Sé que he sido extremadamente rápida a actualizar, algo poco común en mí, pero aprovechando un día casi entero y k además estaba inspirada, he decidido colgarlo sin retocar nada más. No es muy largo, pero no deseaba añadir más a con miedo de que se adjuntaran temas que quería mantener alejados. :)

Agos Malfoy: no te me quejerás que he tardad, verdad? Gracias por tu comprensión, la verdad es que se agradece. En lo que preguntas sobre el fic… Sí, el dragón sabía lo que se proponía. Cómo? Pues debido en gran medida al Pacto que hicieron, esto les permite comunicarse mentalmente (por si no te acordabas ya). Es Harry quien aprende a cerrar la mente, pero eso no quita que en momentos de debilidad o descuido, pueda dejar su mente desprotegida… Nos vemos!

Paty: en el prox capítulo se aclarará la duda del árbol y muchas otras que estoy convencida que tenéis sobre acontecimientos recientes, pero de momento a esperar. Aún no he empezado con su realización… A lo de los interrogantes y preguntas que me has hecho, sólo decirte que son respuestas en éste capítulo, así que tranquila. ;) Pero sigue preguntando! Chao!

GaRrY: ufff, tan seguido casi no me he enterado de tus dudas… XD Pero bueno, igualmente no las voy a poder responder por ahora (espero haberlas entendido bien), así que mejor sigue por aquí y a ver si se te aclaran en el futuro. Por cierto, bienvenido de nuevo!

Pos ale, os dejo que sigáis con la lectura del fic. Como he tardado tan poco (no os lo toméis como una costumbre), no voy a rallaros con freetalks. Así que… HASTA OTRA!

-Ithae-

PD: Dedicado a Christoper (no recuerdo el apellido), cuyo fic me impactó por captar la idea que tenía de Harry.


Capítulo 20 – Dragón Negro

Un mullido grupo de capas negras se cerraba a su alrededor y, frente a todas ellas, una alta y esbelta silueta destacaba por emanar una terrible y despiadada fuerza.

A Harry le costaba un gran esfuerzo mantener la mirada en alto por lo que, al recibir un suave roce en el flanco derecho, se apresuró a bajar la cabeza con sumisión, siguiendo el encajado gesto de Malfoy quien apretaba las mandíbulas con dolor.

- Le traigo a Harry Potter, mi señor.- dijo a duras penas.

El hombre, bien cubierto entre la oscuridad sólo alejada por la iluminación de las varitas de las demás sombras negras que se mantenían firmes y aterradoras, se acercó con lentitud, como si quisiera gozar del momento, de aquél magnífico regalo que se presentaba ante él con sumisión y obediencia. El chico debía hacer un enorme esfuerzo por no chillar de agonía. A cada paso más cerca, peor parecía el tormento.

- Levántate.- siseó con júbilo contenido.

Haciendo acoplo de la poca fuerza que aún tenía, Harry se puso en pie con firmeza, manteniendo la mirada aún centrada en el suelo, al menos así la presión parecía ser menor.

- ¿Deseas unirte a mis filas, Harry?- susurró con suavidad.- ¿A mí?

- Sí… señor.- dijo sosteniendo un jadeo.

Las figuras se movieron, no sabía si incómodas o con malicia suspendida, pero tampoco llegó a importarle. Demasiado tenía ya intentando no desfallecer. El agotamiento y el dolor se entremezclaban consumiendo todas sus energías.

Voldemort entrecerró los ojos. Durante unos segundos, su mirada no dejó de presionarle, indagando, y aunque sabía que aquello no era ningún análisis, para él le pareció una tortura. La cabeza estaba a punto de estallar.

Levantó la varita con resolución, y apuntó a la angulosa pierna del muchacho haciendo que un débil rayo de luz blanca le envolviera.

- Buen trabajo, mi joven Malfoy.

Dio media vuelta y se alejó.

Draco, con la pierna miraculosamente intacta, le agarró por un brazo y susurró un "acompáñame" guiándole tras el imperioso Lord Voldemort. Los mortífagos cerraron la comitiva a su paso, como sombras que obstruían la oscuridad.

