no podré subirlo con tanta regularidad. Aún así, estaré encantada que me vayas dando propuestas, estoy abierta a todas ellas! Y tranquila, nunca me van a molestar tus reviews! Nos vemos!! =)

FFmania: el dragón va a ser mucho más que un simple acompañante para el chico, ya lo verás. Y... CRÉETELO! Pero, en verdad, dime como crees que podrá arreglarlo? Bueno, mejor espera a saber cómo ha podido pasarle (sí, esto te lo respondo en este cap) y luego monta posibles curaciones, querré saberlas. Si me dáis buenas opciones, os prometo que me lo pensaré... OS DOY MI PALABRA. Venga, cúidate amiga. Bye!

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¿Qué opináis del destino? Quizás os pensáis que ya me he vuelto loca, es posible (no lo voy a negar), pero a veces me he puesto a pensar sobre esta pregunta: ¿Existe el destino? ¿Qué es exactamente? Porque no creo que ya tengamos el camino marcado con solo nacer, qué perdida de tiempo si fuera así, ¿verdad? Tal palabra ya ha llevado grandes discusiones entrando en fantasias y locuras, como si no mereciese la pena recapacitar sobre ello, pero yo lo encuentro realmente interesante. Y debo admitir que mi gran creencia es la ciencia, y magia por igual (no resulta irónico?)
Bueno, no quiero que pensáis que ya me han saltado los pocos tornillos que tenía, pero me ha parecido adecuado preguntarlo puesto que también me he dado cuenta que JKR se lo pregunta en sus libros. ¿Acaso os creíais que ya estaba desquiciada?
Ahora sí, ya he terminado con las respuestas y puedo dejaros con la lectura sin daros más la paliza. Espero que os guste!!!!


Capítulo 4 – Rencor y soledad

Llevaban dos días de vuelo casi incesante y, desde su encuentro cerca el lago, no se habían dicho nada más. Cualquiera hubiese dicho que estaban reñidos...

Al no hacer uso de su magia para poder andar, Harry ya no sentía el agotamiento acosándole día y noche, pero ahora resultaba mucho peor, puesto que su aburrimiento estaba yendo al límite, ¿hasta cuándo seguirían así? Agradecía todo lo que había hecho el animal por él. En su primer encuentro lo llevó de regreso a Hogwarts, le había sacado de allí después del reencuentro con Voldemort, y lo había obligado a despertar. ¿Pero qué había pasado durante su inconsciencia? ¿Y cómo era que le había pasado todo aquello? No recordaba estar tan mal como para quedarse paralítico... Vale, se había dislocado el hombro, pero lo había vuelto en su lugar entre convulsiones de dolor; había salvado a Sirius y sacado de detrás del portal de una existencia torturada y llena de dolor eterno; había escapado del ministerio después de hacer múltiples acrobacias; logró pasar su estado de muerte en vida y superado la debilidad que sentía después de aquello... pero en ningún momento se hirió las piernas ni la espalda. Aunque no le escapó el hecho de que las múltiples heridas que se hizo en la otra dimensión habían desaparecido. Sus ropas estaban sucias y tremendamente maltratadas, con restos de sangre y barro. Pero su piel estaba perfectamente, ni un corte. Excepto la cicatriz, fruto de la maldición Avada Kedabra que recibió en solo un año. Y las dudas no terminaban allí.

Shelyak había cazado unos cuantos conejos, lo suficiente como para llenar su inclemente apetito. Decidiendo romper de una vez por todas el silencio que había ocupado las monótonas horas que pasaron hasta entonces, se dispuso a dar el primer paso de conversación con algo que supuso podía iniciar una charla estable y con algo de provecho. Quizás conseguía esclarecer sus dudas... aunque esto podía ser pedir demasiado.

- Mmm...- murmuró como dando a entender que quería decirle algo.- ¿Puedo preguntarte... qué es el Pacto del que me hablaste?- recordaba la conversación que había tenido con el dragón en su presentación, aunque eran unos recuerdos extraños, pues solo lograba vislumbrar aquellos momentos con el animal, lo demás no era otra cosa que un mar negro.

