Buenas a todos!!! Feliz año 2005!
Antes de nada, REVIEWS!
remus-lupin-black-drakq: gracias!! Pues aquí te dejo con el siguiente capítulo, que lo disfrutes!!!! Que tengas un feliz año nuevo
Marc: weis, k tal? Juasjuas, d'informàtics en conec uns quants, però són de la UPC. Jo vaig a la URL. A veure k n'opines, d'akest capi… Bon Nadal i feliç 2005!! (I per cert, tp fa falta k t'impacientis tant, k feina tinc per pujar-los a temps!!! Jejejejej, kina gràcia veure el segon review, de debò)
Gran Patronus: pues siento decírtelo, pero en éste capi no vas a ver de qué le han servido las alianzas (para esto aún queda muuuuucho), y los entrenamientos…. tb queda. XD Lo que sí verás, será algo que tiene Harry y que empecerá a crecer cada vez más (es una habilidad). Bueno… más pistas no!!! Feliz 2005!!
MerlinJJ: gracias por pasarte por aquí, de verdad. Espero poder pasarme por ellas, pero debo decirte que ahora mismo trabajo tengo para seguir escribiendo el fic, pq el tiempo se me ha reducido de forma drástica. Solo sigo un solo fic puesto que más no me es posible, y eso que antes me gustaban bastantes…. Si tengo tiempo, te prometo pasarme por los tuyos!!! Feliz año nuevo!
al: ufff… menudas preguntas me has hecho… Pues no voy a responderte a ninguna de ellas. Aún así, sí te diré que en éste capi vas a verlos a ambos juntos, y la cosa está en que se unirán tanto en el inicio como en el final del capítulo. No verás su nivel en duelo, pero… FELIZ NAVIDAD!!! (soy mala?)
Nelly Esp: Sirius… yo tb le quiero, pero sois realmente impacientes, ¿no os parece? Le váis a ver, por supuesto! Pero aún os queda. Lo mismo sucede con Harry y su "problema"… Paciencia, queridos lectores, paciencia. Hasta pronto; feliz 2005!
Blackcat: aix… me sonrojáis!! Gracias por seguir leyéndome, amiga, no sabes cuánto me gusta que lo hagas. Voy a ir rápida con los reviews, así k no me entretendré mucho… Feliz año nuevo y que tengas muchísima suerte!!! Bye!
lolo:
perdón por los retrasos, pero es k estoi escribiendo y subiendo a la vez. No
tengo nada de margen por si me retraso, así que… Además, tengo trabajos y
exámenes a fin de semestre, y una carrera que aprovar… Y vida social!!! Sí, sí,
vida social, algo que desde hace poco tengo XD Por ello, casi no dispongo de
tiempo de escritura… TT
Veamos, a tu primera pregunta…
Por qué sigue inválido? Pues porque si anda es gracias a su magia, sin ella no
puede andar. Así que al cruzar la barrera, como sus poderes son anulados, se
queda completamente indefenso, como un muggle, y ello implica no poder usar de
la magia que lo sustenta.
Segunda cuestión… sí, tiene
poderes que no conoce ni ha utilizado jamás. Razón? Ya lo verás. XD Y, por supuesto, mi propósito es que os
asuste. Quiero que os preocupe esos sentimientos y sensaciones que va
descubriendo… Juasjuas, sé k me comprendéis.
Última… el entrecejo fruncido:
veamos, no voy a responderte a ello, pero recuerda cuándo lo hace y debido a
qué palabras responde.
Venga, nos vemos. Y feliz
Navidad!! (o lo k keda de ella)
Nigriv Guilmain: leí tus reviews, pero lo hice a menudo ibas subiendo, así que poco recuerdo de tus preguntas… Mejor cuando llegues al día, me las haces todas a la vez y así me evitas volver a leer, pq sino no voy a subir ni mañana!! Aunque te voy a decir algo, adoro tus reviews, así que no dejes de dármelos, sabes que me ayudan en cantidad!! Feliz Navidad y próspero año nuevo, amiga!
Marla:
te había visto dejando reviews por akí, y la verdad es k tu nick me hizo gracia
pues es tal y como se llama el personaje que creé en el primer fic, la madrina
de Harry. ¿Te lo habías puesto al leer el fic o lo sacaste de algún otro lugar?
A por las preguntas!!
- Veamos, a esto se lo he dicho
ya a varios más. Sí, ESTÁ paralítico. ("está" de presente, en un futuro aún
queda por decidir) Sin embargo, tras las peticiones de varios… digamos que más
que peticiones han sido amenazas, voy a considerarlo y a observar cómo puede
eso afectar a la historia. Así que, la respuesta es: no lo sé aún.
- El regreso de Sirius por parte
de los demás aún está por ver.
- Harry pidió que no dijera
nada, así que Severus está claro, no dirá nada a nadie. Además, ¿de veras
piensas que su orgullo se lo permitiría? Snape no va a cambiar aún cuando sepa
que le debe la vida a Harry. Es algo que va con él. Orgullo, delante de todo lo
demás.
- Espera a leer el capítulo.
- Espera a leer el capítulo. XD
- Te lo voy a decir ahora puesto
que lo tengo más que claro. NO, HARRY NO VA A SER UN ANIMAGO. Lo he dicho en
grande para que todos lo lean, no por simular un grito ni nada por el estilo. Es
algo que lo tengo decidido desde el inicio del fic puesto que no creo que
Rowling le haga ser uno y tampoco querría que lo fuera. (Opiniones de cada
cual)
- Eso tampoco voy a decirlo, aún
está por ver. (Imagina i guárdatelo a ver si coinicimos al final)
Bueno, trankila que no voy a
dejar de escribir, es una promesa k hice no sólo a vosotros, sino también a mí
misma. (miraré lo del 5º cap de DdO) Feliz 2005!!!
Aquí tenéis el doceavo
capítulo!!! No he subido antes puesto que aún me quedaba por terminar. 20
PÁGINAS!!! ¿No os parece una barbaridad? Diós, y suerte que he decidido
cortarlo o no subía hasta dentro de dos semanas!!
Advierto ahora: se acercan
exámenes y trabajos de fin de semestre, así que me temo no poder subir el nuevo
capítulo hasta dentro de un mes (quizás algo más ya que deberé escribirlo). Así
que lo siento, pero debo sacarme todas las asignaturas ahora y no repetirlas en
junio. La carrera es cara (sobretodo la mía) y el dinero cuesta de ganar. XD
Bueno, me alegra haber recibido
tantos reviews, incluso he superado los del fic anterior! Mi ilusión sería
superar los cien, pero eso ya no depende de mí… (se nota que os lo pido???) En
fin, dejo de daros la tabarra para presentaros la nueva actualización (no sé si
os gustará, pero ya me he hartado de ir pensando negativamente) Así que… QUE
APROVECHE!!! (Y suerte con los Reyes Magos… (quienes lo hagan))
-Ithae-
BON NADAL Y FELIÇ ANY NOU
Capítulo 12 – Días de regreso
El suave roce de la hierba rozando sus tobillos les hizo sentir dónde se encontraban.
Hogwarts.
La noche cubría la gran y bien cuidada llanura en un tranquilo silencio. Las pequeñas plantas verdes, brillantes bajo la luna creciente que reinaba en el cielo, se mecían con una armoniosa brisa nocturna, dándoles un recibimiento plácido y gratificante.
Hogwarts.
Aquél lugar al que en más de una ocasión había llamado casa y que tantas veces había deseado entre sus sueños. Parecía todo tan lejano… y allí lo tenía, justo delante de su cansada vista.
Un enorme y majestuoso castillo se levantaba en medio del inmenso campo verde, rodeado de bosque y montañas, de una magia poderosa imposible de abastecer. Su gran silueta, perfecta, fortificada y deslumbrante, mostrando su fuerza y elegancia, su esbeltez y robustez, una perfecta combinación de opuestos que se centraban en un único lugar. El orden de sus amados terrenos y el caos del bosque que le seguía en la lejanía, la luz que irradiaba con su magia y la gran sombra proyectada que limitaba sus dominios, la paz del aire a su alrededor y el movimiento que desempeñaba en el interior. Contrarios, opuestos. Pero le gustaba.
Al verlo al fin frente a sí, dejó salir un suspiro de desaliento. Había vuelto.
Las imágenes de seis años correteando por aquél lugar regresaron plácidas entre sus torturados recuerdos. Imágenes cálidas y otras de más frías, pero todas y cada una de ellas relacionadas en el mismo punto. Y la gratificante sensación de regresar al lugar tan esperado, dónde era recibido con un cálido y abierto abrazo, su mundo, el mundo al que pertenecía y por el que había luchado ya tantas veces.
Hogwarts.
- Hogwarts…- murmuró con desasosiego.
La brisa, insistente y suave, le empujó hacia delante, hacia la entrada de la gran escuela de magos que cobijaba a sus mejores amigos, a su hogar… su único hogar.
A su lado, un chico de cabello platinado bajo la luz de la luna, miraba con melancolía los grandes torreones y paredes del castillo con el corazón en un puño. Todo él emitía una sensación de tristeza y rencor, rencor a un hogar que hubiera querido amar, un hogar al que pertenecer y hallar cobijo y protección. Sentía rencor al ver cuánto lo había necesitado, cuánto lo había deseado, hasta el punto de odiar sus propios deseos anulándolos y escupiéndolos como si no fueran más que inútiles sentimentalismos lejos de su vida, incapaces de permanecer en ella. No sentía odio, sino rencor. Y, a la vez, tristeza.
