Bueno…. Aquí llego de nuevo con la catorceava entrega del
fic. La verdad es que me ha costado muchísimo decidir si
colgarlo o no, pero como he visto que me he vuelto a enganchar, pues
intentaré terminar. Odio dejar las cosas a medias. Sin
embargo, no estoy nada orgullosa del capítulo (aunque el 15,
que ya he empezado, sí me llena de más perspectivas
pues será el inicio de la nueva fase)
Reviews. (No sé si lo leeréis pues seguro que muchos
han dejado de seguir el fic, pero igualmente responderé)
Nelly Esp: bueno, la verdad es que es algo enrevesado, sí. Pero la cosa está que hay muchas cosas que no puedo decir y escribir sin desvelar más que lo prescindible es realmente complicado. Así que si te he liado pido perdón, pero dala algo más de tiempo… Tonks es la profesora de DCAO, sí, lo dice Hermione. Con lo referente a decírselo a Sirius… no es que no quiera, sino que no puede. Más adelante más detalles. Bye! (Aps, y sobre lo de dormir en la enfermería… aún no se había hecho de noche ;)
GaRy: no, lo de que no se da cuenta está bien y no es ningún fallo. Verás, a primera vista y con todas las pruebas médicas actuales, Harry está bien de las piernas. El echo que le fallen es debido a la magia, bueno, más concretamente a la acumulación de energía que le ha afectado así. Además, tiene el tobillo roto, está inconsciente y en ningún momento debe moverse. Pomfrey no podría saberlo ni curarlo a menos que él mismo lo confesara, y ni así lograría curarse. ¿Acaso un paralítico puede curarse aún toda la ciencia? Es algo que va más allá de los conocimientos mágicos, de la misma forma que la energía que estaba en el Ministerio y que Harry tocó era algo en estudio, que los magos aún no comprendían y analizaban. Venga, nos vemos.
Al: aún cuando Tonks no sea alguien seria, las misiones se las toma con conciencia dejando a parte su carácter joven y alegre. Pero verás que las cosas están un poco… distintas, por lo que la alegría es difícil de subsistir. Espero que sigas aquí para leer. Hasta pronto!
Lladruc: lo de les aures ho veureu més aviat (si no torno a deixar-ho…) M'alegra que t'agradés. Espero que no hagis deixat ni de llegir… Això de tardar tant és un problema, pq segur k ara ningú seguirà per aquí… :S Vinga noi, ens veiem!
Lolo: siento la tardanza. Espero que puedas seguir el fic, la verdad es que estoy bastante indecisa en seguir. El capítulo es algo variable, más bien a lo referente a los caracteres de los personajes pues carecen de una definición precisa. Vamos, que son adolescentes y no críos. Así que espero que tengáis paciencia… si logro seguir con firmeza, me encantará mostraros todo cuanto había planeado. Gracias por todo y espero verte por aquí! Dew.
Nigriv: gracias por tus ánimos, nigriv. Uff, hace tanto que estoy desconectada del fic que reincorporarme ha sido un buen paso. Pero admito que en ningún momento me lo he podido sacar de la cabeza. Y que haya dicho que podía terminar por dejarlo no era pq me gustase hacerlo, pero prefiero hacer algo con lo que quede satisfecha, que no dedicar horas para dar con un resultado pésimo. Vamos a ver si puedo seguir… de momento he empezado ya el 15, pero quería subir éste cuanto antes, así que aquí va. Y no te preocupes por el angst, éste no tiene mucho, pero el siguiente…. XD Bye amiga!
Admito que la calidad de éste capítulo no es como
hubiera querido, pero empezar nuevamente de cero ha sido un gran
paso. Sin embargo, las vistas del 15 prometen ser mucho mejores.
Me preocupa la salida del sexto libro pues está claro que no
tendrá nada que ver con el fic. Aún así, he
decidido no leerlo hasta que salga en mi idioma (lo he empezado en
catalán y lo seguiré por ahí, no sabéis
lo distinto que es con el castellano), además, esto hará
que no me "contamine" con el oficial. Querría seguir el
fic con las perspectivas iniciales ya que me parece realmente
atractivo. Sin embargo, escribir esto requiere de mucho tiempo y,
aunque no lo parezca, las vacaciones terminan en un abrir y cerrar de
ojos y el trabajo, por en contra, parece que nunca termina. Así
que debo pedir algo de vuestra parte. Mi deseo es continuar, pero
pido al menos un par de reviews que me indiquen que alguien lo sigue.
De no ser así, me temo que terminaré por dejarlo. EL
oficial tarde o temprano llegará, así que no deseo
desgraciar el fic.
Por favor, dejadme reviews para que siga.
¡Nos vemos!
-Ithae-
Capítulo 14 – Un partido singular
- La mezcla de los tres elementos crea la primera base de la poción. Pero no olviden que ésta tiene una duración de tres horas antes del reposo. Así que más les vale estar atentos… y dejar de pensar en burros andantes.- dijo con voz siseante.
Un golpe en el lado derecho le hizo reaccionar.
- Empiecen. Y cinco puntos menos para Gryffindor.- añadió mientras volvía a su silla.
"Bien, ahora sí empieza el curso." pensó con una sonrisa sarcástica, como si aquello se asemejara más a la rutina escolar.
Aquella era la primera asignatura de la tarde, de tres largas horas seguidas, donde debían realizar la primera de las doce fases de una compleja poción que ya les había advertido de entrar en los EXTASIS, los últimos exámenes que proporcionaba la escuela. Pero el hecho de estar medio ausente no era por reflexiones internas, sino por cansancio tras las dos primeras clases del día: Introducción a las Artes Oscuras, impartida por la misma Tonks como una ampliación en DCAO, y Magia Antigua con Asellus Terbadir, profesor que ya tuvo en el curso anterior.
Aún el entusiasmo que le había provocado la perspectiva de empezar con aquella nueva materia, la desilusión se hizo patente con sólo iniciarse la clase. Pensaba que, al fin, verían un poco de artes oscuras, pero en vez de esto, se presentó la asignatura como un tiempo de dos horas y media a la semana enteramente teóricas. Decepcionado y enfadado, se dirigió hacia la siguiente clase donde prometió ser un seguimiento del curso anterior.
Así pues, lo que en un inicio parecía ser el último y más emocionante de los cursos, ahora no le parecía más que una pérdida de tiempo. ¿Cómo iba a hacerse más poderoso con aquello? Además, la otra asignatura nueva, "Derecho y Obligaciones. Ética Política." no le daba a entender nada emocionante o intrigante, y menos aún con un pequeño y rechoncho profesor llamado Olbric Trole. Ni tan siquiera las clases extras que le había puesto Dumbledore parecían ser algo mejor, exceptuando, quizá, la de Duelo. ¿De qué le iba a servir Legiliments con su ya desarrollado control mental? Antes preferiría volver a perderse por el desierto, al menos allí aprendía algo.
