Y otro capítulo! Admito que me estoy agobiando¿por qué cada vez tengo menos tiempo? Me temo deciros que a partir de ahora hasta Semana Santa, no voy a poder dedicarme mucho, la verdad es que si consigo escribir el siguiente capítulo en éste tiempo va a ser puro milagro. Voy a empezar con una producción, y los finde me serán ocupados, además de los lunes y viernes al completo, así que sólo tengo 3 días a la semana (tardes sólo) para trabajar. Por ello, no creo que pueda hacer mucho, así que ya advierto.

La razón por la que me he retrasado tanto en éste capítulo ha sido que he revisado y empezado unas tres veces desde el principio¡no había forma que me gustase! Y como cuelgo tan pronto como termino, necesito asegurarme que lo que subo es medianamente correcto (aunque nuca esté contenta con el resultado). Pero admito que el anterior capi me gustó mucho tras la relectura (a diferencia de éste, que es una pirria que debía escribir). Total, a los reviews que aún debo hacer la comida y ya son las tres de la tarde. :S

FFmania: caray, no recordaba que hacía tanto que no subía… OO Por merlín, os doy todo el derecho a matarme, no me merezco vuestro seguimiento! Bueno, da igual, gracias por los ánimos, aunque ésta vez ya verás como no me los vas a dar, el capi deja mucho que desear… DEW!

LeoHagrid: nop, la pareja era Malfoy, pero eso no significa que no saliera Voldemort por su culpa. Si recuerdas, la profesora dice que va a salir lo equivalente a su nivel… ¿te da una ligera idea del porqué? Bueno, el capi no va a ser tan emocionante, pero debía dejar claros unos puntos más antes de seguir, así que no he tenido opción. No todo debe ser acción¿verdad? Hasta pronto!

Blackcat: gracias, chica, la verdad es que no sabes la de faena que he tenido… ¡Y aún no he terminado! Por supuesto. En fin, no tengo mucho por decir excepto que tengo hambre y mejor sigo o no lo voy a subir hasta dentro de una semana XD Besos, amiga, y no te sulfures! ;)

Nelly Esp: gracias, la verdad es que no me puedo quejar mucho de los resultados, aunque siempre te encuentras quines putean (perdón) por placer. Gente amargada en todos sitios. Venga, nos vemos!

Ginger: corto¡Eran 20 páginas! Y si aquello te pareció poco, con esto me pegas (sólo 12). Gracias por tu review, deuuu!

Marc: juasjuas, nop, no el conec XD Faig Disseny Digital, seria com un multimèdia pro amb força més amplitud. Espero que t'hagin anat bé els exàmens… Fins aviat!

al: bueno…. No voy a responderte a tus preguntas pues son algo comprometidas, daría muchos spoilers y mejor me callo… ' Pero estoy segura que muchas otras que te has formulado van a ser respuestas en las proximidades. Así que no desistas en preguntar ;) Bye!

Marla: sí, por supuesto, volverá a salir. Sin embargo, deberás esperar, puesto que su papel se centrará en una parte más definida… Por cierto, estudio Diseño Digital. Hasta pronto!

Os va a parecer corto pues son sólo 12 páginas, pero debía decirlo pues forma parte del desenlace de la historia, así que no os sorprendáis por la falta de acción ya que no siempre todo se mueve por ella (y ya sea dicho, depender de ella rebaja la calidad de la narración). Así que esperaré impaciente vuestros comentarios, que no sabéis como llegan a ayudar en su avance pues a veces, hay cosas que me puedo pasar por alto y recordarlo nuca viene mal.

Hasta el prox capítulo!

-Ithae-

PD: no sé porqué, pero me está haciendo un montón de errores, así que disculpad si no salen los guiones de inicio de diálogo, pero no me deja corregirlo y llevo ya 1 hora!


Capítulo 13 – Extraño despertar

El continuo y molesto temblor le hizo despertar… como siempre.

"Sí… sí… Ya estoy despierto…" pensó a desgana mientras intentaba recordar el sueño que le había estado acompañando durante toda la noche. Pero por más que quisiera el movimiento no cesaba, y tampoco su aguante persistía. "Maldito dragón…" se dijo con un gruñido. Sabía lo insistente y pesado que podía llegar a ser aquella criatura y, aunque consiguiera dominarse a sí mismo pareciendo dormir profundamente, lo conocía lo suficiente como para saber hasta qué punto podía llegar para hacerlo fuera de la cama. Pero se estaba tan bien…

De pronto el movimiento cesó, haciendo que suspirara con resignación. ¿Ya se había hartado? En tal caso, mejor levantarse antes de que llegara con un jarrón de agua helada y el humo saliéndole por la nariz. Aún tenía demasiado cerca la experiencia de aquella mañana… Del salto que hizo, nunca más volvió a ignorar sus avisos.

Inspiró con profundidad intentando mentalizarse de que el nuevo día empezaba, y deseó, una vez más, poder dormir hasta bien entrado el día, aunque sólo fuese por una vez. Incluso se preguntó, en el breve instante de paz del que disponía, qué sería lo que esperaba aquella mañana. "Al menos… que no me envíe junto los pingüinos… Con aquél frío… ¡Es inhumano! Y encima con una camiseta de manga corta, el muy…"

Una horrible visión de una sonrisa ensangrentada y un par de ojos negros le impactó de lleno cubriendo todos sus pensamientos, haciendo que se le helara la sangre y detuviera la respiración.