A medida que se alejaban, pudo volver a razonar con claridad. La presión que poco antes había apretujado su cráneo ahora había disminuido, sus ojos habían dejado de escocer y la respiración volvía a él con más normalidad, aún cuando el cansancio no había dejado de estar en él. Miró cautelosamente a su alrededor y se sorprendió al recordar con horrorosa nitidez el lugar. Frente a ellos, la mansión Riddle se levantaba con tortuosidad en medio de la yerma maldad.

Ningún copo de nieve caía del cielo, la finca se hallaba completamente seca, oscura, lejos de la realidad del mundo, como si la magia que la cubría la mantuviera en otro espacio, en otro tiempo. Harry no pudo evitar sentir un temblor al observar los pocos matojos creciendo sin hojas, espinosos, una maraña de ramas sin color que se enredaban a su propio alrededor.

Siguieron andando hasta llegar a la entrada de la casa. La imagen que ofrecía, a pesar de encontrarse al centro del estéril territorio, era de imponente y regio poste. Su puerta, de vieja madera, se sostenía por unos gruesos cierres de hierro. Pero más sorprendente fue cuando cruzó el oscuro umbral. Una enorme mansión ricamente decorada con mármol y madera se abrió ante su perpleja mirada. El suelo, lustroso y encerado, estaba cubierto por una larga alfombra roja que se perdía más allá del pasillo al que se encontraba. Aquella era una casa muy distinta a la que había visto una vez en sus sueños.

El chico viró bruscamente hacia la derecha haciéndole entrar en una pequeña habitación y cerrando la puerta tras ellos. Alejándose de los demás.

- Te voy a explicar las normas.- dijo acercándose a un alto armario.

Harry miraba atento la sala. Ahora que se había separado de Voldemort, el dolor había remitido. Curioso, observó que se encontraban en una sencilla habitación con armarios, un par de sillas y un biombo. El mármol no decoraba la estancia, en vez de esto, las paredes blancas y el suelo de baldosas convertían el lugar en algo más relajante, menos intimidante. Un gran y largo espejo le reflejaba bajo la tenue luz de las velas, a su lado, un escudo de plata con una serpiente gravada en él brillaba atractivamente.

- Quítate toda la ropa y ponte esto.- le dio una larga túnica negra y le indicó el oscuro biombo.

- ¿Toda la ropa?- exclamó medio alarmado. Se helaría de frío…

- Toda.- se sentó en una de las sillas y entrecruzó los brazos con una ligera mueca divertida.

Harry remugó por lo bajo y, con una mirada fulminante, se escondió despojándose de todas sus prendas. Los temblores le hicieron gruñir con creciente enojo.

- Dijiste que ibas a contarme las normas. ¿Y bien?- gruñó.

El mortífago echó un último vistazo a su curada pierna, y torció el gesto al observarse en el espejo que colgaba justo enfrente. Aquellas negras ropas volvían a cubrir su cuerpo, otra vez. Quizá era cosa del destino, quizá su sino era vivir entre aquellos muros… Sonrió con amargor.

- A partir de ahora, deberás cuidar tus palabras y gestos frente al maestro. Cualquier enfrentamiento, aunque sea en el pensamiento, es duramente castigado, y casi siempre con la muerte. Durante el ritual de aceptación y unión, deberás abrir tu mente al señor oscuro para que compruebe tus verdaderas intenciones. Y te recomiendo que no te resistas ni intentes engañarlo, de lo contrario no dudará en matarte.- dijo con voz ronca.

Harry salió completamente desnudo, sólo la ligera ropa negra le cubría.

- Los zapatos fuera.

- Ni hablar.- protestó con rotundidad.

- Quítatelos. Ahora.

Estuvo a punto de sacar su varita y dejarlo inconsciente al acto, pero enseguida recapacitó. El mal humor debido al frío y agotamiento le nublaba la razón, por unos momentos olvidaba a qué se debía todo aquello y dejaba que la ferocidad guiara sus actos. Pero aquél no era él… era como si alguien o algo le intentara manipular, como si intentara anular su conciencia. Controló su cuerpo y mente tanto como pudo y, con otro gruñido, hizo lo que le pedía.

- La varita.- el chico lo miró con creciente recelo, pero antes de que pudiera volver a protestar, añadió:- Te la devolveré cuando todo termine.

Suspiró con resignación y se la entregó.

