¡Bienvenidos al 2006! Reviews….

Cristopher Jacques: me ha sorprendido muchísimo encontrarme con tu review, la verdad es que no me lo esperaba… ¡incluso me he puesto colorada! XD Gracias por pasarte por aquí. Pues sí, realmente parece cierto que nos guste torturarlo, pero creo que un personaje debe tener una multitud de puntos de vista para ser considerado una buena creación y si hay algo que adoro es la multiplicidad y complejidad de los personajes redondos, que te permiten insertarlos en distintos contextos y siguen creciendo adaptándose y aprendiendo. Me agrada ver hasta dónde puedo llevar un carácter, hasta qué punto se define o hasta dónde llega a puntualizar. Soy algo rarita¿no? En fin… espero que tengas un buen año y, algún día si es que te apetece (cosa que no creo k hagas teniendo en cuenta que ya ha salido el 6to), vuelvas a continuar con tu fic. O bien que empieces otro, seguro que será muy bueno. Y si no es así, pues suerte! Bones festes!

Paty: buenas! Te gusta que vaya de negro¿eh? Pues mejor para ti, pq yo también lo adoro así, lo encuentro tan sexy… aunque sea todo imaginado XD En lo referente a la marca, Voldemort, Rossette…. ya se irá viendo. Venga, que acabes de pasar una buena Navidad y disfrutes mucho del nuevo año!

FFMania: ¿qué haría yo sin ti? Gracias por tu apoyo incondicional! A ver, en cuanto al capi… pues no, no fallaste. Espero que éste capítulo te guste, me da la impresión de que va a entendrecerte… XD Buen año 2006, amiga!

Lladruc: jajajajajjajaja, gràcies per aquests reviews tan alegres (esbogerrats seria una paraula millor?) No ets amant d'un Harry dolent o d'un Harry Cavaller de la Mort? La veritat és que personalment m'atrau molt la idea (ja es deu notar), però, en fi, sobre gustos no hi ha res escrit! Tot i així espero que segueixis llegint-me, no saps com m'agrada saber que tb és seguit per gent d'aquí! Que tinguis uns bons reis i un any amb molta sort! Fins aviat!

al: pues yo también me alegro que te siga gustando… mmm, veamos… Harry aún necesita "algo más" para regresar. Bueno, no quiero decirte mucho, en éste capítulo ya digo bastante, aún así, ten la seguridad que no tardaré mucho en terminar de aclarar todo este asunto que a algunos os empieza a impacientar. Quizá unos… dos o tres capítulos, no creo que mucho más (aunque viendo el tiempo que tardo para cada uno, no sé si esto ayuda mucho) Que tengas un buen año! Y hasta pronto.

lolo: jejejejejejjee, hola! Sí, sé que tampoco eres amante de un Harry mortífago (acabo de darme cuenta que sólo hay dos que siguen el fic y que les gusta así) pero me temo que de momento no vas a tener otro remedio que seguir esperando a ver qué pasa. Bueno, veamos tus preguntas… ¿Quién es el hombre que le golpea? Me pareció dejarlo claro… Johan Rietstap es su instructor en Ataque y Defensa Cuerpo a Cuerpo, Draco tiene otro, por supuesto: Erick Hamann (no dice el nombre, sólo el apellido). En el porqué le cuesta… Voldemort le dice (de lo poco que dice) que la magia negra es distinta. Así, mientras que una forma parte de la energía de un lado de la Onda, la otra es su opuesto. Por ello, debe aprender que cada una tiene su propio funcionamiento. También se dice en el capi que, mientras que la anterior era una relación estable, la nueva energía pide un control, un estado de fuerza entre dominado y dominante, es más un uso que un trabajo en equipo, por así decirlo. ¿Se entiende? A ver qué tal te parece éste capítulo! Que acabes de pasar unas buenas fiestas (si es que en donde vives aún seguís con la Navidad, en España sí) y tengas un buen año 2006.

Uff… una página entera de respuestas! (sólo 6 mensajes, pero…)
¿K tal las fiestas, habéis pasado un buen fin de año? Puedo decir que para mí ha sido el más inesperado y fantástico que he tenido en mi vida. En el fin de año va y se nos muere la tele diez minutos antes, así que ya me veis buscando desesperada una cadena de radio donde dieran las campanadas en directo (lo mejor es que no encontraba ninguna) mientras ocho personas estaban chillando detrás de mi k si ir a los vecinos a pedirles ir para comer las uvas (en Catalunya se comen uvas para cada campanada), k si nos íbamos todos a la calle a escucharlo dentro de un coche (algo absurdo teniendo en cuenta k no encontrábamos ninguna cadena), otros tres k si desmontar la tele… en fin, un cachondeo. Al final di con una a lo k faltaba poco menos de tres minutos… una cadena teletaxi XD Terminé encerrándome en la cocina para evitar reír y terminar las uvas (no sirvió de nada). De doce creo que sólo 3 consiguieron terminar a tiempo. Después nos metimos a jugar entre el "strategic", el "uno", al "poker", a uno de la xbox donde bailas (o algo así) y al "twister". Hasta las ocho no terminamos. Y entonces, de regreso a casa… suerte que estábamos despiertos y sobrios, o nadie sale de aquella casa XD
(Vaya… al final me ha ocupado página y media…) Pues eso! Que os vaya muy bien todo, que tengáis un buen 2006 y disfrutéis de todo cuanto podáis, que de vida sólo hay una y se ha de disfrutar! Hasta el próximo capítulo!