¡El vampiro!

Impulsado por la alerta y el miedo, se levantó con un resorte nacido de la urgencia.

¡AH- el grito de alguien cerca de él le desorientó.¡Imbécil¿Estás loco?

Intentando relajar la agitada respiración, detuvo todos sus nervios y despejó su mente haciendo que la imagen que segundos antes le había llevado a levantarse se difundiera como una pequeña niebla matinal.

Guiándose por el tacto, buscó la omnipresente mesita de noche donde dejaba las gafas y su más preciado tesoro: su varita.

Un chico de pelo rubio vestido con una larga túnica negra, se reincorporaba a los pies de la cama. Pero… aquella no era la habitación que esperaba encontrar…

¿Qué haces tú aquí?

- Lo mismo que tú. Menudo despertar tienes…- dijo recogiendo un libro viejo y arrugado del suelo.

Acostumbrado a la estancia en aquella sala, intentó desalojar cualquier otra duda que no fuera los puntos más inmediatos en su memoria. ¿Qué había sucedido? Otra vez estaba en la enfermería de la escuela… aquél olor, el color de las sábanas, los cuadros colgados en la pared, la vista tan especial que tenía directa al cielo azul, los muebles viejos y bien cuidados… Reconocería el lugar con sólo la mera presencia del aire.

La clase, la profesora, las bolas de cristal, la magia, los monstruos… los vampiros. Eran dos. Y él, junto a Malfoy. El aura, oscuro… y el gris. ¿Qué había pasado?

- Casi un día.- dijo sacándole de sus reflexiones.

¿Qué?

- Pues que llevas casi un día aquí. Me lo ibas a preguntar igual¿no- sonrió en aire irónico y se metió otra vez en la lectura no sin antes añadir- No sé, Potter… cualquiera diría que lo único que buscas es un poco más de fama.

El comentario estaba lejos del aire que siempre utilizaba con él, malicioso y lleno de odio. Era algo que no comprendió. ¿Malfoy… el gran Draco Malfoy… hablándole de igual a igual¿Se había golpeado en la cabeza?

¿Qué lees- como respuesta le mostró la cubierta.¿Todo sobre vampiros¿Acaso no tuviste suficiente?

- Puede…

Bufó incrédulo y dejó de centrarse en el chico para echarse de nuevo encima las mullidas almohadas. Con un leve gruñido de dolor, se percató que tenía el pecho enteramente vendado, además del cuello y el brazo izquierdo. ¿Tan mal había terminado¿Y qué había sucedido¿Se había desmayado sin poder derrotarle¿Habría intervenido la misteriosa profesora en el combate, salvándole? Le hubiera gustado preguntar a quien más cerca tenía en aquellos momentos, además de que estaba convencido de que era el único cuyos ojos habían visto el auténtico final, pero dudaba que le respondiera a tales inquietudes.

Intentando hacer caso omiso al dolor que le travesaba el cuerpo entero, intentó enderezarse. Pero aquello resultó casi imposible, el sufrimiento por las heridas rompían los músculos en mil pedazos y le dejaban con un grito silencioso de agonía. Aún así, probó con impulsarse con las piernas y el brazo derecho, lo único que aún parecía mantenerlo mínimamente entero. Aunque… el tobillo…

Ignorando lo que toda lógica le pedía, invocó la magia que tanto amaba para dejar que le envolviera con su cálido abrazo y dotara a las inservibles piernas de movilidad y resistencia. Sin embargo, algo falló.

Desconcertado y, aunque lo quisiera negar, realmente asustado, comprobó que aquel ya tan conocido poder huía de entre sus manos, escapándose de todo control. ¿Dónde estaba? Era como si no quisiera llegar, no podía verlo, ni sentirlo, lejos de su entendimiento. Y estaba tan asustado y preocupado, que no llegó a sentir la atenta y ceñuda mirada del chico sobre él.

- No puedes moverlas¿verdad?

Sorprendido y, al mismo tiempo, alarmado, levantó la vista que instantes antes había estado centrada en sus piernas, para dirigirla directa hacia el visitante. Sus ojos verdes encontraron a otros dos grises que le miraban con seriedad y un deje de diversión al descubrir la verdad de la revelación. No pudo evitar que un escalofrío recorriese por su espalda haciéndole tensar sus magullados músculos. Y, lo que antes era una entrada en pánico, ahora se transformó en una creciente oleada de terror.

Desesperado, buscó una salida entre aquél enorme océano helado que parecía estar engulléndole.

- La magia parece que es anulada por las heridas de ésos vampiros. Además… éstas no sanan con facilidad… Por esto llevo aquí todo el día.- dijo desviando la mirada de nuevo al libro, aunque sus ojos dejaron de corretear entre las letras para mantenerse fijos en un solo y lejano punto.- Intenta no moverte, o ésa mujer me va a maldecir hasta morir.

Completamente desorientado, meneó la cabeza con el entrecejo fruncido. ¿Qué estaba ocurriendo? Momentos antes le pareció que Malfoy había dicho… ¿Lo sabía? Pero no podía ser… no había hecho nada que hiciera pensar tal cosa… ¿verdad¡Maldición! Pero todo volvía al mismo punto: sus piernas, su magia. Nada estaba funcionando¿por qué ¿Por qué por más que intentara no conseguía extraer su poder ¿Los vampiros…¿Había dicho que ellos eran la consecuencia?