Cogió la raíz de belladona y empezó a cortar-la en cubos bien pequeños, tal y como indicaban las instrucciones en la pizarra, mientras una concentrada Hermione iba seleccionando los mejores pétalos de una rosa azul.
De repente, una chica entró en la clase en silencio y se aproximó a un ceñudo Snape siguiendo su indicación. Tan pronto como llegó hasta él, le dijo un par de palabras con un susurro y salió de la clase seguida por el profesor mientras éste enviaba una mirada de peligrosa advertencia a sus concentrados alumnos.
- ¡Sht! Potter…- reclamó una voz de enfrente justo cuando el hombre desaparecía tras la puerta.
Dejando el afilado cuchillo encima la mesa, miró quien reclamaba su atención y, al verle, levantó una ceja con un deje de diversión. Hecho que fue respondido con una sonrisa sarcástica.
- ¿Ya sabes cuando es el primer partido?- dijo con un brillo en los ojos lejos de malicia y odio. Al ver su silencio supo que la respuesta era negativa.- Al parecer va a ser el más importante de la temporada…
- Mmm… interesante…- murmuró al entender enseguida que se refería a un Gryffindor - Slytherin.
- Espero que el hecho de estar hablando signifique que ya han terminado…-susurró una voz desde la entrada haciendo que todos regresaran inmediatamente a sus respectivas faenas.- Un punto menos para Gryffindor, señor Potter.
Sin reclamar ni pensar en injusticias, siguió cortando como si nada hubiera pasado pensando, con gran euforia, que al fin había algo que merecía la pena.
-.-.-.-.-
- ¡Macget¿Se puede saber qué coño haces¡A la izquierda, A LA IZQUIERDA¡Te lo he dicho ya diez veces!- bramó de mal humor descendiendo con ligereza.- ¡Maldita sea¡Gira a la izquierda de una buena vez!
La chica, intentando apartar una lágrima que amenazaba con salir, hizo lo pedido suplicando que los hipos que le atacaban dejasen de atormentarla.
- ¿Y a qué esperáis los demás¡VENGA!- gritó controlándose en no sacar la varita y convertirlos a todos en gusanos. ¡Le estaban quitando de quicio! Llevaban ya más de dos horas seguidas intentando memorizar una nueva estrategia sin conseguir nada más que errores, despistes o, incluso, accidentes.
- Oye Harry, cálmate un poco¿quieres? Por más que grites no vas a conseguir más que asustarla, está haciendo lo que puede…
- Tú no te metas en esto, Ron.
- ¡Claro que me voy a meter! Aquí no eres el único que quiere ganar a los Slytherin¿sabes?
- Vuelve a tu posición.
- No hasta que hagas el favor de dejar de comportarte como un imbécil.
- Regresa a tu sitio… Ron.- dijo entre dientes.
- Vamos, vamos… Chicos, calmaos los dos…- dijo un pacificador Dean.
- ¿Qué está pasando?- dijo una voz desde la base del campo.
Todos miraron hacia abajo para encontrarse con una sorprendida Tonks que los miraba extrañada al encontrarse con una discusión entre el equipo, concretamente, entre Harry y Ron quienes, inconscientemente, habían desenvainado sus varitas apuntándose directamente.
- Nada, profesora. Sólo ha sido un malentendido.- respondió Ginny Weasley con una sonrisa de reconciliación.
- Venga pues, deberíais regresar ya.- dijo tras un evaluativo silencio donde los dos chicos volvían a esconder las varitas sin mirarse.- Señor Potter, recoja a su equipo y venga un momento, por favor; quiero hablar con usted.
Esperó a que diese media vuelta hacia los vestidores para volver a hablar.
- Mañana a las nueve volveremos con el entrenamiento.- dijo inflexible.- Marchaos.
En silencio, bajaron todos rápidamente al campo saliendo de él tan rápido como pudieron sin ponerse a correr.
Solitario, decidió hacer un par de vueltas al máximo de velocidad dejando que todos los nervios se fueran con la sensación de velocidad. Aquello le relajó haciendo que la tensión pasada hacía no más que unos segundos se fuera con la misma rapidez que el humo al soplar la brisa de la mañana.
Nadie le había reclamado ni contradicho al declarar el próximo encuentro del entrenamiento para mañana, domingo, a una hora tan temprana. Pero no le importaba, él era el capitán por derecho, aún cuando Ron había ejercido de tal posición el curso pasado, y, por ello, él era quien decidía. Templó sus nervios al pensar en su "amigo" cuando se disponía a contradecirle¡cuánto le hubiera gustado hacerle callar! Maldita panda de estúpidos… ¿acaso no se daban cuenta de la importancia de aquél partido¡Gryffindor contra Slytherin! Iba a ser espectacular, estaba seguro. Malfoy entrenaría a su equipo para ganarle, pero no lo lograría, porqué él también era bueno, muy bueno. Tenía ganas de competir contra él, en un duelo de equipos… no, un duelo personal. Potter y Malfoy, los dos príncipes de la escuela, los mejores y más poderosos. ¡Claro que sí¿Es que había alguien que pudiera hacerle sombra? No, espera¿pero qué decía? ÉL era el mejor, el más poderoso, el único que disponía de una magia capaz de derrotar hasta el más grande de los magos.
Dio otra vuelta más y suavizó el ataque de risa eufórica en una sonrisa alegre, restos de su visión de poder. ¿Cómo no se había dado cuenta? ÉL era codiciado… Dumbledore le quería como aliado¿cómo no¿Le deseaba también Voldemort? Estaba claro que era su mayor amenaza¡era poderoso! Se lo iba a demostrar.
Con una arriesgada pirueta aterrizó suavemente encima el mullido césped y echó a andar con seguridad hacia los vestidores, donde le esperaba Tonks. Pero, a medida que iba caminando, un frío iba envolviéndole rasgando en su cerebro, como si quisiera eliminar todos sus pensamientos. Ya no era una suave brisa, Harry había puesto resistencia al ver que se aproximaba, como si su inconsciente le obligara a resistir a ella, en contra de lo que ocurría en las anteriores veces. Sus pensamientos, llenos de un ansia que no encontraba freno, se despertaron con un inminente peligro¿qué era aquella niebla? Justo al rechazarla, la calidez se volvió en frío invierno, las suaves plumas que le acariciaban en garras duras como el acero que le arañaban y herían haciendo que cerrase los ojos con un gemido.