-Ithae-


Capítulo 22 – Jaque

Los días en la mansión pasaban con lentitud. Las horas frente a libros, practicando con la magia y entre golpes y claves de defensa eran todo cuanto hacía y, a pesar de convertirse en una tediosa rutina, reconoció que sus habilidades aumentaban a medida que iba pasando el tiempo de duro entrenamiento. Tras cerca de un mes aislado en aquella casa, su maestría con la magia negra era casi reverente. Tenía control absoluto sobre la energía que le rodeaba, era capaz de realizar casi cualquier hechizo, aquellos que antes había hecho con el antiguo poder ahora eran controlados con aquella energía duplicando sus efectos hasta rallar al insuperable. Era tal su destreza que, sumado a su creciente fuerza física, se estaba convirtiendo en un enemigo a tener en cuenta.

Como cualquier mañana, Harry se ciñó la sedosa cinta blanca y apartó las greñas que caían en su cara con un movimiento descarado. Llevaba el pelo recogido en una pequeña cola. Sus gafas habían sido apartadas, la magia se encargaba de corregir su vista hasta la perfección. Sonrió altivamente a su reflejo y salió de la habitación. Su hermano debía estar esperándolo en el comedor.

Bajó tranquilamente los últimos escalones sin mirar a ningún lugar en especial, sin prestar la menor atención a los demás inquilinos que iban y venían.

Se sirvió un cargado tazón con cereales y leche caliente, y empezó a almorzar tras saludar con una sonrisa a su amigo, quien estaba concentrado en un pequeño libro de poco más de sesenta páginas.

Sin apresurarse, tranquilamente y con movimientos pausados, iba acompañando la cuchara del tazón hasta la boca y de nuevo de regreso a él. Remojaba en un juego incansable los cereales de chocolate y miel, observaba ausente sus formas redondas y cuadradas. La caja, un objeto de cartón con unos absurdos dibujos que se movían por toda su superficie y unas letras que simulaban ser de neón, permanecía estática frente al chico, intentando captar su atención con sus animaciones mágicas. Harry quedó sorprendido la primera vez que vio aquello, pero tras semanas comiendo aquella combinación sana y equilibrada por las mañanas, había llegado a acostumbrarse. Y, al parecer, no era el único que tomaba cereales a buena mañana. Augustus Rookwood, uno de los mortífagos de mejor rango que habitaba la casa, era otro de los fieles amantes de un desayuno equilibrado. A diferencia de lo que había imaginado Harry, Rookwood resultó ser un hombre de unos cuarenta años cuya pasión era el cuidado de su cuerpo y la abusiva preocupación por su imagen. A primera vista, no le sorprendió que pudiera ser un espía tan bien camuflado dentro el Ministerio, toda su imagen era limpia y serena, infundía una sensación de cultura y conocimiento. ¿Cómo había parado en aquél lugar?

Sangre Pura. Una y otra vez era siempre lo mismo. En realidad estaba casi convencido de que todos los que se habían unido a la Hermandad era por la misma razón: sus ideales de la preservación de la sangre pura. Unos ideales que no compartía. Pero¿acaso importaba? Su razón era distinta, y con aquello le bastaba. Por primera vez en muchísimo tiempo, le parecía una eternidad, había sido capaz de descansar sin temor a la muerte. Aquello, luchar por aquello, le parecía suficiente.

Volvió a tragar otra cucharada. De reojo observó a su compañero y hermano, su único amigo dentro aquella casa oscura. Observó como leía impertérrito, sin prestar la menor atención a su alrededor… aunque también sabía que pensar aquello era un error, un grave error. Draco, aún cuando estaba centrado en la lectura, era capaz de reaccionar ante cualquier movimiento desviando repentinamente su atención. Y, no sólo él, sino todos aquellos que habían logrado sobrevivir más de dos meses entre misión y misión. "Si todos fueran iguales, serían un ejército invencible." pensó desviando de nuevo la mirada.

- ¡Malfoy!- dijo un hombre que no conocía dirigiéndose hacia ellos.- Reunión. Ahora. Tú y Potter.