¿Pero cómo…?

- Dime una cosa, Potter… ¿Cómo lo hiciste?

¿Cómo lo hice…?

- Derrotarlo¿cómo?

- Pues… esperaba que tú pudieras responderme.

- No, yo sólo vi como caía al suelo y se transformaba de nuevo en niebla.- dijo en negativa con templada voz.- Pero tú estabas…

¡Señor Malfoy- dijo alguien irrumpiendo a gritos en la enfermería.

- Mierda…- murmuró con un bufido irritado cerrando de golpe el libro.

¡Le he dicho que nada de moverse¿Acaso no me ha comprendido- una mujer echando chispas por los ojos vestida con un delantal blanco y limpio, llegó hasta ellos con un par de zancadas y los ecos de los gritos aún resonando en sus orejas.¿Quiere que le ate a la cama- un "No me importaría" salió de su boca, aunque sólo Harry llegó a escucharle.¡Siéntase!

La exigente y furibunda Madame Promfrey se encaminó directa hacia un gran armario repleto de pequeños y variados botellines de cristal repletos de líquidos multicolor. Extrajo un cuenco y lo rellenó con un líquido verdusco mientras iba murmurando entre dientes. Hizo un par de mezclas, añadió tres gotas de una gran botella que llevaba en los brazos, y dejó que un extraño humo amarillo y el olor a tierra húmeda se expandiera por toda la sala.

La inquietud y desazón que segundos antes le habían asediado, desaparecieron de repente como si una suave brisa los hubiera alejado de un soplido. El dolor agudo desapareció y, en su lugar, una inexplicable calma relajó sus tensados músculos.

- A veces pienso que en sus cabezas sólo hay pájaros en vez de un cerebro…- dijo a media voz mientras sostenía un tazón lleno de líquido ámbar en una mano y el cuenco en la otra. ¡Bébaselo!

Sin rechistar y tras una mueca de desagrado, Malfoy se tomo la extraña poción de un solo golpe. Su expresión de asco cambió a una de agrado y satisfacción cuando las últimas gotas se precipitaban a lo largo de su cuello.

- Ahora échese, debo aplicarle esto para que cicatricen.

Con un gruñido y una mueca de dolor, el chico se sacó la túnica negra y la camisa. Harry enseguida imaginó el dolor que debía de provocarle aquellos movimientos, un dolor insoportable… Pero nada más que un par de gruñidos salieron de sus labios, sellados, evitando dar a entender el nivel de sus heridas. Realmente, era de valorar.

- Señor Potter¿ya está despierto- preguntó al verle mirando hacia ellos medio ausente. Promfrey se acercó a él mientras dejaba que su otro paciente fuera desvistiéndose, y le tomó de la muñeca mientras ponía la otra mano en la frente.- Veo que ya no tiene fiebre… Ha mejorado mucho, las últimas horas no han sido muy agradables para usted…- se dirigió de nuevo junto a las pócimas, y le preparó otro vaso para él.- De golpe.

Obediente, bebió la poción mientras miraba de reojo como Malfoy era despojado de las vendas que cubrían parte de su torso. Los cortes tenían un feo color negruzco haciendo que su aspecto empeorase con sólo verlo¿él estaba igual?

- Va a escocerle un poco…

Al ver el encaje de las mandíbulas del chico y la tensión que adquirió su rostro, enseguida supo que el escozor era mucho más que "un poco".

"¿Siempre debo terminar aquí?" pensó con desánimo tras dejar la humeante taza en la mesita.

Malfoy sabía su secreto, lo había descubierto… ¿qué sucedería ahora? Su mayor temor, que Voldemort supiera aquello, se estaba cumpliendo…

Aquella noche no fue nada agradable.

Tras aplicarle la "suave" crema encima las innumerables heridas, Madame Promfrey les llevó la cena y los envió directos a dormir impidiéndoles cualquier visita. Así, nadie había podido ir a saludarle o verle, estaba encerrado en aquella sala con olor a analgésico, con su mayor rival en la escuela quien últimamente parecía muy distinto. Su única clase del curso había terminado inconsciente, herido de gravedad, con el tobillo derecho roto y profundos cortes por doquier, sin magia y con las heridas de imposible cicatrización, además de los efectos de ahogo… En definitiva, el mejor inicio de todos.

Así pues, repudió las incesantes agujas que perforaban su pecho haciéndole toser, y se limitó a conciliar el difícil y costoso sueño a sabiendas que su compañero de enfermedad estaría en un duermevela permanente.

El amanecer llegó y, con él, la primera alegría del día le iluminó con una sincera y agradecida sonrisa de felicidad. La magia, aquello que le movía no solo por el mundo sino también su mundo, volvió a fluir a través de su cuerpo haciéndole sentir un suave y apetecible cosquilleo rejuvenecedor que le erizó los pelos de la nuca, no de miedo, sino de pura jovialidad. Resultaba gratificante sentir aquella amiga acariciándole con sus manos etéreas y sus alas de ángel, tan cariñosa y cálida como recordaba, prestándole aquello que ya formaba parte de él, su poder…

Saltando de la cama con un resorte, Harry empezó a andar y saltar por toda la sala feliz tras su milagrosa recuperación.

