Antes de nada, los reviews!

Lladruc: Lleida! Bon lloc. Jo no és k sigui de Barna ciutat, pro sí dels voltants. Espero que akest capítol et tregui d'intrigues, si més no, la majoria d'elles. Aps, i ja t'agregaré al msn! Ja ens veurem! =)

vicky: bueno, bueno... este cap me ha salido bastante más largo, así que espero que no te quedes tan corta. Aunque permíteme decir que en realidad no son cortos, solo que aquí parece que se... encojan. Jajajajjaja!! Y te parece que el dragón tiene cierto toque de Snape? Vaya... nunca lo había mirado así... O.o Tranquilízate con Sirius & Cia., ya saldrán. =) Bye!!!

Sacralo: pues aquí te dejo con el quinto. Disfrútalo!

FFmania: qué haría yo sin tus comentarios tan... emotivos? XD Naah, es broma, me alegro que me dejes reviews, lo sabes. Bueno... lo que dices, sí, sería posible. No sé... y no es que no lo haya pensado como una salida, pero... ¿tienes una idea más original? Anda, sorpréndeme! Y no, no es verdad. Bueno, sí, pero la ciencia no lo ha demostrado todavía. Quizás algún día escribo sobre: Teorías de la Onda: energía vital; jejejejeje. Hasta pronto!!

Nelly Esp: aquí lo verás. Me sorprende que no me dejes con dudas ni preguntas, así pues te las respondí todas? Gracias por el review, bye!

al: a mi me encantan! Y, la verdad, encuentro las discusiones (peleas) un tanto... cómicas, dan un toque de humor a la historia. Y ese personaje, Shelyak, me permite conseguir ese proposito. Ahora que empezarán a "avenirse" un poco más, esas peleas se convertirán en un punto seguido que animará el ambiente, aunque sea con un humor sarcástico u irónico. Nos vemos!

.

Este capítulo me ha quedado mucho más largo, creo que es el mayor que he hecho de momento, así que espero que llene vuestras espectativas.
Al fin me iré de vacaciones, aunque parecen más fiestas de trabajo que vacaciones en sí mismas, ¿por qué el trabajo tiene que agobiarme durante todo el año? ¿Qué he hecho para merecerme tal castigo??? No és justo... pero qué remedio.
Como no tengo mucho tiempo, ni siquiera podré hacer la quinceaba revisión del cap, no he conseguido extenderme con las respuestas, lo siento. Pero bueno, el caso es que me alegra ver que seguís leyendo aunque sean locuras y tonterías sin sentido que a veces llenan mi vacía cabeza.
Está bien, paro ya. Mejor leed y esperad a lanzarme tomates hasta el fin del capítulo. ¡Qué aproveche!


Capítulo 5 – Fuego del atardecer

El sol empezaba a descender en el horizonte, cuando una multitud de acontecimientos golpearon al aburrido Harry.

Shelyak empezó a subir más y más, internándose entre las mullidas nubes humedeciéndoles sus cuerpos con pequeñas gotas de agua. Todo a su alrededor cambió apareciendo un inmenso mar blanco teñido de naranja y rojo. Era hermosísimo. Como si los árboles verdes hubiesen sufrido un repentino toque hibernal, lo que antes habían sido grandes explanadas de verde, ahora se presentaba como un extenso campo blanco. Parecía suave y delicado, como nata lanzada desde el cielo, cubriendo cualquier irregularidad con sensuales ondulaciones. Sus ojos miraban ociosos el fantástico paisaje, cuando el dragón volvió a descender con un picado que lo tomó completamente desprevenido.

Al fin, después del impacto inicial, pudo sobreponerse volviendo a atender a su alrededor. Estaba estupefacto. Todos los árboles y montañas habían desaparecido. En su lugar, un mar infinito llenaba la vista. Sus colores variaban con los menguantes rayos del sol y se internaban en las profundas aguas creando multitud de sombras en su interior.

Habían llegado a su meta, el fin el viaje. No pudo evitar suspirar cansado pero algo más alegre al ver un pequeño trozo de tierra ante ellos. Dejó que el refrescante viento removiera su pelo sin aquella presión del descenso y relajó la tensión provocada por la adrenalina. Nunca había comprendido como podía eso alterarle tanto, sin embargo debía admitir que la sensación del estómago en un puño le agradaba con locura.

Sus poderosas patas terminadas en afiladas garras, rozaron la superficie del agua con suavidad, como temiendo romper aquella serenidad que le hacía mecerse sin descanso. Sin saber el como o porqué, se encontró dejando que sus brazos se extendieran a sus lados permitiendo que su resistencia al aire fuese mayor. Sentía como su pecho era presionado por la velocidad, pero no le importaba, aquella sensación de libertad lograba hacerle ver un mundo distinto, era como si consiguiese evadirse de su pesado cuerpo, cuánto le gustaba. Podía sentir la euforia del vuelo al cerrar los ojos, era como estar volando sentado, aunque pronto vio que su falta de sensibilidad inferior aún lo liberaba más, haciendo que no fuese más que un viaje oscuro lleno de extraños movimientos fuera de su juicio u opinión.

Un giro hacia la derecha le obligó volver a mirar observando como se acercaban, cada vez más, a la isla que ya antes había vislumbrado en las alturas. El ala dibujó un gran argo en el agua, y volvió a enderezarse llegando definitivamente, a una costa llena de fina y reluciente arena blanca. Aún así, no fue allí donde decidió detenerse, sino que siguió tierra adentro hasta dar con un gran y extenso campo rodeado de un profundo bosque verde. La plana estaba repleta de preciosas flores silvestres de todos los colores, era como ver el arco iris reflejado en aquellos delicados y suaves pétalos. Con suavidad, se posó encima de ellos dejando que el aroma aturdiera al maravillado chico durante unos breves segundos.

- Bien, ya hemos llegado.- dijo con orgullo mirando a su alrededor mientras el chico descendía por su escamoso lomo.

- ¿A dónde me has llevado?

- ¿No lo ves?

- Solo logro ver un pedazo de tierra perdido en medio de vete a saber dónde...- dijo cruzándose de brazos con una sonrisa sarcástica como dando a entender que continuaba igual de perdido.- ...aunque debo admitir que es bellísimo.

- Vamos.

- Bueno, cuando se digne usted a decirme donde demonios estamos...

- Calla y espabila.

Bufó, y prosiguió a seguirle. El animal se movía confiado, como si supiera exactamente donde estaba y hacia donde dirigirse. Todo aquel misterio no hizo sino enfurecer más al joven muchacho que seguía sus grandes pasos entre las perfumadas flores intentando alejarse de aquél aroma que parecía descolocarlo. Odiaba volver a sentirse desconocedor de lo que sucedía a su alrededor, detestaba aquél nivel de ignorancia en el cual ya se había visto envuelto en más de una ocasión donde lo único que pretendían era su "seguridad" aún aquello acarrease víctimas inocentes. ¿Aún lo consideraban un niño? ¿No demostró con clara nitidez su madurez? Bueno, en realidad no... y menos aún después de todo lo ocurrido durante ese último curso, donde lo único que había hecho resultó esconderse tras una fachada de mentiras mostrando quien no era para autoprotegerse de sí mismo y los demás. Quizás tenían razón, quizás aún era un niño... aunque nadie contradecía su valentía y resistencia, mucho más avanzada para su edad. Un punto a su favor en la lucha por el reconocimiento.

