Bueno, como he recibido los reviews pedidos (suerte k pedí dos y no más), pues aquí va el 15.
Reviews! Pocos pero los mejores!

Lladruc: juas, merci per anar-te passant per akí!No havia actualitzat per la falta de temps, em va ser impossible, realment agobiant. Pro en fi… sé k he tardat, pro tot i k escriure el 14 no em va ser difícil pq ho vaig fer mentre no tenia res més a fer, aquest m'ha estat més complicat. A més, era molt important pel fic, així que m'ha costat déu i ajuda per acabar-lo. Sincerament, no saps com m'he arribat a complicar, el volia tornar a començar pq no era com ho havia planejat en un inici, però al final he acabat cedint. No era la forma d'escriure la k no m'agradava, sinó com havia fet anar les coses. He preferit deixar-ho així que desgraciar-ho pq quan no surt no surt. A lo k preguntes... a veure, ho ha mirat pq volia saber. (Ella mateixa diu això, tot i k no concreta res més, pro suposo que et pots fer més o menys a la idea del k significa aquesta necessitat) Apa noi, ens veiem!

Marc: bones! Vaja, m'alegro que t'agradessin tot i k no sóc de la mateixa opinió... Pro com sé k mai m'acabaran agradant pq sempre ho trobo fluix, doncs ho deixo estar. He arribat a la conclusió que el meu criteri en això no compta. Si vols et doncs el msn, tot i k no sóc constant entrant-hi. Tan puc estar dies seguits a totes hores, com ser una desapareguda. Apa, ens veiem! (PD: T'agrego, ok?)

Weno, veamos... Freetalk? Quizá deba hacer un poco... (total, tampoco nadie va a leerlo)
Me he enganchado a una serie que, sinceramente, me parece genial. Se llama Bleach, alguien la conoce? La verdad es que empecé con el manga por consejos de una amiga, y he terminado bajándome el anime mientras espero la continuación. No tengo palabras. Aún cuando FullMetal Alchemist continúa siendo la mejor, Bleach me tiene con insomnio. Dios, es que es genial! En fin, soy una friki 100 con estas dos series.
Qué más….? Ah! Sip, weno, soy un año más vieja…. Y un poco más cerca de la muerte por agobio. A pesar de estar en vacaciones. XD
Desearía escribir más, pero necesito un gelocatil con urgencia pq mi cabeza parece hecha de plomo, así que las ganas de continuar son muuuy bajas. Total, k no estoy para dar más cuerda, lo siento.
Bueno, a ver cuando puedo subir el 16… ¡NOS VEMOS!
-Ithae-


Capítulo 15 – Hogsmeade

Con lentitud, iba sorbiendo la deliciosa cerveza de mantequilla de madame Rosmerta, dejando que descendiera lentamente hasta llegar a su estómago, intentando degustar al completo aquella exquisitez como si descubrir todos sus sabores fuera lo más importante que tuviera entre manos.

Hacía ya una hora que había entrado en la taberna junto con Hagrid quien, tras muchas súplicas, había logrado que Harry fuera con él en la salida a Hogsmeade. La verdad es que de no haber sido por él habría renunciado a ir, cansado de ver a los alumnos correteando por aquí y allí alegres al salir de la escuela. Y no era que no le agradase aquél lugar, más bien el contrario, pero no hacía más de un día del descubrimiento de la intromisión de su mejor amiga en sus recuerdos y lo que menos le apetecía en aquellos instantes era ver a alguien; más bien deseaba quedarse sólo y sin nadie que le rodease.

Le resultaba duro y difícil de creer ver como estaban las cosas. ¡Por Merlín, lo había visto todo, absolutamente TODO¿Qué debía hacer? Aún haber dicho que no diría nada, y sabía que no lo haría, estaba su cara… llena de terror, temor, hacia él. Le temía.

Suspiró.

Le temía… Hermione le tenía miedo. Había visto todo lo que había tenido que pasar, pero no era suficiente, también conocía sus emociones, sus PENSAMIENTOS. Y sabía que había aquellos que más le confundían y, aún no comprenderlos, estaba seguro que ella sí había logrado hacerlo.

De nuevo, suspiró resignado. "No debí regresar… Éste no es mi sitio." pensó con tristeza.

- ¡Mira Harry!- dijo alguien acercándose.- ¡Mira a quien he encontrado!

Un enorme Hagrid se abría paso por entre la multitud a grandes pasos y sin ningún problema y, tras él, una figura mucho más menuda, iba siguiéndole con una gran sonrisa afectuosa en su rostro.

- Buenos días, Harry.- dijo haciéndole un caluroso abrazo.

- Hola, profesora Padmess.

- ¡Oh, no, Harry! No me llames así, por favor.- dijo con rubor.- Ya no soy tu maestra¿recuerdas?

- Perdón.

- La he encontrado en la entrada. ¡Deberías ver la de gente que hay!

- Debía ir a por un par de recados y, como ha empezado a llover, pues he tenido que entrar.- dijo tras pedir un té de ala de mariposa, la especialidad de la casa.- ¿Qué tal te va? Tonks os hace Defensa¿no?

- Sí.

- Es muy buena aurora, seguro que aprendéis mucho con ella. Gracias Rosmerta.- agradeció cuando se lo llevó.

- De nada, cariño.

- La verdad es que son una clase excelente. Aunque admito que un poco traviesos.- dijo el semigigante guiñándole un ojo.

- En eso tienes razón, Hagrid. Yo estoy muy orgullosa de haberles hecho clase, aunque solo fuera por un año. La verdad es que habiendo conocido a tu padre y sus amistades, imaginaba que serías su fiel retrato. Me alegra ver que el juicio de tu madre también está patente en ti.- dijo con una risita de complejidad.