¡Señor Potter¿Se puede saber qué está haciendo- chilló Madame Promfrey desde la puerta de su despacho completamente alarmada ante tal energía.¡Haga el favor de regresar a su cama!

- Señora Promfrey, es que…

¡Ahora mismo!

Sumiso pero sin eliminar la sonrisa de su cara, hizo ademán de volver mas, al ver que regresaba entre susurros sulfurados hacia su despacho, optó por acercarse a la ventana a fin de observar mejor el resplandeciente cielo del nuevo día que ya había empezado a brillar.

¿Acaso te han desaparecido también las heridas- preguntó con voz ronca de recién levantar un adormilado Malfoy.

¿Las heridas…- se miró el pecho y, con gesto intrigado, vio que su piel resplandecía sin ningún tejido encima. Las heridas, cubiertas por la crema ya de color blanco, aún escocían con la misma furia que durante toda aquella noche… pero la euforia del momento había relegado el dolor por la alegría por lo que fue entonces cuando recuperó el sentido adolorido de sus nervios haciendo que un leve gruñido escapase de su boca.

- Ya veo que no.- dijo con una sonrisa amarga.¡Arg¡Esto apesta!

- Ni se le ocurra quitárselo¡se lo advierto- gritó regresando de nuevo varita en mano.

Aterrados con la idea que los convirtiese en escarabajos o algo parecido, ambos se quedaron estáticos a la espera de una nueva orden, algo que les indicase que el castigo aún no sería aplicado. En verdad, la amable pero severa enfermera había empezado el curso con un humor de perros…

¿Es que me paso el día preocupándome para nada¡Le dije que se sentara¿no me ha oído- medio corriendo medio doblado de dolor, Harry se apresuró a echarse encima la mullida cama.- Coman, después les haré una nueva revisión. ¡Y espabilen- ordenó tras hacer aparecer un par de bandejas con su sano almuerzo: un par de sándwiches vegetales, un zumo de naranja y una manzana cortada con miel encima.

- Menudo humor…- murmuró Draco antes de empezar a masticar, a desgana, el rancio bocadillo que más que alimentarlos iba a desnutrirlos.- Con esto no llego al mediodía… ¡Vida cruel!

Harry no pudo evitar reír ante el comentario, acto que fue seguido por el chico ambos intentando no levantar la voz aún cuando eso implicase incrementar el dolor en su magullado pecho.

Rápidos, y entre disimuladas risas, consiguieron terminar con el suave almuerzo antes de que la irascible enfermera regresara con miradas amenazadoras y órdenes a punta de varita. Así, tan pronto como terminaron, les retiró la crema con un rápido ¡Plop! De magia, y les aplicó la nueva poción cubriéndola por un hechizo impermeable y un par de vueltas de vendas blancas. Las heridas, ahora cubiertas y bien ocultas bajo sus camisetas, ya no ofrecían aquél aspecto negro y aterrador, sino que un verde musgo rodeaba a la normal herida con sangre coagulada que ya tantas veces había visto.

Al fin, después de vueltas y más vueltas, revisiones y dictados, los dos chicos pudieron abandonar la enfermería no sin antes ser avisados de que a las ocho de la noche deberían regresar sin falta bajo pena de muerte por decapitación, algo que, por supuesto, no tomaron a la ligera.

- Al fin… ¡me estaba volviendo loco!

- Realmente no está en sus mejores días…

¿Mejores días¡Qué carácter! Un poco más y me arranca la piel.- Harry sonrió con sarcasmo.¡Lo digo en serio! Que lo hagan las chicas bueno¿pero ésa mujer…?

- Exagerado.

- Oye… ¿te apetece salir un rato? Tanto tiempo encerrado ahí, y con el tiempo que hace, sería un desperdicio no aprovechar.

Y antes de que pudiera afirmar agradecido por la propuesta, el orgulloso chico empezó a andar directo hacia la gran entrada como si supiera que Harry no denegaría la oferta. Realmente, el día era tentador.

El potente sol les cegó por unos intentes mientras su calor les subía el pálido color de la piel. Degustando aquella recibida cálida y gratificante, ambos echaron a andar por el verde césped que cubría los amplios terrenos de la escuela como una manta de ensueño. El refrescante aire les removía el pelo mientras sus cuerpos iban entrando en calor con lentitud. Aquello resultó ser mucho más delicioso de lo que en un principio pensó, así que no dudó en disfrutar de los instantes que ahora se presentaban.

¿Por qué lo hiciste- interrogante, le miró con una ceja levantada.- Convertirte en un mortífago… ¿por qué?

Durante unos segundos que le parecieron minutos enteros, Malfoy permaneció callado, con la mirada clavada en él. Había dejado de andar con la sola mención del nombre, haciendo que un incómodo silencio se expandiera entre ambos. Por un momento pensó que no le respondería¿por qué iba a hacerlo? Aún cuando su comportamiento hubiera cambiado, él seguía siendo el mismo¿no? Pero fueron sus palabras lo que logró sacarle de sus recuerdos incoherentes dejándolo en el más absoluto estupor.

- Hay cosas que sólo se pueden conseguir con un camino.- dijo desviando la mirada hacia las montañas perdidas en la lejanía y sumiéndose en unos pensamientos que le dejaron interno en el silencio.- Yo tengo mis objetivos, mis sueños… Tuve que escoger un destino.- terminó regresando su mirada hacia él con mucha más fuerza de que la que momentos antes había visto.