- Bien. Ahora vamos.- le dio la espalda y abrió la puerta que le devolvía nuevamente al pasadizo central.- Cuando termine la inspección, si has pasado la prueba, te aceptará. Tras esto te unirás a la hermandad con un juramento de fidelidad y sumisión.

- ¿Y qué deberé hacer?

- Cuando sea el momento lo sabrás.- se paró frente una puerta y, sin mirarle, la abrió dejándole el primer paso.

Decenas de ojos, bastantes más que los que le habían mirado en la otra ocasión que pisó aquél lugar tras la jugada del falso Ojoloco, le observaban silenciosos entre envidia, desconfianza y admiración. El paso de Harry flaqueó durante unos instantes, mientras el camino de capas negras le guiaba hacia un pequeño trono de madera negra donde un poderoso hombre de piel blanca y ojos rojos le miraba con voracidad. Por un momento, como si hubiera despertado de un encantamiento, paseó la mirada a su alrededor, desfalleciendo al verse rodeado de mortífagos, del Mal. Pero la atención y presión que permanecía al frente volvió a capturarlo hipotizadoramente, haciendo que su tembloroso y débil paso volviera a reemprender la marcha, haciendo caso omiso del dolor que volvía a atenazarle desde la frente.

Había dudado, era cierto. Al darse cuenta de dónde estaba, de hasta dónde había llegado, una duda había aparecido en su determinación. Intentó negarla, ignorarla, pero la claridad de su mirada le impedía olvidar. Agradeció que los temores desaparecieran con el roce de aquella fuerza, haciendo que su valor regresara a él con fuerza, ahogando toda cavilación.

Con una genuflexión de respeto y sumisión, Harry se mantuvo con una rodilla al suelo y la cabeza inclinada, esperando. El largo cabello le cubría la visión, sintiéndose protegido dentro de aquella oscuridad. El silencio, sólo roto por la respiración de los anónimos individuos, permanecía estático en la sala, esperando a que fuera roto por el poderoso señor de la oscuridad.

- Mírame, Harry Potter, y desvela tu mente ante mí.- dijo con severidad.

Harry levantó la mirada a su orden y redujo todas sus defensas. El dolor de la cicatriz impedía que se relajara, sentía todos sus nervios a flor de piel, preparados para actuar frente a cualquier intrusión. No podía evitarlo, le era una reacción inconsciente y que no podía controlar. Puso todo su empeño en ello, pero justo cuando sintió que la afilada navaja se colaba en su mente, todo su ser se volcó en repelerla. En respuesta, el dolor se volvió insoportable, apenas consiguió evitar gritar a pleno pulmón.

Reprimiendo el bramido de sufrimiento, el chico se mordió el labio inferior mientras apretaba los puños con fuerza. Un gusto metálico de sangre llenó su sentido del sabor.

El cuchillo buscó durante lo que le parecieron años enteros, indagando por entre sus recuerdos, sus sentimientos. Harry se sintió indefenso. Podía ver como la memoria mostraba imágenes que había decidido olvidar, demasiado dolorosas o deshonrosas. No pudo evitarlo, su inconsciente luchaba por resistirse, todo él pedía a gritos que se detuviera, pero el conocimiento de los acontecimientos conseguían refrenar a sus impulsos.

Finalmente, con el semblante de satisfacción, Voldemort se apartó de la mente del chico haciendo que, en un acto irreflexivo, suspirase con alivio.

- Nos hemos reunido para dar la bienvenida a un nuevo miembro en nuestra hermandad.- anunció dirigiéndose a todos los allí presentes. Las dudas que antes habían permanecido en las miradas de los integrantes se habían vuelto en caras de estupefacción e incredulidad. Fuera la razón que fuera que había llevado a Potter junto a ellos, no era ninguna trampa. ¡Nadie podía esconder sus pensamientos frente al Lord Voldemort!

Dos mortífagos cubiertos enteramente por unas capas negras y con las caras escondidas bajo las sombras de la capucha, se acercaron a ellos. Uno llevaba una copa de plata con una serpiente que se enroscaba a ella a lo largo y ancho. Y el otro una navaja con el puñal con el mismo reptil de cuyas fauces abiertas salía una hoja negra como el carbón. Con un gesto de humildad y servidumbre, se aproximaron al hombre quien mantenía una sonrisa en sus facciones sin desviar su mirada de Harry, y, a su señal, empezaron con el ritual en silencio.