Traspasaron un mullido grupo de arbustos puntiagudos y se internaron en aquel espeso bosque donde ni siquiera los escasos rayos de sol, conseguían iluminar el húmedo subsuelo. Pudo escuchar cierto ruido lejano de pájaros hablando, más bien conversando, en una disputa que no entendió. Miles de hojas caídas al largo del tiempo, cubrían la tierra dándole cierto refugio de las abrasadoras y secantes temperaturas, conservándolo todo fresco y verde, preparado para albergar mucha más vida de la que el mismo espacio podía dar a disponer. Y, a pesar de la gran multitud de hierbajos y pequeños vegetales, altos troncos repletos de laboriosas hormigas y miles de insectos distintos se repartían por todo a su alrededor dándole cierto aire de laberinto. Ni siquiera entendía como era capaz de existir un sendero como aquél por donde pasaban con un lugar tan salvaje y falto de cuidados. Solo necesitó dar un rápido vistazo a su espalda para ver que no existía tal camino recorrido, era como si fuese una moqueta que iba creándose a su paso y, de igual forma, se borrara tras su uso.

- ¿Va a durar mucho más?- preguntó. Pero no obtuvo ninguna respuesta, incluso dudaba que hubiese hecho el menor esfuerzo de prestar atención a su duda.

Imperturbable, la enorme bestia siguió andando cómodamente y sin tener que apartar ningún árbol en su recorrido, algo que encontró impresionante debido a su gran tamaño y por el apretujado grupo de plantas que casi parecían competir para hacerse con un diminuto espacio en aquella selva. Moviendo su impresionante cola al compás de sus pasos y a ras de suelo, el dragón seguía abriendo el mágico camino sin tener en cuenta a su acompañante. Casi se podía decir que lo había olvidado al completo o, al menos, esa fue la impresión que sacó Harry.

Justo cuando empezaba a desesperar por tanto silencio y misterio, la agobiante naturaleza se serenó dando lugar a un magnífico e impresionante escenario. Como crecido siguiendo la línea del lugar, un precioso edificio blanco como el marfil lleno de diminutas y delicadas vetas plateadas, se levantaba rodeado de un cuidado y perfecto jardín. Era muy parecido a los antiguos y ruinosos templos griegos, una imagen que rememoró de sus estudios en la escuela muggle. Todo él parecía estar en perfectas condiciones, inalterable al tiempo, reluciente e intocable como si terminase de ser construido. Incluso llegó a sospechar si eso no era cierto. La verdad es que ver aquel orden y pulidez en medio del más caótico bosque era algo impactante que le daba a pensar en la posible mano humana. ¿Acaso vivía allí alguien? Porqué, fuera quien fuese, debía ser alguien importante, muy importante viendo la inmensidad de la estructura y el respeto casi divino que despedía.

Magníficos y verdes árboles lo rodeaban, incluso adornaban, dándole una belleza aún mayor, si aquello era posible. Estaba cubierto de césped perfectamente cortado y mimado, varias flores violetas y blancas recubrían todo su perímetro dejando solo libre la entrada. Mimosas y llorones cubrían los lados cerca de un pequeño riachuelo que corría libremente protegido por grandes piedras redondeadas, no pudo evitar sonreír al ver un diminuto puente que permitía traspasar aquel cristalino río de poco más de medio metro de anchura.

Tres eslabones perfectamente rectangulares permitían el acceso a un par de puertas de plata perfectamente pulidas repletas de imágenes y extraños símbolos que, en la distancia, no supo identificar. Dos columnas flanqueaban cada lado de la entrada, accediendo al magnífico cobertizo antes de la espléndida entrada.

Sin esperar las palabras del dragón, hipnotizado por aquella construcción tan misteriosa e increíble a la vez, se acercó, vacilante, hacia la enorme entrada. No podía hacer nada más que observar pasmado las resplandecientes puertas de algo más de dos metros y medio de altura. Poco a poco fue dejando que aquella extraña fuerza le atrajera hasta quedar frente a frente con aquel bloque de plata. Miles de siluetas laboriosamente trabajadas con una precisión pasmosa, mostraban distintas imágenes de batallas con lanzas y espadas, centenares de guerreros con armaduras corriendo de un lado para otro, enfrentándose... y dragones. Magníficos e impresionantes dragones lanzando zarpazos, batiendo sus alas, golpeando con una furiosa cola... Y, aunque no eran la únicas criaturas que allí se ilustraban, esas resultaban, sin lugar a dudas, las más impactantes de todas.

- ¿A qué esperas?

Despertando de aquel sueño, buscó la procedencia de la voz. El dragón lo miraba sonriente y divertido al ver su indecisión. Estaba sentado sobre sus patas traseras, con una postura plácida y tranquila, como si esperase su próximo paso con una paciencia atípica en él. Sus ojos le instaron a continuar.

No se preguntó el porqué esperaba tras él dejándole el primer paso al chico. Solo asintió en respuesta, y volvió a fijarse en aquella entrada que rápidamente le sumió en sus encantos. Dio un par de pasos hacia las puertas, y alargó su temblorosa y tímida mano para posarla encima de lo que sería una superficie dura, fría y llena de desniveles. Pero no llegó ni a rozarla con sus dedos, cuando las dos grandes puertas empezaron a abrirse por si solas.

Sorprendido, reculó un paso.

Un inmenso espacio completamente blanco y sin nada más que su propio material, se mostró ante él. Nada le daba a entender qué podía haber allí dentro, es más, por lo que sus confusos ojos lograban admirar, enseguida supo que no había absolutamente nada.

-Vamos.

Ni siquiera dirigió una mirada a su acompañante, no hacía falta. Se armó de valor, y empezó a caminar hacia el interior. Tal y como había sospechado, allí no había más que mármol blanco por todas partes, ninguna ventana, ninguna luz que justificara aquella iluminación tan clara, la misma que habría obtenido al exterior bajo una cómoda sombra.

Quiso preguntarle el motivo al dragón cuando, abriendo completamente los ojos, se dio cuenta que éste había desaparecido. Allí donde segundos antes había estado posado el magnífico animal, ahora no había nada más que aire. ¿Se había marchado dejándolo sólo? ¿Por qué? ¿Qué era todo aquello?

Se dispuso a salir en su búsqueda, cuando descubrió a un chico un paso por detrás suyo que miraba al frente tranquilamente. No se había dado cuenta de su presencia, ¿llevaba mucho tiempo allí?

Tenía el pelo liso, no muy largo, de un color dorado como el trigo y con ciertos tonos rojos sólo reflejados con la luz; sus ojos, como oro envejecido, no reparaban en nada más que algo ajeno a su observador. Vestía una preciosa túnica de un rojo sangre que le daba una apariencia de cierto respeto y orgullo. Sus manos estaban unidas en su espalda en una clara posición pensativa, en verdad todo él parecía estar sumido en infinitos pensamientos más allá de lo imaginado. El chico, aún era incapaz de determinar su edad, solo pasaba por un par o tres de dedos sobre Harry. No le miraba, era como si no supiese que alguien más le estaba observando completamente admirado por dar con él. Pero, antes de que pudiese pronunciar ninguna palabra en su boca abierta, el desconocido dirigió sus misteriosos ojos en él. Harry no podía hacer más que maravillarse por todo aquello que cada vez parecía más irreal.

- ¿Piensas quedarte aquí embobado?- dijo sonriente. Deslizó sus manos a cada lado, y caminó hacia delante haciendo que la confusión del chico llegara hasta puntos insoportables.

- ¿Quién eres?- logró articular después de la sorpresa inicial. Tuvo que apresurar su paso para llegar a alcanzarle.

Sin conseguir dar más de cinco pasos, todo a su alrededor cambió envuelto en una extraña neblina. Pero el extraño ni siquiera se inmutó por aquello, sino que siguió caminando con una calma exasperante.

Aquél espacio blanco y solitario cambió para dar lugar a una increíble mansión.

- No está mal... Tienes buen gusto.

- ¿Qué?- dijo jadeante.

- Vamos a ver qué tal.

