¡Feliz Navidad! Buff… llevo ya más de un año con este fic… Bastante¿no creéis? A pesar de esto aún sigo aquí (algo realmente increíble teniendo en cuenta lo tentador que resulta la idea de dejarlo ya de una vez, pero, tan pronto como vuelvo a meterme con él vuelvo a engancharme… soy rara) Reviews!
Paty: espero que tengas ya uñas… estate tranquila, en éste capítulo no vas a mordértelas, aunque aún no voy a responder tus respuestas, para ello aún queda. Feliz navidad, chica!
GaRrY: leí su historia un par de veces (el primer fic), pero no lo guardé. Si llego a saber que lo borra lo hago, pq el primero le quedó genial! En fin, ojalá pudiera, aunque fuera en una infinitésima parte, hacer algo que pudiera ser llamado bueno. Que tengas un buen año nuevo! Nos vemos.
al: buenas! Si no te respondí es k no me llegó el review… bueno, espero que sigas por aquí! Feliz Navidad!
FFMania: jejejejeje, menudas ansias mujer! Pues ya lo verás, aunque no estoy muy animada con el fic. Estoy empezando a montar la estructura de una historia y me gustaría realizarla a la larga, sobretodo ahora que he visto que puedo aguantar más de un año con una historia que no es mía. Me gustaría llegar a escribirla, pero… tampoco puedo considerarme muy buena. (Aunque tomar un fic como referencia tp es de mucho puesto que debes jugar con algo ya predeterminado) Sin embargo, teniendo en cuenta que se ha puesto de moda esto de escribir siendo joven, quizá… algún día. Aún no me atrevo… Feliz navidad, amiga mía.
Lladruc: uooo, sí k vais deixar a la gent intrigada! XD Pos, com he dit als altres, encara hauràs d'esperar una mica més. Que tinguis un molt bon any i els reis et duguin moles regals! Ah! I si fas tió, que et cagui moltes coses!
Bueno, después de mes y medio he decidido colgar el cap 21. No
estoy nada orgullosa de él, pero por más que releyera y
retocara no he conseguido salir de éste ciclo vicioso, así
que he optado por subir esto y pediros que no lo tengáis mucho
en cuenta (dentro de mis ránkings de penoso creo k éste
se lleva el premio). Así que… bueno, espero que el prox cap
merezca mucho más de vuestra atención pues pienso
entrar otra vez en acción. Aunque teniendo en cuenta donde
tengo la cabeza últimamente…. Quizá antes logro que
los patos hablen XD
Freetalk… estoy tan cansada y destrozada (no os imagináis
hasta k punto) k lo dejo para otro día. Sólo diré
que, para aquellos que hayan seguido mis consejos (gente sabia y con
dos dedos de frente los que no lo han hecho) y hayan visto la serie
Fullmetal Alchemist, he visto ya su película y sólo me
cabe aplaudir. Es la mejor serie de la historia (no quito DB, siempre
será el padre del anime). Venga chicos/as, nos vemos!
Feliç Nadal i Bon Any 2006!
-Ithae-
Capítulo 21 – Al otro lado de la Onda
Medio ahogándose por algo que prensaba sus pulmones, se despertó.
Algo le oscurecía la visión. Con un cansado movimiento apartó el húmedo trapo de su frente que había descendido hasta cubrirle los párpados. Y, aún cuando la luz volvía a sus ojos, ésta no parecía clara para su cerebro siéndole imposible identificar lo que le rodeaba.
Una mano acercó a él un objeto extraño y difuminado que no tardó en reconocerlo como sus gafas.
- ¿Mejor?- dijo su acompañante.
El chico movió la cabeza y vio a un sombrío Draco a su lado.
- ¿Dónde…?- susurró con trabajo.
- En tu nueva habitación.
Una montaña de mantas se levantaba encima de él comprimiéndole como si fuera una prensa de papel. Apenas podía respirar sin jadear, pero enseguida comprobó que la mano que había sacado al exterior regresaba misteriosamente helada. Incluso estando dentro de aquella cumbre de ropa su temperatura corporal no era muy alta.
- Tómate esto.- le dio un vaso con lo que parecía una infusión de alguna exótica planta.
Malfoy le ayudó a incorporarse y esperó pacientemente junto a él, en la misma silla en la que había permanecido durante todas aquellas horas, en una vigila constante y sin descanso.
- ¿Me desmayé?- preguntó con timidez.
El líquido tenía gusto a un potaje de especies con un regusto de menta. No tardó ni un minuto en comprobar los efectos. El frío se suavizó, y en vez de sentirse como si estuviera en medio de la Antártica, le pareció más un helor de frío invierno.
- No tienes la marca…- dijo Malfoy tras afirmarle con un seco movimiento de cabeza.- ¿sabes a qué se debe?
Harry, sorprendido, levantó el brazo izquierdo y, con un escalofrío, observó una fina costra que ocupaba el trazo del corte que le habían hecho durante el ritual. No había ningún rastro de la Marca Tenebrosa.
