Al fin!! Ya he llegado al capítulo 8... todo un logro, cabe decir!
AH! No se me olvide! Os recomiendo ver los capítulos de una magnífica série anime: NARUTO. A pesar de que aún no ha llegado a España ni salido de Japón (en serie televisiva), si vais buscando por internet podréis bajaros los cap subtitulados en español. Y merece mucho la pena! Una página sería: www(punto)narutospain(punto)com. Es muy buena, y os aseguro que enseguida os pegaréis a ella (a mí me ha pasado, y eso que no me considero muy friki). Ale, ya estáis avisados!!
¿Se nota que ya no tengo trabajos ni nada que estudiar con urgencia? La verdad es que he escrito éste capítulo con solo 2 días, más concretamente, un día y medio. Bueno, no está mal... y encima son unas diez páginas. Claro que eso significa que no he podido hacer las revisiones que acostumbro hacer... Así que espero y deseo que os guste.
Bueno, vamos ahora a por los reviews:
al: jejejeje, hormigas carnívoras, ¿eh? No sé quien es peor, si tú o yo... ¿y después dicen k soy cruel? Bueno, Shelyak aún tiene mucho por mostrar, pero todo a su tiempo (siempre repito lo mismo, no?) Espero que te guste como estoy llevando el fic! Nos vemos!!
Lladruc: doncs mira, en aquest capítol apareixeran les primeres mostres de com van les coses per un dels bàndols. Tot i que moltes coses estan amagades en paraules i escenes, espero que les pugueu veure. Per exemple, saber com ho duu Voldemort amb les aliances i tot això. Llegeix, i ja em diràs què. Adéu!!!
Kary Anabell Black: no ha sido nada! Es más, quiero que me preguntéis todo lo que no comprendáis, quizás haya algo que me he saltado o no haya explicado correctamente. Todo el mundo puede hacer errores... por algo errar es humano! Nos vemos!!
Sacralo: pues me alegra que al menos a vosotros os haya gustado. Aunque, claro está, sois vosotros quienes criticáis y decís si realmente vale la pena o no lo que escribo, así que creeré vuestros comentarios, no lo dudéis! Hasta pronto!
Nelly Esp: pero la pregunta está: ¿por qué se interesa por la vida de Harry? Siempre se ha creído que los dragones son unos seres orgullosos e independientes, solitarios en su naturaleza, cuyo único interesado es él mismo. (claro que esto es dentro la mitología) Y Shelyak no escapa de ésta descripción... Espero que te guste el capítulo. Bye!! )
LeoHagrid: gracias por tus halagos!! Te prometo que intentaré no retrasarme tanto como ha pasado con el anterior capítulo. Bye!!!
FFmania: Miri... gracias por tu apoyo! A ver cuándo te conectas por el msn, pq por poco que yo lo hago, nunca te encuentro. Aunque olvídate de que te diga que voy a hacer en el fic, por más que preguntes, no te responderé. Y no te me enojes. Respondiendo a tu review... eres cruel. No te da pena lo que le hace el dragón al pobre chico? Pero admito que disfruté escribiendo sus penalidades. XD Venga, ya hablaremos!
lolo: me alegra que digas eso! Al final terminaré más roja que un tomate de la vergüenza... Y no te preocupes por las parejas, ya te he dicho que habrá algo de romanticismo, pero todo necesita su espacio y tiempo. Respira un poco y déjame unos capítulos más antes de ver algo. Espero que lo que tengo planeado te guste... Bye!!
Hasta aquí todos los reviews!
Dedico éste capítulo a todos aquellos que me dan ánimos para continuar capítulo tras capítulo, haciendo que el trabajo no sea envano. Y también a los catalanes por el 11 de septiembre, la Diada de Catalunya. Que puguem disfrutar-ne moltes més!
Besos:
-Ithae-
Capítulo 8 – Intruso
Entre aburrido y cansado, no pudo evitar bostezar exageradamente. Resultaba agotador pasar horas y horas sin hacer nada más que ver el mismo tipo de paisaje encima el dragón y, al terminar el día, no hacer más que echarse cerca del brillante fuego esperando la llegada de un nuevo sueño.
Y no sabía de que se quejaba, al fin y al cabo, quien hacía todo el trabajo era Shelyak, y no él. Pero ansiaba estirar más a menudo las piernas, aún cuando en verdad resultaba más un decir que la realidad. Echaba en falta las aventuras, el constante ajetreo, la curiosidad que siempre le había introducido en nuevos problemas... ¿Volverían otra vez a Hogwarts? Quizá aquél era el único incentivo que le instaba a regresar.
Miró las estrellas que brillaban en el oscuro cielo nocturno.
Canis Maior. La estrella de Sirius. Brillante y fiel, la guía de todo el cosmos, como si gobernase encima todas las demás compitiendo en su brillantez celestial. Sonrió al pensar en aquél precioso y cariñoso perro negro que más de una vez había acariciado. ¿Cómo habían tomado su regreso los demás? ¿Cómo tomarían el suyo ahora? Su sonrisa se entristeció convirtiéndose en una mueca llena de amargor. ¿Cuál sería su reacción tras todo lo ocurrido? Dudaba poder volver a la normalidad, como si nada hubiera cambiado. Porque todo había cambiado. Él no era ya el mismo.
En medio de divagaciones y lúgubres pensamientos, quedó sumido en el extraño sueño de Morfeo.
