¡Bienvenidos de nuevo! Reviews:

Paty: no, recuerda que Harry llevaba la máscara puesta y, aunque sus ojos sí fueran visibles, con la capa y toda la vestimenta (y tb teniendo en cuenta la situación), tanto Bill como los demás no pudieron identificarlo. De ser tan simple, siempre habrían podido saber quienes se escondían tras las máscaras¿no te parece? (al menos, aquellos con quienes tenían más contacto en la vida diaria). Jejejejejeje, bueno… su filosofía sigue siendo muy ingenua e infantil. Proteger a la gente desde su posición… es una utopía. Sin embargo, así he definido a mi Harry, así que poco a poco irá comprendiendo su propio código y actuará según él. Bueno, a ver qué me dices de éste capítulo! Nos vemos, chica!

garry: feliz año a ti también! Hasta pronto!

Blackcat: pues no te enamores mucho de él pq es mío! XDDD Me alegra ver tu review, ya lo sabes. No es lo mismo hablar contigo k ver tu mensaje por aquí… Gracias, amiga! Venga, hasta pronto!

FFMania: ale, la otra! Una a por Harry y la otra a por Draco… ¿y yo k? En fin… besos, chica, y ya nos veremos. ;)

Lladruc: sembla k tothom vagi estressat, per akestes èpoques, eh? Jo demà tinc un examen i aquí estic XDDD Realment com un llum. Però volia penjar el capi abans, o sinó no hi ha forma posible de treure-m'ho del cap! Ais… i sí, tinc algo preparat. MUAJAJAJAJAJAJAJA! Apa, ja ens veurem! Bye!

Nigriv Guilmain: anda, hola! Cuanto tiempo! No creas que me he olvidado de ti, sólo que escribir el fic es lo único que puedo hacer de vicio (bueno, leer mangas y ver anime aparte). Qué tal todo? Pareces algo estresada (como todo el mundo XDD), pero oye, tómate algo de tiempo para respirar, que la tensión sólo lleva dolores de cabeza donde no los hay. A tus preguntas (diox, no son pocas):
Harry sí, está inválido. Sólo que gracias a la magia es capaz de moverse con normalidad aparente, aunque esto significa un gran desgaste de energía a fin de día. Aún así, cada vez va perfeccionando mejor su control de forma que puede realizar casi cualquier movimiento como si estuviera al 100 x 100 de sus facultades físicas.
Bueno… Harry a veces actúa siguiendo su instinto, o incluso sin ser consciente de él. A lo largo del fic se han ido viendo situaciones donde actúa por impulsos inconscientes, de forma que para él pasa un tanto desapercibido. El hecho de que haya llevado consigo a Malfoy, además del razonamiento que puse en el capítulo, también se ve aquí. (que conste que no está puesto expresamente en éste capítulo)
Lo de la varita, bueno, como bien has dicho, Draco sin ella está "indefenso" (supongo que ya habrás visto que no es del todo cierto), así que para Harry esto supone una oportunidad para tomar riendas y jugar sobre seguro. Ten en cuenta que aún no confía en él.
Lo de la poción multilengua… no creas que es un error, en realidad tiene un porqué. Sin embargo, no esperaba ponerlo hasta más adelante, pero debo decir que no es algo importante sino más bien un pequeño punto casi insignificante. Así que no afecta en la resolución de la historia el hecho que te lo diga ahora: la cantidad de poción que se toma (al menos en el caso de la multilengua) influye en la duración de ésta. Es decir, si se toma tres, su acción será menor que con cuatro. Con esto, Harry se asegura de que Malfoy necesitará de él cuando todo termine, no es más que un seguro o precaución.
A lo del título… verás, me gusta que los nombres de los capítulos (osease sus títulos) tengan referencia en el contenido. Bueno, supongo que es algo obligatorio. Aún así, no estoy de acuerdo en que el nombre se identifique en el principio de la historia, así que prefiero jugar con él moviéndolo tanto por el inicio como en el final. Y si te fijas bien, verás que no es hasta la última frase casi, cuando ambos llegan en los territorios de la escuela, escondidos bajo la noche, viendo la sombra de Hogwarts. He aquí el nombre. ;)
Bueno, no recuerdo si habías preguntado más, la verdad es que leí tus dos reviews (muy emocionada, cabe decir) cuando se publicaron. Así que hace ya un tiempo. Sin embargo, responderte era lo menos que podía hacer por ti viendo tus preguntas tan largas y elaboradas. Espero que te haya quedado un poco más claro todo éste tema.
Ojalá puedas seguir leyéndome, me hace muy contenta. Me habría gustado seguirte, pero he tenido que dejar todas mis lecturas de fics tanto por tiempo (o escribo o leo (y aunque te parezca mentira, tardo más leyendo que lo otro debido a que me engancho con más de uno a la vez)) como a por miedo de que me espoleen o influyan en mi propio fic. Quizá, cuando lo termine, vuelva a ponerme de lleno en lectura… En fin… gracias por pasarte por aquí! Que te vaya todo muy bien, chica! Bye.