Alarmado, intentó levantar tantas barreras como sabía, pero ninguna de ellas supuso un obstáculo real por aquél intruso que, tras su lucha a la desesperada por proteger todos sus pensamientos, consiguió arrancarlos con ferocidad, destruyéndolos brutalmente y golpeándole haciendo que cayera exhausto en la hierba jadeando y con los ojos completamente abiertos.
Tras lo que no fue más que un par de minutos, el chico movió sus párpados con pesadumbre, como si estuvieran hechos de cartón. Poco a poco, con lentitud, volvió a ponerse en pie, como si no fuera más que un muñeco movido por unos hilos lejos de su vista. Echó a andar mientras iba despertando, sin estar muy seguro de lo acontecido, sabiendo sólo que acababa de hacer un entrenamiento con el equipo y con el extraño sentimiento de que debía hablar con Tonks, su profesora de DCAO.
Pasó de largo los vestidores, y la encontró allí, de espalda contra la puerta de salida.
- ¿Estás bien? Te ves algo pálido…
- ¿Ah sí?- dijo mirándose las manos.
- Ayer no fuiste a tu clase extra de Legiliments…
- No creo que me haga falta.- dijo tras inspeccionarse y echando a andar.
- ¿Y por qué no se lo comentaste a Dumbledore?
- Ya se lo dije, pero no me escuchó.
- O tú no escuchaste.- dijo cruzando de brazos.
- ¿Has venido a sermonearme?
- ¿Te pasa algo? Te encuentro raro…
- Supongo que te ha enviado para preguntarlo, o por si sacabas algo de provecho pues no puede leerme la mente¿verdad?- dijo con rencor.- No, no tiene nada que ver con Voldemort. Yo no sé nada de él y él tampoco de mí. Y a lo referente a las clases… mejor díselo tú, pues parece ser que aún me toma por un crío débil que debe proteger.
- ¡Harry!- dijo alarmada y enojada.
El chico se detuvo, creyendo que se había pasado. No comprendía porqué le respondía así. Ella era su profesora y, por encima de ello, una amiga. ¿Por qué entonces se enfadaba con ella¿Por qué le decía aquello de ésa forma?
- Discúlpame. Hoy no tengo un buen día…
- ¿Ha pasado algo con Snape?
- ¿En duelo?- dijo. Snape, aún cuando no lo tenía en clases de control mental, sí estaba en el de ataque y defensa de Duelo, y aquello no era algo precisamente de agradecer, pues no paraba de llevarlo al límite, atacándole como si fuera perfectamente capaz de responder, como si fuera un maestro mago, y no un alumno. Por un lado, esto le gustaba, era un desafío entre él y el profesor. Pero por otro le frustraba al ver cómo le vencía, mostrándose decenas de veces superior aplastando todo su orgullo.- No.
Tonks suspiró vencida, sin saber muy bien qué decir, pensando que aquel carácter era normal en los adolescentes, un carácter revolucionario, liberal e independiente, tozudo y difícil de hacer entrar en razón pues sólo su razón era la correcta.
- Bueno, debo irme a hacer todo el trabajo que aún me queda.- dijo como queriéndole indicar que ya se iba fuera cual fuese el motivo por el que hablar.
- Está bien. Pero oye… si tienes algún problema, el que sea…
- Sí, sí. Te lo diré…- dijo con aburrimiento y empezó a correr hacia el castillo, alejándose de ella tan aprisa como pudo, harto de que volviera a insistir en lo mismo una y otra vez, como siempre.
- ¡Por Merlín…!- exclamó con un bufido pensando en como había logrado su madre aguantarla en sus años de pubertad.
-.-.-.-.-
Era increíble lo lento y rápido que podía llegar a ir el tiempo según su estado de ánimo. No hacía ni un par de meses que había llegado junto a Malfoy del centro de la población licántropa, y ya parecía haber un año desde entonces. Pero tampoco tenía mucho por contar.
Las clases se habían convertido en verdaderas horas de aburrimiento y martirio. Lo único que merecía levemente la pena era el agotador Duelo con Snape, quien cada día le hacía terminar con heridas y magulladuras y la imperiosa necesidad de descanso para recuperar parte de su magia. Las clases prácticas de Defensa con Tonks, y los entrenamientos de Quiddich, donde, al fin, empezaba a ver algún resultado a las interminables horas de tensión y gritos furiosos. A parte de esto, la rutina lo sacaba de sus casillas haciendo que su humor cambiara peligrosamente.
En cuando a las relaciones con los demás… Harry se había vuelto un lobo solitario, lejos de la constante compañía de sus dos mejores amigos pues, con solo verlos acercar dispuestos a hablar, enseguida buscaba otro camino. Quizá con quien llegaba a acercarse más era con Hermione en las clases de Pociones, Herbología y Magia Antigua, aunque él hacía el posible por dejarlo en un ambiente profesional, algunas veces se encontraba leyendo o estudiando a gusto a su lado, sin palabras que mediar. Así, lo que los primeros días era un constante duermevela para evitarlos, al final se convirtió en un pacto común de separación que pensaban que sería temporal, unos para dejar tiempo de reflexión, y el otro en una imperiosa necesitad de soledad. Pero no así estaba con Malfoy quien, poco a poco, fue aproximándose a él durante las horas de aburrimiento, como si supiera hasta qué punto podía ser cruel aquella inutilidad del tiempo. Sentía que compartían algunas cosas, que pasaba por el mismo suplicio de la escuela y, por encima de todo, que le comprendía. Por ello, el chico siempre dejaba que dispusiera de aquellos momentos de tranquilidad, sin perturbarle ni molestarle, acercándose solo en el momento adecuado. Desde el primer día de compañeros, donde tuvieron que enfrentarse con el vampiro mágico, Harry había descubierto que sabía trabajar bien con él, que sus pensamientos se asemejaban y complementaban, llegando a formar un coordinado equipo eficaz ante cualquier ejercicio.
Y así estaba ahora, sentado en la mesa de Gryffindor, justo en una de las puntas de la larga mesa donde los de séptimo tenían su lugar. Comiendo un rutinario almuerzo autoimpuesto a base de cereales con leche, siguiendo la costumbre del verano. No miraba nada en común, nada en especial, haciendo el mecánico movimiento con la cuchara, desde la taza hasta la boca, una tras otra, sin prestar ninguna atención a su alrededor ni al sobre abierto que descansaba bajo su mano izquierda.