Harry se alegró al oírla hablar de sus padres, aunque solo fuese nombrándoles, pues hacía que dejara de pensar en todos sus problemas para escucharla con renovado interés.

- ¡Oh, ya lo creo! La pequeña Lily… Una alumna modelo.

- Resultó impactante cuando salieron juntos, pero hacían tan buena pareja…

- ¿En qué trabajaban mis padres?- preguntó al desconocer la vida de sus padres tras la escuela.

- Veamos…- dijo Hilda con el semblante distraído.- James se hizo de las Fuerzas Mágicas de Asalto junto con Sirius. Las FMA son el grupo especial del cuerpo de aurores. Cuando algo se pone peliagudo o afecta a partes internas del Ministerio, los de asalto intervienen. Actualmente no existen puesto que teóricamente nos encontramos en tiempo de paz.- dijo con un suspiro enojado.- En realidad, ahora mismo los aurores desempeñan los dos papeles.- sonrió al mirarle a sabiendas de cuál era su deseo.- Y en cuanto a tu madre… Trabajó en el puesto de Relaciones Intermuggles.

- ¿Relaciones qué?

- Intermuggles. Éste también es un puesto que ha desaparecido.- dijo con pesar.- Antes, existía un departamento dedicado a una abierta relación con los muggles, no sólo del país, sino de todo el mundo. Había una colaboración con los otros departamentos mágicos con la finalidad de conseguir una coordinación frente al secretismo mágico que existía hacia la sociedad no-mágica. Es como el departamento de Arthur, solo que más grande e importante. Ambos eran muy buenos en su trabajo. Aunque el trabajo de tu padre sacaba de sus casillas a Lily.

- ¿Por qué?

- Porqué casi siempre estaba trabajando.- intervino Hagrid con seriedad.- En aquellos años, Quien-tú-sabes luchaba por el poder, así que eran frecuentes las intervenciones de las fuerzas de asalto.

- Como los pocos integrantes aún con vida han sido los mismos entrenadores de los actuales aurores, éstos son mucho mejores que antes. Murri es uno de ellos.

- ¿Ojoloco?- dijo antes de darse cuenta que lo había dicho en voz alta.

- Sí, Alastor Murri o Ojoloco, como lo has llamado, era uno de los integrantes de las fuerzas de asalto. En realidad, ambas fuerzas, los aurores y los de la FMA, actuaban juntas ante las situaciones difíciles así que se conocían entre ellos, por lo que al terminar con la Era de Terror, casi todos los restantes se integraron en el cuerpo instruyendo a los nuevos y viejos.

- ¿Pero por qué se disolvió el cuerpo de asalto¿Acaso ya no era útil?

- Según Fudge no.- dijo Hilda.- Cuando Voldemort desapareció…- dijo a media voz sin hacer caso a su propio escalofrío.- … Fudge fue nombrado Primer Ministro en vez de Mauch, el principal candidato al puesto. Su política, en un inicio beneficiosa para la sociedad, fue eliminando aquello que consideró innecesario. Creía que debían deshacerse de aquello que recordaba los malos tiempos y empezar de nuevo. Claro que fue un buen avance, pero también supuso un retiro de muchos hombres y mujeres que habían dado sus vidas por dar aquella paz. Murri, por ejemplo, tuvo que retirarse.

- Entonces Fudge fue considerado el avance hacia la paz. Pero ahora no es más que una sucia rata…

- Hagrid…- dijo con el entrecejo fruncido.

- Pero no comprendo por qué no vuelven a poner al cuerpo en activo…- dijo intentando cortar la mirada reprochadora de Hilda.

- ¿De qué serviría?- dijo el hombre encogiéndose de hombros.

- ¡Pues para hacer una fuerza mayor…!

- Harry, los aurores han sido entrenados por los mismos integrantes de la vieja FMA. Ahora son casi tan efectivos como ellos. Quizá les falte experiencia, pero son buenos.

Pero Harry seguía pensando que era una ridiculez. Las FMA se habían creado como un grupo de ataque especializado… en realidad tenía mucho en común con el mundo muggle. Había visto, si bien en películas, que existían varias fuerzas de orden en la sociedad no-mágica. Por ejemplo, en América, no era lo mismo el cuerpo de policía que la CIA, aún cuando ambos se dedicaban al servicio del orden y la justicia. ¿Cómo entonces podían decir que un auror era lo mismo que un miembro de las fuerzas de asalto? Era como comparar un maestro con un profesor universitario¿no? Por más empeño que hubiera por entrenar al cuerpo de aurores, nunca éstos serían iguales o mejores que sus maestros pues su finalidad era distinta.

- Sea como sea, no hay nada más.- dijo el chico a media voz.

- Bueno…- susurró Hilda con una sonrisa.- Aún existe el Fénix…

Con una sonrisa amarga, Harry correspondió a su guiño. La verdad es que tenía razón, pero él no creía que el grupo de Dumbledore fuera capaz de enfrentarse a toda una amenaza.

Sorbió un poco de la cerveza que aún mantenía entre las manos y dejó que la conversación ahora trivial entre Hagrid y Hilda siguiera lejos de su atención. Hasta que un grito lejano seguido de una fuerte explosión hizo que todo se silenciara de golpe para seguir con histéricos gritos de temor.

- ¿Pero qué…?- exclamó tras el impacto inicial.

La gente, antes alegre y sonriente, ahora se cubría la cabeza con ambas manos, agachada en el suelo o debajo las mesas mientras una pequeña lluvia de polvo caía del techo de la taberna.

Fuera, lejos de la protección del edificio, decenas de personas corrían aterrorizadas por las calles escapando de algo que no lograba ver. De fondo, otras explosiones resonaban en el aire iluminadas por luces de colores. Todo aquello no hacía sino que aumentar el pánico entre los inquilinos que temblaban entre la creciente oscuridad.