Una serpiente se deslizó hasta el lado del señor oscuro hasta posar su escamosa y plana cabeza encima su mano derecha. Él la acarició con un gesto inconsciente, y siguió observando, interesado, con el acto de investidura.

El hombre murmuró unas silenciosas palabras al puñal para, después, apartar la manga del antebrazo izquierdo del joven. Con un movimiento preciso y rápido, un reguero de sangre emanó del corte. Enseguida pusieron la copa bajo la herida llenando poco a poco el cáliz de plata. Harry apartó la mirada. Ya estaba bastante debilitado como además perder sangre, y, no iba a negarlo, verla le mareaba.

Apartaron la taza de él y la llevaron junto al Lord quien tomó la daga entre sus manos y cortó su palma con ella. Los que observaban el ritual aguantaron la respiración. La serpiente, como impulsada a ello, se levantó con majestuosidad y acercó sus afilados colmillos hacia la copa. Era la primera vez que sucedía algo semejante.

Los ojos rojos brillaron con avidez. Devolvió la copa al mortífago quien agachó la cabeza mientras la aceptaba, y éste se acercó de nuevo al chico ofreciéndosela con el mismo respeto en el gesto.

Harry, aún con la sangre recorriendo el brazo, la recibió con ambas manos.

- Bebe, únete a la hermandad y abraza nuestra gran familia al igual que ésta te abraza a ti.- dijo con suavidad abriendo los brazos a modo de bienvenida.

El chico miró la copa que reposaba entre sus manos y cuya sangre suya se mezclaba con la de Lord Voldemort y el veneno de su serpiente. Se sorprendió al ver que en vez de tratarse de un líquido rojo éste era negro con tonos violetas. ¿Podía beber aquello? Llevaba veneno…¿y si quería matarlo?

Sólo tardó una fracción de segundo a escoger su elección.

- ¡Detente!- bramó una voz en su mente deteniéndolo justo a unos centímetros de rozar el líquido con sus labios.

- Vete.- pensó cerrando con fuerza los ojos.

La cabeza le daba vueltas. Se sentía mareado, tenía frío y apenas podía ya mantenerse en pie. Lo único que deseaba era poder descansar de una vez por todas.

- Déjame en paz, Shelyak.

- Lo que estás haciendo es una estupidez. ¿No te das cuenta?

- ¡Lo que haga o deje de hacer es asunto mío!

- ¿Pasa algo, Harry?- susurró Voldemort.

Perdido, el chico levantó la vista hacia el hombre y volvió a cerrar los ojos con un gemido al sentir una dolorosa punzada en la cicatriz.

- ¡Estúpido¿Crees que uniéndote a él conseguirás algo?- insistió con fiereza el dragón desde sus pensamientos.

- ¡Sobreviviré!

- ¿Con quién estás hablando?- preguntó entrecerrando los ojos con peligrosidad.

- Con… con nadie…- jadeó apresurándose a llevarse la copa en la boca.

- ¿Nadie¡No te metas en esto, maldita serpiente!- rugió silenciando todos los demás pensamientos del chico.

- Basta…- suplicó en un murmuro que sólo el lord pudo oír.

- Harry¿de qué dudas? Nadie tiene derecho a decidir tu destino.- siseó con complacencia.- Yo puedo darte poder, fama, dinero, todo lo que cualquier mortal desearía. Y lo que tú tanto deseas, Harry, puedo darte la vida. Dime¿no es esto lo que ansías?

- ¡Vivirás matando a todos los demás! Ingenuo… ¿Crees que el Mal te dejará hacer esto? Cuando haya conseguido eliminar la única oportunidad para el Bien te destruirá¡no va a dejarte libre¿Vas a permitir que el desequilibrio destruya todo cuanto has conocido?

- No, yo…

- Has sufrido mucho, demasiado. Es la hora de que tus deseos se cumplan…

- ¿Vas a permitir que el Mal se perpetúe¡La vida desaparecerá!

- ¡Pero yo también tengo el derecho a vivir!- se dijo con desesperación.

- Tu egoísmo va a destruir el mundo.

- El destino no ha sido justo contigo. Ven conmigo Harry, te enseñaré qué es la libertad…

- Eso es, humano¡ve con él! Ve y destrúyete a ti mismo.