- Un destino…- suspiró.

- Me sorprendes¿acaso piensas en ser uno de los nuestros- comentó como si de una casualidad se tratase. Le dio un golpecito en el hombro, y se encaminó de regreso a la escuela.

Harry, aún con sus reflexiones, mantenía la vista fija en el suelo, en un punto más allá del infinito, repitiéndose la misma palabra una y otra vez: "destino".

Pasó algo más de quince minutos antes de que se despertara completamente perdido no muy lejos de las puertas del castillo. El tiempo había transcurrido con tal rapidez, que apenas se había percatado de su presencia, como si no fuera más que un elemento "añadido" que afectaba a los demás. Así pues, suspirando con pesar y sin la sonrisa que le había despertado de buena mañana, empezó a andar medio ausente hacia el lago, atraído por su superficie plana y reluciente, capaz de reflejar todo cuanto se asomaba en sus cristalinas aguas.

Con el entrecejo fruncido, miró su reflejo medio difuso sin estar enteramente convencido de quien era aquella figura que le miraba de igual forma. Presentaba un joven algo maltrecho, de diecisiete años, cuya mente se encontraba perdida entre reflexiones, dudando de su auténtica y tortuosa existencia. Y, aún cuando se veía con un atractivo capaz de atrapar a múltiples miradas femeninas, en ningún momento le pareció un aspecto interesante o del que enorgullecerse. Sencillamente, no podía identificar al joven que se reflejaba¿por qué?

Un destino… un destino al que no podía escapar, que le perseguía con insistencia allá donde fuera. Profecías, visiones, caminos… destinos. Daba igual, no importaba cómo lo mirase, cómo lo afrontara… el final siempre era el mismo. No era más que un peón, el peón del destino.

Despertando del oscuro pozo al que tan a menudo caía, cogió una piedra y la lanzó a la lejanía, haciendo que rebotase cinco veces antes de llegar a sumergirse. Y otra vez volvía a sumirse en la ignorancia, como si lo que momentos antes había pasado por su mente, ahora no fuese más que una llama apagada, sin luz, perdida entre la oscuridad y el olvido. Se metió las manos en los bolsillos y extrajo un arrugado papel. Hagrid. ¡Lo había olvidado!

Sabiendo que era sábado y que nada le impedía ir a su visita, fue directo hacia la pequeña cabaña del guardabosque, su amigo, el semigigante que tanto le había enseñado y del que tanto había aprendido, entre otras cosas, a no comer sus resistentes "pastelitos de roca".

Con pasos rápidos y sin recordar nada más que la cita a la que debió acudir el día antes, enseguida llegó frente a la robusta puerta de madera. Se acercó a ella dispuesto a golpearla para indicar su llegada, cuando pudo escuchar distintas voces en el interior de la cabaña. Intrigado, permaneció en pie intentando reconocer alguna de ellas, pero un fuerte ladrido se sobrepuso haciendo que un tenso silencio se respirara en el aire. Así pues, y a sabiendas que su llegada ya había sido alertada, golpeó la gran puerta con sus nudillos a la espera de una bienvenida.

¡Hagrid, soy yo, abre la puerta- reclamó al no recibir ninguna respuesta.

Tras unos rasguños al otro lado de la entrada seguidos por un "apártate", la pesada puerta se entreabrió lo suficiente como para ver un par de ojos negros decorados por multitud de pelo alborotado dándoles una visión de dos escarabajos brillando entre una profunda selva.

¡Eres tú- dijo con un grito de jovialidad abriendo de par en par la puerta.

- Hola, Hagrid.

¡Entra- sin darle tan siquiera tiempo para respirar, le agarró de un brazo y estiró de él hacia dentro casi arrancándoselo de cuajo.

Sin oponer resistencia, pues aquello podía empeorar las cosas, el chico se dejó llevar con un impulso hacia el interior. Sintió el golpe de la puerta al cerrarse y suplicó que el dolor que sentía en el brazo no se debiera a una nueva fractura.

- Al fin te veo¿qué ha ocurrido- preguntó dándole un par de golpecitos en la espalda que le hicieron caer de rodillas.- Vaya… ¿estás bien?

- Sí, sí…- con su "ayuda", volvió a ponerse en pie, aunque no sin saltar medio metro al hacerlo.- No te preocupes, es que tuve una clase muy… estimulante.

¿Estimulante¡Pero si estás hecho polvo!

- Bueno… tampoco es para tanto.- dijo con una sonrisa.¡Ah…! Hola Fang¿qué tal, muchacho?

- Oye Harry… ¿Has venido sólo, verdad?

- Claro ¿acaso ves a alguien más- dijo mientras seguía haciéndole fiestas al gran danés. No pudo evitar sonreír al ver las babas que inundaban ya su túnica negra, pero enseguida la sustituyó por una mirada de preocupación al ver como el gran hombre retorcía, inquieto, sus manos y barba. Sólo una vez lo había visto así.- Ayer recibí tu nota, pero hasta esta mañana no me han dejado salir, así que… ¿Pasa algo?

¡No, por supuesto que no! Es que… en fin…

De debajo la cama, un precioso perro negro salió como llevado por un resorte, ladrando con gran estruendo y directo hacia el asombrado chico. Y, antes de que pudiera llegar a percatarse de dónde había salido, lo tuvo encima lamiéndole, feliz, toda la cara.