Uff uff… Esta vez no voy a poner freetalk. Mañana tengo un examen, aún no he hecho la comida, y tengo la cama sin hacer. Así que, si me disculpáis, me despido de vosotros por hoy y os deseo una buena lectura. :)
Suerte con los exámenes!

-Ithae-


Capítulo 23 – Guardar un secreto

- Habéis hecho un buen trabajo, mis queridos hermanos.- dijo entre exclamaciones.- ¡Y aquí tenéis la recompensa!

Los gritos retumbaron por entre las cuatro paredes al unísono al ver la sorpresa que se presentó al abrirse las puertas del comedor.

Chicas.

Quince bellezas entraron en el salón todas ellas vestidas con trajes de seda roja, escotes profusos y bonitos collares de perlas negras. Sus melenas caían como cascadas de colores sobre sus hombros, realzando su esbelta figura y sus temblorosos y delicados cuerpos. Parecían afroditas en medio de una manada de lobos hambrientos. Y frente a todas ellas, su reina. Una despampanante Bellatrix brillaba con el orgullo de los Black. Vestía un magnífico vestido de seda negro largo que casi rozaba el suelo. El escote apenas era capaz de esconder sus bien moldeados pechos, incluso su espalda quedaba a la vista llegando justo al final de la columna, insinuando un trasero tieso y perfecto.

Con una seductora sonrisa y una ligera inclinación de respeto y adoración a su señor, dio la señal a sus pupilas para que entrasen en la sala dispuestas a hacer disfrutar de aquella fiesta de lujuria.

Harry ignoró el odio que había nacido con sólo verla y, moviéndose entre la multitud, consiguió escapar de allí.

El ruido de la fiesta que justo ahora empezaba iba ahogándose entre el silencio de la mansión.

Bostezó.

Estaba cansado. Había hecho un gran trabajo durante la misión, y aquello había terminado por desgastarle. Incluso la cena le había parecido agotadora, comiendo lo poco que su estómago era capaz de engullir. No iba a disfrutar de la "magnífica" compañía que le esperaba en el salón, como los otros cinco que hacían guardia alrededor de la mansión, Harry había decidido que había tenido suficiente por aquél día. Además… siendo sincero consigo mismo, le ruborizaba la idea de quedarse para ver los futuros desnudos que iban a jugar aquellas chicas.

Llegó frente a su habitación, entró, y cerró la puerta tras él. No dudó en cambiarse y meterse de inmediato en la mullida y agradable cama.

De un salto, giró sobre sí mismo vomitando lo poco que tenía en su estómago al suelo. Incapaz de detener aquellos dolorosos espasmos, dejó que su cuerpo expulsara todo cuanto tenía contrayéndose en agonía.

Temblaba violentamente.

Sus facciones, ahora pálidas y con un deje amarillento, estaban sudadas y tensas. Acurrucado en la cama contra la pared, como un niño que despierta de una pesadilla, Harry se agarraba con una fuerza desesperada, abrazándose y acunándose, solo entre las tinieblas. Escondió la cabeza entre las rodillas y no evitó que un torrente de lágrimas descontroladas salieran con dolor.

Le dolía el corazón. Sentía como todos sus músculos se agarrotaban y tensaban con las convulsiones, como sus latidos se volvían irregulares. Todo su ser se estremecía entre el sufrimiento más cruel y despiadado: la conciencia.

- Fleur… Fleur… Fleur…- su nombre salía de entre sus labios con agonía y dolor, como si llamándola pudiera provocarle algún tipo de calma o bienestar.

Así pasó toda la noche, compadeciéndose de sí mismo, internándose en un mar de dudas y agitaciones, incapaz de conciliar el sueño, incapaz de perdonarse a sí mismo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Mantenía sus facciones duras y frías, sin que fueran capaces de mostrar sus verdaderas emociones, cerradas tras un fuerte muro de plomo y hormigón. Ningún rastro había en él que diera a pensar sobre lo ocurrido durante aquellas noches.

Llevaba ya tres días sin dormir. Pasando el reposo en vela, agachado en un rincón de la habitación, repitiendo una y otra vez la imagen del asesinato. Y, por la mañana, volvía a levantarse como si nada, cubierto por aquella imagen que había terminado por adoptar, una imagen de fuerza y poder, imperturbable.

Encajó el golpe de su instructor y volvió al ataque.

Paso a la derecha, amago hacia la izquierda, defensa, defensa y patada. Voltereta, defensa, agacharse, defensa, puño y remate. Mal, un golpe en los gemelos se lo indicó, había abierto demasiado pronto su defensa. No se dio tiempo a protestar.