El chico, dejando todo cuanto hacía, se levantó dirigiendo una severa mirada Harry quien, intrigado y con un último sorbo, le imitó. Ambos, siguiendo al recién llegado y alejándose del comedor a paso rápido, se mantuvieron en un disciplinado silencio.

Cruzaron un par de puertas custodiadas por lúgubres antorchas hasta llegar a una tercera medio abierta. Tan pronto como entraron en la habitación, ésta se cerró.

Estaban en una sala no muy grande, quizá antaño había sido una habitación de descanso aunque por su tamaño más se asemejaba a una pequeña biblioteca con ahora una única alfombra negra y un grupo de velas esparcidas a lo largo de cada pared. Harry se dio cuenta que, a su alrededor, cinco hombres cubiertos por negras capas le miraban desde la oscuridad. Se sintió algo inquieto por la fiereza que había tras aquellos ojos invisibles, no le preocupaban, pero no podía evitar que sus nervios se tensaran manteniendo sus sentidos alerta. Sin embargo, a pesar de la tensión del ambiente, todos se inclinaron y arrinconaron al aparecer una solitaria figura desde la otra punta de la sala. Los dos chicos no tardaron en imitarlos.

- Bienvenidos.- dijo con un susurro perfectamente audible.- Mis fieles mortífagos, descubríos ante vuestro señor.

Todos, sin excepción, dejaron caer la negra ropa que escondía sus identidades y levantaron la mirada hacia su amo. Harry no tardó en reconocer a tres de ellos: Dolohov, Rookwood y Nott. Había otro que tenía cierto aire familiar, pero no lograba…

- Bien, ahora entremos al tema.- los hombres se reincorporaron con expresiones firmes y resueltas.- Pero antes…- dirigió su mirada hacia los dos chicos y simuló lo que parecía una sonrisa. Agarró su varita y, con un susurro, invocó una pequeña araña que más tarde agrandó. El bicho, una creación mágica, se mantenía estático bajo la fuerza del Lord, obedientemente posado en su mano.- Mátala.

Harry, con una oleada de horror, se dio cuenta de lo que le estaba pidiendo. Se mantuvo estático, a pesar de que podía sentir todas las miradas clavadas en él sin piedad alguna, los ojos de su señor, rojos e inclementes, le apremiaban y fustigaban, instándole a hacer lo que le había ordenado.

Temeroso, guiado por una poderosa fuerza que le obligaba a coger la varita entre los pliegues de su ropa, apuntó a la araña sin conseguir despegar la vista de ella. Era incapaz de pronunciar las palabras a pesar de conocerlas tan bien. No era capaz de abrir la boca, demasiado asustado, demasiado horrorizado.

- ¿A qué esperas?- siseó con una nota de advertencia.- Mátala.

Todos sus pensamientos se dispersaron dejándole inmerso en un océano oscuro, sin salida, sin escapatoria. Un escalofrío le sacudió haciendo que su pulso temblara. Era incapaz.

"Vamos" imaginó que estaba diciéndole en silencio su hermano. "Vamos, no dudes". Cerró unos instantes los ojos intentando recuperar el control, pero las palabras tan cercanas y lejanas a la vez parecían ser rechazadas incluso por su mente, como si no quisiera recordarlas, como si todo su cuerpo intentara alejarlas de él usando hasta el último recurso. Sin embargo, el peligro de aquella rebelión podía llevarle en una situación mucho peor, además… no era más que una araña, un insecto… ¡ni siquiera era real! Sólo una creación de la magia… sólo una existencia ficticia…

- ¡Avada Kedabra!- gritó en un acto reflejo, como si de aquello dependiera su vida, como si no tuviera otra salida.

La criatura, impulsada por una fuerza maligna, nacida de la muerte, cayó inerte hacia atrás con un sordo golpe en el suelo, estática…

El Lord sonrió complacido.

- Los dos estaréis bajo el mando de Jugson. Salís dentro de una hora, así que preparaos.

Draco, tras una última reverencia, agarró al chico quien apenas era capaz de reaccionar, y le arrastró fuera la habitación a sabiendas que con su partida empezarían a preparar los planes de salida.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Cerró la puerta.

Sin pararse a observar a su joven hermano, se apresuró a abrir el armario y empezar a escoger la ropa oportuna. No le hizo falta echarle un vistazo, no lo había hecho en todo su recorrido, su silencio y ausencia en el paso había sido suficiente. Maldito fuera… ¿acaso no había sido ése su deseo¡¿Por qué debía preocuparse ahora por él! Él lo había decidido, lo había querido… ¡él se lo había buscado!

Escogió el mismo conjunto que había cogido antes en su habitación, y lo lanzó encima la cama.