Era de Marla. No era la primera que recibía ni, muy seguramente, la última que recibiría aquella semana. Y aunque le gratificaba ver que pensaba en él, siempre terminaba con la misma sensación de vacío. "Si tienes algún problema… si pasa algo…" siempre lo mismo. Lo que en un principio le sulfuraba ahora no era más que indiferencia al continuo control de sus movimientos, de sus acciones, como si fuera un perro al que vigilar. Pero tampoco se enojaba, había dejado de hacerlo. ¿Para qué? Aunque no le gustara que hicieran esto, él les quería, les amaba, así que ¿para qué enfadarse? Además, no eran ellos los que creían que debía tener toda ésa vigilancia, bueno quizás Marla sí, sino su director, Dumbledore, y estaba harto. Pero no les iba a dar el placer de decírselo, porqué hacerlo sería abrirse ante ellos. Por lo que decidió callar. Al fin y al cabo, ellos eran los interesados…
Un golpecito en el hombro le hizo girar su mirada.
- ¿Estás listo para ser derrotado?- dijo Malfoy con una sonrisa.
- No tanto como tú en perder.- respondió.
- Esto está por ver.- le guiñó un ojo y se fue junto con su equipo hacia el campo.
Sonriendo, se bebió el resto de leche. Se limpió la cara, cogió la carta doblegándola dentro el bolsillo trasero, se levantó tomando su escoba directo hacia la salida y miró a su equipo sentado y atentos a sus órdenes. Desde su mejora en las tácticas, el humor del joven capitán había mejorado pasando de sulfuro a euforia y entusiasmo. Un cambio gratificante y mucho más relajante.
- Jugadores, se terminó el almuerzo. ¡A jugar!- dijo con regocijo haciendo que todos se levantaran entre gritos de alegría.
Entre adrenalina y nerviosismo, los chicos fueron llegando a los vestidores, con una sonrisa forzada llena de temor, como si de repente todos tuvieran miedo a las alturas o al público. Pero no tenía nada que ver en esto. Aún cuando era el primer partido de todos, aquél era el más importante pues su contrincante era, también, su mayor y más temeroso rival, tanto en el campo de juego como en la vida exterior: Slytherin.
- Recordad todo lo que hemos practicado y no permitáis que los errores os venzan. Nos hemos preparado demasiado para fallar ahora. ¡Vamos a ganar!- dijo con un grito de guerra que enseguida fue correspondido.- Chicos, chicas¡AL CAMPO!
Entre ánimos, con los miedos desplazados tras la mirada decidida y llena de seguridad de su capitán, todos empezaron a desfilar hacia el exterior.
- Ron.- dijo atrayendo su atención cuando todos se fueron.- Debemos ganar.
- Lo sé. Te dije que no eras el único que quería ésta victoria.
Sin más, siguió el camino de los demás, dejándolo sólo.
- Gracias.- murmuró a media voz sin ser escuchado.
Sintiendo las exclamaciones de fuera, se colocó bien la bufanda que le protegería del frío casi invernal, y se ajustó los guantes para, tras un par de profundas inspiraciones, ir directo hacia el campo donde una gran multitud gritó entusiasta, entre vítores y ánimos, al equipo.
- ¡Bienvenidos al primer partido de Quiddich de la temporada a Hogwarts! Dad la bienvenida a los dos equipos combatientes. Por un lado, Slytherin, con Draco Malfoy como capitán.- presentó a todos los jugadores y dejó que aplausos y vítores de la misma casa les aludieran, para seguir con las presentaciones.- ¡Y, como opositor, Gryffindor, con Harry Potter de capitán! Weasley, Weasley, Illan, Streford, Thomas, Macget y Potter.- los gritos y aplausos resonaron tres veces más fuerte que en el anterior tiempo, aunque los abucheos también se hicieron sentir.
Lejos de todos aquellos gritos, los dos jóvenes capitanes se miraban impasibles a los ojos con una sonrisa alegre y orgullosa en sus rostros.
- Capitanes, encajen.- dijo una atenta señora Hooch. A sus órdenes, ambos se dieron la mano pero, en vez de dedicar fuerza y empeño en destrozar la mano del contrincante, un encaje de reconocimiento y pacto deportivo se fundó entre ellos.- Quiero un juego limpio, señores.- hizo una pausa para mirarlos con atención, y añadió con voz más elevada.- Bien, pueden montar sus escobas.
Ambos, sin dejar de mirarse, dieron una patada al suelo que les impulsó hacia el cielo con velocidad.
- ¿Listos?- gritó por encima el público. Dejó ir a las bludgers y la snich dorada, para, tras un pitido, lanzar la quafle al aire.
Desviando su mirada, prestó atención al partido donde la pelota principal era tomada por Slytherin con una bonita finta. "Bien, parece ser que tu entrenamiento no ha estado mal… Buen trabajo." pensó sonriente. Aquello prometía. "Pero yo también he estado trabajando, Malfoy."
Amy Illan, cazadora de Gryffindor, logró colarse entre dos de los gruesos gorilas y robar la bola para, con una perfecta coordinación, pasarla a Ginny quien consiguió marcar los primeros diez puntos para su equipo con una gran explosión de alegría.
- ¡Diez a cero a favor de Gryffindor¡Genial la menor de los Weasley!- celebró Arnold Carlook, el comentarista del partido desde su privilegiado puesto.- Así empiezan éstos magníficos jugadores su temporada que ya nos promete ser llena de victorias.- el abucheo, no solo por parte de las serpientes, sino también de las otras casas, se hizo presente con furia.
Pero, lejos de los gritos e indignaciones del público, el partido seguía adelante con ambos equipos dispuestos a ganar.
Un par de bolas intentaron entrar a la percha de los leones, pero, con unas paradas francamente espectaculares, su portero las detuvo con firmeza haciendo que el marcador permaneciese igual durante una reñida hora, donde la pelota iba de un lado a otro, con las bludgers golpeando a los jugadores, y las posiciones flotando en el aire.
Ambos buscadores se movían con lentitud, escudriñando cada rincón, analizando cada destello, en una concentrada búsqueda de la pequeña y valiosa snich. En realidad no les hacía falta preocuparse por el desarrollo del partido, ya habían dado su parte con las órdenes, así que su función se limitaba en conseguir la victoria final.
Estar tanto tiempo concentrado en un mismo objetivo era peligroso pues sabía que cada vez se haría más difícil encontrarla. Debía dejar de buscar aún cuando fueran unos minutos, o lo único que lograría sería distraerse con mayor facilidad. Pero, de igual forma, también debería vigilar los movimientos de su contrincante a por miedo que él diera con ella antes de poder intervenir. Sin embargo, justo cuando empezaba a pensar que debía reposar su objetivo por un tiempo, un destello dorado le paralizó haciendo que el mismo vacío se materializase a su alrededor. ¡La snich dorada! Estaba a unos seis u ocho metros a su derecha, rozando una de las torres, medio escondida en la sombra proyectada. Y, al parecer, Malfoy no había dado con ella…
Con un brusco movimiento, se lanzó directo hacia su presa que, al notar el aire cortarse, aleteó frenética pendiente abajo. Los dos buscadores, uno más avanzado que el otro, se lanzaron al vacío en su captura sintiendo que el aire les tapaba sus oídos haciendo que un ruidoso silencio les prensara los pulmones y nublara la visión.