Puño, defensa, patada derecha, giro, patada izquierda, giro, defensa y puño con voltereta.

La velocidad del combate se aceleró haciendo que su memoria de los pasos se volviera algo imposible, ahora sólo los instintos podían defenderlo.

Giró sobre sí mismo a tiempo de recibir un poderoso golpe en el estómago, se defendió con el antebrazo derecho a la vez que devolvía el ataque con una arriesgada patada con la izquierda con el objetivo centrado en la cabeza. No llegó a darle. Siguiendo sus sentidos, se lanzó hacia atrás haciendo una controlada voltereta, y volvió a girar para, acto seguido, lanzar el puño contra su cara. De nuevo fue detenido. Rietstap sonrió viendo la victoria, iba a golpearle ahora que sus defensas eran bajas y su reacción sería demasiado lenta, pero no esperó a que el chico se lanzara con todo su peso contra el hombre en un ataque improvisado. El impacto contra el suelo le expulsó todo el aire de los pulmones, incapaz de contraatacar durante un par de segundos.

Harry se hizo a un lado preparado para el violento ataque que recibiría y que, al final, no llegó.

- Bonita improvisación, Potter.- dijo el hombre levantándose con la mueca de una sonrisa algo forzada.- Hemos terminado por hoy.

El chico hizo una respetuosa inclinación y se alejó del área de lucha, una zona de poco más de once metros cuadrados con una fina colchoneta que apenas servía para amortiguar las caídas. Se puso los calcetines y zapatos, y aguardó a que Draco terminara con su instrucción.

Le fascinaba el modo de lucha de su compañero. A diferencia de él, Draco se movía con mucho más sigilo y precisión, actuando como un experto felino frente a una presa. Sus movimientos, serenos y calculados, se mostraban pacientes esperando la perfecta ocasión. Golpeando sin usar toda su fuerza bruta en ello y saltando para esquivar los ataques, el chico evitaba los enfrentamientos cuerpo a cuerpo actuando sólo cuando aquello le representaba una clara ventaja. Harry, en cambio, usaba su resistencia como punto principal de defensa, y su fuerza como ataque.

Observó una controlada finta del chico y el amago del ataque que terminó en empate, y giró su atención hacia la chica que seguía el combate con atención.

- Rossette… ¿puedo pedirte algo?- dijo al cabo.

La chica, con un ligero sobresalto, le miró tímidamente a los ojos.

- Claro.

- Necesitaría… algo de poción para no soñar… ¿Tienes?- preguntó entrecortadamente, intentando sonar natural y despreocupado.

- No, pero tengo algo mucho mejor.- abrió la maleta que descansaba en su regazo, y rebuscó entre potes y vendajes hasta dar con una pequeña botellita con un líquido transparente en su interior.- Tómate esto. Es una invención mía: poción de olvido parcial. Un par de gotas antes de ir a dormir y te olvidarás de lo que quieras.

- ¿Funciona?

- ¡Por supuesto!- respondió con orgullo.- Sólo piensa en aquello que desees olvidar y tómate la ración, verás como funciona. Volverás a recuperar los recuerdos pasadas las 24 horas. ¡Ah! Empecerás a tener un escalofrío, pero no es más que un pequeño efecto secundario, pasa de inmediato.- le alargó la botella y sonrió.- Puedes quedártela.

- Gracias.- respondió agradecido.

Con una poderosa patada apenas detenida por el hombre, Draco envió a su profesor al suelo dando por terminada la sesión. Al fin, había logrado su objetivo, superarle.

Sin esconder su orgullosa sonrisa, el chico se acercó a ellos sin prestar lamedor atención a su hombro dolorido, los moratones que pintaban su cuerpo, ni a la lesión de su rodilla en la pasada clase. En realidad, todo aquello no era más que pequeñas heridas sin importancia que no merecían de su atención porque lo único que importaba era que ya no debería volver a luchar contra aquél hombre como discípulo, sino de igual a igual.

- ¿De qué habláis?- preguntó sonriente al llegar junto a ellos.

- De que deberías disimular mejor tu euforia. No creo que quieras tenerlo como enemigo…

- Uno más, uno menos…- dijo encogiéndose de hombros.

- Bueno, iré a verle. Hasta mañana, chicos.- se despidió con una rápida sonrisa y, cogiendo con ella todas sus cosas, se apresuró a ir junto al hombre quien aún no se había levantado del suelo.

- No bromees con esto, Draco.- murmuró mientras salían de la sala.- No te conviene hacer enemistades aquí dentro, es peligroso.

Harry le miraba con severidad. Temía por el comportamiento de su compañero, tan libertino y desafiante, como si nada le importase, como si no fuera capaz de ver lo arriesgado que suponía hacer aquello¿no se daba cuenta?

- No eres quien para decirme esto.- escupió con furia.

