Bufff... Al fin estoy de regreso!! Nunca pensé que me estresaria tanto con el último mes y medio, menudos líos he tenido!! Y, como no, todo el trabajo que se me ha echado encima... diós, aún no sé como he logrado no ahogarme en la desesperación. pero, como siempre, ya todo parece haber terminado, si bien mínimamente, y podré volver a la normalidad, o eso voy a intentar, pues la vida me ha msotrado que nunca hay suficientes problemas. ¡¡¡Aaagggrr!!!
En fin, vamos a dejar la histeria para después y a responder los reviews que esta vez no han sido pocos.... ¡Y no sabéis cuánto ayuda!

al: jajajajajjaa, así que quieres que Shelyak se lo haga pasar mal, ¿no? Pues tranquilízate porque creo que la situación que le va a salir como consecuencia será de tu agrado (o no). Espero que te guste y opines al respecto, pq estoy realmente saturada en la inspiración, ¡la he gastado toda!!

Alex: bueno, pues ya me dirás que te parecen... estoy abierta a todo tipo de críticas, opiniones y sugerencias!! Y gracias por tu cumplido, me alegra mucho que quieras seguir leyendo mi fic. :)

Sacralo: que eufusivo, ¿no? Pues aquí te dejo la entrega del séptimo capítulo, aunque ya digo que no estoy muy orgullosa del final de éste... sin embargo, léelo y ya me dirás. Bye!

lolo: me alegra que digas que te ha gustado, no sabes lo feliz que me hace! Y, bueno, yo misma cuando leo mi anterior fic no puedo evitar pensar que realmente lo he hecho fatal, pero supongo que se debe a la práctica y experiencia... así que mejor continuar sin mirar atrás, ¿no? El hecho que siga a Harry es pq así lo hace Rowling y, mi deseo o eso intento, es hacerlos lo más fieles que pueda aunque me reservo el derecho a inventar mis propios caminos y personalidades. Aps, y ya verás que sucede con Harry y Hermione, dame algo de tiempo y lo descubrirás. ;)

FFmania: JAJAJAJJAJA, cuanto me alegra verte por aquí!! Aix, he echado de menos seguir con mi escritura, incluso me he deprimido mucho en estos días... supongo que lo verás en el capítulo. Pero bueno... Shelyak aún esconde muchos secretos que ya conoceréis a su debido tiempo. Creo que este fic me va a llevar muchos capítulos.... seguramente más de 35, quizás 40. Depende de lo dispuesta que esté a seguir con la buena escritura... y de mi estado de ánimos. Algo difícil, no te parece? Venga, ya nos veremos... besos!

Nelly Esp: siento decirte que no vas a saber mucho más de los demás hasta, quizás, el capítulo siguiente. Pero de lo que sí estoy muuuy convencida, es que te gustará lo que va a pasar puesto que en el octavo se verá ya algo de acción dentro de un par de personajes de JKR. No me pegues... . Gracias por los ánimos, me alegra verlos y ayudan mucho... sobretodo tras estos días que he pasado. Espero que te guste, besos!

Lladruc: sento haver tardat, pro tal i com deia en el meu perfil, he estat d'exàmens i treballs de setembre, així que ho ha hagut de deixar aparcat (tot i que no volgués...) En fi, a veure k em dius de la "jugada" k li fa en Shelyak. Fins aviat, noi!

Kary Anabell Black: weno, sobre tus preguntas, voy a responderlas con orden:
-Harry no es que se encierre en esa oscuridad, sino que se ve ahogado por todos sus sentimientos que, mezclados con lo que le ocurre en el misnisterio, le llevan a un estado cercano a la muerte. Me explicaré. (Shelyak lo cuenta en su conversación, por si no lo recuerdas) Al tocar energía en estado puro, podría haberlo matado, sin embargo el dragón consiguió que ésto no sucediera. Aún así, Harry cayó en un estado de inconsciencia mientras se estaba debatiendo entre la vida y la muerte, en éste estado mental, sus recuerdos se entremezclan y salen todos a flote sin orden ni control.
-Sobre k pasa después de Hogwarts es todo lo que has leído hasta ahora... Shelyak lo carga encima y lo salva, además de proponerle una salida a su falta de experiencia y preparación, algo que Harry acepta.
-Y, bueno, el tiempo no va más rápido en el templo. Pero preferirías que estuviese dedicándote capítulos enteros para explicarte un solo día minuto a minuto? Como todos los escritores (pues es unr ecurso literario), se cuenta nada más que aquello importante y realcionado con la historia. Incluso se peude dejar información sin decir e ir desvelándola a su debido momento (algo que pocos saben hacer puesto que es realmente difícil, créeme).
Espero que haya respondido a tus preguntas (creí que habían quedado correctamente entendidas). No dudes en hacerme las que creas necesarias, eh? Hasta pronto!!