Podía ver la mano de Malfoy alcanzarle y temía que no estuviera yendo lo suficiente deprisa como para lograrlo, así que decidió apurar aún más su velocidad llegando a verse como dos proyectiles cayendo directos al suelo. Y, cuando pensaba que ya casi era suya, la mano que le había hecho correr en competición, se retiró. Todo sucedía en unos segundos, pero aún así pudo reaccionar en respuesta. Por lo que, intrigado, se arriesgó a mirar hacia atrás de reojo para ver que un rapidísimo Malfoy corría a mucha más velocidad que hasta entonces hacia el centro del campo. Volvió la mirada hacia la veloz esfera dorada cuando se dio cuenta que ésta ya había desaparecido. ¿Es que había cambiado de dirección al último momento¿Iba Malfoy tras ella?
Alarmado, miró hacia él para ver como muchos de sus jugadores iban directos hacia el chico quien, de repente, había frenado su vuelo. Incluso Hooch se dirigía hacia allí. Así que, sin saber lo que ocurría, se dirigió hacia el centro de la multitud oyendo, de fondo, un murmuro que no supo identificar pues aún tenía los oídos algo tapados.
- ¿Está bien?- preguntaba una preocupada Susan a sus compañeros.
- ¡Aparten, aparten! Déjenme ver, por favor.- decía la señora Hooch haciéndolos a un lado. Le miró el pulso y su respiración para, después, invocar una cama mientras una chica de Ravenclaw se acercaba con una pequeña maleta.- No creo que sea nada, ahora sólo está inconsciente. Martha, llévala a la enfermaría, por favor.
- Ahora mismo.- respondió apuntando con su varita a la camilla flotante y yendo directa hacia la salida donde otra chica la esperaba con una maletita verde más.
- Tiempo muerto de diez minutos.- declaró con un pitido.
Harry llegó justo a tiempo para ver como Ginny era llevada directa hacia el castillo mientras un ceñudo Malfoy regresaba con su equipo posado ya sobre el césped. Al cruzarse con él ambos se miraron a los ojos.
- ¡Harry!- gritó Dean desde el grupo.
Sin decirse nada, siguieron con su camino.
- ¿Qué ha pasado?- preguntó preocupado.
- Ginny se ha caído de la escoba.
- ¿Cómo?
- Una bludger le ha dado en un despiste.- dijo David encogiéndose de hombros.
- ¡Ha sido expresamente¡Malditos tramposos!- bramó Ron.
- Ron, las bludgers están para golpear a los cazadores, y los bateadores para lanzarlas contra ellos.- dijo cortante.- Que Ginny haya tenido un despiste no significa que hayan hecho trampas.- "¡Maldita sea¡Ahora somos uno menos!" pensó con enojo, algo que fue malinterpretado por los demás quienes pensaron que quería vengarse del otro equipo.
- Ahora somos uno menos…
- Lo sé.- dijo a media voz.
- ¿Qué haremos?
- Nada.- decidió tras pensar en las opciones e inconvenientes.
- ¿Nada!- exclamó un sorprendido Ron.
- Así es, nada. Seguiremos como hasta ahora. Solo que con un miembro menos. Ya hemos practicado con solo dos cazadores y no ha habido ningún problema.- hizo un gesto de indiferencia con la mano y pasó la pierna por encima la escoba, dispuesto a regresar al aire.- Escuchad, no podemos permitirnos ninguna otra baja¡así que poned atención¡Venga, a machacar!
Decididos, volvieron inmediatamente al aire, todos menos un confundido Ron quien, tras unos segundos, decidió regresar junto a las perchas con la conversación aún fresca en su cabeza.
"¿Cómo ha podido ser tan estúpida¡Por su culpa ahora el partido pende de un hilo! Con un cazador menos… espero que al menos los demás sirvan para algo y hagan lo que ya les dije… ¡Maldición¡Y encima he perdido el rastro de la snich! Debo dar con ella antes de que nos marquen demasiados puntos." Estaba furioso, realmente enfadado. Aún cuando habían practicado una situación como ésa, el resultado había sido precario. Además, Ginny era quien llevaba a los otros dos cazadores, era su capitán de vuelo, su guía, y la principal marcadora del equipo. ¿Cómo se suponía que lograrían más puntos? Era imposible. ¡Maldita tonta! Que perdieran a Illan aún podían permitírselo, o incluso a Streford, pues las dos chicas coordinaban mejor que ellos dos juntos¡pero no a la pequeña Weasley! El equipo funcionaba bien JUNTO, por lo que si les fallaba un miembro todo se desmoronaba. Así pues, todo parecía resolverse al mismo punto: debía coger la snich y terminar el partido cuanto antes.
Al oír que Slytherin hacía ya el primer gol con sólo dos minutos de reiniciar el juego, giró furiosamente la escoba y ascendió un par de metros. Conseguir ganar iba a resultar más difícil de lo que planeó. Esperaba que, al menos, los bateadores pudieran mantener a raya a los cazadores rivales, aunque con Susan… "Mejor no dejarles el resultado en sus manos…" pensó sarcásticamente al recordar los gritos que tuvo que hacerle a la chica para que hiciera algo de su agrado.
- Siento haberte dejado sólo antes, Potter.- dijo alguien a su espalda.
- Da igual, de todas formas no hubiera servido para nada.- respondió con indiferencia virando hacia él.- ¿Fuiste para cogerla?- dijo con tono pícaro que fue respondido con un bufido de neutralidad.
- Iba a caer.
- Muy galante.
Malfoy, al oírle, se echó a reír aunque con un tono amargo que pasó inadvertido al desinteresado chico. Unas exclamaciones les hicieron bajar la mirada hacia el campo, donde los dos cazadores Gryffindor se estaban discutiendo con el portero y otro jugador con la intervención de Hooch ante lo que decían que había sido una entrada de la quaffle. Mientras, los dos bateadores de las serpientes iban pasándose una bludger como si el juego no fuera más que un cuadro añadido.
- Menudo par de inútiles.- gruñó Malfoy con desprecio mirando hacia aquellos dos gorilas encima las escobas que iban golpeando la enojada pelota.- Aún no sé como logran volar.
- Bueno, al menos consiguen darle a la pelota.
- No ha sido fácil. Tienen cerebro de trol.- dijo entre risas.
- Penalización para Slytherin y Gryffindor. El lanzamiento de Illan ha sido declarado nulo.- comentó Arnold con diplomacia.- Ahora los dos cazadores se preparan para marcar… primer turno de Gryffindor.
