¡¡¡AL FIN!!!
Sé que esto es lo que vosotros diréis cuando me veáis de nuevo por aqui y estáis en vuestro derecho. Pero realmente me ha sido difícil, por no decir casi imposible, poder subir el capítulo. ¿Ya creíais que lo habia dejado? No, no aún. No me gusta dejar las cosas a medias (aunque tengo el otro fic sin continuar... :P)
Bueno, no voy a contaros excusas, pero sí la verdad ¡¡¡¡PERDÓN!!!! Me he pasado... TT Pero es que... primero estuve como tres semanas sin ver el rastro de mi musa, ¡me había abandonado al completo! Ya podía ponerme frente el documento, que no había forma posible de escribir aquello que quería aún cuando lo tengo todo planeado de antemano. Resultó ser realmente frustrante no poder escribir... ¡y me agobié por ello! Sin embargo, cuando tuve que ponerme a escribir un ensayo para una asignatura, aunque me costó horas y horas poder decir un par de palabras con gracia, fue cuando, después de golpearme con la pared, pude volver a escribir algo decente. ¡Y el resultado no fue por menos! Pero, claro, siguiendo la suerte que tanto me caracteriza, entonces me vi agobiada por trabajos y problemas en el ámbito personal. Así que... no pude escribir nada.
TOTAL! Que os doy permiso para enviarme tantos gritos, howlers o lo que queráis, como os plazca. En fin, vayamos ya a por los reviews que cuanto menos tarde, más pronto podré colgarlo. )
remus-lupin-black-darkq: perdón por el retraso, pero no he podido colgarla antes. ¿Cuánto tiempo hace ya, un mes y medio? :S
Sacralo: ayuda saber que os gustan los capis, porque, a decir verdad, los mismos escritores tendemos a menospreciar nuestro trabajo. Gracias!
Gran Patronus: pues no sé qué decirte... diría que no me habías dicho nada hasta ahora, pero igualmente me complace saber que te gusta! Muchísimas gracias!!!
Nelly Esp: jajajajjajjaja!! Pues la verdad es que tu teoría no se ha ido mucho de mi versión, cuando leas ya verás en qué has acertado! Y sobre los demás... bueno, supongo que el título del capi debe decirte algo, ¿no? Hasta pronto!!!
Blackcat: gracias por tus ánimos, la verdad es que me has ayudado mucho... aunque... ¿aún estás viva? JAJAJJAJAJJA, es que no lo he podido evitar después de leer que si esperabas más de un mes te me morías. Perdóname, pero ya sabes como he andado estos días... Besos, amiga!
Marc: vaig a la URL, i tu? Sé que no vaig avançar molt, però tampoc era allò el que volia aconseguir, sinó entrar en el terreny. Tu tb ets universitari? Fins aviat!
al: me temo que para ver de nuevo a Tom vas a tener que esperar un poco más, aunque voy a reconfortarte diciéndote que su encuentro a ser muy "especial". Bye!
Lladruc: aix, no sabeu quant ho sento haver tardat tant... de debò k em sap greu, però és que no hi ha hagut manera! En fi, espero que aquest també t'agradi, tot i que reconec que no és dels millors. Merci, noi!
Nigriv Guilmain: uff, deberás perdonarme, pero ahora mismo me es imposible responderte a todas tus dudas o no voy a poder subir el capi puesto que aún tengo trabajo por hacer para mañana.. Aún así, te doy las gracias de todo corazón por pasarte por aquí y darme ánimos aún cuando tú también vas ajetreada. Me ha dado muchísima ilusión ver tus reconfortantes reviews, los adoro por su espontaneidad y sinceridad, incluso no he podido evitar reírme. Espero no tardar tanto para continuar, besos!!!
El capítulo que os he colgado no me parece gran cosa (sí, lo sé, siempre digo lo mismo), pero ya empezaba a hartarme de no avanzar y seguir trabada. La verdad es que ya puedo alegrarme por haber terminado con una de las cinco partes del fic, ¡llevo 120 páginas escritas hasta ahora! Y pensar que en el anterior fic escribí solo 124 pág. Me parece que éste fic va a ser mucho más largo incluso que los libros de JKR!!! (Ojala que no...)
Así pues, terminando ya ésta etapa tan difícil, os dejo con el onceavo capítulo... ¡GRACIAS POR LEER!
-Ithae-
PD: ¿Por qué me ha eliminado las tildes y signos de puntuación? ¡Maldición! Deberéis perdonarme de nuevo, pero lleva demasiado trabajo corregirlo todo, así que no voy a poder arreglarlo... Sumimasen!
Capítulo 11 - Bajo la sombra de Hogwarts
"Mierda, no sabía que picara tanto!" pensó mientras grataba su antebrazo izquierdo con ferocidad.
- ¿Es esto normal?- preguntó la chica.
- ¿El qué?- dijo distraídamente.
- Que pique de ésta forma.
- Sí.
- Genial.- extrajo una cantimplora de su cinturón, y bebió un par de tragos antes de taparla con un par de gruñidos malhumorados.
- ¿Se puede saber por qué nos hemos vestido así?- dijo el otro chico en distinta lengua.
- Para parecer mortífagos, ¿no es obvio?
- ¿Mortífagos? ¿Con vuestra pinta? Esto sí da gracia…
- ¿Te has visto?- murmuró con rabia.
- Eres el gran Harry Potter, el chico de Dumbledore, ¿crees que pasarás por un mortífago cualquiera? Además, ni siquiera sabes lo que es.
- ¿El qué, ser mortífago? No es tan difícil… Camina, piensa y ríe como un trol, lo demás es igual que un estúpido. ¿Te lo demuestro?
- Serás imbécil…
- Cuidado con éstas raíces, si las tocáis os cortarán las piernas de un sólo latigazo.- alertó la mujer señalando unas inofensivas cuerdas de un marrón madera capaces de pasar inadvertidas por cualquiera.
- ¿Qué ha dicho?
- Que si tocas esto te quedarás sin piernas.- dijo a regañadientes. "Ojala le cortaran la cabeza, seguro que quedaría mucho mejor. Quizá así logre pensar más…" pensó riendo con malicia.
Los tres caminaban con cuidado, atentos a todo aquello que les rodeaba evaluando cada rincón a sabiendas que seres insospechados rondaban por aquellos inhóspitos parajes.
Saltó por encima la planta mortal, y empujó las preocupaciones más inmediatas para revisar cómo había logrado llegar hasta allí.
La verdad es que no había resultado nada fácil. Tras la conversación con los tres padres, Harry y Draco habían regresado a su habitación para prepararse para la misión. Debían vestirse adecuadamente, con las ropas y túnicas negras, las altas botas de piel, y el maquillaje adecuado, claro que éste solo sería para el chico, pues debía preparar el hechizo que le permitiría copiarse el elemento principal para completar el camuflaje: la marca oscura. Y conseguirlo fue todo un reto.
Malfoy, como todo buen mortífago consagrado a sus ideales, no accedió con docilidad ante el plan del mago y, a pesar de estar completamente indefenso ante él, no pudo sino luchar inútilmente en algo escrito de antemano. Utilizó puños y dientes para impedirlo pues, aún no decirle en qué consistía, el muchacho era mucho más listo de lo que daba a ver. No tuvo otro remedio que recurrir a su potente magia para retenerlo a la fuerza.