- No… lo comprendo…- murmuró con el entrecejo fruncido.
El joven mortífago suspiró resignado.
- Bueno, tampoco es trabajo nuestro saberlo.- se levantó con resolución y se fue hacia una silla al lado del armario que ocupaba parte de la pared de enfrente.- ¿Puedes andar?
Sabía a qué se refería.
Con un temblor de frío, el chico apartó las pesadas sábanas hacia un lado y deslizó las piernas medio ayudándose medio con magia, hacia el borde de la cama. El ligero pijama que cubría su cuerpo no era suficiente para abrigarle, la fina seda negra con bordes plateados, aún cuando su tacto era agradable y complaciente, sólo conseguía que el frío se arrapara más a su cuerpo.
Concentrándose, invocó con fuerza a la magia y se preparó para mantenerse en pie. No sabía si aún sería capaz de controlarla adecuadamente… Para su horror, la magia que conocía había desaparecido. La sensación de bienestar, calidez y reconocimiento que siempre había tenido al sentirla rozar junto a él había muerto. Y, en su lugar, una feroz y despiadada energía le removió con tal intensidad, que tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para evitar que le sumergiera bajo su control.
Ambos pies tocaron suelo. Harry podía sentir como unos furiosos torbellinos se arremolinaban alrededor de sus piernas, mantenerlos bajo su voluntad requería de toda la concentración. Su fuerza y poder eran tales que dejar espacio en su mente resultaba peligroso.
Viendo que mantener aquella energía en un sólo punto era demasiado arriesgado, decidió enviar parte de ella a su contorno, creando una segunda piel que le mantendría caliente en su constante flujo.
- Aquí tienes tu ropa.- siguió.- Ésta puerta da a mi habitación.- indicó a la derecha del gran mueble.- Nuestro lavabo está justo enfrente. Te esperaré fuera, cuando termines iremos a comer.
- ¿Qué hora es?
- Casi las cuatro.
Observó su nueva vestimenta y empezó a despojarse mientras iba analizando la estancia con mayor detalle. Ahora que el frío iba remitiendo su humor mejoraba, y las ansias de conocer aumentaban.
La habitación no era muy grande, pero le pareció cómoda. Allí disponía de todo lo necesario: una buena cama, un gran armario, una butaca enfrente la única ventana y una mesa justo debajo de ésta, un par de sillas, un espejo y un baúl-banco a los pies del lecho. Y, a pesar de la funcionalidad del mobiliario de la sala, había cierto lujo en sus figuras, con telas de seda verde y plateada, una gran alfombra negra y muebles de cerezo.
Se limpió la sudada cara con el lavamanos, le agradó al ver que se trataba de un sencillo conjunto de jarrón, palangana y espejo, y se reflejó en el espejo.
Vestía completamente de negro. Llevaba unos pantalones negros con una camisa del mismo color, y una larga túnica con un par de cortes en cada lado atada con una cinta de seda blanca.
Al salir, Draco le esperaba observando por una ventana. Le miró con ojo crítico y, una vez aprobada su imagen, echó a andar. Giraron por un recodo y se encontraron en el mismo pasadizo que había visto la primera vez, aunque ahora estaban en la punta opuesta. Allí había más movimiento.
Un revoltijo de capas y voces se congregaban a la entrada de la mansión en lo que parecía un intento de orden. De entre ellos, una cabeza se giró hacia los dos chicos, les observó durante unos segundos y, tras lo que pareció un reconocimiento, fue directo hacia ellos.
- Malfoy¿cuándo has vuelto?- preguntó mientras volvía a recolocarse la capa.
- Ayer. Te presento a Conrad Eddhar.- dijo a Harry.- Y él es Potter, nuestro nuevo integrante.
- ¡Harry Potter!- suspiró con admiración. El chico, algo más grande que ellos, tenía el pelo negro como el carbón, los ojos azul cielo y una tez extremadamente blanca. Por su acento y rasgos, no habría sido capaz de decir su procedencia.- Un placer.
- Lo mismo digo.
- ¿Estabas en misión?- dijo Draco con naturalidad.
- Sí, he llegado ésta mañana y ahora vuelvo a irme.
- ¿Adónde vais ésta vez?
- Lakselv, en Noruega. No me preguntes porqué, ni siquiera yo lo sé.- dijo encogiéndose de hombros.
- ¡Eddhar, nos vamos!- alertó uno de entre el grupo que, al parecer, habían logrado llegar a un acuerdo.
- Bueno chicos, ya nos veremos.
- Suerte.
Guiñó el ojo y se cubrió con la capa siguiendo a los demás. El cierre de la puerta los dejó en una silenciosa calma.
- ¿Qué hay en Lak-comosellame?
- En la mayoría de misiones se desconoce el objetivo hasta que se llega. Esto evita posibles filtraciones.
- Pero antes no era así¿verdad?- dijo pensando en la traición de Snape.
- No.
Se dirigieron hacia el mismo lugar donde había habido el ritual y donde ahora se mostraba como el comedor, y se sentaron en dos sillas conjuntas. Un par de elfos domésticos aparecieron sumisos con su comida en bandeja, humeante y deliciosa.