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No era la primera vez que se veía volando encima un dragón en sus sueños, ya le resultaba algo común y rutinario. Le agradaba la sensación de libertad que le proporcionaba el vuelo, incluso ansiaba el momento en que se lanzaban los dos cuerpos al vacío cayendo en una excitante carrera de gravedad para después volver a remontar en el aire. Muchas veces pensó que aquello se podía deber al contacto que mantenía con Shelyak, incluso quedó gratamente sorprendido por las emociones que le aportaban y agradecía aquellos sueños que le alejaban de la dura realidad.
El dragón, rojo como el mismo que le acompañaba en su viaje, no hacía más que volar y seguir volando, sin descanso, sin fin. Era algo natural, de nacimiento, sentía como la euforia y las sensaciones del animal le eran trasmitidas pareciendo que fuera él mismo quien moviese las alas en un majestuoso vuelo. Incluso llegó a verse planeando por el aire sin ningún sustento, sin nada más que su propio cuerpo escamoso rompiendo los vientos y traspasando las nubes empapándose con diminutas gotas templadas. No tenía palabras para describirlo... Solo sabía que le gustaba, que deseaba encontrarse cada noche con aquél magnífico mundo donde no existía nada más que aquello que veía y sentía.
Aquella vez volvió a sentirse libre, lejos de cualquier atadura, de frenos o responsabilidades. Allí estaba él, un grandioso y poderoso dragón rojo en pleno vuelo, surcando los cielos con sus enormes alas doradas, observando los insignificantes árboles, como si todo el mundo estuviese a sus pies. Un mundo azul y verde, lleno de pequeñas criaturas, indefensas y temerosas. Y él era el rey de todos ellos, su protector, el único capaz de desestabilizar aquél diminuto mundo con solo rozar el suelo con sus garras, el único capaz de decidir sobre su futuro. Porque él era el único cuyo poder abarcaba todo a su vista, él era quien decidiría sobre su futuro.
Era una sensación divina, digna del más grandioso de los dioses.
Pero como todos los sueños, no dura eternamente.
Una extraña sensación, como si algo quisiera llamar su atención, hizo que desviase su vista buscando el punto de aquella molesta intromisión. Rabioso y enojado, seguía buscando sin parar qué era aquello que tan urgentemente intentaba anunciar de su existencia. Quería regañar al causante por su pesadez, gritarle en la cara que no estaba por tonterías... Sin embargo el maldito no dejaba de importunar. Era como si algo intocable, invisible, le alertase en el más profundo de su cabeza, pero seguía sin dar con él. ¿Qué sucedía?
De repente todo se oscureció lanzándole en un profundo pozo sin fin. No tuvo tiempo alguno para reaccionar, ni siquiera era capaz de pensar con claridad sobre lo que estaba sucediendo, no comprendía nada. Aunque, claro estaba, tratándose de un sueño... todo era posible.
El negro empezó a desvanecerse permitiéndole observar con mayor claridad su nuevo lugar. Aquello le tomó completamente por sorpresa, ¿dónde estaba? Podía ver varias velas negras a su alrededor con una llama de un rojo sangre. El suelo estaba cubierto por una gran alfombra roja, las paredes sucias y viejas, y el techo lleno de telarañas indicando la falta de limpieza del edificio. En realidad, excepto por las muestras de tela y la iluminación, todo daba a indicar que nadie habitaba ya en aquél lugar.
Nada más que una gran mesa a sus pies rodeada de varias sillas de madera y una gran butaca dónde se sentaba, decoraban la gran habitación donde había despertado. Incluso la chimenea con dos enormes serpientes levantándola, pasaba desapercibida en la oscuridad que la rodeaba. Todo daba un aspecto lúgubre y tenebroso, algo que contrastaba claramente con el sueño anterior, donde el día iluminaba todo a su vista.
Giró la cabeza hacia la izquierda y dejó que su mirada se perdiera en el exterior, traspasando los grandes ventanales. Era una noche oscura, sin luna ni estrellas, una noche lluviosa y triste. Y, a pesar de no sentir ningún sentimiento, no pudo evitar sulfurarse ante la situación a la que se enfrentaba.
Unos golpes en uno de los portales de madera situados al fondo de la gran sala, le despertaron con mal humor. Había llegado la hora.
Siguiendo sus previas indicaciones, dos hombres cubiertos con largas capas negras aparecieron en el portal. Uno de ellos hizo una profunda reverencia para, después, desaparecer por dónde había entrado cerrando la entrada tras de sí.
- Acércate.- dijo con voz ronca.
El hombre, sin vacilar ni un centímetro, siguió su clara petición. Se acercó con majestuosidad y elegancia, con el mismo sigilo que le caracterizaba, emitiendo, como único ruido, el fru-fru de su capa. Al verle, cada vez más cerca, no pudo reprimir el carraspear con la lengua en un gesto de enfado y decepción a la vez. Y, a pesar de ser algo casi inaudible, no pasó por alto al hombre quien, al escucharlo, no pudo evitar tensar sus músculos en un claro gesto de alerta.
- Han llegado a mí extraños comentarios... información que nunca habría considerado verídica ni habría escuchado con facilidad... palabras que dudaría si no fuera por algunos actos que me han hecho recelar. Sinceramente, esperaba equivocarme. Pero...- se levantó mientras seguía cavilando, acto que tensó aún más al invitado aún cuando se obligó a hincar la rodilla ante quien estaba hablando.- ...a menudo sucede que las cosas que menos deseamos, terminan haciéndose realidad.- el hombre nunca había estado tan alertado. Y, a pesar de prepararse por lo que se avecinaba, nunca habría esperado aquél momento de ¿debilidad? de su señor.- Descúbrete.
Siguiendo su orden directa, eliminando cualquier miedo para envolverse con la fría lógica y el rápido razonamiento, descendió la capucha que cubría su rostro hacia la espalda mostrando su pelo negro y su característica nariz aguileña.