TheHard: sí, Harry sigue inválido, aún no le dado ninguna cura! (ya más quisieran algunas lectoras...) Sin embargo, ha encotnrado una solución a su problema: la magia. Gracias a la magia puede mantenerse en pie, pero en ningún momento ha conseguido recuperar la movilidad natural de sus piernas. Bueno, mi fic no es solo de romance, yo más bien lo veo como una agrupación de todos los géneros (por ello está al general), pero va a tenerlo en su debido momento, no te preocupes. ) Bye!

Uau! 9 reviews, no está nada mal!! (k va, ¡¡he alucinado con tantos!!)
Querría que os pusiérais a leer sin entreteneros más puesto que ya os he hecho esperar bastante, aunque dudo que mi fic sea tan bueno como para crear algo de angústia... Sin embargo, permitidme deciros que no estoy demasiado orgullosa de este capítulo, bueno, quizás el inicio sí, pero no así el final. ¿Por qué? Bueno, el principio fue escrito mucho antes de empezar con toda esta temporada de estrés y nervios, así que lo hice continuando con todo el fic. El final fue escrito a ratos, borrado y vuelto a reescribir ayer. Lo váis a ver, se nota mucho, tanto en calidad como en falta de ingenio. Como ya he dicho, estoy francamente saturada y no sabía como terminar de una buena vez el capítulo, aún saber exactamente qué debe pasar. Además, éste cap no me ha ocupado mucho, así que es corto... lo siento. Prometo que para el siguiente no voy a tardar tanto y buscaré inspiración en dónde sea. Ahora no tengo más que pedir perdón... :(
Ahora sí, os dejo en paz... (Y cúando la voy a tener yo?) Hasta pronto!!

-Ithae-


Capítulo 7 – ¿Sobrevivir?

- ¡Maldito y estúpido dragón! ¿Por qué debía pasarme a mí? ¡Justamente a mí!- hastiado y furibundo, pateó una pequeña piña ya roída por algún peludo animal haciendo que se perdiera entre la espesura del bosque.- ¡Maldita sea! ¡¿Y tú qué miras?!- bramó a una ardilla que observaba desde las alturas del árbol que se plantaba ante él, y que enseguida huyó con sus gritos alocados.- ¡Mierda, joder!- con un último arrebato de rabia, lanzó la primera cosa que se posó en su vista lejos de aquél lugar haciendo acoplo de todas las fuerzas que disponía.

Respirando como un rinoceronte, mirando completamente ido a su alrededor en busca de algo o alguien a quien golpear, empezó a darse cuenta que las fuerzas le hacían flaquear mucho más temprano de lo que era costumbre, y eso que aún no había hecho nada.

Se sentó en el suelo sin importarle encima de qué se posaba, e intentó tranquilizarse un poco. Había estado tan furioso, que ni siquiera se fijó en su aspecto, parecía un loco escapado de su prisión. Su pelo estaba mucho más revuelto de lo normal y su expresión enojada no hacía sino darle una apariencia aún más de psicópata peligroso. Si en aquellos momentos hubiesen estado los Dusley allí, seguro que se habrían reafirmado sobre su opinión de anormal e inestable.

Sin embargo, lo que menos le interesaba en esos momentos era saber lo que pensarían aquellos malditos desgraciados. Porque ésa era la verdad, todos eran unos estúpidos desgraciados. ¡Y aquél dragón era el más desgraciado de todos!

Una sensación de picor recorriéndole las piernas, las manos y los brazos, hizo que mirase al suelo para ver la fuente de todo aquello.

- ¡Maldición!- masculló con rabia.