La sala era grande y, aunque disponía de dos fuegos que la calentaban, no le dio ninguna sensación de calidez. El suelo, del mismo mármol negro que el pasadizo, las paredes, cubiertas con lujosas cortinas de terciopelo negro y seda verde, las sillas y la gran mesa de madera de cedro. Todo daba un aire de poder y ostentosa riqueza, limpio y bien cuidado a manos de los eficientes elfos. Y, encima de todo aquello, la constante imagen de la serpiente gravada en doquier. Incluso en el suelo había dibujada aquella esbelta e hipnotizante criatura con increíble exquisitez.
Los platos eran de fina porcelana, con deliciosos hilos de oro y plata bailando por el contorno, y las copas de auténtico cristal. A Harry le horrorizó la posibilidad de que una de aquellas piezas se rompiera, y temió al imaginar la furia de su señor ante el desastre.
Les llevaron un suculento plato de verduras y carne, con un primer apetito de sopa de ternera y una cesta de frutas para el postre. Se acercaron con una jarra de atrayente vino, pero ambos desistieron con fervor pidiendo agua en su lugar. No tardaron mucho en devorar los humeantes platos.
- Aquí nos regimos por una jerarquía de puestos y familias.- dijo mientras hacía un alto entre cuchara y cuchara.- Cuando un nuevo entra acostumbra a ser adoptado por otro de más experimentado que desee ser su guía. Él se encarga de enseñar y adiestrar al novato, llevándole a sus primeras misiones. Si algo sucediera, el guía sería el encargado de responder en su nombre teniendo la prioridad de actuar según su criterio y el de nuestro señor.
- ¿Quién es el mío?
- Yo.- respondió con sequedad.- Normalmente entrarías a la lista de integrantes de un grupo para pasar a tu primera misión, pero debido a tu importancia y potencial, vas a ser instruido directamente por el maestro. Y yo te acompañaré.
- ¿ÉL me enseñará?- dijo con incredulidad.
- Así lo ha decretado. Cuando terminemos iremos a verle.
Harry mantuvo silencio.
Continuaron comiendo concentrados en sus platos, lejos de las preocupaciones que les inundarían después. Entonces tuvo una pregunta.
- ¿Dónde están los demás mortífagos? Avery, Nott, Dolohov, Lestrange…
- Seguramente siguiendo alguna orden. Los primeros mortífagos son considerados los más leales y poderosos. En el grupo que hemos visto antes seguramente había alguno de ellos. Se encargan de capitanear las misiones, y cuando se trata de alguna importante, sólo asisten ellos por encargo expreso del maestro. En realidad no ha sido hasta los últimos dos años que nuestras fuerzas han vuelto a agrandarse incorporando a nuevos aprendices.
- Tú eres uno de ellos…
- Sí. Eddhar, el chico que has visto antes, entró poco antes que yo. Pero la mayoría de los nuevos casi nunca están por aquí, los únicos que residimos en la mansión son los más influyentes e importantes y cuya imagen ya es conocida por las autoridades. Como casi todos los capitanes fueron identificados y son buscados, ahora se mantienen aquí y sólo salen cuando el objetivo es significativo. Tú y yo vamos a ser los únicos aprendices de nuestro señor, en realidad me parece que no ha tenido más que dos. Uno de ellos era Snape.
- ¿Y el otro?
- Lucius Malfoy.- dijo medio escupiendo las palabras.
- ¿Tu padre?
- ¿Has terminado ya?- gruñó cortante.
Harry negó con la cabeza y tomó una naranja del cesto. La forma con la que Draco había mencionado el nombre de su padre y la furia que emanó de sus palabras le habían inquietado. Algo había sucedido, pero preguntarle por ello no habría hecho sino que enfurecerle aún más, y lo que menos deseaba en aquellos momentos era que su único amigo en aquél lugar se riñera con él.
Cuando terminó, se limpiaron las manos con unas toallas al vapor que les llevaron los sirvientes elfos, y siguió a un tenso Malfoy hacia la puerta al otro lado de la sala, cerca del "trono" que había usado el Lord la noche anterior.
Otro pasadizo, mucho más decorado y exquisito que el anterior, se abría ante sus pasos iluminado por candelabros de oro colgados en las paredes. Al fondo, sólo una puerta se levantaba majestuosa protegida por dos hombres con poste firme. Draco se levantó la manga mostrando su marca y se apartaron dejando paso.
La puerta se abrió.
Una gran sala iluminada por una chimenea se presentó ante ellos. La habitación carecía de decoración. Las paredes, de fría piedra, y el suelo de madera. Reflejos de armas plateadas colgaban en los duros muros. Las ventanas estaban cubiertas por unas cortinas negras, y sólo la mesa con dos sillas y una butaca, y las estanterías repletas de libros y objetos extraños se mostraban como el mobiliario del lugar.
Harry, al igual que Draco, sintió un escalofrío al sentir una temperatura desigual penetrando por su cuerpo.
