Al fin de vuelta… ya tenía ganas de volver a publicar. ¡Reviews!

Paty: bueno, pues una más al grupo ;) Me alegro de que te haya gustado, de verdad. Temía que no fuera muy bien recibido el capítulo por su parte un tanto de recuerdo y confusión (y advierto que sus idas y venidas aún van a existir por un tiempo más en Harry (no así con Draco, quien parece que ya ha encontrado su objetivo real)). Espero verte en el próximo capítulo, hasta pronto!

FFMania: me has puesto colorada con tus elogios… Gracias! Pues sip, tb siento una afinidad especial por Draco (al menos el mío), creo que el destino no ha sido justo con él. Besos!

Lladruc: hola! Weno, això de fer-se bons… tb depèn des de quina perspectiva es miri, però en tot cas llegeix aquest nou capítol per acabar-ho d'entendre. Gràcies per seguir llegint, fins aviat!

al: no he tenido muchos reviews, pero aún así habéis conseguido ponerme roja. Muchísimas gracias! Bueno, no te preocupes si no puedes pasarte por aquí tan a menudo como querrías, con sólo saber que seguís leyendo me basta para seguir escribiendo yo también, así que te lo agradezco. Que te vaya todo bien, nos vemos!

Dos cosas: he sido realmente corta con los reviews (perdonad) y el capítulo tampoco destaca por ser extremadamente largo. Razón 1: estoy agotada, tengo el cuello agarrotado, un dolor de cabeza impresionante y dentro de poco debo salir directa hacia la universidad. Razón 2: quería subir el capítulo cuanto antes y no estaba segura de si alargarlo más o cortarlo por la mitad (he terminado por tomar la segunda opción), además, ahora voy a poder disponer de algún tiempo más antes de obligarme a volver a subir.
Al 23 de éste mes sale ya el 6º libro (no inglés)! Como siempre lo leeré en catalán, soy de la opinión que cuando se empieza algo en un idioma es mejor terminarlo con el mismo. Estoy ansiosa por tenerlo pues ésta vez me he abstenido de leerlo por traducciones en internet. Lo que me preocupa que influya en mi fic. Pienso seguir escribiendo si veo que realmente sigue siendo seguido por vosotros, al fin y al cabo es una historia alternativa y libre. ;)
Eso es todo de momento (no me acuerdo de más ahora mismo). Así que buena suerte a todos y nos vemos en el próximo capítulo!

-Ithae-

PD: Ya vamos por el 24! (realmente me estoy superando al anterior fic XD) FELICIDADES A TODOS POR SEGUIR AQUÍ!
PPD: Si el nombre "Salazar Slytherin" no es correcto, por favor, decídmelo, pq ahora mismo tengo un gran cacao cerebral entre éste y "Sírpentin Slytherin".


Capítulo 24 – Salazar Slytherin

- Debes buscar la paz, encontrar algo que sea capaz de alejarte de la realidad refugiándote en un contorno seguro. ¿Estás listo?

El chico asintió con las facciones tensas y su cuerpo casi agarrotado por el esfuerzo que hacer aquello le suponía. Tuvo que admitir que no resultaba un maestro compasivo. Pero todo fuera por conseguir su difícil meta.

Apuntó la varita hacia su aprendiz, y susurró unas palabras que terminaron por tensar al muchacho quien apenas conseguía mover un sólo músculo. Expiró lentamente el aire, como si el tiempo se hubiera ralentizado, y se preparó para afrontar la prueba que volvía a presentársele por doceava vez en aquella tarde. Un escalofrío recorrió su cuerpo haciendo que la intromisión mental fuera aún peor. Puso todo su empeño en concentrar sus pensamientos en algo trivial, sin importancia: una pelusa encima su manga. Sin embargo pronto desvió su atención al intruso que se movía impunemente por sus recuerdos, sintiendo como una dolorosa punzada en el cráneo le arrancaba un gemido de entre sus labios sellados.

- ¡Mal!- exclamó con furia su mentor.- ¿En qué estás pensando? Te he dicho que no prestes atención a mi presencia¡ni siquiera has preparado un buen camuflaje!