- Basta… basta… ¡Hagrid, no sabía que tenías otro perro!

- Mmm… esto… verás…

- Hagrid, éstas comededos ya son demasiado grandes, si no las secas pronto…- una chica de largo pelo negro apareció por la puerta que daba al jardín llena de tierra y pequeños hierbajos por el rizado pelo. Al ver al chico rodeado de babas y pelo, se quedó estática en la entrada.- Vaya… no sabía que estabas aquí. ¿Madame Promfrey ya te ha dejado salir?

Impactado por su espectacular entrada y las rápidas conexiones, Harry se mantuvo con la boca medio abierta, sin comprender la situación. ¿Qué hacía ella allí?

- Al menos veo que tienes mejor aspecto.- dijo con una sonrisa.

- S-sí, bueno…- tartamudeó mientras intentaba asegurarse del correcto orden de su pelo.

- Hagrid, puedo ayudarte a cortarlas y lavarlas cuando quieras, pero te aconsejo que las arranques ya. Dentro de unos días va a ser imposible domarlas.

- Lo sé, había pensado en hacerlo ésta tarde…- dijo cerrando la puerta con una sonrisa de disculpa.

- En fin… Aún tengo trabajo por hacer. ¡No pensé que ser profesor llevara tanta dedicación! Ahora entiendo porqué a Remus le gusta tanto…- recogió una capa de un verde botella colgada en uno de los percheros de la pared, y se despidió con una bonita sonrisa y un "Hasta luego" que no hicieron sino enrojecer al babeado chico.

- Otra tarde perdida… ¿Té- dijo aproximándose al pequeño armario.

- No, gracias, ahora iré a comer.

- Debes contarme qué has hecho todo éste verano, Harry.

- Es… es una historia muy larga.

- Tenemos mucho tiempo.- agregó una voz grabe a su derecha.

Sorprendido, se giró con tanta rapidez que un crujido de su cervical le hizo gruñir con dolor. Las risas del individuo le hicieron estremecer pues algo familiar reconoció en ellas.

- Ahora sí la creo. Te han dejado molido, pequeñajo.- dijo poniéndole una mano encima su cabeza con cariño.

Harry, que había cerrado los ojos con el brusco movimiento y se masajeaba el dolorido cuello con ambas manos, pudo sentir aquella voz afable y cálida, cada vez más inquieto por un desconocido recuerdo que se acercaba a él con rapidez. Sin poder contener más aquél deseo de descubrimiento, volvió a mirar al que mantenía aún su mano en él y se colapsó al ver aquellos rasgos que tan alegremente le miraban. Unos ojos grises, el pelo negro limpio y bien cuidado, una camisa también oscura con unos tejanos ajustados y las botas de piel… Pero aquella cara, aquellos rasgos… su sonrisa, cada vez más pronunciada…

¿Si-Sirius- dijo con una sonrisa de sorpresa absoluta.

- Hola, pequeño. Aunque, ya no tan pequeño… ¡Has crecido mucho- dijo entre carcajadas mientras le revolvía el pelo en un juego.

¡Oye!

Devolviéndole el juego, ambos se pusieron a reír entre cosquillas y bromas, llenando la pequeña cabaña de unas risas que hacía mucho no había visto. Hagrid no pudo evitar sino sacar un gran y blanco pañuelo e ir secándose algún que otro lagrimón que salía de sus negros ojos como grandes botas de agua salada, mientras sonreía divertido y alegre por el feliz reencuentro entre ambos.

- No me lo puedo creer… ¿Qué haces tú aquí- dijo tan pronto como pudo volver a respirar y aserenarse, con un vano intento por peinar su alborotado pelo.

¿Que qué hago- preguntó con curiosidad.

- Me refiero a que… Vaya, no esperaba verte tan pronto¡y menos aquí!

¿Tan pronto- alegre, volvió a reír a carcajada limpia.- Harry, muchacho¡hace más de un año que no te veo¿Cómo puedes decirme que no me esperabas tan pronto…- de repente detuvo sus fiestas ensanchando aún más la sonrisa y mirándole de forma cómplice.- Oye… ¿Cómo sabías tú que había logrado salir de la Puerta?

- Bueno… es que…

¡Fuiste tú- exclamó con sorpresa y falso enojo.¡Tú me sacaste de allí¿Cómo lo hiciste¿Te volviste loco¡Podrías haberte quedado encerrado allí! Cuando se entere Marla te va a matar…

- No se lo dirás¿verdad- dijo aterrado.- Por favor, Sirius…

¡Claro que no¿Acaso quieres que nos mate a los dos? No, no, no estoy tan desesperado aún…- el ruido de Hagrid les distrajo el suficiente como para que decidieran cambiar ya de tema.- Tan pronto como supe tu regreso, vine hacia aquí.

¿Lo sabe, ella?

- No.- dijo acomodándose en la gran butaca quitándole importancia al asunto.- Nadie sabe que he venido, excepto tú, Hagrid y Tonks.

¿Tonks?

- Ser animago tiene muchas ventajas¿no crees? Además, soy un perrito de lo más guapo.

- Pero tienes la mala costumbre de competir con Fang.- murmuró el semigigante con gesto contrariado.