- Nunca llegué a imaginar que justamente tú, Severus, quien creía el más leal de todos mis siervos, fuera a traicionarme de forma tan grosera. Aunque... ¿qué podía esperar del mejor de mis hombres? Debería felicitarte por resistir tanto, dudo que alguien haya sido capaz de engañarme durante tanto tiempo... Pero, para algo eres un maestro en la mente, ¿no es así?- sonrió con amargura.- Realmente impresionante. Ni siquiera ahora, aún en tu situación, soy capaz de saber lo que piensas. Me sorprendes...
Sabiendo que aquello había sido el final de la conversación, a sabiendas que ahora llegaba el momento que más había temido, volvió a ponerse en pie. No moriría doblegándose ante aquél que una vez había visto como un gran maestro, SU maestro, pero que aprendió a verlo en su forma verdadera: un monstruo. Durante años había vivido con el miedo en el cuerpo, temiendo ser descubierto, con los nervios en tensión en cada hora, minuto y segundo. Pero ya no. No más. Porque, al fin, había llegado la hora.
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Obligándose a despertar, Harry se levantó con el sudor recorriendo todo su cuerpo.
"¡Maldición! ¿Qué ha sido esto?" pensó mientras pasaba una temblorosa mano por la frente. No podía ser que Voldemort hubiera entrado en su mente, ¡era imposible! Había pasado mucho tiempo trabajando en oclumencia y barreras mentales, estaba completamente protegido, nadie debería poder entrar en su mente con todas aquellas protecciones. ¿Cómo lo había hecho? Mejor dicho, ¿qué había pasado? También era posible que hubiese entrado él en la mente del Lord, ¿no? Otras veces había hecho tal cosa, ¿por qué, entonces, ahora no? En todo caso, aquello no debería de haber pasado. No, no tenía sentido alguno. "Espera, intenta rebobinar." se dijo intentando normalizar su respiración aún acelerada. "Estaba soñando con el vuelo cuando algo me ha llamado la atención... ¿qué?" pero no lo entendía.
- Esto no tiene sentido... ¿Qué puede entrar en un sueño...? ¿Ha golpeado mis defensas? Entonces... ¿no ha sido real?- cerró los ojos y agarró el pelo con ambas manos intentando aclarar sus confusos pensamientos.- Es imposible, esto debe de haber sido real. ¿Cómo, entonces, he podido saber que algo iba a suceder? ¿Quizás sus emociones me han llamado la atención? ¿Sabrá que lo he visto? ¿Y si es otra vez una trampa? ¡¿Cómo voy a saberlo?!- desesperado, se levantó y empezó a moverse nerviosamente de un lado para otro, pensando.
"Puedo quedarme como si nada hubiera pasado... si fuese real Dumbledore lo sabría e habría ido a su rescate. ¿Pero y si aún no lo sabe? ¡Snape estará perdido! No puedo alertar a nadie... ¿qué debo hacer?" Nada de aquello estaba resultando. Por más que reflexionase, no conseguía resolver su problema, y el tiempo pasaba. "No, no puede ser real, Snape sabe protegerse bien, es imposible que Voldemort le haya descubierto, es imposible que... Alto. Alto, alto. Entonces... ¿cómo sabe Voldemort que es un espía? ¡Maldición! Si realmente ha sido una trampa de Voldemort para atraerme otra vez, ¡¿cómo sabe que Snape le ha traicionado?!" El ya conocido dolor en la frente, justo donde la cicatriz, le hizo volver en sí, apresurándole a reaccionar.
- ¡Mierda! ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo puedo...?
- Si no callas aquí no hay quien duerma...- dijo una voz grave desde el fondo de la cueva donde se encontraban.
- ¡Shelyak!
- ¿Se puede saber qué ocurre?- medio agachado para evitar rozar con el techo de la obertura, el dragón se aproximó a la entrada junto al desesperado chico.
- ¡Es Snape, está en peligro! Voldemort le ha descubierto, si no vamos a por él, le matará.- una nueva punzada, algo más fuerte que la anterior, le hizo gruñir en respuesta.
- ¿Cómo? ¿Y tú cómo sabes esto?
- Lo he visto, en el sueño...
- Creía que tenías la mente cerrada.- dijo con enfado.
- Y la tenía, pero algo me ha llamado la atención y he empezado a buscarle hasta que he dado con Voldemort. Pero esto no importa ahora.- añadió haciendo un gesto de impaciencia.
- Ya lo creo que sí.
- ¿No lo entiendes? ¡Lo va a matar! Y estoy seguro que ya lo ha malherido... no tardará en terminar con él.
- Bueno, ¿y qué propones?
- Debemos rescatarlo.- las punzadas iban en aumento, y cada vez eran más intensas. Si no se apresuraban, estaba seguro que nada quedaría ya por salvar.
- ¿Alguna idea?
- Esperaba que tú ofrecieras algunas.
- ¿Sabes dónde está?
- No. Solo puedo retener la imagen del lugar donde estaba...- una lucecita se encendió en su cabeza descartando cualquier opción.- ¡Puedo aparecerme!
- Deja de decir locuras y piensa un poco más.
- ¿Por qué no? Es la forma más rápida que conozco, y a no ser que tengas una idea mejor, no veo que tengamos alternativa.
- Hay otras formas de aparecer por ahí.
- Pero ninguna mejor que ésta. ¡Maldita sea! Ayúdame un poco, ¿quieres?
- Y yo que quería descansar...- gruñó en protesta.
. . . . . . . . . .