- ¿Se puede saber qué te pasa?- agarrándole del brazo, lo alejó del pasadizo encerrándose dentro la primera puerta que había encontrado y se aseguró de lanzar un hechizo insonorizador.

- ¡Basta! Esto debería preguntarlo yo. ¿Qué coño te ocurre, en qué estás pensando¡Mírate!- deshaciéndose de su mano, le empujó contra la pared con violencia.- ¡Mírate, maldita sea¿Crees que por llevar ésta ropa y esconderte bajo una máscara de hierro has cambiado¿Crees que por estar aquí eres distinto?

- Detente.

- ¡No! Si tú no vas a escucharte a ti mismo, al menos me escucharás a mí.

- Cállate.

- Me das asco.

- ¡Cállate!- exclamó golpeándole con el puño y lanzándole al suelo.

Draco sintió el gusto de la sangre en el labio roto, pero no por aquello se detuvo. Cegado por la rabia, se lanzó de cabeza contra el chico, dejando aparte cualquier técnica de combate, cualquier reglamento de lucha. Sus cerebros alejaron el razonamiento para abandonarse a la locura del momento, haciendo que sus cuerpos se movieran automáticamente lanzando puños y patadas, atacando con dientes y uñas al contrincante, esperando hacer el máximo daño posible al otro. Ni siquiera la amistad que había nacido entre ellos parecía ser capaz de detenerlos. Como dos leones luchando por un reino, ambos fueron golpeándose salvajemente.

Era incapaz de pensar. Todo lo sucedido en los últimos meses se aglutinaba dolorosamente en su cerebro, ahogándole en una locura que sólo ahora parecía desaparecer. Cada golpe que recibía conseguía hacer algo que las palabras nunca hubieran conseguido, le liberaban. Dar y recibir. El dolor en su cuerpo ni siquiera era capaz de apagar el que sostenía su corazón, sin embargo, al menos conseguía reducir su carga.

Ambos, entre maldiciones y soplidos, rodaron por el suelo agarrados por la violencia, incapaces de levantarse. No sabían el tiempo que llevaban así¿diez minutos, una hora, un día? Al final fueron sus fuerzas quienes les dijeron basta, haciendo que, separándose cada uno a una punta de la habitación, pudieran recuperar el aliento relajando la adrenalina que hasta entonces les había mantenido ciegos al dolor.

La salita donde estaban no era muy grande. Más bien parecía un pequeño almacén de unos tres metros cuadrados que una habitación para huéspedes. Sólo un armario y un montón de estanterías ocupaban el lugar, además de ellos dos.

Con un gruñido, se pasó el revés de la mano apartando la sangre que caía por encima el párpado y le imposibilitaba ver. Se maldijo.

- ¿Por qué?- preguntó sorprendiéndose a sí mismo, su voz era áspera. En su interior sólo reinaba la confusión, una terrible y caótica confusión que le arrastraba hacia la locura.

Ambos quedaron en silencio. Sus ojos no se apartaron del otro, fijos, tensos, desconfiados… como si se conocieran por primera vez, analizándose ferozmente en un vano intento de conquistar los pensamientos. ¿En qué pensaba¿Cuál eran sus planes, sus intenciones, su meta?

- ¿Ibas a dejar que mataran a aquella mujer?- su pregunta lo tomó completamente desprevenido.- ¡Respóndeme¿Habrías dejado…?

- ¡No!- dijo cortante.- No, maldita sea…

Guardó silencio, a la espera de que siguiera. Mas, al ver que no iba a justificarse, decidió volver a preguntar.

- ¿Entonces por qué…?

- Una vez me dijiste que habías escogido éste camino porqué tenías algo que hacer. Escogiste… Yo nunca he podido elegir mi destino, mi vida.- había desviado la mirada hacia sus manos observándolas en un punto infinito, más allá de su existencia material. Necesitaba hablar con alguien, con quien fuera… pero tenía miedo, un miedo atroz.- ¿Sabes? Te envidio… Has podido conocer a tus padres, has tenido una vida lujosa y cómoda, nunca has temido durante noches enteras sobre tu muerte, sobre tu sombra… Hubiera deseado ser alguien como tú, alguien normal. No me importa si mago o muggle, la verdad es que da igual… estés donde estés, la paz es ficticia, un cuento de niños soñado por los adultos.

"¿Qué harías si conocieras tu destino? Si supieras que hagas lo que hagas vas a morir… que tu vida no es tuya, no eres más que un muñeco usado por los demás. ¿Qué harías si supieras que todo el sufrimiento que te ha seguido durante tu corta vida ha sido por la marca del destino? Un destino que destruye todo a tu alrededor porqué no puedes amar, porqué no puedes tener nada que querer, en una existencia dedicada a los demás.