- A todos les habría gustado venir a saludarte, hace mucho que no sabemos nada de ti… Pero Dumbledore no lo permitió, están de misión.

¿Y tú…?

- Yo terminé la mía hace unos días, así que ahora estoy vacaciones.

¿Vuelves junto a la Orden?

- Por supuesto.

¿Y qué debías hacer?

- Encontrarte.

¿Encontrarme era tu misión- preguntó sorprendido.

- Claro¿quién mejor que yo para hacerlo? Al fin y al cabo, soy tu padrino…- dijo con un guiño.- Pero dejémonos ya de temas triviales. Harry… Nos has tenido a todos realmente preocupados. Durante todo el verano que no hemos sabido nada de ti, ninguna pista, ninguna huella… desapareciste en la noche y no supimos nada más. ¡Y no será por falta de recursos! Todo el mudo estuvo buscándote, y tú sin aparecer. ¿Qué ocurrió¿Dónde has estado?

- No puedo…

- Sí, sí puedes, y vas a decírmelo.- su voz, antes alegre y desenfadada, ahora era severa y seria. Todo él sufrió una transformación convirtiéndose en otro Sirius, uno cuya responsabilidad y madurez se hacían patentes con sombría dureza. Y aquello no le agradó pues enseguida supo, por sus ojos grises, que no saldría de allí sin recibir alguna respuesta convincente.

- Debes comprenderme… Sirius, por favor…

- Ésta vez no, Harry.- dijo terminante.- Quiero saberlo. Dónde has estado¿qué has hecho¿Por qué tras dos meses de intensiva búsqueda te presentas en la escuela de noche, acompañado por Malfoy, y con un disfraz nada conciliador¿Cómo pudiste entrar en el Ministerio y hacer algo que nadie nunca antes pudo hacer¿Por qué de repente tus amistades parecen haber cambiado tanto? Dímelo.

La desesperación al ver lo que parecía un callejón sin salida le mareó. Sabía que ésta vez iba a ser distinto, conocía suficiente a aquél hombre como para saber que no desistiría con facilidad, y su escape era nulo. No pudo evitar estremecerse al recordar todo cuánto había acontecido, todos los sucesos que habían pasado por su vida en aquellos días de silencio. Temía contarle la verdad, toda la verdad.

Un ligero temblor se apoderó de él al recordar el rescate del ministerio, medio difuso entre las entrañas de la memoria. No eran más que sensaciones, todas y cada una de ellas aterradoras, y vagas imágenes etéreas de lo que un día fue una realidad.

Y después estaba su escape.

No sabía cómo lo había logrado, no tenía ni la menor idea, sólo tenía un conocimiento… Shelyak le había salvado.

Shelyak… ¿Cómo explicar de su existencia¿Cómo decirle el rumbo de su destino? La profecía… Él, un asesino o una víctima, atrapado por dos verdades que le llevarían a una dolorosa elección. Y todo regresaba al mismo punto: él. Un chico, marcado por una vida que nunca logró hacerse suya, enfrentado a un mundo que nunca le aceptó, destinado a soportar poderes de los dioses, mucho más altos de lo que podía llegar a comprender… Un camino, un destino, un final.

Jadeó en silencio. ¿Cómo contarle todo aquello? Le habría gustado que aquellos años vividos regresaran atrás, como si nunca hubiesen existido. Quizás, si él no hubiese vivido, nada de todo aquello habría tenido lugar… Así pues, estaba condenado¿condenado al fracaso?

¡Cómo le gustaría podérselo contar! Liberar todo aquello que guardaba. Sus temores, sus ilusiones, su desesperación… pero¿podía¿Debía hacerlo? Algo le decía que no. Una voluntad, distinta a la suya propia, le prohibía hacer tal cosa.

Perdido en su mar de dudas, agarró, inconscientemente, el preciado colgante en busca de la tranquilidad y calidez que tanto amaba. No fue más que un acto reflejo, poseso de un deseo escondido, el deseo de la respuesta, de la calma, de la paz.

Una nube, invisible, suave, casi inexistente, apareció en su mente envolviendo todos sus pensamientos y recuerdos con un fino lienzo de seda. El calor, que ya tantas veces le había transmitido aquél colgante con forma de dragón, recorrió por su mano expandiéndose por todo su cuerpo, como si deseara infundirle aquella sensación placentera, haciéndole destensar sus músculos, relajando sus nervios, protegiéndole de sus propias pesadillas, lejos de todo mal. Y, casi sin pretenderlo, se abandonó a él, dejando cualquier recelo o lucha, cediéndole toda su voluntad a él.

¿Harry- preguntó con preocupación al ver la relajación y calma en la cara del chico.

Sin embargo, él no llegó a escucharle, careció de atención. Estaba bien, tranquilo, dejando que sus recuerdos se difuminaran y desaparecieran arrastrados por aquella bella nube que seguía moviéndose como si de un baile se tratara, acariciando el pasado y llevándoselo entre una oleada de amabilidad.

¡Harry¿Qué está ocurriendo- exclamó sacudiéndole por los hombros, en un vano intento de encontrar su mirada nublada en un punto más allá de aquellas paredes, perdida en un azul océano brillante bajo el sol.