- Maldita sea…- gruñó masajeándose las sientes.

- Draco, debes ocultar la presencia de ésos secretos para que no sospeche. Cuando empiece a indagar por tu mente, no va a entretenerse con los recuerdos lejanos, sino con los más recientes. ¡No puedes dejarlos a la vista como los demás!

- ¡Joder, es fácil decirlo!

- ¡No! Lo que te estoy intentando enseñar es que los ocultes, no que los destruyas. Sólo debes entremezclarlos con antiguos recuerdos sin importancia, disimularlos mediante códigos que sólo tú seas capaz de descodificar. ¡Vamos! Deja de quejarte tanto y pon más atención.

De no saber que tenía toda la razón y que estaba realmente preocupado, Draco habría terminado por abandonar.

Hacía sólo doce horas, les habían comunicado la preparación de una gran misión. El hecho de que hubieran sido alertados con tanta antelación era algo que les preocupaba, seguramente las dimensiones de aquello debían compararse al de un ataque a gran escala. Tan pronto como pudieron alejarse del tumulto, se apresuraron a tomar todas y cada una de las medidas necesarias. Pero había un problema…

A pesar de llevar ya un mes desde su pacto, Draco aún no era capaz de proteger debidamente su mente ante un análisis exhaustivo del Lord. Habían tenido suerte de no recibir ninguna inspección desde entonces, pero ahora estaban completamente convencidos de que no tardaría en llegar. Aquello les apresuró.

No habían logrado terminar la poción, estaban incomunicados con el exterior y todos sus planes de deserción se definían con una sola palabra: suicido. Sin apoyo, sin nadie con quien contactar ante el fracaso o con quien buscar ayuda, sus acciones sólo les llevarían hacia su propia destrucción en el caso de que algo saliera mal. ¿Qué podían hacer? Estaban ya demasiado adentro como para hacerse atrás. Además, según Harry, su hermano no iba a cambiar de opinión, estaba seguro que antes prefería morir que volver a donde estaba. Pero… ¿y él¿Realmente aceptaría la muerte si aquello no terminaba bien? Y en el caso de que todo tuviera resultado… ¿admitiría su propia defunción para el bien de todos¿Era aquella la verdadera solución? Al final había terminado por ceder. ¿Qué más podía hacer? Si iba a morir… bueno, así sería. Al fin y al cabo, tampoco iba a conseguir nada. Sólo había algo que le impulsaba a seguir, a arriesgarse… su hermano. Iba a luchar con él, junto a él, para él. Se había sumergido de nuevo en aquél mundo por Harry¿qué menos podía hacer como compensación?

Les habían llamado para dentro de hora y media, así que no tenían tiempo que perder, Draco debía dominar el arte del secretismo mental antes de ir frente al Lord. De eso dependía su primera victoria.

Una y otra vez, Harry fue presionando sobre el exhausto Draco. Por unos momentos temió que aquello empeorara aún más las probabilidades de éxito frente al Maestro, quizá el agotamiento terminara por poner las cartas aún más a la vista. Pero aún tenía un as en la manga, sólo esperaba no tener que usarlo, aquello terminaría por condenarlos.

Finalmente, con un encogimiento al corazón, los dos se levantaron y se prepararon para comparecer en su presencia.

Mientras andaban, Harry podía sentir su corazón latiendo alocadamente, todos sus nervios a flor de piel, mucho más tenso de lo que debería. Si seguía así, ni siquiera él estaría preparado para defenderse adecuadamente.

Pronto llegaron al gran comedor, donde nadie más que un hombre custodiaba la puerta que daba a las dependencias del gran Lord. Al verlos, cuadró con la mirada severa y adiestrada, y les ordenó esperar. No tardaron mucho antes de que Bellatrix, con una sonrisa burlona en sus facciones, traspasara el umbral directa hacia ellos.

- Entra.- ordenó melosamente a Draco.- No, Potter, tú deberás esperar.