Dejó el gran hall donde se encontraban, para desviarse a su derecha. Dos grandes puertas de madera, una de ellas abierta al completo, les dieron acceso a lo que parecía ser un confortable comedor. Había una espaciosa mesa ovalada de madera con siete sillas a su alrededor, encima colgaba una gran araña de hierro pintada de negro llena de amarillentas velas encendidas que formaban parte de la exquisita habitación. También pudo observar una preciosa chimenea con el fuego encendido... ¿no estaban en verano?

La sala estaba repleta de grandes ventanas que divisaban el exterior de la estancia mostrándoles un profundo bosque alrededor. Estaban flanqueadas por unas preciosas cortinas rojas y unas gruesas cuerdas trenzadas con oro que las mantenían sujetas a cada lado. Absolutamente todo estaba perfectamente cuidado, la madera brillante y adornada con más gravados exquisitos, los dos bloques de piedra que dibujaban el agujero de la chimenea, tenían la forma de dos dragones erguidos en una posición que le recordó mucho a la del animal que conocía en sus momentos de orgullo. Pero la mesa no ocupaba toda la sala, sino la mitad de ella. Delante el crepitante fuego había una magnífica alfombra, también roja, con butacas de piel negras y varios cojines al suelo, todo dispuesto para pasar un buen rato enfrente la agradable fuente de calor.

- ¿Y eso?- dijo el chico examinando una larga tela colgada en la pared.

Una impresionante escena se abría a sus ojos. Un magnífico dragón hecho con hilos de oro y rojo rubí, se levantaba majestuoso en pleno vuelo mostrando su perfecto cuerpo, incluso era capaz de ver cada una de sus escamas como si la imagen fuese real. Encima el bello animal, había una silueta de alguien a quien no logró identificar vistiendo completamente de negro. Ambos parecían disfrutar de un exquisito vuelo encima de difusas imágenes y un claro cielo blanquecino. El detalle llegaba hasta tal punto, que incluso llegó a pensar en si no habían hecho una fotografía y la pasaron a un trozo de tela. ¿Cómo si no, habían logrado hacer algo de tan minucioso detalle?

Le dirigió una mirada rápida y seria al chico, y continuó con su reconocimiento. Harry estaba completamente mudo, ni siquiera sabía si tenía aún voz.

Al otro lado de la gran entrada de piedra iluminada por varias antorchas colgadas de las desnudas paredes, había otra habitación con la misma entrada por la que terminaban de salir. Cruzaron las oscuras y lisas puertas que no tenían más que extraños símbolos en sus bordes, y dieron con otra sala de aire confortable. Como la otra, tenía una gran chimenea encendida con los mismos dragones guardándola. Estaba cubierta de estanterías bien sujetas a las paredes, repletas de libros de distintos tamaños y dimensiones. Parecía una biblioteca, aunque el fuego estaba algo fuera de contexto al lado de tanto papel. La alfombra, mucho más grande que su vecina, tenía el dibujo de una gran espiral dorada y roja. También múltiples cojines estaban esparcidos encima, aquello le dio unas ganas enormes de echarse encima de cualquiera de ellos. Paseó mirando la gran multitud de libros y se fascinó con cada título que leía, aunque no pudo evitar intrigarse por otros con títulos claramente irreconocibles en su idioma.

- Así que te gustan las Artes Oscuras y su defensa...- murmuró con el entrecejo fruncido.

Harry no le había oído, estaba demasiado absorto observando de forma rápida un viejo volumen titulado Los misterios de la Magia Negra I con cubierta de piel arrugada y medio agrietada. Pero la sensación de un par de ojos posados en él consiguió arrancar la mirada de aquél fascinante libro. Unas esferas doradas le observaban haciendo que le recorriese un escalofrío por su espalda, aquella mirada seria y ¿enfadada? hicieron que, a desgana, dejase el libro donde estaba. Si tenía tiempo, ya echaría un vistazo. Además, aquella colección era muy extensa...

Volvieron a salir, y dirigieron sus pasos a una escalera de piedra que les dirigía a un piso superior donde muy seguramente estarían las habitaciones. Y así fue. Al llegar pudieron ver un largo pasadizo con ventanas a su largo, repletas de puertas. Todas ellas con un símbolo, y todos distintos entre si.

- Será mejor que descansemos por hoy.- dijo indicándole la parte de la izquierda donde sólo había una puerta.

- Aún no me has dicho quien eres, y qué es todo esto.

- ¿No lo adivinas?- lo miró burlonamente y añadió:- Buenas noches.- sin más entró a la primera que encontró y cerró dejándole completamente sólo en aquél pasadizo.

Consiguió cerrar su boca y meneó la cabeza como intentando despejarse de su aturdimiento.

- No comprendo nada.- se dijo a si mismo rascándose la cabeza probando encontrar una explicación a todo aquello, pero quedó más confuso incluso que antes.

Sintiendo un cansancio que hasta entonces había permanecido oculto, siguió el consejo de aquél individuo y le imitó.

.

.

Un tímido rayo de sol flotó hasta dar de lleno en su párpado derecho. Gruñó en señal de protesta y se tumbó hacia el otro lado. Pero, poco después, decidió que era hora de desplazar el sueño, la dura realidad terminaría cayéndole encima de todas formas.

Al abrir los ojos después de bostezar de una forma algo exagerada, se dio cuenta que aún seguía en aquella fantástica habitación. Por unos momentos pensó que todo había sido un sueño, un largo, extraño y precioso sueño. Pero después de parpadear varias veces y tras tomar las gafas de encima una de las mesas, se alegró al ver que todo seguía como antes de conciliar el sueño. Fue hasta el cuarto de baño y se puso dentro de una bañera de mármol negro que, sin comprender, estaba llena de agua tibia lista para su uso. Se lavó concienzudamente y, otra vez para su sorpresa, observó que el agua sucia se cambiaba por otra de limpia como por arte de magia. No pudo evitar echar algo más de jabón en la bañera viendo como rápidamente se llenaba de pequeñas y alegres burbujas. Le divirtió aquél rato de descanso.

Miró enfrente la gran bañera-piscina enfocando la mirada en una gran ventana que mostraba la naturaleza del exterior. Unas cortinas blancas semitransparentes le daban una intimidad que agradecía, no podía imaginarse salir desnudo y que alguien le viese al pasar por allí. Aunque dudaba que hubiera alguien más, según recordaba de su entrada, solo otro chico habitaba en aquella gran mansión. Pero... ¿dónde estaba? Era todo tan extraño, no sabía absolutamente nada de su condición actual, ¿cómo había podido entregarse con tanta facilidad a la ignorancia? Podía ser todo una trampa... pero debía reconocer que tampoco estaba tan mal.

Cubierto con una toalla blanca, se dirigió hacia el armario buscando algo para ponerse. La ropa que hasta ahora había usado estaba sucia y llena de rasguños y cortes, así que supuso que mejor sería mejorar su presentación, se ruborizó al pensar en la noche anterior y la pinta que debía haber hecho. Abrió las dos puertas con los pomos en forma de hojas de contornos dorados, y miró con detenimiento su interior. Había gran cantidad de ropa, además de zapatos, calcetines y demás, todo de una talla que parecía ser la suya. Cogió lo primero que encontró y se miró en el espejo colgado al lado del armario con la ropa delante. Mirando si aquello le podía quedar bien, observó, en el reflejo, que encima de un banco con un cojín de terciopelo verde que lo cubría situado al pie de la cama, había un conjunto de ropa ya preparado. Dejando la ropa otra vez en su sitio, empezó a vestirse con aquello que le habían preparado. Al terminar volvió a observarse. Vestía una camiseta de mangas largas de un color blanco algo gastado, el cuello redondo se abría en un corte dejando el inicio de su pecho a la vista. Un par de aberturas a la altura de la cadera se abrían para darle mayor movilidad. Llevaba unos pantalones negros amplios sujetos en sus tobillos, y unas zapatillas elásticas muy abiertas, sin nada que las atase, con una suela de goma. Éstas, al igual que la prenda inferior, eran negras con una fina línea blanca que pintaba la suela por los lados. Además, un cinturón de seda negra rodeaba la cintura atándole la camiseta evitando, así, que se moviera de su lugar. Quedó impresionado al verse vestido así, su imagen ya no se veía pequeña. Un sentimiento de orgullo le llenó haciendo que levantase la cabeza sonriente.