Expulsándose y sacudiendo las piernas y brazos en un intento de deshacerse de ellos, empezó a saltar mientras gritaba frustrado. Nunca había estado tan enojado con todo, la culpa ya no era de alguien en concreto, sino de todos. Y nunca admitiría que el hecho de que miles de hormigas hubiesen empezado a escalar por su cuerpo era debido a que no había prestado la menor atención en donde se sentaba. ¡Incluso pretendía culpar a los pequeños insectos por haber puesto justamente allí su salida de la colonia! Pero su situación no era para menos frustrante...

Después de terminar apresuradamente su fugaz comida matutina, ya que el hambre había desaparecido tras las palabras de Shelyak, fue directo hacia la biblioteca donde encontró al chico sentado encima la mesa cerca del fuego que, extrañamente, estaba encendido.

Harry se acercó con cierto temor pero nunca hubiera imaginado que lo que le tenía preparado iba más allá de sus expectativas. Con una sonrisa pícara que nunca hasta entonces había visto en él, el chico le indicó que se pusiera justo al medio de la alfombra, donde terminaba la preciosa espiral dorada, y le dio unas extrañas indicaciones que, en aquél momento, no llegó a comprender. Lo que le siguió era un tanto confuso. Recordaba sentir que unas llamas le rodeaban, con la misma sensación que cuando se aparecía, solo que esa vez no era él quien se obligaba a transportarse. El grupo de llamas de la chimenea se había curvado hasta llegar a él y cubrirle entre un anillo de fuego. Después de aquello, solo veía el color de las llamas rodeándole, para dejarle justo donde estaba ahora, perdido en medio de un inmenso y desconocido bosque.

- "Aprenderás a sobrevivir..." ¡Sí, claro! ¡Si me abandonan en medio de vete a saber tú donde, seguro que voy a aprender! ¡Aprenderé en cómo morirme en dos horas, imbécil!- volvió a gruñir tras haberse quitado todos aquellos molestos insectos que tan hábilmente habían logrado escalar en él.- "Encuentra la espiral y podrás volver" ¿Y dónde carajos se supone que debo encontrarla, eh? ¿Se te olvidó decirlo, quizá?- aplastó dos hormigas que aún correteaban por su antebrazo sin dejar de gritar al aire.- ¡Estúpida bestia inmunda! ¡Solo tú podías tener ésta brillante idea!

- Deja de gritar de una vez y ponte manos a la obra.- dijo una voz en su cabeza.

- ¡¿Qué quieres ahora?!

- Tienes tres días, cuatro como mucho, para dar con ella.- y con un tono más bien burlón añadió:- Supongo que no habrás olvidado qué te ocurre si no exteriorizas tu magia, ¿verdad?- Harry gruñó en respuesta.- Busca en el este. Y no pierdas más el tiempo comportándote como un loco desquiciado.

- ¡Espera...!- pero, tan pronto como llegó, volvió a desaparecer.- ¡Genial! ¡Sencillamente, GENIAL!- pateó el tronco de un árbol para, seguidamente, lanzar maldiciones en el aire con toda la potencia de la que su voz era capaz.- ¡Maldita sea!

Se dejó caer a la base de éste, no sin antes asegurarse de que no volvía a interponerse en el camino de las trabajadoras hormigas, y decidió tranquilizarse para poder analizar la nueva situación en la que se veía envuelto. ¿Por qué siempre tenía que terminar igual? Y lo mejor, ¿por qué en bosques desconocidos?

- Vale. Veamos, tengo tres días dices, ¿no? Tres días para encontrar el signo de una espiral en algún lugar... No, en el este. ¿Pero dónde está el este?- dijo con un grito de frustración que no pudo evitar.- Tranquilízate... Ya has pasado por esto, ¿recuerdas?- calló unos instantes intentando ubicar tal recuerdo.- Mmm... no. ¡Maldito animal! ¡Nunca he estado como ahora!

Volvió a ponerse de pie, para empezar a andar de un lado para otro haciendo aquello mucho más efecto que sentado en el irregular suelo temiendo por un nuevo insecto que decidiese investigar la nueva "montaña".

Y lo mejor de todo estaba... ¡en que no podía hacer magia! No podía hacer absolutamente nada de magia, lo único que hacía, y de forma completamente inconsciente, era permitir el movimiento y estabilidad de sus piernas. Parecía que aquello era lo único que le era permitido hacer en aquél lugar. ¿Y cómo suponía aquél dragón que podría sobrevivir? Estaba indefenso, completamente indefenso, sin su varita ni con posibilidad de usar sus facultades mágicas. Y encima no sabía donde estaba, no conocía nada, ni la forma de salir de allí excepto encontrando aquello que le había pedido. ¿Pero cómo se suponía que debía hacerlo? ¡Estaba más desvalido incluso que un muggle!