Harry permanecía estático al lado de la puerta, con la mirada perdida en el horizonte. Pálido, con una expresión que parecía el rastro del terror…

- Maldito seas…- susurró mientras agarraba furiosamente su vestimenta y salía de la habitación. Le era imposible vestirse con alguien en ése estado a su lado.

Golpeó la puerta con fuerza y se quedó unos instantes estático al otro lado de la entrada.

Podía verse reflejado en el espejo, con aquella ropa de nuevo entre sus dedos… Sintió asco.

- ¿Qué haces, Draco¿Por qué has vuelto?- se dijo a media voz.

Bajó la mirada hacia la suave tela negra. Pantalones negros, camisa negra, túnica negra… incluso las botas eran negras. No había nada que fuera de color, nada que no fuera aquél no-color, todo oscuridad. La máscara, plateada y fría, un falso rostro de la muerte que avecinaba a la víctima su destino, su horrible final.

Sonrió con amargor.

- Está bien…

El joven mortífago restaba inmóvil, en el mismo lugar. Carraspeó al mirarle.

- Vamos, no tenemos todo el día.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Un grupo de unos veinte hombres se acumulaba en la entrada, terminando con los últimos retoques.

Draco estaba terminando de pintar a su hermano. Con un lápiz de ojos negro, dibujó una fina línea alrededor del ojo, y Harry terminó de recogerse el pelo en su ya acostumbrada coleta. Junto a ellos, un par de hombres terminaban de colocarse la túnica y asegurarse las varitas, el elemento más importante.

- Suerte que ya no llevas gafas…- dijo terminando de perfilar el ojo izquierdo. Observó con mirada crítica su trabajo y, tras su aprobación, cambió el lápiz por dos máscaras de reluciente acero.

- ¿Estáis listos?- preguntó el hombre llamado Jugson que Harry ya recordaba haberle visto en el Ministerio en quinto cuando él y sus ami… y los otros habían ido en una misión estúpida. Se sorprendió al verle completamente recuperado¿y la cabeza de bebé? Pero, al parecer, el hombre sí le recordaba.- Andando.

Todos los que antes habían permanecido en la entrada hablando y moviéndose, tras recibir el aviso de su dirigente, se pusieron en marcha hacia el exterior de la casa en grupos de cinco.

- Nuestro destino es el Callejón Diagón.- dijo mientras andaban ordenadamente por el yermo campo.

Draco le pasó la máscara y, siguiendo sus movimientos, se la colocó haciendo que su tacto frío le hiciera castañear. Terminó de sujetarla con la capa y se aseguró que ésta le cubría al completo.

- Las condiciones del terreno van a ser de nieve y bajas temperaturas. Además, nos han alertado de densa niebla, así que no os confiéis demasiado.- siguió explicando al igual que los demás jefes de grupo.- Entraremos por el extremo norte. Nuestra misión es de distracción y refuerzo.

Dejando atrás a la mansión, los grupos se internaron en el vástago bosque cuyas ramas, tortuosas y oscuras, poco a poco se iban cubriendo con un frío hielo que, cuanto más adentro, más grueso se convertía hasta que la nieve se agrupaba a él, cubriendo unos árboles más verdes y vivos.

- Coordenadas: 2 puntos al norte y 1,5º sur. A mi señal.- dijo haciendo una silenciosa señal a los demás grupos.- ¡Ahora!

Harry, al igual que los demás que le rodeaban, se centró en la imagen del Callejón Diagón. No era capaz de entreverlo con el aire navideño, todo cubierto de blanca nieve y aromas de pan recién hecho, sin embargo su esencia enseguida le cubrió como una manta cálida y agradable. Se aseguró de añadir las coordinadas que le había dado su superior, y se dejó llevar por las cálidas llamas que le rodearon con una vitalidad que le sobrecogió.

Apareció rodeado por furiosas llamaradas rojas y naranjas, sorprendiendo a sus compañeros de equipo, como un fénix renaciendo de sus cenizas. Sólo Draco se mantuvo inalterable a su lado, con su poste firme y seguro, aunque sonrió al ver la reacción de los demás ante la impresionante de Harry. ¿Sabía su hermano que sólo él y su señor tenían aquella impactante aparición?

Jugson, tras recuperar su mando, les hizo una señal silenciosa a sus cuatro subordinados, y encaminó silenciosamente hacia un recodo escondido entre las sombras. No le había gustado que Potter estuviera bajo su cuidado, el nuevo juguete de su señor, pero ahora que había visto aquella increíble aparición había sonreído para sí mismo. El pequeño, aunque no había olvidado la treta que le había hecho junto con aquellos otros asquerosos mocosos, era poderoso… empezaba a ver el plan de su señor.