Se giró para salir, cuando quedó realmente impresionado por el lujo en el que se veía envuelto. ¡Ni siquiera se había percatado de ello en lo que llevaba ahí!

Completamente desorientado, miró a su alrededor. Estaba en una espaciosa habitación. Había una magnífica cama rodeada por cortinas de seda de un verde botella que hacían juego con la suave alfombra y el conjunto de edredones y almohadas. A cada lado del cómodo mueble había unas mesitas de noche de madera con finos hilos de oro que reseguían sus formas. Dentro de la estancia también había un gran y amplio armario lleno de todo tipo de accesorios y ropas, una mesa con su respectiva silla, y una pequeña butaca frente una gran ventana que daba a un pequeño balcón exterior con vistas al extenso bosque que ya antes había presenciado. Además de la puerta que daba al pasadizo, había otra medio abierta que daba a un inmenso baño privado que no tenía nada para envidiar al de los prefectos de Hogwarts.

Dejó la cara de asombro y su parálisis cerebral que le había conllevado aquel impacto, y salió hacia el pasadizo. Recorrió el camino que había hecho ayer por la noche en su llegada, y fue directo hacia el comedor en busca de algo para comer.

Las puertas estaban tal y como las había visto en su llegada, nada parecía haber cambiado. Pero una silueta sentada en la gran mesa de madera le alertó de otro habitante en aquel increíble lugar.

- Buenos días.- dijo cordialmente.

- Buenos días, dormilón. ¿Se te han vuelto a pegar las sábanas?

- ¿Perdón...?

- ¿Aún sigues sin pensar?- señaló una silla frente la suya y sonrió.- Anda, come.

Mareado por tantos misterios, hizo lo mandado, lo único fácil de entender. Se sentó en una de aquellas cómodas y preciosas sillas acochadas, y empezó a servirse de todo aquello que su vista alcanzaba ver sin preguntarse cómo podía ser aquello posible ni su procedencia. El hambre era mucho más importante.

El misterioso chico le miró durante unos instantes, y desvió su mirada para volver a posarla en lo que ya antes le había estado absorbiendo en tarea. Un enorme y maltratado libro. Tenía las cubiertas de un rojo tierra, y sus páginas estaban repletas de muchos más símbolos extraños y desconocidos que, por aquél entonces, carecían de importancia para el joven y famélico muchacho.

- ¿Quién eres?- preguntó tras haber saciado levemente su afán de comida.

- ¿Seguimos con esas?

- Si no me lo dices, no voy a poder saberlo.

- ¿No es obvio?

- No.- el otro levantó una ceja con una mirada sarcástica.- No te conozco, nunca antes te había visto, y no sé quien demonios puedes ser. Así que, ¿te importaría decírmelo de una vez?- solo consiguió un bufido resignado en respuesta.

- Veamos...- dijo como disponiéndose a explicar que dos más dos hacían cuatro.- ¿Quién te llevó a este lugar?

- Shelyak. Pero él...

- ¿Quién entonces puede estar aquí?- dijo cortándolo.

- Pero él no puede...

- Tampoco es tan difícil. Si él te llevó y no hay nadie más, solo queda una posibilidad, ¿no?

- También puedes ser tu el dueño de esta casa.- se apresuró a decir antes de que le cortara de nuevo.

- ¿Dueño? ¿Acaso un dueño inspeccionaría su propio hogar?

- ¡Tú no puedes ser él!

- No veo porqué no.

- Shelyak es un dragón. Y tú no tienes mucha pinta de uno...- dijo con el mismo tono sarcástico que el otro.

- ¿Ah no? ¿Y cómo puedes estar tan seguro? Puede que pueda cambiar de apariencia...

Dudo que ese engreído fuese capaz de tal cosa... pensó con firmeza. ¿Un dragón capaz de transformarse en un humano? ¡Pero qué ridiculez! Aunque más tarde pensó que aquello tampoco era tan alocado. ¿No podían acaso hacer lo mismo los humanos? ¿Qué eran sino los animagos?

- ¿Engreído? Deberías saber que soy mucho más poderoso de lo que tú crees.

- No pude ser... ¿cómo lo has hecho?

- ¿Dudabas de mis facultades mágicas?- Harry lo miró incrédulo.- Bueno, quizá este lugar ha tenido algo que ver... Pero todo se debe a mi gran y magnífico poder.

- Sí, sí...- dijo impaciente volviendo a reanudar su desayuno.- Ahora respóndeme, ¿qué es este lugar?

- ¿No lo ves? Una gran mansión.

- Aún veo bien, gracias. Me refiero a todo este sitio. Recuerdo que llegamos enfrente de lo que parecía un templo griego en perfecto estado, con unas grandes e increíbles puertas de plata repletas de imágenes gravadas. Entré y tú desapareciste, y después vi a tu forma actual. ¡Pero esta casa no existía! ¡Cuando entré no había nada! ¿Cómo puede ser que después apareciese todo esto?

- Todo lo que ves...- dijo haciendo un ligero movimiento con sus manos que abarcaba todo a su alrededor- ... forma parte de tu imaginación. En realidad has sido tú quien ha creado esta gran mansión.

- ¿Yo?

- Forma parte de la magia del lugar. El templo que viste fue edificado hace mucho, muchísimo tiempo. Fue dedicado a los Paladines y sus Guardianes como señal de gratitud y reconocimiento.- el chico iba a preguntar algo, pero al ver la advertencia de su expresión, calló.- Ahora tienes este espacio adaptado para ti y tus necesidades.

- Pero... ¿por qué?- se atrevió a preguntar aún su penetrante mirada.- ¿Por qué me has llevado hasta aquí?

- Era lo que querías.

- ¿Cómo dices?

- Deseabas entrenarte y aprender más, ¿no? Pues aquí tienes lo que necesitas para hacerlo. Todo preparado a tu medida. No sé qué más puedes desear.

Exacto, ¿qué más puedo querer? Eso era exactamente lo que buscaba... ¿por qué entonces me quejo? pensó mientras dejaba su mirada absorta en el zumo de naranja dentro de su copa.

- Será porqué no puedes evitar quejarte por todo.

- ¡¿Quieres dejar de leerme la mente?!

El chico-dragón le sonrió inocente y volvió a prestar atención a su querido libro.

Harry dejó de mirarle con furia y relajó su respiración. Veamos, ¿qué iba a hacer? Tenía la gran oportunidad que había estado esperando ante si. Al fin disponía del espacio, los recursos y el tiempo necesarios para dedicarse enteramente a él. No debería preocuparse para conseguir el material, allí lo tenía todo, e incluso podía obtener mucho más que en condiciones normales. Podría entrenarse, prepararse, aprender cuanto quisiera y sin límites. Aún le quedaba todo el verano por delante, y no tenía porqué moverse de allí. Y, además, estaba convencido de que no corría ningún peligro. Aunque...

- ¿Este sitio está bien escondido?- ni siquiera se dignó a responderle aquella pregunta tan tonta.

- Si lo dices por poder hacer magia sin que te detecten... no debes preocuparte.