Después de ser escupido y maldecido hasta la muerte, Harry obtuvo lo que buscaba. Claro que la faena no terminaba allí. Necesitó aplicar un par de hechizos encima la maldita marca, además de algunas gotas de la sangre del joven mortífago para lograr crear otra igual encima su piel. Aunque el escozor que le provocaba aquella pintura mágica resultaba realmente molesto e irritante. Nada le habría gustado más que deshacerse de aquella perversidad que tanto le repulsaba, pero se abstuvo de hacerlo ya que dudaba poder volver a iniciar con todo el proceso. Cuanto antes terminaran, mejor.
Tranquilizó al furioso chico con un poco de sueño relajante, y prosiguió a efectuar su prodigiosa magia en Irid, quien tampoco parecía muy dispuesta a dejarse manipular por un humano.
El resultado de todo aquello fue un perfecto y costoso disfraz, capaz de engañar hasta el más audaz. Excepto Voldemort en persona, nunca nadie podría descubrirlos.
Terminaron de arreglarse, y fueron directos hacia donde habían sido llevado en su primer día, en la gran caverna. Allí les esperaban los tres jefes y algunos otros relegados en segundo lugar. Y, sin decirles nada yendo directos a la cuestión, les entregaron un collar blancuzco similar al oro blanco, con pequeños zafiros dispuestos a su largo. Resultaba una joya preciosa, atractiva a la vista, y claramente atrayente. Se les pidió unir sus manos mientras se les extendía el collar por entre los dedos quedando entrelazado con seguridad. Harry iba a pedirles una explicación lógica para todo aquello, cuando el conocido tirón de ombligo se hizo presente haciéndole saltar entre el espacio y el tiempo a increíble velocidad.
Recordaba el fuerte golpe que tuvieron al llegar en el bosque que ahora estaban pues habían tropezado con las grandes raíces cayendo de bruces al suelo. Nunca pensó que los hombres lobo también utilizaran trasladores. Pero, claro, ellos también eran magos.
Irid se colgó el collar escondiéndolo de la ansiosa mirada de Malfoy quien parecía estar esperando la próxima oportunidad para echarle ojo encima, y empezó a andar con paso seguro indicándoles el camino a seguir para su más grande estupefacción.
Y allí estaban ellos, caminando hacia uno de los peores y más arriesgados lugares de la tierra, donde habitaban unos seres eternos y realmente poderosos, capaces de permanecer intactos entre las generaciones, con una belleza capaz de cegar hasta el más exquisito diamante. ¿Locos? Quizás, pero tampoco tenían otra alternativa.
El paso de Harry era cansado y lento, algo más pesado que de costumbre, pero aquello se debía al enorme desgaste que le había ocasionado sus ilusiones, incluso mantener la de Irid se le hacía difícil. Pero debía resistir. Aunque su plan era que nadie les viese, cabía la posibilidad de ser descubiertos y, en tal caso, recurrir al disfraz de mortífago les ayudaría a salir algo ilesos. Eso siempre y cuando, los residentes que iban a buscar fuesen los que creía que eran.
- Bien, allí está el río. Al otro lado daremos con el escudo.
- ¿Y cómo pasaremos? No veo ningún puente.
- Haremos uno.- dijo con tranquilidad.
La chica se acercó a uno de los árboles, y puso ambas manos encima su corteza mientras cerraba los ojos. Ambos quedaron confusos por aquél repentino comportamiento.
- ¿Qué está haciendo?- preguntó con burla.
- Un puente.
- ¿Cómo? ¿Preguntándosele al árbol?
- Mejor calla y observa.- dijo al entender lo que iba a hacer.
De repente y sin previo aviso, el árbol empezó a crecer a una velocidad extraordinaria, mucho más rápido de lo que podría considerarse normal. Lo que antes debieron ser unos cuatro metros, pasaron a más de diez en poco más de un minuto. Así que hubo terminado, Irid se separó de él con una sonrisa de satisfacción y orgullo, y se acercó al límite del río. Extendió las manos hacia delante indicando el otro extremo, y dejó que éstas se iluminaran con una luz negruzca.
El gran árbol se arrancó de raíz saliendo literalmente de la tierra, como si una mano gigante e invisible lo hubiera expulsado del suelo enviándole a la orilla del río donde terminó cayendo convirtiéndose en un largo paso de madera.
- Ya podemos pasar.- dijo aún con el semblante boquiabierto y una sonrisa de satisfacción.
Siguiendo a la orgullosa mujer, los dos chicos empezaron a caminar haciendo equilibrios con los brazos para evitar caerse en las frías y turbulentas aguas del río. Uno ensimismado por la muestra de habilidades que estaba siendo obsequiado, el otro demasiado impactado para ser capaz de sacar su tono sarcástico y burlón.
Se negó en redondo a apartar la vista del frente temiendo poder perder la costosa voluntad de seguir por aquél inseguro y temerario camino. Así que, para entretener la mente, decidió mirar al chico que tenía enfrente. Malfoy. ¿Quién le habría dicho que todo terminaría así? Y, aunque aquél no fue su propósito al llevarlo consigo, reconoció que resultó más útil de lo pensado.
Draco Malfoy, hijo de uno de los más altos mortífagos de la élite de Voldemort y de los más próximos, también debería ser poseedor de grandes conocimientos. Y eran aquellos conocimientos lo que le hizo decidir. Lo que no imaginó era que poseyese una buena base en oclumencia, aunque no lo suficiente resistente para negarle la entrada. Debía reconocer que tenerle a su lado resultó provechoso. Había sido gracias a él que supo sobre los repudiados y su posición, sus movimientos cerca la mansión del Lord, y algunas características de aquél exiliado clan vampírico. Pero no terminó aquí el uso del chico. Aprovecharía que era un mortífago para permitirles la entrada segura en aquél nido de avispas ya que, si realmente habían contactado con ellos para una alianza, la llegada de tres "malos" más no conllevaría un movimiento extraño.
Su pie volvió a pisar tierra firme algo desnivelada, y dio gracias al cielo por haber llegado sin ver más de cerca aquella feroz corriente líquida. Casi se hecha a llorar de alegría… ¿acaso no se acordaba que no sabía nadar? ¡¿Cómo había podido arriesgarse de aquella forma?!
- Silencio de ahora en adelante.- dijo haciéndoles la indicación.
No hizo falta que tradujera lo que acababa de decir, pues enseguida se hicieron cargo de la alerta.
Entre la espinosa maleza y los retorcidos árboles, los tres escondieron sus presencias con perfecto camuflaje, fuera del alcance de cualquier ojo vigilante. Tampoco tuvieron que preocuparse mucho en si destacaban entre toda la naturaleza, pues el negro de sus ropas y sus miradas escuetas les hacían parecer deformados animales correteando entre las sombras.
Avanzaron nada más que nueve metros, que vio una gran explanada que contrarrestaba enormemente con el paisaje visto hasta entonces. No había nada a su alrededor, absolutamente nada capaz de abrigarlos con su oscuridad. Y, delante, una gran montaña rocosa llena de agujeros se levantaba con majestuosidad, como si quisiera imponer su sombra a todos los terrenos que le rodeaban exigiendo obediencia y sumisión.
Una brisa fría y escalofriante, les hizo temblar.
Irid les hizo el gesto de avance y, en contra de todo lo que deseaba, empezaron a correr a plena vista deseando que nada hubiera que los delatara, aunque el hecho de haber tres figuras negras moviéndose entre un campo reseco de un verde pasado no resultaba algo muy alentador para el correcto camuflaje.
