¡Buenas! Ufff… Aquí llego con un nuevo capítulo que espero que os guste, aún cuando advierto que no es tan largo como de costumbre (sólo tiene 8 págs de word), así que, por favor, no se me os quejéis, al fin y al cabo, hay gente que hace capis de 3 páginas…¡Reviews!
Blackcat: hola! Jajajajaja, no me des tantos méritos que no soy nada especial y no los merezco. K tal te va todo? No voy a hacer grandes respuestas pues son las 10 de la noche, acabo de llegar de la universidad y estoy reventada. Casi se puede hacer una tortilla con mi cerebro… Y yo que deseaba que éste curso fuera más relajado…. Pero, en fin, qué le vamos a hacer! Masoquista yo por querer hacer la carrera, juas! Anda chica, te dejo k aún debo hacer la cena. Nos vemos!
al: saludos! Bueno, me alegro que te hayas pasado por aquí. La verdad es que pocos dicen nada y no sé si es pq ya no entran o pq no lo leen. Sea como sea, mientras tenga a alguien seguiré, es lo mínimo que puede hacer un escritor (o aficionado a la escritura) para sus lectores… Así que, espero que siguas por aquí un poco más. Bye!
No voy a explayarme mucho, estoy realmente agotada… ¿Qué
decir? Bueno, he aprobado todo lo que tenía por lo que estoy
haciendo 4to limpia (sí sí, además me ducho
toooooodos los días XD) K más…. ¡AH! A finales
de mes se hace el 'Saló del Manga' a l'Hospitalet, por
lo que voy a viciarme a ver si encuentro algo que merezca la pena. En
realidad sólo hay dos series por las k pagaría por el
manga: Fullmetal Alchemist y Chrno Crusade (os las recomiendo).
Además¿os dije k estaba viendo-leyendo Inuyasha? Otra
más que recomiendo efusivamente.
A parte de todo esto y en relación al capítulo de hoy,
advierto que… bueno, no voy a advertir. Sólo os diré
que su estructura es necesaria para la continuación. No me
matéis. Seáis respetuosos y, por encima de todo… Me
muero de sueño. XD
Hasta pronto!
-Ithae-
PD: Si no es mucho pedir... Dejad reviews. Si no recibo no sé si alguien lo sigue y, por qué no, me da aliciento para seguir. Arigatou ne!
Capítulo 17 – Nuevas amistades
- Como dice el artículo 105 de la Ley Mágica de Derechos Civiles, ningún mago o ciudadano de la sociedad mágica británica está obligado a tomar partido de ningún acto jurisdiccional a menos que se cumpla el apartado seis de la normativa civil de Protección y Derechos Mágicos de 1572. La violación de esta ley conlleva la aplicación de la sanción descrita en el tratado de Woldsbright en 1120.
Los alumnos escribían frenéticos sobre sus pergaminos intentando no olvidar ninguna de sus palabras, demasiado ocupados para detenerse a pensar en el significado de todas aquellas leyes sin sentido. Había intentado prestar atención desde el primer día, pero lo único que logró fue terminar con un agudo dolor de cabeza. ¿Cómo podían ser tan complejas las normativas de su sociedad? De un artículo a otro, era todo un galimatías sin sentido, como si quien lo hubiese escrito no tuviera nada mejor que hacer. Eran realmente molestas.
Apuntó el nombre de las leyes que había nombrado en su larga lista, y desvió de nuevo su atención. Sabía que por más que lo intentara intentar comprender algo de todo aquello era demasiado para él, así que se limitaba a apuntar lo que más adelante significaría horas en la biblioteca rebuscando entre gruesos libros de leyes y dejaba el resto para los demás. Al parecer, sus manos agotadas aún tenían energía para una hora más. Con sólo pensar que después tendría dos horas de transfiguración le entraba un persistente sueño.
Miró con aburrimiento hacia la ventana observando las nubes moverse por el cielo gris. Nunca imaginó que todo aquello pudiera ser tan agotador. Era frustrante… ¿qué estaba haciendo él allí? Menuda pérdida de tiempo.