Asintió contento y pensó en su suerte. Si tenía razón, y no dudaba de ello, no debería cuidarse de ser descubierto por el Ministerio, nadie sabría de su situación, ni siquiera sus enemigos. ¿Y cómo sabía él que pensaba en eso justamente?

- Tu cabeza es un interminable jardín de pensamientos.

Se apuntó mentalmente su primer objetivo: aprender a cerrar la mente.

- Me gustará verlo.- dijo sin disimular su diversión.

.

Deje que todo pensamiento se sumerja en un profundo océano de recuerdos. Si consigue que su mente quede en un estado de trance donde no pueda pensar en nada, entonces habrá alcanzado el trance meditativo al completo llegando al éxito de la tercera fase de preparación.

Sigue capítulo 6

Apuntó las palabras "trance" y "mente en blanco" en el pergamino, y pasó la página sin dejar de centrarse en su tarea.

Cumpliendo con su promesa, había empezado con sus estudios en oclumencia como primer punto a realizar. Terminó de comer, y fue directo hacia la biblioteca buscando libros que informaran sobre el tema. Tampoco tuvo que buscar mucho, estaban todos allí, tal y como deseaba. Se sorprendió al ver la pequeña colección que había... Controlar y dominar la mente; Oclumencia, protección ante amenazas mentales; Leer mentes, nivel básico; Aprender a proteger la mente, Barreras... y así hasta llegar hasta unos treinta volúmenes de distintos tamaños y medidas, muchos de ellos formaban parte de colecciones enteras de cinco o más volúmenes. Nunca imaginó que aquél tema pudiese dar tanto de sí, podía ser interesante... Sin embargo hubo uno que captó su total atención: El poder de la mente. E iba a tomarlo como su primera lectura del montón, cuando Shelyak se presentó preguntándole si ya había encontrado lo que buscaba. La mirada que le dedicó era tan fría que Harry no pudo hacer más que coger el que le iniciaba en la meditación y vacío de la mente. Tenía la extraña sensación que el chico-dragón le vigilaba en cada paso sin quitarle el ojo de encima, como si quisiera conocer todo lo que hacía. ¿Por qué aquel insistente control? ¿Es que no dejarían de vigilarle estuviese donde estuviera?

Sin más remedio, fue a sentarse en una mesa y empezó a tomar apuntes sobre lo que iba leyendo para poder practicar, así, con más tranquilidad.

Un cuerpo sentándose encima de la mesa hizo que levantara su vista algo irritado por la intromisión justo antes de que volviera a apuntar cuatro palabras más.

- Los libros solos no sirven para nada, y mucho menos si es a corto plazo.

- ¿Y qué propones?- dijo con una mirada iracunda. Shelyak estaba mirando el repertorio de libros escampados por la mesa junto con una pila de pergaminos en blanco.

- Ponerlo todo en práctica. Deja la teoría como suplente, o incluso apoyo si lo necesitas.

- Para hacer tal cosa necesitaría saber antes sobre ello, ¿no te parece?- creyendo que su brusca parada ya había terminado, volvió a volcarse en la lectura reanudando su atención sobre el párrafo importante.

- Bueno, como te dije, yo tengo un gran poder. Puedo ayudarte.

- ¿Tú?- escribió "Respiración regular, mentalizar un espacio relajado e iniciar con la creación del vacío." Pasó la página y siguió con la lectura.

- ¿Hay algún problema conmigo?- dijo con un tono amenazante. Harry lo miró con el entrecejo fruncido, y continuó. Dando aquella acción como una respuesta, se encogió de hombros, mordió la manzana que hasta entonces había llevado y se levantó dispuesto a irse.

- No tengo nada más, Shelyak.- dijo de repente. El chico había dejado la pluma encima el pergamino y miraba sus manos con una expresión de impotencia.- Necesito prepararme para algo que ni siquiera estoy preparado para afrontar. Debo enfrentarme a un destino que no he pedido, a algo que no deseo pero que debo hacer. ¿Qué quieres que haga? Esto es lo único que tengo, tampoco me queda mucho tiempo... ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Quedarme con los brazos cruzados para ver el final? ¿Mi final? Sé que esto no servirá para ayudarme, que no conseguirá darme lo que necesito urgentemente, pero... tampoco tengo opción...

- El destino no es algo que podamos elegir.- dijo a media voz aún dando la espalda al joven. Se giró para fijar sus ojos dorados en los verde esmeralda, y sonrió.- Repito mi oferta, ¿la aceptas?

- ¿Qué haríamos?

- Si accedes lo verás.

- ¿Me ves capaz aceptar sin saber todas las consecuencias?

- Como quieras.- mordiendo la fruta con un gesto altivo, se encaminó hacia la puerta.

- ¡No, no, espera!- dijo levantándose precipitadamente. Al ver que se había detenido por su petición, bufó cansado y se dejó hacer encima la silla teniendo el mal presentimiento de que se estaba metiendo en un buen lío.- Está bien, acepto.

Shelyak amplió su sonrisa y sus ojos brillaron de una forma un tanto peligrosa, pero él no lo vio al estar de espaldas. Volvió a clavar sus dientes en la roja manzana mientras le miraba alegre, lleno de una diversión que no hizo más que inquietar al joven. ¿A qué se debería aquella repentina felicidad? Deseó no saberlo.

- Pues, ¡empecemos!

- ¿Ahora?

- Claro, cuando antes mejor.- terminó de tragarse la fruta sin importarle las pepitas ni nada, y se frotó de manos ansioso por iniciar su nuevo cometido.- Veamos...- observó a su alrededor como buscando algo, y rápidamente dio con él.- Siéntate.

¿Qué he hecho...? se preguntó meditabundo. Se acercó a él, y se acomodó en uno de los cojines dispuestos encima la suave alfombra quedando justo delante suyo.

- Tampoco es para tanto.

- ¿Tú crees?- murmuró tapándose la cara con su mano.

- Mejor será empezar con la relajación y meditación, no hace falta que veamos tu resistencia a la entrada de tu mente. Es algo sumamente fácil de conseguir.- Harry le dedicó una mirada fulminante que ni le inmutó.- Ahora escucha bien lo que te diré y sigue todas mis instrucciones.

- Genial, lo que necesitaba...

- ¿Decías algo?

- Que estoy ansioso por empezar.

- Crúzate de piernas y deja que tus brazos caigan sin esfuerzo reposando las manos encima las rodillas.- dejando todas sus reticencias, prosiguió a seguir sus órdenes. Si quería aprender algo, lo que fuera, mejor sería no perder más tiempo. Al fin y al cabo, él mismo había visto que no tenía mucho tiempo, así que más le valía dejarse de tonterías y ponerse en el asunto con seriedad. Aunque el hecho de tenerlo a él como maestro le provocaba un profundo e irritable malestar.- Cierra los ojos. Debes regularizar tu respiración hasta convertirla en un compás constante y pausado, lento y harmonioso.

Mentaliza una imagen, un lugar que te haga sentir paz, que te tranquilice.- pensó en el cielo, un enorme y profundo cielo azul claro, con una suave brisa removiendo su pelo y acariciando su cara con delicadeza. Podía sentir el aire moviendo miles de finas flores blancas, como si se dejaran peinar por el viento siguiéndole al compás en un ritmo tranquilo y sereno. No le hacía falta abrir los ojos, era capaz de verlo con la misma claridad como si estuviese allí. Incluso le pareció oler el exquisito aroma desprenderse de entre los delgados pétalos que resplandecían como pequeñas estrellas entre la multitud.- Deja que mi voz solo sea un murmullo del espacio, sin cuerpo, sin origen.