- Sí.- Vaya, ya empezamos otra vez... pensó con un suspiro de resignación y diversión a la vez. Se preparaba para preguntarlo de nuevo con la calma de la que era capaz, cuando el dragón se anticipó a él.- Cuando me sacaste la lanza que me lanzó el waddshi...- Harry supuso que se refería a aquella criatura que le había perseguido en el bosque poco después de dar con él por primera vez.- ...te heriste en la mano, ¿recuerdas? Mi sangre entró en contacto con la tuya, lo mismo pasó cuando te acercaste a la herida para sanármela. Las dos sangres se mezclaron, creando una Unión de Sangres entre ambos.- recordó que en aquel momento no dio ninguna importancia al profundo corte que se había hecho pensando solo en el dragón.- Pero, por si eso no fuera poco...- parecía irritado.- ...vas y me transmites tu energía vital, cerrando el Pacto de Unión.

- ¿El Pacto de Unión?

- ¿No has oído a hablar nunca de estos tipos de rituales? Son muy antiguos y poderosos, la conexión que se crea entre las dos partes es la más fuerte que existe, nada puede romper el lazo de la unión. En pocas palabras, ahora, tú y yo estamos unidos por sangre.

- ¡¿Que estamos qué?!

- No creas que a mi me gusta la idea. ¿Conoces la Leyenda del Dragón?- seguramente dio por supuesto de que no, pues siguió sin dejarle tiempo para pensar en el nombre que le había dicho.- Cada quinientos años, nace un dragón, distinto a todos sus congéneres. Hijo de las estrellas, destinado a ser el rey de los dragones... dotado del poder de la magia y el conocimiento. Un dragón con voluntad propia, el más fuerte y veloz de todos, con unas escamas forjadas en el fuego y cubiertas de oro.- Harry podía imaginar lo que le describía, era lo mismo que había sentido al ver por primera vez aquella criatura que ahora le hablaba.- Su vida, más larga que los elfos, y más activa que los humanos. Durante años los reyes dragones se han unido con los más valientes, poderosos y nobles seres que habitaban en la tierra, mediante el ritual de la Unión de Sangre, haciendo grandes gestas, recordadas como leyendas maravillosas y guardadas en la historia. Pero ahora...- no hacía falta que continuase, el chico era capaz de ver su frustración. Sus antepasados habían logrado la gloria, mientras que él...

- No sabía que curándote había hecho esto...

- Lo he deducido.- dijo con un tono sarcástico.

- ¿Y qué querías que hiciera? Me pareció que debía ayudarte, aunque aún no he oído tus agradecimientos.- Shelyak bufó divertido con la idea.- Me da igual el pacto que hiciéramos, te salvé la vida y con ello me basta. No quiero nada de ti, ya buscaré la forma de deshacer lo que hice, no te preocupes. Lo único que te pido a cambio es que me lleves a un lugar. Después puedes irte a dónde quieras...

- ¿No lo entiendes? ¡No se puede deshacer, es imposible! Desde que nos vimos en el flujo vital, estamos conectados para siempre, nada se puede hacer al respecto. De todos los humanos que me podían tocar, va y me dan el más idiota... ¡Y por si no fuera poco, te debo la vida! Es increíble...- movió la cabeza con pesar- Venga, descansa. Te llevaré donde me pidas, pero no creas que te voy a agradecer lo que me hiciste.- lleno de rabia y con muchos humos, se dirigió hacia la entrada de la cueva.

- Mira quien fue a hablar de idiota...- dijo a media voz. No hacía falta que le insultase, ya era suficiente para él saber que ahora estaba unido con un estúpido dragón con aires de importancia.

- Te oí.

Haciendo una mueca a la espalda del dragón, puso la capa encima el suelo y se recostó cerca del fuego. Con el estómago mucho más lleno, no consiguió terminar con todo lo que le había dejado Shelyak, los ojos empezaron a cerrarse entrando en un estado de tranquilidad, lejos de preocupaciones y obligaciones.

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Con un gran bostezo, se levantó. Había dormido plácidamente y sin nada que se entrometiera en su descanso. El humor le había mejorado, y parecía ver las cosas de distinta forma. Recordando la conversación con Shelyak, se levantó recogió la capa y miró a su alrededor. Había anochecido. Vaya... dormí bastante...