Durante siete minutos, permanecieron silenciosos escondidos en el estrecho callejón sin salida. Ninguno de ellos se atrevió a abrir la boca, tan siquiera para preguntar, estáticos y a cubierto de cualquier mirada. La temperatura resultó ser mucho más baja de lo que habían pensado. No debían ser más de las diez y seguramente no llegaban a los dos grados bajo cero que aún empeoraba más con aquella húmeda niebla y la helada nieve que cubría sus botas de piel entumeciéndoles los pies. Harry tuvo que agradecer que la magia lo protegiera con tanta efectividad, de no ser por ella ya haría rato que hubiese muerto de congelación.

- Es la hora.- dijo al cabo Jugson tras sentir un pequeño escozor en el antebrazo, escozor compartido por todos menos el joven mortífago.

Los tres hombres les adelantaron con su jefe en cabeza, dejando la retaguardia a los dos chicos quienes avanzaron siguiendo sus pasos.

- No te separes de mí. Pase lo que pase.- susurró Draco agarrándole del brazo con fuerza.

Jugson levantó el brazo con la varita y apuntó a una tienda que había al otro lado de la calle. En un abrir y cerrar de ojos, lo que antes había sido un agradable establecimiento con flores y plantas adornado con velas de colores, de repente se convirtió en un furioso torbellino de llamas y humo. Los gritos no tardaron en llegar.

Todos agarraron las varitas y fueron directos hacia al medio de la calle, donde la gente, en lo que antes había sido un movimiento de socorro y ayuda, ahora empezó a correr y chillar asustada por su tenebrosa presencia. Los hombres rieron ante el miedo que inspiraban, sintiendo el poder que les otorgaba el terror. Risas que no fueron compartidas por los dos chicos, uno asqueado y el otro demasiado impactado como para terminar de comprender lo que estaba haciendo allí.

Lo que antes había sido una calle tranquila y navideña ahora se levantaba como un mar de fuego y terror, la destrucción escampándose por doquier como una plaga infecciosa que provoca ruina con su presencia.

Draco, tenso e inflexible, agarró la manga de su pupilo y lo arrastró hasta la calle principal.

- Oye… ¡Harry, escúchame!- exclamó Draco por encima el ruido zarandeándole con violencia.

Los gritos parecían un sonido ajeno a ellos, un añadido grotesco a toda aquella función. El chico miraba impactado todo aquél revoltijo de gritos, miedo, explosiones y, algo más lejanas, risas absurdas que se levantaban junto con un mar de chillidos incomprensibles. Por un momento pensó en huir, en escapar de allí. Pero la voz de Draco consiguió hacerle regresar de entre aquél caos, convirtiéndose en lo único inalterable y estable, lo único que parecía ser capaz de detener aquella locura.

- ¡No podemos quedarnos aquí!- bramó indicándole a los tres hombres quienes entraban ahora en una pequeña cafetería en aquellas horas llena de gente.

- ¡Les van a matar!- gritó alarmado echando a correr.

- ¡Espera, detente!

El chico corría desesperado, impulsado por algo más allá de sus deseos, por una fuerza nacida del horror… el horror a la sangre. ¿Por qué? Con sólo ver el color rojo y la textura de las salpicaduras en el suelo su cuerpo se erizaba con repugnancia. Aquello no era lo que buscaba… ¡aquello no era lo que él quería! Se había jurado… se había prometido a sí mismo que sería él quien escogería su destino, quien decidiría sus actos, sus cometidos… pero ahora todo se estaba escapando de control, removiéndose en un caótico torbellino de muerte y destrucción. ¿Qué podía hacer? Correr desesperado hacia aquellos tres hombres con la mente confundida y sin saber muy bien qué hacer no era la mejor solución. Sin embargo…

"Hay gente inocente… gente que no tiene nada que ver…" se dijo angustiado. Pero su propio razonamiento le contradijo¿gente que no tiene nada que ver? Él tampoco tenía porqué estar sufriendo por los demás¿por qué entonces eran ellos distintos¿Por qué morir él era lo correcto¿Por qué el destino lo había decidido así, por qué los demás sí tenían derecho a vivir?

Detuvo su carrera en la puerta. La gente que poco antes había estado tranquilamente sentada en la cálida estancia ahora se mantenía asustada en un rincón, padres protegiendo a sus hijos, niños llorando… algunos habían caído ya, la mayoría desmayados. Los tres hombres reían lanzando mesas por el aire, quemando cortinas, derrumbando estanterías, riéndose cruelmente y sin remordimiento alguno del miedo reflectado en aquellas caras pálidas y sudorosas. Al parecer, los más atrevidos y valientes se habían arriesgado enfrentándose a los intrusos, sin embargo lo único que consiguieron no fue más que caer presa de la crueldad.