No piensas, has dejado de pensar. Solo, existes. Tu conciencia no es más que un alma libre que vaga por este espacio sin ningún objetivo, sin ninguna preocupación ni atadura, completamente libre. No sientes dolor, ni tristeza... no sabes siquiera qué significan estas palabras porque, sencillamente, no sientes. Tu único objetivo es permanecer ahí, sin hacer nada, solamente existir...- la voz dejó de sonar. No le importaba, en realidad, ya hacía rato que no la escuchaba, era como si fuese "algo" más.

- Ahora debes regresar. Para hacerlo solo necesitas recordar. Recuerda el lugar de tu cuerpo, sus extremidades adoloridas por la posición en que las dejaste, el lugar donde tu alma permanece atada dentro de una existencia mortal.

Poco a poco, una pesadez volvió a aprisionarlo, era algo asfixiante. Sentía como su corazón latía cada vez con más rapidez, como si necesitase volver a iniciar su proceso de bombeo. Su respiración volvió a acelerarse, se alejaba de aquel trance y cada vez estaba más consciente de ello. Resultaba doloroso regresar después de aquella breve y diminuta estancia fuera de allí, en un lugar magnífico donde nunca pensó poder ver.

Abrió los ojos con lentitud, perezosamente, como si no quisiera regresar de aquella preciosa visión, mucho más bello que cualquier sueño que nunca hubiese imaginado tener. Con un doloroso desengaño, descubrió donde estaba y qué era lo que representaba que estaba haciendo.

- Veo que la primera parte te ha salido con asombrosa facilidad... Tanto mejor.

- ¿Eso me ha permitido cerrar la mente?

- No, al contrario.

- Pero... ¿no debía aprender a cerrarla?- preguntó irritado.

- Primero debes aprender a relajarte, algo que creo que hasta ahora nunca habías hecho. Por eso me sorprende ver que lo has logrado tan rápidamente. En fin, sea como sea, el paso inicial ya está hecho.

- Y después de saber abrirla para que todo el mundo sepa qué pienso, ¿qué haremos? ¿Un cartel con letras de neón invitándoles a entrar?

- Si quieres podemos hacerlo...- dijo con fingida inocencia.

- No, gracias.- murmuró entre dientes.

- Ahora deberás aprender a cerrarla.

- Muy bonito. Primero me enseñas a ser débil, y después duro como el acero.

- Algo semejante.- su tranquilidad le estaba molestando mucho más de lo que suponía.

Pero, ¿por qué se irritaba tanto? ¿Por qué estaba tan furioso con él cuando representaba que le estaba ayudando en uno de sus problemas? Quizás fuera por el hecho de haber abandonado tan rápidamente aquél lugar... Y, ahora que lo pensaba... lo había sacado de allí muy rápido, como si estuviese ansioso por llevarlo de regreso... ¿por qué? ¿Podía ser que aquel sitio fuese peligroso? Entonces, ¿por qué se lo había mostrado? Cada vez se formulaban más preguntas, con un ritmo rápido y furioso, como si no tuviese ningún control sobre ellas. Incluso podía sentir sus emociones bajo sus dedos, incapaz de dominarlas. ¿Qué le pasaba?

- Este estado te permitirá entrar en una especie de trance que te protegerá en una intromisión mental. Es allí adonde deberás recurrir como un refugio. El problema está en que no debes permanecer durante mucho rato, y menos tú.

- ¿Por qué "menos" yo?

- Porque te atrae demasiado.- dijo simplemente.

- ¿Cómo?

- ¿No te has dado cuenta de que a la menor ocasión buscas un lugar de escape? ¿Un lugar donde puedas refugiarte de la realidad, un lugar que te sumerja en una protección inexistente, un sitio donde dejes de sentir el deber y la responsabilidad sobre tus hombros? Si te he hecho hacer esto ha sido para que puedas aprender a identificar tu estado. Para lograr un hermetismo eficaz ante cualquier enemigo, deberás sentirte de la misma forma que hace pocos minutos, los mismos sentimientos de vacío y paz que descubriste en aquel lugar. Al principio necesitarás de la imagen que tú mismo has creado como un refugio, pero pronto deberás destruirla para poder ser consciente de tu alrededor sin recurrir a la evasión mental.- Harry lo escuchaba con el entrecejo fruncido, entre enojado y atento.- Y con respecto a lo que te ocurre ahora... Acabas de abrir tu mente al completo, aunque no fueras consciente de ello. De esa forma, tus pensamientos se escapan de tu control, al igual que tus emociones son mucho más intensas.

- ¿Y cómo puedo controlarlos?

- Aprendiendo de ti mismo. El secreto para poder dominar tu mente y la de los demás, está en conociéndose uno mismo al completo. Solo cuando te hayas descubierto, conseguirás hacer todo aquello que te propongas. Ni siquiera eres capaz de ver tu enorme potencial, y nunca lograrás desarrollarlo si sigues así.

- No comprendo.

- Ya lo harás.- otra vez terminó tajante.- Seguimos.

Harry nunca pensó que aquello pudiese ser tan aburrido. Aún haber empezado con algo realmente interesante y complacedor, lo que le prosiguió fue de lo más monótono y cansado que podía haber hecho. Shelyak le obligó a estar lo que quedaba de mañana y el resto de la tarde practicando con su relajación. Debía aprender a ordenar todos sus pensamientos, mucho más agitados y caóticos tras el trance inicial. Nunca pensó que su cabeza pudiese estar tan caótica, era todo un cúmulo de imágenes sin orden ni control, algo que le impedía encontrar la serenidad necesaria para centrarse en la oclumencia.

Ahora ya sabía el porqué nunca logró cerrar completamente la mente ante Snape, aunque dudaba poder hacerlo con aquella mirada llena de odio que perforaba hasta las más poderosas barreras de acero. La clave era conocer y controlar cada uno de los pensamientos que llenaban la mente del individuo. Debía saber cuáles habían y donde estaban, algo realmente difícil para Harry quien se vio ahogado por tanta información que creía perdida. ¿Quién diría que en la cabeza se podían guardar tantas cosas? Sin lugar a dudas, la mente era el mayor armario del mundo.

El día pasó con una lentitud insoportable. Al final terminó teniendo las nalgas y las piernas medio adormecidas de restar siempre en la misma posición india, y la cabeza a punto de explotar por el esfuerzo. En solo pensar que debería repetir aquello hasta tenerlo todo bajo orden y control, le entraba migraña. ¡No lo terminaría nunca! Nada más había conseguido diferenciar entre unos y otros y empezar con los de su primer año en Hogwarts... ¿Qué le quedaban..., dieciséis años más? Claro que los cinco primeros estaban todos borrosos y difusos, por lo que debería agruparlos en un mismo grupo. Sin embargo no podía evitar temblar cuando pensaba en que debería volver a afrontar todos sus miedos, todo aquello por lo que ya había pasado... Aquello iba a ser realmente agotador.

No supo qué era lo que había soñado aquella noche, incluso desconocía haberse quedado dormido despertándose sorprendido al verse cubierto por finas sábanas, rodeado por suaves tejidos que acariciaban su descansado cuerpo cariñosamente, pero sí sabía que algo había ocupado aquellas horas de descanso. Y, a pesar de desconocer lo que había visto o pasado, una ligera incomodidad se apoderó momentáneamente de él.

Al ver que no lograría recordarlo, dejó de darle importancia y bajó a desayunar para afrontar el nuevo día de instrucción que se levantaba ante él.

- Hoy ha sido tu último día de soñador.

- ¿Qué?- dijo medio atontado. Ni siquiera le había dado el buenos días que ya estaba organizándole las horas.

- A partir de ahora, te levantarás con el primer rayo de sol. Deberás hacer cerca de veinte vueltas alrededor de la mansión, además de los debidos ejercicios previos.

- ¡¿Qué?!

- Cada día.

Como si no hubiese dormido durante toda la noche, se dejó caer encima la mesa con un creciente dolor de cabeza. Empezaba bien...