- Gracias Draco, puedes retirarte.- dijo una voz siseante desde las sombras.
Sin decir palabra y tras su correspondiente reverencia, abandonó la sala dejándolo solo. A su orden silenciosa, Harry se sentó en una de las sillas sin abrir la boca. Estaba nervioso, extremadamente nervioso, y los minutos que tuvo que mantenerse en aquél tenso silencio no le ayudaron en nada.
- Supongo que Draco te habrá puesto un poco al corriente sobre como se funciona aquí.- un hombre, vestido enteramente de negro, apareció ante su mirada.- Pero, comprenderás, tú no eres como los demás.- con un gesto que parecía una sonrisa, se sentó entrecruzando los dedos y dirigiendo toda su atención hacia el chico.- La marca que tienes en la mano… ¿sabes qué es, Harry?
- No… señor.- reconoció sorprendido.
- Debo reconocer que me quedé realmente sorprendido al verla, pero, claro¿qué podía esperar de ti?- el chico estaba completamente descolocado, no le parecía que el hombre estuviera hablando con él. Centró su mirada hacia el medallón que se entreveía por encima la camisa y debajo la túnica, y sonrió.- ¿Sabes qué es la magia negra?
Sus ojos rojos brillaron sumergidos en la oscuridad, haciendo que sus nervios crisparan con temor.
- Ésta cicatriz no es más que un reconocimiento de ésta energía, una señal de aceptación como maestro. Muy pocos consiguen su poder.- siseó.
- Pero… ¿aquella armadura… me dio su poder?- preguntó medio incrédulo. Una mirada peligrosa hizo que callara de golpe tensando todos sus músculos.
- No seas ingenuo, aquello no fue más que un objeto que usó como intermediario.- dijo cortante. Permaneció unos segundos en silencio entrecerrando aquellas dos gemas rojas, y, tras una breve meditación, volvió a hablar suavizando su voz.- Te enseñaré a controlar ésta energía.
- Señor…- preguntó intentando superar el temor que le imponía aquella mirada.- Puedo preguntarle… ¿tiene esto que ver con el frío?
- En cierta forma.- dijo tras una ligera cavilación.
De un brusco movimiento, el hombre se levantó irguiéndose con majestuosidad y andando hacia el resplandeciente fuego que crispaba en un continuo flujo de calor.
- Draco te informará de tu entrenamiento. Puedes retirarte.
Harry, siguiendo sus órdenes y aún cuando no le miraba, se puso en pie haciendo una respetuosa inclinación, y salió de la habitación cerrando la puerta tras él.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
- La magia negra requiere de una gran cantidad de energía. Usarla implica desgastar la tuya. Para evitarlo deberás absorber la de tu alrededor.
Los dos chicos permanecían en una sala no muy grande, uno sentado frente una mesa con libros a su alrededor, y el otro en pie atento a su maestro quien, custodiado por otro hombre bajito y maloliente, iba hablándole desde una butaca bien acomodada.
Estaba en su segunda lección del día y, a pesar de que hacía apenas 24 horas desde que se había levantado en su nueva cama, Harry ya empezaba a sentirse de nuevo inmerso en duras lecciones. Sin embargo, esta vez parecían mostrarse mucho más interesantes y provechosas.
- No te va a resultar difícil, ya lo hiciste una vez.- dijo deteniéndose unos instantes con la mirada clavada en sus ojos penetrando nuevamente en su mente. El chico intentaba aparentar tranquilidad, no era la primera vez que le hacía aquello con lo que llevaba allí, pero la verdad era que con cada intromisión más difícil se le hacía relajarse. Quizá se debía a la poca costumbre de dejarse leer los pensamientos, lo único que deseaba era acostumbrarse y así poderse dejar con tranquilidad.- El libro, levántalo.- ordenó de repente.
Harry, siguiendo sus órdenes y sin dejar tiempo para pensar, apuntó la varita hacia uno de los libros depositados encima una de las mesas y se concentró el hacer lo pedido.
- Wingardium Leviosa.- susurró a media voz. Pero, para su sorpresa, nada pasó.
- ¿De veras creías que ibas a lograr algo con éste pequeño hechizo?- siseó sonriendo con suficiencia.- Ahora posees la magia negra, ésta no va a actuar con palabras débiles y carecientes de poder. Otra vez.
El chico levantó la varita y se dispuso a cambiar las palabras del hechizo. Si aquellas que había pronunciado eran demasiado débiles, debería usar otras más decentes. ¿Pero cuáles? Sabía que el Maestro estaba poniéndole a prueba, quería ver hasta qué punto era capaz de llegar… Pero ignoraba cómo llegar hasta él.
- Levitae fig…
- ¡No!- bramó dando un golpe al sillón con furia. El viejo hombre que le custodiaba se encogió ante su cólera, al igual que Draco aunque éste puso todo su empeño por mantener su poste impasible.- ¡Debes controlar la magia, dominarla¡Otra vez!
