No tengo mucho tiempo para empezar con mis charlas iniciales puesto que dudo incluso poder subirlo ésta noche, pero como he tardado tanto, no quería haceros esperar más, así que vamos primero a por los reviews.

al reconozco que tus ideas me tientan… pero no me irían muy bien para el desarrollo de ésta parte del fic. Así que me temo defraudarte… no te enfades mucho conmigo… Dime qué te parece el capítulo de hoy, y no dudes en seguir dándome ideas! Gracias!!

LILY-EVANS: yo también adoro éstas magníficas, fantásticas, increíbles, extraordinarias, poderosas y alucinantes criaturas, querría ver alguna en la realidad!!! Me conformaría en ser su mascota, incluso su merienda… (bueno… ehem! Mejor no) Espero volver a verte por aquí, bye!

TheHard: en éste capítulo empezaréis a ver porqué va con él, aunque ya os digo ahora que no era ése el propósito de Harry, pero bastante se asemeja… Y, bueno, te aseguro que tres meses entrenando duro (duro quiere decir duro) cada día… ¿quién no termina siendo bueno en algo? :) Nos vemos!!

Sacralo: deseo no defraudaros mucho… os admitiré que éste capítulo me ha costado muchísimo terminarlo. Quizás sea porque lo he ido haciendo por las tardes, al regresar de la universidad y, tras más de hora y media continua con el tren, uno termina algo cansado. Así que no sé que os parecerá la parte final, seguramente algo floja… perdonad! Pero intentaré hacer una continuación de más acción. Bye!

Sarhaliene: jejejejjee, pues cuando termines de leer, imagina lo que puede suceder y me lo cuentas. Verás que aunque parezca que todo está bajo control, el poder de la situación puede cambiar con mucha facilidad… (¿te dejo con la intriga?) Hasta pronto!

Marc: jajaja, ness!! Vaja, ja en sou dos els catalans k us passeu per aquí! Sento tardar en actualitzar, però la uni em treu força temps, no disposo de tot el dia, pel que només puc dedicar-hi un parell d'hores (i no tinc la seguretat k siguin tots), Així k la cosa està clara… Però provo de fer tot el k puc! (per si serveix d'alguna cosa) I no t'amoïnis pels clans, hi han altres coses k l'hauràn de preocupar més… Fins aviat!!

FFmania: pero qué manía tenéis a Malfoy!! Y, vale…, no insistas más sobre Harry, ya veremos como sale todo, va bien? Espero que quedes satisfecha con el capítulo, si bien no, el inicio. ¿Por qué será que los finales acostumbran a defraudarme tanto? Aunque, admitiré que no es que me defraude, sino que lo encuentro falto… de acción. Pero bueno, espero que mejore el prox capítulo (seguro que sí!) Besos!!

Nelly Esp: bueno, lo de las reacciones de los clanes lo verás en éste capítulo, pero sobre Malfoy… esto será durante el fic. Aún no tengo muy claro cómo tratarlo aunque había iniciado el fic sabiendo exactamente cómo sería, pero como muchos me están diciendo como estaría mejor… Pues la verdad es que ya no lo tengo 100 seguro, pero no creo que cambie de opinión… Ya verás cuál es! Hasta pronto!

LeoHagrid: jejejje, Hermione, Hogwarts, las piernas y la vista, déjalo para mucho más adelante (al menos, las dos últimas). Que conste, que esto NO significa que te esté diciendo que camine, tenga vista perfecta (sin gafas), vuelva definitivamente a pasar el curso en Hogwarts o diga algo de Hermione… (advierto pq hay quienes toman mis palabras por juramentos (¿eh, Miri?)) Nos vemos, bye!

Lladruc: nop, no he vist "Van Helsing", pro per com ho dius, deu ser sobre vampirs i demés, no? És una obra literària o una pel·lícula? (no vull semblar inculta, pro és k akest gènere no el segueixo molt) Aix, m'encanta el teu nick! (ho havia de dir….) Apa, et deixo amb la continuació (no és gran cosa, però si no no tindríeu el capítol fin d'aquí una colla de dies més). Deww!!!

lolo para empezar, (no voy a decirte aún pq lo llevó con él, pero una pequeña pista tendrás al final del capítulo), yo soy de las personas que consideran que nadie es "malo" porqué sí. Creo que todo el mundo tiene un motivo por comportarse como lo hace, y para escoger lo que escoge. Esto lo digo por tu referente a Draco. Aún no diré qué voy a hacer con él (aún cuando termine decidiéndome), pero ya advierto que nunca considero las cosas cerradas de antemano. Y, bueno, sobre Snape… hay muchísimo que contar, tanto de él, como de los Potter, Marla y Harry mismo (y, como no, Shelyak). Debo decir pq hacen lo que hacen, qué les impulsa, su pasado… ¡ARGGG! Tengo tanto, que creo que me moriré aún teniéndolo definido de antemano! :( En fin, que terminaré por volverme algo loca, pero tampoco se va a notar mucho la diferencia XD Bye!!