Dejó caer la cabeza sobre su mano y suspiró tras acordarse de apuntar otra ley más.
Aún tenía en mente su excusión al Valle Godric, un viaje que hubiera deseado no hacer. Había descubierto, se había dado cuenta de la verdad… del verdadero rumbo de su vida. De su auténtico destino. Pero allí estaba él. Desperdiciando un tiempo que sabía que no volvería a tener. ¿Para qué¿Con qué propósito¿De qué le estaba sirviendo gastar aquellas horas de aburrimiento, acaso aprendía algo¿Algo que pudiera darle… la vida?
Harto de permanecer sentado haciendo ver que escuchaba algo, cerró el libro con un golpe seco y se apartó del pupitre pero, por bien o desgracia, el timbre de cambio de clases apagó su ruido de disgusto.
No quería ir a la siguiente clase.
Decidiendo que no valía la pena, se apartó del flujo de los alumnos y enfiló las escaleras dispuesto a ir a la sala común. Al menos, allí estaría tranquilo.
- ¿No tienes más clases?- dijo una voz sorprendida a su espalda.
- No merecen la pena.- respondió a sabiendas de quien era.
- Aburridas¿verdad? Son una pérdida de tiempo…
Harry se recostó contra la pared con un gesto de indiferencia. Aunque no tuviera ganas de hablar con nadie, parecía que aquella necesidad de soledad desapareciera con él, como si fuera capaz de comprender lo que sentía, como si el mero hecho de su presencia no perturbara su tranquilidad.
- ¿Entonces por qué volviste?
- Yo también me lo pregunto.- susurró a media voz.- Mejor vete de aquí, si te ven te van a echar la bronca. No querrás estropear tu reputación¿verdad? Después de lo de Hogsmeade eres todo un héroe.
Sonrió con sarcasmo. ¿Un héroe? Claro… el gran salvador. La salida a Hogsmeade había llevado a un ambiente silencioso y calmado en la escuela. Había aún alumnos que no habían regresado, en realidad, ninguno de los chicos que encontró en aquella batalla había vuelto aún de su ingreso en el hospital San Mungo. Al menos, eso les habían dicho durante el almuerzo. Incluso El Profeta informaba de ello: 'Enfrentamiento en Hogsmeade'. Nunca creyó posible ver lo estúpidos que podían llegar a ser¿que Dumbledore les había salvado¡Bah! Enojado, intentó controlar la furia que empezaba a arder en su sangre.
- Veo que no te hace mucha gracia… Tanto mejor. No te pega la imagen.- movió con indiferencia la mano y se recostó en la barandilla con una sonrisa altiva.
- ¿No vas a ir a clase?- dijo algo más calmado sin ser capaz de comprender cómo la actitud del joven Slytherin llegaba a hacer aquél efecto sobre él.
- ¡Pff! Para lo que me sirve…
- Dime, Malfoy¿te apetece un duelo?
La mirada del chico cambió en un instante pasando de un gris apagado a un fuego recién encendido. Pudo sentir como el cuerpo de Malfoy reaccionaba como si hubiera recibido una pequeña descarga poniendo todas sus extremidades en atención. Y no era el único. Harry también se moría de ganas. Adoraba la adrenalina del combate, la extrema atención y la alerta en todos sus sentidos, el mero hecho de mantenerse en una incesante guardia y el permitir que su cerebro trabajara a gran velocidad haciendo que todo su cuerpo rebozase de energía y fuerza. Y lo mejor, deseaba sentir el poder rodeándole, llenando sus movimientos. Anhelaba el combate.
-.-.-.-.-.-
- Así que aquí es donde os escondíais en vuestros entrenamientos del ED…- dijo impresionado.- Es realmente espectacular. ¿Y no pueden dar con nosotros?
- Mientras estemos dentro no.
- ¿Ni siquiera aquellos que conocen de su existencia?
- Me he encargado de esconder bien la puerta.
- Genial.- se acercó a un espejo donde nada se reflejaba con la curiosidad a flor de piel.- Resulta irónico. ¿Quién iba a decir que algún día entraría…? Estaba realmente impresionado¿sabes? Y la estúpida de Umbridge buscando como una loca¡Ja!