- ¡Iré a ver qué sucede…!- gritó Hilda por encima del ruido.- ¡Hagrid, vamos!

Harry, intrigado por lo que sucedía, temeroso de que fuera un ataque al pacífico pueblo, hizo el ademán de levantarse, pero fue detenido.

- ¡No! Harry, quédate aquí.

- ¿Por qué¡Yo también puedo…!- gritó con enojo.

- ¡He dicho que te quedes aquí!

- ¡Pero…!

- Escucha.- dijo con una sonrisa que quería aparentar calma.- Debes quedarte. Eres el único que puede protegerlos¿de acuerdo? Por favor…

El chico, cerrando la boca con el entrecejo fruncido, la miró sin decir nada.

- No te preocupes. Enseguida volvemos.- dijo con un guiño.

Hilda, agarrando con fuerza su varita, salió del tembloroso local seguida por un ceñudo Hagrid quien, siguiendo sus órdenes, cerró la puerta tras él.

"Genial." pensó con rabia. ¿Por qué siempre era tratado como un niño¡Sabía luchar, maldita sea!

Con cuidado, se acercó a la ventana para ver, con sorpresa, una gran y terrorífica marca en el cielo. La calavera y la serpiente. "¡Voldemort!"

- ¡Por Merlín!- gritó ahogadamente una voz a su espalda. A sabiendas que el descubrimiento de la señal crearía una oleada de pánico, se giró hacia su descubridor.

- Señora Rosmerta…

Una nueva explosión les hizo caer al suelo.

- ¡Oiga!- dijo cogiéndola con fuerza del brazo para hacerla despertar. Ella no lo miraba, tenía la vista fija en aquella horripilante marca en el cielo, demasiado impactada para apartarla de allí. Sin embargo, la fuerza del chico la hizo reaccionar.- ¿Hay algún sótano en la taberna¡Debemos esconder a toda esta gente…!

- Sí… sí, hay un almacén…

- ¿Es muy hondo¡Rosmerta!- gritó con fuerza para hacerse oír.- ¿Es muy hondo¡Debe guiar a la gente hasta allí!

- Yo… de-de acuerdo.- con dificultad, la mujer se puso en pie.- ¡Yen¡Yen¡Hacia el almacén!

- ¡De prisa!- bramó.- ¡Vamos, muévanse, todos hacia abajo!

Los clientes, medio agachados, iban dirigiéndose hacia la puerta que conducía a la cocina donde, escondida tras una montaña de cajas, había una tabla de madera que cubría una pequeña escalera de piedra.

Harry, aún ir ayudando a la gente a levantarse y seguir a los demás, no se apartaba de la puerta, incapaz de dejar de mirar, de reojo, aquella gran cicatriz forjada en el tempestuoso cielo cada vez más negro.

- ¡Harry!- gritó una voz entre el tumulto.

Directos hacia él, un grupo de cinco chicos salieron de entre los demás con los rostros pálidos y asustados.

- ¡Dean¿Qué hacéis aquí?- dijo al reconocerlos. Seamus, Dean, David Streford y dos chicos más de la misma casa se congregaron a su alrededor.

- Tomábamos algo. ¿Qué está pasando?

- No estoy seguro…- como toda respuesta les indicó a la Marca Tenebrosa haciendo que contuvieran, aterrados, el aliento.- Deberíais ir con los demás. Esto no es seguro.

- ¡Cuidado!- gritó Seamus.

Otra explosión hizo temblar a toda la taberna haciendo que un par de vigas cedieran y las ventanas se rompieran. Asustados, la gente se lanzó alocadamente hacia el refugio improvisado haciendo que algunos fueran heridos.

Por suerte los había empujado justo a tiempo antes de recibir la caída de una de las vigas de madera. Durante unos diminutos segundos, el ruido desapareció haciendo que un doloroso silencio taponara sus oídos. Se sentía molido, como si algo hubiera pasado por encima dejándolo completamente destrozado. El polvo cubría casi toda su vista, y el suelo era peligroso por los pequeños cristales que amenazaban en clavarse en todo aquél que se atreviera a pisarlos. Aquella pequeña y cálida taberna era ahora un cúmulo de escombros. Así, con cuidado, intentó ponerse en pie intentando evitar los peligrosos cristales de colores.

- ¿Estáis bien?- dijo entre toses.

Con una mueca de dolor, se quitó un pequeño fragmento clavado en la palma de su mano derecha, e improvisó un vendaje con un pañuelo blanco que por suerte llevaba encima.

- ¿Dean, Seamus?- decía una voz que identificó como a su cazador David.

- ¡Aquí!

- Nos ha dado de lleno.- jadeó otro.

- Estamos vivos. De habernos dado ahora ni siquiera respiraríais.- sentenció Harry.

Tras comprobar que todos estaban bien a pesar del polvo que ensuciaba sus ropas y daba a los rostros una expresión de soldados de guerra, se dirigió con urgencia hacia la cocina. Con alivio vio que aún estaba medianamente intacta. Abrió la trampilla y vio como Rosmerta le miraba desde abajo.

- Quédense ahí, estarán bien.

- ¿Queda alguien¿Y tú, muchacho?

- No se preocupe. Vosotros, bajad.- dijo con severidad hacia los chicos.

- ¡Ni hablar!- protestó Seamus.

- He dicho que adentro, allí estaréis seguros.

- ¿Qué vas a hacer tú?

- Buscar a los demás.

- Te acompañamos.

- No.

- ¡Somos del ED! Nos enseñaste, trabajamos en equipo…

- ¡Maldita sea!- exclamó perdiendo los estribos. Las explosiones seguían, aunque los gritos de pánico habían cesado.- Dejad ya lo del ED¡no es más que un juego al que decidimos jugar! Esto es la realidad¿no lo veis?