Ale, ya está, todos respondidos.
Como ya he dicho en los reviews, el pq harry lleva a Draco va a quedar en alto al fin del capítulo. Os dejaré que intentéis averiguarlo (no es difícil), y luego me comentáis la causa que creéis, así veré quien iba más encaminado (no voy a hacer trampa). Pero nada de atarlo con una cuerda y lanzarlo a los tiburones para ver cuál de ellos se lo come antes! Sed algo más…. ¿originales?
En el próximo capítulo, Harry volverá a la acción (¿?) No os perdáis…. "Capítulo 11"
XD (se me fue la olla)

-Ithae-


Capítulo 10 – Forjar una alianza

Eliminando el miedo en su mirada, Harry caminó con paso firme y la cabeza alta a través de las puertas, aún cuando todo en su interior estaba agitado por los crecientes nervios. Incluso se sorprendía de sí mismo, ¿cómo podía mantener el semblante sereno y confiado cuando todo le decía que se estaba metiendo en la boca del lobo? Desde luego, aquél no era el mismo Harry que había dejado la escuela meses antes…

Llegaron a lo que parecía una tarima de piedra, y subieron en ella. Tras mantener fija la mirada temiendo desmoronarse si la apartaba de su objetivo, se dispuso a observar a su alrededor.

Parecía que estaban en una sala muy similar a la que fue para su juicio en el Ministerio de Magia. Alrededor de la pequeña tarima donde había dos sillas de madera acochadas, habían varias gradas hechas de la misma roca de la caverna y pulidas hasta relucir. Pero, en vez de tener una pared detrás, había uno de aquellos fascinantes y brillantes lagos que ocupaban cualquier escapada posible haciendo que nada más que la puerta por donde habían llegado fuera una opción viable.

La sensación de inferioridad, le hizo sentir incómodo y, por primera vez en todo el viaje, temió no poder encontrar la correcta salida.

- Sentaos, por favor.- dijo una voz desde una de las primeras gradas.

Haciendo caso a su petición, le hizo una breve indicación a su compañero de necesidad para que le imitara.

Una vez estuvo acomodado, pudo mirar hacia donde habían sido pronunciadas las palabras. Una mujer vestida con una túnica completamente blanca, le miraba intensamente desde uno de los tres tronos que había en primera fila frente a ellos. A su lado, otras dos personas les observaban con menos simpatía.

Uno era un hombre con el pelo castaño y ojos negros, que vestía una larga túnica roja. El otro era un joven de largo pelo negro recogido en una cola, con los ojos de un verde océano y un aro de oro en su oreja derecha. Éste último vestía enteramente de negro, pero, a parte de su primera vista, Harry era incapaz de deducir nada más.

- Viajeros que habéis llegado a nuestro pueblo, habéis solicitado el Derecho a Encuentro y os lo hemos ofrecido tal y como dicta nuestra ley. Nosotros somos los Tres Padres, jefes de los clanes del Lobo.- dijo la mujer que Harry conocía con el nombre de Kiera.- Ahora que estáis frente a nosotros tal y como pedisteis, se os concede vuestro derecho al habla. Decidnos, pues, el motivo de vuestra inesperada visita.

- Yo soy Harry Potter, hijo de Londres, Inglaterra, y él Draco Malfoy. Hemos venido aquí para proponeros una alianza en la guerra que se avecina y acecha al mundo mágico.

- ¿Una alianza?- dijo el hombre castaño.

- Así es.- el joven del pelo negro se cruzó de brazos tomando una posición claramente contraria mientras le miraba con dureza. Y, aún cuando aquello hizo que su corazón amenazase en escapar por la boca, apartó su atención del primer indicio de derrota centrándose en la mujer que seguía mirándole con intensidad, con un rostro difícil de describir por su neutralidad.- Seguramente ya sabréis de la existencia de un Señor Oscuro que va buscando fuerzas que le ayuden en su lucha por todos sitios. Su poder es muy grande, encabezando las fuerzas de las Tinieblas que buscan la destrucción de la Luz y su seguida dominación.