Pero, por más que gruñese e insultara, Harry debía reconocer que la bestia tenía toda la razón. No tenía mucho tiempo. No lo comprendía ni siquiera él, pero sabía que la magia continuaba estando en él, por lo que no podía seguir ahí indefinidamente, aquello le pondría en peligro y por nada deseaba volver a repetir aquella experiencia que ya había sufrido dos veces. Así pues, cuando antes saliera de allí, mucho mejor.

Empezó a reír histéricamente.

Decirse a sí mismo que debía salir era fácil, pero creerlo y llevarlo a término era otra cosa muy distinta. Pensarlo incluso era gracioso. Y recordar que había iniciado el día feliz y alegre... hay que ver lo rápido que pueden cambiar las cosas.

Habiendo tomado una decisión definitiva, se puso a mirar el cielo con el entrecejo fruncido. Lo que estaba buscando era... Bien. Seguramente estarían en inicios de la mañana. No tenía el reloj, y se maldijo por habérselo dejado en su habitación, pero aún recordaba que hacía muy poco que había desayunado. Aún no hacía calor, el sol no estaba en su punto álgido, y tampoco parecía ser la tarde... así que... Aquello sería perfecto.

- Oh sí... sí que voy a volver... ¡Pero cuando lo haga te mataré!

Decidido y sin ninguna duda, empezó a caminar con paso firme y seguro internándose en el bosque.

Suerte había tenido al recordar una película vista en casa de sus tíos con apenas diez años. Le había venido a la memoria como una luz angelical que le abría la puerta a su salvación. Y había sido realmente estúpido al no pensar en ello antes, cualquiera lo habría hecho en primer lugar en vez de ir por ahí chillando y gruñendo como un loco, pero tampoco era que se acordase mucho de sus años en casa de sus tíos puesto que había hecho todo cuanto pudo por borrarlos de su memoria. ¿Y quién habría dicho que terminarían siendo útiles aquellas horas frente la televisión?

El Sol, gran astro del sistema solar, el más espectacular y poderoso, le podría ayudar en todos sus problemas de orientación, al igual que el cielo nocturno y sus estrellas. Si debía seguir hacia el este, ¿qué mejor que ir mirando la situación de la gran estrella? ¿Acaso no nacía al este y se ponía por el oeste? Siguiéndola solo debería preocuparse por sobrevivir y encontrar aquella espiral que suponía que era igual que la de la alfombra de la biblioteca, pero eso último lo dejaba como algo más que improbable. ¿Cómo encontraría algo como aquello? Podía estar en una pequeña piedra en medio de una montaña rocosa, impresa en una hoja caída al suelo, y, en el mejor de los casos, gravada en el tronco de un árbol.

Realmente, ése no era su día...

Aún así, a pesar de ver lo mala que era su situación, no dejó que el desánimo le embriagase. Si el dragón había creído que se derrumbaría con solo llegar, estaba muy equivocado. Él enseñaría a aquella estúpida criatura quien era, le mostraría que podía resistir aquello y superar tantas pruebas como quisiera. ¡Se iba a enterar de quién era él!

. . . . . . . . .

Completamente exhausto, se dejó caer al suelo sin resistencias. ¿Quién había dicho que aquello iba a ser fácil? ¡Maldita sea! ¿Adónde coño le había enviado?

No llevaba ni tres horas caminando que ya había tropezado cinco veces con las raíces de los impresionantes árboles, dos veces tuvo que correr al ser perseguido por un enorme jabalí que no dejaba de asediarlo por todas partes, e, incluso, se encontró frente un gran precipicio imposible de traspasar por lo que no tuvo más remedio que rodearlo en busca de algún que otro paso que aún no había encontrado. ¿Y dijo que el día no había empezado bien?

Ya ni siquiera tenía fuerzas para pensar en la venganza que tendría al volver... esto, claro estaba, si algún día volvía. Sus planes habían ocupado su cerebro durante aquellos ratos, pero solo en los más tranquilos, pues después de correr temiendo por su vida, Harry decidió buscar la seguridad de un árbol para protegerse. Nunca había trepado tan deprisa.