- Me sorprende que fueras capaz de ir con aquel sapo.- dijo apartando un grupo de almohadas.
- No veo porqué. Si ella quería echarte era una buena aliada, a pesar de ser una completa inútil. ¿Has olvidado quien soy?- dijo con sarcasmo.
- ¡Oh, cómo iba a olvidarlo!- exclamó con dramatismo.- ¡El gran Draco Malfoy! Dudo que haya alguien que no te conozca.
- ¿Ves? Los títulos lo dicen todo.- le dio un par de golpecitos en el brazo y sonriendo añadió:- Potter… no esperaba menos de ti. ¿Empezamos?
Varitas en alto, los dos se sumergieron en un concentrado silencio, a la espera del primer paso.
Podía sentir el roce de la magia centrada en sus piernas, su sensibilidad era nula, sin embargo, sabía que estaba allí. La energía, activa en su cuerpo y mente, le rodeó acariciándole la piel con delicadeza, como si quisiera demostrar su presencia, a su lado, lista para pasar a la acción. Le agradó el cosquilleo en sus brazos, cálido y divertido, como si jugase con él en un apoyo silencioso.
El golpe de una gota en la única ventana de la habitación les dio la salida haciendo que ambos se lanzaran decididos al enfrentamiento.
Nunca pensó que aquella intensa hora de duro combate lograría animarle tanto hasta el punto de que la lucha se convirtió en su único propósito durante el tiempo que duró el duelo. El sabor del peligro había activado sus sentidos haciéndole sentir vivo, mucho más vivo que lo que había sido durante las últimas semanas en la escuela. Pero no era el único.
Los hechizos y maldiciones llenaron el aire con extraños olores y colores, destruyendo casi todo a su alrededor, haciendo que libros, objetos y las mismas estanterías, volaran por los aires antes de ser aplastadas contra el techo o lanzadas contra el contrincante. Pero no importaba, aquello sólo hacía más interesante la reyerta. Sin embargo, al final solo sus respiraciones pesadas y aceleradas se escucharon en la habitación ahora silenciosa.
Ambos estaban echados al suelo, con los ojos cerrados y los rostros en paz. El cansancio les impedía mantenerse en pie. Sus ropas estaban manchadas de sangre, sudor y quemadas, al igual que su desbaratado pelo. Pero poco les importó. El desorden era un añadido más, una muestra del caos que poco antes había tenido lugar alrededor de los dos chicos.
Estaba tranquilo, sereno y calmado, mucho más relajado que antes. Le había gustado poder descargar todo lo que llevaba encima, aún cuando aquello había supuesto un riesgo por su rival quien se había sorprendido al ver la ferocidad de sus ataques aunque no por ello retrocedió. Harry respiraba aceleradamente pero con una sincera sonrisa en su rostro.
- Dime, Potter…
- Harry.- corrigió reincorporándose.
Malfoy, levantándose, le miró con sorpresa.
- Harry…- aunque el mero hecho de llamarlo por su nombre de pila se le hacía raro sobretodo al ser una petición expresa del chico, cambió su expresión de sorpresa por otra de sincera serenidad.- ¿Qué pasó?
La pregunta le tomó completamente por sorpresa. No le hizo falta pensar sobre qué iba, lo sabía, pero no esperaba que le preguntara sobre aquello, y menos de forma tan directa… Impactado, le miró directamente a los ojos, intentando buscar una respuesta en ellos. Pero sólo encontró un sentimiento de curiosidad y… ¿preocupación?
No lo comprendía¿por qué le preguntaba aquello? Podía ser una trampa, una jugada… ¿pero de qué¿Para qué? En su mirada sólo había verdad, una verdad que le sobresaltó. Receloso, apartó sus ojos de los del chico. ¿Qué buscaba?