Amy cogió la quafle y la lanzó hacia una de las perchas, pero no marcó. Y lo mismo sucedió con Slytherin, por lo que los marcadores quedaron diez a diez en una electrizante línea de rivalidad eterna. Mientras, en el aire los dos capitanes miraban con un momentáneo interés los lanzamientos de sus respectivos jugadores.
- Esto ya no es lo que era…- murmuró Harry con el entrecejo fruncido.
- Incompetentes.- siseó el otro capitán pensando en que tanto si ganaban como si perdían les iba a dar un merecido castigo.
Volvieron a levantar sus miradas cuando un objeto pequeño y deslumbrante se puso justo en medio de ellas, haciendo que durante unos segundos ambos se quedaran sin respirar, hipnotizados por aquella diminuta esfera alada que se suspendía en el aire con perfecta armonía. Y de repente, con la misma rapidez que había llegado hasta ellos, volvió a desaparecer ascendiendo a increíble velocidad.
Reaccionando, se lanzaron a su carrera con la adrenalina golpeándoles las orejas y todos sus sentidos concentrados en su único objetivo.
Todo sucedió con una increíble rapidez para aquellos que observaban boquiabiertos la dura carrera de los dos capitanes y buscadores. Ambos, ascendieron veloces metros y metros, cada vez más altos y lejos del suelo, haciendo que, al fin, una nube les cubriera al completo imposibilitando verles. Tardaron un par de agonizantes minutos donde el juego se detuvo junto a todas sus respiraciones, incapaces de saber qué ocurría en las alturas o hasta donde habían llegado. Finalmente, y en una velocidad alarmante, ambos traspasaron la gran nube lanzándose al vacío haciendo que saltasen gritos de terror, temiendo que no pudiesen controlar la caída, lejos de cualquier ayuda posible.
Los profesores, alarmados y realmente preocupados, se levantaron de inmediato sacando las varitas de sus túnicas y sin estar muy seguros de qué poder hacer. Hasta que fue McGonagall, con su sabiduría en transfiguraciones, quien transfiguró la tierra y el césped en un profundo pozo de agua haciendo un lago de unos diez metros de diámetro justo enfrente los chicos de tal manera que su impacto sería contra el agua y no la tierra, con muchas más probabilidades de sobrevivir.
Pero los chicos seguían con su caída, lejos de cualquier alerta o grito, en una dimensión muy distinta a la terrenal, una lucha con la gravedad traspasando el denso aire, cortándolo como un cuchillo corta la mantequilla.
Cuando solo faltan un par de metros, uno de los chicos logró dominar su escoba y rectificar el vuelo dejando atrás al otro capitán quien, durante una diminuta porción de segundo, siguió descendiendo para, con poco más de medio metro de la superficie cristalina del reciente lago, consiguió levantarse con una perfecta maniobra y volver con la ascensión. Tenía la mano derecha levantada y una sincera sonrisa de victoria en la cara, pero hasta unos segundos después, no recibió los gritos eufóricos y alucinados del público quien aún no era capaz de asimilar lo que acababa de suceder.
La adrenalina aún circulaba ansiosa por su cuerpo, sus sentidos aún estaban desorientados tras la fuerte caída que acababa de pasar, pero el recuerdo era magnífico. El solo hecho de pensar en como habían ascendido él y Malfoy hasta mucho más allá de su límite para, después, lanzarse siguiendo a la mariposa dorada quien volvía al campo en un descenso completamente horizontal. Y también recordaba sentirse codo con codo con su rival, concentrados en controlar las escobas, lo único que les permitía una salida de vida a aquél vacío. Se sorprendió al girar la mirada hacia el campo una vez capturado su objetivo y levantarlo con triunfo, sobretodo al ver un pequeño lago profundo y sin fin a sus pies, pero tampoco le dio importancia cuando el equipo se lanzó encima con gritos eufóricos, cuando las graderías gritaban en desconcierto, cuando miles de voces se levantaban sin sentido ni comprensión, pero con un único sentimiento alegre en su pensamiento. Y, a pesar de todo, el recuerdo no desapareció.
Tras lograr que todas aquellas manos dejaran de felicitarle y la gran multitud regresara al castillo, algunos de ellos preparando ya su fiesta privada, volvió a subir en su escoba y se mantuvo flotando en el aire dejando que la suave brisa que soplaba revolviese su pelo, mucho más largo que al terminar el curso pasado. Se apartó un flequillo y pensó que quizás debería cortárselo ya.
- Mi más sincera enhorabuena.- dijo alguien yendo hacia él.- La verdad es que eres bueno.
Reconociendo la voz pero algo impactado por encontrarle allí y, aún más, al recibir sus felicitaciones, le miró con sorpresa nada disimulada.
- Tú también.
- No te quites méritos ahora, Potter.- dijo apoyándose en la escoba.- ¿No vas a celebrar tu victoria?
- No me apetece.- y, aunque era la verdad, eso le recordó que ya hacía dos cursos que no lo hacía, como si lo único que le interesara fuera el juego y no el motivo.
- ¿Un par de vueltas, pues?- preguntó con una sonrisa provocante a sabiendas que no rechazaría la oferta.
Harry, divertido por la proposición, agarró con las dos manos el mango de su Saeta de Fuego y se impulsó con fuerza sintiendo que su compañero hacía igual. Ni siquiera le hizo falta comprobar que le seguía, aceleró con jovialidad y rió alegremente al descubrirse compitiendo en una carrera de escobas con aquél que en más de una vez había maldecido hasta la muerte, su archienemigo Malfoy. Pero era feliz, volar le hacía feliz, haciendo que todos los problemas desaparecieran desplazándose en un segundo plano de su mente, como si fueran temas sin importancia.
No sabía cuanto tiempo estuvieron volando por el cielo, ni siquiera se dio cuenta de su creciente hambre pues ésta desaparecía con aquella sensación de libertad. Y si no llega a ser por Malfoy, aún seguiría en el aire, lejos de todo lo demás, sólo con su escoba bailando libre en el reino celestial. Pero, viendo que ya llevaban demasiado rato, ambos decidieron regresar para comer, aún cuando se encontrasen el Gran Comedor casi vacío.
Pero erraron en sus cálculos, y el salón estaba aún repleto de alumnos que comían entre risas y gritos, restos de la alegría del partido que hacía poco había terminado. Así, cuando ambos entraron, el ruido les encubrió, pero no su presencia, la cual fue seguida por decenas de ojos tanto en las dos casas a las que pertenecían, como en la principal, la mesa de los profesores.
Sin dar importancia alguna, los dos chicos se dirigieron hacia sus sitios donde, inmediatamente, empezaron a comer con avidez. Hasta entonces no se habían dado cuenta del hambre que tenían.