Intento tras intento, el joven mortífago iba rebanándose los sesos pensando en cómo debía hacerlo. Su señor se enfurecía más y más con cada fracaso y temía llegar hasta su límite, límite que parecía ser muy cercano. ¿Pero cómo se suponía que debía conseguirlo si no se lo explicaba?
Cansado, confuso y temeroso, decidió detenerse durante unos segundos para recapacitar antes de volver a fastidiarla y sobrepasar la reducida paciencia del Lord.
Por lo que había logrado entender entre lo poco que le había dicho su Maestro y lo que terminó por deducir, la magia negra no era más que la energía de la Onda que la hacía fluctuar hacia el otro hemisferio, el opuesto al que hasta entonces había ocupado. Aquello podía ser la razón por la que le era imposible usar aquel poder que antes le había acariciado. Ambas energías eran opuestas y, aunque una sin la otra no podía existir, su cooperación era imposible. Ahora usaba un nuevo poder, el antiguo estaba ya fuera de su alcance. Así pues, su uso también debía ser distinto.
"Dominar y controlar"
Era posible que ninguna de aquellas palabras sirviera. ¿Acaso la energía que ahora le mantenía en pie y bajo una manta cálida actuaba bajo palabras mortales? En realidad todo se basaba en una relación de dominante y dominado, y él debía luchar por mantener el control. Por lo que, de la misma forma y sabiendo que la magia que ahora le rodeaba era la misma que debía usar para levitar el libro, la respuesta residía en la misma fórmula. Dominar y controlar.
Inspiró y expiró en silencio intentando serenarse. Tan pronto como obvió todo el ruido que le rodeaba, pudo sentir aquella energía tan distinta a él. Le impactó al darse cuenta de su fuerza y cantidad¿cómo podía ser que hasta entonces no se hubiera dado cuenta de ello? El poder, a diferencia del otro, no se encontraba en el aire, sino dentro de él, todo su cuerpo estaba impregnado de ésa magia tan poderosa y feroz. Sus torbellinos, su presencia, era realmente fascinante.
Extendió de nuevo el brazo con el que empuñaba la varita y, poniendo toda su voluntad en ello, enfocó aquella energía hacia el libro. El objeto, como si un poderoso brazo le agarrara, se levantó en el aire con un resorte.
- Esto está mejor.- siseó con una sonrisa.
Harry tenía el entrecejo fruncido, haciendo verdaderos esfuerzos por mantener aquél objeto estático. La energía le golpeaba con violencia, saliendo de él casi a trompicones e impactando impetuosa contra el libro. Mantener el flujo constante empezaba a hacérsele difícil, hasta el punto que su pulso cada vez temblaba más. No tardó mucho antes de que una oleada saliera de él lanzándose directa hacia el objeto y haciéndole arder en un abrir y cerrar de ojos. Enseguida cerró la conexión relajando el brazo y respirando entre jadeos, apenas era capaz de mantener firmes sus piernas. Temblaba. Y el frío había vuelto a cruzar por su cuerpo ahora con más fuerza que antes.
A una señal del hombre, el roñoso mortífago se acercó a él llevando consigo una pequeña roca plateada. Con su mano parecida a una seca garra, le agarró la muñeca derecha y, arrancándole la varita de ella, le dio la piedra cerrándole los dedos a su alrededor.
La misma sensación que había sentido aquella vez junto al árbol, volvió a él. La energía fluyó reconstituyéndole, calmando su agitada respiración y proporcionándole la fuerza necesaria para volver a levantar aquella doble piel tan cálida y reconfortante.
- Por hoy ya es suficiente.
Malfoy dejó todo lo que había estado haciendo y fue a su lado. Hicieron una reverencia y se fueron.
Ya en el pasillo, Harry suspiró con alivio.
- Es sorprendente que lo hayas logrado en tu primera vez.- dijo Draco mientras andaba a su lado.- Que yo sepa, sólo el Maestro es capaz de usar la magia negra en su pureza.
- ¿Acaso tú no puedes?
- Debo usar hechizos. Hacerlo a voluntad no es algo muy común.
- ¿Qué era aquella piedra?- preguntó de repente.
- Alkur, tiene propiedades mágicas. Se usa como centro de focalización de energía, aunque no es muy estable.- bostezó con pereza y se rascó la cabeza con indiferencia.- Menudo aburrimiento…
- ¿Es que todo te parece aburrido o qué?- dijo con sorna.
- Casi. No es fácil encontrar algo entretenido. Además, tú estabas haciendo algo, yo no he tenido otro remedio que leer. ¿Te parece entretenido tener que memorizar palabras sin sentido?
- Más que levantar un libro.
- Pues te ha llevado un rato…- respondió sarcásticamente. Pareció que durante un rato pensaba en algo cuando añadió:- ¿Quieres hacer un duelo?
Harry se detuvo casi en seco. ¿Le tomaba el pelo? Su hermano sonreía con altivez, retándole con la mirada. No parecía que fuera ninguna broma, sus ojos, brillantes y divertidos, le miraban inquisitivamente, como si a pesar de no poder leerle los pensamientos, sí fuera capaz de comprender sus emociones.