El chico se encogió de hombros con el parecido indiferente, y se acercó a ella sin vacilar. Harry tuvo que hacer un gran esfuerzo para evitar que su mirada centelleara entre odio y alerta. Ahora le iba a ser imposible ayudarle…

El hombre acompañó a Draco cerrando la puerta tras sus pasos y dejando al joven mortífago con la única compañía de aquella despampanante mujer.

Retirándose la larga cabellera negra y con un gesto provocativo y sensual, Bellatrix se sentó en una de las sillas sin dejar de mirarlo con un deje de burla.

- ¿Por qué no te sientas? Quizá tarde un poco en llamarte.

Harry no le prestó la menor intención. No le gustaba aquella mujer, nunca lo había hecho, aún tenía presente su encuentro en el Ministerio donde hirió y condenó a su padrino, a su propio primo. Odiaba su perfume, un perfume cargante y obsesivo. Y a pesar de su odio, había hecho todo cuando pudo por contenerse en su presencia, ahora no iba a hacer menos.

- El pequeño Potter… ¿quién iba a decir que terminarías uniéndote a nosotros?- con pasos pausados, felinos, se acercó a él, haciendo que tensara sus músculos en silencio, atento a cualquier movimiento de la mujer.- Aunque… ¿realmente eres uno de los nuestros… Potter…?- susurró al lado de su oreja.

Harry giró su cabeza con brusquedad. Su mirada era fría, despiadada, controlada por la fría razón, disimulada por una faceta neutral, indiferente. La mujer se apartó un par de pasos con lentitud, como si la fuerza que salía del muchacho la hubiera hecho retroceder, manteniendo la misma distancia que con su señor y amo, temerosa de aventurarse más allá del límite de su poder.

- Te aconsejo que no te me acerques, Bella.- respondió con severidad, con una voz helada, lejos de la suya propia.

La mujer cerró las mandíbulas con fuerza, llena de un odio y una furia más allá del razonamiento. No le gustó que la llamara de aquella forma, sólo su amo podía hacerlo. Sin embargo, la fuerza que emanaba del muchacho era terrorífica, asfixiante, inmensa, casi como… no, si no fuera por la tirria que sentía hacia él, hubiera dicho que era como la de su señor.

Dio media vuelta reservando todo lo que tenía pensado decirle, y se fue del comedor con el paso altivo y orgulloso, sin dejar que aquella momentánea intimidación le afectara en sus movimientos. No iba a dejar que un maldito mocoso se creyera superior a ella, no le gustaba.

Tan pronto como vio cerrarse la puerta con un golpe sordo, Harry expulsó el aire relajándose por unos segundos. Había estado a punto de perder el temple. Se acercó a una silla y se dejó caer con cansancio. Necesitó un tiempo entre inspiraciones y expiraciones antes de lograr la serenidad. Debía relajarse para estar completamente listo. Pero el temor por la suerte de Draco impidió que consiguiera llegar al estado de imperturbabilidad necesario. Había confiado en estar presente durante su inspección para, así, reforzar sus inexpertas defensas, para extraer los secretos de su mente entre sigilo y precisión. Sin embargo, su plan de refuerzo se había esfumado dejando que toda su esperanza recayera en la aptitud del aprendiz.

Los segundos se hicieron eternos, los minutos inconcebibles. Apenas logró ser capaz de tener la menor noción del tiempo en su larga y asfixiante espera¿por qué tardaban tanto? Temiendo lo peor, ni siquiera se dio cuenta de la reaparición del hombre al margen de la puerta hasta que éste le llamó algo irritado por la falta de atención.

Harry, intentando recuperar todo el aplomo del que podía ser capaz de reunir, se levantó disipando todas sus preocupaciones y mentalizándose para su prueba más inmediata.

Siguió el recorrido que ya antes había hecho, y se presentó en la habitación donde un grupo de mortífagos permanecían con la cabeza agachada y la rodilla al suelo en una respetuosa y sumisa genuflexión. Conocía a todos los allí presentes por ser los más antiguos y poderosos de la hermandad, aquellos que habían aparecido en la resurrección de su señor tres años atrás. A su turno, tan pronto como el hombre se retiró a una silenciosa orden, el chico realizó una ligera inclinación, ni demasiado pronunciada ni muy informal.