Sin embargo, al llegar a un tercio del recorrido hasta la falda de la gran roca, algo les hizo detener.
Como si hubiese entrado en un espacio distinto, tan pronto como entró en aquella nueva dimensión, Harry cayó al suelo sintiendo como toda su magia desaparecía al instante mismo. Sus piernas, sin nada que les impulsaran, se plegaron bajo su peso dejándole completamente desvalido.
El terror invadió su cerebro.
¡No podía moverse! Estaba indefenso, sin magia, sin poderes que le protegieran y ayudaran, completamente desvalido, ¡muchísimo más que un muggle normal! ¿Qué ocurría? ¡Maldita sea, ¿qué estaba pasando?!
Sentía pánico, un miedo terrible y atroz. Incapaz de razonar ni pensar en nada, se sentía colapsado, en blanco. La desesperación que meses antes había aparecido en él haciéndole morir, había regresado. Pero ésta vez, en una situación muchísimo más delicada.
No habían pasado más de dos segundos tras su caída que ya le parecía toda una eternidad. Empezó a agarrarse frenéticamente a las delgadas y frágiles hierbas que le cubrían como si fueran capaces de sostenerle para no caer en el pozo que se abría bajo sus pies. Y habría gritado, chillado con frenesí si no fuera por el roce del colgante con su mejilla derecha, un roce que le acomodó y tranquilizó haciéndole relajar su agitada respiración y alocados nervios. Pudo sentir el ya conocido calor que tanto le gustaba, aquella sensación de paz y serenidad, capaz de calmar hasta las más embravecidas mareas.
Expiró con lentitud, y serenó sus pensamientos, aunque hacer aquello le pareció ser un gran paso gigante y agotador. Se arrastró por el suelo utilizando codos y manos, todo aquello que tenía movible y meramente capaz de ayudarle. Sabía que no podía quedarse paralizado como le acababa de suceder, sería un error muy grande dejarse llevar por el pánico, un error fatal.
- ¿Eh? ¿Potter?- preguntó Malfoy al observar a su alrededor sin dar con él.
Irid se giró furiosa al escuchar que habían desobedecido sus órdenes, pero enseguida enfrió la cólera por la preocupación al ver aquello que inquietaba al humano. ¿Dónde estaba el otro? Le miró interrogativamente, pero solo recibió otra mirada arrogante e ignorante que le indicó que tampoco aquél hechicero sabía qué había pasado. Nerviosa y mucho más enojada por la pérdida de tiempo, empezó a buscar con la mirada el paradero del muchacho de ojos verdes sin obtener nada. Volvió a revisar con el entrecejo fruncido, y, sonriendo con satisfacción a sí misma por su magnífica habilidad de visión, corrió junto al muchacho quien intentaba avanzar a rastras.
- ¿Qué ocurre?- dijo mientras le ayudaba a levantarse seguida de Draco quien murmuraba por lo bajo.
- Mi magia… ha desaparecido…- respondió a trompicones.
- El escudo elimina las fuentes mágicas. Ahora estamos en su espacio de frontera, entre el grosor del muro mágico, por así decirlo.
Con la ayuda de los dos, consiguieron traspasar el espacio de anulación con algo más de rapidez que con sus propias fuerzas. Así que, con nada más salir del campo de acción, Harry pudo volver a ponerse en pie sin otro apoyo que su propia magia.
- Debemos llegar hasta aquél camino rocoso para empezar a ascender. Vamos.
Actuando como si nada hubiera pasado, Irid siguió con la travesía, mientras Harry y Malfoy seguían moviéndose a sus espaldas siguiendo sus expertos pasos. Pero había algo que preocupó al chico mucho más que el mal rato que acababa de pasar… la mirada que le dedicó el Slytherin le había dejado realmente preocupado. Más que su típica mirada que siempre le dedicaba, ésta había sido más bien triunfante, alegre y muy satisfecha, como si acabara de recibir un gran regalo, algo realmente gracioso e interesante. Aquello le inquietó.
- …, frutd aquí.- dijo sin admitir réplicas ni objeciones.
La chica, con la misma ligereza que había mostrado durante todo el viaje, siguió escalando por el rocoso camino perdiéndose entre las grandes y puntiagudas piedras. Así que, de nuevo, los dos enemigos y aliados por necesidad, se quedaron solos uno frente al otro deseando, más que queriendo, volver a despedirse con un gruñido desafiante.
Harry rebuscó entre sus bolsillos escondidos con una mueca de concentración pensando en aquello que intentaba encontrar y escapaba tan ágilmente de sus dedos. "¿Dónde lo he metido?" se preguntó con irritación al ver que no daba con él. Pasó de buscar con movimientos disimulados y desinteresados, a frenéticos arañazos en la ropa para dar con el maldito fugitivo. Hasta que, quizás por una pequeña iluminación, o por pura casualidad, dejó de enfurecerse con sus bolsillos para tomar la varita con una leve sonrisa avergonzada y dar un par de golpes suaves en la palma de su mano izquierda. Al acto, una diminuta botella de cristal rellena de un líquido amarillo, apareció reluciente ante sus ojos.
- ¿Qué es?- preguntó francamente sorprendido.
- Poción Multilengua.
Rozó la punta de la varita mágica con la parte superior del frágil recipiente y observó como un pequeño agujero aparecía en la boca del botellín. Un olor a resina se impuso al que hasta entonces había llenado su olfato con un regusto de humedad y hermetismo, a aire enrarecido largo tiempo retenido en aquel lugar.
- Creo que deberías darme a mí también.
- Y yo creo que no.
- Soy el único aquí que sabe sobre las verdaderas comunicaciones del Lord y éstos vampiros, ¿crees que van a creerse que alguien que no sabe su idioma es un enviado del Señor Oscuro? Si ven no sé lo que dicen, tu plan fracasará.- Harry estuvo a punto de replicarle que él también conocía de ésos planes que tanto alardeaba, pero en vez de esto solo dijo:
- Si te doy, podrás aprovechar para pedirles ayuda y escapar dejándonos a su merced. ¿Te parezco tonto?
- Un poco. A ver, dime, ¿qué crees que harían conmigo si les dijera tal cosa? También desconfiarían de mí y terminarían por matarme. No tiene sentido que os traicione ahora.- el chico negó con la cabeza.- ¡Maldita sea!- rugió poniéndose en pie tras todo el rato sentado encima la dura y dolorosa roca.- ¡Si alguna vez vas a confiar en mí, hazlo ya! ¿Acaso he roto el maldito pacto? ¡He hecho cuánto me has pedido!
- Te negaste a ayudar con lo de la marca.
- ¿Y qué esperabas? ¡Soy un mortífago, joder! ¡No puedo dejar que destroces los planes de mi Señor, no puedo consentirlo!
- Ajá, por eso mismo no puedo confiar en ti.
- ¡Tú estás haciendo lo mismo!
- Yo estoy haciendo lo correcto, estoy haciendo todo lo que puedo para evitar que tu señor consiga llevar a término sus planes de matar a más gente inocente…
- Es lo mismo.- dijo con tozudez.
- No tengo porque discutir contigo de algo tan estúpido. Como bien has remarcado, eres un mortífago, así que no voy a esperar que pienses siquiera en lo que esto significa. A ver si descubres de una buena vez tu gilipollez y te das cuenta de lo que estás defendiendo.