- Menudo... animal... Casi me mata... con sus cuernos...- murmuró entre jadeos.

Permitió que su respiración se normalizase mientras pensaba en lo que haría a continuación. No podía seguir como hasta ahora. Al parecer, aquél bosque escondía muchos más secretos de los pensados... Pero, antes de nada, mejor sería buscar algo para comer puesto que su insistente y pesado estómago ya volvía con la misma guerra de siempre, importunando en los peores momentos.

Bueno, ya había logrado sobrevivir durante su prueba pescando pequeños peces en el río... pero allí no veía nada de eso. En ningún lugar veía un río ni nada con agua, ¿cómo saciar su sed? ¿Cómo saciar su hambre? Y el calor no hacía más que enturbiar sus razonamientos por un sopor realmente molesto.

Debía admitirlo... estaba perdido. ¿De qué le servía saber donde estaba el este si no sería capaz de llegar hasta la maldita meta?

- Venga... ¿Dónde está tu optimismo, Harry?- Agotado. Perdido, en el menor de los casos. pensó con sarcasmo.- ¿Por qué engañarme? No estoy preparado para esto. ¡Soy un mago, no Indiana Jones!

Pero, a pesar de sus quejas, volvió a levantarse con movimientos lentos y pesados, y continuó con su tediosa caminata sin saber adonde exactamente esperaba llegar. De haber sido otro hubiera reído con ganas de esa situación, pero éste no era el caso, así que no tenía más que resignarse y ahorrar las pocas energías que disponía para poder seguir con aquella estúpida prueba pensando, con amargor, la razón por la cual siempre le pasaba aquello a él.

. . . . . . . . .

. . . . . . . . .

Sin embargo, quien iba a decir que aquello le beneficiaría a la larga. Incluso se sorprendía al recordar todo aquello por lo que había tenido que pasar antes de lograr dar con lo que le pedía el dragón. Y estaba claro que el esfuerzo había sido realmente agotador, en su estada no pensó en que conseguiría regresar al fin a aquella mansión mágica. Noches enteras soñó en una buena comida que no fuesen pequeños ratones de bosque cazados con sencillas trampas de madera o diminutos peces del helado y violento río que había seguido como guía en su travesía. Había deseado poder volver a dormir en una cómoda y acochada cama con finas sábanas de seda, en una gran bañera llena de grandes burbujas de colores y un agua tibia y relajante, en el descanso y protección que ofrecía un hogar, un refugio... Pero cada mañana se despertaba en otra realidad un tanto distinta. La cama era el suelo, la comida pequeñas presas cazadas por su mano, y la ducha una corriente de agua capaz de helar hasta el más poderoso de los fuegos.

Lo que debía de haber sido tres días, terminó en una dolorosa semana entera. El cómo había logrado salir vivo de ésa era algo que ni siquiera él entendía.

Recordaba tener que dormir en los árboles durante los primeros días por miedo a ser presa durante la oscura y terrorífica noche. Y no fue hasta algo después que descubrió una sencilla forma de hacer fuego usando sus gafas como lente frente al poderoso sol. Aún así, ese descubrimiento llegó demasiado tarde para su gusto puesto que no había visto otro remedio que el de comer algunas moras que encontró. La diarrea que le precedió fue de lo más horrible.

Y aprendió. Claro que llegó a aprender.

Harry había conseguido crear pequeñas trampas hechas con nada más que débiles ramas secas para poder conseguir la carne que necesitaba. Consiguió el necesario fuego poco después de tropezar por quinta vez de cansancio con piedras y raíces. Había logrado aprender a pescar con efectividad y a no sentir pena por sus presas pues la vida era cazar o ser cazado. Y, por encima de todo, aprendió a sobrevivir.

Tras aquella difícil prueba, Harry había cambiado.

Ahora era capaz de aprender del nuevo entorno escuchando y observando. La frialdad de la lógica y el razonamiento eclipsaban el temperamento que siempre le había excitado. Aunque, lo peor que había pasado nunca lo olvidaría y, por encima de todo, aquello era lo que más le había enseñado.

Los tres primeros días habían resultado difíciles. En realidad, con solo las primeras horas ya se había dado por perdido abandonando toda esperanza. Pensó que, tal vez, si no lograba dar con aquella maldita espiral, el dragón Shelyak iría a por él para sacarlo de allí antes de que volviese a empeorar... cuan equivocado estaba.