- Mírame.- siseó su maestro con severidad.

El joven no se opuso a su orden. Con fría calma, levantó sus ojos hasta encontrar los de su señor. Una ligera presión impactó en su mente, rápidamente difusa como una neblina en un amanecer primaveral. Dejó que aquella extraña fuerza indagara con completa libertad por sus pensamientos, observando hasta el más pequeño rincón, dispuesta a sonsacar cada uno de sus secretos. Y, a pesar de la tensión del aire, el chico no mostró ninguna vacilación, ninguna preocupación o inquietud en su sereno e indiferente rostro, tan inexpresivo que parecía ser de frío mármol.

El tiempo que esmeró el gran Lord para indagar en su última y más valiosa adquisición llegó a inquietar a los demás presentes, temiendo que algo malo sucediera.

Algo le llamó la atención.

Harry, enseguida sintió como aquella fuerza parecía inquietarse, esmerándose en un punto y restando impasible como si algo fallara. No permitió que su angustia le desbaratara todos sus esfuerzos, debía dar con una solución con eficiencia y rapidez. ¿Qué era lo que faltaba, lo que hacía dudar a su señor? Enseguida supo que debía dejar a la vista un sentimiento, un único pensamiento que tomara forma con poderosa fuerza y violencia, que le sacudiera con tal intensidad que su prueba frente al Lord quedara satisfecha. El odio.

Como una taca negra que contaminara todo aquello que tocara, lo que antes había sido perfecto orden y deliberada serenidad, ahora se convirtió en un opresivo sentimiento capaz de sumir el orden en el más absoluto y destructivo caos.

El odio hacia los que le habían condenado a muerte, sus verdugos, lejanas y frías caras sin rostro que flotaban en un oscuro mar de terror. Odio hacia aquellos que le obligaban a encaminar hacia su propia desaparición, hacia su propia destrucción, en una súplica de egoísta salvación.

Y el deseo. Un acérrimo y desesperado deseo de sobrevivir, de existir.

Harry contrajo sus facciones en un salvaje y terrorífico sentimiento de odio, furia y rabia contenida. Un gruñido escapó de sus labios, endureciendo su rostro en una expresión tan llena de resentimiento y rencor, que alertó a los que habían levantado sus ojos para observar el largo análisis. Lo que antes había sido un mutuo sentimiento de incredulidad y maldad contenida, ahora se volvió en un feroz y angustioso temor hacia el joven mortífago.

La inspección terminó con una satisfecha sonrisa del Lord Oscuro, retirándose de la mente de su mayor promesa sintiendo que ahora más que nunca le iba a ser fiel. Por un momento había dudado con su primera entrada, todo demasiado pulido y ordenado, demasiado limpio para no esconder nada. Pero ahora no importaba, no le interesaba si el chico había dominado sus pensamientos a propósito, si era aquello el efecto de la poción que Rossette le había prestado y de la cual estaba enterado, o si todo residía en una propia protección de la identidad frente al caos que le asediaban los verdaderos pensamientos. Fuera como fuere, ahora estaba satisfecho.

Esperó que el chico se arrodillase a sus pies al igual que los demás, y se acercó al pequeño trono donde su poder reinaba sobre todos los demás en un frío dominio de sus mentes y cuerpos.

- Levantaos, mis fieles mortífagos, vamos a exponer aquí y ahora el gran ataque que derrocará a Dumbledore de una vez por todas.

-.-.-.-.-.-.-.-

Cerró la puerta.

Tan pronto como supo que nadie podía verle, se dejó caer al suelo con vencida debilidad. ¿Qué iba a hacer?

Justo terminaban de definir los planos cuando había tenido la primera oportunidad de regresar a su habitación para meditar sobre todo lo acontecido. Y los resultados, aún cuando había logrado evadir el exhaustivo y peligroso análisis, no eran nada prometedores.