- Sí, algunos rumores hemos escuchado de tales sucesos.- murmuró con voz ronca el hombre que vestía con la túnica roja.

- Para conseguir ganar ésta guerra y preservar lo que ahora nos envuelta, también la Luz debe agruparse y hacer frente. Por ello, os ofrezco una alianza con nuestras fuerzas…

- Deteneos.- exigió.- Entiendo vuestra situación, pero no así la nuestra. ¿Por qué íbamos a arriesgar las vidas de nuestro clan en ésta lucha que no hemos iniciado? ¿Por qué involucrarnos en una batalla que nos cae de tan lejos?

- Señor, nadie estará a salvo de las Tinieblas si éstas ganan. Aunque no lo deseéis, vuestra raza también sufrirá de la batalla pues, aún no quererlo, ya habéis sido incluidos.

- No lo creo.- habló el joven de negro por primera vez.- Soy Jorad, padre del clan de la Luna Negra.- dijo enderezándose.- Sé de ésta guerra, he escuchado de ella pues es mi clan el que más viaja por tierras lejanas. He oído hablar de ése tal Lord, gobernante de oscuras criaturas que acechan en las sombras, crueles depredadores sin corazón que destripan a cualquiera que se interponga en su camino. Pero, a pesar de toda su maldad, no somos nosotros los que estamos amenazados por tal tirano, sino los humanos… los magos…- añadió con una sonrisa malévola.- Él es un hombre, un humano, con los mismos poderes que los hechiceros… los mimos poderes que vosotros.

- Si habéis oído hablar de él, entonces también sabréis sus objetivos, ¿no es así?- encarándose a su rival, Harry apartó la sensación que le provocaba la mirada de Jorad. Una mirada salvaje, amenazante, llena de algo más que simple desprecio.

- Destruir a cualquier poder capaz de hacerle frente.- dijo volviendo a acomodarse en el trono.- Y, como es de suponer, no seremos nosotros quienes vayamos a detenerle. ¿Luchar por los humanos?

- ¿Y sabéis cuáles son sus aliados, señor?- insistió ignorando lo último dicho.

- Creo haberlo mencionado, señor… Potter.- musitó con enojo.- Criaturas de las sombras…

- Decidnos cuáles.- cortó el hombre.

- Deméntores, tols, gigantes…

- Esto es una pérdida de tiempo…- susurró Jorad.

- …vampiros.

La reacción que siguió a la última raza nombrada, fue realmente inesperada para Malfoy, aunque no así para Harry, quien ya imaginaba algo semejante. Durante los minutos que habían estado hablando, el chico observó que los tres personajes actuaban de formas muy distintas. La mujer analizaba cada una de las palabras con el rostro sereno e inexpresivo, el hombre fruncía el entrecejo claramente interesado en lo que escuchaba y, el joven, sonreía por lo bajo en una actitud desafiante y arrogante. Incluso temió por éste último, pues estaba claro que no escuchaba nada de lo que Potter intentaba decir y, aún negar su preocupación por lo que sucediera con el estúpido Gryffindor, no podía evitar tensarse temiendo el fallo de su operación. Pues estaba claro que su mayor rival era aquél asqueroso licántropo vestido con la túnica negra.

Pero ahora… La mujer abrió los ojos con sorpresa y, a la vez, preocupación. El hombre del medio se había levantado con rapidez, mientras que el joven no pudo evitar abrir la boca estupefacto.

- ¡¿Vampiros?!- exclamó el hombre.

- ¡Esto es imposible!-dijo también levantándose de su asiento.- ¡Los vampiros no pueden haberse aliado con ése humano! ¡No, cuándo los menosprecian! ¡Es mentira!

- Es verdad.- declaró Harry con serenidad.- Los vampiros se han aliado con Lord Voldemort para unirse a sus filas junto con las demás criaturas oscuras y así crear una fuerza resistente e inmortal.

- ¡No, mientes!

- ¡Basta!- intervino Kiera.- ¿Qué pruebas tienes de ello?

- Un portavoz de los "repudiados" ha sido enviado a Londres para participar y colaborar en los planes de ataque.

- Entonces, no han sido todos los clanes los que han ido en su ayuda.

- En realidad, los Antiguos se han mantenido al margen del conflicto.- dijo el chico.

- Quedan ya pocos.- añadió volviendo a tomar asiento.- Sus descendientes puros casi han desaparecido, su situación es aún peor que la nuestra. Sería francamente estúpido lanzarse en una cruenta batalla en tales condiciones.- suspiró con cansancio. De repente, pareció que se acordó de algo, pues no pudo evitar sonreír con sinceridad.- Aún no me he presentado. Soy Mirug, padre del clan de la Luna Roja.