- Sí, lo hiciste.

- ¡Shelyak! ¡No me des estos sustos!- aún no se había acostumbrado al hecho de que el dragón pudiese saber lo que pensaba. Estaba cerca de la entrada de la cueva en lo que parecía una posición de vigilancia.- ¿Me has estado velando?- preguntó con una sonrisa irónica.

- ¿Me crees capaz de hacer algo así?- no le hacía falta responder. Empezaba a conocer bastante bien aquel animal con garras.- Aprovecharemos la noche para viajar. Anda, come un poco y marchémonos.

- ¿Llevaste algo para comer? Vaya, que consideración...

- Me venía de paso.- en su voz pudo ver algo de peligro. Bien, Harry supo que era mejor comer antes de que empezara a hartarse de él, le parecía que el dragón no tenía mucha paciencia.

- Antes dijiste que había uno como tu cada quinientos años. ¿Significa que eres el único de tu raza? ¿Cómo conseguís permanecer?- dijo cogiendo una preciosa fruta de color morado con sabor a ciruela. Le había traído unas cuantas frutas, intentó imaginarse el gran dragón tomando frutas de los árboles como si fuera de compras, casi se ahoga con la imagen, así que sofocó la risa con un repentino ataque de tos.

- Nacemos de los dragones comunes. Al llegar una nueva generación, un huevo de mi raza sale de entre la cría de algún dragón.

- ¿Cuántos años tienes, Shelyak?

- Ciento catorce años vuestros. Seis años humanos son como uno mío.

- ¿Tienes diecinueve?- Tampoco es tan grande, pues.

- Mucho más que tu. ¿Has terminado?

- Sí.- cogió lo que aún no había terminado para poder comer por el camino, estaba seguro que tardaría bastante.

Apagó el fuego y montó otra vez, ahora sin sentir el desfallecimiento de fuerzas. El dragón saltó y, con la caída, desplegó sus imponentes alas y empezó a ganar altura. Harry se había atado la capa alrededor del cuello con un hechizo, de forma que ondulaba con el viento frío de aquella noche de verano. Por suerte, el dragón volvía a cubrirle con su magia haciendo que se sintiera caliente y cómodo encima de él. Así que, por más arrogante y engreído que lo considerase, debía agradecerle aquél detalle, dudaba que consiguiera mantenerse con vida si no fuera por la magia que le rodeaba.

- ¿Y bien, hacia dónde?

La pregunta de Shelyak le hizo reflexionar. Debía decidir qué hacer, y aún no tenía ni idea de donde estaba, el día que era, ni cuanto llevaba desaparecido del mundo mágico. Pero debía ordenar sus ideas y ya era hora de empezar a planear las cosas. ¿Qué quería hacer? Ante todo, no podía regresar a Hogwarts. No se veía capaz de afrontar todos los sucesos, y estaba seguro que debía muchísimas explicaciones. ¿Y qué más daba? Las acciones que hiciese solo le afectaban a él, ¿no? Él debía ser el responsable de sus actos, no los demás. Estaba harto que lo tratasen como a un niño, diciéndole qué hacer y cómo comportarse. No. No regresaría a Hogwarts, aún no. Y tampoco estaba seguro de si quería hacerlo algún día. También estaban los Dursley, pero enseguida desechó tal opción de su cabeza, estarían más que contentos de deshacerse al fin de él. Aunque quizás sí había alguien a quien preocuparía... su tía había cambiado, y Harry lo sabía. Sin embargo, su presencia allí les ponía en peligro y, aunque le hubiesen martirizado durante años, seguían siendo su única familia por sangre.