- Ja-ja-ja.- rió negando con la cabeza, como si quisiera tomarle el pelo.- ¿Te has vuelto majara?
- Te lo he dicho: me aburro. Un buen combate no estaría mal…
- ¿Podemos hacerlo? Quiero decir… ¿está permitido?
- ¡Vamos Harry!- exclamó divertido.- ¿Desde cuándo te importa a ti esto? Te has pasado los cursos saltándote todas y cada una de las reglas¿y ahora te preocupas por ellas?
- Esto no es Hogwarts.- murmuró con seriedad.
- ¿Tienes miedo?- dijo a media voz.- ¡El gran Harry Potter está asustado!
- ¡No estoy asustado, Malfoy!
- ¿Entonces?
El chico le miró con el entrecejo fruncido. Era verdad que no estaban en la escuela, en realidad no le preocupaban las normas, pero había algo que le hacía retener, como si tuviera miedo de algo haciendo que cuidara sus movimientos. ¿Pero qué decía? Sólo era un duelo, un simple y pequeño reto¿qué mal podía haber en ello? Quizá se preocupaba demasiado por cosas que no tenían sentido… ¿no?
Miró casualmente a su alrededor asegurándose de que nadie pudiera oírles y, tras comprobar que estaban completamente solos, volvió a mirarle entre desconfiado y divertido.
- ¿Y bien?
- Vas a morder el polvo.
Sonriendo a placer, echó a andar con aplomo por un pequeño pasadizo aparte que nunca antes había visto. A pesar de ser una ramificación del principal, la ornamentación desapareció tras cruzar una de las puertas que se abrían en la larga pared cada vez más oscura. Se encontraron en un una pequeña sala algo abandonada y destrozada, las únicas estanterías apenas tenían un par de libros por nivel y un kilo de polvo de compañía.
El joven Malfoy dejó la túnica encima una silla medio rota, se aseguró de silenciar la habitación y se arremangó las mangas preparándose para combatir. Su contrincante no se hizo esperar. Siguiendo su ejemplo, el chico se puso en guardia varita en alto y mente despierta.
- Creía que habías aprendido la lección… ¿aún crees que puedes derrotarme?
- ¿Un Slytherin? Sé realista, soy mejor que tú.
- ¡Ja!
Sus cuerpos se tensaron, midiendo sus miradas en un exhaustivo análisis a la búsqueda de un punto débil al que atacar. Harry, dejando aparte los métodos de control, se lanzó directo preparando su primer ataque que ya brillaba a la punta de su varita, ataque que fue correspondido con una altiva sonrisa de Malfoy. Sabía que iba a hacer eso, había visto en sus ojos la determinación, sin embargo no llegó a imaginar la estrategia del chico.
Invocando un potente hechizo desarmador, el joven mortífago no tuvo tiempo a reaccionar ante el amago y posterior ataque del contrincante. Había hecho una buena jugada, tras ser enviado con fuerza hacia atrás y caer de espalda al suelo con un gemido de dolor, reconoció, maldiciéndose a sí mismo por su ingenuidad, del ataque de Harry. Pero aquello no significaba su rendición. Con un rugido animoso y retador, se levantó dispuesto a devolverle el golpe.
Harry había conseguido esconder su ataque con un movimiento falso, pero el cómo había logrado lanzar aquella energía lo desconocía. Parecía que, entrado el combate, le resultaba mucho más sencillo expulsarla, sin llegar a aquél desgaste casi extremo que momentos antes había sufrido con una tarea mucho más sencilla. Despreocupado y con el único objetivo en la cabeza que el de ganar aquella batalla amistosa, dejaba que la energía saliera de él sin importar la forma u resultado, centrándose en protegerse y atacar. Iba a ganar.
Luces rojas, blancas, azules y alguna que otra negra, iban resplandeciendo por la sala en un interminable baile de chispas y humo.
Draco lanzó la mesa que terminó de romperse hacia él en busca de una distracción, aunque fueran unos segundos. El primer hechizo le había dejado mucho más débil de lo que había creído, aunque quizá se podía deber al origen de aquella magia… Por un momento, temió de sus ataques. No eran los que él conocía… y aquello podía ser arriesgado. ¿Y si se les iba de las manos? Agrandó un libro sirviéndose de escudo y se permitió un leve suspiro al sentir la fuerte explosión contra las duras tapas de piel. No se dio tiempo para descansar lanzándose rodando por el suelo fuera de la protección. Lanzó un precipitado paralizante y volvió a esquivar otra respuesta, ésta vez por los pelos. El vote que hizo la estantería al recibir el impacto puso sus pelos de punta.
- ¡Oye¿Quieres matarme o qué?- gritó por encima el ruido.
- ¿Demasiado fuerte?- casi se pone a reír a carcajadas por la respuesta intrigada de su hermano.
- ¡Casi me vuelas la cabeza!
- No será para tanto…
Lentamente, sacudiéndose la ropa sucia y llena de polvo, se levantó sonriendo con sarcasmo.