"¿Crees que deseo esto?- murmuró con amargor.- ¿Crees que si estoy aquí es porqué realmente lo quiero?- sonrió- No he tenido elección. De nuevo no he podido escoger… Matar o ser matado. ¡Yo¿Debo morir por los demás, para aquellos que ni siquiera me conocen, que no les importo más que para burlarse de mi? Deseaba vivir, aunque eso significase dar la espalda al mundo, aunque para ello debiera vivir entre oscuridad. ¡La luz me da muerte! Yo… quería sobrevivir…

Calló.

Su respiración, algo más acelerada de lo normal, era lo único que vibraba en sus tímpanos, rivalizando con los latidos de su corazón. No le parecía estar allí, era como si se hubiera sumergido en un espacio oscuro e infinito, la soledad que había elegido con su nuevo camino, el ahora hogar. Ni siquiera se percató de la presencia del joven mortífago. Sentía que debía hablar, era como si hacer aquello consiguiera expulsar toda aquella opresión que le impedía pensar, comprimido debajo un enorme peso de dudas y confusión, perdido en el infinito y sin camino de regreso.

- Y has elegido.

- Me he convertido en un mortífago, he atacado a gente, he… he matado… ya no tengo vuelta atrás… ¿Qué puedo hacer? Lo único que buscaba era salvarme, tener mi propia vida… Pero por más que lo intento… aunque ponga todo mi empeño en ello… ¿por qué no puedo vivir como los demás¿Por qué parece que la muerte me persiga? Incluso ahora la culpa…

- Porqué no hay nadie que pueda eludir a la muerte, Harry.- dijo una voz muy lejana a él con un tono de pesar.- Tarde o temprano, el encuentro es inevitable.

- Entonces… ¿me estás diciendo que renuncie a la vida, que me deje morir?

- No. Lo que digo es que vivas la vida, esconderte en una falsa vida a con miedo a la muerte es de cobardes.

Cobarde… eso era lo que era, un cobarde. Se había refugiado en su propio mundo, escondiéndose de los demás, incluso de su propia sombra. Desechando la conciencia para ampararse en la ingenuidad. Pero… tenía tanto miedo.

- Yo también he sido un cobarde.- dijo en un murmuro.- Fui un cobarde al dejar que fuera mi padre quien decidiera mi vida, cuando creí que podría conseguir lo que quisiera, protegido de cualquier mal, intocable… No eres el único que buscó un escondite. Pensé que así conseguiría realizar mis sueños, mis ambiciones… aunque tarde me di cuenta que éstas no me pertenecían. Fue entonces cuando deseé que, al menos, fuera capaz de conseguir algo con éste camino. Si era capaz de subir, de convertirme en alguien fuerte y poderoso, también podría obtener lo que deseaba. Qué estúpido…- su voz se cargó de amargor y rencor.- ¿Dices que soy afortunado? Mi vida no me pertenece, debo pagar por unos errores que no he cometido, por unas elecciones que no he deseado… y ni siquiera soy capaz de controlar mi propio destino… Ya ves, tampoco somos tan distintos.

Harry levantó la mirada sin aquella coraza que hasta entonces le había protegido. Había visto una mano y había terminado por tirar de ella, agarrándose con desesperación, esperando que le sacase de aquella oscuridad a la que tanto temía.

- ¿Qué vas a hacer?

Aún estaba confuso. ¿Qué iba a hacer? No lo sabía, no tenía nada claro, necesitaba más tiempo. Sin embargo, sí había algo que ya había decidido.

- No lo sé aún. Voy a ser dueño de mi vida, no dejaré que nadie haga uso de ella.

- Por si no te has dado cuenta, no eres más que el arma del Lord.

- No voy a matar a nadie, tampoco dejaré que nadie más muera delante de mí.

- Es una ridiculez.- dijo negando con la cabeza.

- Quizá, pero de momento me vale.

Draco suspiró con cansancio. Cerró los ojos unos instantes y relajó la cabeza en la pared. ¿Y él, qué iba a hacer¿Tendría el valor?

- Debo pedirte un favor…

Sus ojos, siempre fríos e insensibles, ahora mostraban un rastro de temor y duda, como si lo que se proponía fuera algo que iba más allá de sus posibilidades, como si la elección fuera a colgar en él una gran cruz que sostendría el resto de su vida.

- Di.

- Necesito que me enseñes Oclumencia.

Harry pestañeó un par de veces, incrédulo¿había oído bien?

- ¿Oclumencia? Pero si ya sabes…

- No es suficiente frente al Maestro.

- ¿Qué…?- se detuvo a media frase. ¿Estaba diciendo lo que creía que estaba diciendo? Entrecerró los ojos con recelo.- ¿Qué quieres esconderle, una traición?

El chico no se movió, estático. Y, aunque sus facciones eran más pálidas de lo normal, pudo ver cierto brillo tras aquella mirada que logró inquietarle.

- Por Merlín, Draco…- dijo en un suspiro agotado.