- Cuando traspasamos la barrera y caíste al suelo, la primera vez no lo comprendí, pero al saber que era un punto de anulación empecé a sospechar. Además, el veneno de los vampiros anuló nuestros poderes… y no tenías ninguna herida en las piernas. Incluso la vieja loca no vio nada. Así que sólo me cabe pensar que te estás ayudando con magia.- aunque Harry no le miraba, podía sentir su voz con toda claridad, sin ningún rastro de malicia ni burla. Era como si…- Aunque debe ser una magia muy poderosa…
Un tenso silencio ocupó la sala, haciendo la lluvia del exterior fuera ahora el único ruido, un ruido que poco antes había sido imposible de escuchar.
- Me acerqué al Sol y me quemé, eso es todo.
- ¿Todo?- exclamó incrédulo.- ¡Y una mierda!
De nuevo silencio.
¿Por qué estaba hablando de ello con él¡Justamente ÉL¿Pero qué le pasaba? Había confesado sus suposiciones¡acababa de dar su debilidad en bandeja de plata al enemigo¿A qué estaba jugando? Pero, sin comprenderlo, en vez de sentir miedo sólo consiguió sentir enojo, enojo por su fragilidad.
- ¿Lo sabe alguien?- preguntó con seriedad.
- ¿Por qué¿Planeas decírselo a tu señor?- dijo con una burla amarga.
- No seas idiota.- escupió con furia.
Harry no comprendió nada. Pero tampoco quiso preguntar. Ahora que su secreto había sido descubierto se sintió más ligero. Lo que pasara de entonces en adelante estaba ya fuera de su mano… además, con sorpresa se alegró que hubiera sido Malfoy y no otro quien lo hubiera hecho. Sin saber muy bien el cómo o el porqué, la sensación de seguridad no había desaparecido.
Con un gesto lento y fatigado, el joven Slytherin se levantó.
- Dentro de poco terminarán las clases y lo que menos deseo es encontrarme a la McGonagall ésa echando fuego por la boca con un castigo listo para repartir.- dio unos toques de varita en su túnica y la guardó.- ¿Vamos?
El chico lo miró con intriga. ¿De dónde salía toda aquella tranquilidad¡Por Merlín, ahora estaba en sus manos! Pero el comportamiento de Malfoy lo desconcertaba hasta el punto que llegaba a cuestionarse si realmente habían tenido aquella breve conversación. Aunque… ¿qué más daba?
Despreocupado, se levantó siguiendo los mismos pasos que su acompañante y dejó que el hechizo limpiara su aspecto.
Con pasos tranquilos, ambos salieron de la sala asegurándose de que nadie se movía por alrededor. No se preocuparon al dirigirse hacia el gran comedor, les importaba poco que alguien les viera allí, y mucho menos caminando juntos. En realidad, aún cuando no mediaron palabras, su mutua compañía les bastaba. Los dos se sentían bien, seguros y, sobretodo, no estaban solos.
- Bueno… que aproveche.- dijo justo a la entrada.
- ¿Mañana volvemos a repetir?
- Por supuesto.- respondió con un guiño de complejidad.
Sin mirar atrás, los chicos fueron directos hacia sus respectivas mesas, sin importar las miradas que obtuvieron con su entrada ni los entrecejos fruncidos por su nueva recién descubierta amistad. En realidad, nada de ello tenía la menor importancia para Harry quien, con sólo sentarse, empezó a servirse con afán sintiendo que su estómago terminaría por rugir a grito vivo.
La sala estaba medio llena. Y, aún desear pasar desapercibido por su falta, el hecho de estar solo en la región de los de séptimo no le ayudó mucho. Por suerte, pronto llegarían los alumnos de sexto haciendo que el vacío de la mesa rápidamente fuera cubierto. Aunque debía admitirlo, ser el único Gryffindor de su edad en la escuela no mejoraba mucho su camuflaje. No tenía salida, pronto llegaría una sulfurada McGonagall con las comisuras de los labios en una fina línea y los ojos en ascuas. Le iba a castigar. Pero, pensó, al menos aquél castigo merecería la pena.