Fracasar, iban a fracasar. Y lo peor de todo es que con ello muchísimos más caerían también, conocidos, amigos… ¿Qué iban a hacer!

Por unos preciosos instantes se dejó llevar por la desesperación, sintiéndose llevar por una corriente incontrolable, sintiendo que, por una vez, su decisión resultaba del todo insignificante. A pesar del terror y desolación que esto ocasionaba, pudo sentir como el peso que cargaba encima desaparecía por unos segundos, perdidos en la angustia y la desorientación. Hubiera deseado que aquella dualidad durara más tiempo, como si esperara que un ente superior pudiera resolver sus problemas adoptando su papel en la decisión de sus acciones, escogiéndole un destino sin pedir de su opinión, conduciéndole como un pastor conduce a sus ovejas.

La amarga realidad le despertó haciendo que, de nuevo, volviera a entrar en su papel, adoptando la fría racionalidad con la revisión de todo lo sucedido. Draco golpeó la puerta tras la señal codificada y pidió la entrada que fue respondida con un gruñido.

¿Merecía la pena el riesgo? La tentación de un camino fácil y seguro se le presentó con gran atracción. Pero aquella mirada que ya le conocía tan bien le alejó de aquellas divagaciones golpeándole con dura severidad. ¡Ah…, cuánto odiaba que tuviera razón!

- No tenemos tiempo para desmoronarnos, así que levántate. Hay trabajo por hacer.- dijo pragmáticamente.

- ¿Estás del todo seguro, Draco?- murmuró sin mirarle directamente, temía aquella mirada que conseguía conocer sus más profundos sentimientos, unos pensamientos que no sabía controlar frente a los ojos del joven Malfoy.- No va a resultar fácil… y nadie sabe a qué bando jugamos. Estaremos solos.

- ¿Ya sabes por qué luchas?- preguntó con seriedad.- ¿Ya sabes qué es lo que defiendes, Harry?

- No.- reconoció. Su hermano no respondió siguiendo con la mirada fijada en él, sin desviar su atención ni un ápice, esperando una respuesta que creía existir pero que ni él mismo sabía poseer.

- ¿Entonces por qué haces esto?

- Ya lo dije, porqué no quiero que nadie…

- Esto no es más que una excusa.- dijo cortante.- Siempre hay otra razón. Alguien querido, amado, preciado… incluso unos ideales pueden mover a una persona en sus acciones, pero nunca hasta tan lejos. La muerte no es nada comparada con la pérdida y la soledad.- se disponía a añadir algo más cuando se detuvo. Meditó durante unos segundos las palabras más adecuadas hasta que terminó por decir:- Piensa la respuesta o no podrás continuar. La duda te corroerá y ofuscará tus acciones, serás vulnerable, influenciable, y dejarás de distinguir el Bien del Mal.

Dio media vuelta, y regresó a su habitación para prepararse. Lo mismo debía hacer él, pero en vez de levantarse, continuó en su misma posición, con sus palabras resonando por su mente en un infinito eco de sabiduría. Aquellas palabras… no parecían pertenecer al Draco con quien estaba vinculado en aquella arriesgada aventura, como si alguien hubiera manipulado su cuerpo para transmitir aquél inquietante mensaje. Quizá había sido algo inconsciente, irreflexivo, unos pensamientos profundos escondidos debajo de interminables horas de reflexión. No lo sabía… pero un buen efecto había tenido en él, alejándole del pensamiento pesimista y catastrofista para refugiarse en la serena razón de la lógica y el frío análisis.

Llegó a la conclusión de que sólo un replanteamiento de sus convicciones y motivos podría sacarlo del callejón de desesperación con el que se había encontrado.

¿Por qué luchaba?