El cuarto día, e incluso el quinto, pasó sin ser capaz de avanzar más que algunos metros hacia lo que había confiado ser el este. Pero las cosas empeoraban. Nunca creyó hasta qué punto podía llegar su problema... y todo resultó ser mucho peor de lo esperado.

El dolor llegó, como siempre, acompañado de las abrasantes llamas rojas capaces de arrasar todo aquello que encontrasen. Pudo volver a sentir los cuchillos como hierro fundido clavársele a la piel atravesando músculos y huesos, ni siquiera era capaz de moverse. Y así pasó horas y horas de profundo martirio. Pero lo peor fue que la deseada inconsciencia que conseguiría reducir mínimamente el sufrimiento no llegó. Ni siquiera era capaz de poder dormir ni descansar puesto que a todas horas se veía asediado por aquél terrible dolor. Veía como los peores momentos de su vida pasaban ante él sin poder hacer nada para impedirles el paso por sus ojos, todas sus esperanzas se veían reducidas a meros sueños vaporosos que se difuminaban en la quietud de la noche.

¿Cuántas veces deseó abandonar? No lo sabía. Pero sí recordaba haber resistido actuando con toda la valentía de la que era capaz que, por aquél entonces, parecía una diminuta chispa de luz en medio de un infinito mar negro. Aún así resistió. Aunque para hacerlo había llorado, gritado y suplicado minuto a minuto pidiendo que terminara, pidiendo que viniese a él alguien, quien fuera, aún fuera la misma muerte para llevárselo de allí. El mero hecho de sufrir hasta el desfallecimiento como si todas tus extremidades se partieran en cada movimiento, como si cada latido fuese una meta conseguida... aquello supuso suficiente para hacerle ver que desistir podía llegar a ser muy tentador.

La espiral, dorada y roja, permanecía suspendida en el aire girando sobre sí misma mientras brillaba cálida como un faro recibe a los perdidos navegantes en la negra noche. Y, a pesar de verse con toda claridad incluso a metros de distancia, Harry no era capaz de recordar como había conseguido llegar hasta ella.

Pero, al fin, había logrado llegar a su meta.

Después de aquello, se había levantado en su cama rodeado de cortinas verdes y un suave olor a lavanda que perfumaba toda la habitación relajándole con suavidad y ternura.

La prueba, por más que había odiado en un inicio, le había ayudado.

Habían pasado ya tres semanas y volvía a repetir una experiencia un tanto similar, aunque con la clara diferencia de ser capaz de moverse con asombrosa facilidad. Ahora ya no estaba rodeado de un frondoso bosque verde, sino en medio del más duro y violento paisaje, un lugar donde solo los más fuertes sobrevivían, el terrible desierto.

Llevaba ya cuatro días viajando entre la puesta y salida del sol, iluminando su camino con su limitada varita cuya magia solo se extendía a hacer de luz y como foco de calor. Aunque podía agradecer aquella pequeña ayuda, aún recordaba los días rodeado de enormes glaciares donde trabajo tuvo para encontrar débiles rayos de sol capaces de hacerle entrar en calor. Y, a pesar de saber que todo aquello era por su bien, aún no conseguía evitar sulfurarse con Shelyak por sus elecciones un tan exóticas. ¿Cómo podía pensar que saber sobrevivir en el desierto le podía ser de utilidad? Él vivía en el Reino Unido, ¡allí no había tal condición climática!

No importaba, lo que buscaba ya estaba cerca, incluso lo podía divisar desde allí. Brillante, como las otras que ya había buscado, la misteriosa forma lucía como una estrella iluminando aquella noche sin luna. Ni siquiera se apresuró a acercarse puesto que sabía bien que no se iría de allí, entonces... ¿por qué correr? Total, llegaría igual.

Sin apresurar su paso, con una tranquilidad que sorprendería a cualquiera que le viese en aquel momento, Harry caminó lentamente hasta llegar frente aquel dibujo geométrico flotando en el aire sin ningún tipo de suspensión, como si esperase ser tocado con la misma indiferencia que una hoja navegando por el agua. Y, de la igual forma, acercó su mano izquierda dispuesto a tocar el flameante símbolo ajeno a cualquier recelo que pudiese haber, como si el hecho de que una espiral esculpida en roca y recortada con exactitud de color dorado con una aureola roja brillando al medio del desierto fuese algo que viera cada día.