Tomó casi la mitad de un pollo asado, patatas fritas, algo de lechuga con tomate, y se lanzó directo al ataque, cansado del régimen que le impedía todo aquello. De hecho, haber cogido la verdura era sólo como compensación, como si aquello sirviera para contentar la furiosa vocecilla de su cabeza que le regañaba por su canibalismo. Pensó alegre que aquello parecía poco para aplacar toda su hambre, y siguió comiendo, como si le fuera la vida en ello. "Aunque el cordero era mucho mejor…" sonrió para sus adentros al pensar en las primeras comidas con el dragón. "Me pregunto cuándo regresará… Hace ya más de mes y medio." Se acercó el jarrón de agua y bebió tres vasos antes de seguir despedazando aquella poca carne que había conseguido pactar con su conciencia.
Shelyak, dragón y compañero, había vuelto a iniciar otro de sus largos viajes hacía ya un tiempo sin decirle ni hacia donde iba ni cuando regresaría. Pero como imaginaba que el aburrimiento del dragón debía ser aún mayor que el suyo al estar todo el día echado en el bosque, no le recriminó su escapada nocturna. Es más, la sensación de libertad se acentuó con su salida, como si al alejarse de él pudiera despedirse de otra vigilancia más.
- ¡Harry, Harry!
- Hola, Colin.- dijo sin molestarse a mirarlo.
- Menudo partido¿eh¡Habéis estado geniales!- bufó para sus adentros con indignación. "¿"Habéis"?" - Os he hecho un montón de fotos y las pondré en el diario escolar…
- Muy bien.
- Incluso tengo la de Ginny. Menuda caída¿eh?
- Supongo.- dijo serenándose.- ¿Ha salido ya de la enfermería?
- Sí, se ha ido a descansar poco antes de que tú llegases.
- ¡Eh, Colin!- gritó un chico de pelo rubio desde la mesa de Hufflepuff, debía hacer cuarto por sus facciones aún juveniles y la situación en la larga mesa.
- Bueno¡nos vemos, Harry!- dijo sonriente.
Harry le respondió con la mano levantada y regresó a su plato, su único compañero de mesa aún cuando tenía a muchos más deseosos de hablar con él. Pero en vistas de su mirada que indicaba indiferencia y lejanía, pocos eran los que decidían decir algo.
"¡"Habéis"! Dirá "HE" estado genial. ¿Encima van a tomarse el mérito¿Quién ha hecho ganar a ésta panda de inútiles¡Yo¿Y se dicen que ha sido gracias a ellos?" Tomó un panecillo y lo partió por la mitad con un mordisco. "¿Pero qué se han creido?"
La joven y esbelta figura de Tonks entró en el comedor con una seria mirada en sus ojos, dirigiéndolos directos hacia el viejo director. Se encaminó sin desviarlos ni entretenerse, y llegó junto a él para hablarle a media voz con seriedad. Nadie había reparado en ello excepto, quizá, aquellos cuyos conocimientos llegaban hasta la existencia del grupo secreto de Dumbledore. Pero Harry, aún sentir la presencia de la bella aurora pasarle por detrás y aún verle de reojo que ni siquiera se había quitado la negra capa de viaje que le cubría los hombros y toda su espalda hasta los tobillos, no quiso desviar su mirada hacia ellos. Sólo se limitó a fruncir el entrecejo, tomar un par de manzanas, y levantarse dispuesto a salir del Gran Comedor. Dumbledore hacía lo suyo y él, él también haría lo que creía mejor. Pues si el poderoso director aún decidía que no podía integrarlo en sus planes de forma efectiva, él se dedicaría a resolverlo por su cuenta creando sus propias fuerzas.
Salió al pasillo y empezó a subir las escaleras mientras comía una de las sabrosas manzanas y miraba a los curiosos cuadros. Le impresionó mucho uno de ellos donde se representaba a un magnífico paisaje del mar en una puesta de sol. Y, aún haber pasado por allí montones de veces, nunca se paró a contemplar aquella preciosa pintura. Aunque eso también se podía deber a la gran multitud de cuadros y cuadros que casi hacían una segunda piel de la pared.
-¡AHA¡Maldito bribón, preséntate si no quieres ser atravesado por mi poderosa espada!- gritó un violento caballero dentro la pintura saliendo de repente de detrás el marco. Vestía una gran armadura que gruñía con sus movimientos, como si le faltara un buen repaso.
Harry dejó que su corazón regresara a la velocidad normal antes de decidir responder al airado caballero.
- Buenos días, Sir Cadogan. ¿No os acordáis de mí? Soy Harry Potter, señor.- dijo con una sonrisa al imaginar la respuesta.
- Por bien o desventura¿habéis venido a estorbar el reposo de éste grandioso caballero?
- ¿Estáis de vacaciones?
- ¡Vacaciones! Un caballero nunca descansa de su deber. No os burléis de mi ni manchéis mi honor, maldito¡o os mataré antes de que podáis pedir clemencia!- con un arriesgado y ampuloso movimiento, alzó su espada cayéndole estrepitosamente encima la arena.
- ¿Señor?- preguntó con cautela, pero solo unos bufidos y maldiciones le vinieron a él desde el marco inferior del cuadro.
- Maldita espada del demonio¡alguien la ha hechizado en mi contra¡Guerra!
- En fin, mucho gusto de volverle a ver, Sir Cadogan.
- ¡Esperad…! Esperad joven mozo¿acaso no queréis escuchar el magnífico y divino canto de la bella dama del mar?
- ¿Una sirena?
- La diosa de la belleza, dueña de las aguas, la más grandiosa y sublime dama que mis ojos han podido contemplar jamás.- recitó soñador.
- Quizá otro día…
- ¡Ah! Desconocedor de lo divino, no temáis a su esplendorosa belleza…- pero antes de poder seguir, una voz, semejante a las cuerdas de un laúd nacido entre la rosada del alba, empezó a cantar en el horizonte haciendo que el pequeño caballero quedara absorto por su melodía.
Harry, sonriendo y pensando en las extravagancias del alocado hombrecillo, decidió continuar su camino hacia su sala común, deseoso de dejarse caer en una de las mullidas butacas que presidían enfrente el cálido fuego.
Extraño personaje, el caballero loco. Se preguntó quien había sido el demente de dedicarle un retrato y, lo más interesante de toda la historia, el porqué. Realmente, si hubiera sido como muestra de gratitud, como ocurría en la mayoría de las veces, le habría sorprendido pues nada daba a indicarle que hubiese sido un gran hombre digno de enormes gestas y proezas de los más sublimes caballeros. Quizá parecía más probable ser parte de un cuadro pictórico, como un animalejo que se había colado en la pintura.
- Ranas cantantes.- dijo al retrato de la Dama Gorda que le permitía la entrada.