Pero Harry no pudo sentirlo, su vista intentaba hallar hasta el más pequeño detalle del majestuoso castillo, deseando que aquella visión durara siempre, rodeado de la más absoluta paz, sin pensar ni desear hacerlo. Sólo observar.
Y allí la vio, más bien sintió, impresionante y luminosa, invisible para todo aquél que no deseara encontrarla. Perfecta, deslumbrante, infinita. Se levantaba alrededor del castillo, abarcando en un enorme abrazo con sus etéreas alas, como si cubriera a su bien más preciado. Allí estaba… una gran burbuja dorada. Un muro impenetrable. Una barrera increíblemente poderosa, reflejando todos los colores y ninguno a la vez, visible para él, invisible para los demás; una gran cúpula que le daba la bienvenida, con soplos cálidos, rozando su piel con delicadeza, como si reconociera a aquél cuyo poder era el centro de la creación. Pero Harry no lo comprendía, no entendía aquella salutación mágica pues sus recuerdos parecían difusos, confusos en una nube borrosa que aún no había logrado ordenar. Sin embargo, pudo reconocer, apreciar y aceptar, aquél agradable reconocimiento, como si él también quisiera saludar a su amado hogar.
Tras haber dejado aquellos minutos en los que ambos se sumieron en sus propios recuerdos y sensaciones, empezaron a andar sin dejar que sus pasos vacilaran, aún cuando su estado de cansancio fuera absoluto. En un mutuo acuerdo, los dos guiaron sus pasos hacia la gran entrada recortada en el muro con un par de puertas de metal. Sus miradas eran incapaces de despegarse de su destino, sus pasos eran mecánicos, naturales e inconscientes, como si una única fuerza les llevara directos hacia allí. Un hogar.
La distancia fue reduciéndose con cada paso que daban, hasta conseguir llegar hasta el principio mismo de los escalones que deban justo enfrente de los dos grandes bloques metálicos que les darían entrada en el interior. Pero allí se detuvo, inseguro de continuar y sellar, así, su llegada, su nuevo ingreso. ¿Pertenecía él a aquél lugar? Mucho había sucedido desde la última vez… ¿podía decir que aquél era su hogar? Sí, no cabía duda de ello. Pero la sensación de temor no desaparecía, ¿por qué? Quizás fuera su gran amor hacia la escuela, un amor imposible pues estar ahí ponía en peligro lo que más amaba. ¿Debía regresar, pues? ¿Arriesgar todo cuánto amaba por volver al hogar?
Malfoy tomó la decisión por él.
Con una seguridad que no sentía, se enderezó con el orgullo que tanto había dado, y se plantó delante de la gran puerta, dispuesto a entrar aún cuando mucho había renunciado ya. Pero… ¿hacía lo correcto? Había rechazado el mundo al que perteneció al decidir sobre su destino, su oscuro destino, junto a Voldemort. ¿Podía cambiarlo? ¿Deseaba regresar a su pasado? ¿Podría?
No pudo comprender ése paso. ¿No era acaso un mortífago? ¿Era también para él un hogar, su único hogar? ¿Era… era aquello lo que había dicho proteger? Toda lógica le decía que no, ¡no tenía sentido!
Sacudió la cabeza con energía, y volvió a mirar con determinación el oscuro metal que se plantaba ante él.
- ¿Vas a entrar o qué?- dijo Draco con dureza pero sin girarse hacia él.
Harry subió los pocos escalones que le separaban del otro, y acercó la mano hacia la gran puerta cuando ésta empezó a moverse por él haciéndole retroceder con sorpresa. Pero alguien más captó la entrada de los retrasados alumnos.
Una mirada cruzó el gran vestíbulo en su dirección, encontrándose con otro par de ojos verdes que rápidamente se conectaron a él. Así que, sin esperar ningún otro movimiento, se dirigió directo hacia ellos con su sigiloso y elegante caminar sólo delatado por un discreto fru-fru.
- Parece que tenga ganas de llamar aún más la atención, señor Potter. ¿No tuvo suficiente con el segundo año?- dijo con tono sarcástico aunque algo más suave que el utilizado frente a él, pero con el entrecejo fruncido.
- Disculpe.
El alto y delgado profesor vestido con una larga túnica negra, le dedicó una mirada profunda y silenciosa, para pasar directo hacia un desafiante Malfoy cuyos ojos eran salvajes y furiosos, llenos de una rabia más allá de cualquier comprensión. Pero no dejó que aquella fuerza del joven mago le preocupara en lo más mínimo. Terminó otra exhaustiva revisión, algo menos profunda que la anterior, y se volvió de espaldas con resolución echando a andar de inmediato.
- Síganme.- dijo sin detenerse, aunque ambos lo hicieron mucho antes de recibir la orden.
Mientras seguían con pasos rápidos y resueltos al silencioso profesor, Harry decidió echar un rápido vistazo al reloj. La hora que vio le impresionó. Eran las cuatro y diez de la madrugada. No le extrañaba que los estudiantes estuvieran ya todos en sus dormitorios, la gran ceremonia de entrada había acabado hacía horas, y dentro de pocas más deberían levantarse para iniciar con las clases del nuevo curso.
Podía sentir como el cansancio empezaba a manifestarse cada vez con más rapidez haciendo que su paso disminuyera. La tensión le había mantenido despierto y listo para cualquier acción que requiriera el cien por cien de sus movimientos. Pero al enfriarse los nervios, al sentir la protección y tranquilidad que le transmitía aquél lugar, sus músculos empezaban a quejarse por el sobreesfuerzo, la magia empezaba a flaquear, su cerebro pedía a gritos desconectar y dejar que el reposo renovara las partes dañadas.
Sin poderlo reprimir, un sincero bostezo le hizo saltar una diminuta lágrima de ensueño. Se rascó distraído la cabeza, y miró hacia los cuadros que recubrían la pared cuyos habitantes dormían ya plácidamente sin pasar por alto el disimulado vistazo de Snape con una ligera sonrisa en su cara, como si supiera cuán desgaste había sufrido y le compadeciera por el rato que aún le quedaba para descansar en una mullida y caliente cama. Un movimiento nada común en aquél hombre que, en aquél momento, tampoco tuvo gran importancia.
Pronto llegaron delante de una gárgola de piedra que enseguida reconoció como la entrada al despacho del director de la escuela Hogwarts, Albus Dumbledore.
- Pollo con fresas.- dijo a la estatua quien de inmediato se apartó con un salto dejando al descubierto unas escaleras de caracol que se retorcían hacia arriba.
Harry rió por lo bajo al escuchar la curiosa contraseña que protegía la entrada, los extraños y extravagantes gustos del viejo hombre nunca dejaban de impresionarlo.
Subieron con el mismo silencio que entonces hasta llegar a una puerta de madera que daba al despacho del máximo dirigente del castillo. Golpeó con los nudillos un par de veces, y entró dejándoles el paso a los dos chicos para, después cerrar la puerta tras ellos y avanzarlos con un par de zancadas.
Medio minuto después, un hombre con larga barba plateada, ojos azules y unas gafas doradas, bajaba por unos escalones con una bata azul marino con ribetes plateados. Su mirada, serena y algo somnolienta en un inicio, se iluminó al ver a sus invitados avanzando con mayor rapidez y resolución hacia ellos.
- Buenas noches.- dijo con alegría.
- Siento interrumpirlo, pero me parece que he encontrado a dos alumnos fuera de las horas permitidas, y he creído que merecían de su atención.
- Ya veo.- se sentó en el sillón que presidiaba la mesa detrás de todo tipo de extraños objetos, sin desviar la mirada de los recién llegados.
- ¿Le dejo con ellos?
- Puedes esperarte, no voy a tardar mucho. Estoy seguro que caerían dormidos de prolongar esto demasiado.- dijo con una leve sonrisa.
Snape, asintiendo suavemente en comprensión, se retiró en las sombras lejos de la atención que no deseaba pero cerca para captar toda la información que tendría lugar.
- Bueno, antes de nada, bienvenidos. Supongo que desearéis retiraros a vuestras habitaciones, pero antes prefiero que me aclaren un par de cosas.
- Señor…
- Señor Malfoy, ¿desea seguir con su educación en ésta escuela?- preguntó centrando su mirada que repentinamente se había vuelto seria y tajante, cortando las palabras de Harry.
Draco, sin dejar que su orgullo y desafío desaparecieran de su mirada, aguantó la del anciano director con fuerza y decisión, plantando todas las defensas mentales que conocía y fue capaz de crear, pero nada pareció intentar romperlas. Mantenía la cabeza alta, imperturbable, dispuesto a cualquier insulto o palabra despreciativa que pudiera recibir. Sin embargo tampoco esperó que todo lo que recibiera fuese una opción a su ingreso. ¿Qué preparaba aquél viejo? ¿Era una trampa? Fuera lo que fuere, no caería en ella. Por supuesto que quería regresar a Hogwarts, era algo que había deseado en todo el verano, regresar, pero aquello parecía algo imposible. Aún así, el inesperado encuentro y secuestro de Potter le había dado aquella inalcanzable oportunidad.