- Míralo tú mismo.
Las estanterías habían caído, los libros estaban completamente destrozados y el mismo mueble parecía a punto de desmoronarse con un movimiento final. Harry no pudo evitar una sonrisa.
- Pero lo has esquivado. Bien hecho.
- Suerte de ello, o ahora no sería más que un conjunto sangriento de miembros.
Ambos callaron. Dirigieron sus miradas al viejo mueble y volvieron a mirarse para, tras unos segundos más en silencio, echarse a reír con estruendosas carcajadas apartando cualquier preocupación, relajándose por primera vez en muchos días.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Un potente golpe en el estómago le hizo plegarse de dolor.
¡Maldita sea! pensó reprimiendo un gemido. El maldito no le daba ni un respiro, golpeándole sin cesar, esperando que alguno de aquellos ataques fuera parado por el magullado chico. Aunque Harry más que esperar creía que el hombre disfrutaba haciendo aquello, como si todo fuera una demostración a su señor sobre la debilidad de Potter.
Otro golpe, ésta vez en su espalda, le lanzó con fuerza hacia el suelo haciendo que se golpeara la cara contra el colchón y, aunque seguramente evitó que se rompiera la nariz y algún que otro diente, no pudo impedir que sus gafas terminaran por destrozarse.
Sintiendo el gusto metálico en la boca al morderse el labio, estaba seguro que se lo había partido, giró hacia un lado presintiendo un nuevo ataque. Mantuvo los brazos frente su cara y estómago y una rodilla levantada deteniendo una patada de su "adiestrador". El desgraciado no jugaba limpio… ¡Ni siquiera tenía tiempo para levantarse que ya volvía a recibir un lote de puños y pies!
Medio atontado, dejó de un lado todos sus pensamientos y enfocó aquella estúpida clase de Ataque y Defensa Cuerpo a Cuerpo hacia una nueva perspectiva. Dejó de ver aquél hombre como un hombre y pasó a ser un enemigo, alguien a quien abatir.
La imagen de Shelyak voló por unos instantes por su mente.
Esquivó una patada con otro desliz por el suelo y aprovechó la misma inercia para levantarse. Ahora volvía a estar en pie.
Se agachó a tiempo de recibir un golpe directo en su nariz, rodó sobre sí mismo y lanzó una patada al aire en busca de su objetivo. Aún cuando las gafas apenas lograban mantenerse en su sitio, era más su instinto y costumbre quien guiaba sus nuevos movimientos que la vista ahora tan confusa. El contacto con algo parecido a un brazo le indicó que allí estaba el blanco. Iba a retirar la pierna para volver al ataque pero una fuerte mano se lo impidió agarrándola al tiempo que lo lanzaba con una fuerza casi sobrehumana hacia la derecha. Harry, aún cuando sabía que iba a caer, no dudó en levantar la otra para, al menos, devolverle el futuro golpe. Pero la falta de vista le impidió enfocar su contraataque, por lo que enseguida fue detenido.
Ésta vez, el golpe contra el suelo no evitó que se le escapara un grito de dolor. Se había dislocado el hombro derecho.
Jadeando, bufando con dolor, consiguió medio levantarse aún a sabiendas que había perdido aquél combate.
- ¿Ya te rindes?- dijo burlonamente su "instructor".
Llevaba la cabeza rapada haciendo que sus pobladas cejas, sus ojos negros, sus facciones duras y la perilla bien cuidada resaltaran en su imagen. Su condición física era envidiable, su cuerpo perfectamente cuidado, sin nada de grasa ni exceso de músculos. Vestía unos pantalones negros de seda, la única prenda que cubría su atlético cuerpo. Y, a pesar de no ser de gran estatura, sus movimientos eran perfectamente cuidados y entrenados, en una disciplina rígida y sin fallos. Harry no se equivocó con su primera impresión: era duro, e increíblemente eficaz.
El chico, cerrando con fuerza las mandíbulas, se agarró el hombro y, de un movimiento brusco, consiguió situarlo de nuevo. Se había preparado para el dolor, pero las magulladuras que había recibido y el cansancio que le asediaba hacía que le costase mantener el equilibrio.
Johan Rietstap, el hombre que le miraba con una afirmación en sus ojos al ver la determinación del chico, esperó a que el joven aprendiz bufara un par de veces intentando aclararse la visión, y volvió al ataque. El hecho de que hubiera tenido aquella cortesía no era otra que su aprobación. Potter, aún cuando no era más que un mocoso, estaba demostrando tener agallas, y aquello era de apreciar. Sin embargo, aquello iba a terminar ahí. No estaba mal para llevar algo más de cinco clases con él.
El puño fue detenido casi por milagro, pero no el segundo, haciendo que cayera inconsciente al suelo.
No tardó en despertarse.
Draco, con la nariz sangrando y un rasguño en su mejilla, estaba a su lado recostado en la pared.