- No, eres tú quien no lo ve.- dijo con seriedad Seamus.- Nos apuntamos para aprender, y lo hicimos. Tú nos enseñaste bien. Saldremos, con o sin ti.

- No os dejaré…

- ¿Qué harás, castigarnos? Tú mismo has dicho que fue un juego, por ello no nos puedes mandar.

- ¡Muy bien! Vosotros tres, abajo.- les dijo a los demás y, a pesar de sus protestas, enseguida cesaron con su peligrosa mirada que les advertía de la falta de paciencia.- Cerrad desde dentro, así nadie podrá entrar.

Tomó un pote de mermelada que había en el suelo y dibujó tres runas encima la madera. Al ver satisfactoriamente el resultado, se levantó, aplicó un hechizo de permanencia, y encaminó hacia la salida lamiéndose los dedos. Era realmente buena.

- ¿Por qué has hecho eso?- preguntó sin disimular su intriga un curioso Dean.

- Runas de protección. No es que sean muy poderosas, pero al menos harán algo.

- No sabía que hacías Runas…

- Lo aprendí de un libro.- apartó un par de piedras y, enfilándose sobre ellas, consiguió salir a la calle.

La calle estaba desolada. Se veían las fachadas algo maltrechas, algunas más que otras, pero nadie por allí. Sin embargo, el paisaje ruinoso se veía por doquier. Con el corazón latiéndole con fuerza, decidió empujar el miedo para obligarse a andar.

La lluvia hacía que, al caer, levantara el polvo de las ruinas haciendo que una sucia niebla limitara su visión reduciéndola y dándoles la sensación de soledad. Incluso las ruidosas explosiones habían dejado de retronar en el aire dejando, sólo, una escalofriante sensación de frío y perturbadora paz. "Al menos, ellos están a salvo…" pensó con un pequeño alivio, no sólo por haberlos salvado, sino también por no faltar a la confianza que había depositado en él Hilda al dejarlos a su cargo.

"Parece mentira que todos ellos sean magos…" se dijo con enojo tras el suspiro inicial. En verdad, se había quedado estupefacto al ver la fragilidad de toda aquella gente¿tan rápido abandonaban? Eran realmente patéticos. Y, aún cuando le costara confesar, se sentía orgulloso de los dos chicos que le seguían. Habían defendido su postura recordándole que él había sido su tutor… Odiaba que sus vidas estuvieran ahora en su conciencia, pero, aún así, estaba orgulloso.

- Está bien. Actuaremos como un equipo.- dijo tras indicarles que se escondieran tras unas macetas enormes que había frente una tienda llamada "La flor Cantarina".- Vosotros dos iréis por ésa calle y yo por ésta. Si sucediera algo lanzad chispas rojas…- susurró tras acordarse del método utilizado en el Torneo de los Tres Magos en cuarto.- Id con mucho cuidado.

- Descuida.

- Nos vemos aquí dentro de… quince minutos.

Ambos afirmaron y se fueron internándose en aquella húmeda cortina de polvo dejándolo sólo.

Inspiró un par de veces buscando su templanza, y salió del escondite con los sentidos en alerta y la varita en alto.

"Bueno, un problema menos." pensó mientras avanzaba con cautela. Había enviado a los dos chicos fuera de peligro. Y, de igual forma, él se había destinado el camino correcto hacia el punto de la batalla. No podía decir como lo sabía, sólo comprendía que la energía fluía hacia aquella dirección, y, al estar atado al flujo, podía presentir su punto más fuerte.

Podía sentir como la adrenalina le extasiaba haciendo que aumentara el ritmo de avance. Sus dos preocupaciones principales habían sido desechadas: la gente asegurada y los chicos fuera del mayor peligro. Hubiera querido asegurarse dejándoles a la taberna, pero ellos mismos lo habían pedido así que, a menos de peligros inferiores, estaba seguro que no les iba a suceder nada. Las runas, las más simples y de las pocas que conocía al encontrarlas en la mayoría de los libros viejos, y su instrucción hecha por él mismo, garantían sus dos responsabilidades.

Un par de enormes explosiones de energía que sólo él pudo sentir, hizo que su disimulado paso se convirtiera en una frenética carrera para llegar hasta el mismo centro de todo.

Estaba seguro… ÉL estaba allí.

Un rayo de chispas azules impactó contra el balcón que tenía justo encima haciendo que se derrumbara sobre él. Así que, con un precipitado protego, consiguió crear una burbuja de aire que le protegió de ser aplastado. Pero no pudo evitar el duro golpe al caer por la presión que le dejó inconsciente.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Con un gruñido de dolor, se puso la mano en su temple derecha para encontrarse con el tacto de una herida. Un pequeño reguero de sangre caía por su rostro, pero aquello no era lo que le mareaba. Palpó a su alrededor para ver que estaba dentro de un extraño iglú de hierro, piedras y cristales, que se sostenía sin comprender el cómo. Sin embargo, las ruinas que le cubrían eran demasiado pesadas para apartarlas por sus propias manos, y cada vez podía respirar menos entre todo el polvo que le rodeaba. Sentía escozor en sus ojos haciendo que le llorasen incontroladamente, y la presión en el pecho no hacía sino aumentar. ¡Se estaba asfixiando! Y, por más que lo intentara, el sentimiento de clastofóbia incapacitaba todo razonamiento.

Empezó a dar patadas contra las piedras sin resultado. Las golpeó, empujó y gritó sin conseguir nada más que ensuciar aún más sus pulmones y herirse inútilmente. Pero, al sentir la falta de aire limpio, su cuerpo empezó a decaer sumiéndole en la tranquilidad, permitiendo que, tras el impulso instintivo, su razonamiento tuviera unos segundos de libre acción.