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Una sombra se movía en silencio entre la oscuridad evitando ser vista a pesar de tener miles de ojos escudriñando hasta el más pequeño rincón. Sin embargo, nadie sabía que allí había alguien más, un intruso.
El plan "A" había fallado, por lo que no tuvo remedio al recurrir al segundo plan, el "B". Ambos coincidieron en buscar una alternativa si se encontraban con barreras antiaparición que rodearan el edificio, y así fue. Al igual que a finales del curso anterior, cuando intentó aparecerse en Hogwarts en su ayuda, había impactado contra un fuerte muro que le desvió a los límites de éste. Así que ahora, en vez de estar dentro de una sala con una grande mesa y una alfombra roja, estaba al límite de los terrenos, delante de un terrorífico y oscuro bosque de árboles retorcidos y diabólicos.
Aquél lugar le sonaba. Si bien no dónde estaba, pero sí la casa que veía a lo lejos.
Se masajeó el hombro derecho intentando apaciguar el dolor del impacto, y, con la varita en mano, accedió a realizar el plan de rescate. Solo esperaba que todo saliera bien, en ningún momento pensó que pudiera haber tanto movimiento por el alrededor de la casa.
- ¡Desluciunus!- dijo en un murmuro.
La sensación de un huevo rompiéndose encima su cabeza y las gotas deslizándose por su cuerpo como gotas frías de agua, le indicaron que el encantamiento estaba teniendo efecto. Miró sus manos y pronto comprobó que éstas tenían la misma textura y color que el suelo. Guardó la varita dentro de la camiseta, y empezó a moverse sigilosamente hacia la casa.
El trayecto no fue nada fácil, pero los días de supervivencia se presentaron ahora como los mayores maestros. Acostumbrado a permanecer en silencio a fin de conseguir una presa que comer, Harry sabía perfectamente como moverse para evitar hacer el menor ruido que delatara su posición. El problema sería, muy seguramente, conseguir introducirse dentro la mansión.
Sin embargo, el dolor constante de la cicatriz, algunas veces más fuertes que otras, le hacían saber como debía estar la situación. Por lo que le parecía, Snape aún debía estar con vida, pues nada hasta ahora se había parecido al dolor casi insoportable de la maldición asesina. Pero tampoco podía estar seguro. ¿Y si ya lo había matado? Haría todo el camino innecesariamente... o quizás no. Había prometido al dragón que nada más conseguir a Snape saldría de allí, que no se detendría para nada ni nadie, y que si la cosa se torcía, saldría como fuera. Pero...
Enseguida llegó junto a la verja que rodeaba el edificio. Estaba asustado por lo que debía hacer, pero no tenía otra opción. Agarró de nuevo su varita y, en un susurro casi inaudible, murmuró: Yvees taipé. Todo aquello que poseía, al igual que él mismo, empezó a reducirse lentamente pero cada vez con mayor velocidad. Lo que antes era una piel y ropa camaleónica, ahora se convirtió en un precioso pelaje negro brillante y suave. Sus manos se transformaron en pequeñas patas con unas diminutas uñas largas y afiladas. Nada más que sus ojos verdes destacaban en aquel pequeño animal que ahora era Harry.
Tan pronto como supo que la transformación había terminado, revisó todas y cada una de sus partes temiendo haber errado en su pronunciación ya que desconfiaba completamente de sus facultades en Transformaciones. Pero, por suerte o fortuna, consiguió exitosamente convertirse en lo planeado, un pequeño ratón negro que pasaría sin problemas por cualquier tipo de barrera, tanto mágica como no-mágica.
Empezó a correr como un poseso hacia la casa perfectamente camuflado en la noche. Solo debía temer, tal y como muy graciosamente Shelyak le recordó, de los depredadores nocturnos que rondaban en aquellos lugares. No podía ni imaginar lo que pasaría si un búho saltaba hacia él... lo mejor que podría pasar es que fuera lo suficiente rápido como para protegerse. Recuperar su forma original allí podría serle fatal. Afortunadamente, no tardó en llegar delante de una de las paredes viejas y agrietadas de la casa. Lo más complicado estaba aún por llegar.
Una de las puertas traseras estaba tapiada con maderas mal puestas y, a pesar de poder sentir también el olor a magia, el pequeño ratón siguió con su odisea correteando en busca de una entrada un tanto mejor. Sabía que, a pesar de que aquella pudiese parecer una buena opción, también podía ser fatal. Necesitaba encontrar un lugar que para un humano fuese casi imposible descubrir. No tardó mucho en dar con ella.
Una de las cañerías estaba medio inclinada casi rozando el suelo.
Intrépido, el roedor azabache se enfiló en la traicionera cañería subiendo con cura y lentitud, evitando hacer movimientos bruscos o inesperados. Sabía que la confianza le llevaría a la perdición puesto que era ésta la mayor causa de éxito que había tenido al cazar pequeños animales como él mismo. De ésta forma, fue subiendo centímetro a centímetro, intentando evitar pensar en nada más que aquello que hacía. Aún no podía creerse que todo estuviera resultando tan fácil, casi se podría decir que se sentía defraudado. Si bien era verdad que antes de poder moverse con tanta naturalidad había tenido que concentrarse en nada más que el correcto movimiento y coordinación de todas las partes, aún seguía sintiéndose extraño ante todo el cúmulo de sensaciones que tenía.
De un pequeño salto pasó hasta el marco de la ventana. Y, de allí, se enfiló clavando las frágiles pero resistentes uñas en la madera hasta llegar en un pequeño agujero encima el hueco de vidrio.
El dolor se detuvo.