- ¡Gilipollez! Yo sé lo que defiendo, ¿y tú?- dejando el tema por zanjado, Malfoy se alejó un par de pasos y, dándole la espalda, se sentó con rectitud y orgullo.
Bufó con indignación. ¿Pero qué decía? ¿Saber lo que defendía? ¡Por supuesto que lo sabía! Él defendía a los inocentes, a aquellos cuya vida estaba amenazada por las tinieblas y la muerte, defendía la libertad, el Bien, la luz y la verdad… "Estúpidas palabras." se dijo con rabia. No era cierto, nada de aquello lo era. ¿Amor, justicia, amistad…, cuándo había conocido ésos valores? Nunca. Había crecido sin amor, siendo nada más que una mera molestia, algo sucio y asqueroso que alguien debía vigilar o mantener aún fuera con los mínimos necesarios. La amistad se había convertido en algo que su persona había recibido, sí, pero… ¿era cierta? ¿Y la justicia? ¿Desde cuándo creía él en ella?
Con la mirada perdida en un punto invisible, bajó la cabeza dirigiendo sus ojos hacia aquella diminuta botella que reposaba en su palma. Se llevó el amarillento líquido hacia su boca, y dejó que cuatro amargas gotas cayeran hasta su lengua.
"¿Qué es lo que defiendo? ¿Qué es lo que protejo aún a costa de mi vida?" pensó aún absente.
- El paso está cortado, no podemos pasar por aquí.- dijo la chica apareciendo de pronto.- Seguiremos por el camino más empinado.
"¿Camino? ¿Qué camino?" pensó con temor al ver la nueva ruta que le indicaba seguir. Pero viendo que Irid avanzaba sin esperar a que le siguieran, se levantó perezosamente y encaminó tras ella no sin antes desviarse hacia el otro chico quien seguía mirando hacia el horizonte con los brazos cruzados y la espalda recta.
- Solo dos, tres te matarían.- dijo sin mirar tan siquiera su nuca.
Malfoy, al escuchar sus palabras, se giró interrogante, mas al ver que Harry estaba dándole aquella botella dejando aparte cualquier discusión, decidió silenciar un peligroso comentario que luchaba por salir de su encierro, y tomó aquello que le acercaba.
Dejó que bebiera la preciada y valiosa poción que con tanto esfuerzo había realizado, y volvió a esconderla bajo un práctico hechizo que la hizo desaparecer de nuevo. Guardó la varita, y siguió con su paso lento y pesado en pos de la mujer licántropa sin mirar nunca atrás.
Decir que la última ascensión había resultado difícil sería mentir deliberadamente. Ninguno de los chicos habría imaginado, jamás, que habría un lugar tan peligroso y arriesgado como aquello. Las rocas, afiladas como cuchillos y resbaladizas como el hielo, eran trampas para su soporte. Cada vez que decidían confiar su peso y supervivencia en una de ellas, estaban suplicando a Dios que no resultara ser, también, una piedra suelta equilibrada encima de un nido de avispas. Porque, si algo había peor que aquello, era que decenas de escorpiones iban y venían por entre las piedras sin importarles que momentos antes alguien hubiera estado seguro de apoyarse ahí. En cambio, Irid escalaba segura y con tranquilidad, apartando a los peligrosos y letales animales de un manotazo o con el simple hecho de ignorarlos como si no fueran más que una decoración añadida en el paisaje.
- La próxima vez que quieras hacer una locura como ésta, Potter, ¡intenta que yo no esté por el medio!- gritó rayando al histericismo.
- ¡Silencio!- dijo entre dientes Irid tras haberle lanzado una roca en respuesta.
- ¡Cállate, Malfoy!
- ¡Callaré cuando me dé la gana!- gruñó con la roca en la mano dispuesto a devolvérsela.
- Maldito humano, nos van a descubrir.
- Maldice al imbécil que tengo delante, todo esto es por su culpa.
- ¡Me tienes harto!- exclamó tras apartar la aguja venenosa que le amenazaba en clavársele en la piel. Cogió la piedra más próxima, y la lanzó con fuerza contra el peligroso bicho haciendo que cayera por la montaña.- ¡Deja de comportarte como un crío y piensa, joder!
- ¡Ambos, callaos ya!- susurró tajante. Aunque los dos hubieran empezado una discusión airada, su voz logró captar su atención.
Indignados y sulfurados, miraron enfurecidos a la joven quien había dejado de avanzar para mirar dentro lo que parecía una pequeña entrada. Así que, como si los dos llegaran a un silencio acuerdo, decidieron dejar su rutinaria discusión para prepararse ante los que se avecinaba.
Con sus corazones latiendo con fuerza y un ruido que asemejaba a baterías con altavoces, avanzaron un par de pasos dentro la cavidad. Sus ojos, incapaces de ver nada en aquella oscuridad, no les resultaban de ninguna ayuda en su orientación, excepto por Irid, quien, como siempre, parecía tener ventaja en todo. Por lo que, a sabiendas que debían encontrar solución a su defecto, Harry optó por hacer uso de la magia. Sin embargo, no podía permitirse más gastos, pero no así estaba Draco.
- Dame tu mano.- le dijo en lo que le pareció un volumen casi inaudible aún cuando resonó con la misma intensidad que si hubiese sido un grito.
- ¿Cómo?
- Dame…
- No grites.- susurró la mujer a su oído haciéndole saltar por el susto.
Iba a replicar, cuando pensó que no era hora para más disputas. Cogió la mano fría y sudorosa de Malfoy, y la acercó a la suya. Podía sentir la reticencia y desagrado del chico, incluso sintió como reculaba a su tacto temblando ante lo que iba a acontecer. Resistió el impulso de reír al imaginar la cara que había puesto, y se concentró en lo que quería hacer. Como si encajaran manos, Harry interpuso su varita en el saludo oficial haciendo que unas chispas violetas salieran de la punta.
Dejaron que el hechizo tuviera efecto en ellos, y rápidamente volvieron a separarse repeliendo el contacto que segundos antes habían tenido. Restregaron la mano con sus túnicas, y giraron sus cabezas obstinados a no mirarse a los ojos en lo que hubiera sido una mirada de profundo odio.
La caverna resultó ser muy distinta a la que habían visto en el pueblo donde el Parlamento se había reunido para ellos. A pesar de tener mejor visión y diferenciar lo que era el suelo de la pared, la oscuridad era infinita. No parecía que nada habitase allí, el frío y la falta de luz lo hacía un lugar extraño, como si no fuera de la misma Tierra.
Evitando hacer más ruido de lo que ya hacían al respirar, fueron avanzando hacia el interior de la larga cueva temiendo que, en cualquier momento, alguien saliera a su encuentro. Por suerte, nunca vino nadie.
Harry podía sentir el frío traspasarle la ropa, la piel y hasta los músculos hasta llegar a los mismos huesos haciéndole temblar ya no solo por el miedo, sino también por la misma presencia tenebrosa y mortífera. El aire expirado enseguida se convertía en vapor, como si de repente hubiesen entrado en un congelador, nadie habría dicho que aún el verano permaneciese en el aire. Todo él estaba empezando a congelarse, sus pies eran ya grandes cubitos helados, sus dedos listones de madera, y su cuerpo un matojo de metal andante. Lo único que aún permanecía caliente era el medallón del dragón que, al estar en contacto con su piel, conseguía alejar de él el sueño y abandono que tan típicos son en éstas situaciones. Sentía su calidez, su calor que le abrigaba y protegía con una magia desconocida pero que tanto amaba. Recordaba verlo por vez primera cuando despertó en la enfermería tras aquella pesadilla que tanto tiempo le había absorbido en un mundo irreal, y también recordaba las veces que le había ayudado sentir su presencia, su calidez, su protección y cariño, algo difícil de explicar y entender, pero que él bien deseaba.