Quería regresar, lo deseaba, alejarse de aquellos días de terror y horror, viviendo entre la muerte y la tortura, con verdaderos monstruos que al final se habían nombrado su nueva familia. Al final, terminó por sentirse entre ellos, comprender y dejar que aquella parte de su cabeza que le insultaba y recriminara se callase. Quería regresar. Continuar con sus estudios en la estúpida escuela donde se sentía importante, fuerte y poderoso, el príncipe de las serpientes, el jefe de Slytherin. Allí tenía cierto poder, limitado, sí, pero había poder. Junto con los demás, era un retoño al que todos podían mandar y utilizar.
- Sí.- dijo con seguridad, protegido por su coraza de fría indiferencia.
Dumbledore mantuvo su impasible mirada rastreando con cuidado y sigilo, sabedor de las habilidades del chico en oclumencia y la fragilidad de su intrusión ante una alarma. Actuaba de forma cautelosa, evitando forzar y alertar de su entrada al chico. Pero, finalmente, consiguió terminar con su exploración parpadeando por primera vez desde su entrada en la confusa y confiada mente del joven mago.
Suspiró con pesadez mientras dirigía una furtiva mirada al hombre escondido entre las sombras, atento a cualquier silencioso aviso. El impasible profesor de pociones asintió en silencio para, después, acercarse a ellos.
- Muy bien. Hoy mismo empieza con las clases de su séptimo y último curso.- los ojos del chico, a diferencia de todo su rostro, mostraron un júbilo interior que escondió con un discreto asentimiento- Pero le advierto que mientras esté aquí, deberá dejar sus otras habilidades e ideales. Está para aprender.
- Comprendo.
- Puede retirarse.
Dando por concluida la charla, Malfoy giró sobre sus talones, y se encaminó hacia la puerta seguido por Snape, quien cerró la puerta al salir, ambos en un absoluto silencio solo roto por el crepitar del fuego.
- Por favor, siéntate.- dijo con un suspiro mientras cerraba los ojos con cansancio.- Hay muchas cosas de las que me gustaría hablar, Harry, y de las cuales creo que me debes una explicación.- dejó que su espalda se acomodara a la mullida butaca y le miró con severidad.- Aunque no te guste, estás en Hogwarts, y yo soy tu máxima autoridad, así que tengo todo el derecho en exigirte hechos.
- ¿Cómo por ejemplo?
- Como por ejemplo… la razón de tu nueva imagen.- descolocado por lo que supuso ser su primera pregunta, miró la ropa que vestía con la sorpresa nada disimulada. Aún llevaba el traje de mortífago.- ¿Acabáis de llegar de una fiesta y no encontrasteis mejor opción?
- Se podría decir que sí…- dijo a media voz. Pues espere a ver la marca… pensó con sarcasmo.
- ¿Perdón?- la dureza de su voz se había alejado de aquellos gestos amables y cálidos, lejos de la comprensión que tanto le había seguido en sus largas charlas. Ahora le miraba de forma distinta. Distante, severo, ¿enfadado?
- Fue un recurso que tuvimos que utilizar.
- ¿Con qué propósito?
- Investigar.
- Investigar…
- Sí, señor.
Harry había conseguido dejar la mente en blanco, sin pensar, respondiendo con rapidez y sin vacilar. Sus defensas, al máximo, imperturbables e irrompibles. Y a pesar de saber que sería capaz de protegerse de los primeros golpes del poderoso anciano, prefirió asegurarse evitando el contacto directo con sus azules ojos a sabiendas que sin él, Dumbledore no poseía el cien por cien de su capacidad para leer la mente.
Así pues, desistió. Con gestos fatigados, el hombre se levantó y empezó a andar por el despacho, con pasos lentos y pausados, sumido en sus propias reflexiones, permitiéndole un suspiro tras la tensión que acababa de superar.
- Voldemort se ha mantenido oculto durante todo éste verano dejando que fueran sus hombres quienes se movieran en silencio.- dijo de repente. Harry se sobresaltó al escuchar el nombre, sintiendo un incomprensible escalofrío en la nuca.- ¿Conoces sus planes, sus motivos?
- No.
- ¿No has sentido nada, durante todo éste tiempo?
- No.
- ¿Qué has estado haciendo? ¿Dónde has estado? Ni siquiera los rastreadores han sido capaces de encontrarte.
- Lejos.- respondió con sequedad. ¿Aún seguían intentando controlarle?- Muy lejos.
- Entiendo.- dejó de pasearse arriba y abajo para acercarse a la cálida chimenea que brillaba con un brillante fuego anaranjado.- Diecinueve aurores han muerto en los últimos quince días. Avada Kedabra. Tres eran de la Orden.- se volvió posando sus ojos en él.- Dos mil refugiados en Alemania y otros trescientos diez en Francia, sin contar los demás países del continente.- la mirada fue ensombreciéndose hasta convertirse en dos puntos negros vacíos, lejos de cualquier luz ni calor.- Pueblos destruidos por criaturas que hasta ahora se había escondido en la oscuridad más absoluta. Pero ni rastro de Voldemort.- de nuevo, el escalofrío.- Ninguna huella, ningún plan… nada. Y nuestra única fuente fue descubierta.
- Y casi destruida.- murmuró entre dientes.
- Arriesgó su vida por salvar a otras.
- Era un suicidio.
- Era una heroicidad, lo correcto.
- ¿Lo correcto?- dijo levantándose de repente, impulsado por un sentimiento de indignación y enojo que no comprendió.- ¡Lo correcto hubiera sido ir a por él, ver que estaba en peligro y rescatarle! ¡Arriesgó su vida para ayudaros, y vosotros le abandonasteis! Pero, claro, no ha sido ésta la primera vez, ¿verdad? Hace dos años hicisteis lo mismo, ¡y casi muere por la causa! ¡Por… por una estúpida causa!
- ¿Por mi causa, Harry? ¿Es eso lo que ibas a decir?- Harry no pudo decir nada, había dicho demasiado, le había levantado la voz y acusado abiertamente. ¿Desde cuándo se atrevía a tal insulto? Estaba avergonzado por su osadía, pero no había podido evitarlo, le había salido espontáneamente, sin control.- ¿Opinas que ésta lucha es inútil?
- No era mi intención…
- Pero lo has dicho.- se acercó a él y, sonriéndole con amabilidad, permitió que aquella mirada benévola y sabia, regresara de nuevo tras las gafas de media luna.- Me agrada saber cuál es tu opinión, aún cuando no coincida con la mía. ¿Sabes? Dicen que las palabras que salen sin pensar, son las más sabias… y las de corazón.- el cambio del director le dejó completamente desconcertado, incapaz de comprender lo que acababa de suceder.- Ahora sí puedo decírtelo: bienvenido, Harry.
- No comprendo…
- Sólo quería escucharte, que dejaras de esconderte tras ésta nueva máscara que te has creado. Eres realmente difícil de descubrir.- le guiñó un ojo con simpatía, y regresó a su mullida butaca, dejándose acariciar por sus suaves texturas.- Bueno…- dijo con un suspiro.- Veamos… mmm, me parece que… ¡Ah, sí! Tu nuevo horario.- de uno de los cajones, sacó un pequeño pergamino que le tendió tras un rápido vistazo de confirmación.
- ¿Qué es esto?- dijo intrigado.- Mmm… ¿señor?
- Tus nuevas clases. Digámosle… entrenamiento.
- ¿Entrenamiento?
- Soy mayor, pero oigo bien, gracias.- dijo risueño.- Nunca he comprendido la manía de la gente en repetir las cosas dos veces… ¿Creen que un anciano debe perder el oído de forma sistemática?
Harry no escuchó las locas divagaciones del director, sino que estaba demasiado impactado repasando aquél trozo de pergamino que sostenía con sus manos.
En tinta violeta, había dibujada una pequeña tabla que se distribuía en los siete días de la semana, desde el lunes hasta el domingo. Dentro, además, habían unos nombres, cada uno de ellos ocupaba dos horas: Magia Antigua los lunes y miércoles a las seis, Legiliments los viernes a las seis y media, y Duelo los martes y jueves a la misma hora, excepto los sábados que eran tres horas seguidas a partir de las diez. Por suerte, el domingo era un día que le habían mantenido abierto… pero la faena llegaría igual.
- Y todo esto…
- Deberás hacerlo durante el curso, sí. Empiezas pasado mañana.
- ¡Pero las clases…!
- Terminan a las seis, tienes tiempo. Vas a ir algo más ajetreado, pero creo que estas horas de más van a serte de mucha más utilidad que pasándote los minutos sentado en una butaca sin hacer nada, ¿no crees?
- No llegaré a fin de año…- susurró.
- No seas tan melodramático, Harry.- la vitalidad del hombre le estaba dejando cada vez más azorado. ¿Cómo podía decir semejantes cosas con tanta naturalidad? ¿Qué había ocurrido con ése enfado inicial? ¿Y la repimienda? ¿Y cómo era posible que él estuviera diciendo las cosas de aquélla forma, sin pensar? Parecía que estuviera hablando con Ron, o alguno de sus amigos, no con el director.- Ahora, mejor regresa a tu dormitorio. Tus cosas ya estarán ahí…
- ¿Cómo…?