Otra vez con aquello… y ahora empezaba a preocuparle de verdad. ¿Cómo podía pensar en hacer tal cosa? Se arriesgaba mucho… Y no sólo él, si Harry decidía ayudarle se convertiría en un traidor como él. ¿Se daba cuenta de lo que le pedía, de lo que implicaba su favor? Había visto al Lord enfadado, hacía ya mucho tiempo, y no tenía ningún deseo de presenciarlo en primera persona. Además… ¿quién iba a sacarlos de allí? Ahora estaban solos.

- ¿Vas a ayudarme o no?

Casi se hecha a reír a carcajadas.

- Lo haré.- dijo al fin.

Draco no pudo evitar expulsar el aire que hasta entonces había sostenido a la espera de su respuesta.

- Gracias, hermano.- susurró con una sonrisa que buscaba encontrar algo de valor.

Su compañero se levantó con dolor y algún que otro gemido, y se apoyó en la pared intentando mantener el equilibrio. No podía salir fuera de aquella forma, llamaría demasiado la atención. Así que, con un par de movimientos, se limpió la ropa de toda la sangre y el polvo, vendó las heridas y se aseguró que todo aquél inexperto trabajo de sanador servía lo suficiente como para mantenerlo en pie.

- Espero que sepas lo que haces, Draco.- dijo mirándole con seriedad.- O ninguno de los dos va a vivir lo suficiente como para contarlo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Andaba con paso resuelto por el pasillo, seguro de sí mismo y de sus movimientos, imperturbable. Debajo el brazo cargaba un pesado volumen que había conseguido sacar de la biblioteca tras mostrarlo frente a su señor con humildad y servidumbre. De momento, no parecía que hiciera nada sospechoso… sin embargo por unos segundos, mientras el maestro indagaba por su mirada desinteresado en el reciente interés del chico por las plantas acuáticas del mar Egeo, temió que un ligero temblor en su mano izquierda llegara a delatarlo.

Cruzó el pasillo hasta llegar a su habitación, algo que hacía de forma casi constante en sus ratos libres, y cerró la puerta con el nuevo candado mágico que había aprendido a hacer. En caso de que alguien se acercara a la puerta, una silenciosa alarma le advertiría sobre el intruso con un margen de diez segundos. Suficiente para esconder lo que tuviera que esconder. Apuntó con la varita hacia la puerta que comunicaba con Draco, y envió un par de chispas rojas como señal de su llegada. El chico no tardó en asomarse por la puerta tras responderle con una única luz blanca.

- ¿Lo tienes?

- Sí.- dijo alargándole el libro.

- ¿Ha sospechado algo?

- ¿Por quién me tomas? Si Shelyak no es capaz de leerme la mente¿cómo crees que va a poder él?- respondió con indiferencia, sin pararse a pensar sobre aquél nombre que hacía ya tanto que no mencionaba.

- ¿Plantas acuáticas del mar Egeo?

- Debes admitir que resultan de lo más fascinantes.

Tomó la varita y, con un ligero golpe encima la tapa azulada con el relieve de una concha, deshizo el hechizo que mantenía a cubierto el contenido. Frente a sus sorprendidos ojos, lo que antes eran largas investigaciones sobre estructuras biológicas y entornos marinos, se convirtieron en intrincadas fórmulas de pociones.

- Tu magia debe ser muy poderosa para poder esconder éste cambio al Lord…- murmuró mientras pasaba las cargosas páginas una tras otra.

- Lo es.- Draco levantó la ceja y sostuvo el impulso de reír ante tal afirmación.- Pero no he usado tanto poder para hacer esto. Con una pequeña transformación con apenas magia impresa, pasarlo desapercibido resultaba mucho más fácil.

- ¿Y si te hubiera descubierto…?

- Ahora no estaría aquí.- respondió encogiéndose de hombros aparentemente despreocupado. Le miró interrogante esperando su aprobación.- Era este¿no?

Le afirmó con un seco movimiento de cabeza, y se sentó en el pequeño sillón sin dejar de pasar absorto las páginas.

Harry bostezó con aburrimiento y se lanzó sobre la mullida cama cerrando los ojos en busca de un descanso que sabía que no tendría. No tardó en volverlos a abrir, temeroso de la oscuridad que le esperaba tras el apagón de su sentido visual.

- Aún no me has dicho el porqué querías el libro.- dijo medio incorporándose.

- Busco algo en concreto…- respondió sin dejar de revisar las páginas con interés.- Hace tiempo, Snape me habló de una poción prohibida que permite establecer comunicación con alguien mediante imágenes.

- ¿Y por qué es prohibida?

- Porqué se necesita magia negra para hacerla.- susurró un par de palabras deteniéndose en su explicación y, tras comprobar que no era aquello que buscaba, prosiguió.- No necesita muchos ingredientes, y es simple de hacer. Pero la magia que debe moverla es extremadamente compleja… además de que hay pocos capaces de usarla.- levantó por un momento la mirada para levantar la ceja en un gesto de complicidad y volvió en la lectura.