- Yo… no… lo recuerdo.- dijo moviendo la cabeza con insistencia, mientras miraba atentamente a su padrino quien, al recibir el impacto de sus ojos, se había detenido.- No puedo recordarlo… No consigo…

- Pero algo debe haber.- dijo perdiendo su templanza.- Una imagen… ¡algo!

- Me desperté… en un bosque… y…- cerró los ojos con fuerza, deseando apartar la oscuridad que ahora reinaba en su memoria, liberado por la presión que segundos antes le había atormentado y que ahora ya no recordaba.- Malfoy, él… me ayudó… ¡Pero no lo recuerdo, no sé qué ocurrió! Sé que llegamos a la escuela de noche, que Snape nos llevó frente al director…- suspiró con pesar y le miró.- No puedo decirte más, Sirius, porqué no lo sé.

Caminaba medio cabizbajo por los pasillos, subiendo las escaleras sin prestar mucha atención hacia donde iba porqué, siendo sinceros, no era algo realmente preocupante. La visión de su padrino mirándole con desilusión y enfado le había dejado sin ánimos para sorpresas. La verdad es que cómo había logrado salir de allí tampoco era algo de importante mención.

Tras un engorroso silencio, Sirius le informó de la hora alegando que debía regresar para comer. Así, con un fugaz despido, se vio caminando de regreso al castillo, a sabiendas que la visita no había terminado como debería, dejándole un amargo sabor en la boca, quitándole todo el hambre que hubiera podido tener.

Cansado, se dejó caer en uno de los escalones próximos a la entrada de su torre, dejando que su mente se vaciara, permitiendo que la calma le relajara alejando las preocupaciones que le asediaban. Había defraudado a Sirius, lo sabía, su mirada se lo había dicho. En su despedida vio un ligero reflejo de recelo, extrañeza e incomprensión. Sabía que no estaba contento, sabía que quería que le contara… Pero la inexistencia de los recuerdos se lo impidió, clausuró sus labios y encerró su mente. Le hubiera gustado poder decirle aquello que tanto ansiaba oír, pero no pudo… porqué no tenía. Y, en cierta forma, lo agradeció.

Apoyó la cabeza contra la pared y cerró los ojos. Estaba agotado.

Sin comprender como, supo que había estado cargando algo, no sabía el qué, pero los restos de su existencia le decían que el cansancio venía, justamente, de su peso. Recuerdos, experiencias… no lo comprendía, pero algo había habido.

¿Qué haces aquí- preguntó una voz al final del pasillo.¿Has comido algo?

Abriendo los ojos y despertando su mente con un nuevo esfuerzo, miró hacia su nuevo locutor.

- No tenía hambre.

¿Te encuentras mejor?

- Salí ésta mañana.- dijo levantándose al recibir la ayuda de la chica.- Gracias.

¿Por qué no entras? Aquí vas a coger frío.

- No sé la contraseña.

- Pero ayer entraste¿no?

- Bueno… llevo ya siete años, y soy bastante famoso. Sería sorprendente que la Señora Gorda no me reconociera. Sobretodo teniendo en cuenta que los cuchicheos también recorren por entre los cuadros.- dijo con una sonrisa.

- Eso es cierto.- le devolvió la sonrisa, y se dirigió a la gran dama que leía un libro dentro de un cuadro.- Fuerza y valor.

Siguiendo enfrascada con la lectura, la mujer les abrió el paso hacia la torre Gryffindor.

- Me parece que no tienes el nuevo horario¿verdad? Espera un minuto, voy a buscarlo.

Sentándose en la ya conocida butaca enfrente la chimenea, Harry se acomodó mientras esperaba que regresara, mirando el gran tapiz colgado en una de las paredes, donde un león dorado se levantaba con sus dos patas en una posición de fuerza y orgullo. No tuvo que pensar mucho pues, en menos de un minuto, la chica regresaba con un pergamino en la mano.

- Ten.

¿Te han dado el Premio Anual, Hermione- dijo al ver que unas grandes "PA" brillaban en la placa atada en su túnica. Ella no pudo sino asentir con su cara roja y su mirada medio escondida.- Felicidades.

- Gracias.- dijo con desasosiego.

Sintió un vuelco al estómago tras mantener fija su mirada en ella, como si el tiempo no hubiera pasado. Se sintió raro, desorientado, fuera del lugar, su corazón latiendo más rápido de lo normal… y enseguida supo que debía apartar la mirada, dejar de observarla, lejos de aquellos ojos que tanto parecían atraerle. Se centró en el horario, y releyó el nombre de una asignatura: Defensa Contra las Artes Oscuras.

¿Quién es la nueva profesora- dijo sin mirarla.

¿No la reconociste?

¿Debía- de nuevo, volvió a mirarla.

- Bueno, la conoces…- dijo sentándose con delicadeza.

- Eso dijiste, pero sigo sin saber quien puede ser.

¿Recuerdas su patronus…?

- Un camaleón.

¿Y no te dice algo? Los patronus identifican a su creador.- arrufó las cejas con gesto pensativo, cuando ella irrumpió, de nuevo, todos sus pensamientos.- Camaleón… cambiante… metamorfo… ¡Pero si está muy claro- pero su cerebro no estaba trabajando como debería, pues con solo su presencia todo parecía distorsionarse, era incapaz de razonar con normalidad y el mero hecho de pensar le suponía una dura prueba casi imposible de abastecer.- Nimphadora, Harry.

¿Tonks?