Por Draco, para sacarle de allí con vida, para ayudarlo a realizar su deseo, para crearle un destino del que pudiera considerarse amo y señor… ¿Por él? No. No luchaba para sí mismo. ¿Para los demás¿Para sus amigos, los conocidos y por conocer? No iba a arriesgar su vida por alguien que no conocía¿quién lo haría? Los conocidos… no sería vanidoso, tampoco lo hacía por ellos¿para qué? No habían entrado en su vida más que en presentaciones o miradas formales, lejanas¿les debía acaso algo? Y en cuanto a sus amigos… ¿qué eran para él, qué significaban, que les debía? Le habían dado compañía… apoyo… felicidad… y aunque podía llegar a preguntarse hasta qué punto eran sentimientos reales, no podría negar de su existencia. Así pues¿también podía luchar por ellos?

¿Qué defendía?

La vida… ¿pero la suya? Deseaba vivir, era todo cuanto ansiaba. Sin embargo… parecía que su vida no estaba atada a la de los demás, o uno o lo otro, nada podía mantenerse en un mismo punto de la balanza. ¿Merecía defender la vida de los demás, de sus amigos¿Tenían ellos derecho a vivir? Si lo miraba con frialdad, tenían el mismo derecho que él, pero… ¿pero acaso no luchaba por ellos? Si era así, estaba afirmando pues su posición, una posición que le convertía en un arma para protegerlos a todos, a aquellos realmente importantes, estaba aceptando su destino de sacrificio, un destino atado a la muerte. ¿Era aquello lo que quería¿Estaba dispuesto a arriesgarlo todo por aquél ideal, aquél deseo?

La lucha por lo correcto, la protección por la paz… no eran más que palabras, conceptos, fugaces y banales, sin ninguna base real. Eran falsos.

¿Iba a luchar por defender las vidas de sus amigos¿Era ese su grial?

No.

La respuesta aún era demasiado extensa, demasiado efímera y poco sólida como para convertirse en su régimen, su códice. Sin embargo, aquello bastaba para permitirle un sustento moral a sus acciones. De momento, era suficiente.

Se puso en pie. Directamente, sin cuestionar ni reflexionar, dejando que todo aquello que ocupaba en su mente se dispersara, fue hacia el armario y recogió la ropa que debería llevar para la nueva y última misión que iba a cumplir como mortífago.

Como si de un complejo y profundo ritual se tratara, se fue vistiendo a conciencia, con lentitud y precisión. La camisa de seda con largas y amplias mangas, los pantalones de piel, las botas de cuero, el chaleco que le llegaba hasta medio muslo atado con una vaporosa cinta alrededor de la cintura, y la larga túnica por encima de todo el atavío. Absolutamente todo de color negro. Además, como distintivo, un fino relieve perfilaba las mangas con hilos de plata, algo que sólo él iba a llevar, regalo del Lord ante la primera y única aparición frente la sociedad hasta ahora.

Tomó la varita y se apuntó los ojos con ella. Una perfilada y perfecta línea se dibujó al contorno de sus ojos, resaltando aún más aquellas dos esmeraldas entre todo el negro, como si no fuera más que un felino, un agudo y sigiloso vigilante observando entre las tinieblas.

Estaba listo.

Agarró la máscara tras guardar la varita dentro de su manga, y observó el cielo al otro lado de la ventana. Oscuro. Las nubes habían cubierto el cielo por completo, sumiéndole en una perturbadora penumbra, a pesar de que eran ya casi las nueve de la noche. No tardarían en marchar.

Llamó a la puerta de su hermano y salió al pasillo, acomodándose contra la pared, con la cabeza ligeramente cabizbaja y los ojos entrecerrados en un estado de paciente espera.

No tardó en presentarse también preparado entre telas negras. Sin mediar ninguna palabra ni siquiera una ligera mirada que mostrase sus sentimientos, emprendió la marcha hacia la entrada de la mansión, con su compañero a la altura del hombro. Los dos, sumidos en un disciplinado silencio, mantenían sus propias cavilaciones dentro de los refugios mentales, calculando, apreciando y desechando planes y posibilidades, conscientes de la inminente acción.