Fue a servirse un par de huevos fritos y algo de beicon con tostadas y mantequilla, cuando nada más acercar el tenedor todo se reemplazó por una cuchara en su mano y un gran tazón repleto hasta el límite de cereales con leche en el lugar donde poco antes estaba el suculento plato matutino.

Enojado hasta el límite, levantó furioso la mirada para ver un sonriente Shelyak.

Volvió a observar su nuevo plato y reprimió las ganas de echárselo por la cara. No tuvo remedio, haciendo acoplo de toda su fuerza de autocontrol, empezó a comer lo que le había ordenado comer. Desde luego, aquél no iba a ser un buen día.

Terminó su sana comida, y encaminó hacia la biblioteca esperando encontrar otra sesión instructiva como ayer. Sin embargo poco pensó que hoy harían algo muy distinto, algo que le cansaría hasta el límite pero que, de la misma forma, haría que su objetivo empezase a tomar forma.

Shelyak entró poco después de él. Dejó el libro que había abierto en su corta espera encima la mesa que aún tenía repleta de libros sobre el difícil y complicado arte de la mente, y se sentó en el mismo cojín que ya había utilizado. No abrió boca, no se sentía ni siquiera con fuerzas por iniciar una discusión que tanto le parecía gustar a aquél ser. Tenía dolor de cabeza, y su primera enrabiada no había hecho más que despertar aquella molestia como algo más grande.

- ¿Te encuentras bien?- dijo con cierta seriedad.

- Sí.- aunque mantuvo su mirada desafiante, no pudo evitar gemir en silencio por la punzada en su sien al hablar. Era como si las palabras, el ruido o el movimiento, empeorasen su estado. Enseguida supo que el chico también lo había notado.

- Ven.- se levantó, y salió de la sala.

Realmente intrigado, le siguió hasta salir del edificio.

Lucía un día precioso. El cielo estaba claro, y la temperatura era fresca, gratificante. Los jardines que rodeaban la casa... ¿casa? Miró hacia atrás, y se encontró con el mismo templo que ya antes había visto, en su llegada. Quizá se habría sorprendido, pero su jaqueca iba en aumento y aquello dejó de ser importante. Solo quería descansar y dejar que todo se aglutinase en su confuso cerebro. Ni siquiera se percató al ver que Shelyak volvía a ser un magnífico e inmenso dragón rojo y dorado.

- ¿Recuerdas lo que te dije sobre la energía que poseías?- dijo deteniéndose a dos pasos del bosque que rodeaba toda la magnífica estructura.- Te advertí que debías expulsar la magia para evitar que se concentrase en ti. Si no lo haces, se acumulará en exceso.

En aquél momento Harry no escuchó lo que le decía, todo parecía confuso y caótico, ni siquiera sabía que estaba levantado, y la cosa empeoraba por momentos... Le pareció oír un zumbido lejano y cercano a la vez, pero no lograba identificarlo. Apenas conseguía mantenerse erguido. Todo iba muy deprisa, demasiado.

- Vamos, haz algún hechizo.- dijo con cierta urgencia. Pero el chico no le oyó, había cerrado los ojos y respiraba con rapidez, como si se ahogase.- ¡Vamos!

Todo se volvía oscuro con una rapidez pasmosa. Cualquiera hubiese dicho que minutos antes estaba aún consciente, pues todo él daba una imagen de desfallecimiento. No oía nada, no comprendía nada, solo sabía que aquella negrura venía a él cerrándose a su alrededor como si cazara una presa largo tiempo esperada. Y volvían las ardientes y dolorosas llamas...

Con la misma velocidad en que había empezado todo, acabó.

Sorprendido y desorientado, intentó llevarse una mano en su frente, pero no pudo. Abrió los ojos en busca de aquel impedimento, cuando se encontró que estaba echado al suelo. Estaba bañado por un sudor frío, y volvía a tener fiebre, pero al menos podía ver con mayor claridad su entorno.

- ¿Mejor?

Un par de enormes patas le obstaculizaron la visión parándose justo enfrente. Enseguida intentó levantarse, pero no consiguió más que quedarse sentado encima la hierba. En respuesta, quien le había hablado se sentó delante sobre sus patas traseras hasta poder dejar que sus ojos se encontrasen con los del confundido chico descendiendo su gran cabeza.

- La próxima vez ten más cuidado.- dijo con unos ojos que reflejaban una sonrisa sincera y afectuosa.

- ¿Qué ha pasado?

- Bueno... digamos que he tenido que hacerte reaccionar. Aunque no esperes que vuelva a hacerlo, casi me matas.- riendo mentalmente por la cara de interrogante que hacía su joven aprendiz, le hizo un leve movimiento de cabeza para que observase a su alrededor.

Parecía que hubiese estallado una pequeña bomba, pues en un radio de algo más de un metro estaba todo quemado. Aunque aquello no parecía ser un gran problema, todo aquello que había quedado chamuscado, estaba siendo reemplazado por nuevas y verdes plantas como si hubiese un agua milagrosa que estuviera limpiando aquellos colores oscuros. Sin embargo, un grupo de lustrosas escamas de su pata derecha delantera estaban algo oscurecidas y opacas, al igual que el ala plegada y buen trozo de todo aquél lado.

- Yo... perdón.- dijo avergonzado al ver lo que había ocasionado aún sin ser consciente de lo ocurrido.

- Da igual. De todas formas ya pensaba en trabajar aquí fuera... así que ya puestos, podemos empezar.- reparó las quemaduras en un abrir y cerrar de ojos, y levantó la cabeza sin dejar de mirarlo.- ¿Listo?

Haciendo un esfuerzo supremo, se levantó dejando las manos apoyadas en sus rodillas en un intento de recuperar el equilibrio perdido. Permitió que su cabeza lograra despejarse algo más omitiendo el calor que le aturdía, y se enderezó sin poder esconder unos leves jadeos. Shelyak esperó con paciencia y silencio a que estuviera todo dispuesto. Cuando vio que el chico ya había logrado dirigir su enfebrecida mirada hacia él, sonrió con cierto toque de orgullo.

- Para evitar que esto vuelva a suceder, trabajarás un poco con tus habilidades mágicas.

- ¿Sin varita?- dijo a media voz.

- No. La magia sin varita no es lo suficiente poderosa como para utilizarla solitaria. Vosotros, los humanos, requerís de este elemento mágico para poder potenciar vuestro poder. Pero sí te puede servir como segunda arma, como una salida ante un peligro inminente, o una carta escondida en tu manga. Utilízala como apoyo o ayuda, pero nunca como arma principal. Claro que eso no significa que no debas desarrollar esta característica, pues potenciándola te permitirá magnificar tus habilidades con varita.

¿Qué tal si me muestras tus habilidades en un combate?- dijo con un ligero tono a reto que hizo sonreír a Harry.

- ¿Me estás retando?

- Tómalo como quieras. ¿Te atreves?

- Por supuesto.- desenfundó su varita e intentó sonreír con placidez y valentía, aunque las fuerzas aún estaban algo frágiles.- ¿A la de tres?

- A la de tres.

El dragón se puso sobre sus cuatro patas y estrechó sus pupilas hasta convertirse en dos finas líneas negras que le analizaban con asombrosa exactitud. Tensó sus músculos y preparó todo su organismo para pasar a la acción con la mayor rapidez de la que podía poseer. Todo él era un arma lista y atenta, preparada para pasar al ataque a la menor oportunidad. Verlo así habría acobardado a cualquiera, pero Harry ni siquiera se inmutó. Y no era por su valentía, valentía que en aquel momento no poseía por su debilidad, sino porque no era capaz de enfocar con claridad su entorno de forma que todo quedaba dibujado como unas borrosas y difuminadas siluetas. Aún ese defecto no dejó que el pánico le invadiera afrontando la situación con orgullo y osadía.