Necesitaba un lugar... la familia Weasley lo acogerían de inmediato, pero también ellos podían estar en peligro con él. Le dolió, pero no podía irse junto con unos seres a quienes consideraba su segunda familia. Además, estaba seguro que Dumbledore no se lo permitiría, le insistiría en irse junto con sus tíos, y no pensaba regresar para volver a arriesgar más vidas. Pensar en el director le llevó a casa de Marla, su madrina, alguien en quien podía confiar y quien de seguro que lo recibiría con un gran abrazo protector. Pero ella, al igual que los Weasley, Remus y muchos otros, formaba parte de la Orden del Fénix, tenía misiones que cumplir y ya estaba en suficiente peligro. Bien, entonces, ¿qué hago? ¿Qué quiero hacer? se preguntó sin darse cuenta que el dragón estaba tomando su propia ruta.

Una cosa sí tenía clara, debía parar los pies a Voldemort enfrentándose a él. Era su destino, su misión... pero tampoco podía empezar a buscarlo así, por las buenas. No le llegaba ni a la punta de los zapatos. Si había logrado escapar de sus encuentros había sido solamente por suerte y la ayuda extra que había recibido, puro milagro. Así, su mayor prioridad se reducía a un solo y claro objetivo. Debía entrenarse. Le hacían falta muchos más conocimientos para llegar a hacerle frente dignamente, con la escuela no tenía suficiente, y la experiencia que allí podía adquirir era de un simple estudiante. No, necesitaba más, mucho más. Esperar a poseer el nivel deseado con un aprendizaje normal serían muchos más años de muertes innecesarias. Debía acabar con aquel monstruo ya, no perdería más tiempo con sus penas ni lamentaciones. Se lo había prometido, y no solo a si mismo, sino también a Shelyak. Además, lo debía. Eran muchos quienes dependían de él, su confianza y fe estaba puesta en una misma persona, aunque aquello lo irritase profundamente. Era hora de hacer frente a su destino y, para ello, debía empezar cuando antes mejor.

- ¿Entonces?

- No lo sé. No sé hacia donde, Shelyak.- dijo sinceramente.

El dragón no dijo nada, se mantuvo en silencio planeando entre la noche, con los rayos de luna reflejándose encima su cuerpo amortizando su intenso color rojo por un rubí plateado. Viendo su silencio, decidió que fuera él quien le llevase hacia su destino. Al parecer, el animal ya tenía claro hacia dónde ir, algo que, por el momento, Harry no sabía aún.

Después del largo descanso que había hecho, el chico no tenía nada de sueño, así que supuso que no estaría de más intentar sacarle unas cuantas palabras más.

- ¿Qué sucedió después de salir de Hogwarts?

Durante unos minutos el dragón se mantuvo en silencio. Pensó que tal vez se había hartado de la conversación y aquello era una clara respuesta de que la charla ya se había cerrado. Entristecido por no tener respuesta y sintiéndose mucho más sólo que antes, miró el negro océano de tierra y árboles que se extendía bajo él.

Con la presencia del animal había dejado aquel sentimiento de soledad, pero cada vez más se dio cuenta que no era lo mismo. El dragón no quería su presencia, casi parecía que algo le obligaba a cuidar del chico. Esto le hacía sentir como una carga, como un objeto indeseado que no tenía más remedio que soportar. Ahora sabía el porqué del comportamiento de Shelyak, le había condenado sin saberlo, era normal que se sintiera frustrado y por ello aceptaba, aunque a veces no podía evitar enojarse, el trato que recibía. Comprendía su sarcasmo, como se reía de su desconocimiento, pero aún así le hería. Echaba de menos a sus amigos, a Sirius… y, últimamente, a Marla. No había llegado a intimar mucho con ella, pero tampoco tuvo tiempo para hacerlo. Daría su vida por volver a verles, aunque solo fuese por unos instantes, aunque les pusiera en peligro con ello... ¿Pero qué estás diciendo? ¿Arriesgarías su vida por un capricho? pero en aquel momento, aquel capricho lo parecía todo. Todo por poder sentir que alguien le quería, por no ver rechazo ni odio en los ojos de alguien.

- Caíste inconsciente.

- ¿Cómo?- dijo saliendo de su ensimismamiento.

- Tan pronto como iniciamos el vuelo caíste inconsciente.

- Inconsciente... ¿por qué? ¿Qué me pasó?