Se sirvió de todo cuanto se abría enfrente y degustó un dulce zumo de melocotón antes de regresar con un humeante plato de verduras cocidas. Quizá el verde no era tan atrayente como el rojo de la carne, pero su hambre le impedía discriminar los gustos imponiendo la necesidad de calmar el apetito antes de nada. No tardó en sentir la punzante mirada de la severa profesora clavada en su cabeza. Estaba seguro que de haber podido, le habría hecho un grito ensordecedor capaz de hacer caer hasta los más resistentes cimientos. Agradeció al cielo que su disciplina y modales se lo impidieran hacer aunque quizá hubiera sido mejor morir bajo sus manos, al menos el destino habría perdido a su presa.
Unas voces a la entrada y los rumores que inundaron el salón hicieron que desviase la atención hacia las grandes puertas viendo a un pequeño grupo de gente cubiertos por capas algo mojadas y las túnicas con los bodes cubiertos de barro. Entrando hacia el gran salón, los recién llegados se descubrieron las capas despertando exclamaciones en las tres mesas más vacías del comedor. Harry los reconoció al acto. Sonrientes y alegres, los chicos enseguida fueron rodeados por sus compañeros entre risas de felicidad.
Un suspiro se escuchó en su interior, como si una de sus preocupaciones hubiera desaparecido liberándole del peso sobre sus hombros. Sin embargo, el hecho de verlos rodeados entre sonrisas y gestos amistosos como si fueran héroes de una batalla que regresaban de la guerra tras la victoria no hizo sino mosquearle.
- ¡Harry!- exclamó un sonriente Dean apartándose de la multitud.- No sabía que estabas aquí. ¿Qué tal?
Al igual que los demás, aún tenía rasguños y moratones por el cuerpo, con algunas fracturas ya leves y con poca importancia. En realidad, casi todos presentaban el mismo aspecto, algunos con restos de heridas más espectaculares que otros, pero todos de pie. Incluso el alegre Collin quien iba con la pierna enyesada se movía de un lado para otro saludando a sus compañeros de curso.
- ¿Os han dado el alta?- preguntó aparentando naturalidad.
- Hoy mismo. Supongo que los demás no tardarán en salir… Además, Seamus estaba histérico por irse, me parece que odia las agujas…- comentó sin esconder una sonrisa traviesa.
- ¿Has hecho que le mantuvieran allí más tiempo, no?- dijo Parvati al llegar junto a ellos.
- La vida es un tesoro.- respondió con un suspiro teatral.
- Te va a matar.
- No digas eso.- con lentitud se sentó junto a Harry quien mordía una sabrosa manzana roja.- Si no llega a ser por mí se hubiera escapado ya unas cuantas veces. Y aunque no quiera admitirlo, necesita algo más de reposo.- se desabrochó la capa y, mirando a su alrededor, empezó a servirse.- Al fin algo de comida sana.
- ¿De qué te quejas? La que nos dieron estaba muy buena…
- ¡Arg¡Ernie me va a volver loca!- exclamó Lavender con histericismo.- ¡Ya está otra vez con lo de los cacahuetes!
- ¿Eh?- con intriga, Dean miró a la chica sin dejar de comer.
- ¡Te juro que si encuentro el hechizo lo convierto en uno!
- Quizá Hermione sepa alguno.- dijo con indiferencia su amiga.- Por cierto¿ya has visto a Robin? Ésta mañana no ha venido y tampoco estaba en revisión.
- ¿Quién es Robin?- preguntó el afamado chico.
- Un chico que trabaja en el hospital. Lavender se ha enamorado de él.
- ¡Pav!
Enojada, Lavender empezó a reprender a su compañera mientras ésta no podía evitar sonreír al ver la cara sorprendida de Dean a sabiendas de que aquella noticia no tardaría en llegar a oídos de un sulfurado Seamus.
Harry, indiferente a la guerra que estaba teniendo a su lado, acercó un par de manzanas más con un ligero movimiento de muñeca y, sin importar el escándalo que aún reinaba en el salón, salió con la cartera colgando en su espalda. No cruzó palabra con nadie, tampoco nadie pareció percatarse de su presencia, por lo que sumergido en la más absoluta tranquilidad, salió del castillo dirección a su inminente clase de Herbología.