La ya conocida sensación de ser arrastrado entre el espacio-tiempo rodeado por unas cálidas llamas vino a él con solo rozar la vaporosa áurea. Inmediatamente, dejó aquél lugar donde había tenido que luchar hora tras hora a fin de salir vivo, para pasar a un entorno completamente distinto.

Con un gesto cansado y neutro, se expulsó las motas de arena alojadas en sus ropas, y encaminó hacia su habitación sin inmutarse por su llegada. Entró en ella y fue directo hacia la bañera, no sin antes recoger ropa nueva que ponerse.

Suspirando aliviado, dejó que sus músculos se relajaran mientras conseguía alejar la tensión de los últimos días disolviendo las preocupaciones en el vacío de la mente, lejos de los peligros y las alertas constantes para la supervivencia.

Dejó que su pelo se empapara con el agua permitiendo que el preciado líquido masajeara todo su cuerpo calmando los nervios y todos sus sentidos que, hasta entonces, habían permanecido en alerta máxima. No se apuró en salir pronto de la bañera para ir a comer aún sabiendo que estaba hambriento, y la razón no era otra que ya sabía que la comida estaba allí, al alcance de su mano. No debería luchar por ella, pasar horas escondido esperando el momento justo para conseguirla, analizando como conseguir el mayor éxito de caza, eliminando todos sus remordimientos al matar a su siguiente presa. Ahora estaba en casa, en SU casa. Un lugar al que llamar hogar, aún cuando no fuese de su propiedad.

Solo cuando quedó satisfecho de su momento de relajación, decidió salir para cambiarse de ropa y bajar a cenar antes de irse a descansar.

Entró en el comedor y recogió un par de bocadillos junto con un jarrón lleno de zumo de naranja, y se fue hacia el gran salón-biblioteca. Ya estaba acostumbrando a que con sólo entrar y acercarse a la gran mesa ovalada ésta se llenase de aquella comida que deseaba. Y debía reconocer que resultaba de lo más práctico y agradable encontrarte con todos tus deseos realizados con tanta facilidad, aunque quizás serían todos sus deseos siempre y cuando el dragón no le hubiese restringido su dieta, ahora nada más podía escoger entre una limitada lista de recetas. Mas aún así, continuaba siendo algo que le gustaba en cantidad.

Dejó el plato con el canapé vegetal y los dos bocadillos uno de queso y el otro de jamón, el zumo y una copa, y fue directo hacia una de las estanterías. Buscando entre centenares de libros, escogió uno de tapas rojas, recogió dos pergaminos viejos, y volvió junto a la mesa.

- Veintiséis.- dijo un joven apareciendo en el portal.- ¿Vas a regresar?

- ¿Tengo opción?

- Puedes escoger.

Pasó un par de hojas mientras terminaba el canapé con un par de mordiscos. No pudo evitar sonreír amargamente ante las palabras escuchadas. ¿Desde cuándo podía él escoger?

- Sí.- dijo en un susurro.- Regresaré.

- Bien.- se limitó a responder.

- ¿Vendrás?

- Por supuesto. ¿Acaso pensabas que ibas a librarte tan fácilmente de mí?

Tomó la copa con cuidado y levantó su mirada hasta él. No, no pensaba que fuera a dejarlo. Sabía demasiado bien que el dragón le seguiría, aunque aquello también era lo que él deseaba, a pesar de negarlo y esconder dicho deseo en el fondo de su corazón.

- Saldremos pasado mañana poco antes de la salida del sol, ¿te parece?

- ¿Me lo preguntas a mí?- dijo incrédulo.

- ¿Ves a alguien más?

- No, pero me sorprende que pidas mi opinión.

Con una sonrisa arrogante y altanera, el chico-dragón deshizo sus pasos hacia la gran entrada sin mirar atrás. Su túnica, roja con los bordes dorados, dejó que un último destello se reflejara en el aire antes de desaparecer tras la gruesa pared.

- Buenas noches.- dijo Shelyak lejos ya de la vista del chico.

- Buenas noches...

. . . . . . . . .

. . . . . . . . .

. . . . . . . . .

El aire revolvía su brillante pelo con cariño y suavidad. Ya no era ése movimiento alborotador y caótico que tiempo antes le había recibido en aquella situación. Suspiró, como siempre, con lentitud.