- Imagino que tu regreso ya habrá sido anunciado.
- Pero…
- Aunque ambos no puedan verse, hay cosas que nunca cambian.- dijo más para sí mismo que para el chico, quien no comprendió el significado de la frase.- Te dispenso de tus clases, pero no las de la tarde. Son las cinco, así que supongo que estarás cansado. ¿Sabrás llegar hasta la torre?- se levantó, Harry hizo lo mismo.
- Conozco el camino.
- ¡Bien! Entonces, buenas noches.
- Gracias, señor.
- De nada, Harry. Pero, por favor, si tienes algún problema, no dudes en verme.
- Lo tendré en cuenta. Buenas noches.
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Intentando domarse el pelo en un vano intento, Harry fue bajando los escalones esquivando a apresurados alumnos y risueños niños que reían al ver a los cuadros hablar. El ambiente que le rodeaba le resultaba extraño, irreal y realmente molesto. Sentir los gritos de entusiasmo, ver las caras sonrientes, los gestos animados, las frases de bienvenida, los reencuentros tras un largo verano… no podía evitar enojarse al descubrir el sentimiento de calidez que navegaba en el aire. Vivían tan felices… ¡Eran tan necios!
Saltó las dos últimas escaleras, y se encaminó directo hacia el gran comedor que lentamente iba llenándose de hambrientos alumnos, deseosos de probar los exquisitos manjares del castillo que, en cierta medida, habían echado de menos.
Sentados ya en la larga mesa de su casa, unas caras conocidas estaban comiendo con avidez. Mas, al llegar junto a ellos, levantaron la mirada para posarse en él, haciéndole un cálido cosquilleo al sentir aquellos ojos fijos, sin desviarse.
- ¿Qué tal el verano?- preguntó de forma casual.
- ¡Harry! No te vimos anoche, ¿qué tal?- respondió un chico de pelo castaño con una sonrisa.
- Llegué ésta madrugada.- dijo tomando asiento tras la animosa salutación.
- ¿De viaje? Menuda suerte algunos, yo me he quedado dos meses en casa…- intervino otro chico de tez oscura.- Excepto por un par de días en casa de Seamus.
- ¿Has comido algo?
- No, ¡y estoy hambriento!
- ¡Yo aún no comprendo como puedes aguantarte en pie! Si fuera yo, estaría medio muerto de hambre…
- Tranquilo, Neville, vendríamos a por ti.- dijo Dean entre risas.
Dejando de lado el engorroso silencio que sus dos amigos mantenían sobre él, empezó a servirse de todo cuánto pudo recoger, sintiendo que su estómago rugía con un ruido ensordecedor.
Podía sentir la imperiosidad de los dos, su enojo y, a la vez, alivio, al ver a su mejor amigo de regreso. Quizás hubiera sido mejor decir algo, lo que fuera pues la situación estaba poniéndole nervioso, sintiendo que aquello que tragaba no iba a sentarle bien, pero prefirió esperar. Él había esperado mucho durante muchos años, por unos minutos más no se iban a morir.
De reojo, mientras los demás seguían hablando, pudo verla. Había bajado su mirada hasta el plato, dejando que su cara quedara cubierta con timidez. Diminutos reflejos dorados escapaban de entre su largo cabello, reflejados por los débiles rayos de sol que cruzaban la gran sala desde el exterior.
- Y bien, Harry… ¿No vas a decirnos qué has hecho éste verano?- dijo con un tono sarcástico que fácilmente captó.
- Mejor déjale comer en paz, Ron. Aún tenéis tiempo para la siguiente clase… mmm…
- Defensa contra las artes oscuras.
- Eso.
- ¿Y quien hay éste año? ¿Aún tenemos a Padmess?- preguntó intentando desviar la pregunta.
- ¿Padmess? No, se fue.
- Cualquiera diría que lo hizo expresamente para seguir con la tradición.- dijo con un suspiro. A todos les había gustado la anterior profesora, una mujer guapa y que sabía enseñar como nadie había hecho en aquella asignatura. Excepto Remus Lupin.
Levantó la mirada hacia la mesa presidencial donde los profesores conversaban y comían atentos a los escurridizos alumnos. Estaban el director, sentado en su trono central, la profesora McGonagall, el pequeño profesor Flitwich, Madame Hooch, la profesora Vector, y otros muchos que mantenían sus miradas encima los jóvenes magos a la vez que comían con calma. En ningún lugar vio a Snape, ni a algún nuevo miembro que le identificara como el ocupante de la asignatura maldita.
- No está ahí, terminó hace ya un rato.- habló por vez primera la chica. No pudo evitar desviar toda su atención hacia ella, mas, justo al último instante, volvió a centrarse en su plato, como si quisiera volver a servirse con algo más.- Pero la conoces.
- ¿Ah sí?
- ¿Correo? Pero si ésta vez no me he dejado nada…
- No creo que sea para ti, Neville.
Una preciosa lechuza blanca entró en el comedor sobrevolándolo con majestuosidad y delicadeza, como si fuera una ligera pluma de seda que descendiera del cielo en un vuelo magistral.
- ¡Hedwig!- dijo con regocijo al sentir su peso en el hombro.- Me alegra verte, chica.- con cuidado, temeroso de desordenar aquél bien cuidado plumaje, el chico le acarició con cariño sintiendo el calor que despedía el animal. La había echado de menos…
Le dio un trozo de pellejo del delicioso pollo asado, y siguió con sus mimos cuando vio que llevaba una pequeña nota atada a su pata derecha. La desató, y permitió que se fuera tras dejar que le picoteara cariñosamente su oreja saludándole con júbilo.
- ¿A qué hora empezamos?
- Dentro de quince minutos.- concretó Hermione.
- Mejor apresúrate, tampoco tienes demasiado tiempo.
- Por cierto, debes ir con McGonagall para hablar sobre la nueva temporada de Quiddich. ¡Este año debemos batir todos los récords!
- Séptimo… aún recuerdo el primer día de clase. Por poco termino con un ataque de histericismo al llegar la noche.- dijo con desagrado Neville.
- Pues a mi me faltó poco.
Dejó de escucharles demasiado preocupado por un nuevo problema.
¡Quiddich! ¡Se había olvidado de ello! ¿Cómo iba a manejar el equipo y además hacer las clases extras y los deberes que sabía no iban a desaparecer? No podría hacerlo todo… ¿Y si hablaba con el director? Quizás podía reducir o eliminar un par de horas, sería suficiente.
"¿Por qué yo? ¿Por qué siempre a mí? Cada vez que hay algo que quiero, me es arrebatado… ¿Por qué?" pensó con desánimo. "Deja de quejarte. Hay cosas más importantes que un estúpido juego."
- ¡¿Qué?!- dijo levantándose de repente.
Un silencio general se expandió a su alrededor haciendo que cientos de ojos se fijaran en un único objetivo: él.
- Tampoco es para tanto… Solo decía que no comprendo porqué siempre hay caramelos de limón y menta.- respondió Seamus.
- Oye, ¿ocurre algo?- preguntó Ron a media voz.
- No, nada.- sintiéndose ridículo, volvió a su asiento pensando febrilmente en una salida creíble, pues sabía de antemano que ya todos estaban atentos creyendo que algo oscuro había visto.- Pero admítelo, tener caramelos es lo mejor para no aburrirte en clase. Siempre puedes agrandarlo y convertirlo en un sapo de limón.
- O hacer pegatinas explosivas con gusto a menta… ¿Alguna vez lo habéis intentado? ¡Imaginad una de ésas pegada al culo de Snape!
- Entonces olería mejor.- dijo Dean con una carcajada.
- Suerte que mis hermanos ya no están aquí, sino seguro que lo intentan.
- ¡Oh, vamos! Aún recuerdo el pantano… Hace dos meses compré uno de ésos y se lo regalé a mi prima. No veas como alucinó.
- Han abierto una nueva tienda en el Callejón Diagón, ¿no?- intervino Neville.
- Sí, hará poco más de dos meses y medio.
Viendo que de nuevo seguían con la conversación como si nunca hubiese intervenido, echó un rápido vistazo a su reloj. Aún tenía diez minutos.
Tomó un par de manzanas y se levantó.
- Harry…
- Debo coger un par de cosas, nos vemos en clase.- dijo cortándola.
- Espera.
- No tardaré.- y, antes de poder ser frenado por el pelirrojo quien había abandonado precipitadamente la conversación, consiguió escapar hacia la gran entrada.
Sin detenerse ante nada, siguió caminando a paso rápido hacia los jardines de la escuela, verdes bajo un cielo claro y sereno, sin ninguna nube que cubriera el gran mar azul celestial.
El aire fresco revolvió su pelo con alegría, como si quisiera darle su particular bienvenida, mucho más agradecida que las hasta ahora había recibido.
Dejando que sus pasos le llevaran hasta su meta, dejó que sus pensamientos se centraran en los últimos minutos pasados en el Gran Comedor. No había ido bien. Nada bien.