Uno de los tres, impulsado en un resorte de salvaje diversión, se acercó al reducido grupo con la varita en alto, riendo ferozmente al verse reflejado en los acuosos ojos de un pequeño niño medio escondido bajo el abrazo de su madre. La mujer, con un grito desesperado al sentir como la magia arrebataba a su hijo de su lado, se lanzó amenazadoramente contra el hombre, siguiendo sus mismos trucos de magia. Aún así, a Harry no le hizo falta saber el resultado de aquella insignificante batalla. La bruja estaba haciendo un último acto de supervivencia, lo tenía todo por perder, nada que ganar. Si conseguía derrotar a su agresor, los otros dos se lanzarían igual contra ella, no iba a salir viva de allí. En cambio, el hombre lo tenía todo a ganar, nada que perder, nada que proteger…

Cerró los ojos apartando la cabeza a un lado.

- ¡Cruciatus!- exclamó eufóricamente el mortífago entre el ruido.

El grito de la mujer arrancó ruidosos gritos del pequeño quien, a pesar de que otro muchacho había intentado retenerlo, fue directo hacia su torturada madre. Otro de los hombres lo retuvo levantándolo del suelo y haciéndolo levitar sin piedad. Los que se habían mantenido estáticos se levantaron temblorosos dispuestos a luchar. Pero no eran más que niños y mujeres de avanzada edad que apenas conseguirían otro asalto. Jugson rió al presentársele la ocasión.

- ¡Basta!

Harry abrió repentinamente los ojos. El bramido había venido de detrás.

Malfoy apretaba los puños con fuerza, la mirada era feroz y salvaje, muy lejos de la que él conocía, una mirada indiferente y fría, casi incapaz de sentir nada por nadie, incapaz de sentir compasión por nadie. El grito, a pesar de que él había podido escucharlo con perfecta nitidez, apenas había conseguido sobrepasar el ruido que inundaba el caos. El chico ni siquiera le miró, decidido, llevado por una rabia que no alcanzaba a comprender, empezó a andar resueltamente y con rapidez hacia los alocados hombres quienes parecían estar cegados por una euforia enfermiza.

Una explosión detuvo sus pasos y la diversión de los hombres. La pared con ventanas que daba al exterior había desaparecido bajo una montaña de escombros. Al otro lado unas imponentes figuras cubiertas por capas se levantaban impecables como verdugos justicieros.

- Bien… eso promete…- dijo Jugson desviando su atención con una forzada sonrisa.

Los dos hombres dejaron lo que hacían por encararse a los bienvenidos con las varitas en alto y aquella loca alegría a flor de piel.

Las cuatro figuras entraron decididas en la destrozada cafetería. Vestían largas túnicas que cubrían sus rostros e identidad. La que llevaba una reluciente capa rojo vino se acercó a Jugson y empezó su lucha sin esperar a su señal. Los otros, como si hubiesen recibido su contraseña de inicio, se lanzaron feroces al combate, haciendo temblar los derruidos cimientos.

Harry, siguiendo sus desarrollados reflejos, se protegió con un precipitado escudo de su contrincante quien se lanzó con ferocidad contra los dos chicos. Apenas sin tiempo para pensar, el atacante volvió a arremeter contra él con un potente stupeffy que con suerte esquivó. Con el reflejo de la explosión del otro combate que se había resguardado en la destrozada tienda, el chico entrevió un par de ojos azules que brillaban ferozmente entre mechones de un rubio plateado.

- ¡Apprego!- exclamó el individuo durante los breves momentos en que se había mantenido estático.

Una mano le obligó a lanzarse contra el suelo.

- ¡Stupeffy!- respondió su aliado.- ¡Sal de aquí!

A su lado, Draco se incorporaba con un resorte enviando de nuevo otro hechizo que obligó a refugiar al enemigo tras un par de mesas volcadas.

- ¡Puedo luchar…!

- ¡No! La magia negra no va a salvar a nadie, ni siquiera a ti. ¡Vete!

- ¡Ni hablar!- bramó levantándose resueltamente.

- ¡Harry…!- exclamó en un vano intento de agarrar al chico.

Harry levantó la varita con fuerza mientras, con el mismo movimiento, esquivaba un hechizo desarmador lanzado desde la otra punta de la estancia. Dejó que la energía fluyera por su cuerpo con vitalidad y la expulsó con fuerza hacia aquella escurridiza figura. El impacto hizo que lo que quedaba del edificio terminara por saltar por los aires con una poderosa explosión.

A duras penas, ayudándose con los escombros y tosiendo por el polvo que levitaba aún en el aire, el chico logró incorporarse sucio y magullado. Se maldijo a sí mismo por el resultado, si no hubiera estado tan confundido y nervioso… había gastado más energía de la necesaria.