- ¿Cuántos repudiados son, lo sabes?- preguntó Kiera.

- Lo ignoro.- confesó con algo de tristeza al comprobar la poca información que tenía sobre los enemigos a los que se enfrentaba.

- En tal caso, deberemos comprobarlo.

- ¿Pero cómo? Nosotros los detectamos en la lejanía, al igual que ellos a nosotros. Nos verán venir a distancia…

- Eso no va a suponer un problema.- dijo con una sonrisa el chico.- Nosotros somos humanos, no van a detectarnos con tanta facilidad. Podemos infiltrarnos en sus filas… incluso podríamos llevar a uno de los vuestros camuflándolo con nuestra magia. Puesto que es distinta, no podrán identificaros. Y tampoco estamos hablando de los Antiguos, sino de repudiados…

- No menosprecies a los vampiros, humano.- dijo Jorad con rabia.- No son tan estúpidos, incluso siendo la clase baja de la raza.

- Pero se puede intentar, Jorad. Además, si resulta cierto, y pocas dudas tengo de ello, nuestra situación va a ser distinta.

- Aún así, no comprendo porqué implicarnos. Esto solo va a llevarnos a muertes innecesarias por aquellos que nos cazan y asesinan. ¿Acaso les debemos algo? Ya nos demostraron ser unos tiranos…

- Si ganan la batalla, vuestro mundo desaparecerá. Los vampiros han conseguido un pacto, y Voldemort luchará después por ellos exterminando vuestra raza para darles el poder absoluto de Transilvania. ¿Pensabas que os iban a dejar tranquilos?- espetó con furia.- Él no sabe lo que significa compasión, y tampoco comprende la neutralidad. O estás con él, o contra él. ¿Qué piensas hacer? ¿Aliarte con los vampiros?

- ¡Nunca!

- Pues me temo decirte que tu posición es clara.

- ¡Tú cállate, humano! ¡No eres nadie para decirme qué debo hacer!

- Jorad.- dijo con una mirada de advertencia Mirug.

- El concilio se reunirá para comentar el caso que nos habéis expuesto. Aunque me temo que no va a ser hasta mañana que obtendréis una respuesta a vuestra propuesta. Por ello, se os darán unos aposentos dónde podáis pasar el resto de la noche.- se anticipó la mujer con el poste autoritario que le caracterizaba.

Los tres se pusieron en pie, y ellos les imitaron haciéndose una mutua reverencia en señal de respeto.

Mirug y Jorad salieron por donde habían llegado, un pasadizo escondido entre las sombras, dejándola sola con los dos. La mujer le sonrió con aquella amabilidad que ya antes de entrar en la caverna le había mostrado, y se acercó seguida por otra mujer algo más joven.

- Ella es Zil. Os guiará hasta vuestra habitación. Me temo que no voy a poder ofreceros más de una…- dijo en modo de disculpa.- Mañana se os avisará para daros el resultado, supongo que tras el desayuno estaremos todos mucho más abiertos a las discordancias. Que paséis una buena noche.

- Gracias, igualmente.

Le volvió a sonreír, y se fue por dónde los demás habían salido.

- Por aquí, por favor.- dijo la chica.

Les indicó la gran puerta metálica abierta para ellos, y volvieron a salir andando por donde habían pasado ratos antes, algo más relajados tras la tensión.

La muchacha no debía tener más de dieciséis años, seguramente algo menos. Tenía el pelo rojo como el fuego, con unos ojos grises rodeados por unas largas pestañas negras y arrizadas que los hacían esconder en unas sensuales y misteriosas sombras. Vestía un largo jersey de un lila oscuro que le llegaba hasta medio muslo, y unos pantalones grises realmente desgastados. No era muy alta, cuatro dedos menos que Harry, pero tenía un atractivo que no pudo pasar por alto, pues era bellísima.

Volvieron de regreso a la entrada de la casa, y les hizo subir las escaleras de madera hasta el segundo piso donde rompieron por el pasadizo de la derecha parándose delante la primera puerta de las dos únicas que había.

- Ésta es.- anunció abriéndoles el paso.- Mañana les llevarán algo para comer. Pero deberán permanecer aquí hasta que se les dé el permiso para regresar con el concilio. Si necesitan cualquier cosa, solo deben alertar a uno de los hombres que estarán aquí.- les hizo una inclinación cordial, y añadió:- Que tengan unas buenas noches.