Harry intentó regularizar su respiración y olvidar el pesado dolor de cabeza, quería concentrarse en lo que tenía enfrente, pero le resultaba casi imposible. A pesar de su desventaja, decidió quitarle importancia pensando en que solo debía saber de donde provenía el ataque y defenderse tan bien como le fuera posible. Debía ser realista. No conseguiría atacar dando en el blanco, así que mejor sería esperar el ataque para poder pasar al contraataque sin fallar en la dirección. Claro que antes estaba poder sobrevivir al golpe... pero eso era otra cosa.

Ambos estaban quietos, analizando y evaluando a su contrincante. Uno con clara aventaja, otro con ciertas dificultades, pero los dos con extrema precaución, como si cada uno tuviese algo que destacar y tener en cuenta, un golpe escondido nada menospreciable.

Al fin, fue Harry quien dejó de escuchar a su inteligente conciencia que le advertía de paciencia. Pero ya sabía que no tenía nada a hacer con un ataque frontal, menos aún sin tener sus sentidos al cien por cien de capacidad. Sin embargo, consideró que cuanto antes empezara un tanto mejor, no quería más que lanzarle un hechizo a ciegas para que el dragón pasara a la acción.

Éste, conociendo al detalle el pensamiento del chico, decidió seguir con su juego dándole la oportunidad del primer paso. Quizás alguien hubiese pensado que sabiendo su estado disminuiría su ferocidad, pero no fue así. Extraña mentalidad la de los dragones, puede que quizá sea solo la de ése dragón, pues respondió con un violento y fatal golpe con su poderosa y ágil cola capaz de derribar hasta la más resistente muralla.

Algo cortando el viento venía directo hacia él, por lo que no pudo hacer más que protegerse con un nervioso "Protego" que no hizo más que amortizarle el golpe directo. Impulsado por el impacto, fue lanzado a más de cuatro metros hacia atrás cayendo sobre el mullido césped y rodando en la caída.

Maldita sea... si no llego a invocar el escudo me parte en dos... pensó mientras degustaba algo metálico que resultó ser la sangre resultante de un corte en su labio inferior provocado al morderse en la caída. Ni siquiera tuvo tiempo de ponerse en pie, cuando algo caía sobre él desde el cielo. No lo pensó dos veces, y giró sobre si mismo hasta ponerse medio en pie jadeante. Acababan de empezar y ya estaba hecho polvo...

- ¡Petrificus Totalus!- gritó hacia la forma que se movía con rapidez.

Una gran y ardiente llamarada fue directa hacia él como respuesta a su hechizo. Se lanzó hacia la derecha sin vacilar y sintió el calor rozándole su espalda, incluso temió estar en llamas. Pero por suerte estaba completamente intacto, al menos tanto como podía desear tras aquél fogoso encuentro.

Apuntó la varita hacia la gran silueta roja que se aproximaba a él, y dejó que la magia fluyese tomando la forma que quisiera sin importarle como se presentara, sencillamente, la dejó salir.

Un potente rayo rojo salió directo hacia su objetivo, creciendo a medida que se acercaba. La potencia fue tal, que Harry no pudo evitar ser lanzado hacia atrás perdiendo el precario equilibrio del que disponía. Algo que le ayudó, pues la explosión que siguió al ataque fue tal, que la misma tierra tembló por la fuerza de aquella enorme demostración de energía.

Intentó ponerse en pie, pero no lo consiguió. Sentía que no podía mover las piernas mediante la magia que siempre le acompañaba y que ya se había vuelto tan familiar. Incluso sospechaba que no sería capaz de levantarse por más que quisiera puesto que no lograba reunir la fuerza necesaria para invocar aquella ayuda que reemplazaba su propia voluntad. Estaba exhausto. No pudo más que quedarse medio erguido apoyándose con un codo mientras jadeaba agotado.

- Al menos... ya no me duele tanto... la cabeza...- murmuró entrecortadamente.

- Entonces, deberemos recurrir a esto más a menudo.

Enfocando aquella enorme masa que se acercaba a él con dificultad, encontró a un dragón rojo que le miraba desde cierta altura con los ojos dorados. Sin saber muy bien el cómo o el porqué, una agradable sensación de placer y orgullo recorrió todo su cuerpo. Pero esos sentimientos no le pertenecían, sino que eran de aquella preciosa criatura, y se los estaba transmitiendo a él... Por primera vez en mucho tiempo, se sintió apreciado, envuelto por una cálida manta de aceptación y respeto.

- Veo que al fin has escuchado algo de lo que te he dicho.

- ¿El qué?

- No has intentado dominar la magia, y esto es un gran progreso.

- ¿Ah sí?

- Mmm... creo que mejor será que reposes un rato.- dijo viendo que el chico estaba más confuso de lo que creía capaz.

Lo cogió con sus dientes con sumo cuidado, y encaminó hacia el templo llevándolo como si fuese un delicado muñeco algo maltrecho. Harry se dejó llevar con increíble docilidad, de forma que parecía una confusa y agotada araña colgante. Y si no hubiese sido la situación un tanto grave para él, habría reído a carcajadas por la imagen que presentaba. Aún así, no pudo evitar sonreír al intentar mentalizarlo todo permitiendo que su imaginación llegara hasta puntos imposibles.

Traspasaron la entrada, y se encontró siendo cargado por el chico-dragón a su espalda. En un principio se sorprendió ya que el cambio había sido en un abrir y cerrar de ojos y casi no sintió nada, pero después pasó a enrojecerse al verse tan desvalido e indefenso. Si no iba mal encaminado, se había pasado al expulsar aquella cantidad de energía, por lo que había vuelto a llevarse al límite de su resistencia. Era increíble ver que el dragón no le había regañado esta vez...

- Te enseñaré a controlar tu impulso para que no vuelvas a recaer en lo mismo. Sin embargo me alegra ver que has sabido mantener un límite sin sobrepasarlo, eso supone un gran avance, ¿no crees?

- Si tú lo dices...- dijo sin comprender qué le estaba diciendo.

- Ya lo comprenderás.- respondió riendo por su confusión.

Llegaron a su habitación y siguió hasta dejarlo encima la cama. Le sacó los zapatos y le tumbó tapándole con las suaves sábanas, todo para la más sorpresa del chico quien no podía creerse toda aquella amabilidad de su instructor.

- Descansa.

Sin más, salió de la habitación en el más profundo silencio. Harry no lograba entender nada, ¿qué estaba ocurriendo? ¿Dónde estaba ese irritable y arrogante dragón? ¿Acaso había sido reemplazado durante el combate? O puede que lo hubiese matado...

"No seas estúpido. Deja de pensar estas ridiculeces y descansa de una vez." dijo una voz en su cabeza que bien podía pasar por su conciencia, aunque tenía un tono mucho más grave que la delataba. Enseguida supo que Shelyak le había leído el pensamiento. Suspiró. ¿cómo podía hacerlo sin tener conexión visual? Ah, sí, el Pacto... pero aún así deseaba poder alguna vez poseer de cierta intimidad, ¡intimidad que ya ni siquiera poseía en su mente! "¡He dicho que a dormir!" Pesado... pensó furioso y algo alegre, aunque no era capaz de explicar aquella extraña alegría causada por la conciencia de aquella fascinante criatura que nunca dejaba de sorprenderlo. "¡Duerme!"

Realmente fastidiado, cerró los ojos pensando que aquello sería inútil, pues tenía demasiado en qué pensar como para quedarse dormido por las buenas tal y como le pedía que hiciera el dragón. Y estaba pensando en que todo aquello era una tontería cuando, sin darse cuenta, cayó dormido.