- Apuraste demasiado la resistencia de tu cuerpo. Casi pierdes la vida, y de la forma más absurda.- no sabía a qué se refería, pero saber que seguía queriendo hablar le animó.- Después de salir de las puertas de la muerte tocaste energía en estado puro, algo que nadie en su sano juicio habría hecho jamás. ¿Acaso querías quemarte vivo?

- Las puertas de la muerte... ¿Te refieres al Portal de las Almas Sin Voz?

- El nombre que le deis es irrelevante. Además, aquel portal al que te refieres no es más que un paso al espacio que se encuentra entre la vida y la muerte.

- Pero tuve que ir, debía recatar a alguien.

- ¿Era importante para ti?

- Sí.- volvió a callar, por lo que fue Harry quien decidió continuar.- ¿Por qué has dicho que toqué energía pura? ¿Es eso aquella luz que vi en el pozo?- al no responder supuso que debía ser así.

- Por suerte, pude hacerla fluir sin que se acumulara en tu interior.

- No comprendo...

- Verás, la energía pura no es más que una gran cantidad de magia concentrada en un espacio muy pequeño. Cuando hacéis magia, estáis usando un pequeño flujo de esta energía concentrándola en una forma determinada.

- La Onda...- dijo recordando las clases de Magia Antigua que había empezado el curso anterior.

- La Onda es, justamente, ésta energía. De ahí, todos los seres extraen la vida, así, todos estamos conectados a ella mediante nuestra existencia. Sin embargo, hay quienes podemos extraer más energía utilizándola como magia. Ahí entramos con el aura de cada individuo. Según su aura, está más o menos cerca de la Onda. Aquellos que estén más próximos pueden utilizar un flujo mayor de energía, pero también deben estar más preparados. Para evitar que la misma energía los destruya, su aura crece en consecuencia. Pero tú, al no estar aún preparado para recibirla y menos aún toda de golpe, no has podido soportarla.

- Me hubiese podido quemar...- recordó el libro de los Sabios que le había entregado Marla y que guardaba en Hogwarts dentro de un poderoso hechizo. Y también vio, por unos instantes, el dolor de la sangre hirviendo y su cuerpo cubierto de llamas. Así, todo lo que había pasado había sido real...

- En aquellos momentos estaba intentando fluir toda aquella energía. Tú estabas inconsciente, pero podías sentir perfectamente sus efectos.

No había sido un sueño. Había sentido aquel dolor durante muchísimo tiempo, la locura del sufrimiento, sin encontrar ninguna escapatoria, incluso casi cede a la demencia. Había estado tan cerca, que su propia memoria desapareció sumiéndole en el anonimato.

- También curaste mis heridas... pero recuerdo despertar completamente inmóvil. Incluso ahora lo estoy, no puedo mover mis piernas sin la ayuda de la magia. ¿Por qué? ¿Acaso aquel poder acabó haciéndome daño?- pensó que talvez el exceso de energía le había provocado aquel estado de parálisis.

- Pude salvar tu vida haciendo que la energía no se concentrase en ti, sino que estuviese en ti.- ¿No es lo mismo? pensó.- No. Si se cierra dentro del cuerpo no puede cambiar y adaptarse. Pero si la expandes, el daño es menor. Ahora tu aura se ha ampliado considerablemente a causa del impacto que recibiste, pero sigue sin ser lo suficientemente grande como para albergar toda la magnitud que posees. Antes incluso de exponerte a ella, tu poder era ya muy grande, pero lo mantenías en ti, cosa que hubiera hecho que con el tiempo tu aura fuese madurando y agrandándose para protegerte de la energía que más cerca tendrías. No has permitido a tu cuerpo que se adaptara con tiempo, ni que la protección que te da el aura sea la necesaria. Por ello, he tenido que expandir la energía. Ahora podrás hacer uso de la magia pero con mayor magnitud, sin embargo, esto también puede suponer un peligro para ti mismo. Debes expulsar la magia para evitar que se concentre, pero tampoco puedes abusar de ella para no tener que coger más de la que tu aura puede soportar.