Una decena de hombres esperaban al exterior. Tan pronto como les vieron, uno de ellos hizo una señal y, junto con tres más, se acercaron al joven par. Draco se despidió con una fugaz mirada antes de ir junto los demás que restaban impasibles mientras el que parecía el caudillo del grupo iba hablando con autoridad. Al llegar, se colocó a su lado y restó en silencio.

Cerró todas sus defensas mentales, y levantó un par de mágicas alrededor de él capaces de reducir o anular los efectos de los hechizos más débiles.

Echó a andar.

Tras él, los hombres emprendieron la marcha sin gruñir por la autoridad y suficiencia del chico. Todos conocían su misión.

Llegaron al límite del agonizante y tortuoso bosque cuando se detuvieron. Harry, al igual que los demás junto a él, agarró las coordinadas con fuerza en su mente y se concentró en llegar allí. Con una explosión de llamas, desapareció.

Al abrir de nuevo los ojos se encontró en un pequeño nivel de roca. A su alrededor, sólo la noche y las luces del pequeño pueblo de Hogsmeade permanecían perceptibles. Las tres figuras se materializaron a su lado. Hizo un breve asentimiento con la cabeza, y empezó a ascender entre la piedra por la empinada montaña, con cuidado a no resbalar hacia un largo escarpado casi mortal.

Conocía a los hombres que le acompañaban: Rookwood y Lynch, ambos fuertes y saludables. Y el tercer hombre, uno que Harry conocía muy bien, Colagusano. Andaba con la cabeza medio gacha y mirada inquieta, sus manos, escondidas bajo las largas mangas, parecían nerviosas incluso tapadas con todo el matojo de ropa. Su calva, mucho más pronunciada de lo que recordaba, brillaba por el sudor. Debía hacer un gran esfuerzo de voluntad por evitar pensar demasiado en ello, temeroso de distraerse y arruinar su cometido. Pero resultaba imposible ocultar su odio y repulsión, quizá fuera por aquello que el encorvado hombre se mantenía lejos de su mirada y percepción, escondido por el más joven de los tres, Lynch, quien seguía disciplinadamente los pasos de Harry.

Apartó de su mente toda la furia, y siguió escalando el empinado muro. Se sentía algo exhausto, quizá fuera por todo el movimiento del día, apenas había logrado descansar un par de horas suficientes para restaurar su energía. Esperaba que la entrada no estuviera mucho más lejos.

La luna se entreveía por las nubes livianas que correteaban por el cielo, movidas por el viento a kilómetros de altura, lejos de toda presencia humana. Parecía una enorme sonrisa celestial, como si estuviera riéndose de él, de toda su confusión y su lucha imposible, como si supiera el destino que le esperaba y se riese al ver su inútil reyerta para su propio autocontrol. Agarró con tanta fuerza una roca que terminó por dañarse la palma de la mano. Con una muda maldición, apartó el dolor de su mente y siguió adelante. Si todo fuera tan fácil de ignorar…

Pronto llegó a otro pequeño nivel. Este se extendía hacia el interior de la gran roca, alejando de ellos las vistas del pequeño pueblo, unas vistas que, no pasó por alto, aún conservaban una pequeña mancha negra al centro del pueblo, como si un gran cráter hubiera apagado de vida el lugar.

Internándose en la oscuridad por entre unos punzantes matorrales, llegaron a la otra cada de la montaña, donde la ruta se dividía en dos vertientes: una ascendente y otra descendente. Tomaron el segundo y más peligroso camino, cuya envergadura se reducía al paso de un solo individuo sorteando entre engañosas rocas a con riesgo de perderse precipicio abajo.

De pronto, se detuvo. Y, sin ninguna señal, se lanzó hacia abajo.

Utilizando la magia para suavizar su caída, aterrizó un par de metros por debajo en un saliente escondido entre rocas y matojos espinosos. Frente a él, una pequeña obertura circular se abría hacia el interior de la montaña.

No esperó a que los demás descendieran, en su lugar, se agachó y, con el vientre rozando la superficie fría, se arrastró hacia el interior. Tan pronto como la poca iluminación de la noche fue apagada por la oscuridad, agarró la varita hacia el frente y susurró el hechizo que crearía la luz con su magia.