Apresuró el paso introduciéndose por la entrada que había encontrado y enseguida dio con la salida encima una alta cortina con un olor no muy saludable. Se emparró a ella y caminó por el bastón de madera hasta llegar a la otra punta donde pudo saltar encima un mueble alto. Llegados a ése punto, pudo darse un leve respiro para poder recapacitar y observar con mejor perspectiva sus siguientes pasos a realizar.
A pesar de ser un diminuto ratón, aún conservaba su conciencia intacta. Por ello, cuando pudo sentir que las punzadas desaparecían empezó a temer lo peor. ¿Habría ya terminado con él? No tenía forma de saberlo. Quizás seguía siendo Harry Potter en tamaño ratón, pero sus sentidos humanos habían diezmado y su razonamiento también. Trabajo tenía por pensar en nada más que aquello que le ocupó en mente justo antes de transformarse. Sin embargo, seguía siendo capaz de utilizar parte de la razón. Decidió que seguiría adelante.
Observó el pasadizo que se dibujaba a sus pies, y vio que todo parecía en orden. Pero una nueva preocupación invadió los demás pensamientos, ¿dónde estaba?
Después de un rato inmóvil, el ratoncito volvió a moverse correteando por el mueble buscando una forma de descender. No había decidido como solucionar lo que parecería un enorme problema, sino que optó por seguir corriendo hasta encontrar algo que fuera más fácil de resolver.
Saltó hasta llegar al suelo, e inició su carrera hacia ningún lugar. Suerte tuvo de darse cuenta de que algo realmente grande se acercaba a él. Así que, dejándose guiar por su aumentado instinto, corrió a esconderse en un pequeño agujero causado por una brecha que llegaba hasta el suelo.
Escondió su cuerpecito en la oscuridad, y esperó a que todo volviera al seguro silencio. Pero el roce de algo con su cola hizo que se volteara con rapidez.
Otro ratón, algo más grande que él, le miraba con curiosidad. Tenía unos oscuros ojos negros, y un pelaje castaño muy distinto a los ratones que había visto incluso en fotografías. Y es que no era un ratón normal, sino un ratón de bosque.
Durante unos minutos ambos estuvieron silenciosos, esperando. La verdad es que toda aquella situación estaba siendo de lo más curiosa. ¿Quién habría dicho que alguna vez se transformaría en ratón, correría por la casa de Voldemort e iría en busca de un odiado profesor de Hogwarts? Sí, realmente algo cómico.
Los pasos dejaron de resonar en sus sensibles tímpanos. Curioso por saber si ya podía salir, dejó que su puntiagudo y peludo morro saliese a la luz en busca de algún que otro peligro. Al ver que ya todo había pasado, decidió salir del escondite para seguir adelante. Pero antes de que se alejara de allí, el otro animal se acercó a él y le susurró unos sonidos que no supo interpretar al instante para después salir corriendo por el mismo lugar que él había entrado. Tardó unos instantes en reaccionar, como si dejara que las supuestas palabras que le había dicho entrasen a él con lentitud. Y fue gracias a su parte de ratón que consiguió descifrar parte del mensaje dejándole unas palabras un tanto alarmantes: "...gran monstruo come-ratones... otro suelo... queso..." La mente de Harry pensó que con lo de "gran monstruo" se podría referir a Nagini, la serpiente de Voldemort. Un peligro que acechaba dentro de la casa y que ya había contado con él antes incluso de desaparecerse. Con lo de "otro suelo" debía ser el sótano, quizás donde estaban las mazmorras. Y, bueno, el queso... eso debería esperar. Aunque estaba seguro que no tardaría en meter diente en ése exquisito manjar.
Volvió a la carga corriendo bien cerca de la pared moviéndose entre las mismas sombras protectoras que ahora eran su único aliado. Mientras dejaba que sus patas y olfato fueran guiándole por el largo pasadizo, iba pensando en lo irritante que podría resultar ser comido por una asquerosa serpiente. ¿Y si el ratón le había alertado de que ésta estaba justamente al sótano? En realidad no había captado más que palabras al azar, no sabía si tenían algún tipo de conexión entre ellas... Bueno, en todo caso, era algo que ya le preocuparía al llegar. Antes tenía algo más importante entre patas, encontrar el acceso al sótano. Aunque algo le decía que era ridículo que una casa tuviera un piso inferior lo suficiente grande como para poder tener prisiones allí bajo. Pero, claro, también estaba la otra que lo solucionaba todo diciendo que la magia podía hacer maravillas. ¿Cómo había aparecido él, si no?
Su desarrollado sentido del olfato le alertó de un cambio en el ambiente. Enseguida supo que detrás aquél gran trozo de madera medio podrida, estaban las escaleras que daban al piso inferior donde el aire era más húmedo y frío.
Ahora solo debía esperar a que alguien abriese la puerta.
Paciente, algo atípico en un pequeño roedor, esperó a que apareciese la oportunidad de cruzar de una vez aquel molesto obstáculo puesto que ya tenía ganas de que todo terminase para poder comerse un merecido trozo de queso. Esperaba que fuera lo suficiente grande para poder apaciguar su hambre ratonil, incluso era capaz de transformarse otra vez en humano para, así, poder meter más dentro de su estómago. Aunque después pensó que entonces también sería más pequeña la ración de comida...
Algo detrás de la puerta empezó a moverse hacia él. Se aseguró de estar bien escondido en la oscuridad, algo poco difícil puesto que había poca iluminación, y se mantuvo rígido en su sitio, preparado para correr directo hacia la entrada al nuevo espacio. Así pues, tan pronto como el enorme individuo hubo traspasado la puerta y proseguía a cerrarla sin mirar ya atrás, el pequeño animal empezó a correr lanzándose, literalmente, contra las escaleras. Cerca estuvo de caer por ellas.