Acercó su mano al pecho para sentir el calor que emitía aquella joya dorada y que enseguida pudo reconocer al rozar sus fríos dedos con la ropa que lo cubría. Al instante, sus miedos desaparecieron desplazándose por una seguridad y confianza lejos de lo que él mismo sentía. Pero no así estaban los otros.
Irid, aún cuando hasta ahora se había sentido orgullosa, segura y autosuficiente, como si aquellos dos humanos que le acompañaban no fueran más que una molestia para ella, ahora había frenado su paso convirtiéndose en inseguro y tambaleante. Miraba constantemente a derecha e izquierda temerosa, y sus movimientos eran temblorosos y nerviosos. Incluso podía sentir su corazón latiéndole más rápido que antes, con su respiración irregular y los seguidos tragos de saliva.
Malfoy caminaba detrás. Y, aunque intentaba superar su miedo al lugar, no podía evitar silenciar su agitado corazón. El chico estaba realmente asustado, con sus músculos en tensión, las mandíbulas fuertemente cerradas, y los sentidos en alerta máxima. Además, estaba helado. Si continuaba caminando, era por mera voluntad a seguir moviéndose con miedo a quedarse helado al suelo. Su respiración era irregular, y una débil pero creciente fiebre empezaba a acosarle, consecuencia de la baja temperatura corporal.
"Yo sé lo que defiendo, ¿y tú?"
Sus palabras regresaron a él al verle seguir aún su estado actual. Draco no tenía nada con qué defenderse, estaba "secuestrado", obligado a ayudar en la derrota de aquél que servía, obligado a poner su vida en peligro, y aún así, seguía caminando con el mismo orgullo que tanto le caracterizaba. No importaba cuál fuese su situación, cuál peligro acechase ni lo cerca de la muerte que estuviera, Draco Malfoy seguiría con la cabeza alta, desafiante e imperioso, como si nada pudiera doblegar aquella férrea voluntad aristocrática. Por un momento, tuvo envidia.
"Yo sé lo que defiendo, ¿y tú?"
Sus ojos, fríos como el metal, no dejaban ver sus sentimientos y emociones, escondiéndolas en una caja de acero, lejos de cualquier peligro. Nadie nunca la abriría, nunca nadie podría llegar a hacerle daño. Él no era débil.
Le había insultado, manipulado, incluso obligado a doblegarse ante él, pero nunca logró la sumisión que tan fácilmente se podía conseguir. ¿Y él? Sí, Harry también había sido obligado a muchas cosas, sometido y tratado como una sucia e insignificante marioneta, ¿pero había llegado a anularse, su voluntad?
"Yo sé lo que defiendo, ¿y tú?"
No. Él no sabía lo que defendía. Había intentado autoconvencerse de que realmente luchaba por algo, algo justo y con significado, algo que afirmara sus acciones, su existencia. Pero en realidad no existía… ¿o sí? ¿Era matar a Voldemort su causa, su lucha? ¿Acaso defendía la vida con la muerte? ¿O era que defendía la muerte al eliminar una vida? "Pero él no es un ser humano, ya no es más que un monstruo…" se dijo intentando encontrar la luz que iluminara todas sus dudas.
"Yo sé lo que defiendo, ¿y tú?"
"¡Por supuesto que lo sé!" pensó cerrando las manos en puños.
Estaba tan concentrado con sus pensamientos, que si no llegan a detenerlo a tiempo, se hubiese lanzado de cabeza en un gran hueco que cortaba el pasadizo. Irid le dirigió una mirada de advertencia, y le indicó un pequeño paso que rodeaba el agujero y que les llevaría hacia el otro lado de la gran chimenea rocosa.
Con cuidado, uno detrás del otro, fueron avanzando pegados a la pared, cogiéndose en los agujeros con miedo a resbalar, algo que sucedía con frecuencia. Muy seguramente, de haber poseído el cien por cien de sus facultades y habilidades nunca habría accedido a ello, su visión, aún ser amplificada por magia, era defectuosa y confusa, nada acostumbrado a ver las cosas en colores negros y violetas, y sus pasos, inseguros y tambaleantes.
Agarró la mano de la chica y, como respuesta, le indicó que mirase abajo, hacia el final del gran hueco donde parecía que había visto algo. Los dos le imitaron y, tras unos segundos sin poder distinguir nada, se dieron cuenta que algo estaba moviéndose a lo bajo. Pero descender por ahí era demasiado arriesgado…
Irid juntó ambas manos en un golpe seco y corto, y se lanzó por el agujero haciendo que los chicos soltasen una silenciosa exclamación temiendo que acabara de suicidarse. Pero ésa no era su intención. Como si fuera una pluma, redujo su vertiginoso descenso hasta terminar planeando en el aire con el más absoluto silencio. Sin embargo, aquella gran muestra de poder, tuvo sus repercusiones. Como si un gran peso tirase de él, Harry sintió como el agotamiento se intensificaba haciéndole temblar. Había sido como un tirón, como si algo atado a él tirase hacia abajo con una enorme fuerza. Enseguida supo la causa: la magia de Irid, protegida y escondida bajo la suya, estaba actuando debajo de todas sus protecciones haciendo que debiera gastar mucha más energía por encubrirla.
Cerrando los ojos para evitar ver el gran precipicio que se abría a sus pies, se agarró con temor a la roca con más intensidad que antes, haciendo que sus manos se llenaran de pequeños y finos cortes. Pero el miedo a caer era mucho mayor que el dolor de advertencia. Le parecía que el poco trozo sólido que lo sostenía se iba empequeñeciendo con cada respiración, aumentando la presión que le instaba a doblegarse librándose a la oscuridad de la cueva. Finalmente, y a pesar de su aguante, sus fuerzas decayeron haciendo que nada ya le aguantase derecho, empezando a desequilibrarse peligrosamente hacia el profundo pozo.
Un golpe en la rodilla izquierda y otro en el codo hicieron que expulsara todo el aire retenido con dolor. Sin poder evitarlo, abrió nuevamente los ojos al sentir su mano diestra sujetarse a algo frío y sudoroso.
No estaba cayendo.
Levantó la cabeza con un gruñido tras darse con una roca en la frente, y siguió su mirada hasta llegar a un par de ojos fríos y enfadados con cierto matiz de preocupación, que le miraban desde las alturas.
El chico intentó empujarle hacia el lugar seguro que pisaba, pero Harry no tenía siquiera fuerza para respirar puesto que la magia de Irid seguía funcionando, cada vez con más fuerza. ¿Qué estaba haciendo? "¡Maldita sea, qué hace!" pensó con ira. Que ella estuviera usando sus poderes significaba que Harry dejaba todas sus fuerzas en protegerla. Pero si seguía igual, terminaría por caer de verdad, así que la situación se estaba poniendo cada vez más peligrosa. ¿Él o ella? La respuesta enseguida vino a ellos.
El ruido de una fuerte explosión hizo temblar las paredes y rocas haciendo que Malfoy también perdiera el equilibrio pero sin dejar de agarrar a su enemigo.