-.-.-.-.-.-
Sin poderlo reprimir, un exagerado bostezo le hizo saltar un par de lágrimas.
- Si le parece demasiado aburrido puede dejar la clase, señor Potter.- dijo una voz a su espalda.
No se sobresaltó a diferencia de las anteriores veces, sino que mantuvo su compostura de claro aburrimiento. Tenía la cabeza apoyada en su mano izquierda mientras la derecha iba tomando notas de la lectura que debía hacer. Pero, deteniéndose al escucharle, decidió dejar la pluma para encararse al profesor con la misma expresión de indiferencia.
La mirada vieja y experimentada del hombre le sondeó, sabía que estaba haciéndolo, aunque no por ello mostró ningún cambio. Su mente estaba perfectamente protegida, nadie era capaz de entrar en ella, así que no debía preocuparse por ello, es más, el orgullo de sentirse superior hizo que una mueca de burla se reflejara en sus ojos verdes.
"Bien, se acabó. Esto es una pérdida de tiempo." se dijo poniendo fin al tema. Giró sobre sí mismo y guardó todas sus cosas. Ni siquiera se dignó a devolver ni una palabra, como si hubiera escogido mucho antes. "No merece la pena que esté aquí."
En silencio y con la cabeza alta, Harry salió de la pequeña clase decidido a no mirar atrás.
Bostezó estirando todo su agarrotado cuerpo y dejó que el alivio y la libertad airearan su mente. ¡Al fin había salido! Tras el encuentro del día anterior con Snape en la clase de Duelo y la lucha con Malfoy, la inactividad le destrozó. En realidad, el mero hecho de sentarse en una silla e intentar leer le parecía la muerte. ¿Cómo esperaban que aprendiera algo de aquella forma? Si seguía asistiendo a clase era sólo por la ilusión de llegar a fin de día para empezar una nueva lucha. ¡Y hoy no había tenido ninguna! Dejarla por ir a Magia Antigua… ¡bah! Al menos ahora disponía de mucho más tiempo libre.
Miró el reloj. Las seis y media. Si cenaba rápido… aún tendría un par de horas. "¿Querrá venir Draco? Entrenar solo es realmente aburrido…" pensó mientras descendía las escaleras.
Saliendo de sus pensamientos, observó a un grupo de alumnos hablando al final del pasillo donde dos de ellos destacaban por sus facciones blancas y sus postes fornidos. "Durmstrang… Es verdad, sólo los de Beauxbeatons han regresado a su país." pensó con sorpresa. No se acordaba de los viejos inquilinos, incluso cuando uno de ellos estaba en su misma habitación.
Descendió las últimas escaleras y giró hacia el gran comedor. Sentado en su mesa, Malfoy leía un pequeño libro mientras Crabbe y Goyle comían con desazón cerca de él. La sala estaba casi vacía, no había ningún profesor, y los pocos que se sentaban en los bancos estaban enfrascados en sus propios asuntos. Así, como si fuera algo común, Harry fue directo hacia el joven Slytherin sin hacer el menor caso a las sorprendidas miradas que despertó su acción.
Como si la tensión hubiera despertado su interés, el chico desvió su mirada con intriga.
- ¿Qué ocurre?- dijo sorprendido de verlo allí.
- ¿Puedo hablar contigo un momento?- preguntó ignorando el creciente ambiento de malestar y recelo que le rodeaba.
- Claro.
Cerrando el libro con naturalidad, siguió el chico hacia la entrada.
- ¿No me dijiste que tenías clase?
- Ya no.
- ¿Otra vez?- dijo entrecruzando los brazos con una sonrisa burlona.- Al final conseguirás que te castiguen.
- ¡Bah! Como si me importara.
- Quizá a ti no, pero esto no va a llevarte a ningún sitio. Escucha…, el viejo loco terminará por meterse en medio…
- Que lo haga. Tampoco le pedí que me diera éste horario.