Gruñó al incorporarse, sintiendo como unas náuseas subían por su garganta con el movimiento. Con un reflejo, se cogió el lado izquierdo mientras, aún cuando el dolor le mareaba, intentaba ponerse medianamente sentado.
- Espera, no te muevas.- dijo su compañero sin siquiera mirarle.
Una chica alta y delgada, casi tan delgada que parecía un esqueleto viviente, se acercaba a ellos ataviada con vendas y botellitas varias. Era Rossette, la nueva incorporación de la hermandad, una sanadora francesa que había huido de su país para unirse a las filas del Señor Oscuro. Su devoción era absoluta. Para el Lord, aquello había sido todo un golpe de suerte puesto que carecía de buenos curanderos y ella provenía de entre los mejores.
Con su largísima melena morena recogida en una trenza y sus ojos marrones con vetas verdes mirando detrás de unas gafas plateadas, la muchacha de unos veinte-y-cinco años dejó el maletín al lado de un destrozado Harry y apoyó su mano en el hombro adolorido. El chico gimió al su tacto haciendo que apartara enseguida su huesuda mano.
- Déjame ver.- ayudó al joven a levantarse a pesar del increíble dolor que aquello le ocasionó, y le sentó en una silla que había acercado desmoronándose casi al instante.
Rossette Claire, como buena profesional en su trabajo, se acercó a él con el entrecejo fruncido, no sin poder evitar un vuelco al corazón al tener que examinarlo, y empezó a revisar sus gestos y los gestos del chico frente al dolor. Por su postura y el agarre al lado casi como si sujetase su vida en ello, enseguida pudo saber qué le sucedía.
Le apartó la mano reprimiendo sus temblores de nerviosismo, y le tocó decidida al lado para, con un gruñido, recibir una ligera maldición del muchacho.
- Tienes una costilla rota, quizá dos.- se agachó buscando sus instrumentos, y añadió:- Quítate la camisa.
Harry, aún cuando aquello le habría hecho enrojecer meses antes, ahora ni siquiera dudó de la orden. Tuvo que morderse la lengua cuando intentó hacer aquello, como si un cuchillo se le clavara en cada respiración y con el mínimo movimiento, apenas era capaz de mover levemente el brazo izquierdo.
- ¿Para mañana estará listo?- preguntó Rietstap acercándose a ellos.
- Si hoy se mantiene estático y en reposo sí.
- Bien.- giró hacia el chico con pose inflexible y dijo:- Mañana seguimos.
Dio media vuelta y se fue dejando a los tres a solas.
Enseguida se puso al trabajo. Vendando su torso con experiencia y decisión, sin aminorar su fuerza a pesar del punzante dolor que aquello ocasionaba a Harry, fue cubriéndole con la tela blanca hasta que hubo gastado por lo menos la mitad de la reserva. Después le ayudó a ponerse la camisa. Atendió a Draco poniéndole una apestosa pomada al puente de la nariz y cubriéndola con lo que parecía una tirita gigante que le llegaba hasta casi cubrir sus ojos.
- Ahora iros de inmediato a vuestras camas. Debéis tomaros esto y descansar al menos doce horas seguidas. Quizá con una sencilla poción de sueño… pero que no lleve flor de pomelo.- les dio un par de pequeños sobres y cerró el maletín. Se aseguró las gafas con un movimiento mecánico, y les sonrió.- Os han dado a base de bien.
- Bueno… al menos estamos mejor que ayer.- gruñó Draco palpándose un chichón en la cabeza.
- Aún tenéis aquella crema¿verdad?
- Por supuesto, de no ser por ella hoy sería un mapa morado.
- Gracias por tus curas, Rossette. De no ser por ti no seríamos ni capaces de andar.- agradeció con una sonrisa algo forzada, Harry; apenas era capaz de hablar.
Se despidió de ellos con una sonrisa nerviosa y casi huyó de su lado excusándose por el trabajo. Aunque, de todas formas, mañana volverían a verla. Sólo deseaban poder estar conscientes en su encuentro ya diario.
- ¡Maldita sea…! Aunque hoy no esté tan mal como ayer, esto no quita que me hayan machacado a conciencia. Maldito Hamann… ¿no has visto como reía el muy canalla? Cabrón…
- ¿Le hiciste algo? Parece que os conocéis.
- Ridiculicé a su protegido.
- ¿Quién?
- Uno llamado Christian Gaunt, un estúpido de no sé donde. El muy idiota me retó en un duelo y perdió frente a todos. Hamann aún cree que hice trampas.
- ¿Y las hiciste?
- ¿Por Gaunt¿Me tomas por idiota? Es un maldito crío que apenas sabe sostener una varita…- se rascó distraídamente la cabeza para, con un grito de dolor, apartar la mano con un resorte.- ¡Joder! Mañana voy a patearle el culo…
- Eso mismo dijiste ayer…
- Ayer no tenía un chichón en la cabeza. Esto no hay quien me lo quite.
- Ponte la crema.
- ¿Y levantarme con la cabeza verde? No, gracias.
Harry se encogió de hombros, entró en su habitación y cerró la puerta tras él.