Tras él, Draco volvía en sí. Observó a su alrededor y sólo encontró las miradas sorprendidas y maravilladas de sus compañeros. Quiso sonreír, se sentía fuerte, impresionante… pero los gritos que siguieron a la quietud le helaron. A su redonda un círculo de destrucción se había levantado en una ola de pánico y desesperación.

- ¡Fleur!- exclamó uno de los desconocidos encapuchados lanzándose desesperado hacia la figura que permanecía inconsciente justo donde momentos antes se había refugiado su contrincante.

"¿Fleur…?" repitió para sí mismo. El individuo se descubrió la cabeza dejando a la vista un reluciente pelo cobrizo… Pelo rojo… ojos azules, un pendiente en forma de colmillo… "No puede ser…"

El chico, de unos veinte-y-seis años, se levantó con la cara helada, inexpresiva, completamente endurecida. Sus ojos no reflejaban ningún sentimiento u emoción, sus facciones, firmes y bien proporcionadas, se contrajeron en una terrible mueca de odio y rabia mirando fijamente a Harry, quien había enmudecido de repente, incapaz de reaccionar ante la situación.

Uno de sus compañeros se acercó a él agarrándole del brazo, diciéndole algo que no logró escuchar.

- ¡Bill!- gritó al ver que, con un bramido de cólera, el chico se lanzaba directo contra el joven mortífago.

Draco, en un impulso, apartó a Harry con un codazo y obligó al desesperado Weasley a entablar la lucha con él, alejando a su compañero de la terrible batalla que se desencadenaba y la cual por su falta de reacción enseguida supo que no iba a ganar. Recordaba el nombre, Fleur… la chica de Beauxbatons, la misma que había participado en cuarto en el Torneo de los Tres Magos, la misma que había saludado a Potter en aquella Navidad. ¡Maldito fuera el destino! Sólo le faltaba aquello…

Un grupo de encapuchados se acercaron a ellos rodeándoles, todos ellos con el mismo dibujo gravado en la capa, una "A" roja dentro de un rombo plateado bordada en la parte derecha, encima del corazón.

La onda expansiva del hechizo desarmador desvió su atención hacia su izquierda. Draco, con un corte encima la ceja que le imposibilitaba ver con el ojo zurdo, respiraba agitadamente.

- ¡Maldito cabrón!- bramó Bill apuntando ahora a Harry.- ¡La has matado!

Harry le miró sin ser capaz de reconocerlo, sin llegar a reconocer nada de lo que le rodeaba, demasiado confuso y descolocado como para llegar a imaginar de qué iba todo aquello, como si no fuera más que una grotesca comedia de una pesadilla, una larga y tediosa pesadilla.

- ¡Avada…!- gruñó con odio.

- ¡No, Bill!

- ¡…Keda…!

- ¡Stupeffy!- exclamó Malfoy quedamente.

Los hombres que permanecían con las varitas en alto reaccionaron en un único grito unísono y perforador que apagó las voces de los otros individuos que habían ocupado anteriormente la cafetería en misión de rescate.

Como si el tiempo se hubiera alentado, Harry observó como decenas de rayos rojos salían de las varitas directos hacia ellos con un color abrasador. Draco apenas era capaz de reaccionar tras haber lanzado el hechizo que dejó inconsciente al enfurecido Weasley. Los tres hombres empezaron a crear un escudo que apenas conseguiría algún efecto contra tantos ataques conjuntos. Mirara como lo mirara, el futuro de aquello estaba ya definido: iban a caer.

Por un momento, Harry apartó de él todo pensamiento para dejar lugar al instinto de autoprotección, un instinto que no diferenciaba amigo de enemigo, compañero de desconocido… sólo existía él y el peligro.

Extendió las manos hacia los lados lentamente, siguiendo la misma velocidad que el tiempo, dejando que sus dedos se extendieran hacia el infinito, captando cada partícula del aire, cada molécula. Cerró los ojos y, de nuevo, se dejó llevar. Podía sentir la salvaje magia que le rodeaba, la fiereza y brutalidad que impactaba contra él cada vez que reducía su concentración, su control sobre ella, podía captar el júbilo y regocijo que provocaba su debilitamiento en aquella fuerza, como si aquello supusiera una victoria sobre su domador, su maestro, una oportunidad para escapar y aplastar, para destruir. Y eso Harry no podía permitirlo. Sin embargo, mantenerla cautiva también era arriesgado, así que había encontrado la solución. No debía controlar su forma ni su flujo, sólo liberarlo cuando necesitara de él, dejarle fluir hasta tener suficiente y, entonces, cortar la salida volviendo a encerrarlo en cautividad.