- ¡Mierda!- rugió al sentir el gusto metálico de la sangre en su labio inferior.
La exclamación, aún haber sido perfectamente audible, quedó amortiguada con la nueva explosión que siguió precipitándoles, al fin, por el hueco en un tenebroso y horrible descenso. Sus mentes se paralizaron incapaces de pensar en nada, completamente colapsadas al darse cuenta de lo que estaba aconteciendo. Ambos caían a toda velocidad por entre cortinas negras y una creciente nube de humo y destellos. Y fue aquello, la reacción inconsciente de su cuerpo al entrar partículas demasiado grandes en los pulmones, lo que hizo que despertara de la estupefacción reaccionando con una fuerza nacida por la urgencia.
La varita, su preciada compañera, se materializó al instante en su mano sin pensarlo tan siquiera, con una perfecta coordinación entre pensamientos y acciones.
- ¡Graviteam inverta!- gritó mientras sus oídos se tapaban por el furioso aire que le golpeaba la cara.
Al igual que un paracaídas al abrirse, una invisible cuerda los impulso otra vez hacia arriba con fuerza, quizás demasiado pues sus extremidades crujieron temblorosas por el repentino cambio de dirección.
"¡Maldición, íbamos demasiado deprisa!" se dijo con desesperación ahora ya no bajaban, pero sí subían, por lo que impactarían con el techo como si hubiese sido el suelo haciendo que el resultado fuera el mismo.
- ¡Bue orem crath!- dijo apuntando lo que sabía que era el suelo.
Un esplendor azul les detuvo haciendo que volvieran a descender, ésta vez con suavidad. La verdad es que tanto arriba y abajo empezaba a marearle… Suerte había tenido al recordar uno de los complicados hechizos del viejo Libro de los Sabios. No llegó a preguntarse como había podido ser posible que le saliera tal poder cuando nunca hasta entonces había intentado realizarlo, incluso dudaba que pudiera acordarse de algo que solo había mirado de forma rápida y sin casi prestar atención a las complicadas y largas fórmulas. Pero no se planteó ninguna de aquellas preguntas, no se intrigó al ver que el resultado había sido realmente increíble y eficaz, en aquellos momentos las explosiones que estaban teniendo lugar más abajo era todo cuánto le preocupaba, sus más inmediatos problemas.
Dejaron que sus pies volvieran a pisar tierra firme, y suspiraron aliviados, alegres de no volver a las alturas por el momento.
Pequeñas y grandes rocas saltaron por los aires con otra ruidosa explosión. Por un momento temieron que la cueva se viniera abajo, pero enseguida comprobaron que la magia impedía que se derrumbara por más daño que recibiera.
- ¿Es ella?- dijo entre jadeos.- ¿Qué narices estará haciendo? ¿Acaso planea destruir toda ésta montaña?
- No lo sé, pero debemos salir de aquí. Con todo éste ruido, seguro que ya no queda ninguno dormido.- "Todo el plan a la mierda…" pensó con desánimo. Tantos esfuerzos para nada, no les había servido para nada vestirse como mortífagos puesto que ahora no tenían forma de justificar su presencia después de tantas destrozas.- Será mejor que vayamos.
- ¿Representa que debo defenderme con una roca?- dijo ironía.
- No te alejes demasiado, o no podré cubrirte.
Haciendo caso omiso al dolor que sentía en el cuerpo y extremidades, sin contar con la pierna y el brazo izquierdo, empezó a andar varita en mano con todos sus sentidos en alerta. Aunque tampoco tuvieron que avanzar mucho pues, tras cruzar la cortina gris, consiguieron entre ver una gran cavidad llena de pequeños destellos rojos y blancos con miles de piedras impactando en todos lados a causa de las continuas explosiones. Sin duda, allí estaba teniendo lugar una cruenta batalla a muerte…
Entre el frenesí que había, pudo ver una esbelta figura negra que se movía con agilidad y destreza entre sombras difusas que le acechaban en cada movimiento.
- ¡¿Pero qué es esto..?!- exclamó impactado.
- Escucha, voy a por ella.
- ¿Estás majara?
- No, oye. Irid no va a poder con todos ellos…
- ¿Y tú sí?
- No. Pero al menos conseguiré algo de tiempo para escapar de aquí. Quiero que vuelvas a la entrada y nos esperes.
- No pienso perderme ésta fiesta por nada del mundo.- dijo con un brillo de alegría que hacía tiempo no veía en él.
- Pero si tú mismo dijiste que no tenías con qué defenderte, ¿cómo piensas luchar?
- Te dije que no me menospreciaras. Tú encárgate de sacarla de éste embrollo en el que se ha metido, yo te cubriré la retirada.- Harry lo miró escéptico.- Vamos, confía en mí.
"Confía en mí." Lo había dicho ya un par de veces… y casi se hecha a reír al escucharle decir aquello. ¿Confiar en un mortífago? ¿Creía que estaba loco? Pero, aún así, aceptó.
Nunca habría pensado que llegara a un estado tan alto de demencia pues aquella decisión fue la más temeraria y alocada que nunca hasta entonces había hecho. Todo su sentido común le suplicaba que cambiara de idea, que aquello era un suicidio, como si se lanzara ante miles de leones hambrientos que le miraran con las bocas abiertas de par en par intentando saber cuál de ellos sería el primer afortunado. Pero poco más pudo pensar.
Miles de ataques vinieron a él como atraídos por algo invisible, ni siquiera podía diferenciar entre uno y otro, ignorante de qué era lo que le amenazaba o con qué. Solo sabía una cosa, debía evitar ser tocado por lo que fuera que fuese aquello que quería matarlo. Así que dejó que su instinto y sentidos le hicieran esquivar los múltiples golpes y hechizos, para dejar una única información en su mente, encontrar a Irid y salir inmediatamente de allí.
Paso a la derecha, extender la mano zurda disparando un débil rayo paralizante, agacharse, lanzarse hacia un lado, protegerse de algo encima de él con el brazo, expeliarmus con la varita, levantarse, paso atrás… y otra vez esquivar. No sabía como era capaz, pero por suerte su inconsciente parecía tener más sabiduría que él, así que estuvo un buen rato intentando evitar ser matado en la búsqueda, cuando volvió a ver aquella silueta oscura saltar sobre "algo" que supuso sería un vampiro. ¿Qué podía estar atacándoles, si no? Aunque…
- ¡Impedimenta!- gritó, incapaz de realizar hechizos sin voz.- ¡Irid! ¡Irid!
Golpe a la derecha, patada con la izquierda y finta hacia atrás. Aquello le recordó mucho a las luchas que había tenido con Shelyak donde esquivarlo no era tarea fácil. Sin embargo, el entrenamiento le había servido de mucho, pues más reaccionando ante una amenaza que pensado sobre lo que hacía, Harry había logrado llegar a defenderse medianamente bien sin tener que recurrir a la fuerza, esquivando con agilidad y precisión. Pero sabía que aquello no era suficiente. Sin la magia, Harry no podía hacer más que escapar.
- ¡Irid!
Algo cayó a su lado y, reaccionando como hasta ahora, retrocedió mientras neutralizaba a otro atacante sin llegar a distinguir quien o qué era.
- Malditas bestias…- dijo apareciendo de golpe.
- ¡Debemos salir de aquí, ya!
- ¡Pero si ni siquiera hemos podido ver nada! No vamos a detenernos por unos cuantos gusanos.