- …te enseñaré qué es vivir.

- Vivir…- gimió sujetándose a aquella palabra.

Vivir, él quería vivir. Lo deseaba. Ansiaba ser libre al destino, poder decidir sobre su futuro. El suyo, de nadie más.

Sin pensarlo, dejó que el oscuro líquido bajara por su garganta. Reprimió las ascas que le causó aquél gusto de sangre oxidada, y sintió como todos sus pensamientos se calmaban. La voz del dragón había desaparecido tras un potente rugido que casi le hace caer inconsciente, y el persistente dolor en la cicatriz volvió a remitir, ésta vez enfriándose y alejando de él la llama que momentos antes le había abrasado. Separó los labios del cáliz y suspiró con una sonrisa cansada.

El Lord Oscuro sonreía abiertamente.

- Yo, Lord Voldemort, me complace presentar a nuestro nuevo camarada Harry Potter.- entre gritos de euforia, sin comprender ni importar lo que minutos antes había sido una silenciosa conversación entre su señor y el nuevo, los mortífagos se exclamaron siguiendo la alegría de su amo.

Levantó la mano pidiendo silencio y prosiguió.

- Draco.- dijo desviando por primera vez su mirada de Harry quien se veía extremadamente pálido.- Bien sabes que tu señor paga siempre sus deudas. Pide lo que deseas y te será concedido.

El chico, inclinándose con respeto, tardó unos segundos a responder con su petición.

- Si me permitís, mi señor, desearía ser el hermano guía de Potter.

Durante unos minutos, el hombre pareció reflexionar sobre aquello haciendo que todos se mantuvieran estáticos y expectantes. Malfoy seguía inclinado, sin moverse ni un centímetro, mostrando el máximo respeto y obediencia.

- Muy bien, si éste es tu deseo que así sea.

Un grito de dolor les detuvo entre sus celebraciones.

Harry estaba jadeando y temblando con violencia. A gatas encima el pulido mármol negro, la sangre del antebrazo seguía deslizándose por entre sus dedos manchando el suelo. Un sudor frío cubría su piel incrementando el helor que atenazaba sus extremidades, se sentía morir, y la fiebre no hacía sino empeorar los espasmos que sacudían con fuerza todo su cuerpo.

- ¡Llevad gruesas mantas!- ordenó con imperiosidad el hombre.

Draco se había agachado al lado de su nuevo hermano preocupado por su estado. Temeroso, se preguntaba si el veneno de la serpiente había causado aquello¿iba esto a matarlo? Su señor se aproximó a él y cogió al enfermizo chico por la mandíbula. Tenía los ojos fuertemente cerrados y no parecía estar muy conciente de lo que sucedía a su alrededor.

- Señor…- susurró Malfoy entre alarmado y intrigado.

Voldemort observó donde le indicaba su subordinado y mantuvo estático su rostro al comprobar que donde habría de haber la Marca Oscura que le identificara como mortífago no había sino que el corte que le habían hecho durante el ritual. Una agitación removió su interior. Aquello no era común. Al igual que el hecho de que Nagini hubiera decidido incorporar su veneno en el líquido tampoco era algo corriente. ¿Tenía eso que ver con su verdadera identidad?

El reflejo de un colgante le llamó la atención.

La silueta de un dragón en pleno vuelo colgaba de su cuello. Enseguida lo identificó, pero lo que más le llamó la atención fue ver que el dragón era negro.

Sonrió.

Tan pronto como llevaron las mantas que había pedido, se reincorporó.

- Llevadle a su habitación.- instruyó a algunos hombres.- Draco, permanece con él e infórmame de cualquier cambio.

- Sí, mi señor.- dijo reverente.

Entre dos hombres cargaron al ahora inconsciente Harry mientras un silencioso y reservado Malfoy les seguía con la cabeza en alto.

Aparte, la fiesta inundó la sala llenándola de suculentos platos con gran cantidad de bebida para sus integrantes. Distanciado de ellos, observándoles con una mirada lejana y acariciando nuevamente a la escamosa cabeza de la serpiente, Voldemort seguía analizando lo sucedido en aquella noche.

Satisfecho, volvió a sonreír.

Había sido una buena noche.