Había deseado regresar. ¡Por Merlín, lo había deseado tanto…! Y ahora que estaba de vuelta… ¿Cuántas veces pidió volver a verlos? A ellos… a ella. No había logrado quitársela de la cabeza desde aquella vez en sus recuerdos. Le perturbaba e incomodaba, y hasta llegó a odiarse por no poder centrarse en lo que realmente importaba. Pero siempre estaba ella. Sus ojos, su sonrisa, su calor agradable y reconfortante. Verla había sido una tortura. Nunca creyó que le costara tanto. Al fin y al cabo, era ella, su mejor amiga, alguien en quien había confiado en más de una ocasión. Ella.
Recordaba haberla visto mucho antes incluso de entrar en aquél lugar, como si pudiera verla a pesar de los obstáculos, muros y bosques. Y allá estaba, a su alcance, delante mismo, cubriéndose de su mirada esmeralda, lejos de sus ojos; temerosa, inalcanzable, lejana. Pero también recordaba la repimienda que ya una vez se hizo. Aquello no era posible, no podía suceder, estaba lejos de sus posibilidades. Sería su amigo, como hasta entonces, nada debía cambiar. Por su bien, por el de ella, por el de todos.
Despertando de sus cavilaciones, se encontró justo delante del gran lago.
- Vamos, ¿qué estás haciendo?- dijo entrecruzando los brazos con una sonrisa.
Observó un grupo de alumnos dirigiéndose hacia los invernaderos cargados de libros y conversando entre ellos con entusiasmo. Parecían pequeños, quizás fueran de segundo o tercer año. No pudo evitar sonreír al recordarse a sí mismo junto a Ron y Hermione caminando alegremente hacia la clase de la profesora Sprout.
Un burbujeo en medio del lago hizo que volviera la vista mientras cogía una de las manzanas y la mordía con un gran mordisco.
Un par de ojos emergieron entre escamas rojas y destellos dorados.
- ¿Se puede saber qué haces aquí?
- Darme un baño.- respondió una voz grabe dentro de su cabeza que sabía que provenía de aquellos enormes ojos brillantes y feroces pero que tanto le habían enseñado.- Bonito lago.
- Creí que me habías dicho que te irías a Noruega.
- Y fui. ¿A qué no sabes qué me he encontrado aquí bajo?
- No quiero saberlo.- dijo con tono resignado.
- Lástima que no eran comestibles.
- No puedes quedarte aquí.
- ¿Acaso crees que iba a hacerlo? No respiro en el agua.
- Solo me faltaría ver eso: un sapo con alas.- a tiempo, esquivó un rayo de agua salido de las fauces del animal.- Vamos, no tengo tiempo para eso. ¿A qué has venido?
- Te dije que vendría.
- Pero no tan pronto.
- Puede que te echara en falta.
- Lo dudo.
- Nadie va a verme, puedo cuidarme de mí mismo.
- Eso sí que hace gracia.
- ¿Dudas de mi poder? ¿Debo recordarte que he sido YO quien te ha enseñado lo poco que ahora sabes? Cogí a un inepto, y lo he convertido en…
- …otro inepto con un poco más de cerebro. Muy bien, tú ganas.- resopló cansadamente.- Dentro de dos minutos tengo clase y aún debo ir a por mis cosas. Escucha. ¿Ves el bosque?- dijo señalándole los árboles que nacían tras la pequeña cabaña de Hagrid.- Escóndete ahí. Ten cuidado con algunos habitantes del lugar, son reacios a las visitas inesperadas y a los grandes inquilinos…
- Nadie puede resistirse a mi encanto.
- Eso me temo…- movió la cabeza negativamente y le lanzó la otra manzana que rápidamente fue engullida por una gigante boca repleta de puntiagudos colmillos.
Dio media vuelta y empezó a correr directo hacia el castillo mientras los ojos volvían a sumergirse entre pequeñas burbujas.
Sabía que no llegaría a tiempo si subía a por sus cosas, por lo que no vio otra alternativa que invocar los materiales a él. Como hacer magia en el pasadizo podía llevarle a un castigo, se escondió en la oscuridad de un rincón, y esperó. Entonces recordó la nota que Hedwig le había llevado.
Tomó el trozo de pergamino y lo abrió. La letra era grande y con rasgos infantiles, escrita con prisas y tinta negra. Se veía incluso que se trataba de un pedazo de alguna página de un libro.
Cuando termines clases, ven a
mi cabaña. Inmediatamente.
Hagrid
Imaginó que las prisas quizás eran debidas a las ganas de verlo, pero no era algo que pudiera asegurar. Aún no tenía su nuevo horario, y no sabía cuándo tendría clase con el semigigante, su amigo, así que su única opción era aceptar su petición y cumplirla.
Diez segundos después, una bolsa, dos libros, un juego de pergaminos, dos plumas y un tintero, llegaron volando a toda velocidad a través del pasadizo desierto. Aliviado al ver que nadie los había seguido, lo puso todo dentro procurando no dejar el bote debajo, y salió corriendo hacia la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Pero llegaba tarde.
- Tarde, señor Potter. Siete minutos tarde. Espero que tenga una buena razón para ello.- dijo una voz femenina al fondo de la clase justo cuando decidió abrir la puerta tras llamar con educación.- Siéntase. Pero intente no volver a retrasarse, por favor.
Con rapidez y silencio, se encaminó hacia la primera mesa que encontró. Sacó sus cosas, y miró hacia delante con determinación, sin siquiera fijarse quien era su nuevo compañero. Las miradas sorprendidas y reacias de algunos de sus compañeros le intrigaron, pero enseguida le quitó importancia al prestar atención a su nueva profesora quien ahora le daba la espalda. ¿Cómo había podido saber su nombre sin mirarle tan siquiera? ¿Acaso era el único que faltaba? ¿En verdad le conocía?
La mujer vestía una larga túnica negra que se camuflaba con su largo pelo negro largo hasta casi media espalda, todo ello rizado. No pudo ver nada más, pero supuso que sería guapa. Demasiado guapa.
Frunció el entrecejo.
Parecía joven… Una chica de buena edad, bella… seguramente sería inexperta. ¿Otra vez deberían cargar con incompetentes? Creía que Dumbledore había aprendido en todo aquél tiempo, pero quizás se había equivocado. Y si así fuera, ¿debería volver a abrir el ED? Hacerlo sería poner a los chicos en peligro, un enorme peligro que iba más allá de su destino, un peligro que no debían tener, que no debían ver. Así pues, él sería quien debería prepararse. Y, aún estar las clases extra, sabía que no sería suficiente. Ni el dragón en todos aquellos días intensivos de lleno en el peligro, había logrado enseñarle el suficiente como para enfrentarse cara a cara con un mago experimentado.
- Sigamos.- dijo rompiéndole todas sus reflexiones.- Éste va a ser vuestro último año en ésta escuela. Eso significa que al salir de aquí deberéis enfrentaros al mundo laboral, a la realidad. Una realidad dura en estos tiempos, pero en la que nos ha tocado vivir y luchar.- dio media vuelta encarándose a ellos y les miró con seriedad.- No voy a mentiros. Es posible que las cosas empeoren, quizás vosotros no vais a poder hacer nada por evitarlo, quizás os encontréis en una situación complicada o peligrosa dentro de unos años, semanas incluso, y ya no sois niños que se pueden esconder tras un armario. Deberéis actuar como os corresponde. Yo no puedo hacer nada por evitarlo, nadie puede. Sin embargo, sí puedo enseñaros cuánto pueda para prepararos a enfrentaros ante situaciones donde la esperanza parezca absurda. Porque esto es justamente lo que no se puede perder, nunca.
Tenía los ojos verdes, escondidos entre rizos que graciosamente caían por su cara hasta los hombros. Sus labios, rojos como la sangre, dibujaban una boca perfecta repleta de unos dientes blancos y bien cuidados. Lo que pensó era una túnica, resultó ser una larga capa negra que cubría un ajustado vestido rojo rubí. Era realmente bella.
- Bien, dejemos ya la introducción y empecemos con la clase.- exclamó con jovialidad.- Sé que han tenido dos buenos profesores en ésta materia, a pesar de haber hecho ya seis años. Pero confío en vuestra capacidad y nivel, así que iremos directos a la preparación para los EXTASIS, vuestro examen de final de curso.- se encaminó hacia un armario cerca de la mesa que presidía el aula, y continuó hablando.- Como es la primera clase, he pensado que vamos a iniciar con un ejercicio práctico. Así me haré una ligera idea de vuestra capacidad.
Harry no conseguía identificar a aquella mujer aún cuando tenía la extraña sensación de familiaridad con ella, como si ya antes la hubiese visto. ¿Pero dónde?
Abrió las puertas de madera, y dejó a la vista varios montones de bolas de cristal, todas ellas repletas de un humo gris amorfo.
- Tal y como estáis sentados, en parejas de dos, venid a recoger una de éstas bolas. Vamos.
Impacientes, los alumnos se fueron levantando dirigiéndose hacia ella para recoger aquél extraño objeto mientras la misteriosa profesora iba apuntándoles en un pergamino con tinta violeta.
Harry dejó de darle vueltas al asunto, y se giró por primera vez para hablar con su compañero de necesidad e ir hacia delante la clase. Pero cuando lo hizo, se quedó estático en su sitio. A su lado, un Draco Malfoy rebufaba irritado.