- ¿Por qué escogéis éstas contraseñas tan raras?- exclamó indignada.
Harry se encogió de hombros y pasó por el agujero que se abría ante él llegando a la agradable sala de los Gryffindor, situada en una de las torres.
Iba directo la soñada butaca cuando pensó que mejor sería irse a cambiar antes, pues aún llevaba el equipo de Quiddich y, de paso, dejaría la escoba en su cofre. No le gustaba dejarla a la mano de cualquiera, y estaba satisfecho de haberla encontrado envuelta al día de su vuelta, como muestra de que nadie había puesto las manos encima.
Subió las escaleras hasta llegar a la primera puerta donde había el letrero "Séptimo" encima un cartel de madera.
Orgulloso al recordarse que ya había llegado al fin de la escuela, tomó el pomo y lo giró, entrando en la desierta habitación. No había nadie, ni esperaba que lo hubiese pues todos estaban aún en el comedor o, en el mejor de los casos, fuera los jardines, disfrutando de un bonito día de noviembre. No siempre hacía aquél sol…
Dejó la escoba encima la cama y recogió su uniforme. No tardó mucho en cambiarse. Tan pronto como estuvo, cogió la preciada escoba y la empaquetó de nuevo para dejarla bajo la cama con un hechizo de sujeción que la mantendría inmovible hasta que él la desencantara.
No pudo evitar dejarse caer en la mullida cama. ¡Oh, cuánto adoraba aquella cama! Nunca hubiera pensado aquello pero, después de haber dormido encima incómodas ramas, almohadas de hojas o sobre el duro suelo helado, aquel mueble no era más que una bendición. Quizá era mejor la que tuvo en el templo aquél verano, pero una cama era siempre una cama, y nunca la cambiaría por nada. Es más, si le preguntasen qué se llevaría en una isla desierta, su pregunta sería inmediata.
Un minúsculo destello plateado le llamó la atención.
Incómodo, se levantó con los sentidos atentos, demasiado entrenado como para bajar la guardia aún cuando supiese que estaba en Hogwarts, protegido de los peligros.
Miró a su alrededor en busca del causante de aquella alerta. Sabía que no había sido más que "algo", no sabía qué, pero sí que había pasado. Y fue entonces cuando vio que su cajón estaba medio abierto aún cuando había puesto el hechizo de cerrar. Y eso solo podía significar algo: alguien lo había abierto.
Cauteloso, miró en su interior para comprobar que todo estaba en orden. Pero había algo que no estaba tal y como debiera. El pensadero, SU pensadero, estaba activado.
No le hizo falta asegurarse de nada más porqué estaba seguro que el destello pertenecía a aquél objeto. Las aguas plateadas, de costumbre quietas y apagadas como un océano en la noche, ahora brillaban cubiertas de una niebla clara y medio difusa.
Se acercó a la piedra que le había regalado Remus y que había usado durante los últimos dos meses para despejar su llena memoria, y observó el recuerdo que estaba siendo revisado: su regreso a Hogwarts tras la escapada con Malfoy e Irid.
Enfurecido al ver que el mismo que había abierto el cajón y activado el pensadero estaba ahora viendo todos sus recuerdos y pensamientos, tomó la varita con aplomo y la acercó a la brillante piedra. Fuera quien fuera no se lo iba a personar.
Poco a poco y cada vez con más velocidad, fue cayendo directo hacia la clara noche de setiembre, hacia las afueras del castillo donde una suave brisa movía el cuidado césped y las hojas de los árboles con ternura.
Dos figuras, oscuras y medio camufladas en la noche, estaban quietas observando la gran figura del castillo en silencio, como si reflexionaran sobre lo que estaban viendo. Y, siguiendo sus propios pensamientos, un grupo de emociones se le echaron encima como si fueran las suyas propias. Él sabía que así era, pues se trataba de sus recuerdos y los de nadie más.
Tocó el suelo cuando vio otra figura que no pertenecía a aquel lugar. Sin dudarlo, le apuntó la varita a la espalda y, con la voz cargada de rabia y odio, dijo:
- ¿Viajando un poco?
La forma que estaba enfrente se sobresaltó con un repentino grito que rápidamente cubrió.
Puso su mano en el hombro izquierdo y, apretando con fuerza, se obligó a regresar junto con el intruso. Así, todo lo que los rodeaba se volvió difuso y lejano, y lo que antes le había rodeado volvió a hacerse tangible, como si fuera expulsado de la piedra y regresara a la realidad. Ésta, apagó repentinamente su luz interior y quedó solitaria en el cajón.
- Di algo sobre esto, y te mato.- siseó amenazadoramente.
Con más fuerza de la que pretendía, obligó al intruso a darse la vuelta para ver su identidad. Mas, cuando la vio, todo él se quedó estático, inmóvil y sin poder moverse.
Por unos instantes ninguno de los dos dijo nada, unos segundos que parecían ser eternos, incapaces de detenerse. La figura, que había perdido el equilibrio al girarse, volvió a ponerse en pie con flaqueza, tambaleante, sin fuerzas que pudieran ayudarla.
- Harry… yo… lo siento…- dijo a media voz en un susurro casi inaudible.
Un cúmulo de sensaciones y emociones impactaron en él desconcertándole y aturdiéndole, haciendo que fuera incapaz de reaccionar o pensar. No podía enfocarla con la mirada, era imposible centrar su visión en su figura. Habría gritado de frustración si hubiera podido, pero parecía que las palabras no existían en aquél momento. En vez de esto, un creciente ardor en las venas le taponó los oídos y todo razonamiento, permitiendo que sólo la furia y el odio entrasen en él.
- Perdona… lo siento mucho… sólo quería saber…- dijo mientras le miraba aterrada intentando recular ante sus ojos penetrantes.- No diré nada, lo prometo.
- Vete.- dijo tajante.
- Espera, puedo explicarlo…- suplicó lanzándose hacia él.
- ¡Vete!- con un gesto, la alejó, pero pareció no ser suficiente.
- Harry…
- ¡Maldita seas, FUERA!
Con el último grito terminó saliendo, cubierta de lágrimas, precipitadamente de la habitación.
Necesitó unos segundos más antes de reaccionar. Pero al hacerlo tomó entre sus manos la pequeña piedra plateada y la lanzó con ferocidad contra la pared, haciendo que el pensadero se rompiese en miles de pequeños pedazos de cristal oscuro, opaco y lejos de todo aquél antiguo mar brillante y tan atrayente.
- ¡MALDITA SEA!
Dejándose caer de rodillas, se agarró el pelo con las manos mientras tiraba de él, como si el dolor pudiera templar sus nervios. Estaba furioso, repleto de rabia y descontrolada desesperación, pero, a la vez, sentía una profunda tristeza.
"Hermione…"