"¿Gusanos?" pensó intrigado Harry.
- ¿De qué gusanos hablas?
- Éstos.- dijo indicándole a su espalda mientras seguía moviéndose.
Una enorme masa deforme con seis patas peludas semejantes a las de una araña, con el cuerpo con lo que ahora veía como más pelo formando una silueta alargada parecida a una cañería, y lo que debió ser la cabeza que nada más que una gran cavidad repleta de dientes con asqueroso hedor, se abalanzaba sobre él. Rápidamente dio un par de pasos atrás evitando que el peso de aquella horripilante "cosa" le cayera encima aplastándolo. No pudo evitar sentir repulsión y náuseas al ver semejante criatura, si es que se podía llamar un ser vivo a aquella monstruosidad. Su lado, los basiliscos parecían bellos ángeles con plumas de plata.
- ¡¿Qué es esto?!- gritó con espanto.
- Mascotas de los vampiros. Ellos mismos los han creado.- juntó las manos, y las extendió lanzando un hirviente rayo de aire que quemó a un par de ellos.- En realidad no debieran existir, pues no son hijos de la naturaleza… sino de la muerte.
- ¡Qué asco!- dijo malfoy acercándose a ellos.- Mejor no hagáis que exploten… dudo que esto se pueda lavar.
- Cuidado con su saliva, es ácida.
- No podemos quedarnos aquí, parece que nunca acaban.- protestó mientras hacía una perfecta finta para, después, patalearlo por detrás alejándole de sí.- Y, con el ruido que estamos haciendo, seguro que ya estarán de camino.
- Nuestro camuflaje no nos servirá de nada, en ésta situación.- reflexionó Harry.- No tenemos otro remedio, debemos irnos. Pero mejor buscar otra salida…
- Quizá por el otro lado de la roca…
- Deberemos arriesgarnos.- concluyó con un suspiro de resignación.
- Id delante, yo me encargo de cerrar éste hormiguero.
Irid y Harry empezaron a retroceder por una de las aberturas de la gran cavidad mientras iban apartando a aquellos "gusanos" con patas de algo más de metro treinta de altura. Malfoy, cerrando la comitiva tal y como había pedido, puso la mano izquierda en un lado de la entrada a aquél lugar, de espaldas al pasadizo en el que se internaban, y, con una sonrisa de superioridad, tocó un punto del antebrazo haciendo, de repente, una gran explosión que provocó el derrumbamiento de enormes rocas y cerrando, así, el nido de bestias por el que habían pasado. Se dio la vuelta aún sonriente y satisfecho, y empezaron a andar otra vez en un extraño silencio, como si el gran alboroto que habían ocasionado no hubiera perturbado la paz del lugar.
Sin embargo… acababan de cerrar su única salida.
- ¿No conocen los ascensores? Les iría bien algo de tecnología… al menos, para los invitados.
- No esperan invitados. Y, además, ellos tienen alas, ¿o es que lo has olvidado?
- ¡Por merlín! ¡¿Cómo podía YO olvidarme de tal cosa?!- dijo con sarcasmo.
- Ni siquiera sé porqué te sigo el juego…
- ¿Y me lo preguntas a mí?
- ¿Cuándo dejaréis de discutir? Desde que hemos empezado la maldita travesía que no habéis parado ni un segundo. Cualquiera diría que sois pareja…- el grito de indignación y enojo fue tal, que se sorprendieron de no recibir rocas y paredes derrumbándose como respuesta.- Va a ser un milagro, si logramos salir de aquí…
- …con vida.- añadió a media voz.
Si pensaron que encontrarse con los "gusanos" había sido mala suerte, su situación actual era aún peor.
Los tres estaban escalando una chimenea rocosa lisa y húmeda, apretujados entre ambas paredes, iban subiendo trabajosamente y con claras dificultades recibiendo arañazos y constantes golpes en codos y piernas. Pero no tenían otra opción.
- ¡Ay! ¡Joder! ¡Odio todo esto!- gritó histérico tras darse por enésima vez en la rodilla.
- ¡Deja de gritar!
- ¡¿Qué más da?! ¡Tenemos a todos ésos malditos chupasangre siguiéndonos, no les importará que grite un poco más!
- ¡Maldito humano! ¡Vas a lograr que se derrumbe la montaña!
- ¡Cierra el pico, Malfoy!
- ¡No me da la gana, imbécil!
- Ahí va otra vez…- susurró Irid con ira.
- ¡Imbécil tú, pedazo de idiota! ¡Ha sido tu culpa que tuviésemos que salir por piernas al hacer que se derrumbara aquella sala!
- ¡El gran señor ha hablado! ¡Mejor recuérdame quien dijo que debíamos cerrar la salida para evitar que nos siguieran los malditos murciélagos!
- ¡Te dije que la cerraras, no que la destruyeras! ¡¿Querías enterrarnos allí?!- gruñó tirando una piedra hacia arriba para darle en plena cara y, aunque lo consiguió, después volvió a él al estar debajo.
- ¡¿Cómo te atreves…?!
- ¡BASTA!- chilló con fuerza la mujer haciendo que pequeñas rocas pulverizadas cayeran del lejano techo.- O dejáis esto de una buena vez, o os lanzo a sus hambrientas bocas. Así que silencio y seguid subiendo.- bajó la mirada hacia los dos chicos quienes habían silenciado súbitamente, y añadió:- Y yo que vosotros no probaría la veracidad de mis palabras.
Así pues, odiándose hasta la muerte, Harry y Draco dejaron de poner a prueba la paciencia de la licántropa y volvieron a una de sus treguas silenciosas.
No podía evitar que su corazón latiera con furia y alocadamente, al igual que su respiración rápida y agitada. Y no era para menos. Habían corrido como almas llevadas por el diablo, intentando avanzarse a sus perseguidores para escapar de aquellas miradas ansiosas de sangre fresca. La verdad es que no habían tenido mucha suerte…
Tan pronto cómo consiguieron salir del largo pasillo tras las mascotas de los vampiros, dieron con una gran sala llena de extraños objetos que Irid les había descrito como herramientas de guerra, aunque más bien parecían cuchillos de carnicero. Horrorizados, optaron por seguir adelante sin detenerse a examinar aquellas herramientas repletas de sangre reseca de lo que muy seguramente habían sido víctimas humanas.
Pero lo que no esperaban era encontrar el lugar de descanso de aquellos seres. Los había a decenas.
Ocupaban un enorme agujero de algo más de diez metros de altura y tres de diámetro, todos ellos estáticos y rígidos durmiendo en un irreal sueño con los brazos cruzados encima el pecho que no se movía y sus capas cubriéndoles en una manta espectral. Parecían estatuas de piedra bellísimas y con los más diminutos detalles, incluso le pareció que de eso justamente se trataba al ver que no se movían en absoluto. Pero después comprobó que no era así, para su más grande desgracia.
Poco a poco, como si el tiempo se hubiera ralentizado, empezaron a mover sus músculos con pequeños espasmos como si una pequeña corriente eléctrica estuviera reactivando sus extremidades una a una traspasando la muerte y el silencio del eterno descanso.
Viendo que mejor era salir cuanto antes de allí, los dos, siguiendo las imperativas órdenes de Irid, empezaron a retroceder hacia el largo pasillo para regresar a una encrucijada que hacía poco habían saltado. Sin embargo, y a pesar de su cura en no hacer ruido alguno, las palabras frías y vacías les llegaron inmediatamente a sus oídos, al igual que si hubieran sido dichas a su lado.