La puerta terminó de cerrarse sumiéndole en una profunda oscuridad. Por suerte, sus ojos de ratón le permitían ver con mayor claridad a oscuras, algo que nunca habría logrado siendo un muchacho. Sin embargo, algo de negativo debía tener aquella forma... ¡Las escalas eran enormes! Pensando en la comilona que tendría al salir de allí, empezó a saltar con dolor cada uno de los escalones, aún cuando debería ser capaz de resistir el impacto, no podía evitar quejarse por no haber escogido ser una pequeña rata voladora.
Tras veinte-y-un saltos, logró dar con el soñado suelo, un suelo mojado, frío y duro, pero suelo, al fin y al cabo.
Se rascó tras la oreja en un ataque de picor, e inició su marcha inspeccionando aquél nuevo lugar completamente desconocido para él. Quizás hubiera sido mejor que se transformara ya para así ser todo mucho más fácil, pero aún no estaba seguro que nadie más estuviera ahí abajo junto a él. Además, era sensato pensar que habría alguien vigilando las celdas... eso, claro estaba, si es que tenían algún que otro prisionero, tema que dudaba a sabiendas que Voldemort prefería matar a tener inquilinos a quienes mantener. La verdad es que no tenía la pinta de un buen anfitrión...
El ruido de algo arrastrándose por el suelo le hizo detener en seco. Aquello no podía ser bueno... Recordando las extrañas palabras del otro ratón y sus propios recuerdos, el diminuto roedor, poseedor de algo de razonamiento, empezó a buscar un escondite con desesperación.
El pequeño espacio que había entre la puerta de metal y el suelo de piedra, le ofreció la salida que necesitaba. Sin pensar en nada más que escapar del camino de la hambrienta serpiente, se coló con algo de dificultad hacia el otro lado de la puerta refugiándose detrás de una montaña de ropas sucias. Esperó a que el reptil se perdiera en el silencio, para volver a aproximarse hasta la puerta para escuchar su posible regreso. Pero nada le indicó que había decidido dar media vuelta. Aún así, un ruido, distinto al arrastrar de la serpiente, fue captado por sus pequeñas orejas. Parecía...
Volvió a acercarse al centro de la habitación, cerca de la "montaña" y fue entonces cuando pudo escucharlo con mayor claridad. Eran latidos, latidos humanos. Y encima la olor que despedía le resultaba extrañamente familiar.
Arriesgándose a ser descubierto, decidió regresar a su forma original; y cabe decir que no resultó tan fácil como esperaba. No fue hasta después de unos alarmantes segundos, que todo su cuerpo empezó a crecer eliminando el pelo suave y cálido que le había estado rodeando.
Nuevamente comprobó que todo estaba donde debía estar, y suspiró aliviado. Esperaba no verse obligado a transformarse más... no era algo que le gustara en cantidad.
Recordó qué era aquello que le había llamado la atención, y se dispuso a examinarlo. Se sorprendió cuando pudo verle la cara, era él, Severus Snape.
Tenía profundos cortes por todo el cuerpo, muchos de ellos parecían graves y de atención inmediata. De la cabeza salía un reguero de sangre, y su cara parecía haber recibido fuertes golpes. Su condición era lamentable, pero sabía que había resistido. Podía estar orgulloso de sí mismo, había logrado mantenerse en vida a pesar del terrible castigo recibido, incluso podía ver el extraño ángulo de su muñeca derecha, muy seguramente rota. Lo más probable era que el Lord hubiera decidido mantenerlo algún tiempo más con vida, aunque dudaba que pudiera sobrevivir si le mantenían allí sin ningún cuidado médico, pero eso último era de lo más ridículo.
Siguiendo el plan acordado, tomó el colgante del dragón entre su mano izquierda y dejó que aquella sensación de calidez rodeara su corazón hasta saber que su mensaje había sido recibido. No sabía si aquello tendría algún efecto, pero no discutió con Shelyak a sabiendas que aún había mucho que aprender de él, y aún tardaría hasta saberlo.
- Snape...- dijo tan bajo como pudo, aunque le pareció que lo había gritado a pleno pulmón.- Profesor Snape...- temía moverle y abrir aún más las heridas, pero debía saber si podía mantenerse consciente aún parecer imposible.- ¿Puede oírme?
No recibió ninguna respuesta, y tampoco la esperaba. Su estado era tan grave que dudaba que fuera capaz de mantenerse mínimamente despierto, y aquello complicaría las cosas... Bueno, ante todo, debía sacarlo de allí. Pero, para hacerlo, antes debería echar un vistazo a sus heridas, no podría moverlo si no hacía algo al respecto. Por suerte, se había interesado en leer un par de libros sobre curas y primeros auxilios, algo muy útil en sus días de supervivencia.
Mediante vendas y algunos hechizos de coagulación y cicatrización, consiguió refrenar la salida de sangre y las posibles infecciones. Pero tampoco estaba preparado para resistirlo mucho. Le apuntó con la varita y le incorporó haciendo que levitara en el aire como si un par de fuertes brazos invisibles le sostuvieran.
Una tos escupiendo sangre le alertó.
- ¡Profesor Snape!- dijo intentando no levantar la voz aún los nervios que le oprimían.
- Potter...
- No hable. Voy a sacarle de aquí.
- Malfoy...- dijo entrecortadamente.- Malfoy...
- ¿Cómo dice?
- Draco... llévatelo...