- Ex-Expeliarmus…- dijo con voz ahogada, pero nada más que un par de chispas rojas salieron de la punta de su varita.- ExpeliarmusExpeliarmus

Otro ataque de tos hizo que tuviera que detenerse entre jadeos y náuseas. Estaba realmente mareado.

- Maldita sea…- susurró con amargor.- Ni siquiera… he podido… Vold…

Cayó de rodillas cubriéndose la boca con ambas manos. El polvo estaba pegado a su piel, impregnado en el aire y en la ropa.

Estaba perdido. Con desmesurado trabajo conseguía tragar algo de aire antes de que los mareos le apurasen demasiado para poder abrir de nuevo los ojos aún cuando no había nada por ver.

Estaba helado, hasta entonces no se había dado cuenta hasta qué punto hacía frío. Su capa se había quedado en la destrozada taberna, y encima la lluvia no había dejado de caer por lo que, además de la baja temperatura del mes, el hecho de estar mojado no hacía sino empeorar.

Cerró los ojos intentando tranquilizarse. ¡No podía caer allí! No iba a caer allí. Él era un gran mago, no permitiría que algo como aquello le derrotara.

Entre temblores, se quitó el yérsey y se cubrió la cara con él, haciendo que el aire fuera más respirable. Así, tras un agradecido tiempo, pudo volver a encararse a aquello que tanto le había hecho peligrar. No necesitó de palabras, ni de ningún hechizo que conociera. Apuntó con su varita hacia delante y dejó que la energía fluyera por sí misma, tal y como ya había hecho una vez.

Tras la gran explosión que prosiguió a su magia, Harry cayó al suelo agonizante. Jadeando, intentaba recuperar el aliento entre toses cargados y el decreciente mareo. Aún cuando se obligaba a respirar controladamente, el mero hecho de poder inspirar el aire limpio, o mucho mejor que el anterior, hacía que sus pulmones se expandieran y contrajeran ávidos de más oxígeno. Poco a poco pudo dejar de sentir aquella sensación mareante pasando a la normalidad, donde su cuerpo temblaba por el frío y la humedad. La lluvia, incesante, le pareció deliciosa.

"Por qué poco…" pensó mientras su respiración parecía recuperar su control.

No tuvo tiempo a descansar que un helor, muy diferente al frío atmosférico, empezó a acercarse a él clavándose en su mojada piel. Eran como estacas de hielo, frías y puntiagudas, que le rozaban y arañaban cada vez más profundamente. Un chirrido, penetrante y escalofriante, empezó a oírse silenciando todo lo demás. Era incapaz de sentir o escuchar otra cosa. Como si alguien hubiera cubierto sus orejas con telas de seda y sus ojos con una mancha de algodón.

Su cerebro, adormecido por la falta de oxígeno, empezaba a trabajar con frenética rapidez, instigado por la alarma y el peligro que de repente comprendió correr.

Deméntores.

No podía contar cuantos eran, algunos se escondían entre las sombras, otros, aparecían rodeándole. Apenas había podido levantar la cabeza para verlos, eran muchos. Demasiados. Y él sólo era uno.

Pero lucharía. No había salido de aquél cascarón para esconderse ahora.

Con el cuerpo adolorido, se puso en pie agarrando fuertemente la varita. Debía hacer un gran esfuerzo para evitar recaer en otro ataque de tos que le hostigaba desde los pulmones. Pero, debía resistir pues aquello le haría perder unos peligrosos segundos que darían el tiempo necesario para que aquellos horribles seres se lanzaran hacia él.

Los negros espectros, oscuros seres de la muerte, se iban acercando lentamente, como si quisieran darle un último suspiro antes de cazarlo, sabedores de que no escaparía a ningún lugar pues no había sitio para huir.

Harry podía sentir el frío sudor recorrerle por el cuerpo, la visión nublándose y unos gritos lejanos resonando en la lejanía medio difusos entre risas afiladas y sin compasión. Movió la cabeza intentando aclararla, y levantó la varita. Debía despejar cualquier duda y centrarse en lo que haría a continuación, esperando el momento oportuno para pasar a la acción. Aún así, sabía que cuanto más tiempo pasaba, peor era su situación. Sus reflejos disminuían y su resistencia mental era cada vez menor.

Una explosión no muy lejos de él pero lo suficiente para estar fuera su vista, le dio la señal de inicio.

- ¡Expectro Patronum!- gritó por encima el ruido que se destapaba ante él.

Los deméntores que habían saltado al ver que su presa atacaba, ahora se difuminaban ante un majestuoso y brillante ciervo. El animal, reluciente como una estrella, emprendió el ataque embistiéndolos uno a uno con su gran corona, alejándolos del chico quien no había podido reprimir más la tos que su cuerpo le obligaba a sacar.

El precioso patronus iba de un lado a otro cubriendo a su creador, etéreo como una nube en invierno y resplandeciente en su grandeza. La invocación no cesaba de luchar contra los deméntores y, aún con la ayuda de Harry intentándoles repeler, los seres seguían yendo hacia ellos deseosos de capturar a su presa. Pero por más que conseguían, otros venían detrás sin tregua como si se multiplicasen. No sabía cuantos se había llevado ya, pero los deméntores seguían y seguían, como si estuviese en medio de un nido de ellos. ¿De dónde habían salido tantos?

- ¡Expectro Patronum!

No muy lejos, unas voces gritaron el hechizo haciendo que pequeñas luces brillaran entre la lluvia, apartando a los deméntores y obligándoles a esconderse de nuevo entre las oscuras sombras.

- ¡Harry!- gritó una voz en la distancia.

Un precioso pájaro sobrevoló su cabeza navegando en el aire con sus alas plateadas. Su patronus, alzándose sobre sus dos patas traseras, emprendió una furiosa carrera atravesando todo el grueso de los espectros seguido por aquella majestuosa ave quien, a su galope, se lanzó en picado contra los seres en una desenfrenada lucha.