Aún recordaba los primeros vuelos con el dragón. A pesar de protegerle con su magia del frío de la altitud, nunca antes había conseguido que ésa misma magia le cubriera como una cúpula protectora de todo aquello que le rodeaba. Dudaba que fuese un aumento de generosidad. No, aquello no iba con aquella irascible y orgullosa bestia. Pero sí podía ser su mayor control de la energía, de la magia que le rodeaba. Y estaba orgulloso, muy orgulloso de ello.

Harry había aprendido mucho más de lo que en un principio habría podido esperar. Su nivel mágico no había superado al que tenía poco antes de salir de Hogwarts a fin de curso, sin embargo... su autocontrol había aumentado, había logrado conseguir un excelente nivel de oclumencia y poderes de ocultación mentales, además de un buen conocimiento de supervivencia. Quizás aún le quedaban muchos años más para adquirir la experiencia necesaria a fin de convertirse en un poderoso mago, pero su primer paso ya había sido hecho.

- ¿Dónde piensas dejarme?

- En la escuela.

Genial. Así seguro que voy a llamar más la atención. pensó con rencor.

- Sería mejor si descendieras a cierta distancia... ¿quizás en Hogsmeade?

- Vaya, el chico nos ha salido tímido...

- No es timidez.- espetó airado.- ¿Crees que un dragón grande y engreído puede pasar desapercibido incluso en el mundo mágico?

- Engreído... ¿eh?- dijo para después dar un par de piruetas en el aire que le obligaron a aferrarse fuertemente al cuello para evitar caerse.- ¿Decías?

Decía que eres un dragón arrogante, engreído, iracundo y estúpido que se cree saberlo todo... se dijo con odio. Sin embargo, no debió cerrar bien sus pensamientos pues otra pirueta, ésta con el ángulo más cerrado, le indicó que Shelyak había oído todas sus quejas interiores.

- Si quieres tener un buen vuelo, mejor no enojar al piloto.

¡Maldito animal! Ojalá pudiese aparecerme sin tener que depender de él... pero, como ya sabía, eso sería demasiado arriesgado.

No sabía cómo estaban las cosas en el mundo mágico. El lugar dónde había estado las últimas semanas le mantuvo completamente alejado de cualquier noticia, incluso estaba alejado de la mente de su más temible rival, Voldemort. Y a pesar de ser una buena noticia para él, también le supuso una gran angustia por los demás aún pensar que ya se arreglarían con sus propios asuntos.

- Cuéntame más sobre ése Voldemort.

- Creía que no te importaba lo que pasaba.

- Y no me importa. Esto es solo curiosidad.

- Seguro.- dijo en un susurro.- No es más que un asesino y un monstruo. Una asquerosa serpiente que mata por puro placer.

- ¿Serpiente?

- Seguramente fue un hombre, pero ningún rastro queda ya de él. ¿Por qué? ¿Acaso tienes miedo de ellas?

- Miedo no.- dijo con un rugido.

- ¿Entonces?

- Los dragones y los basiliscos somos rivales acérrimos y, por consiguiente, las serpientes, sus descendientes, también lo son.

- ¿Sois rivales?

- Eternos. Pero esto no viene al caso, sigue hablándome de él.

Sorprendido por la ira que se había apoderado del dragón con la breve mención de aquellos reptiles y sin comprender el nuevo interés que ponía por saber más del nuevo mundo que se abriría ante él, Harry empezó a narrarle todo aquello que sabía sobre los actos del Lord Tenebroso incluyendo aquellos en los que se había visto envuelto.

Nunca imaginó que estaría hablando de todo ello con el dragón Shelyak. Es más, si alguien le hubiera dicho que terminaría así, se habría reído en su cara. Pero el caso era que estaba sucediendo. No comprendía a donde quería llegar aquél poderoso animal, sin embargo, algo en su repentino interés le había abierto una puerta de recelo y desconfianza... ¿por qué? Ni siquiera él lo entendía, pero sabía que su instinto nunca fallaba, era lo único que se había mantenido fiel a pesar de las situaciones en que se encontrase, así que, en vez de acallar aquella alerta llena de curiosidad que se había encendido en su cabeza, dejó que siguiese atenta para conseguir comprender a qué se debía. ¿Acaso el dragón sabía algo más?