- Gracias.

Cerró la puerta, y observó a su alrededor.

Era una sencilla y humilde habitación con dos camas individuales, un gran armario frente a ellas, una ventana que daba vista al pueblo, y otra puerta que comunicaba con un pequeño lavabo. Un par de lámparas de óleo eran toda la iluminación de la estancia, situadas encima las mesitas de noche al lado de las camas.

Bostezó cansado tras todo el ajetreo, y se lanzó encima la mullida cama agradeciendo que fuera tan cómoda. Se sentía tan agotado, que le parecía ser capaz de quedarse dormido en la misma posición.

Pero no así pensaba Malfoy.

Bufó indignado, y se cruzó de brazos en la entrada, sin dar ningún paso enfrente.

- ¿Qué se supone que es esto?- dijo de mal humor.

- Una habitación.

- ¿Pretenden que durmamos aquí? ¿Juntos? ¿En ésta… cosa?- indicó a la cama.

- ¿Preferirías dormir en el duro y frío suelo de una celda? Agradece que nos hayan dejado esto. Y, además, no sé de qué te quejas. Es muy cómoda…- bostezó.- Anda, muévete y duerme.

- Prefiero pasarme la noche de pie.

- Como quieras.

Se quitó los zapatos con los pies, y dejó las gafas encima la mesita para apagar las luces en un último acto de magia. Aseguró que dejaba una simple alarma a su alrededor capaz de avisarle si alguien se acercaba demasiado, y permitió que, al fin, el sueño y el descanso relajaran sus atrofiados nervios.

. . . . . . . . .

. . . . . . . . .

. . . . . . . . .

El ruido de unos molestos pájaros le despertó.

Aún sin abrir sus párpados por el resistente sueño, estiró todos sus músculos con un exagerado bostezo, y los volvió a relajar con un gruñido. ¡Aquellos animalejos eran realmente pesados! ¿Tanto les costaba dejar dormir a los demás? No tenía ninguna culpa que los malditos bichos alados se despertasen antes de la salida del sol, ¡qué le dejaran en paz!

Con lo bien que se estaba echado en la mullida cama sin hacer nada más que descansar, sin ninguna preocupación, desconociendo lo que le esperaba aquél laborioso día… ¿por qué siempre se empeñaban en despertarlo cuando mejor estaba? ¿Acaso no sabían lo que significaba un momento de tranquilidad? ¡Arg! Pero aquellos pájaros seguían y seguían, hablando y cuchicheando sin cesar, importunando su reposo en uno de los momentos más delicados del día: el despertar.

- Maldita sea…- dijo remugando.- Está bien… ¡está bien! Ya estoy despierto… ¿veis? ¡Callaos ya!- lanzó la almohada contra la ventana, asustándoles por el repentino golpe.

Sin embargo, aquello también causó que alguien más se despertara.

- ¡¿Qué…?!- exclamó levantándose de golpe con los ojos abiertos de par en par. Miró a su alrededor recordando dónde estaba encontrando, como respuesta, a un descabellado chico que empezaba a ponerse de pie rascándose, ausente, la cabeza.- ¡¿Se puede saber qué coño haces?!

- Buenos días a ti también, Malfoy.- entró dentro el lavabo y, con una sonrisa divertida, añadió:- Y bonito peinado…

Cerró la puerta con una sana risita matutina, y escuchó un golpe que supuso había sido la almohada del rubio picando contra la madera.

Sin dignarse tan siquiera en mirarse en el espejo pues dudaba ser capaz de ver algo con todo el sueño aún llevar consigo las gafas, abrió el grifo y juntó las manos creando un cuenco. Se echó el agua por la cara remojándose las puntas de los mechones que le caían por la cara, y ni se preguntó como podían tener agua corriente en aquél pequeño pueblo perdido en medio de la montaña y repleto de uno de los seres más violentos del mundo mágico con semejanza humana. Por aquél momento, lo único que merecía de su atención, era el transparente líquido que se juntaba entre sus manos y que tanto le ayudaba a espabilarse.