Sacando una pequeña botella escondida debajo los pliegues de su túnica, la observó durante unos instantes. El líquido negro resplandeció bajo la luz mágica con un brillo estremecedor. Tuvo que hacer fuerte su corazón para mentalizarse sobre ello, debía bebérselo, y rápido ahora que disponía de unos breves segundos de completa privacidad. Sintiendo la extraña poción descender por su garganta, deseó que fuera aquello el aspecto real del potaje, sólo le faltaba que el resultado se hubiera convertido en un brebaje mortal. La presencia de Lynch le indicó que ya habían llegado. Siguió adelante.

La obertura no debía hacer más de medio metro de diámetro, pero su largada parecía infinita. El aire era rancio y estancado, podía sentir su pulso en la temple mientras su respiración se volvía más rápida por la falta de oxígeno. Estaba seguro que aquello se presentaba como una trampa mortal para cualquier que accediera en ella, pero no para Harry.

Una anomalía en el relieve de la roca llamó su atención.

El gravado de una serpiente encorvada hasta formar una espiral se dibujaba en la parte inferior de su derecha. La había encontrado.

- Ábrete.- ordenó en una lengua que no se asemejaba en la que siempre salía por sus labios.

Siguiendo su dictamen, la serpiente desapareció dejando un diminuto agujero que no tardó en ampliarse lo suficiente como para dejar una abertura que se internaba hacia las tinieblas. Harry se lanzó de cabeza por ella, seguido por los demás.

Un largo y sinuoso tobogán se fue abriendo paso frente a su mirada. Podía sentir la lisa superficie bajo su cuerpo, en una posición vulnerable que le exponía a cualquier herida por una pequeña prominencia, por más insignificante que resultara. Temía que terminara por romperse la cabeza al llegar hasta el final del túnel, quizá debería haber intentado lanzarse con los pies por delante. Pero algo le había dado a entender que avanzar, aunque fuese medio metro más, le habría ocasionado la muerte.

Después de lo que le pareció un minuto entero de recodos y caída continua, la pendiente empezó a suavizarse hasta convertirse en un suave descenso. La superficie se alisó al salir de la cañería abriéndose en medio de una sala iluminada ahora por el chico. Con resolución y conocimiento, se apresuró a despejar la salida y resguardó el lugar desde el sucio suelo, sintiendo como su estómago aún permanecía encerrado en la montaña rusa.

La estancia tenía cierto aire familiar… Las paredes estaban húmedas y viscosas, con cientos de hongos verdes adheridos al muro, amantes de la oscuridad y el aire de los viejos andares.

Los hombres salieron uno tras otro, todos siguiendo la misma posición con la que el chico había estado momentos antes. Al verle, se apresuraron a levantarse no sin antes tomarse unos agradecidos segundos para recomponerse. Harry seguía observando el lugar con creciente aprehensión. Al parecer, estaban en lo que parecía un viejo pozo. En ningún lugar podía entrever una salida y lo que debería haber sido el techo permanecía fuera de su mirada.

- Buscad un relieve con forma de serpiente.- les dijo con un susurro que resultó perfectamente audible.

Movió la varita con ligereza haciendo que la magia limpiara un poco el lugar, era imposible poder ver algo entre toda aquella suciedad. No esperó que su hechizo activara la siguiente puerta. Con un resplandor verdusco, el nuevo relieve se delató frente al chico.

- Divídete.- mandó de nuevo en el mismo siseo.

Como si un rayo hubiera descendido de las nubes, el relieve, junto con toda la pared, se partió en dos.

La tierra tembló como si unos invisibles engranajes se empezaran a mover tras siglos en desuso. Una enorme puerta se abrió delante de los sorprendidos hombres, abriendo una abertura de más de cinco metros de altura por dos de anchor. Al otro lado, un par de columnas con forma de serpientes con las fauces abiertas se presentaron para dar paso a la gran sala que ahora ya identificó como la gran Cámara Secreta de Salazar Slytherin.

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