Harry había permanecido callado, intentando entender lo que aquél ser tan extraño le estaba explicando. Todo le parecía muy confuso. Pero, por lo que había entendido de aquella larga exposición, el hecho de que aquella energía hubiese entrado en él le había llevado a las mismísimas puertas de la muerte. Sin embargo, ahora debería ir con cuidado. La magia había aumentado en él, pero no como debería haberlo hecho, no había seguido el ciclo natural... y aquello podría llevarlo a su destrucción si no iba con más precaución.

- Aún así, tu temeridad, además de poder terminar con tu vida, ha hecho que tu cuerpo quedase gravemente maltrecho. Por ello, quedaste completamente inmóvil.

- Pero ahora no lo estoy. ¿Por qué?

- Supongo que al expandirse reanimó gran parte de tus extremidades.

- Pero sigo sin poderme mover del todo...

- Ya te he dicho que la cantidad a la que te expusiste era muy grande, aún puedes agradecer que puedas seguir con vida. La verdad es que estuviste casi dos semanas en la corda floja, en más de una ocasión llegué a pensar que había sido demasiado. Además, tu cuerpo estaba en un estado lamentable, débil y sin energías, con unas defensas pésimas, y tu cabezota tampoco hacía nada para ayudar rindiéndose con demasiada facilidad.

- ¿Y por qué me ayudaste?- preguntó con dureza.

- Era mi obligación.

La conversación había terminado.

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La monotonía del vuelo ponía de mal humor a Harry. Cada vez que lograba despejar un poco su mente, volvía a recaer entre un cúmulo de sentimientos contradictorios. Se sentía solo y abandonado, había sufrido mucho y aún esperaba una pequeña ayuda por parte de alguien que nunca llegaría. Y ahora, por si no fuera poco, había perdido la posibilidad de volver a utilizar sus piernas... definitivamente estaba paralítico. Empezaba a asumirlo cada vez con más seguridad y desconsuelo. Era verdad que usando la magia era como si nada le sucediera, a primera vista no había ninguna diferencia, pero... era como si un par de palos funcionasen casi maquinalmente, sin sentir nada, ni dolor ni alivio. Aún no lograba hacerse a la idea de aquella nueva deficiencia, ¿y si alguna vez se quedaba sin magia? ¿Estaría indefenso? ¿Más incluso que un muggle? Porque si era así, Voldemort tenía las de ganar. ¿Cómo conseguiría vencerlo, ahora? ¡Solo encerrándole dentro de una cápsula de anulación y ya le tenía! Nada más invocar este conjuro y habría ganado la tan larga batalla, ¿no resultaba curioso? Todos aquellos años intentando matarle y ahora lo podía lograr con algo tan sencillo como aquello... ¿Había condenado al mundo? Siempre quedaba Dumbledore... pero él no podía detenerlo, ¡nadie podía hacerle frente! ¡Maldita profecía! ¿Cómo lograré terminar con él de esta forma? Además, cuando me mate... ya nadie podrá detenerlo. ¿O acaso podría existir alguien más? No la respuesta llegó tan rápido que se sorprendió. No, no habría nadie más. Todo dependía de él, ¡todo! Y él no podía... No era que se rindiese, no aún. Pero la obviedad le hacía volver a la cruda realidad. Lucharía, por supuesto. Pero el resultado estaba escrito desde un inicio. Menudo combate... la derrota está definida incluso antes de empezar.

El rencor del dragón hacia el chico no había disminuido en absoluto. Aún se mantenía distante, encerrado en sus propios problemas y ajeno al creciente estado de soledad de Harry. Parecía como si, a pesar de compartir el largo viaje y la extraña unión que les ataba, nunca se hubiesen conocido.

Al llegar al mediodía, empezó a descender hacia otro lago que brillaba entre la gran multitud de árboles. Justo al medio, una isla de tierra repleta de mullida hierba y flores amarillas y blancas, les presentó el lugar idóneo para detenerse. Tan pronto como tocó tierra firme, Harry descendió dejando que su entumecida espalda se moviese con el vaivén de las piernas. Una suave brisa despeinaba su oscuro pelo relajándole durante unos instantes que aprovechó para observar con mayor detenimiento su alrededor. Todo era bellísimo.