Tras tres veces de repetir el mismo proceso, tomó un cuenco que había bajo el mueble, y dejó que se rellenase de agua. Se quitó la camiseta de manga larga negra algo más grande que él, y la varita que aún llevaba en la espalda y le había dejado una dolorosa marca tras toda la noche sobre ella. Y otra vez igual… Ojoloco me habría pegado unos cuantos gritos por esto. se dijo recriminándose por su mala costumbre. Nunca se acordaba de quitársela de encima cuando se dormía, ¿sería por qué siempre terminaba exhausto, demasiado cansado para pensar en lo que hacía? Se desabrochó el cinturón dejando la bolsa con los higos y el tazón de barro encima el lavabo, e hizo lo mismo con los vaqueros grises quedando como única prenda los calzoncillos. Debía reconocer que tenía un cuerpo mucho más musculoso y formado que poco antes de empezar con sus "vacaciones". Y estaba gratamente orgulloso de ello, aunque tuvo que recordarse de que no había resultado fácil… Nada fácil. se dijo con una sonrisa amarga.

Tomó el cuenco después de cerrar el agua y, sin vacilar ni un segundo, se lo echó por encima quedando completamente empapado. Alguien habría pensado que se había vuelto loco, pero había descubierto que aquella era, sin lugar a dudas, la mejor forma de despertarse de una buena vez. El problema estaba, que había dejado todo el suelo mojado. Pero tampoco prestó atención por ésta pequeñez, la magia ya lo arreglaría.

Movió la cabeza expulsando el agua del pelo al igual que un perro, y se pasó ambas manos por la cara. Tomó una de las dos toallas que había, se secó la cara, y después el cabello quedando con un peinado similar al de un león.

Cogiendo la varita tras dejar una toalla chorreante, limpió la ropa con el hechizo que ya conocía y tanto uso había tenido durante sus vuelos con Shelyak, y volvió a vestirse no sin antes secar el suelo y las paredes. Quizás aquél pudiera ser la mejor forma de volver a abrir los ojos con rapidez, pero cabía decir que no era muy práctico en cuanto a limpieza… cualquiera habría dicho que entró un huracán.

Comprobó que todo estaba en orden, y salió del servicio aún con el pelo mojado pero ya más peinado y domado. Y, sonriendo en vistas de un nuevo día que prometía ser arriesgado y estresante, caminó decidido hacia la ventana.

- No hace falta que intentes abrirla, está cerrada.- dijo mientras se levantaba para ir a asearse.

- Lo sé.

Giró el pomo de hierro, y permitió que el aire fresco de la mañana entrara en la habitación sustituyendo el ya cargado. El portazo que dio Malfoy le indicó que había vuelto a enojarse, aunque no le sorprendió pues ya esperaba tal acción.

Harry se había preocupado de cerrar tanto la puerta como la ventana para evitar que éste pudiese escapar durante la noche, aunque sabía que por la entrada le sería prácticamente imposible al estar custodiada tal y como le había advertido Zil. De la misma forma, dedicó un último momento para protegerse a sí mismo. "Mejor que sobre que falte" le había aconsejado el dragón.

Los golpes de alguien fuera la habitación hizo que girara la cabeza interesado. Se acercó a la puerta y la abrió dejando a la vista a la misma chica de anoche, Zil, quien les llevaba un par de platos con el desayuno.

- Buenos días, ¿habéis dormido bien?

- Ya lo creo. Excepto, quizás, por un par de pájaros algo molestos por la mañana.- dijo con una sonrisa alegre que fue correspondida.

- Cuando terminen, estaré esperándoles al final de la escalera para llevarlos junto al concilio.

- Muy bien.

Zil se alejó y cerró la puerta de nuevo.

Su estómago estaba hambriento, necesitado de comida puesto que lo poco que había comido habían sido unos cuantos higos antes de todo el recorrido de ayer noche. Así que, dejando una de las bandejas encima la mesita de noche, se sentó en la cama, y empezó a comer intentando no lanzarse a devorarlo de una forma un tanto salvaje.

Un chico rubio con el pelo también mojado, salió del lavabo mirando, interesado, la rapidez de Harry con el desayuno.

Se sentó en su cama, frente a frente de su acompañante, y tomó la comida preparada: cuatro tostadas untadas con mantequilla y mermelada, un vaso de leche caliente, y tres tablones de chocolate.

- Bueno, ¿qué tienes pensado hacer hoy?

- Lo verás a su debido tiempo.

- Ya que yo también estoy metido en esto, al menos debería saber cuáles son tus planes.- dijo intentando mantener su creciente enojo.

- Si confiara en ti te lo diría, pero éste no es el caso.

- ¿No dijiste de hacer una tregua?

- ¿La has respetado, acaso?

- ¡Por supuesto!- espetó indignado. ¿Quién se creía que era?- ¿Dónde está mi varita?

- En Hogwarts.

- ¡¿En Hogwarts?!- no se lo podía creer, ¡aquello le superaba!