- Hay algo…- dijo una voz en un susurro calmado.
- ¿Intrusos?- respondió otro mucho más energético.
Harry enseguida se dio cuenta que habían detectado a Irid. Poco antes había deshecho la protección de la chica viendo que sus energías menguaban alarmantemente y, al no tener noticias de aquello que buscaban, había optado por descansar durante un relajante rato. Demasiado tarde volvió a subirlas.
- Humanos…- volvió a decir, ésta vez con cierto toque de euforia.
- ¡Comida!
Rápidamente decenas de voces más se unieron a ella haciendo que los tres dejaran de lado toda su prudencia por empezar una histérica y frenética carrera hacia la desconocida salida que deseaban encontrar antes de ser alcanzados.
Aquella desesperada carrera les había llevado a su punto actual.
Faltos de cualquier otra opción, se habían visto obligados a derrumbar el paso para permitirles algo más de tiempo, aunque sabían perfectamente que aquello no sería eternamente.
- Mierda… ¡Irid, la salida!- gritó con temor.
El ruido de débiles pero crecientes explosiones a sus pies hicieron que acelerasen su ascenso aventurándose a hacer movimientos temerarios y nada seguros pero que les llevarían mucho más rápido que comprobando su propia estabilidad.
- ¡Irid…!
- ¡Ya te he oído!- chilló sin poder evitar sentir las mismas prisas que el chico de ojos esmeralda.
Una explosión extremadamente fuerte les hizo temblar temiendo caer por su vulnerabilidad y falta de sujeción.
- ¡Maldición!- gruñó Irid.
- Ahí vienen…- murmuró con una sonrisa sarcástica y pesarosa.
- ¡Vamos!
Harry, sin dejar que la razón guiara sus movimientos, haciendo lo que más cercano a la locura podía haber, apoyó los pies en cada lado de la estrecha pared, y miró abajo con una mirada de determinación y la varita lista para el ataque. Con un par de desarmes, consiguió hacer caer a dos de aquellos seres voladores que tan ciegamente iban hacia ellos.
Un extraño y agradable placer vino a él por primera vez al ver la situación que se abría bajo él. Aquello era una lucha, una situación de combate, un momento donde podría ver hasta qué punto llegaban sus poderes… ¿acaso no había deseado ver hasta dónde podía llegar? Por algo se había enfrentado con Voldemort en otras ocasiones saliendo siempre airoso, ¿no? ¿No decían que era él quien debía terminar con su existencia? ¿Qué mejor oportunidad que ésa para probarse a sí mismo?
Dejándose llevar, empezó a lanzar hechizos a diestro y siniestro, sin importarle nada más que conseguir más de ésa euforia que tanto le gustaba. Sentía la adrenalina recorrerle todo su cuerpo, agudizando sus sentidos, mezclándose con la magia haciendo que sus percepciones se multiplicasen llegando hasta límites anormales. Pero sentía placer. Un enorme placer al ver que era superior a ellos, ver como iban cayendo, uno tras otro, bajo su poder. Sentir como la magia fluía por sus venas haciéndole agradables cosquilleos.
Lanzó un par de barreras que imposibilitaron su avance aún cuando estaban lejos de darles alcance, y siguió con el frenesí ataque poseído por una locura incontrolable, más allá de cualquier razonamiento. Aunque, como era normal, las respuestas a sus ofensivas también vinieron con furia haciendo que toda la estructura rocosa temblase por los impactos de ambas fuerzas.
- ¡Detente! ¡Potter, basta!- gritó por encima del estruendo tirándole de la capa.- ¡HARRY!
Reaccionando al escuchar su nombre, Harry dejó de atacar. De repente se sintió débil y mareado, con unas enormes ganas de vomitar, como si acabara de correr kilómetros en ayunas y no hubiese pensado en respirar.
- ¡Menuda gilipollez!- exclamó con auténtico enojo.
Puso la palma de la mano izquierda encima la roca, y agarró el antebrazo con la derecha. Nuevamente, otra explosión. Aunque ésta vez, las rocas cayeron de todos lados.
La cueva estaba derrumbándose, pero habían encontrado una salida. O más bien: habían hecho una salida.
Entre toses y arañazos, los tres lograron pasar por el pequeño agujero hasta, al fin, dar con el frío aire exterior. No queriendo perder más el tiempo, iniciaron un arriesgado descenso en plena carrera para alejarse de allí cuánto antes, queriendo escapar de aquella horrible visión que tanto les había hecho peligrar.
Durante toda la escapada se mantuvieron en silencio, demasiado asustados y ansiosos de salir de allí como para poder decir algo sobre lo que acababan de ver. En todo momento, el miedo a ser perseguidos hacía que corriesen más y más rápido, sin preocuparse por las raíces traicioneras, las plantas letales, o los animales que acecharan. La verdad era que no les importaba. Su mente sólo tenía un objetivo: escapar.
No tardaron mucho en llegar al margen de la barrera. Conocedores de dónde estaba, Irid y Draco se acercaron al chico para ayudarle a cruzarla sin hacer ninguna pregunta ni comentario al respecto, fieles al silencio que había querido mantener sobre aquél extraño efecto que tenía en él la anulación de poderes.
Tan pronto como cruzaron el muro mágico y pudieron internarse en el espeso bosque, los tres se dejaron caer pesadamente al suelo, completamente exhaustos y demasiado cansados como para hablar. A pesar de desear que aquel reposo durara algo más, tras cinco minutos, Harry se levantó.
- Debemos regresar.- siguiendo su acción, los demás se pusieron en pie, aunque algo fatigados.
- Yo regresaré al pueblo, daré a conocer lo que he visto y dejaré que los Padres decidan sobre ello. Cuando lleguen a una respuesta, te la comunicarán.
- ¿Cómo?
- Al igual que vosotros, los licántropos también somos magos.- dijo con una sonrisa.- Os infravaloré, y por ello os pido perdón. No sois humanos corrientes.
- Nosotros también os infravaloramos, fue un error común.
Harry alargó la mano amistosamente, gesto que le fue devuelto con sinceridad y un afecto que antes no había sentido.
- Mucho gusto haberte conocido…
- Malfoy, Draco Malfoy.
- Un placer.
Terminando con la despedida, muy distinta en lo que en un principio prometía ser, Irid agarró el collar y, con una última sonrisa, desapareció silenciosamente en medio de la oscura y fría noche, como si nunca hubiera existido.
- Bueno… ¿Y ahora, dónde?- preguntó con un bostezo que pretendía disimular desinterés y aburrimiento.
- A Hogwarts.
- ¿Hogwarts? ¿Quieres volver?
- Por supuesto, ¿acaso deseas quedarte aquí?
- ¡Claro que no!
- Además… Volverás a ser libre. Tal y como prometí, te devolveré tu varita.- Malfoy no pudo evitar fruncir el entrecejo.- ¿Qué ocurre? ¿No me crees?
- No es eso.
- ¿Entonces?
- Nada.- Harry iba a insistir, cuando un ruido lejano los sobresaltó.- Mejor marchémonos ya.
- Sí.- dijo con voz nerviosa.
Puso su mano encima del hombro del chico y, antes de dedicar una última mirada entre las sombras del bosque, se preguntó si algo había conseguido con toda aquella arriesgada aventura.