Al ver el agua tan plácida y limpia, unas ganas locas de lanzarse en ella traspasaron todas las preocupaciones que pudiera tener e, inmediatamente, empezó a quitarse los zapatos y la ropa hasta dejarse con solo los calzoncillos. No era que estuviese sucio, había estado utilizando la magia para limpiarse y con fantásticos resultados, pero echaba de menos la sensación del agua cubriendo el cuerpo. Sin pensarlo dos veces, se lanzó directo al lago casi de cabeza. Aunque, como bien imaginó el dragón, rápidamente sacó la mojada cara con una exclamación de sorpresa. El agua estaba helada.

Sabiendo que más le valía protegerse del frío si no quería coger hipotermia, dejó que la magia, además de permitirle mover las piernas, le rodease mostrando parte de su aura que le permitiría calentar el agua justo antes de tocar su piel quedando en una temperatura ideal.

No sabía nadar, nunca había aprendido, por lo que no pudo irse más allá de la orilla. Le hubiera gustado poder dirigirse hacia el centro, o moverse como lo hacían los grandes nadadores alrededor de la pequeña isla. Aquello era una de las cosas que siempre le había gustado saber y que, muy seguramente, nunca aprendería.

Giró su cuerpo hacia aquél pequeño monte con flores esperando encontrar al dragón echado encima la hierba dormitando plácidamente en aquél tranquilo lugar, pero no lo vio. Siguió buscándole con la mirada, algo intrigado por su desaparición. Quizá había ido a buscar algo para comer…

Así pues, volvía a estar sólo. Le hubiese gustado que también sus amigos pudiesen disfrutar de aquel lugar, a todos les iría bien. El aire le relajaba, en realidad hasta ahora había encontrado ésta sensación tranquilizadora en todos los sitios que había visitado junto con el dragón, era gratificante.

Otra vez volvió a pensar en ellos. Seguramente estarían ya en sus casas, pasando las breves vacaciones veraniegas. ¿Le estarían buscando? Se había ido bruscamente de Hogwarts, ¿cómo se lo habían tomado? No recordaba muy bien todos los acontecimientos pasados pues se definían en aquella borrosa espiral de imágenes que aún no había logrado descifrar. Recordaba vagamente el rescate de Sirius, también su carrera hacia la escuela para detener a Voldemort, incluso llegaba a vislumbrar una pequeña visión sobre una cúpula dorada semejante a una burbuja que rodeaba al completo todo Hogwarts y sus terrenos. Y una muerte. Alguien había muerto ante él otra vez, y de nuevo no pudo llegar a tiempo para evitarla… ¿pero quién? ¿Quién había muerto? Sentía un encogimiento del corazón al pensar en la luz verde dirigirse hacia una figura esbelta y delicada que corría y lloraba a la vez… era la muerte que avanzaba para llevarse a su escogido.

Una sonrisa apareció frente todas las demás imágenes. Enseguida la identificó. Era Cho Chang, una chica que le había traído loco en cuarto y también en quinto, aunque pronto vio lo que era en realidad, un amor platónico de un adolescente de quince años. Algo pasajero que la misma madurez se llevaría, algo que después de descubrir su destino dejó de tener importancia. Ella era quien había muerto. Ahora recordaba sus gritos desgarrando la oscuridad y el dolor de sus músculos al obligarles en apresurarse mientras observaba, horrorizado, como su vida se extinguía como la llama de una vela al ser soplada con lentitud. Y aún recordaba el dolor punzante de su cicatriz, su sentimiento de impotencia a pesar del enorme esfuerzo que había hecho, de las duras pruebas que había soportado antes de poder llegar junto con quienes necesitaban de él. Pero no había sido el único en ver su última sonrisa, alguien más gritó su nombre desesperadamente. Pensar en aquella otra voz le hizo profundizar en su sentimiento de soledad. Estaba tan sólo… sentía como el peso que cargaba incrementaba cada vez más, y él sólo no podía…