- ¿Horario¿Qué horario?- dijo con verdadera intriga. Harry, con un suspiro enojado, le entregó un pequeño trozo de pergamino arrugado guardado en su maleta. El repentino interés del chico le sorprendió despertándole curiosidad.- Así que te ha dado esto…- murmuró pensativamente.
- ¿A qué te refieres?
- Bueno…- dijo algo inquieto. Observó a su alrededor mirando si había alguien más y añadió:- ¿Qué tal si vamos a otro lugar?
- ¿Por qué, ocurre algo?
- Calla y ven.
Draco, agarrándole de la manga, tiró de él hasta llegar a las escaleras que les llevarían a las mazmorras. El frío penetró en él como agujas afiladas, haciendo que un ligero temblor le obligara a fregarse los brazos en busca de calor.
- Di.- exigió malhumorado intentando evitar que sus dientes castañearan.
- ¿Es que no tienes ojos?- dijo incrédulo.- ¿Por qué crees que Dumbledore te ha puesto éstas clases de más?
- Está claro, para entrenarme…
- Por Merlín, no puede ser que seas tan incrédulo…
- ¡Oye!
- No, Harry. Si te ha dado éste entrenamiento no ha sido más que para ganarse su favor. Estoy convencido que tu actitud ha despertado recelo, así que no me extraña en lo más mínimo que intente simpatizar contigo.
- ¿Pero qué dices¿Simpatizar¿Conmigo?- exclamó con furia.- ¿Y por qué coño iba a hacerlo!
- Venga, hombre. ¿Vas a decirme que ésta pocilga de "entrenamiento" te ha servido para algo? Lo que has estado haciendo… ¿No crees que ha sido una pérdida de tiempo?- dijo con seriedad.- Si lo has dejado ha sido por algo¿no?
- Porqué me parece demasiado…
- ¿Básico? Harry¿qué hiciste al regresar de Hogsmeade?
- ¿Y qué tiene esto que ver?
- Responde.
- Esto es una gilipollez.- sentenció dando por acabada la conversación.
No podía creer que estuviera hablando de esto con Draco. ¿Draco¡Pero qué decía¡Estaba dudando de Dumbledore con las palabras de Malfoy¡Malfoy, un mortífago! Un mortífago… ¡Heh! Y él que creía que al fin había alguien que podía estar a su lado… "Todo esto… ¿Voldemort, verdad? Claro… No soy más que una marioneta, una marioneta usada por todos…"
- Harry.- su voz frenó sus pensamientos.- Oye, no sé qué es lo que quieres, lo que pretendes o a quien crees. La verdad es que tampoco espero que puedas confiar en mí, mi reputación no es del todo… en fin…- Harry le miraba inseguro, incapaz de comprender, realmente perdido y desorientado, sin saber qué debía hacer… pero seguía escuchándole. Podía verle con toda claridad, sus ojos grises con un deje de vida que hacía poco había aparecido, un resto de luz que abría su alma entre un matojo de selva oscura. Había algo…- pero…
El chico esperó a que siguiera, sabía que había algo realmente importante que quería decir, pero no comprendía qué. Sintió la necesitad de confiar, de permitir que todas sus dudas se disiparan, de dejar que sus miedos desaparecieran para dar paso a la tranquilidad de la seguridad. Pero, sin comprenderlo, encontró la solución. Allí estaba, era débil, confusa y realmente aterradora, pero existía.
- ¿Realmente crees…¿Realmente crees que Dumbledore quiere conseguir mi confianza?- dijo inseguro.
- Creo que quiere usarte como arma para ganar su guerra, sí.- su voz era calmada, segura y sincera. No vio ningún rastro en ella que le hiciera dudar.
- Aún cuando esto implique mi muerte…- susurró con desaliento.
- ¿Qué…?
- Comprendo.- dijo con resolución. Decidido, con firmeza y resolución, Harry se encaró a él con un poste que nunca antes había tenido. Todo él inspiraba fuerza, poder… y rabia. Una rabia controlada pero que traspiraba con su mirada, estricta e impecable.- Dime, Draco… ¿Qué debo hacer para unirme a Voldemort?