- Sí, por lo que deberás regresar a la escuela para recuperarla.- terminó con la comida, y bebió la leche de un solo golpe.

- ¡Maldito seas! ¿Se puede saber por qué me has llevado contigo, entonces?

- Mejor termina el desayuno, no sé cuando podrás volver a comer.- dijo dejando el tema por zanjado.

Regresó junto a la ventana observando el paisaje exterior, no sin antes hacer un rápido vistazo al chico. Se sorprendió por el autocontrol cuando esperaba que empezara a exigir a gritos que le respetara y sacara de allí, incluso pensó que terminarían a golpes. Pero no fue así.

En la calle, la gente empezaba a andar hablando y riendo mientras el nuevo día empezaba a tomar forma. Algunos niños correteaban alegres y sin preocupaciones entre sus padres y hermanos provocando la diversión de algunos y las regañinas de otros. Nadie habría dicho que todos aquellos habitantes se convertían en unos peligrosos animales bajo la luz de la luna llena… parecía algo imposible. Pero también lo parecía la maldad que acechaba aquellas tierras y, sin embargo, aquella era la realidad.

Dio la espalda a todo cuanto sucedía en el exterior, y tomó la capa de encima una silla al lado de la puerta. No le hizo falta comprobar que Malfoy le seguía, sabía que lo haría pues él era su única salida… otra vez.

Zil les esperaba fuera con una cálida sonrisa que le infundía seguridad disipando sus temores, lo mismo que ocurría con Kiera. Como si el mero hecho de saber que aquella bonita chica era también un licántropo, no fuera más que un tema aparte o añadido, falto de cualquier interés.

- Ésta vez iremos arriba.- les dijo en modo explicativo.

Le hubiera gustado preguntar la razón por el cambio, pero imaginó que ella sabía aún menos que él.

Esperaba encontrar alguna diferencia capaz de hacerle entender el motivo por el que les habían llevado al tercer piso y no en dónde se reunía el Parlamento, pero nada hubo que le diera la menor explicación de aquello pues el nuevo piso se mostró exactamente igual que de donde habían salido. Las mismas puertas y ventanas, y el mismo color de pared y techo, cualquiera hubiera dicho que no habían hecho más que quedarse en el mismo lugar. Pero claro, eso no era más que su estructura, pues una larga alfombra con cenefas granates, negras y blancas, se extendía a lo largo y ancho del pasadizo.

- Os esperan tras la última puerta del pasadizo. Yo debo irme.

- Mucho gusto de haberte conocido, Zil.- dijo alargando la mano. Ella arqueó una ceja, pero después rió gustosamente.

- Igualmente.

Ambos encajaron de manos y sonrieron como si acabasen de entablar una buena conexión largo tiempo vetada. Malfoy hizo una educada reverencia que le fue correspondida, y la muchacha se fue volviendo a quedar solos en aquél extraño lugar que nunca soñaron pisar jamás.

Bueno… ¡vamos allá! se dijo con ánimos. Y, como si le hubiera leído el pensamiento, Draco rió por lo bajo sarcásticamente, burlándose de sí mismo por la gran locura en la que estaba metido.

¿Por qué todo debía repetirse? Los nervios vinieron a él como si estuvieran esperando la ocasión, haciéndole tensar los músculos y forzando su garganta para tragar el tan conocido nudo que le impedía tan siquiera respirar. Y, como no, volvía el escalofrío, la sensación de pequeñez y debilidad, como si fuera incapaz de hacer nada por su insignificancia, viéndose a sí mismo como una hormiga solitaria que intentaba abarcar a algo mucho más grande y fuerte que ella, ciega ante la verdad.

Pero ya antes lo había superado, ésta no sería la excepción.

Cerró fuertemente la mano en un puño, y expiró con lentitud, intentando darse el valor y serenidad necesarios para afrontar aquello que se presentaría.

Entraron en una sala grande y bien iluminada repleta de grandes ventanas que daban al exterior. Tenían un par de cortinas: unas blancas medio transparentes, y otras de un verde botella completamente opacas, atadas a cado lado. Había una preciosa chimenea en una de las paredes, tres butacas enfrente, una gran mesa de madera circular al medio de la habitación, y sillas acochadas alrededor. Varios papiros repletos de fórmulas y símbolos de los más extravagantes, montones de libros, y varios objetos, estaban repartidos por doquier llenando cualquier rincón que pudiese haber. Además, había un par de armarios ocupando la pared más grande y sin ninguna ventana, con unos magníficos gravados que dibujaban sinuosas y esbeltas cintas ondulantes. Toda la habitación tenía un aire cálido y cómodo, le daban ganas de coger alguno de ésos libros y ponerse a leer en una de aquellas mullidas butacas escuchando el crepitar del fuego con tranquilidad. Pero no era aquél el motivo de su visita.