Un fuerte impacto contra su cabeza le hizo trastabillar impactando de cara al agua. El golpe fue tan potente, que por unos instantes quedó completamente desorientado aún con la cabeza bajo el agua sintiendo que se ahogaba. Cuando consiguió anteponerse al pánico de ahogo, ordenó a todas sus partes para que le ayudaran a ponerse nuevamente de pie. Al fin, pudo volver a respirar el aire tosiendo toda el agua que se había tragado con la caída. No le dolía la cabeza, al contrario de lo que suponía debido al impacto, y tampoco encontró ningún rastro de sangre al llevarse la mano casi inconscientemente a su nuca esperando encontrar restos de ella. Sin embargo, el golpe había sido grande, y había venido de detrás. Mucho antes de empezar a pensar con claridad, su instinto de defensa se había activado para protegerle girándose hacia la fuente de la agresión. Pero no había nada. Miró con vehemencia a su alrededor, intentando no dejar ni un centímetro sin investigar, poniendo sumo detalle en cada elemento. Continuaba sin encontrar nada que le indicase cuál podía ser la causa de aquel ataque. No podía ser que se lo hubiese imaginado… ¿acaso había alguien más? ¿Magia negra, quizás?

Dejando que sus otros sentidos buscasen sin depender de la vista, encontró un pequeño ruido no muy lejos de él. Parecía como si alguien o algo saliera del agua, aunque también podía estar entrando, pero esto era más improbable. Siguió atento. Era más bien grande, puesto que sus pasos se hundían bastante en la hierba aplastando un área algo más grande que un pie normal… Volvió a abrir los ojos y, allí donde debía haber un elemento moviéndose, solo encontró aire. Sonrió. En el caso de estar en el mundo mágico, en contacto con otros seres humanos, hubiese pensado que aquello podía ser alguien con una capa invisible, o bien con un hechizo mimetizador. Pero ésta no era la situación… ¡Shelyak… sé que has sido tu, estúpido dragón! Casi me ahogas con tu broma de mal gusto. ¿Acaso crees que no me he dado cuenta? Ésta me la vas a pagar. pensó mientras sonreía maléficamente.

Después de dejar que su cuerpo se relajara con el refrescante ejercicio, volvió junto con su ropa y se acercó al animal que descansaba tranquilamente disfrutando del caliente sol.

- ¿Estaba buena el agua?- dijo entreabriendo un ojo.

- Sí, mucho.- respondió aún sin haberse cambiado.- Bueno, ¿qué tal si comemos algo? En este lago hay unos peces muy grandes.- dijo remarcando la palabra "muy".

- ¿Acaso te has encontrado con uno?

- Así es.

- ¿Y por qué no lo has capturado? Hubiese sido un buen manjar.

- Se podría decir que nadar no es su único fuerte…- levantó su mano y la movió como si lanzase algo contra el dragón. Siguiendo su orden, un gran rayo de agua salió del lago y se fue a estrellar directamente contra el asombrado animal.- Vaya… cuanto lo siento… ¿está buena el agua?

Después de aquella remojada, los dos empezaron una peligrosa guerra de agua dentro del mismo lago. Harry no se separaba de la orilla, mientras que Shelyak usaba su gran cola para lanzarle olas enteras que solo podía refrenar mediante débiles hechizos que nada más paraban el impulso sin poder evitar mojarse. La batalla continuó hasta que sus fuerzas empezaron a menguar entrada la tarde. No habían comido nada, pero con el combate, gran cantidad de peces habían caído en la orilla, peces que después comieron con voracidad y sin refreno delante del precioso fuego que siempre les acompañaba.

Dejaron que la sombra de un viejo y gran árbol que reinaba en aquél trozo de tierra, les protegiera del molesto sol mientras la brisa secaba sus mojados cuerpos. Había sido un combate un tanto original, y muy divertido. Ambos disfrutaron del momento dejando a un lado cualquier enfrentamiento anterior, les había hecho bien y ahora, sentían que algo más les unía, un débil sentimiento de amistad que empezaba a florecer.

- Llegaremos antes del crepúsculo.

- ¿Dónde?

- Dentro de poco lo sabrás.

Levantó su pesado cuerpo y estiró las cuatro patas preparándose para más horas de vuelo. Harry, viendo sus movimientos, decidió vestirse para poder salir tan pronto como pudieran. Estaba ansioso para saber dónde quería llevarle el dragón.