- ¿Snape sabía esto? Debe ser capaz de usar la magia negra, entonces…

- No. Ya te dije que sólo tú y el Lord sois maestros en ella, los demás apenas conseguimos un destello de este poder. Y sólo mediante la marca del antebrazo…

- ¿La marca?

- Ya me has visto usarla antes¿no?- retrocedió un par de páginas y las releyó concentrado.

El chico se esforzó por recordar. Le había visto hacer proezas con ella, sí¿pero cuándo…? La primera vez que le vio mortífago fue… con el rescate de Snape. La traición de Snape… "Irónico… esto justamente estoy haciendo yo. ¿Y quién va a sacarme de aquí, esta vez?" Había cogido a Malfoy con él siguiendo las insistencias del hombre…

- Cuando vine a por Snape… me pidió que te sacara de aquí.- dijo de repente deteniendo la lectura de Draco.- ¿Sabes por qué?

Durante unos segundos se mantuvo en silencio, con la vista fija en el último párrafo que había empezado.

- ¿Puede tener algo que ver con tu padre?- preguntó pausadamente, atento a su reacción.

- Mi padre…- gruñó tensando los músculos, sintiendo como la rabia y el odio crecía en su interior, imparable.- Yo no tengo ningún padre…- se detuvo, entrecerrando los ojos en busca de calma, pero no lo consiguió, como si aquello pugnara por salir sin importar el qué.- Desapareció cuando murió mi madre.

Harry iba a preguntar al reaparecer de nuevo el silencio, curioso por saber la verdadera razón de su hermano, su auténtico yo, un pasado que estaba escondiendo y que le había llevado a aquella desesperante y arriesgada situación. Pero parecía que el chico no tenía nada más a decir, aparentemente demasiado concentrado en el libro como para seguir con aquella conversación. Aunque a Harry no se le escapó ver como los ojos releían una y otra vez el mismo párrafo.

- Cierra la mente.

Apenas terminó de decirlo que se lanzó directo hacia los pensamientos del chico sin darle tiempo siquiera a reaccionar. Un par de imágenes borrosas llegaron a él antes de que las demás fueran detenidas tras un muro que acababa de levantarse frente a él.

Sonrió.

Aunque su defensa había sido lenta, su compañero no había permitido que el primer desliz afectara en su resolución. La barrera a la que se enfrentaba era resistente, lo sabía, sin embargo también sabía que las prisas sobre las que había tenido que actuar habían dejado brechas en el muro, unas brechas que segundo a segundo se iban reforzando para completar la defensa, pero que de momento se presentaban a él como una perfecta ocasión para evadir su protección.

Indagó buscando el punto más débil, y aplicó toda su concentración en desbaratar su estructura defensiva. Necesitó un buen par de minutos antes de conseguir entrever algún que otro resultado. El entonces diminuto hueco que se había mostrado como una entrada, ahora era ya un gran agujero por el que podía pasar sin problemas. Podía sentir la presión de Malfoy sobre la obertura, poniendo todo su empeño en cerrar el ataque, pero allí dentro, Harry era mucho más fuerte.

Tan pronto como su pie rozó el "suelo" del otro lado del muro, todo a su alrededor cambió.

Se encontraba en el marco de una puerta, entre una cocina y un gran jardín cuyos límites se perdían en el oscuro atardecer. Unas voces empezaron a hacerse oíbles, unas figuras empezaron a tomar forma a su alrededor, dos siluetas. Era incapaz de comprenderlas, sus tonos, a pesar de que las palabras parecían descompuestas en un absurdo ruido que le taladraba los tímpanos con dolor, eran furiosos, llenos de rabia y desacuerdo. ¿Qué decían? Sus cuerpos, borrosos como si alguien los hubiera desenfocado desdibujándolos, se movían con violencia y brusquedad. Harry tuvo que cubrirse los oídos con las manos, sintiendo como todo su ser le gritaba que saliera de allí. No sólo era el doloroso ruido el que le dañaba, sino sus movimientos, los sentimientos que fluían hacia él con intensidad, con salvajismo, desgarrando su carne.

Un golpe le sacó de allí haciendo que gimiera con dolor.

Draco se había medio-incorporado, mantenía el puño con el que le había golpeado aún enfrente, con una mirada salvaje, horrible y despiadada. El chico, sosteniéndose con apenas fuerzas, no se dejó intimidar. Sabía que había hecho mal. Había visto algo que, al parecer, Malfoy no quería que supiera. ¿Qué era? La confusión y el sentimiento de traición se confundían. A pesar de que no era asunto suyo, aunque aquello no le incumbiera… estaba arriesgando la vida con él¿acaso no tenía el derecho a saber?