- Genial.- dijo tras un par de minutos.- ¿Piensas moverte o vas a estar ahí todo el santo día?- maldiciéndole hasta la muerte, se levantó sin esperar a que le siguiera.
"Lo que me faltaba… Hoy mejor no me levanto."
- Id recogiéndolas y poneos en una fila. No se entretengan, por favor. Y cuidado no les caiga…- añadió al ver a un par de chicos jugar con la bola de cristal.
Malfoy cogió una de ellas, y fue junto a los demás haciendo que Harry se apresurara a seguirlo con un enojo creciente. ¿Cómo no se había dado cuenta de que él se sentaba allí? Podía sentir las miradas contrariadas y confundidas de los demás, pero nada podía hacer por remediarlo excepto terminar con aquél ejercicio cuanto antes mejor.
- Creía que estabas en otro grupo.- dijo al alcanzarle.
- Me cambié.
- ¿Están todos? Empecemos pues.- con unos pasos rápidos y energéticos, se puso frente a ellos sosteniendo una de aquellas esferas en su mano izquierda mientras agarraba su varita con la otra.- Esta esfera que tienen en sus manos es un mero contenedor. Os preguntaréis de qué, pero ni yo misma puedo responderos a ello puesto que eso depende de cada persona. Podríamos definirlo como un impostorus, sólo que éste no se desvanece con Ridiculus. Se trata de un hechizo, no es un ser vivo. Va a tomar la forma que ustedes deseen, no la que teman, se convertirá en un rival al que deberán derrotar. La única forma de ganarle es eliminándolo como si fuera real, así que necesitarán de todos sus conocimientos para lograrlo.- todos silenciaron sus voces al sentirla, como si un temor general se hubiera apoderado de ellos.- No deben preocuparse.- dijo como si supiera en qué pensaban.- Les dejaré un tiempo de quince minutos. Si hay algún peligro o se vieran incapaces de conseguirlo, yo les ayudaré. Pero les advierto que no escapen, puesto que cualquiera que huya será atacado por la criatura de forma inmediata. ¿Alguna duda? ¿Sí, señor Finnigan?
- ¿Por qué dos? Con los impostorus solo podemos ser uno…
- Pero esto es un hechizo. Ser dos hará que les resulte más fácil derrotarle. La forma que tomará será aquella en la que ambos coincidan como posible rival según su nivel. Sin embargo, aunque trabajar en equipo les dé ventajas, también requiere coordinación y reconocimiento por ambas partes. Así que éste ejercicio no solo les hará aplicar sus habilidades, sino también aprenderán a confiar en vuestro compañero, tal y como pide una situación real. Nunca se debe trabajar en solitario. La unión hace la fuerza, señor Finnigan.- dijo con un simpático guiño de ojo.- ¿Más preguntas? Bien, entonces adelante. Los cinco primeros grupos, repartíos por la clase y cuando os dé la señal, tocad ambos la esfera. ¿Entendido? Venga.
Temblando y con los ojos casi fuera de las órbitas, los primeros diez alumnos de la cola avanzaron temerosos situándose en distintos rincones. Pero poco podían esconderse, pues la profesora había apartado todos los pupitres dejando un amplio espacio central que les permitía una gran libertad de movimientos que aumentó al encantar el aula para dar más espacio de combate.
- Tranquilícense, no les va a suceder nada si están concentrados en lo que hacen. Vamos, están en séptimo…- dijo con un bufido irritado.- ¿Listos?- Harry pensó que más que listos, lo único que estaban era asustados a muerte.- ¡Adelante!
Aún cuando parecían estar estáticos en sus sitios incapaces de moverse ni reaccionar, al aviso todos acercaron sus sudorosas manos a la reluciente esfera como si de una bomba se tratara, y aguantaron la respiración. La mujer hizo un complicado movimiento de varita, y las cinco bolas de cristal se iluminaron con una tenue luz blancuzca. La reacción del objeto les tomó tan de repente que cuatro de las cinco bolas salieron disparadas hacia el techo, aunque nunca llegaron a tocarlo, pues desaparecieron un segundo después que pareció eterno. La nube que antes se removía en el interior se vio liberada de su prisión permitiéndole contraerse hasta crear una masa dura y resistente que empezó a tomar forma con espantosa rapidez.
Tres serpientes enormes se materializaron en el suelo, retorciéndose amenazadoramente. De unos seis metros de largada, con una cabeza similar a la de un basilisco sin aquellos ojos amarillos letales y una piel pintada con verdes oscuros y rojos sangre, siseaban con ferocidad, haciendo que los horrorizados estudiantes retrocedieran con pavor. Pero no fueron los únicos seres que aparecieron. Una gran cosa de color azul marino, con tacas negras, y un par de enormes garras con tres dedos, se plantó frente dos chicos quienes quedaron mudos por la impresión. Y, aunque el deméntor que apareció como última prueba era el más conocido y temido por Harry, no pudo evitar sentir un escalofrío al ver aquella asquerosa criatura que ya antes había visto. La recordaba con toda claridad… en la masacre de París. El mismo ser que había matado a la hermana mayor de la pequeña bruja al romperle la cabeza con sus poderosos colmillos.
Como los chicos no se movían, fueron sus creaciones quienes iniciaron un feroz ataque haciéndoles, al fin, reaccionar. Dos chicas y un chico se asustaron hasta el punto de intentar escapar, pero enseguida fueron detenidos, hecho que provocó una reacción de expelliarmus de todos. Sin embargo, todo y frenar a las serpientes, no hizo igual con los dos restantes.
Harry temió que el espanto inicial les impidiera ser capaces de reaccionar ante el peligro que les amenazaba, temía que no lograran apartar el miedo y dejar de mirar a los seres como monstruos sino como meros objetos que destruir para la propia supervivencia. Él lo conocía bien. ¿Pero y ellos? Indudablemente no.
¿Y cuando él probara… qué aparecería? ¿Cuál sería el enemigo que estaría a su altura? De los cinco actuales, el más poderoso era sin lugar a dudas el monstruo de París. ¿Y el suyo? Harry deseaba saberlo, necesitaba saberlo. ¿Sería capaz de enfrontarse a Voldemort? ¿Tendría suficiente nivel? Debía tenerlo, ¡era necesario! Pero dudaba que la profesora le dejara probar, era demasiado arriesgado. ¿Haría como Lupin había hecho? Sin duda sería lo más sensato, no podía negarlo. Pero tenía tantas ganas…
- ¡Experto Patronum!- gritó hacia el deméntor haciendo que un pequeño camaleón plateado se crease encima su brazo derecho. El pequeño animal saltó directo hacia el ser oscuro haciendo que desapareciera con un solo roce.- ¡Iris furnuë!- pronunció con claridad hacia las dos serpientes que quedaban.
Los seis chicos que se habían quedado intentando destruir a sus propias criaturas, se acercaron a ella con un par de rasguños y algunos temblores. Por suerte, el peor monstruo había sido derrotado por ella cuando casi parte a uno de los alumnos por la mitad.
- No ha estado mal. Tengan, coman esto.- dijo a las dos chicas del deméntor.- Las criaturas que habéis visto son comunes, y no tan conocidas. Las serpientes eran anacondas mágicas, también llamadas jun en la India, lugar donde viven. Había también un deméntor cuya única forma para derrotarle es con un patronus, un protector creado por buenos recuerdos. Y el más poderoso y letal de todos ellos, un hangrod, un ser que vive en las profundidades de los precipicios, en cuevas, algunas veces incluso en las cloacas, aunque no son tan comunes. Su vista es reducida, así que la mejor forma de terminar con él es mediante hechizos con una gran potencia lumínica. Un ejemplo, es el Lumus solem. Venga, los siguientes diez.
Ése fue el turno de Hermione y Ron. Los diez alumnos avanzaron algo más seguros que los anteriores, aunque su ansiedad se veía claramente reflejada en sus ojos.
- ¿Preparados? ¡Ahora!- y nuevamente todo volvió a empezar.
Aún tener todos sus nervios a flor de piel, Hermione mantenía la varita alta y lista para atacar. A pesar de ello, el rival que le correspondió la desarmó de todo valor.
Harry nunca había visto algo similar, aunque sí había visto referencias en varios libros sobre animales oscuros durante aquel verano. Tenía el cuerpo de un león, patas delanteras de águila y traseras de caballo, cola de escorpión y dos cabezas de serpiente unidas en un solo y grueso cuello. Debía medir unos dos metros de altura y cuatro de largo, haciendo que su presencia hiciera recular a todos los demás.
Otra anaconda mágica, dos trolls y otro deméntor que se acercó a dos preparados Seamus y Dean. Los ocho chicos se lanzaron frenéticos contra sus contrincantes intentando no escuchar sus propios miedos y dejando el espacio central para el enemigo más poderoso y feroz de aquella ronda.
Su poderosa cola cortó el aire con increíble velocidad, consiguiendo un profundo corte en el brazo izquierdo de la chica que hizo que muchos soltaron exclamaciones de alarma y preocupación.
Hermione se lanzó hacia un lado rodando sobre sí misma para, fuera de su alcance, lanzarle un desmaius en sus patas que le hizo doblegarse. Pero aún le quedaban sus dos cabezas y la peligrosa cola.
- ¡Cuidado!- gritó al ver que una de las cabezas se lanzaba directamente hacia ella mientras con la cola apartaba a Ron de la zona de rescate.