Una inmensa fuerza se expandió más allá de su carne, más allá de sus dedos extendidos, comprimiendo todo aquello que se encontrara en una rotonda de más de cien metros y aplastándolo contra el suelo con tal intensidad que el aire escapaba de sus pulmones. A tiempo consiguió percatarse del nuevo giro de la situación advirtiendo, a tiempo, que aquella energía también afectaría a sus compañeros de equipo y, aunque en aquellos instantes ninguno de ellos le pareció que mereciera de su cuidado, terminó por imponer su voluntad en la magia, debilitándose al hacerlo, obligando al poder a dejar impunes a aquellos que se mantenían afines a su condición.

El tiempo volvió a moverse con normalidad. Aquellos que momentos antes apuntaban inclementemente hacia el reducido grupo de mortífagos ahora restaban inconscientes al suelo, incapaces de comprender qué había sucedido, incapaces de comprender la fuerza que les había vencido cruzando las fronteras del espacio y el tiempo.

- Increíble…- dijo uno de los hombres acercándose a uno de los caídos, moviéndole con la punta del pie.

Harry suspiró con cansancio. Un escalofrío endureció sus facciones al percatarse de la débil capa cálida que ahora le protegía del frío. Si no hubiera protegido a aquellos inútiles ahora no se encontraría tan bajo de reservas. Sin embargo, dudaba mucho que haberlos dejado caer hubiera servido para algo más que su satisfacción. Quizá sólo uno merecía de su preocupación…

- ¿Estás bien?- preguntó endureciendo tanto como pudo su voz aunque debía hacer todo los posible por evitar expresar sus emociones que afloraban con intensidad. Sentía una profunda desesperación y tristeza al recordar lo último sucedido, había atacado a personas que conocía, que apreciaba… pero, al mismo tiempo, se sentía eufórico. Eufórico por el poder que acababa de usar, por la fuerza que había demostrado tener, por el placer que le causaba haber sido capaz de derrotar a una veintena de aurores de un solo movimiento. ¡Era poderoso¡Nadie podía detenerle, ahora!

- No son más que aurores…- gruñó el otro apuntando con la varita a uno de los caídos.

- Detente.- ordenó cortante el chico.

El hombre giró la gran cabeza hacia Harry, intrigado. El chico le miraba con helor y superioridad, con una ira que se reflejaba en sus ojos y, aunque todos pudieron percatarse de la tensión, ninguno de ellos fue capaz de abrir la boca en contra. Nadie excepto el mismo que seguía retándolo con la mirada.

- ¿Es una orden?- gruñó con grosería.

- Una amenaza.

- Dock, contrólate, no estamos aquí para entretenernos con nenazas.- secundó Jugson cortando las miradas de los dos mortífagos. Se sorprendió al sentir respeto y precaución en sus palabras y movimientos, como si aquél mocoso pudiera llegar a infundirle algún tipo de temor. No había sido capaz de ver muy claramente lo que acababa de suceder, lo que un segundo antes parecía una derrota se había convertido en una aplastante victoria y, el centro y causante de todo aquello no era más que la nueva incorporación: Potter. Debía ir con cuidado, algo le decía que no debía jugar con él, era peligroso. Estaba convencido que de haber querido el chico los hubiera dejado caer como los demás, sin embargo, por algo que no alcanzaba comprender, había optado por protegerles. ¿Afinidad? Lo dudaba. Fuera como fuese, el chico los había salvado y, por algún motivo, su instinto le decía que el poder que había demostrado no era más que una pequeña parte del total. De no ser imposible, hubiera jurado que llegaba a la altura de su señor…

Jugson echó a andar expulsándose el polvo que cubría su túnica, pasando al lado de los derrotados aurores con cuidado a no pisar ni un solo pelo. Potter había demostrado tener cierto interés y preocupación por aquellos que acababa de aplastar, así que mejor era no probar hasta qué punto podía llegar su interés. El otro hombre, tras recoger su varita, siguió a su jefe no sin antes dar una buena colleja al llamado Dock, quien gruñó en respuesta.

Harry esperó a que Draco pudiera ponerse en pie, sin decir palabra, silencioso y paciente, escondido tras una máscara de frío poder y susceptible ira. No le ofreció ayuda, sabía que no la iba a aceptar. En vez de esto, tan pronto como pudo empezar a moverse, siguió los pasos de los demás por entre los cuerpos y las ruinas.

Matar o ser matado, allí estaba la respuesta. Se juró, al terminar de cruzar la frontera de cuerpos, que nunca más volvería a dudar. No iba a ser matado, se protegería, iba a sobrevivir… pero, de la misma forma, no iba a matar. Nunca más. Mientras estuviera en su mano, entre sus posibilidades, no permitiría que nadie más muriese frente a él. Había escogido su camino. Él, y sólo él, decidiría qué y cómo actuaría. Si conseguir aquél grial significaba herir, lo haría, sin dudar, sin pensar. Era Harry Potter, un mortífago por necesidad, un poderoso mago por voluntad. Era un superviviente.