En el lado opuesto al apagado fuego hibernal, había tres personas mirando, interesadas, algo encima una segunda y rectangular mesa.

Kiera levantó la vista, y les vio.

- Buenos días.- dijo atrayendo la atención de los otros dos.- Adelante, venid.

Uniéndose a ellos, los dos se acercaron con tranquilidad.

- ¿Queréis sentaros?- preguntó amablemente.

- No, gracias.

- Entonces, vayamos directos al grano.- dijo Mirug en sentido práctico.- Se ha hablado sobre la conversación que tuvimos ésta noche… y debo decir que hemos tenido bastantes discordancias con la información que nos diste. El problema está en que no tenemos ninguna prueba de la veracidad de tus palabras y, aunque desearíamos no creerte, la peligrosidad de la situación merece de toda nuestra atención.

- Hemos estado buscando varias opciones y estrategias, incluyendo la que tú nos diste.- continuó Kiera mostrándoles el contenido de la mesa: decenas de viejos mapas, escritos recientes, y varios libros, junto con algunos pergaminos en blanco y un par de plumas.- Teniendo en cuenta que los vampiros son nocturnos, se podría preparar una incursión diurna para hacer un reconocimiento y, quizás, alargarla hasta la noche para verificar sus acciones.

- ¿Dónde sería?

- A unas tres montañas de aquí.- dijo Jorad interviniendo.

- ¿Tenéis algún plan?

- Vosotros sois magos humanos, podéis ocultar nuestra presencia con vuestra magia. Pero…

- ¿Pero…?

- Detectarán vuestro olor.- secundó la mujer.- Nuestras magias son las mismas, por lo que podemos conocernos a distancia, sin embargo, cubiertas por otro tipo de poder nos puede distraer. Pero el olor de cada ser le delata. Así fue como supimos que estabais aquí.

- ¿Podemos camuflarnos?

- Podríais… pero no estoy muy convencido de que lo consiguierais.

- Mejor pensamos en éste problema después. ¿Quién vendría?

- Uno de los nuestros.- se fue hacia la puerta, y la abrió. Poco después, una chica vestida con una camiseta blanca, una armilla de negro y los pantalones también oscuros, se presentó mirándoles con desconfianza.- Irid conoce bien el terreno, ella os acompañará.

- Saldréis ésta misma tarde, poco después del mediodía. Nosotros podremos dejaros cerca de las cuevas donde se refugian, pero más allá les protegen sus escudos.

Mirug volvió a centrarse en los mapas, señalándoles su camino.

- El río tiene más de un metro y medio de profundidad en la parte menos profunda, sus aguas son heladas y sus corrientes pueden hundir a un árbol entero.- dijo Irid indicando una fina línea que cortaba el paso de forma natural.- Después está el escudo en sí mismo que no permite la entrada sin ser detectados. Además, deberemos ir con cuidado con las plantas que han crecido en ése lugar oscuro donde el sol no ilumina.

- Si superáis esto, llegaréis a la base de la roca.- Harry casi se hecha a reír a carcajadas al oírle.- Desde allí, habrá que escalar la empinada pared hasta una de las entradas. Tendréis solo una hora de luz directa solar que os protegerá. Aún cuando la mordedura de un vampiro no afecte a un hombre lobo, sí lo hace sobre los humanos.

- Cuando anochezca deberéis esconderos, recordad que tras la puesta del sol aún no poseen el máximo de sus capacidades. Pero no podréis estar demasiado tiempo… y el regreso va a ser aún más peligroso. Las criaturas nocturnas han crecido en ésa zona.

- Pero aún está el problema de cómo vais a camuflaros…- dijo Mirug pensativo.

- ¿Tu amigo no habla?- preguntó con desprecio Irid.

- No, él…- se giró bruscamente hacia Malfoy haciéndole retroceder. ¡¿Cómo no he caído antes?! se dijo con rabia.- ¡Claro!- los demás se voltearon con miradas interrogantes.

- ¿Por qué me miras así?- dijo con desconfianza.- ¿Qué ocurre?

- ¡Tú! ¡Tú nos darás el pase!

- ¿El pase? ¿De qué hablas?

- ¿Qué estás diciendo?- preguntó Jorad con curiosidad.

- Ya tenemos el problema resuelto.