El chico, siguiendo el camino que iba abriendo su ciervo, pudo escapar de aquella trampa letal.

- ¡Aquí!- indicó un chico tras un pilar.

Sin pensarlo dos veces, se dirigió tan rápido como pudo hacia allí. Dos chicos más le cubrieron las espaldas con sus dos pequeños patronus a su lado.

Cruzaron a toda prisa por una estrecha calle, y giraron hacia su derecha escondiéndose dentro una casa desierta. Otros estaban también allí.

Dean, Lavender, Parvati y Padma Patil, Luna Lovegood, Collin Creevey y su hermano, Justin Finch-Fletchley, Hannah Abbott, Anthony Goldstein y Terry Boot. Neville iba enfrente y era quien le había guiado hasta allí y, tras suyo, Seamus y Ron cerraban la comitiva.

- ¿Qué hacéis todos aquí?- tartamudeó sorprendido.

- ¿Acaso no te acuerdas del equipo que tú mismo fundaste?- dijo con sarcasmo Ginny apareciendo en la entrada desde dentro el edificio.

- ¿Aún seguís con eso?- murmuró desesperado. ¿Cómo podían seguir hablando de lo mismo¡Por el amor de Dios, aquello era la realidad, no un estúpido juego de niños!

- Quizá tú hayas olvidado la causa, pero nosotros no.

Harry dejó el asunto, era imposible razonar con ellos y, sinceramente, en ésos momentos no tenía la energía suficiente para entablar una larga discusión. Así que, decidiendo que estaba demasiado agotado para ello, prefirió callar.

Se sentó en una pequeña silla con un gruñido e invocó un par de vendas que cubrieron sus heridas.

- No tenemos mucho tiempo. Los deméntores no se han ido…- dijo Hermione entrando en la sala.- Debemos salir de aquí.

- Detrás hay una salida al jardín.- secundó Ernie Macmillan tras la chica.

Al verle, su mirada decayó centrándose en sus zapatos, perdiendo la voz como si un soplido se la hubiese llevado. Nadie se percató de ello, excepto Harry. "Me teme…" pensó desalentado.

No quería llamar más la atención, es más, hubiera deseado que ninguno de ellos estuviera allí… ¡No quería ser responsable de ellos! Pero, en vez de decirlo con voz malhumorada y gritos de rabia, esperó a que dejaran las discusiones y se adelantó tomando una de las capas colgadas en el perchero.

Fuera estaban otros cuatro alumnos más: Alice Seaggle, Will Taylor, Sheila Glamen y Joseph Estreth, todos ellos compañeros suyos en Magia Antigua. Estaban silenciosos en el jardín, con las varitas en sus manos y sus rostros entre atemorizados y valerosos. Solo Alice se mantenía con una templada calma, recostada en uno de los bordes destrozados del muro, en una tranquila espera.

Harry la miró con una ceja levantada, como preguntándole qué hacía allí.

- Que sea de Slytherin no significa que comparta ésa opinión.- dijo con una indicación de cabeza hacia la marca que seguía brillando.

- Corres peligro. Más que ellos.- murmuró a media voz al pararse a su lado mientras los demás se organizaban.

- También escondida.- se encogió de hombros y, aún aparentar tranquilidad, Harry supo que por dentro la chica estaba realmente aterrorizada.

Encabezando el grupo sin necesidad de pactarlo con nadie, Harry se adelantó a ellos cruzando la pared derruida para llegar hasta el otro jardín de la casa de enfrente. Con firmeza, entró por la puerta trasera hacia la cocina y, haciendo acoplo de su valentía, cruzó la casa en silencio y la varita en alto con todos sus sentidos en alerta ante cualquier movimiento.

Abrió levemente la puerta de entrada y aseguró, con la mirada, la desierta calle. Nada parecía rondar por allí. Sin embargo, podía sentir los gritos y explosiones no muy lejos de él, reflejados en la oscuridad con destellos de luces de colores.

Sin esperar a nadie, empezó a correr directo hacia el final de la calle donde, tras un recodo, sabía que estaba el auténtico combate. No le importaba que le siguieran o no, el único pensamiento que tenía era ir hacia allí, debía llegar. Necesitaba llegar. No lo comprendía, era más fuerte que él, como si una fuerza forjada en el destino le impulsara a ir hacia allí, fuera de cualquier razonamiento o lógica común.

Los sonidos dejaron de existir, el frío y el mismo suelo desapareció, incluso el aire que le retenía se difuminó haciendo que nada más que aquella sensación existiera en su mente, en su cuerpo.

Una explosión de luz se presentó ante él con una escena increíble.

Entre rayos y destellos, dos fuerzas combatían justo al centro mientras, a su alrededor, dos vistas se dividían entre ellos. Varios cuerpos estaban repartidos por toda la gran plaza, desde figuras cubiertas por capas de todos los colores, hasta individuos enmascarados con caras de metal y ropas negras. Pero tanto los que descansaban echados al suelo, como los que se mantenían aún en pie, iban cubiertos de heridas y barro, como si aquella cruenta batalla que estaba viendo hubiese cobrado ya algunas víctimas, suficientes.

Tras él, los chicos fueron llegando. Todos, sin excepción, se quedaron mudos al ver lo que acontecía, impactados por la violencia que estaba presenciando el lugar.

Pero su llegada no pasó desapercibida.

Un par de ojos se desvió hasta encontrarle haciendo que su corazón diese un vuelco.

"Bienvenido… Potter." susurró una voz en su mente. Tarde, se dio cuenta que no había levantado sus barreras destrozadas tras su encierro entre ruinas. Y aún cuando aquello le alarmó haciendo que volviera a levantarlas con urgencia, ÉL ya le había visto. Su llegada había sido anunciada.