- ¿Draco?- de nuevo volvió a caer inconsciente.
Alarmado, comprobó que aún seguía con vida. Unos irregulares y débiles latidos le confirmaron su estado, pero si seguía así, no resistiría mucho más. Aprovechó por cargar algo de su peso en el hombre izquierdo y, así, poder controlar mejor su ruta.
Esperó un par de minutos, hasta que una fuerte explosión hizo que cayera algo de polvo del techo. No pudo evitar sonreír nerviosamente al escuchar la rebelión que le siguió.
- Debías montar un buen número, ¿verdad?- se dijo mentalmente.
- Mi imagen no debe ser tomada a la ligera.
- Creo que ya han captado la idea...- puso la palma de la mano encima la cerradura de la puerta de metal, e, inmediatamente, se abrió con un fuerte impacto sin importarle el ruido que pudiera hacer. Con el movimiento que estaba teniendo lugar, ya era suficiente como para no ser oídos.- Snape no está muy bien, no voy a poder salir con tanta facilidad.
- Yo voy a distraerles por algún rato más, pero mi tiempo también es limitado.
- Dame solo diez minutos.
- Cinco, como mucho.
Apresuró el paso hacia la escalera, y empezó a subir con mucha más velocidad que cuando era aún un ratón. Resultaba raro pasar por el mismo lugar con el tamaño tan distinto, casi le parecía estar yendo por otro lugar desconocido.
Acercó la oreja a la puerta y se aseguró de poder abrirla sin ningún peligro. Entreviendo el pasadizo ahora desierto, se arriesgó a salir mientras envolvía el cuerpo de su profesor con una rápida barrera mágica capaz de resistir los más débiles de los hechizos, pero de gran uso frente los ataques físicos. Estaba seguro que salir de allí no resultaría tarea fácil, sin embargo la distracción de Shelyak estaba resultando eficiente. Como no conocía la mansión y perdería demasiado tiempo intentando encontrar un punto de salida, lo mejor sería, sin lugar a dudas, crear su propia escapada aún necesitar reventar paredes enteras. Y en eso consistía, precisamente, el gran plan.
- ¿Norte o sur?
- Sur- respondió sistemáticamente.
- Bien. ¡Oriéntame!- gritó con la varita encima su palma. Ésta, al igual que una brújula, le indicó hacia su derecha.
Corriendo como podía, llevando consigo el cuerpo inerte del hombre que tanto había odiado y así seguiría, intentaba que nada más la idea de salir de allí ocupara su cerebro y acciones, intentando no escuchar las fuertes explosiones del exterior y los gritos de frustración de los hombres. Pronto encontró una ventana cubierta con viejas cortinas ennegrecidas que tapaban la vista al cielo nocturno ahora de un tono más rojizo.
Apuntó la varita mientras seguía moviéndose, y envió un potente rayo rojo hacia la pared haciendo que el mismo suelo temblase por la nueva explosión. Se maldijo al ver la potencia del rayo, con los nervios había puesto demasiada efusividad dándole bastante energía. El resultado fue una inoportuna nube de polvo que le impidió ver su alrededor.
La sensación de algo cortando el aire a gran velocidad hizo que se agachara dejando el cuerpo de Snape tendido al suelo mientras se volvía para afrontar la intromisión. Poco a poco, mientras la espesa nube iba esparciéndose, una silueta fue perfilándose frente sus ojos. Era un chico, de su misma estatura aproximadamente, con el pelo de un rubio platinado y unos ojos azules fríos y astutos que le miraban con sorpresa y sorna.
- Estaba seguro que tú estabas en medio de todo éste lío.- dijo mientras seguía apuntándole.
- ¿Qué haces tú aquí?- preguntó escupiendo las palabras.
- ¿No lo ves? Pero la pregunta sería, qué haces TÚ aquí, Potter.
- Me parece que no hace falta responder.
- Ya veo... No has podido evitar hacerte el héroe y has tenido que venir a salvar al traidor.
- No eres tan estúpido, después de todo. Y aunque me gustaría tener una pequeña charla contigo, éste no es el mejor momento para ello.
- Pero yo sí tengo tiempo.
- Ya, ¿pero sabes? Para poder conversar, hacen falta dos. A no ser que quieras empezar un monólogo...
- No voy a dejarte escapar. El Lord va estar muy contento si te traigo ante su presencia.
- ¿Acaso crees que puedes hacerme algo, Malfoy?
- No sabes nada, Potter. Ni siquiera conoces el verdadero poder.
- ¿Y tú me lo vas a mostrar? Quizás otro día.
- ¿Estás huyendo?- otro rayo cruzó silbante justo al lado de su mejilla haciéndole un pequeño corte.- Vamos, ¿me tienes miedo?
- Estúpido...- susurró.- No tengo tiempo para esto.
Ambos tensaron sus músculos, dispuestos a combatirse en un duelo. Sus miradas, frías y calculadoras, no se despegaban el uno del otro, atentos al menor movimiento, listos para saltar en el ataque en cualquier momento.
"¡Sal ya!" El aviso de Shelyak enfrió su rabia convirtiéndola en lógica. Enseguida vio que no podía hacer aquel duelo que tanto ansiaba y que aún le debía desde el primer curso en Hogwarts. Levantó la varita y, antes de que su rival tuviera tiempo a nombrar el hechizo, Harry ya había logrado dejarlo inconsciente.
Le miró con cierta indiferencia, y prosiguió a levantar al hombre del suelo para salir de allí inmediatamente. Y estaba a punto de irse, cuando recordó la petición del profesor. Parecía muy importante...