Silencio.

Ninguno de los dos dijo nada. Harry aguantó su mirada devolviéndole su rabia, una rabia que pareció penetrar en el joven mortífago, haciendo que, poco a poco, bajara el puño y que, con un gesto derrotado, se dejara caer en el sillón con vencimiento.

- Yo… la adoraba.- dijo de repente.- A pesar de casarse con un Malfoy, continuó conservando su orgullo Black, nadie fue capaz de arrebatárselo. Ella era realmente fuerte…- sonrió.- Recuerdo cuando decidieron que iría a Hogwarts en lugar de Drumstang… fue ella quien logró superar la determinación de mi padre. Nunca logró intimidar su orgullo y decisión.- de pronto, su expresión se volvió oscura y feroz.- Pero un día… me dijo que iría ante el Lord para convertirme en mortífago y ocupar el lugar que según él me correspondía. Ella se negó. Debí haberlo hecho, haberme negado, pero le temía… siempre le he temido… Supongo… supongo que en esto no he heredado nada de los Black.- dijo con voz ronca, melancólica. Suspiró.- Soy débil.

Calló.

Harry no se había movido de su lugar, escuchando en mudo silencio, respetuoso y atento.

- A pesar de sus protestas, mi padre siguió con su plan.- se detuvo. Esperó un par de minutos más, y, tomando aire, siguió ahora aumentando el volumen y la velocidad.- Ella se interpuso, no iba a dejar que se saliera con la suya, me quería demasiado como para permitir que me llevara con él. No le gustaba el Lord y, a pesar de saber que estaba casada con un hombre afín a sus ideales, nunca se opuso a su camino. Nunca… excepto aquella vez. Los dos empezaron a discutir, cada vez con más violencia. No sabía qué hacer… temía a mi padre, pero quería a mi madre. ¡Maldita sea, si no hubiera sido tan débil…!- con furia, golpeó el libro.- Se la llevó dentro la casa dejándome fuera. Intenté chillar, golpeé la puerta… ¡ni siquiera llevaba la varita conmigo! Si hubiera sabido… si lo hubiera pensado… ¡no habría dejado que aquél cabrón se la llevara consigo!

"La mató. La asesinó a sangre fría¡a su propia mujer!- se agarró el pelo arrastrando consigo un terrible dolor, una agonía que le suplicaba chillar pero que retenía siguiendo su código de orgullo.- Cuando volví a verlo tenía la mirada de un loco. Me arrastró hacia aquí y me obligó a realizar el ritual de entrada. Por culpa de mi estúpido miedo… no hice nada¡nada!

"Draco… nunca ha sido un mortífago. Snape lo sabía, y por eso me pidió que lo sacara de aquí. Él nunca…" se dijo con tristeza. "Draco… ¿en qué destino te debates?" Ahora, después de todos aquellos meses, empezaba a comprender el comportamiento de su hermano, de su amigo. Y, todo cuanto podía sentir era pena, pena por él, por verle de aquella forma, derrotado. Había tenido que soportar tanto… ¿y qué había hecho Harry para ayudarlo? Había vuelto a sumergirle en aquél mundo, el mundo del que terminaba de huir.

- ¿Entonces por qué…¿Por qué me ayudaste a entrar?

El chico levantó la mirada, ahora ojerosa y cansada, con el claro rastro del peso que cargaba, de la culpa que le roía cada noche. ¿Y él había pensado que las pesadillas eran horribles?

- No lo sé.- confesó tras unos instantes de silencio.- Creía… Pensé que, si te llevaba frente al Lord, podría cumplir mi deseo. Aunque, en realidad… bueno, eras Potter, te odiaba… tanto…- sus palabras eran entrecortadas, caóticas y confusas en su mente.- Pero, por primera vez en mi vida, no vi a un enemigo. Tú te debatías con algo, buscabas una salida… y escogiste ésta. Y…- se encogió de hombros con una sonrisa lejana.- …si te hubiera dejado solo no habrías durado ni dos minutos.

- ¿Te preocupaste por mí?- preguntó con burla.

- No lo tomes como un cumplido.- su sarcasmo volvió a aflorar en él, volviendo a mostrarle como el Draco Malfoy que él conocía y con el que había nacido una extraña y acérrima amistad.- En realidad has sido todo un problema, molesto y doloroso, como un grano en el culo. De saberlo me lo habría pensado un par de veces.

Un cojín impactó de lleno en su cara. Sonrió para sus adentros y devolvió el golpe. Quizá no era mucho, un simple gesto infantil, un juego que no iba más allá de la fantasía, donde todo se reducía en un dar y recibir de plumas blancas. Aún así, aquello les dio mucho más de lo que esperaban. Su situación era difícil, se enfrentaban como verdaderos adultos, pero seguían siendo dos muchachos de diecisiete años con la sangre juvenil en sus venas.