Quiso dar un paso hacia el combate, cuando la presencia de los deméntores llegó hasta ellos haciendo que se giraran olvidando aquello que ahora les daba la espalda. Su propia lucha estaba a punto de empezar. Pero Harry no iba a participar en ella.

El chico, sin pararse a hacer frente a la amenaza que les cortaba la retirada, decidió seguir hacia delante. Un par de hechizos le hicieron reaccionar lanzándose hacia un lado. Se levantó con rapidez del suelo, y contraatacó a su atacante con un potente expeliarmus. No consiguió desarmarlo, pero su intención hizo efecto permitiendo que, tras su respuesta, tuviera el tiempo necesario para levantarse y encararse preparado al desconocido mortífago. El hombre no era muy alto, tampoco demasiado bajo, apenas le pasaba un dedo a Harry. Y aquello le alentó eliminando sus miedos, tampoco era tan grande. Aún a pesar de tener una presencia terrorífica que le imponía respeto y poder, el chico ya no los veía como individuos superiores o capaces de matarle con un solo golpe. Quizá por haber crecido, quizá por ser más poderoso, pero Harry ya no sentía aquél terror, sino que, aún el miedo, la euforia de la lucha hacía que perdiese el temor hacia su enemigo viéndolo mucho más cerca que nunca hasta entonces. Al fin y al cabo, sólo era un hombre.

Agarró con fuerza su varita sin hacer el menor caso a la herida de su mano, y se lanzó directo hacia un sorprendido mortífago que, a pesar de la sorpresa que le supuso ver que aquél muchacho no salía corriendo al verle, no dejó que aquello afectara a sus reflejos. Sus hechizos y maldiciones se unieron con los demás en una orquestra de luces y explosiones.

Harry enseguida vio que aquél rival tampoco era tan difícil. No sabía si por sus entrenamientos o por el mero hecho de haberle perdido aquél miedo casi irracional hacia aquellas máscaras de hierro frías y reflectantes. Lo que sí supo con solo empezar fue que no iba a perder aquél combate.

- ¡Desmaius!- gritó tras esquivar un Avada cubriéndose con una pared medio derruida.

El hombre, incapaz de reaccionar con la misma rapidez, cayó inconsciente al suelo con un golpe sordo. Harry se levantó de lo que ahora no era más que ruina pulverizada y que le había salvado la vida, y se apartó un mojado flequillo que le caía encima el ojo dejando completamente a la vista su famosa cicatriz.

Una explosión a su espalda le hizo tambalearse hacia delante. No se había dado cuenta de un ataque que iba directo hacia él. Sin embargo, éste fue detenido a casi dos palmos de él.

- ¡Potter¿Se puede saber qué haces?- gritó una voz por detrás. Una mano nudosa y dura, le obligó a agacharse.- ¡Guardia permanente¡Nada de despistarse!

- Gracias.- dijo a media voz antes de cerrar instintivamente los ojos cuando el hombre lanzó un potente rayo rojo hacia su atacante.

- ¡Nada de gracias¡GUARDIA PERMANENTE!- gritó con convicción.

- Sí, señor.

- ¿Es que no te habían dicho que te mantuvieras a resguardo?

Al centro, los dos hombres seguían enviándose hechizos a diestro y siniestro. Parecía que nada pudiera interrumpir aquella lucha, excepto un objetivo común. Un objetivo que se había delatado no solo con su llegada, sino ahora también con su exacta posición.

- ¡Harry…!- exclamó con una sorpresa que se transformó en miedo.

Aprovechando que el viejo hombre se percataba por vez primera de su presencia, lanzó un poderoso hechizo que le lanzaría lejos de allí, incapacitándole y dejándole fuera de combate por un tiempo. Sabía que el Avada requería de mucha energía pues su nivel era considerable, por lo que aquello le supuso el remedio más sencillo. Antes debía terminar con alguien más.

Sin embargo, el viejo reaccionó más rápido de lo que esperaba desviando su ataque e impidiéndole escapar.

- Vamos, Tom… No querrás irte ya¿verdad?

Mosqueado por su absurda insistencia, se lanzó con odio hacia el viejo hombre.

El ataque, descuidado por los hombres que luchaban, fue directo hacia otro de los combates que tenían lugar impactando con fuerza contra una mujer que fue lanzada hacia atrás hasta golpearla de espaldas contra una pared.

Harry, horrorizado, vio como todo aquello pasaba en un abrir y cerrar de ojos, incapaz de hacer nada. Solo pudo levantarse llevado por la urgencia hacia la mujer que ahora resbalaba hacia el suelo inconsciente. Un mortífago se lanzó directo hacia él, pero el chico ni siquiera reparó en su ataque, solo la silueta ensangrentada y rota de la chica ocupaba su visión. Algo o alguien detuvo al atacante de Harry, no miró hacia atrás, pero más tarde supuso que Ojoloco había reemprendido otra lucha.

- ¡Hilda!- gritó un hombre que corría junto a ella.

Remus Lupin bramó con locura al ser frenado por otro enmascarado. Como si la rabia le hubiese poseído, empezó a lanzar hechizos a diestro y siniestro reduciendo a todo aquél que se interponía en su camino.

Se agachó a su lado y comprobó su pulso. Aún ser débil, un alivio recorrió su cuerpo. Sin embargo su aspecto era realmente preocupante, y, aún los esfuerzos de Remus por llegar hasta allí, nadie parecía poder llegar hasta ellos para poder socorrerla. ¿Qué podía hacer? Sus conocimientos de curación eran prácticamente nulos. Lo único que sabía era crear unas vendas y realizar un par de pociones de desintoxicación. ¿De qué le servía?