En un agonizante segundo, ambos se miraron directamente, comunicando mucho más que con simples palabras sin valor. Ella pudo ver su preocupación y él, su determinación. No pudo sino sorprenderse.
Reaccionando, lanzó un potente expelliarmus que la alejó del alcance de los venenosos colmillos. En respuesta, Ron pudo colarse por debajo realizando un acertado hechizo paralizador que logró darle los segundos necesarios para ir en la ayuda de su compañera. Ayudó a levantarse, y regresaron al ataque lanzando hechizos a diestro y siniestro, convirtiendo aquél lugar en un auténtico centro de fuegos artificiales.
Cinco minutos después, todo habría terminado.
Con un perfecto control, la mujer eliminó a la peligrosa bestia que amenazaba en matar al chico que se había interpuesto entre una Hermione casi inconsciente y una sangrienta criatura con ansias de comer. Eliminó también al deméntor tras los intentos de los dos chicos por crear un patronus perfecto, y acabó de destruir a la anaconda ya casi moribunda.
- Señorita Granger, deberá ir inmediatamente a la enfermería. La cola de la quimera lleva veneno.- indicó a una de las primeras chicas que la acompañase, y regresó con los demás.- Ahora hemos visto dos criaturas nuevas: un troll y una quimera. Por supuesto, es mucho más peligrosa la quimera que ningún otro de los que han salido hasta ahora. Y debo admitir que me habría sorprendido muchísimo si hubieran logrado eliminarla. Aún así, el hecho que les haya salido, significa que el nivel que poseen equivale a su potencia. Las quimeras son extremadamente difíciles de eliminar debido a su variedad de organismos y habilidades. Sin embargo, un buen consejo es atacarlas con hechizos elementales, cuánto más puros mejor. Esto las debilita. A partir de ahí, deben intentar anular su sentido del olfato y vista. Si lo consiguen, la balanza va a decantarse a su favor.
- ¿Dónde habitan las quimeras, profesora?- preguntó una chica pelirroja.
- En realidad las quimeras son producto de la magia. Por ello, su variedad puede ser infinita. Pero su debilidad a las magias elementales está presente en todas ellas, por lo que es un buen consejo a seguir si os encontráis con una de ellas.- hizo una breve pausa, y miró a los alumnos restantes, ocho.- Vuestro turno.
Harry y Malfoy avanzaron con serenidad y concentración. Tal era su poste imperturbable y confiado, que los demás no pudieron dejar sino de observarlos como hipnotizados. Despedían una fuerza que ningún otro había mostrado, una voluntad más fuerte que el acero, una experiencia nacido de la realidad, no de los libros.
Ambos se miraron a los ojos con determinación, sin ninguna duda sobre lo que debían hacer. Habían visto lo suficiente como para tomarse aquella prueba con seriedad. Además… había una duda. Una única duda. ¿Qué saldría? ¿Hasta qué nivel habían llegado?
- ¡Ya!
La esfera desapareció de entre sus dedos haciendo que el humo se elevara hacia el techo, lejos de su alance. Los dos sacaron sus varitas al acto, esperando a ver su rival, aquello que tanto habían esperado y ahora se presentaría.
La forma, difusa y amorfa, se alargó posándose suavemente al suelo, entre ellos dos, justo al centro del aula. Poco a poco fue tomando forma, aunque continuaba cubierta por la misma nube gris ahora con un alarmante tono negro rojizo. De pronto, por sorpresa de todos, una rápida forma negra salió de entre la niebla lanzándose directa hacia Harry.
Siguiendo los instintos que hasta entonces tanto le habían mostrado confiar, dejó que la magia le rodeara en un sencillo Protego que paró el primer impacto. Se lanzó hacia su derecha, y respondió con un hechizo desarmador que hizo saltar al atacante. Aquello le dio el tiempo necesario para ver cuál era la identidad del atacante. Aunque al saberla, no pudo evitar que un ligero escalofrío le hiciera tambalearse. Una reacción que le llevó a una arriesgada desprotección.
Era un vampiro.
Su largo pelo negro, liso y brillante. Su tez blanca y sus labios de un rojo intenso, sus ojos completamente negros, y sus orejas ligeramente puntiagudas… Vestía un traje negro con una fina tira plateada en los puños y en la cintura. Todo cubierto por una gran capa negra y roja que le daba un aspecto aún más delgado a la ya de por sí delgada estructura.
Malfoy se lanzó con un furioso grito hacia la rápida criatura nocturna que iba directa hacia un desconcertado chico. Paró su inminente golpe al invocar una cuerda y atarla a sus pies, y lo arrastró hacia él con la misma fuerza que hasta entonces. Pero el ser también contraatacó. Lanzando un violento zarpazo hacia su cara, consiguió rozarle la mejilla haciéndole un profundo corte que enseguida sangró. Aquello aún le enfureció más, haciendo que tirase de la cuerda hacia arriba con un sobre esfuerzo y otro grito de guerra.
El vampiro abrió dos grandes alas en el aire y se lanzó directo hacia él.
Despertando al ver el furioso ataque de Draco, Harry apuntó al ser inmortal justo cuando era lanzado. Observó con frialdad cómo abría las alas, y disparó un caliente rayo de aire que le hizo desviar su trayectoria de vuelo.
- ¡Hacia tu derecha!- gritó.
Ambos, con una perfecta coordinación, rodaron por el suelo hasta quedar a pocos centímetros entre ellos, espalda contra espalda.
El vampiro sonrió.
Juntó las manos mientras se suspendía en el aire con agilidad, y dejó que los chicos tomaran un tiempo de reposo, una tranquilidad que les llevaría de lleno a la guerra.
Los demás combates seguían su curso, pero no les influenciaban. Ellos estaban al centro mismo de toda la tormenta, eran al centro del huracán. Y enseguida supieron que así sería durante los trece minutos restantes.
Una espesa nube, invocada por la mágica criatura, cerró el espacio que ocupaban aislándolos de los demás, imposibilitando cualquier salida o ayuda sin temor a herir alguno de ellos. Pero aquello no les precipitó a la locura ni a la desesperación.
- Ahora estamos en su terreno.- susurró Malfoy.
- Pues mejor será no permanecer mucho más en él.
- ¿Alguna idea?
- Ahora mismo… ninguna.- dijo con desagrado.
- Pues improvisaremos.
- Genial, lo que mejor sé hacer.
- No te quejes, ya hemos visto a bichos de ésos, ¿recuerdas?
- Demasiado bien…- el ruido de algo yendo a gran velocidad los alertó.
El ataque que recibieron les tomó completamente por sorpresa. Dos pares de garras desgarraron el aire arañándoles las túnicas hasta llegar a la piel. El dolor que les prosiguió les hizo retorcerse hacia delante entrecerrando los ojos entre un largo grito de sufrimiento.
Habían sido heridos.
No sabía qué estaba sucediendo fuera de aquél muro de confusión, ignoraba lo que deberían estar haciendo los demás alumnos, incluso desconocía los movimientos de la profesora. ¿Les habría escuchado? ¿Habría ido hacia ellos en su ayuda? Porque de ser así, lo que encontraría allí dentro quizás fuera mucho más de lo que esperaba encontrar pues el rival ya no era uno, sino dos.
Los vio. Dos vampiros, idénticos, perfectamente iguales, sin ninguna diferencia ni error, como si un espejo hubiese aparecido de la nada arrancando el reflejo de la virtualidad hacia el mundo real. ¿Había sido un hechizo? Si fuera así, ¿cómo lo había hecho?
- Son… dos…- dijo entrecortadamente.- Malfoy…
- Maldito…
De nuevo otro ataque escondido entre la niebla, la profunda e impenetrable niebla. Allí dentro apenas podía ver nada, y con faena logró averiguar el ataque del enemigo y su estrategia. Imaginó que había realizado alguna magia capaz de duplicarlo. Al fin y al cabo, al igual que los hombres lobos, los vampiros también eran magos… Pero saber aquello no le tranquilizó en lo más mínimo.
Rodó sobre sí mismo evitando un golpe fatal, pero no lo suficiente rápido como para esquivarlo al completo, por lo que otro arañazo en la espalda se sumó a su dolor. Tuvo que morderse el labio para no chillar de pura agonía.
¿Qué podía hacer?
Su pecho estaba sangrando, lo vio al retirarse las manos de él, y supuso que su espalda también ofrecería un aspecto similar. Podía sentir el frío entrándole en el cuerpo, como una serpiente que entumecía sus nervios atontándole y disminuyendo todos sus reflejos. Se estaba desangrando.
Necesitaba ayuda. Pero el único que podía ofrecérsela era Malfoy, y sabía que sus condiciones tampoco serían muy buenas, incluso quizá podía estar ya inconsciente.
Sintiendo el cuerpo caer a toda velocidad de nuevo, levantó la varita y pronunció otro escudo viendo que esquivarlo era prácticamente imposible. Aquello le dio unos segundos más para reaccionar.
Invocó unas vendas que cubrieran las heridas así, al menos, ya no veía la sangre. Ahora, toda su atención se centraba en el veloz y letal enemigo.