- ¡Maldita sea! Me voy a arrepentir de esto...
Volvió a apuntar a Malfoy con la varita atándole fuertemente con cuerdas para, después, levantarlo en el aire llevándolo por delante suyo. No sabía porqué estaba haciendo esto, pues estaba claro que el chico no quería irse con ellos... pero tampoco podía pasar por alto las palabras de Snape, casi podría decir sus últimas palabras, y si lo había dicho en ésa situación, sería por algo... ¿no? Aunque, pensándolo mejor, quizá sí podía resultarle de utilidad. Al fin y al cabo, su padre era el brazo derecho de Voldemort.
Empezó a correr a campo abierto sin importarle la discreción, además, estaba seguro que nadie estaba por allí. Shelyak ya se había encargado de enviarlos a todos hacia su dirección opuesta, así que la operación debería ser más fácil...
- ¡Vete!- gritó en su mente.
- Ya era hora...
No comprendía como, incluso en momentos tan delicados como ésos, el dragón aún podía mantener el humor en alto. Pero debía reconocer que resultaba gratificante ver como la urgencia y el peligro podían mantenerse al margen de la conversación, aquello facilitaba mucho las cosas haciendo que todo pareciese mucho más seguro y fiable de lo que en realidad era.
Destruyó la valla que rodeaba toda la casa, y salió por piernas de allí. Incluso podía sentir gritos en la lejanía, pero ya no eran gritos de órdenes desesperadas, sino de rabia. Imaginó que habían descubierto el pastel, o quizás ya se habían imaginado algo de aquello, pero tampoco esperaban nada tan repentino. Solo deseaba que le diera tiempo a escapar, aún no podía desaparecer de aquél lugar, la barrera se lo impedía.
Tropezó con un par de piedras y casi se da de bruces al suelo, pero, sin saber exactamente como, consiguió mantener medianamente el equilibro y, así, continuar con su carrera. Sin embargo, no pudo evitar un golpe en su espalda que le hizo caer junto al inconsciente Snape. De haber sucedido eso tiempo antes, Harry habría abandonado la esperanza de escapar puesto que sabía que no lo lograría, pero había cambiado. Creó un escudo a su espalda, y siguió con su escapada volviendo a cargar con ambos. Sonrió amargamente cuando escuchó el ruido de algo golpeando contra la superficie de la barrera sonando igual que un gong. Estaba en lo cierto, le habían descubierto. Bueno, al final la cosa se había complicado... un poco.
Desde un inicio supo que nada resultaría fácil, y menos aún entrando dentro la mansión de Voldemort. Sería un estúpido iluso si hubiera pensado lo contrario.
El ruido de los golpes contra el escudo eran cada vez más continuos, y sabía que era cuestión de segundos que el hechizo se desvaneciera. Así que, previendo lo que sucedería, decidió buscar una escapatoria puesto que luchar en aquellas condiciones y en clara inferioridad tanto numérica como de nivel, sería una locura. Y por más Harry Potter que fuera, no sobreviviría a la lucha.
Aplicó el hechizo camaleónico en cada uno de ellos sin dejar de correr, y enseguida supo que la protección se había desvanecido. Sabiendo que aún no verlos seguirían lanzando hechizos y maldiciones a diestro y siniestro, optó desviarse de su recta dirección, al menos estaba convencido que la desaparición del objetivo les haría dudar durante unos valiosos instantes. Pero él también había disminuido su marcha. El agotamiento empezaba a manifestarse, y justamente cuando menos lo necesitaba.
Al fin, después de suplicar a los dioses algo de ayuda, aunque era algo más bien mecánico que no consciente, consiguió llegar a los límites de la magia del temible mago. No tuvo otro remedio que hacer un último sprint a sabiendas que aquello requeriría más magia para soportarle en pie teniendo el posible efecto de debilitar sus camuflajes. Pero no veía otra opción.
Consiguió esquivar un hechizo dirigido a su dirección, y se lanzó literalmente al suelo llevándose también a los demás. Por primera y última vez, miró tras suyo, y quedó realmente fascinado al ver miles de rayos de todos colores surcando el aire sin ningún objetivo en concreto, como si esperasen encontrar al intruso dejándole poco espacio entre unos y otros. No podía creer que hubieran tantos magos, todos ellos con sus ropajes negros. ¡Debían haber al menos una cincuentena! Y seguramente habrían cientos más esperando las órdenes de su señor... ¿cómo podrían ganar ésta guerra?
Unos agonizantes instantes impidieron que pudiese pensar con claridad observando, aterrorizado, el juego de colores y luces que iluminaban los terrenos. Si llega a girarse antes, seguramente habría desistido mucho antes entregándose a la desesperación de la derrota. Pero éste no había sido el caso. Necesitaba moverse, reaccionar... ¡y rápido! El hechizo empezaba a desvanecerse...
Agarró las cuerdas que mantenían sujeto al inconsciente Malfoy, y puso la otra mano con la que ya sujetaba la varita encima el hombro del profesor. Cerró los ojos para intentar evitar pensar en aquello que le rodeaba y mentalizar el lugar donde aparecerse. No sería fácil, pero tampoco tenía opción. Además, ya había hecho una aparición junto a alguien más... no con dos, pero... en todo caso, no lo sabría hasta que no lo intentara.
Dejando que las coordenadas tomaran forma en su mente, volvió a abrir los ojos para ver como unas grandes y amenazantes llamas rojas empezaban a rodearlos ampliando su diámetro para mantenerlos a los tres. Y aunque aquella acción no pasó desapercibida por los atacantes, antes que pudiesen siquiera reaccionar, ellos ya habían desaparecido.