Temblando de preocupación, decidió hacer lo único que sabía cubriendo sus heridas con limpias vendas blancas. Pero se detuvo al ver una fea mancha oscura cubriendo el hombro derecho y parte del pecho. La ropa que debería haberla cubierto estaba quemada. ¿Era aquello el impacto del hechizo? Era escalofriante. Su piel, antes suave y delicada, era ahora una zona seca y oscurecida, parecía una quemada, pero su perfección en los definidos bordes la delataba.

Levantó la mirada buscando a Remus con urgencia, pero lo único que vio fue como otro hechizo era lanzado fuera del círculo de combate que había en el centro e impactaba contra un grupo de magos que se debatían cerca de donde el hombre lobo luchaba por hacerse camino. Con indiferencia de quienes fueran y el bando que ocupaban, todos cayeron al suelo sin llegar a percatarse de lo acontecido. Algunos de los que se encontraban cerca miraron aterridos hacia los dos magos. Parecía que nada era capaz de parar aquella lucha y, antes de que llegara a su fin, lo más seguro era que todos los allí presentes caerían víctimas de la magia de los dos titanes sin que esto perturbara en lo más mínimo.

Un hombre pasó por delante lanzando un hechizo a su espalda que fue respondido con otro desde detrás. Ambos detuvieron su carrera a cuatro pasos del chico y reiniciaron su combate. Un combate que duró poco. El mortífago rápidamente lo eliminó con un Avada antes de ser interceptado por otro mago que, al ver como moría su compañero, se lanzó sobre el enemigo con puños y patadas. Pero, poco después de tirarse encima cayendo los dos al suelo, la fachada de la casa que tenían a su espalda se derrumbó sepultándolos a ambos. El desprendimiento había sido causado por un hechizo de otros dos que no repararon en ellos ni tampoco les importó demasiado absortos en sus propios movimientos.

No podía creer lo que estaba viendo, toda aquella matanza… Muchos de los caídos habían sido por negligencias de los demás o suyas propias, ingenuos a lo que les rodeaba, sin importarles lo que sus acciones podían conllevar. Aquella no era una honorable batalla, sino una estúpida lucha cuyos participantes no eran más que malditos individuos sin razón. ¿Acaso no veían lo que estaba pasando¿No se daban cuenta de que muchos morían por su culpa? Decían defender la libertad o el poder, luchar por el Bien o el Mal, llegar hasta lo más alto en un estúpido camino que sólo les llevaría hacia uno mismo y su propia destrucción. ¿Es que no lo veían¡Malditos ingenuos¿A dónde les llevaba todo aquello? "A la muerte." pensó con furia. "Imbéciles. ¿Cómo pueden decir que lo hacen por el bien cuando esto sólo les lleva a la muerte? Por su culpa muchos más morirán. ¿Y para qué¿Por qué¿Cómo pueden tomarse la vida tan a la ligera¿Con qué derecho!" Miró con rabia contenida hacia la chica que descansaba inconsciente al suelo, entre polvo y agua, con sus facciones flácidas aún cuando el dolor debía ser impresionante. No lo comprendió, no podía hacerlo.

"¿CON QUÉ DERECHO!" se dijo con un grito de odio.

Cerró los puños con fuerza haciendo que sus uñas se clavasen en la piel y se levantó echando a correr cada vez con más velocidad sin importarle nada de lo que ocurría a su alrededor, lejos de cualquier mirada horrorizada o desesperada que pudiese dirigirse hacia él en un mudo grito de alarma.

- ¡MALDITOS SEAIS!- gritó por encima de las explosiones.

Una áurea roja cubrió el chico. Sentía que su sangre bullía con una furia que le nublaba todo razonamiento. No le importaba nada, ni siquiera era capaz de percatarse de lo que hacía, sólo corría desesperado hacia los dos hombres que, al oírle, detuvieron su combate.

Pero no tuvieron tiempo a reaccionar.

Cegado por el odio y la rabia, Harry lanzó el brazo derecho con el que sujetaba la varita hacia delante sin pensar en lo que hacía ni pasaría, dejándose llevar por la furia que taponaba sus oídos y nublaba su visión.

Una potente explosión impactó al centro de la plaza haciendo que todo el pueblo temblase por su magnitud amenazando en derrumbarse. El impacto fue tal, que el aire desapareció de los pulmones de todo aquél que había a su redonda, sus corazones dejaron de funcionar y, lo que no fue más que un par de agonizantes segundos, les horrorizó.

Poco a poco, la húmeda nube que cubría toda la plaza fue disipándose dejando un sorprendente espectáculo.

Decenas de cuerpos estaban echados al suelo, la mayoría inconscientes, los demás sangrando y demasiado impactados para reaccionar. La plaza estaba completamente destruida. Los edificios más próximos se habían derrumbado quedando poco más que restos de muebles y paredes. Era realmente increíble que el resto del pueblo aún se mantuviera en pie aún todo por lo que había tenido que aguantar.

Al centro, un par de figuras se levantaban rodeadas por un par de extraños escudos. Tan pronto como pudieron ver, quedaron mudos al ver a su alrededor. La explosión había hecho un pequeño cráter justo debajo sus pies, y sólo ellos se levantaban intactos del impacto.

Cerca de ellos, un chico los miraba con odio. Jadeaba y se mantenía en pie apoyándose con las manos encima sus rodillas, pero, a pesar de su fatiga y decreciente fuerza, seguía mirándolos con el mismo sentimiento. Y era éste el que lograba mantenerlo derecho, el odio irradiaba de él con fuerza aún cuando toda su energía hubiese sido expulsada. Ni siquiera era consciente de su estado, sólo seguía mirándolos, imponente e inflexible, sin parpadear. Hasta que su cansancio le arrebató la conciencia sumiéndole en una perturbadora paz.

Voldemort había sonreído.