Sabía que debía poder derrotarlo, ellos lo habían invocado, era de suponer pues que también pudieran ser capaces de eliminarlo. Por lo que la salida existía, ahora solo se trataba de encontrarla… ¿pero dónde? ¿Qué sabía de los vampiros? Poca cosa. Seres que vivían en la oscuridad, eternos, bellos, fríos y despiadados, cuyo único objetivo en su longeva existencia era gobernar por encima de todos, el poder. No le hacía falta saber que con un mordisco de aquella criatura podría convertirse en uno de ellos, temeroso del sol… ¿Del Sol? Pero si era de día… las ventanas estaban abiertas, en la clase entraba suficiente luz solar y, a pesar de que dentro de toda aquella niebla los rayos parecían distorsionarse y apagarse, continuaban existiendo. ¿Cómo era posible entonces?
¿No era real?
No, sí lo era. Sus heridas eran reales, escocían y le hacían perder sus sentidos.
Aquello era el resultado de la magia de la esfera, era un hechizo. La criatura no era más que un resultado, no era un ser vivo… O eso había dicho la mujer. Aún así, compartía las mismas características que la criatura a la que se asemejaba.
"Pero la luz solar no le ha dado de lleno…" pensó de repente.
- ¡Lumus solem!- gritó hacia la criatura que volvía a él.
Un grito de dolor salió de la garganta del ser haciendo que cayera al suelo con un golpe sordo.
Con precaución, se acercó a él, siempre con la varita en alto preparado para defenderse. Con una mueca de asco, se tapó la nariz. La parte izquierda de su cuerpo, como si hubieran dibujado una gran circunferencia en el aire, estaba quemada mostrando la carne al rojo vivo. Su cara, brazo y pecho, habían sido tocados por el hechizo y chamuscados por él.
Olía a carne quemada.
Viendo que no se movía, decidió intentar buscar a Malfoy. Sin embargo, una mano le agarró el tobillo justo cuando le daba la espalda. Seguramente se habría retorcido de dolor si hubiese tenido sensibilidad en las piernas pero, al no ser así, no consiguió darse cuenta del peligro en el que estaba cuando, tras un par de segundos de desconcierto, pudo sentir como empezaba a perder el equilibrio. Alarmado, miró hacia abajo y observó como el tobillo era roto por aquella fina y larga mano blanca dotada de una fuerza inhumana.
La caída hizo que todas sus heridas vibrasen con dolor haciéndole retorcerse de angustia y sufrimiento. Una tos empezó a engullirle los pulmones haciéndole escupir sangre en cada expiración. Sentía un mareo creciente que iba en aumento en cada segundo que pasaba…
Casi a tientas, intentó recoger la varita que había desaparecido con la caída para poderse defender de aquella cosa ya amorfa y despojada de toda belleza que se le abalanzaba encima con la garra extendida directa hacia su cuello. Sin embargo, antes incluso de poder encontrarla, la falta de aire causada por una cuerda blanca y fría agarrada en su cuello hizo que dejase toda búsqueda para apoyar sus dos manos encima un brazo huesudo que le apretaba con brutalidad.
Un fuerte e insoportable dolor se antepuso a los demás, mucho más punzante que los hasta ahora sentidos. Sentía su cabeza explotar, su pecho repleto de agujas afiladas que se clavaban inclementes en todos lados. El frío que hasta ahora había recorrido su espalda empezaba a expandirse hacia sus extremidades, haciendo que los nervios se durmieran y las sensaciones desaparecieran. La vista empezó a desenfocarse y oscurecerse, los sonidos se distorsionaron quedando sólo el ruido de una respiración fatigosa y ahogada, además de un persistente pitido que le hacía enloquecer. Imaginó su cuerpo echado sobre el duro y frío suelo, repleto de sangre cada vez menos caliente, con sus ojos saliéndose de las órbitas, sus manos agarradas en busca de un último aliento de vida… y aquella criatura. Desfigurada, quemada, con una sonrisa perfecta con dos colmillos largos que hipnotizaban, agarrándolo con una sola mano, una poderosa y fuerte garra que le quitaba la vida casi sin esfuerzo, como si fuera un simple muñeco de porcelana.
Sus fuerzas menguaban, apenas sentía ya dolor. Era como estar cerrando un libro muy largo, como si se preparara para cerrar el día antes de ir a descansar, un descanso eterno, suave, frío. Lo único que le perturbaba era el insistente y molesto pitido.
Cerró los ojos en un intento de aclarar la borrosa imagen pero, al volverlos a abrir, se encontró derecho justo al lado del monstruo viendo toda la escena que estaba teniendo lugar. Confundido, miró a su alrededor, y lo que vio fue algo que aún lo sorprendió más. Podía ver como una figura negra con manchas grises no muy lejos de él intentaba golpear a otra de un azul eléctrico. Se pasó el brazo por los ojos y volvió a observar.
La figura negra que ahora pudo distinguir como un chico rodeado por un aura oscura, extendía su brazo izquierdo hacia la otra criatura hasta posarlo encima su pecho. De repente, una fuerza nacida de su brazo, se vio impulsada con rapidez impactando con el objetivo. El verde oscuro que había desencadenado aquella expansión mágica, desapareció de nuevo eliminando también a la figura azul.
Impactado por lo que acababa de ver, se concentró en el chico quien de repente cayó de rodillas exhausto. No era algo que supiera con exactitud, pero la disminución del aura que le rodeaba daba a entender que el nivel mágico del muchacho había descendido tras el ataque. ¿Quién era?
Un peso enorme cayó en sus espaldas haciendo que entrecerrara los ojos con dolor.
Desvió la vista hacia otro punto, fuera de la niebla gris que no desaparecía a pesar de desear traspasarla, y vio, aunque difusa y deformada, una figura blanca que iba lanzando pequeñas bolas rojas rápidamente difusas entre las nubes. Parecía estar haciendo algo, como si intentase destruir aquello que impedía identificarla, pero sus esfuerzos eran inútiles pues, cuánto más golpeaba, más espesa se volvía la niebla. Deseó gritarle que parara, pero ningún sonido salió de entre sus labios.
Preocupado, regresó a un punto más cercano.
Allí estaba, la misma figura azul que había visto luchando contra el chico oscuro. Pero ésta no estaba completa pues habían algunos círculos negros que tapaban parte de su cuerpo. Bajo ellos, otro cuerpo estaba siendo atacado. Apenas tenía ya un aura que le rodease… pero aún era capaz de ver algunos destellos de él. Era… ¿gris? Veía algunas zonas blancas y otras negras, pero nunca llegaban a la oscuridad total. Y, por encima de todas ellas y reluciente como una estrella, una esfera roja brillaba en su pecho.
El peso incrementó haciendo que permanecer con los ojos abiertos le fuera prácticamente imposible.
Vio como la figura echada al suelo hacía un último espasmo y allí quedaba, inmóvil, sin hacer nada ya.
Se alarmó. ¿Por qué no se movía? Podía ver como el monstruo se levantaba sin desviar su mirada de allí. Apuntó su mano hacia el cuerpo indefenso, y preparó lo que sería el ataque final.
Con urgencia, empezó a gritar desesperadamente, a quien fuera, para que acudiese allí. Podía ver como el chico oscuro se arrastraba hacia ellos, pero cuando llegara ya sería tarde, demasiado tarde. ¡Y él no podía hacer nada!
Se acercó a la criatura azul con el pensamiento de detenerlo antes de que la bola negra que empezaba a formarse en su mano llegase a completarse, pero sin saber qué hacer. Inexplicablemente, sentía la urgencia de pararlo, pero el como lo ignoraba.
No comprendió qué hizo ni porqué, lo único que sabía era que un impulso le había llevado a lanzarse contra aquél ser agarrándolo por el único brazo que parecía servible. Como respuesta, una extraña sensación para nada desagradable, recorrió todo su cuerpo haciéndole temblar aunque no dejó de agarrarlo con fuerza. Dejó que el temblor disminuyera para tirar de él con toda la potencia de la que era capaz.
Una sombra negra fue arrancada del ser.
Inmediatamente, la criatura rodeada de azul se desplomó quedando inerte al suelo mientras la sombra que aún sujetaba se revolvía con violencia.
Dejó de intentar mantenerla con él y dejó que saliera disparada hacia arriba con increíble velocidad. Esperó que aquello fuese una huída a la desesperada, pero en vez de escapar, se lanzó hacia él en picado con una ferocidad sorprendente. Aterrado al ver lo que parecía una boca roja repleta de afilados dientes que le sonreía en su caída, extendió ambos brazos mientras giraba la cabeza con los ojos fuertemente cerrados.
De la punta de sus dedos, finas tiras negras fueron creando una diminuta chispa oscura que iba creciendo con lentitud. Seguramente, si hubiese decidido observar lo que ocurría, había visto a miles de hilos más negros que la misma noche dirigiéndose hacia él, centrándose en la pequeña esfera que giraba como si absorbiera aquello que le rodeaba. Habría visto que ninguna luz emanaba de aquella bola oscura, incluso parecía atrapar cualquier rastro de ella. Y se habría asustado al ver lo que ocurría al dirigirse hacia aquella sombra oscura, se habría estremecido al ver que ésta era engullida entre gritos silenciosos de horror, como si no fuera más que una mota de polvo en su trayectoria.
Pero cerró los ojos.
